miércoles, 14 de agosto de 2013

La bailarina de la muerte. Anónimo.

Era un día como cualquier otro, una mañana normal, en la tarde el colegio, las fastidiosas clases y todo eso.... pero el día de hoy había una particularidad... era la "típica reunión anual de representantes", en la cual se hablaba de las irregularidades del colegio y de otro poco de cosas que ni al cabo interesan aquí, lo que si interesa fue lo que sucedió durante la dichosa reunión:

En esa noche tranquila... los pocos alumnos de mi salón y yo quisimos jugar en el oscuro colegio a lo que nosotros llamábamos las escondidas, pues aunque los rumores que corrían en ese tiempo eran que en el colegio asustaban, como lo dicen en todos los colegios, por eso, la mayoría de mi salón y del colegio entero no se atrevió siquiera a venir al colegio de noche. Éramos unos 10 muchachos, y entre juego y juego, y como ningún representante llamaba se nos hizo muy de tarde, tanto como las 10 u 11 de la noche... en una de las jugadas, me tocó a mí contar... cuando terminé de hacerlo.... estaba sola, (donde se contaba era en un lugar cerca a nuestro salón, en el segundo piso, y sólo se permitía esconderse en el primero, total, el que le tocaba contar tenía que subir sólo al salón, contar y bajar de nuevo), mientras bajaba, escuché como una musiquita que provenía del baño de las mujeres... era como de piano, y me pareció ilógico que a tan altas horas de la noche, alguien estuviera tocando algo, ni siquiera piano, es que... ¡en el colegio no hay ninguno!... entonces se me ocurrió que era alguno de mis amigos que me quería hacer una broma y quise ir a asustarlos... sin saber que la asustada iba a ser yo... caminé despacio hacia el baño, y cuando abrí la puerta principal, una sombra se movió hacia el baño más próximo, yo enseguida dije, pensando como si fuera algún amigo mío:
Ajá y me asustaste...!!!
Luego, la dichosa musiquita se detuvo y la sombra apareció al final del pasillo...:
Era totalmente HORRENDA, sin decirles mentiras, era una especie de sombra en relieve, parecía que realmente alguien estuviera parado en ese sitio, era una mujer, eso sí, pero estaba llena de sangre por todos lados, como si se estuviera desangrando, pro tenía una vestimenta como de bailarina de ballet, su tutú era blanco, pero la sangre corría sobre él y lo mojaba todo, su cara estaba toda desfigurada, tenía los ojos en blanco, tenía una sonrisa, si así se le puede decir, toda espantosa, tenía el cuello cortado, no tenía cabello, tenía como un cuchillo en la mano y de pronto lo alzó y se me fue acercando poco a poco, iba como flotando hacia mí, yo totalmente paralizada, no me contuve más y grité con todas mis fuerzas:

¡ Auxilio! ¡Muchachos...Ayúdeme...! ¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhh!

Y todo quedó en blanco.....

Cuando desperté estaba en la enfermería con mis padres y todos mis amigos...

Jeys... ¿Qué te pasó? ¿Por qué gritaste de ese modo?

Me explicaron que me habían encontrado en el baño, desmayada, con la ropa desgarrada... que me habían intentado cortar los brazos como si fueran a quitármelos... pero lo que más raro me pareció fue que cuando salíamos de la enfermería... en la pared que da acceso al baño de mujeres estaba escrito con una sustancia que parecía sangre:

"Te salvaste porque gritaste antes... porque si no... hubieras terminado descuartizada sin piedad ni compasión"

Yo les conté a ellos lo que me pasó... y regresamos al auditorio... y en menos de 10 minutos mis compañeros y yo les contamos a todos los presentes y el director decidió investigar... como no consiguió nada lo dejó en el olvido... pero mis compañeros y yo no lo hicimos y empezamos por tratar de quitar la mancha del letrero que dejó "la bailarina de la muerte", como comenzamos a llamarla, pero no quitó con nada por más de que lo intentamos, entonces decidimos derrumbar la pared, y encontramos lo que parecía un cuerpo humano con restos de un traje de baile.. o de ballet, podría ser, y cuando se reconstruyó la pared, algunos meses después, apareció escrito el siguiente mensaje:

"Ahora ustedes desataron mi maldición, a partir de hoy, cada año, morirá alguno de ustedes 9 y la última será la que no pude matar, pero de esta no se salvará"

Esto sucedió el 3 de octubre de 1999, hace casi exactamente 10 años, y cada año precisamente en ese día han muerto todos mis compañeros... ahora sólo quedo yo y veremos si quedo para contárselo a mis hijos y nietos....en el colegio todo sigue normal pero por lo que pienso, la "bailarina de la muerte" como ya se sabe en el colegio que se llama así, no quedará solo conmigo y tratará de cobrar otra vida, espero que ella se salve , así como lo espero yo, pero por lo que veo, mis esperanzas no son tantas...

Terror. Anónimo.

Y ustedes, a que le temen???

Pero, que es el terror???
Vas caminando por la calle camino a tu casa, ves las personas pasar a tu lado con la indiferencia habitual, doblas la esquina y notas que la tarde esta muriendo, la calle se nota mas angosta y a diferencia de antes, te fijas en las caras de las personas y se ven un tanto apáticas, en ese momento, la ansiedad comienza, tus pasos se aligeran, tus sentidos se agudizan, pero aun asi, intentas restarle importancia.

Un par de minutos despues, comienzas a notar que las personas se fijan en ti, te estan observando, te sientes asechado, el estomago se revuelve, el pulso se acelera y sientes la imperiosa necesidad de huir, en realidad nada ha ocurrido, pero sientes que pronto pasara, FELICIDADES, has alcanzado el miedo.

Hace un momento has dejado de caminar y ahora parece que corres en busqueda de un lugar seguro, un refugio, es uno de los instinto mas basicos que nos ha mantenido con vida durante milenios, estas sudando, pero el sudor es frio, AHI, AHI, ENTRA AHI..., entraste al primer lugar abierto que encontraste, parecia una tienda, aun esta abierta, te has alejado de la calle y ahora la ansiedad disminuye levemente, te das la vuelta y ves a tu alrededor y te encuentras rodeado de Maniquies, ahora tambien has conseguido un susto, sientes como el corazon te late fuertemente dentro del pecho, pero, no es a los maniquies a los que les tienes miedo, es a su forma, la silueta humana.

El local esta oscuro, porque no notaste eso antes de entrar??? comienzas a pensar que estabas mas seguro en la calle, pero... parece que... si, ALGO SE MOVIO, entre todos los maniquies, has visto una silueta escurrirse entre las sombras, apenas perceptible pero estas seguro que has visto algo, HAY ALGO AHI, el miedo te invade nuevamente, ahora mas intensamente que antes, no has acabado de asimilar la situación, retrocedes lentamente intentando que aquel extraño ser no te ataque desprevenido, algo ha tocado tu hombro, una mano roso tu espalda, un te volteas bruscamente y ves como una masa blanca se abalanza sobre tuyo, extendiendo sus docenas de brazos para tomarte, ahora el miedo ha alcanzado su maxima expresion, quieres correr pero tus piernas son demasiado pesadas, quieres protegerte pero tu cuerpo no responde, tus ojos estan abiertos al maximo, tu garganta se desgarra al gritar, te das cuenta que te has quedado paralizado, tu corazon late al maximo, tu cuerpo se llena de adrenalina, pero, aun asi, no puedes pensar, no puedes actuar, el Terror se sosiega...

Todo se oscurece, has perdido el conocimiento, no sabes si estas muerto o solo te has desmayado, bueno, al final, eso no importa, ahora todo parece estar en calma...

Poco a poco... abres los ojos...
ahhh... esa luz blanca sobre ti... es tan cegadora...

Estas en una cama, pero... donde???...
Murmullos... se escuchan a lo lejos...
no intentas levantarte, te sientes muy aturdido, pero, poco a poco todo se aclara...

La luz, ya puedes verla, no es tan fuerte como parecía, los cables... los instrumentos... monitores???... estas en un hospital???...

Los murmullos en el pasillo se aclaran, si, son voces, ahhh... ahora sientes la calidez del contacto humano, fue una pesadilla??? no importa, lo que importa es que ya termino. Pero, las voces, que dicen?... agudizas tu oido... si, ahora entiendes, estan hablando de ti... te encontraron desmayado bajo un montón de maniquíes en una tienda del centro... maniquíes... eran solo maniquíes...

Todo ese miedo, la ansiedad, el terror que sentiste, y ahora darte cuenta que eran solo maniquíes; bueno, todo eso ya no importa, ya has descansado, tu ropa se encuentra ahi, en la silla frente a tu cama, levántate, pero... no puedes???, por que no puedes???... HAZLO... QUE??? TE HAN ATADO A LA CAMA???... Tu mente se perturba nuevamente, la respiración se acelera, tu corazón parece querer salirse del pecho, intentas gritar pero la garganta no te responde, un grito mudo atraviesa tu cuerpo, estas aterrorizado. Las voces en el pasillo, son mas fuertes, se acercan, el pomo de la puerta gira lentamente, te ayudaran???... quienes son???... se abre, ves como un carro de paro asoma desde la puerta, hay toda clase de utensilios quirúrgicos ahí, quienes son que harán con eso???... son medicos, enfermeras??? estan vestidos como tal... los gorros, las mascaras, pero que van a hacerte???... oyes sus voces, pero no entiendes lo que dicen, espera, dijo: preparenlo para la transicion???, cual transicion? a que se refieren? se acercan a ti con un bisturi en la mano, pero, esos no son guantes, sus manos son blancas???, sus ojos, por que son tan inexpresivos???, espera, la mascarilla, se ha quitado la mascarilla, pero... QUE ES ESTO???, NO SON HUMANOS, SON MANIQUIES...
... y en ese momento, es cuando conoces el terror psicologico...

y ustedes, a que le temen???
yo, a los maniquies...

Carta de suicidio. Anónimo.

Si estás leyendo esto significará que ya no existo.

Hoy, día 29 de noviembre de 2009, Domingo, a las 3:00 horas, he decidido por voluntad propia y sin ninguna clase de coacción externa, poner fín a mi vida, y lo hago siendo plenamente consciente de que lo que me espera al otro lado no es sino el vacío más absoluto, la nada, la no existencia.

La sola idea hace que mi pulso se acelere y la sangre se me congele en el pecho. Ni siquiera en estos momentos soy capaz de levantar la mirada ante semejante visión y no estremecerme de terror, pero la idea de permancer un minuto más en este mundo es aún peor. Un mundo salvaje, egoísta y cruel, y lo que es aún peor, hipócrita, un mundo del que reniego y al que no quiero pertenecer. No, ya no.

Fui un iluso durante todos estos años al pensar que exitiría un papel para mi en esta pantomima, en este esperpento ridículo de sociedad, que finalmente encontraría mi lugar en el mundo, que lograría alzarme victorioso y alcanzar la meta para la que nací y para la que he estado preparandome durante toda mi miserable existencia. ¡Mierda!

Abrí mi corazón de par en par, dejé que cogieran todo cuanto quisieran hasta que me dejaron sin nada. He dedicado mi vida por entero a los demás sin preocuparme por mi propia felicidad, he dado todo lo que tenía y más, pero a cambio sólamente he recibido incomprensión, desprecio y la más absoluta y dolorosa ignorancia. El amor y la amistad son dos caminos vedados para mí, y mis ojos se inundan de lágrimas cada vez que pienso que me iré sin haber conocido a una sola persona con la que compartir todo lo que llevo dentro de mí ser. ¡Oh, malditos que me pisoteáis sin piedad!¡ Si pudiérais ver en mi interior!

Ya es demasiado tarde para la autocompasión, no puedo abandonar este mundo con mi corazón cargado de rencor y frustración. Mis últimas palabras han de ser de amor y agradecimiento, agradecimiento a mis padres que me dieron la vida y la esperanza de un mundo mejor y que desgraciadamente ya no están aquí. A ellos debo todo lo que he sido. Amor, a pesar de todo, hacia este mundo que seguirá girando impasible cuando todos hayamos desaparecido y en el que a fín de cuentas no siempre fui desgraciado.

He hecho todo lo que estaba en mi mano pero las cosas no han salido bien, soy débil y no he tenido el coraje necesario para seguir adelante, ya es tarde, las fuerzas me abandonan, la vida se me escapa. Me voy de este mundo y me voy solo.

Adiós.

Marinas.

¿Es posible el amor aún después de tantos años y derrotas?

En un pequeño pueblo, a orillas tal vez de la noche
Su cuerpo decidió hacer su humilde hogar
Bajo un cielo lleno de estrellas, sus almas se encontraron
Algunos ángeles lloraron por su suerte… un odio lejano preguntó por sus nombres.

Las alas del sueño no pudieron llevarla durante la noche
Su corazón latía del miedo de volver a enamorarse
Los niños la vieron cantando junto a las jóvenes en la playa
Los viejos en la Iglesia preguntaron por él esa mañana.

Una tarde luminosa, sus huellas encontraron en el campo
Una rosa marchita pisoteada por el tiempo, fue su rastro
Él sostuvo por los dos, el peso de la soledad y el mundo
Ella huyó para siempre, esperando jamás encontrar su rumbo.

Los años azotaron ciudades, y quizás sus recuerdos
Un niño caminaba a su lado, cuando ella paseaba por la playa
El dolor dejó cientos de palabras, que salieron de sus manos
Otros conocerían su sueño, lo fortuito y macabro de su pasado.



Marinas.
Un momento perdido.

©2012

Credo. Jorge Debravo (1938-1967)

No acostumbro a decir amo, te amo,
sino cuando el amor me inunda todo
desde los ojos hasta los zapatos.
Mi cuerpo es una sola verdad y cada músculo
resume una experiencia de entusiasmo.

Una vez dije: ¡sufro! Y era que el sufrimiento
agitaba a mi lado sus cascos de caballo.

Y siempre digo: espero. Porque a mí me podrían
arrancar el recuerdo como un brazo,
pero no la esperanza que es de hueso
y cuando me la arranquen dejaré de ser esto
que te estrecha las manos.

Creo en todos los frutos que tienen jugo dulce,
y creo que no hay frutos que tengan jugo amargo.
No es culpa de los frutos si tenemos
el paladar angosto y limitado.

Creo en el corazón del hombre, creo
que es de pura caricia a pesar de las manos
que a veces asesinan, sin saberlo,
y manejan fusiles sanguinarios.

Creo en la libertad a pesar de los cepos,
a pesar de los campos alambrados.

Creo en la paz, amada, a pesar de las bombas
y a pesar de los cascos.

Creo que los países serán un solo sitio
de amor para los hombres, a pesar de los pactos,
a pesar de los límites, los cónsules,
a pesar de los libres que se dan por esclavos.

Y creo en el amor, en este amor de acero
que va fortaleciendo las piernas y los brazos,
que trabaja en secreto,
a escondidas del odio y del escarnio,
que debajo del traje se hace músculo,
órgano, experiencia, nervio, ganglio,
a pesar del rencor que nos inunda
el corazón de funerales pájaros.

Yo creo en el amor más que en mis ojos
y más que en el poder y el entusiasmo.

El amor en los tiempos del cólera. (Fragmento) Gabriel García Márquez.

 "(...) Ella no entendió nada: volvió a encogerse de hombros sin hablar, y se fue. Entonces supo Florentino Ariza que en alguna noche incierta del futuro, en una cama feliz con Fermina Daza, iba a contarle que no había revelado el secreto de su amor ni siquiera a la única persona que se había ganado el derecho de saberlo. No: no había de revelarlo jamás, no porque no quisiera abrir el cofre donde lo había tenido tan bien guardado a lo largo de media vida, sino porque sólo entonces se dio cuenta de que había perdido la llave".

"(...) En cambio, la prudencia de Florentino Ariza tuvo una recompensa inesperada: ella extendió la mano en la oscuridad, le acarició el vientre, los flancos, el pubis casi lampiño. Dijo: “Tienes una piel de nene”. Luego dio el paso final: lo buscó donde no estaba, lo volvió a buscar sin ilusiones, y lo encontró inerme.

-Está muerto -dijo él.

Le ocurrió siempre la primera vez, con todas, desde siempre, de modo que había aprendido a convivir con aquel fantasma: cada vez había tenido que aprender otra vez, como si fuera la primera. Tomó la mano de ella y se la puso en el pecho: Fermina Daza sintió casi a flor de piel el viejo corazón incansable latiendo con la fuerza, la prisa y el de- sorden de un adolescente. Él dijo: “Demasiado amor es tan malo para esto como la falta de amor”. Pero lo dijo sin convicción: estaba avergonzado, furioso consigo mismo, ansiando un motivo para culparla a ella de su fracaso. Ella lo sabía, y empezó a provocar el cuerpo indefenso con caricias de burla, como una gata tierna regodeándose en la crueldad, hasta que él no pudo resistir más el martirio y se fue a su camarote. Ella siguió pensando en él hasta el amanecer, convencida por fin de su amor, y a medida que el anís la abandonaba en oleadas lentas la iba invadiendo la zozobra de que él se hubiera disgustado y no volviera nunca.

Pero volvió el mismo día, a la hora insólita de las once de la mañana, fresco y restaurado, y se desnudó frente a ella con una cierta ostentación. Ella se complació en verlo a plena luz tal como lo había imaginado en la oscuridad: un hombre sin edad, de piel oscura, lúcida y tensa como un paraguas abierto, sin más vellos que los muy escasos y lacios de las axilas y el pubis. Estaba con la guardia en alto, y ella se dio cuenta de que no se dejaba ver el arma por casualidad, sino que la exhibía como un trofeo de guerra para darse valor. Ni siquiera le dio tiempo de quitarse la camisa de dormir que se había puesto cuando empezó la brisa del amanecer, y su prisa de principiante le causó a ella un estremecimiento de compasión. Pero no le molestó, porque en casos como aquel no le era fácil distinguir entre la compasión y el amor. Al final, sin embargo, se sintió vacía.

Era la primera vez que hacía el amor en más de veinte años, y lo había hecho embargada por la curiosidad de sentir cómo podía ser a su edad después de un receso tan prolongado. Pero él no le había dado tiempo de saber si también su cuerpo lo quería. Había sido rápido y triste, y ella pensó: “Ahora hemos jodido todo”. Pero se equivocó: a pesar del desencanto de ambos, a pesar del arrepentimiento de él por su torpeza y del remordimiento de ella por la locura del anís, no se separaron un instante en los días siguientes. Apenas si salían del camarote para comer.

"(...) Florentino Ariza lo escuchó sin pestañear. Luego miró por las ventanas el círculo completo del cuadrante de la rosa náutica, el horizonte nítido, el cielo de diciembre sin una sola nube, las aguas navegables hasta siempre, y dijo:

-Sigamos derecho, derecho, derecho, otra vez hasta La Dorada.

Fermina Daza se estremeció, porque reconoció la antigua voz iluminada por la gracia del Espíritu Santo, y miró al capitán: él era el destino. Pero el capitán no la vio, porque estaba anonadado por el tremendo poder de inspiración de Florentino Ariza.

-¿Lo dice en serio? -le preguntó. -Desde que nací -dijo Florentino Ariza-, no he dicho una sola cosa que no sea en serio.

El capitán miró a Fermina Daza y vio en sus pestañas los primeros destellos de una escarcha invernal. Luego miró a Florentino Ariza, su dominio invencible, su amor impávido, y lo asustó la sospecha tardía de que es la vida, más que la muerte, la que no tiene límites.

-¿Y hasta cuándo cree usted que podemos seguir en este ir y venir del carajo? -le preguntó.

Florentino Ariza tenía la respuesta preparada desde hacía cincuenta y tres años, siete meses y once días con sus noches.

-Toda la vida --dijo".

Casi obsceno. Raul Gómez Jattin (1945-1997)

Si quisieras oír lo que me digo en la almohada
el rubor de tu rostro sería la recompensa.
Son palabras tan íntimas como mi propia carne
que padece el dolor de tu implacable recuerdo.


Te cuento ¿Sí? ¿No te vengarás un día? Me digo:
Besaría esa boca lentamente hasta volverla roja
Y en tu sexo el milagro de una mano que baja
en el momento más inesperado y como por azar
lo toca con ese fervor que inspira lo sagrado 

No soy malvado. Trato de enamorarte
intento ser sincero con lo enfermo que estoy
y entrar en el maleficio de tu cuerpo
como un río que teme al mar, pero siempre muere en él.

Cuando lejos, muy lejos. Julio Flórez (1867-1923)

Cuando lejos muy lejos, en hondos mares,
en lo mucho que sufro pienses a solas,
si exhalas un suspiro por mis pesares,
mándame ese suspiro sobre las olas.

Cuando el sol con sus rayos desde el oriente
rasgue las blondas gasas de las neblinas,
si una oración murmuras por el ausente,
deja que me la traigan las golondrinas.

Cuando la tarde pierda sus tristes galas,
y en cenizas se tornen las nubes rojas,
mándame un beso ardiente sobre las alas
de las brisas que juegan entre las hojas.

Que yo, cuando la noche tienda su manto,
yo, que llevo en el alma sus mudas huellas,
te enviaré, con mis quejas, un dulce canto
en la luz temblorosa de las estrellas.

Allende. (Viento del exilio) Mario Benedetti (1920-2009)

Para matar al hombre de la paz
para golpear su frente limpia de pesadillas
tuvieron que convertirse en pesadilla
para vencer al hombre de la paz
tuvieron que congregar todos los odios
y además los aviones y los tanques
para batir al hombre de la paz
tuvieron que bombardearlo hacerlo llama
porque el hombre de la paz era una fortaleza

para matar al hombre de la paz
tuvieron que desatar la guerra turbia
para vencer al hombre de la paz
y acallar su voz modesta y taladrante
tuvieron que empujar el terror hasta el abismo
y matar más para seguir matando
para batir al hombre de la paz
tuvieron que asesinarlo muchas veces
porque el hombre de la paz era una fortaleza

para matar al hombre de la paz
tuvieron que imaginar que era una tropa
una armada una hueste una brigada
tuvieron que creer que era otro ejercito
pero el hombre de la paz era tan sólo un pueblo
y tenía en sus manos un fusil y un mandato
y eran necesarios más tanques más rencores
más bombas más aviones más oprobios
porque el hombre de la paz era una fortaleza

para matar al hombre de la paz
para golpear su frente limpia de pesadillas
tuvieron que convertirse en pesadilla
para vencer al hombre de la paz
tuvieron que afiliarse para siempre a la muerte
matar y matar más para seguir matando
y condenarse a la blindada soledad
para matar al hombre que era un pueblo
tuvieron que quedarse sin el pueblo

Farewell. Pablo Neruda (1904-1973)

Desde el fondo de ti, y arrodillado,
un niño triste, como yo, nos mira.
Por esa vida que arderá en sus venas
tendrían que amarrarse nuestras vidas.
Por esas manos, hijas de tus manos,
tendrían que matar las manos mías.
Por sus ojos abiertos en la tierra
veré en los tuyos lágrimas un día.

Yo no lo quiero, Amada.
Para que nada nos amarre
que no nos una nada.
Ni la palabra que aromó tu boca,
ni lo que no dijeron las palabras.
Ni la fiesta de amor que no tuvimos,
ni tus sollozos junto a la ventana.

Amo el amor de los marineros
que besan y se van.
Dejan una promesa.
No vuelven nunca más.
En cada puerto una mujer espera:
los marineros besan y se van.
Una noche se acuestan con la muerte
en el lecho del mar.

Amo el amor que se reparte
en besos, lecho y pan.
Amor que puede ser eterno
y puede ser fugaz.
Amor que quiere libertarse
para volver a amar.
Amor divinizado que se acerca
Amor divinizado que se va.

Ya no se encantarán mis ojos en tus ojos,
ya no se endulzará junto a ti mi dolor.
Pero hacia donde vaya llevaré tu mirada
y hacia donde camines llevarás mi dolor.
Fui tuyo, fuiste mía. Qué más? Juntos hicimos
un recodo en la ruta donde el amor pasó.
Fui tuyo, fuiste mía. Tu serás del que te ame,
del que corte en tu huerto lo que he sembrado yo.
Yo me voy. Estoy triste: pero siempre estoy triste.
Vengo desde tus brazos. No sé hacia dónde voy.
Desde tu corazón me dice adiós un niño.
Y yo le digo adiós.

Poema X. Pablo Neruda (1904-1973)

Hemos perdido aún este crepúsculo.
Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas
mientras la noche azul caía sobre el mundo.

He visto desde mi ventana
la fiesta del poniente en los cerros lejanos.

A veces como una moneda
se encendía un pedazo de sol entre mis manos.

Yo te recordaba con el alma apretada
de esa tristeza que tú me conoces.

Entonces, dónde estabas?
Entre qué gentes?
Diciendo qué palabras?
Por qué se me vendrá todo el amor de golpe
cuando me siento triste, y te siento lejana?

Cayó el libro que siempre se toma en el crepúsculo,
y como un perro herido rodó a mis pies mi capa.

Siempre, siempre te alejas en las tardes
hacia donde el crepúsculo corre borrando estatuas.

Soneto XXV. Pablo Neruda (1904-1973)

Antes de amarte, amor, nada era mío:
vacilé por las calles y las cosas:
nada contaba ni tenía nombre:
el mundo era del aire que esperaba.

Yo conocí salones cenicientos,
túneles habitados por la luna,
hangares crueles que se despedían,
preguntas que insistían en la arena.

Todo estaba vacío, muerto y mudo,
caído, abandonado y decaído,
todo era inalienablemente ajeno,

todo era de los otros y de nadie,
hasta que tu belleza y tu pobreza
llenaron el otoño de regalos.

Neruda/1. Eduardo Galeano.

Estuve en la Isla Negra, en la casa que es, que fue, de Pablo Neruda.
 Estaba prohibida la entrada. Una empalizada de madera rodeaba la casa. Allí la gente había grabado sus mensajes al poeta. No habían dejado ni un pedacito de madera sin cubrir. Todos le hablaban como si estuviera vivo. Con lápices o puntas de clavos, cada cual había encontrado su manera de decirle; gracias.
 Yo también encontré, sin palabras, mi manera. Y entré sin entrar. Y en silencio estuvimos, conversando vinos el poeta y yo, calladamente hablando de mares y amares y de alguna pócima infalible contra la calvicie. Compartimos unos camarones al pil-pil y un prodigioso pastel de jaibas y otras maravillas de esas que alegran el alma y la barriga, que son como él sabe, dos nombres de la misma cosa.
 Varias veces alzamos nuestros vasos de buen vino, y un viento salado nos golpeaba la cara, y todo fue una ceremonia de maldición de la dictadura, aquella lanza negra clavada en su costado, aquel dolor de la gran puta, y todo fue también una ceremonia de celebración de la vida, bella y efímera como los altares de flores y los amores de paso.

Axel Rudi Pell Hey Joe


Posiblidades. Wislawa Szymborska (1923-2012)

Prefiero el cine.
Prefiero los gatos.
Prefiero los robles a orillas del río.
Prefiero Dickens a Dostoievski.
Prefiero que me guste la gente
a amar a la humanidad.
Prefiero tener en la mano hilo y aguja.
Prefiero no afirmar
que la razón es la culpable de todo.
Prefiero las excepciones.
Prefiero salir antes.
Con los médicos prefiero hablar de otra cosa.
Prefiero las viejas ilustraciones.
Prefiero lo ridículo de escribir poemas
a lo ridículo de no escribirlos.
En el amor prefiero los aniversarios
que se celebran todos los días.
Prefiero a los moralistas
que no me prometen nada.
Prefiero la bondad del sabio a la del demasiado crédulo.
Prefiero la tierra vestida de civil.
Prefiero los países conquistados a los conquistadores.
Prefiero tener reservas.
Prefiero el infierno del caos al infierno del orden.
Prefiero los cuentos de Grimm a las primeras planas
del periódico.
Prefiero las hojas sin flores a la flor sin hojas.
Prefiero los perros con la cola sin cortar.
Prefiero los ojos claros porque los tengo oscuros.
Prefiero los cajones.
Prefiero muchas cosas que aquí no he mencionado
a muchas otras que tampoco he dicho.
Prefiero el cero solo
al que hace cola en una cifra.
Prefiero el tiempo de los insectos al tiempo de las estrellas.
Prefiero tocar madera.
Prefiero no preguntar cuánto me queda y cuándo.
Prefiero tomar en cuenta incluso la posibilidad
de que todo tiene una razón de ser.

Enya I want tomorrow


Ofelia. Juan Gelman.

Esta Ofelia no es la prisionera de su propia voluntad
ella sigue a su cuerpo
espléndido como un golpe de vino en medio de los hombres
su cuerpo estilo renacimiento lleno de sol de Italia pasa por buenos aires
Ofelia yo en tus pechos fundaría ciudades y ciudades de besos
hermosas libres con su sombra a repartir con los amantes mundiales
Ofelia por tus pechos pasa como un temblor de caballadas a medianoche por Florencia
tus pechos altos duros como il Palazzo Vecchio
una tarde de verano de 1957
iba yo rodeado de tus pechos sin saberlo
era igual la delicia la turbación el miedo
las sombras empezaban a andar por las callejas con un olor desconocido
algo como tus pechos después de haber amado
eras oscura Ofelia para entonces y enormemente triste
una adivinación una catástrofe
un oleaje de olvido después de la ternura
una especie de culpa sin castigo
de furia en paz con su gran guerra
andabas por Florencia con tus pechos yendo y viniendo por las sombras
con saudade de mí seguramente
tu hombro izquierdo digamos
lloraba a tus espaldas o largaba sus ansias lentas en el crepúsculo y ellas venían a mi sangre
o eran un temblor como un presagio
gracias te sean dadas ojos míos
yo les beso las manos bésoles muy los pies
gracias narices muchas gracias oídos con que escucho los ruidos
de la Ofelia
antes apenas era una ciudad de Italia
sus tiros me llenaban de otra desgracia el corazón.

Enya Watermark


Oscuridad hermosa. Gonzalo Rojas (1917-2011)

Anoche te he tocado y te he sentido
sin que mi mano huyera más allá de mi mano,
sin que mi cuerpo huyera, ni mi oído:
de un modo casi humano
te he sentido.
Palpitante,
no sé si como sangre o como nube
errante,
por mi casa, en puntillas, oscuridad que sube,
oscuridad que baja, corriste, centelleante.
Corriste por mi casa de madera
sus ventanas abriste
y te sentí latir la noche entera,
hija de los abismos, silenciosa,
guerrera, tan terrible, tan hermosa
que todo cuanto existe,
para mí, sin tu llama, no existiera.

Warrant Blind faith


Sobre el amor. Coral Bracho.

Encendido en los boscajes del tiempo, el amor
es deleitada sustancia. Abre
con hociquillo de marmota, senderos y senderos
inextricables. Es el camino de vuelta
de los muertos, el lugar luminoso donde suelen
resplandecer. Como zafiros bajo la arena
hacen su playa, hacen sus olas íntimas, su floración
de pedernal, blanca y hundiéndose
y volcando su espuma. Así nos dicen al oído: del viento
de la calma del agua, y del sol
que toca, con dedos ígneos y delicados
la frescura vital. Así nos dicen
con su candor de caracolas; así van devanándonos
con su luz, que es piedra, y que es principio con el agua, y es mar
de hondos follajes
inexpugnables, a los que sólo así, de noche,
nos es dado ver y encender.

Lacrimosa Malina


Santorín. Yorgos Seferis (1900-1971)

Asómate si puedes sobre el mar oscuro, olvidado
del eco de una flauta sobre los pies descalzos
que pisan tu sueño de la otra vida, la sumergida.
Escribe, si puedes, en tu última concha
el día, el nombre, el lugar
y tírala al mar para que se hunda.
Nos hemos hallado desnudos sobre la roca esponjosa
mirando las islas emergidas,
mirando las rojas islas que se hunden
en su sueño, en nuestro sueño.
Aquí estamos desnudos sosteniendo
la balanza que se inclina al lado
de la injusticia.
Tendones de fuerza, voluntad sin sombra, amor calculado,
al sol del mediodía figuras que maduran,
carrera del destino con el golpe de la mano joven
en la espalda:
en el lugar que se dispersó, que no resiste,
en el lugar que era alguna vez nuestro,
se hunden las islas, ceniza y herrumbre.
Altares en ruinas
y los amigos olvidados,
hojas de la palmera en la basura.
Deja, si puedes, tus manos que viajen
aquí en el cambio del tiempo en el barco
que se acercó al horizonte.
Cuando el dado golpeó la losa,
cuando la lanza golpeó la coraza,
cuando el ojo conoció al extranjero
y se secó el amor
en las almas horadadas.
Cuando miras a tu alrededor y hallas
los pies segados,
las manos muertas,
los ojos tenebrosos.
Cuando no te queda ya ni buscar
la muerte que escoges para ti,
oyendo un grito,
aún el grito del lobo,
como tu propiedad.
Deja, si puedes, tus manos que viajen,
despégalas del tiempo infiel
y húndete:
se hunde el que transporta las grandes piedras.

Roxette So far away


Decadencia. George Trakl (1887-1914)

Al atardecer, tañen campanas a la paz,
Cuando sigo milagrosos vuelos de las aves
Que, como procesión piadosa, en largo haz,
Se pierden en claras, otoñales vastedades.
Vagando por el jardín crepuscular
Mi sueño va hacia sus más claros destinos
Y la manecilla siento apenas avanzar.
Así sigo, sobre nubes, sus caminos.
De decadencia el hálito allí me hace temblar.
El mirlo se queja en las ramas deshojadas.
Vacila roja vid en rejas herrumbradas,
Mientras, cual de pálidos niños corro mortal
Entorno a un brocal que gasta el tiempo, sombrío,
El viento inclina anhelos azules en el frío.