martes, 27 de agosto de 2013

Única sabiduría. Silvina Ocampo (1903-1993)

Lo único que sabemos
es lo que nos sorprende:
que todo pasa, como
si no hubiera pasado.

Soneto del amor desesperado. Silvina Ocampo (1903-1993)

Mátame, espléndido y sombrío amor,
si ves perderse en mi alma la esperanza;
si el grito de dolor en mí se cansa
como muere en mis manos esta flor.
En el abismo de mi corazón
hallaste espacio digno de tu anhelo,
en vano me alejaste de tu cielo
dejando en llamas mi desolación.
Contempla la miseria, la riqueza
de quien conoce toda tu alegría.
Contempla mi narcótica tristeza.
¡Oh tú, que me entregaste la armonía!
Desesperando creo en tu promesa.
Amor, contémplame, en tus brazos, presa.

Si soy en vano. Silvina Ocampo (1903-1993)

Si soy en vano ahora lo que fui,
como la blanda y persistente arena
donde se borra el paso que la ordena,
no he sufrido bastante, amor, por ti.

Ah, si me hubieras dado sólo pena
y no la infiel intrépida alegría
tu crueldad no me lastimaría,
no podría apresarme tu cadena.

Quiero amarte y no amarte como te amo;
ser tan impersonal como las rosas;
como el árbol con ramas luminosas

no exigir nunca dichas que hoy reclamo;
alejarme, perderme, abandonarte,
con mi infidelidad recuperarte.

Si la verdad se vuelve una mentira. Silvina Ocampo (1903-1993)

Si la verdad se vuelve una mentira,
si se vuelve dolor la dicha aviesa,
si se vuelve alegría la tristeza
con sus falsas promesas cuando expira,

si la virtud a la cual en vano aspira
mi vida frustra la habitual promesa,
si el corazón de odio o de amor me pesa
y al helarse cual mármol, aún suspira.

Si no pude enmendarme al recibir
la ingratitud de los que más he amado
ni pude ensombrecerme al eximir

de mi cariño a los que me han colmado,
será porque los dioses me han herido
del inocente horror de haber nacido.

Quiero morir si de mi vida no hallo... Silvina Ocampo (1903-1993)

Quiero morir si de mi vida no hallo
la meta del misterio que me guía,
quiero morir, volverme ciega y fría
como la planta que fulmina el rayo.

Si lo que ansío decir es lo que callo,
y si he de aborrecer lo que quería
sin asco y sin vergüenza hasta este día,
si todo lo que intento es mero ensayo,

será porque he vivido de mentiras.
Por no morir quiero morir. El viento
que suena entre los muros con sus liras

o el hibisco bermejo, o el fragmento
de la luna, siempre algo, hasta mi queja,
me deslumbra y me deja más perpleja.

Los delfines. Silvina Ocampo (1903-1993)

Los delfines no juegan en las olas
como la gente cree.
Los delfines se duermen bajando hasta el fondo del mar.
¿Qué buscan? No sé.
Cuando tocan el fin del agua
despiertan bruscamente
y vuelen a subir porque el mar es muy profundo
y cuando suben ¿qué buscan? No sé.
Y ven el cielo y les vuelve a dar sueño
y vuelven a bajar dormidos,
y vuelven a tocar el fondo del mar
y se despiertan y vuelen a subir.
Así son nuestros sueños.

Las huellas. Silvina Ocampo (1903-1993)

A orillas de las aguas recogidas
en la luz regular del suelo unidas
como si juntas siempre caminaran,
solas, parecería que se amaran,
en la sal de la espuma con estrellas,
sobre la arena bajo el sol las huellas
de nuestros pies desnudos
tan lejanos, y mudos.
Dejando una promesa dibujada
nuestra voz entretanto ensimismada
se divide en el aire y atraviesa
la azul crueldad de la naturaleza
mientras solos cruzamos
la playa y nos hablamos.

Las caras. Silvina Ocampo (1903-1993)

Las caras de los hombres que en mi vida he encontrado
me persiguen y viven adentro de mi espíritu.
Las caras de los hombres que he encontrado en mi vida
me miran y me abruman.
Podría dibujarlas pero nunca me atrevo.
Algunas tienen cuerpos y llevan en las manos
anillos y collares, flores de terciopelo,
algunas son mansiones, son jardines, son ríos,
algunas son un viaje, una playa, un desierto.
Algunas son de mármol, algunas son fenicias,
algunas son romanas, griegas y perniciosas
con los rasgos borrados.
Algunas tienen penas, muchas penas algunas,
y largas cabelleras que lloran en el viento.
Algunas son horribles, casi siempre me advierten
que un peligro me acecha.
Algunas tienen horas marcadas en los ojos
y son como clepsidras,
me despiertan de noche.
Algunas me quisieron
y movieron los labios para decir mi nombre.
Algunas no entendieron nunca lo que les dije
ni supieron por qué las miré largamente.
Algunas son anónimas
llevan frutas y fuentes, manos de terracota,
como las estaciones.
Algunas se arrodillan, buscan algo en la tierra.
Algunas como pájaros siempre estiran el cuello.
Algunas se inclinaron
y escribieron sus nombres sobre mi corazón
sin que yo lo advirtiera.
Algunas fueron mías, algunas se alejaron
y perdieron su sexo, su virtud y su candor;
fueron como la imagen
del infierno en el mundo
que tratamos, en vano, de olvidar.
Algunas fueron deidades
que no olvidaré nunca.

Envejecer. Silvina Ocampo (1903-1993)

Envejecer también es cruzar un mar de humillaciones cada día;
es mirar a la víctima de lejos, con una perspectiva
que en lugar de disminuir los detalles los agranda.
Envejecer es no poder olvidar lo que se olvida.
Envejecer transforma a una víctima en victimario.

Siempre pensé que las edades son todas crueles,
y que se compensan o tendrían que compensarse
las unas con las otras. ¿De qué me sirvió pensar de este modo?
Espero una revelación. ¿Por qué será que un árbol
embellece envejeciendo? Y un hombre espera redimirse
sólo con los despojos de la juventud.

Nunca pensé que envejecer fuera el más arduo de los ejercicios,
una suerte de acrobacia que es un peligro para el corazón.
Todo disfraz repugna al que lo lleva. La vejez
es un disfraz con aditamentos inútiles.
Si los viejos parecen disfrazados, los niños también.
Esas edades carecen de naturalidad. Nadie acepta
ser viejo porque nadie sabe serlo,
como un árbol o como una piedra preciosa.

Soñaba con ser vieja para tener tiempo para muchas cosas.
No quería ser joven, porque perdía el tiempo en amar solamente.
Ahora pierdo más tiempo que nunca en amar,
porque todo lo que hago lo hago doblemente.
El tiempo transcurrido nos arrincona; nos parece
que lo que quedó atrás tiene más realidad
para reducir el presente a un interesante precipicio.

El sueño recurrente. Silvina Ocampo (1903-1993)

Llego como llegué, solitaria, asustada,
a la puerta de calle de madera encerada.

Abro la puerta y entro, silenciosa, entre alfombras.
Los muros y los muebles me asustan con sus sombras.

Subo los escalones de mármol amarillo,
con reflejos rosados. Penetro en un pasillo.

No hay nadie, pero hay alguien escondido en las puertas.
Las persianas oscuras están todas abiertas.

Los cielos rasos altos en el día parecen
un cielo con estrellas apagadas que crecen.

El recuerdo conserva una antigua retórica,
se eleva como un árbol o una columna dórica,

habitualmente duerme dentro de nuestros sueños
y somos en secreto sus exclusivos dueños.

Al rencor. Silvina Ocampo (1903-1993)

No vengas, te conjuro, con tus piedras;
con tu vetusto horror con tu consejo;
con tu escudo brillante con tu espejo;
con tu verdor insólito de hiedras.

En aquel árbol la torcaza es mía;
no cubras con tus gritos su canción;
me conmueve, me llega al corazón,
repudia el mármol de tu mano fría.

Te reconozco siempre. No, no vengas.
Prometí no mirar tu aviesa cara
cada vez que lloré sola en tu avara
desolación. Y si de mí te vengas,

que épica sea al menos tu venganza
y no cobarde, oscura, impenitente,
agazapada en cada sombra ausente,
fingiendo que jamás hiere tu lanza.

Entre rosas, jazmines que envenenas,
¿por qué no te ultimé yo en mi otra vida?
Haz brotar sangre al menos de mi herida,
que estoy cansada de morir apenas.

Variedad de impaciencia. Silvina Ocampo (1903-1993)

¡Que pronto llegue lo horrible!
¡Que lentamente llegue lo maravilloso!

Ruego. Silvina Ocampo (1903-1993)

Quiero otras sombras de oro, otras palmeras
con otros vuelos de aves extranjeras,
quiero calles distintas, en la nieve,
un barro diferente cuando llueve,
quiero el férvido olor de otras maderas,
quiero el fuego con llamas forasteras,
otras canciones, otras asperezas,
que no haya conocido mis tristezas.

Castigo. Silvina Ocampo (1903-1993)

Transformará Minerva tus cabellos
en serpientes y un día al contemplarte
como en un templo oscuro, con destellos,
seré de piedra, para amarte.

Canto. Silvina Ocampo (1903-1993)

¡Ah, nada, nada es mío!
Ni el tono de mi voz, ni mis ausentes manos,
ni mis brazos lejanos.
Todo lo he recibido. Ah, nada, nada es mío.
Soy como los reflejos de un lago tenebroso
o el eco de las voces en el fondo de un pozo
azul cuando ha llovido.
Todo lo he recibido:
como el agua o el cristal
que se transforma en cualquier cosa,
en humo, en espiral,
en edificio, en pez, en piedra, en rosa.
Son distinta de mí, tan diferente,
como algunas personas cuando están entre gente.
Soy todos los lugares que en mi vida he amado.
Soy la mujer que más he detestado
y ese perfume que me hirió una noche
con los decretos de un destino incierto.
Soy las sombras que entraban en un coche,
la luminosidad de un puerto,
los secretos abrazos, ocultos en los ojos.
Soy de los celos, el cuchillo,
y los dolores con heridas, rojos.
De las miradas ávidas y largas soy el brillo.
Soy la voz que escuché detrás de las persianas,
la luz, el aire sobre las lambercianas.
Soy todas las palabras que adoré
en los labios y libros que admiré.
Soy el lebrel que huyó en la lejanía,
la rama solitaria entre las ramas.
Soy la felicidad de un día,
el rumor de las llamas.
Soy la pobreza de los pies desnudos,
con niños que se alejan, mudos.
Soy lo que no me han dicho y he sabido.
¡Ah, quise yo que todo fuera mío!
Soy todo lo que ya he perdido.
Mas todo es inasible como el viento y el río,
como las flores de oro en los veranos
que mueren en las manos.
Soy todo, pero nada es mío,
ni el dolor, ni la dicha, ni el espanto,
ni las palabras de mi canto.

Silvina Ocampo. (1903-1993)






Silvina Ocampo (Buenos Aires, 28 de julio de 1903 - Buenos Aires, 14 de diciembre de 1993) fue una escritora argentina, hermana de Victoria Ocampo y junto a Adolfo Bioy Casares (su esposo), Jorge Luis Borges y Julio Cortázar, una de las cumbres de la literatura argentina del siglo XX.

Silvina Inocencia Ocampo Aguirre nació en Buenos Aires el 28 de Julio de 1903, en la casa de la calle Viamonte 550, como la menor de las seis hijas de Manuel Silvio Cecilio Ocampo y Ramona Aguirre Herrera y Rubi Yajaira Rodriguez Rios (Victoria, Angélica, Francisca, Rosa, Clara Maria y Silvina). En su juventud estudió dibujo en París con Giorgio de Chirico y Fernand Léger. Entre sus amigos famosos figuraba el escritor italiano Italo Calvino, quien prologó sus cuentos.

Poetisa, narradora y traductora, sus inicios en la literatura están ligados a la influencia de su hermana Victoria, fundadora de la revista Sur, y a la del escritor Adolfo Bioy Casares, al que conoció en el año 1933 y contraería matrimonio en 1940 y cuya hija ilegítima, Marta Bioy Ocampo (1954-1994), adoptaría. Su primera publicación profesional fue el libro de cuentos Viaje olvidado (1937), algo menospreciado en su época pero reivindicado en el ámbito académico después de su muerte.

En 1954 recibió el Premio Municipal de Literatura por su poemario Espacios métricos; en 1962, el Premio Nacional de Poesía por Lo amargo por dulce y en 1988 el Premio del Club de los 13 por Cornelia frente al espejo, su última antología de cuentos.

Su vasta producción, que va más allá de lo publicado, se vio interrumpida tres años antes de su muerte el 14 de diciembre de 1993 en Buenos Aires a causa de una enfermedad progresiva que la tuvo postrada durante varios años. Fue sepultada en la cripta familiar del cementerio de la Recoleta donde reposan también los restos de su hermana Victoria. No muy lejos se encuentra también la tumba de su esposo.

La obra de Silvina Ocampo es reconocida principalmente por su inagotable imaginación y su aguda atención por las inflexiones el lenguaje. Dueña de un lenguaje cultivado que sirve de soporte a sus retorcidas invenciones, Silvina disfraza su escritura con la inocencia de un niño para nombrar, ya sea con sorpresa o con indiferencia, la ruptura en lo cotidiano que instala la mayoría de sus relatos en el territorio de lo fantástico.

Esta habilidad lingüística se advierte temprano en su colección de cuentos Viaje Olvidado (1937), influida por el nonsense literario de Lewis Carroll, Katherine Mansfield y seguramente por el surrealismo que aprendió de sus maestros pictóricos. El título del libro se refiere al cuento homónimo en que una niñita intenta recordar el momento de su nacimiento, logrando su autora un tejido de imaginación pura sobre la base de una típica duda infantil.

Si los relatos de este volumen parecían más bien miniaturas o pequeños pantallazos de la memoria deformados por la imaginación, sus siguientes colecciones (Autobiografía de Irene, y muy especialmente La furia o Los días de la noche) conservan un poco más la estructura tradicional del cuento y muestran a la Silvina Ocampo más prototípica. Metamorfosis, ironía, figuras persecutorias, humor negro, y el reinado imperante del oxímoron y de la sinestesia marcan esta serie de relatos donde aparecen incesantes galerías de personajes y contextos dominadas por pasillos y patios de grandes caserones así como por la enigmática presencia de niños ligados al horror y la crueldad como víctimas o victimarios, según la ocasión.

Su labor poética estuvo dominada en un principio por los metros clásicos y por rimas inocentes, muchas veces dedicadas a la descripción y exaltación de la belleza de elementos naturales como las plantas (confesa pasión de la escritora) como se puede apreciar en Espacios métricos o en Los sonetos del jardín que tras el poemario Enumeración de la patria siguieron a Viaje Olvidado. Sin embargo posteriores poemarios como Los nombres, Lo amargo por dulce o Amarillo celeste muestran un verso más elaborado y a la vez desinteresado por el clasicismo.

Con Espacios métricos, publicado en 1942 por la editorial Sur, obtuvo el Premio municipal en 1954. Obtuvo el Segundo Premio Nacional de poesía por Los nombres en 1953 y volvió a obtener una distinción en 1962 por Lo amargo por dulce, el Premio Nacional de poesía.

En colaboración con Adolfo Bioy Casares publicó la novela policíaca Los que aman, odian, en 1946 y con Juan Rodolfo Wilcock la obra de teatro Los Traidores, en 1956. Publicó en colaboración con Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, la célebre Antología de la literatura fantástica, en 1940, y la Antología poética argentina, en 1941.

En los últimos años el ámbito académico argentino ha redescubierto a Silvina Ocampo, no muy leída ni apreciada en vida, coincidiendo con la publicación de algunas obras inéditas en recopilaciones como Las repeticiones y otros cuentos (2006) o Ejércitos de la oscuridad (2008).

Descripción de la perfecta belleza. Christian Hofmann von Hofmannswaldau (1617-1679)

Un cabello que temerario a Berenice esquiva,
Una boca que exhibe rosas, plena de perlas,
Una lengua que emponzoña mil corazones,
Dos senos, donde el rubí alabastro tramaría.

Un cuello que en todo aventaja al cisne,
Dos mejillas, donde la majestad de Flora se agita,
Una mirada que derriba hombres, que convoca rayos,
Dos brazos, cuya fuerza al león han ejecutado.

Un corazón, del cuál no brota más que mi ruina,
Una voz, tan celestial que mi condena sentencia,
Dos manos, cuyo rencor al destierro me envían,
Y con dulce veneno la misma alma envuelve
Un adorno, así parece, en Paraíso creado,
De todo ingenio y libertad me ha privado.

El caballero de la carreta. Chrétien de Troyes (1135-1190)

Y encuentran un lugar muy hermoso,
un monasterio, y cerca del enrejado
un cementerio de muros cerrados.
No era loco ni malvado
el caballero que en el monasterio
entra de pie para rezar a Dios,
mientras la joven cuida su caballo.
Cuando termina su oración y regresa,
hacia él se acerca un monje muy viejo,
le suplica dulcemente que lo informe
sobre aquello que desconoce,
y el viejo habla de un cementerio:
"Llevadme allí, que Dios os ayude"
"Con todo gusto, señor", responde el monje.
El caballero, detrás del monje,
entra y recorre las más bellas tumbas,
y había letras sobre cada una,
nombres de los que dentro se agitaban.
Título tras título, el caballero lee las letras:
"Aquí se agita Gauvain,
aquí Luis, aquí Yvan".
Llegan los ataúdes con nombres célebres,
caballeros elegidos, los más preciados y mejores
de esta tierra y otros lugares.

(Lancelot y sus caballeros llegan al Puente de la Espada, el único camino hacia la Tierra de las Prisiones).

Al pie del alto puente
descienden de sus caballos,
aguas ásperas, ruidosas, rebeldes,
tan terribles como las del Río del diablo;
nadie en el mundo, si allí cayera.
Y el puente que lo atravesaba
era una espada blanca y limpia,
pero fuerte y escarpada,
con dos lanzas a cada lado.
Mucho se desalentaron los caballeros,
pensando en leones y leopardos del otro lado.
El agua, el puente y los leones
tanto terror les provocaron
que de miedo temblaron.

(Lancelot les habla a sus caballeros)

Señores, partid complacidos
porque por mi os habéis conmovido:
por vuestro amor y franqueza.
Bien sé que no deseáis mi mal,
pero mi fe es tal
que prefiero la muerte y nunca regresar...

Ellos suspiran, lloran sin piedad.
Aunque sobre la espada se mantenga
no llegará entero ni sano del otro lado.
Prefiere mutilar sus pies y manos,
cruzar descalzo, caer del puente
y bañarse en las aguas intactas
más nunca regresar.
Con gran dolor, obligado, da un paso,
luego otro, castigando manos,
rodillas y pies que sangran,
sólo el amor consuela su sufrimiento.
Del otro lado del puente recuerda
los dos leones que creyó haber visto,
ni un lagarto se veía ahora,
nada que mal le haga:
pone su mano delante de la cara,
comprueba que los leones sólo existen del otro lado.

Soneto XLIV. Escrito en el cementerio de Middleton, en Sussex. Charlotte Smith (1749-1806)

Presionado por la luna, muda centinela de las mareas,
Mientras el ruidoso equinoccio su poder combina,
El mar excede los límites de su dominio
Sobre la tierra que tímidamente se retrae.
La ráfaga salvaje, levantándose de su cueva occidental,
Expulsa las enormes olas de su lecho;
Lágrimas de tumbas herbosas, de aldeas muertas,
Quebrando el silencioso sabbath del sepulcro.
Con algas y caracoles mezcló, en la costa,
Sus huesos blancos sobre la marea constante,
Pero en vano los vientos rugen y las aguas atronan;
Ellos están sordos al clamor de los elementos:
Así como yo estoy condenada
Por la opresión interminable de esta vida tormentosa,
A mirar fijamente, con envidia, su descanso sombrío.

Lamento. Charlotte Brontë (1816-1855)

Hace mucho deseaba dejar
La casa donde nací;
Hace mucho la usé para sufrir,
Mi hogar parecía abandonado,
Años vacíos en pasillos desolados,
Por las silenciosas habitaciones
Se paseaban acechantes temores;
Ahora, su memoria se vuelca en páginas
Donde la tinta son mis tiernas lágrimas.

He conocido la vida y el matrimonio.
Cosas que en un tiempo fueron brillantes,
Ahora, como hechos absolutos
Flotan en cada rayo de luz.
En medio de la vida, de ese mar desconocido,
Ninguna isla de bendición he conocido;
Finalmente, a través de la salvaje tempestad
Mi pena fue convocada al hogar.

¡Adiós, oscura y empinada profundidad!
¡Adiós, Tierras Extrañas!
¡Arrasa, barre las nubes del cielo,
Abre tu glorioso reino de antaño!
Sin embargo, cuando logré pasar a salvo
Aquel irritante y agotador principio,
Una voz amada, entre temblores y rugidos,
Podría convocarme de nuevo.

A pesar del brillo en el alma de una rosa vespertina
En este Paraíso que se alza sobre mí,
¡William! Incluso desde el reposo del Cielo
He vuelto mis ojos, convocados por ti.
Esta tormenta que surge no retendrá
Mi espíritu, sino que lo exaltará.
Todo mi Cielo residió en tu pecho,
Y sólo allí encontraré la eternidad.

En retrospectiva. Charlotte Brontë (1816-1855)

Tejemos un red en la infancia,
Una red de soleado aire,
Creamos una primavera pequeña
De agua pura y fresca.

En la juventud sembramos la semilla,
Cortamos la vara del almendro,
Hemos crecido como el árbol añejo,
¿Nos hemos marchitado en el barro?

¿Están desvanecidas, arruinadas, rotas?
¿Se han evaporado en la arcilla?
La vida es una sombra oscura;
Y sus alegrías flotan rápido en la distancia.

¡Desvanecidas! La red sigue siendo de aire,
Y así como sus pliegues se estremecen
En extraños tonos de claro carmesí,
Profundo es el resplandor de su penumbra;
Como la luz de un cielo italiano,
Donde las nubes del ocaso duermen ociosas,
Perdiendo lentamente el brillo del rubí.

La primavera yace debajo del musgo y la piedra,
Su lujo tal vez no vuelva a brotar.
¡Escucha! Tus dudas deben ser abandonadas
¿Es aquello un débil rugido cerrándose sobre tí?
La marea de las olas, donde las flotas armadas
Cabalgan sobre la espuma, llora y sonríe
Sobre un océano con miles de islas
Al vislumbrar la ansiada costa.

La semilla en un tierra distante
Se curva como un poderoso árbol,
La vara seca del almendro
Ha tocado la eternidad.
Y vendrá un segundo milagro,
Como el quebrado cetro de Aaron,
La humedad crecerá como la vida cálida,
Tallo, flor y fruto, en trenzada corona
Serán arrugados y lanzados lejos,
Como pétalos que descansan en la tumba.

Sueña lo que el tiempo nos ha arrebatado
Cuando la vida se encontraba arriba,
Sueña con aquel súbito ladrón sobre nosotros,
Como las salvajes estrellas que declinan
La revelación llegará ese mismo día,
Subiendo con el brillante y fiero Sirio:
Oh, así como tu creces, y como las escenas
Cubren este mundo frío con oscuras formas,
Mi espíritu se fortalece con cada cambio
Antes de alzarme ante el Señor de las criaturas.

Cuando me senté bajo una extraña bóveda de árboles,
Con la Nada como compañía, sin amor ni amigos,
Mi corazón se volvió de pronto hacia ti,
Y sentí tu amistad, un lazo suave sobre mis manos.

Placer. Charlotte Brontë (1816-1855)

El Placer verdadero no se respira en la ciudad,
Ni en los templos donde el Arte habita,
Tampoco en palacios y torres donde
La voz de la Grandeza se agita.

No. Busca dónde la Alta Naturaleza sostiene
Su corte entre majestuosas arboledas,
Donde Ella desata todas sus riquezas,
Moviéndose en fresca belleza;

Dónde miles de aves con las más dulces voces,
Dónde brama la salvaje tormenta
Y miles de arroyos se deslizan suaves,
Allí se forma su concierto poderoso.

Ve hacia donde el bosque envuelto sueña,
Bañado por la pálida luz de la luna,
Hacia la bóveda de ramas que acunan
Los sonidos huecos de la Noche.

Ve hacia donde el inspirado ruiseñor
Arranca vibraciones con su canción,
Hasta que todo el solitario y quieto valle
Suene como una sinfonía circular.

Ve, siéntate en una saliente de la montaña
Y mira el mundo a tu alrededor;
Las colinas y las hondonadas,
El sonido de las quebradas,
El lejano horizonte atado.

Luego mira el amplio cielo sobre tu cabeza,
La inmóvil, profunda bóveda de azul,
El sol que arroja sus rayos dorados,
Las nubes como perlas de azur.

Y mientras tu mirada se pose en esta vasta escena
Tus pensamientos ciertamente viajarán lejos,
Aunque ignotos años deberían atravesar entre
Los veloces y fugaces momentos del Tiempo.

Hacia la edad dónde la Tierra era joven,
Cuando los Padres, grises y viejos,
Alabaron a su Dios con una canción,
Escuchando en silencio su misericordia.

Los verás con sus barbas de nieve,
Con ropas de amplias formas,
Sus vidas pacíficas, flotando gentilmente,
Rara vez sintieron la pasión de la tormenta.

Luego un tranquilo, solemne placer penetrará
En lo más íntimo de tu mente;
En esa delicada aura tu espíritu sentirá
Una nueva y silenciosa suavidad.

Partida. Charlotte Brontë (1816-1855)

Es insensato lamentarse,
Aunque estemos condenados a partir:
Lo único sensato es recibir
El recuerdo de alguien en el corazón:

Se puede habitar en los pensamientos
Que nosotros mismos hemos cultivado,
Y rugir con desprecio y coraje ultrajado
Que el mundo haga su peor parte.

No dejaremos que sus locuras nos atribulen,
Como de quien viene los tomaremos;
Y al final de cada día encontraremos
Una risa alegre como hogar.

Cuando dejemos a cada amigo y hermano,
Cuando lejos estemos separados,
Pensaremos uno en el otro,
Incluso mejor de lo que fuimos.

Cada vista gloriosa encima de nosotros,
Cada vista agradable debajo,
Nos uniremos con los que nos han dejado,
Con quienes, incluso en la muerte, todavía amamos.

Al ocaso, cuando nos sentemos
en soledad cerca del fuego,
El corazón cálido y sincero
Recibirá el mismo pago.

Podemos quemar las obligaciones que nos encadenan,
Urdidas por frías manos humanas,
Allí donde nadie se atreve a desafiarnos
Podemos, en el pensamiento, encontrarnos.

Por eso el llanto es insensato,
Sostén como puedas un espíritu alegre;
Y nunca dudes que el Destino ofrece
Un futuro grato por el dolor presente.

Pasión. Charlotte Brontë (1816-1855)

Algunos han ganado un placer salvaje,
Por arriesgarse ante el salvaje dolor,
Yo podría esta noche ganar tu amor
Y sufrir mañana el peligro de la muerte.

Podría estremecerte en la batalla,
y arrancar una mirada de tu ojo.
¡Qué frágil es el corazón que arde,
Embriagado de intentos y anhelos!

Bienvenidas las noches de sueños rotos,
Y los días de crueles matanzas.
¿Puedo considerar que llorarías
Al oír mis acechantes tribulaciones?

Dime si con errantes peregrinos
Deambulas lejos de todo,
¿Vagas tú por aquellos campos distantes
Sin extraviar tu espíritu?

Salvaje, profundo, suena un cuerno en la distancia,
Dejádme, dejádme ir,
Dónde el sheik y el británico luchan,
Sobre las márgenes de los ríos.

La sangre ha teñido aquellas riberas
Con manchas escarlatas, lo sé;
Las fronteras se cubren de tumbas,
Y sin embargo, dejádme ir.

Aunque la crueldad del holocausto
Suba como el vapor de las naciones,
Con placer me sumaría a las huestes muertas,
Si la orden me fuese dada.

La esencia de la pasión debe templar mi brazo,
Su ardor agita mi vida,
Hasta que la fuerza humana tema el encanto
Deberán sucumbir entre gritos de alarma,
Como los árboles abatidos luchan con la tormenta.

Si yo, excitada por la guerra, buscase tu amor
¿Te atreverías a estar a mi lado?
¿Te atreverías a reprobar mi pasión,
Presa del desprecio, del orgullo más exasperante?

No, mi voluntad sometería la tuya,
Tan alta y libre,
Y el amor domaría esa alma altiva.
Si, con ternura me amarías.

Leeré mi victoria en tus ojos,
Contemplando, y probando el cambio;
Luego dejaré, indiferente, mi noble premio
En manos de las armas distantes.

Desearía morir cuando se alce la espuma,
Cuando el vino resplandezca alto;
Sin esperar que en la copa exhausta
Caiga la abúlica vida en hediondas mentiras.

Entonces el amor será coronado con dulces recompensas,
Bendecido con esperanza y plenitud.
Desearía montar aquel corcel, desenvainar la hoja,
Y perecer entre los aullidos de la batalla.

Cuando veas millones de los muertos sin boca. Charles Hamilton Sorley (1895-1915)

Cuando veas millones de los muertos sin boca
Atravesando tus sueños en pálidos batallones,
No pronuncies palabras suaves como otros hombres,
Pues no necesitas hacerlo.
No les regales elogios ¿cómo los sordos pueden saber
Que no son maldiciones las que se acumulan en sus cabezas?
Tampoco lágrimas, sus ojos ciegos no pueden ver tu llanto.
Ni honor; es fácil estar muerto.
Sólo dí esto: Ellos están muertos; y luego agrega:
Muchos mejores han muerto antes.
Entonces, observa la multitud apretada,
Y percibirás un rostro que antaño has amado.
Un espectro. Nadie viste aquel rostro abandonado.
La Gran Muerte hace tiempo los ha arrebatado.

Así es la muerte. Charles Hamilton Sorley (1895-1915)

Así, así es la Muerte: ningún triunfo: ninguna derrota:
Sólo un cubo vacío, una limpia pizarra rota,
Una distancia misericordiosa de lo que ha sido.

Y esto sabemos: La muerte no es la Vida,
Estrellado, el cubo se vacía. Y nosotros, que hemos alcanzado
Cosas maravillosas, sabemos que el final no ha llegado.

Vencedor y vencido son uno en la muerte:
Amigo y enemigo, cobarde y valiente.
Los fantasmas no dicen, "¿Qué recuerdas de tu atarceder?"
Pero un desacorde se oculta en cada ayer,
Tan famélico, tan prolijamente incompleto.
Y su Promesa brillante, marchita y apresurada,
Se roza, se mueve, se eleva, crece dulcificada.
Esas flores son como tú cuando estés muerto.

Defensa de la alegría. Mario Benedetti (1920-2009)

Defender la alegría como una trinchera.
defenderla del caos y de las pesadillas.
de la ajada miseria y de los miserables.
de las ausencias breves y las definitivas.


defender la alegría como un atributo.
defenderla del pasmo y de las anestesias.
de los pocos neutrales y los muchos neutrones.
de los graves diagnósticos y de las escopetas


defender la alegría como un estandarte.
defenderla del rayo y la melancolía.
de los males endémicos y de los académicos.
del rufián caballero y del oportunista


defender la alegría como una certidumbre.
defenderla a pesar de dios y de la muerte.
de los parcos suicidas y de los homicidas.
y del dolor de estar absurdamente alegres


defender la alegría como algo inevitable.
defenderla del mar y las lágrimas tibias.
de las buenas costumbres y de los apellidos.
del azar y también, también de la alegría


defender la alegría como un certeza.
defenderla del óxido y la roña.
de la famosa pátina del tiempo.
del relente y del oportunismo.
de los proxenetas de la risa


defender la alegría como un derecho.
defenderla de dios y del invierno.
de las mayúsculas y de la muerte.
de los apellidos y las lástimas.
del azar.y también de la alegría.

Vangelis Chariots of fire


Caminos del espejo. Alejandra Pizarnik (1936-1972)

I
Y sobre todo mirar con inocencia. Como si no pasara nada, lo cual es cierto.

II
Pero a ti quiero mirarte hasta que tu rostro se aleje de mi miedo como un pájaro del borde filoso de la noche.

III
Como una niña de tiza rosada en un muro muy viejo súbitamente borrada por la lluvia.

IV
Como cuando se abre una flor y revela el corazón que no tiene.

V
Todos los gestos de mi cuerpo y de mi voz para hacer de mí la ofrenda, el ramo que abandona el viento en el umbral.

VI
Cubre la memoria de tu cara con la máscara de la que serás y asusta a la niña que fuiste.

VII
La noche de los dos se dispersó con la niebla. Es la estación de los alimentos fríos.

VIII
Y la sed, mi memoria es de la sed, yo abajo, en el fondo, en el pozo, yo bebía, recuerdo.

IX
Caer como un animal herido en el lugar que iba a ser de revelaciones.

X
Como quien no quiere la cosa. Ninguna cosa. Boca cosida. Párpados cosidos. Me olvidé. Adentro el viento. Todo cerrado y el viento adentro.

XI
Al negro sol del silencio las palabras se doraban.

XII
Pero el silencio es cierto. Por eso escribo. Estoy sola y escribo. No, no estoy sola. Hay alguien aquí que tiembla.

XIII
Aun si digo sol y luna y estrella me refiero a cosas que me suceden. ¿Y qué deseaba yo?
Deseaba un silencio perfecto.
Por eso hablo.

XIV
La noche tiene la forma de un grito de lobo.

XV
Delicia de perderse en la imagen presentida. Yo me levanté de mi cadáver, yo fui en busca de quien soy. Peregrina de mí, he ido hacia la que duerme en un país al viento.

XVI
Mi caída sin fin a mi caída sin fin en donde nadie me aguardó pues al mirar quién me aguardaba no vi. otra cosa que a mí misma.

XVII
Algo caía en el silencio. Mi última palabra fue yo pero me refería al alba luminosa.

XVIII
Flores amarillas constelan un círculo de tierra azul. El agua tiembla llena de viento.

XIX
Deslumbramiento del día, pájaros amarillos en la mañana. Una mano desata tinieblas, una mano arrastra la cabellera de una ahogada que no cesa de pasar por el espejo. Volver a la memoria del cuerpo, he de volver a mis huesos en duelo, he de comprender lo que dice mi voz.

Vangelis Jerusalem


Vuelvo a la noche. Mía Gallegos.

De pronto vuelvo
a la noche
con mis zapatos de agua.

Me desnudo
en el lento
ejercicio de mis manos
y busco
solamente
un objeto mío,
un pequeño barco,
un cometa,
un circo de inventadas cosas,
figuras cotidianas,
tuyas y mías,
que amo.

Pero sé
que de pronto
me vuelvo inaccesible
y vuelvo a ser silencio
y llama oscura,
donde mi barco
se escapa de tu orilla.

Vangelis 100 meters


Los cuervos. Estrella del Valle.

Somos cuatro y aún jugamos
a querernos, a simular amor sobre la mesa
y sentarnos al pórtico a platicar de historias anormales,
mientras mamá prepara el alimento
y escucha devorarnos la carne.
Mi padre vendó los ojos de todos mis hermanos
y antes de abandonarnos, cubrió los suyos con sus ropas.
Mis hermanos se columpian de la mano de mi madre,
no soportan ser ciegos por culpa de papá
y se dan picotazos uno a otro para expiar
no sé que clase de pecado.
Sé que me sacarán los ojos si me acerco,
por eso me santiguo por las noches
y rezo un padre nuestro por todos.

Vangelis Eric´s theme


Aquí. Sophía De Mello (1919-2004)

Aquí...
Aquí, depuesta al fin mi imagen,
Todo lo que es juego y es pasaje,
Dentro de las cosas canto desnuda.

Aquí soy libre -eco de la luna
Y de los jardines, los gestos recibidos
Y el tumulto de los gestos presentidos,
Aquí soy yo en todo cuanto amé.

No por aquello que sólo atravesé,
No por mi rumor que sólo perdí,
No por los actos inciertos que viví,

Sino por aquello donde resoné
Y en cuyo amor de amor me eternicé.

Vangelis Abraham´s theme


Mes de Mayo. Ida Vitale.

Escribo, escribo, escribo
y no conduzco a nada, a nadie.
Las palabras se espantan de mí
como palomas, sordamente crepitan,
arraigan en su terrón oscuro,
se prevalecen con escrúpulo fino
del innegable escándalo:
por sobre la imprecisa escrita sombra
me importa más amarte.

Vangelis Five circles


País. Ana Blandiana.

En ti no extraño a nadie,
tierra que anochece en sueños
a través de verdes órbitas,
y soy extranjera si cruzo la frontera
de tu cansada melena.
Sólo tu lengua
sé hablar en sueños
y contar cuentos sólo para ti,
mi pasajero paraíso,
mi pasajero dueño.
Afuera hace frío
y es densa la niebla.
Se hace de noche.
Pasa despacio el tiempo,
pero qué bien se está en casa, aquí al abrigo,
cuando somos país uno del otro.

Vangelis Titles (Chariots of Fire)


Dream a little dream of me. Amalia Bautista.

Invítame a tu sueño,
déjame compartir esa película
donde el tiempo es deforme y el deseo se cumple.
Sueña un poco conmigo y te prometo
ser la mujer perfecta
para ti, mientras vivas con los ojos cerrados.
Te besaré con labios de cereza,
mezclaré sabiamente la pasión con ternura
y cuando llegue el alba me iré sin hacer ruido.

Ausente compañía. Nazareno Saudade.

Mujer de letras danzantes
que trocas venias
en terrones de azúcar,
te imagino dormida
en un sombrero de mago,
soñando una tierra distante
donde está nevando sal…

Yo también he sabido buscarte
en mis perennes madrugadas,
en el antes del derrumbe de las letras,
en lo dulce de las frutas;
y hasta en el zumbido
del vuelo de las abejas…

¿Andarás brincando
cual niña en juguetería
con algún compás musical
de Héctor Lavoe?

¿O será que encontraste la hojita
del tamaño de una galaxia
con la cual apaciguar la lluvia
y por eso no te he visto?

No olvides que
en nuestro cuento de hadas
que se inventa y
se corrige noche a noche,
golondrinas acuáticas bailan
al ritmo de sonidos multicolores
intentando consolar en vano
al Centauro abandonado…

Así que cuando puedas
salir del espejo, cuéntanos:

¿Con que colores iluminas tus días,
con que letras te arropas a la noche?

Sucede que me canso de ser hombre... Nazareno Saudade.

"Sucede que me canso de ser hombre..."
A ratos por sus razones señor Neruda
a ratos por las propias...
Me canso de ser hombre
en este jodido mundo machista:
Somos todos asesinos de ilusiones
violadores de inocencias...

"Cuantas manos han tocado tus manos?
Las mismas que te han asesinado..."

Sucede que me canso de ser hombre
en este jodido mundo de homúnculos
Me canso de ser el Golem de un Dios degenerado...
¿Con que malsana alegría he de sentarme a la mesa
cada mañana, cada tarde, cada noche;
cuando miles de millones de ninguneados del sistema
pasan hambre en el mejor de los casos?
Maldita máquina que a millones matas de hambre
y a millones más de soledad...

"Y total:
¿qué mas da?
Tres versos:
¿para qué más?

Si con tres sílabas basta
para decir el vacío
del alma que está sin alma:

¡Soledad!"

Bestiare Humanum Est! Federico García Lorca (1898-1936)

Agonía, agonía, sueño, fermento y sueño.
Este es el mundo, amigo, agonía, agonía.

Los muertos se descomponen bajo el reloj de las ciudades,
la guerra pasa llorando con un millón de ratas grises,
los ricos dan a sus queridas
pequeños moribundos iluminados,
y la vida no es noble, ni buena, ni sagrada.
Puede el hombre, si quiere, conducir su deseo
por vena de coral o celeste desnudo.
Mañana los amores serán rocas y el Tiempo
una brisa que viene dormida por las ramas.

Por eso no levanto mi voz, viejo Walt Whitman,
contra el niño que escribe
nombre de niña en su almohada,
ni contra el muchacho que se viste de novia
en la oscuridad del ropero,
ni contra los solitarios de los casinos
que beben con asco el agua de la prostitución,
ni contra los hombres de mirada verde
que aman al hombre y queman sus labios en silencio.
Pero sí contra vosotros, maricas de las ciudades,
de carne tumefacta y pensamiento inmundo,
madres de lodo, arpías, enemigos sin sueño
del Amor que reparte coronas de alegría.

Contra vosotros siempre, que dais a los muchachos
gotas de sucia muerte con amargo veneno...

Encierro y divagación en tres espacios y un anexo. Maurice Echeverría.

Aquí estás, aquí como una conjuración
aquí como una sangre absorta,
con eso en la mano, con un corazón verde
o negro talvez,
con algo que te hace débil y te destruye
como una confidencia o un lento licor final.

Aquí estás como una cicatriz, aquí,
con algo de desterrado, de dividido,
con una cicatriz que cae al suelo
y se quiebra en mil heridas inéditas.

En esta habitación te escucho, te veo no verte,
aquí te extraño, y debajo de la orilla,
de esta orilla que nos separa
te espero y te he esperado
como lo haría un niño sin rostro,
y soy y habito esa fractura que ni siquiera es tuya,
que se pudre después,
en otra sorda residencia y en otro destierro.

Pero los musgos se cansan.

De falenas y esteparios. Nazareno Saudade.

Y me dije que no iba a querer verte de nuevo.
Que estoy loco para el mundo,
que ya nadie me comprende;
Que en mi vida solamente hay lugar para el placer.
¿No será que en mi delirio paranóico-suficiente,
me asusta que otra demente se le anime a mi querer?

La Chicana – Un Giro Extraño.

Era otro mundo,
en donde cada Lamia en el camino
no era motivo de maldiciones,
sal en la llaga abierta;
un nuevo vacío insondable.

Era otro tiempo,
en donde habitaba el olvido
sobre cuitas ancestrales.

En fin, era otra dimensión,
allende el valle de Lamias,
en donde falenas y esteparios;
no se laceraban unos a otros…

El amor. Nazareno Saudade.

El amor?
No, no era el riesgo de caminar
del Zócalo a Garibaldi
(o meterse en moteles baratos
en Ciudad Nezahualcoyotl)
en las madrugadas
y cayéndonos de borrachos…

Tampoco era andar
con vos de la mano
en países lejanos;
en avenidas tristes
y "peligrosas"
bañadas con luz neón:
De la Zona 6 a la 5
en ciudad de Guatemala,
de la “Nacho” a Chapinero
en Bogotá
o “gaminear”
en las comunas (favelas)
de Medellín…

No mamita,
el amor tenía que ser otra cosa:
El amor eran 60 grados de alcohol
en la sangre,
rockolas nauseabundas
en bares de malamuerte...
El amor?

El amor era
esa eterna incertidumbre
de no saber jamás
sí despertaríamos
empiernados
o
colgados de una viga…

El amor según Bukowski. Ismael Serrano (La extraña pareja)

Eran conocidos en las calles del barrio
(conocidos en todos los bares y tabernas).
Él tan serio, tan alto, tan pálido y delgado;
ella morena y frágil, tan graciosa y pequeña.

Él rondaba más o menos los cincuenta,
y ella debía tener, no más de veinticuatro.
Él daba clases (creo), en alguna academia,
y ella estudiaba (creo), un curso de italiano.

Bebían y se amaban (o eso parecía),
discutían a veces (a veces sonreían),
se besaban y odiaban, pero nadie es perfecto,
el amor es difícil y extraño en estos tiempos.

La noche debilita los corazones,
noches de funeral, de vino y rosas.
Brindemos por el amor y sus fracasos,
quizás podamos escoger nuestra derrota.

El sol limpia las calles, la memoria,
feroces pasiones atenúa.
Invéntate el final de cada historia,
que el amor es eterno mientras dura…

Gracias por el llanto. Nazareno Saudade.

¿Como habréis de leer estos versos cuando seáis
jóvenes y lleguéis a viejos? ¡Ay de mí que lo
sé demasiado!
Siempre con las lágrimas en los ojos, porque estos
versos son amor, y el amor se nutre con llanto.

Juan de Dios Peza.


Acaso no sabes como aman los Inmortales?

No sólo de dolor se llora:
En este mundo podrido,
que a unos nos seca allá en la infancia,
agradecemos que el amor deviene llanto,
ya que es con él; que nuestra alma descansa...

Gracias por el llanto.
Te amo!

Hombre que dice ciao. Nazareno Saudade.

Me llevo el sonido de tu voz pronunciando mi nombre,
inmortalizado entre tus labios...
Las caricias intangibles, las sonrisas,
las pocas letras; algo de la música
y miles de saudades...

Me llevo también tu abstracción y surrealismo,
las desiertas noches y tu ausente compañía;
los sueños inagotables...

Me llevo la magia y tu esencia en el silencio,
la parte del vuelo y amor que me corresponden.

No me llevo más nada:
Ni una sola gota de tu llanto,
ni tu marca de falena.
Ni un solo ¿Por que?
Ni los sinsabores,
los celos, tus juicios
o cualquier sentimiento lacerante, negativo.

Es cierto, hace rato que dejaste de estar...
Libre al fin de la sensación alienante, asfixiante,
que provoca el amar a lo occidental.

Te regalé la inmortalidad en mi vida,
te dejé las comas y las pausas.
Me reservé en cambio, el último punto,
el que daba el final "perfecto",
a nuestra novela imperfecta:
¡Vaya pues, cada quien, con su cada cual!

Adiós amalucada vida,
otra bala perdida,
mi vida...

Falena. (Mariposa nocturna en italiano)

Niña de mirar cansado, de temores y dolores ajenos.
Ser sensible que a ratos le sabe a poco la vida
(por momentos quisiera bebersela de una sola vez y para siempre).
Demonio para muchos que no han sabido entenderla, domarla.
Falena frágil e indefensa para quien logra traspasar la endeble coraza.
En un mundo cargado de mezquinas tribulaciones, tan lleno de falsedad.
En una sociedad que devora almas y vomita consumidores.
En donde tantos otros como Ella parecen no tener cabida.
En donde resulta casi suicida, entender de sentimientos, de pasiones,
de la vida misma:

Va por ahí sin rumbo, sin sentirse, sin saberse especial.

A Ella esta noche, solamente puedo decirle...

Te amo.

Cradle of Filth Tortured soul asylum


Quien jamás pudo olvidar.

Cuando supo que todos no estaban, es posible que supiera lo que es no ser feliz
y allí quedó, absolutamente lejana, de pie bajo una leve lluvia de Abril
entonces enterró las promesas, los días que ya no habrían de volver
y caminó hacia el infinito, esperando alejarse un poco más de su ayer.

Y aunque dolían hasta el hueso, ella grabó con fuego sus recuerdos en la piel
y para que tuviese compañía, encendió el fuego celeste que ardía en su alma
entonces quiso volver a creer, quizás empezar desde cero
pero su memoria egoísta, siempre se negó a olvidar
y quiso alejarse un poco más del sur, pero no quería permanecer tan lejos de su destino.

Cuando palpó el adiós, no sabía que la verdad doliera tanto
y se negó a creer que después de todo, las cosas si tenían un final
quizás por eso el dolor la encontró desvalida, porque había decidido no creer
aunque nadie más creyera, ella debía de haber mantenido su poca fe.

Entonces trató de seguir su camino en soledad, lejos del mundo
pero a pesar de los años vividos, ella no podía olvidar
y quiso engañarse a sí misma de que todo cambiaría
pero en su inútil espera, ella no dejaba de odiarse
y sé que nunca quiso salir para jamás volver, ni elegir navegar la eternidad
pero su alma ya estaba vencida, y ella no pudo olvidar.



Quien jamás pudo olvidar.
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©2004

Cradle of Filth Tearing the veil from grace


Pecado divino en la tierra del invierno.

Ella se aferró a mis manos, como pidiéndome que esta vez el tiempo no se fuera jamás
porque ansiaba volver a sentir el viento en su rostro, y odiaba estar sola en el Mar de la Tranquilidad
entonces yo la dejé dormir sobre mi hombro, tal vez porque mis ojos muertos, también aborrecían el final
aunque nada pudiera detener el momento, aunque mi carne y su sangre no se unieran jamás.

Ella quiso respirar de mi aire, sólo que sabía que en mi aliento había dolor
y ella quería despedirse del mundo de los vivos, empapada de ternura, y enferma de amor
y quizás porque yo estaba conmovido por su manera de ser mujer, le prometí por un segundo que todo sería mejor
y abrí con mis manos sus viejos ojos de luna, para que con su último suspiro, ella pudiera ver el sol.




Pecado divino en la tierra del invierno.
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Cradle of Filth Satanica Mantra


Pasión de Nosferatu.

Permanecía sola, escondida para siempre entre las sombras
pero su pobre alma no descansaba, sólo era consumida por el tormento de las horas
del tiempo infinito que nunca acaba, de la noche oscura que nunca se sucede
allí permanecía, con una cruz en los pies, sólo esperando a la anhelada muerte.

Pero la muerte jamás llegó, y es muy posible que ella ya no caminara por esta vida
porque sus ojos dejaron de llorar, y se llenaron de sangre, y desapareció para siempre su sonrisa
y entonces para acabar con tanta agonía, quiso ahogarse en un mar de agua celestial
pero sus manos aún continuaban aferradas al recuerdo, y así sería para toda la eternidad.

Algunas veces en que la sorprendió la mañana, quiso que sus alas se quemaran con el sol
pero aún sentía miedo en su alma corrompida, o tal vez no quiso dejar escapar el último recuerdo de mi amor
entonces huyó de su castillo, y se perdió para siempre en el humo gris de las ciudades
donde Dios la encontró enferma de tristeza, en lo más alto de las catedrales.

Hasta que el tiempo la hizo comprender, que quizás no vivir sería lo mejor de su vida
y que no importaba la sangre derramada, que aún era un mujer que se emocionaba y que sonreía
nos volvimos a encontrar otra vez, caminaba por las calles de París, pero no pude reconocerla
quizás porque estaba hermosa como el cielo azul, tal vez porque ya no olía a muerte, solamente a primavera...



Pasión de Nosferatu.
Transilvania Passione.

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Cradle of Filth Her ghost in the fog


Para los más oscuros ojos.

Su piel respiraba dolor y en sus huesos estaban los años de espera
donde ella por amor había perdido toda una vida esperando a la primavera
quizás por eso me confesó que quería sentirse viva, pero que no quería volver a sentir
para no lastimar su alma torturada, que era amiga del dolor y que había ovidado cómo vivir.

Sus manos aún temblaban cuando tocaron mi sangre, fría por demasiada soledad
entonces me miró a los ojos y me preguntó si alguna vez había visto la eternidad
quizás por eso recordé sus estrellas guardianas, sus manos y su tacto casi eterno
tal vez por eso le contesté que la eternidad se parecía a ella, por su belleza y su silencio.

Ella sonrió como hacía miles de años que ya no sonreía, e incluso se emocionó
recordó entonces que aún era una mujer, y que podía sentirse completa con mi amor
por eso la abrazé fuertemente, para no dejarla escapar, porque yo también la amaba
desde sus más oscuros ojos, y la más brillante luz que ahora irradiaba su alma.



Para los más oscuros ojos.
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Cradle of Filth Creatures that kissed in cold mirrors


Orama.

Despertó temprano por la mañana, para vestirse con los últimos rayos de la Luna
después salió a caminar por la orilla del mar, y se sentó a observarme desde las dunas
yo peiné sus cabellos desde la distancia, y para que no me descubriera, me confundí en el viento
mientras ella me hablaba, como si yo aún estuviera ahí, y no lo sabía, pero también estaba escondido en el silencio.

Se quedó dormida en un castillo de arena, para protegerla del frío, la cubrí con algas
después me quedé a cuidar su sueño, mientras dejaba una última canción de amor en su alma
y quizás en un milagro, ella encontró mi mano en su pecho, y la apretó fuertemente
entonces comprendí que nuestro amor, más allá de esta vida, había vencido a la muerte.

Entonces jamás volvimos a separarnos, ella no podía verme, pero yo estaba llorando
porque más allá de las interminables torturas de la soledad, su cuerpo aún seguía respirando
y su corazón latía, con la misma quietud de los mares y de los ríos
su corazón que ahora latía por amor, amor que me eternizaba en ella, y siempre la mantendría conmigo.



Orama.
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Cradle of Filth Amor e morte


Olvidada angustia de un ángel en la madrugada.

Abrió sus alas hacia el cielo, pero jamás pudo encontrarse con el sol
quizás esperó a que se fuera la tormenta, pero se hizo víctima del dolor
entonces se quedó a vivir en el campanario de una catedral, esperando a la mañana
sin saber que jamás volvería, que sus ojos se cerrarían para siempre, que jamás perduraría su alma.

Por eso quiso que alguien al menos recordara su nombre de cielo y de dios
pero nadie la conocía, y era muy posible que nadie recordara ni siquiera su voz
entonces por eso, ella quitó sus sucias alas de su espalda, y se arrojó al vacío
esperando que alguien la rescatara, o que al menos la devolviera a los brazos de algún amigo.

Yo no encontré su tumba sin nombre, pero si percibí su perfume de mujer enamorada
pero sólo un recuerdo, una olvidada angustia de un ángel en la madrugada
pero aún así, yo encendí una vela por su alma, y la llevé a un viejo altar de piedra
en donde la vi, dormida en una flor, abrazada eternamente al dolor, con la fidelidad de una hiedra.



Olvidada angustia de un ángel en la madrugada.
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©2004

Cradle of Filth Lord Abortion


Ne Vivam.

Dormía en un sueño divino, esperando encontrarse lejos del dolor
pero la atraparon los lejanos recuerdos de la infancia, y de algún viejo amor
por eso se perdió en las calles de la noche, para que no la encontrara el sol de la mañana
para que nadie viera las lágrimas negras de sus ojos, ni percibiera el perfume a muerte de su alma.

En un segundo de pureza infinita, ella quiso convencerse de que sentía un profundo deseo
y es muy posible que en el fondo, haya sido verdad, porque se abrieron las puertas del cielo
pero ya era demasiado tarde, demasiadas lágrimas habían ensuciado su rostro de ángel caído
sólo por esa razón, eligió olvidar para siempre mi nombre, para no volver a sentir nada conmigo.

Entonces por amor y quizás por piedad, yo encendí en la Iglesia, una pequeña vela por su alma
pero ella quemó su cuerpo con ese fuego sagrado, para jamás volver a sentir nada
y entonces se acostó en una cruz, mientras el dolor, clavaba con recuerdos sus suaves manos
porque ella estaba llorando, a pesar de no sentir nada, y sabía que mi amor de alguna forma la había salvado.







Ne Vivam.
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Cradle of Filth Death magick for adepts


Mujer de medianoche.

Sólo la tenue luz de sus ojos en su pálida habitación
sola frente a un espejo, abrazada al más negro dolor
y su alma muda, que jamás olvida, su alma que aún extraña
el perfume del mar del Ártico, en las primeras horas de la madrugada.

El murmullo de la lluvia, que alguna vez mojó las palabras de amor
y las caricias imaginarias, que secaron sus lágrimas, hijas del incesante dolor
llueve sobre el mundo, sus espaldas mojadas se apoyan sobre una cama
donde tantas veces perdió su nombre, y tantas otras fue cómplice de miles de palabras.

Es medianoche, sus ojos insomnes esperan por la ventana que salga el sol
así podrá volver a dormir tranquila, en su soledad y no en amores ajenos
porque su alma a pesar de las torturas, aún extraña el frío perfume del mar
y su corazón arde sobre el fuego de su vida, que poco a poco se comienza a apagar.



Mujer de medianoche.
Transilvania Passione.

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Cradle of Filth Saffron´s curse


Mientras dormía.

Sus párpados permanecieron cerrados mientras amanecía
y entre cuentos de hadas y sueños imposibles, ella se encontraba dormida
entonces me fui con el silencio, para que nada ni nadie pudiera despertarla
dejando sólo una insignificante canción de amor, sobre su almohada.

Cuando despertó, dejó que sus lágrimas me acompañaran a la estación
y si aún me encontraba ahí, que me convencieran de que era en vano el adiós
hasta que comprendiera que no era parte de su eterno camino
y que si ella debía de ser feliz, no habría de serlo conmigo.



Mientras dormía.
Transilvania Passione.

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Cradle of Filth Cthulhu Dawn


Lo que recuerda de mi amor.

Cuando ella decidió irse, sé que su corazón no buscaba ningún mal
y por eso no encontró manera de decirme adiós, si en secreto decidió escapar
entonces yo traté de entender por qué no respiró conmigo, a mi lado
y por qué aprendió a mentirse a sí misma, en lugar de intentar aceptar la verdad.

Alguna vez, en alguna carta, me confesó haber encontrado lo que tanto buscaba
pero había tenido que dejar atrás su nombre, y vivir dentro de un cuerpo sin alma
yo le pedí por favor, que jamás se dejara caer
que mantuviera siempre en llamas su espíritu, y que guardara sus sueños de mujer.

Cuando ella decidió irse sé que su corazón, buscaba el otro lado de la realidad
pero miles de sombras se cruzaron en su vida, y en algún momento se cansó de luchar
después, quienes la vieron, me contaron de su desgracia, su vida en las calles de la noche
y las miles de veces, que con alcohol, ella creyó estar golpeando las puertas del mal.

Ahora, yo rezo por su vida, esperando que dónde ella quiera ir, ella pueda llegar
y cuido las cenizas de su alma, por si la llama de su espíritu me promete que otra vez arderá
mientras tanto yo vivo, cerca de sus ojos, protegiéndola cuando encuentre demasiado dolor
incluso sintiendo el vacío que ella siente, y no recordando lo que ella sí recuerda del amor.



Lo que recuerda de mi amor.
Transilvania Passione.

Todos los derechos reservados.

©2004

Cradle of Filth At the gates of Midian


In caelo omnia acciderunt.

Recordó el perfume de la noche, y quizás se haya perdido en algún misterio
porque ella salió a caminar por las calles que ya creía que había olvidado
entonces se encontró en los suburbios de su alma casi desnuda
mientras miles de estrellas caían a sus ojos, aunque ella ya no recordara a ninguna.

Entonces se miró en un espejo de agua, y se dio las buenas noches
esperando que el sueño la encontrara en una plaza, donde nadie supiera de su nombre
y quizás en ese instante, fue que ella comprendió que las palabras se van con el viento
porque el silencio ya no era extraño, pero sabía que otros labios le eran ajenos.



In caelo omnia acciderunt.
Transilvania Passione.

Todos los derechos reservados.

©2004