lunes, 5 de agosto de 2013

Atrocity Feels like heaven


Porque escribí. Enrique Lihn (1929-1988)


Ahora que quizás, en un año de calma,
piense: la poesía me sirvió para esto:
no pude ser feliz, ello me fue negado,
pero escribí.

Escribí: fui la víctima
de la mendicidad y el orgullo mezclados
y ajusticié también a unos pocos lectores;
tendí la mano en puertas que nunca, nunca he visto;
una muchacha cayó, en otro mundo, a mis pies.

Pero escribí: tuve esta rara certeza,
la ilusión de tener el mundo entre las manos
—¡qué ilusión más perfecta! como un cristo barroco
con toda su crueldad innecesaria—
Escribí, mi escritura fue como la maleza
de flores ácimas pero flores en fin,
el pan de cada día de las tierras eriazas:
una caparazón de espinas y raíces
De la vida tomé todas estas palabras
como un niño oropel, guijarros junto al río:
las cosas de una magia, perfectamente inútiles
pero que siempre vuelven a renovar su encanto.

La especie de locura con que vuela un anciano
detrás de las palomas imitándolas
me fue dada en lugar de servir para algo.
Me condené escribiendo a que todos dudarán
de mi existencia real,
(días de mi escritura, solar del extranjero).
Todos los que sirvieron y los que fueron servidos
digo que pasarán porque escribí
y hacerlo significa trabajar con la muerte
codo a codo, robarle unos cuantos secretos.
En su origen el río es una veta de agua
—allí, por un momento, siquiera, en esa altura—
luego, al final, un mar que nadie ve
de los que están braceándose la vida.
Porque escribí fui un odio vergonzante,
pero el mar forma parte de mi escritura misma:
línea de la rompiente en que un verso se espuma
yo puedo reiterar la poesía.

Estuve enfermo, sin lugar a dudas
y no sólo de insomnio,
también de ideas fijas que me hicieron leer
con obscena atención a unos cuantos psicólogos,
pero escribí y el crimen fue menor,
lo pagué verso a verso hasta escribirlo,
porque de la palabra que se ajusta al abismo
surge un poco de oscura inteligencia
y a esa luz muchos monstruos no son ajusticiados.

Porque escribí no estuve en casa del verdugo
ni me dejé llevar por el amor a Dios
ni acepté que los hombres fueran dioses
ni me hice desear como escribiente
ni la pobreza me pareció atroz
ni el poder una cosa deseable
ni me lavé ni me ensucié las manos
ni fueron vírgenes mis mejores amigas
ni tuve como amigo a un fariseo
ni a pesar de la cólera
quise desbaratar a mi enemigo.

Pero escribí y me muero por mi cuenta,
porque escribí porque escribí estoy vivo.

Lacrimosa Fassade 1 Satz


Limpiamente... Vicente Quirarte.

Limpiamente. Como quien al usar las palabras
desfiladero, navaja, geometría
las recorta del cuerpo del lenguaje
y las convierte en arma.
Sin mirar hacia atrás.

Desde todos los puntos cardinales
llegaremos al punto de la cita.
En la mesa invocaremos
de nueva cuenta al fuego
y tras el breve asombro
regresará el vacío.
Y mañana otra vez. Apasionadamente.

Bon Jovi In these arms


Eurídice. Margaret Atwood.

Él ha venido a buscarte y está aquí,
canción que te llama y quiere que vuelvas,
canción de dicha y de pesar
a partes iguales, promesa
hecha canción, promesa
de que todo será, allá arriba, distinto
a la última vez...
Hubieras preferido seguir sintiendo nada,
vacío y silencio; la estancada paz
del mar más hondo,
al ruido y la carne de la superficie,
acostumbrada a estos pasillos pálidos y en sombras,
y al rey que pasa por tu lado
sin pronunciar palabra.
El otro es diferente
y casi lo recuerdas.
Dice que canta para ti
porque te ama,
no como eres ahora,
tan fría y diminuta: móvil
y a la vez quieta, como blanca cortina
o soplo en la corriente
de una ventana a medio abrir
junto a una silla donde nadie se sienta.
Te quiere "real",
un cuerpo opaco,
sentir cómo se espesa
(tronco de árbol o ancas)
y el golpe de la sangre tras los párpados
al cerrarlos
la llamarada solar...
Sin tu presencia no podrá sentir
este amor suyo...
Mas la súbita revelación
de tu cuerpo enfriándose en la tierra
fue saber que le amas en cualquier lugar
hasta en este sitio sin memoria,
este reino del hambre.
Como una semilla roja en la mano
que olvidaste que aprietas,
llevas tu amor...
Él necesita ver para creer
y está oscuro."Atrás, atrás...", le susurras,
pero quiere que vuelvas
a alimentarlo, Eurídice,
puñado de tul, pequeña venda,
soplo de aire frío.
No se llamará Orfeo
tu libertad...

Nightwish A return to the sea


Por selva oscura. Eliseo Diego (1920-1994)

Un poema no es más
que una conversación en la penumbra
del horno viejo, cuando ya
todos se han ido, y cruje
afuera el hondo bosque; un poema

no es más que unas palabras
que uno ha querido, y cambian
de sitio con el tiempo, y ya
no son más que una mancha,
una esperanza indecible;

un poema no es más
que la felicidad, que una conversación
en la penumbra, que todo
cuanto se ha ido, y ya
es silencio.

The Birthday Massacre Movie


De un fulgor a otro. Ida Vitale.

Quizás no se deba ir más lejos.
Aventurarse quizás apenas sea
desventurarse más,
alejarse un atroz infinito
del sueño al que accedemos
para irisar la vida,
como el juego de luces que encendía,
en la infancia,
el prisma de cristal,
el lago de tristeza, ciertas islas.
Sí, entre biseles citados los colores,
un fulgor anidaba sobre otro
-seda y deslumbramiento
el margen del espejo-
y aquello también era un espectro,
sabido, exacto. Centelleos ajenos
en un mundo apagado.
Como un canto sin un cuerpo visible,
un reflejo del sol creaba
una cascada un río una floresta
entre paredes áridas.
Sí, no vayamos más lejos,
quedemos junto al pájaro humilde
que tiene nido entre la buganvilia
y de cerca vigila.
Más allá sé que empieza lo sórdido,
la codicia, el estrago.

Motley Crue Drift away


La palabra seda. João Cabral de Melo Neto (1920-1999)

La atmósfera que te envuelve
alcanza atmósferas tales
que transforma muchas cosas
que te conciernen, o cercan.

Como las cosas, palabras
imposibles de poema:
tal cual la palabra oro,
y hasta este poema, seda.

Es cierto que tu persona
no adormece, mas despierta;
ni es sedante, palabra
que venga de la de seda.

Cierto es que la superficie
de tu persona externa,
de tu piel y todo aquello
que tocándote se encuentra,

nada tiene de contorno
lujoso, falso, académico,
de una superficie cuando
se dice que es “como seda”.

Pero en ti, en algún punto,
tal vez fuera de ti misma,
tal vez en el mismo ambiente
que tensionas cuando llegas

hay algo de muscular,
de animal, carnal, pantera,
de felino, de sustancia
felina, o su manera,

de animal, de animalmente,
de crudo, cruel, de crudeza,
que bajo ajada palabra
persiste en la cosa seda.

Queensryche Silent lucidity


Nacimiento de Venus. Gabriel Zaíd.

Así surges del agua,
...clarísima,
y tus largos cabellos son del mar todavía,
y los vientos te empujan, las olas te conducen,
como el amanecer, por olas, serenísima.

Así llegas de pronto, como el amanecer,
y renace, en la playa, el misterio del día.

Rata Blanca Aún estás en mis sueños


Cuando la tarde... Xavier Villaurrutia (1903-1950)

Cuando la tarde cierra sus ventanas remotas,
sus puertas invisibles,
para que el polvo, el humo, la ceniza,
impalpables, oscuros,
lentos como el trabajo de la muerte
en el cuerpo del niño,
vayan creciendo;
cuando la tarde, al fin, ha recogido
el último destello de luz, la última nube,
el reflejo olvidado y el ruido interrumpido,
la noche surge silenciosamente
de ranuras secretas,
de rincones ocultos,
de bocas entreabiertas,
de ojos insomnes.

La noche surge con el humo denso
del cigarrillo y de la chimenea.
La noche surge envuelta en su manto de polvo.
El polvo asciende, lento.
Y de un cielo impasible,
cada vez más cercano y más compacto,
llueve ceniza.

Cuando la noche de humo, de polvo y de ceniza
envuelve la ciudad, los hombres quedan
suspensos un instante,
porque ha nacido en ellos, con la noche, el deseo.

Stratovarius Papillon


Sin decir adiós.



Las tinieblas ensombrecieron la luz del amor
el dolor no dio tregua… cuando al final se presiente el adiós…

Y la muerte, que a veces parece eternamente lejana
y el tiempo que arrasa con la memoria, con la sombra de la vida
ella al irse, olvidó o no quiso decirme adiós
supe que no regresaría, cuando la vi volando con las golondrinas…



Sin decir adiós.
El libro de las sombras.

Todos los derechos reservados.

©2004

Kells Merveilles


Sin regresar jamás.



Ella se perdió en las luces de una gran ciudad
y enamorada creyó, que aún caminaba a su lado
el tiempo la obligó a que recordara lo que dejaba atrás
un sueño, tal vez del cual jamás habría de despertar…

Ella se confundió con la gente, las sombras y la humedad
ella imaginó verme esperándola, en un viejo y lejano lugar
antes de morir, ella esperó para ver su último amanecer
y abrazarse al fin al dolor, el cual ella siempre se negó a aceptar…

Ella se quedó llorando dentro de una tenebrosa oscuridad
entonces nos encontramos de la misma manera que años atrás
el cielo me pareció un principio, ella fue mi final
sus manos fueron heridas que mi cuerpo tuvo que sangrar…

Al morir, lo hizo en el lugar más oscuro de la ciudad
fue cuando se encontró con el dolor, escondida en mis brazos
entonces dormida, ya nunca más pudo despertar
y se perdió en un sueño oscuro
del cual espero… que no regrese jamás… 



Sin regresar jamás.
El libro de las sombras.

Todos los derechos reservados.

©2004

Bad Company If you needed somebody


Sombras en el alma.



Los años la llevaron por infinitos lugares en el mundo
se encontró con la angustia, cuando sanaba su alma
ella quizás recuerde las olas, el perfume del mar
el momento en que la soledad, la dejó encerrada…

En las sombras de la noche, comprendió lo mucho que le faltaba
en su cama se marchitaron las rosas y crecieron espinas
en la amargura de su vida, fue esclavizada por los sueños
yo la vi llorando por amor… en las puertas del cielo…

Los momentos para imaginar… la sombra de la desesperanza
una mañana lluviosa, en vano quiso encontrar el sol
la muerte tocó sus pies una tarde nublada
olvidó hasta mi nombre… y enamorada se entregó al dolor…

Algunas flores, ese día se quedaron sin colores
le confesó a Dios, cuántas cosas más ella necesitaba
en el cielo encontraría al fin la paz
su recuerdo se inmolaría en la fuerza del viento…

Antes de morir, inocentemente, me juró amor eterno
y se aferró aún más al dolor, con la piedad de un beso
su sombra aún permanece al pie de mi cama
y por las noches no desaparece… sino que se posa sobre mi alma…



Sombras en el alma.
El libro de las sombras.

Todos los derechos reservados.

©2004