miércoles, 4 de diciembre de 2013

Desesperación.

Una larga cuerda de sonidos estridentes ahoga mis pensamientos. Aquellos que una vez fueron felices se tornan grises, melancólicos y doloridos. Melodías oscuras van atenuando mis ganas de vivir y ser dichosa.. Me dominan, Me están esperando, Desean destrozar mi corazón y mi vida...

Hoy mas que nunca siento como si el elixir de la vida se me va escapando, Lentamente me marchito cual rosa abandonada a su suerte,
Para terminar cayendo en un estado de desanimo,
Ahogo e indiferencia. Ya nada sabe igual, Nada me alienta a seguir luchando,
Nada es como un día fue.
Lágrimas que salen de mis ojos que una vez sirvieron para ver el mundo de colores vívidos, Ahora solo logran echar un tenue vistazo al destrozado,
Gris y opaco alrededor.
Niña perdida caminando por efímeros lugares, Mientras ando desaparecen,
Mientras respiro ellos me ahogan, Mientras miro ellos se esconden,
Mientras vivo ellos mueren. Cual desastrosa marioneta me llevan de un sitio a otro, solo encuentro mi lugar cuando me sumo en la oscuridad de la noche...
Yo y la solitaria oscuridad, Yo y la lúgubre noche, Yo y el dolor, Yo y la nada..
Clavo las uñas en la pared mientras oigo aquellos sonidos que me aterrorizan,
Me aplastan, Me agreden y me hacen daño...
Me quedo sola en mi habitación junto con desastrosos pensamientos E ilusiones que ya nunca verán la luz del día, ese día que ya no recuerdo...

El corazón de esmeralda.

En su mano latia aún cálido el órgano, entre sus dedos se escurria su escencia escarlata, gota a gota, teñia el suelo alfombrado con flores muertas y encajes blancos
Sus párpados se cerraban, sus ojos se negaban a ver, un sorbo de la botella bebió.
Tiro a un lado el envase con desprecio, sus rodillas se doblegaron hasta el suelo, su cuerpo se arqueó cuando su espalda se encorvó.

No hubo gritos...
no hubo llanto...
solo hubo silencio...
Los recuerdos... los sentimientos... las promesas...
nada valen ahora,
... nada.
Ante él yace solamente un simbolismo utópico de sueños rotos y esperanzas quebrantadas.
Las sombras le cubren, el silencio le resguarda, el rencor le motiva...
El corazon dejó de latir, sus ojos se abrieron y la escencia dejó de fluir, lo tomó entre sus manos y se lo acercó al pecho, a su propio corazón
Temblaba... aunque el frío no calaba.
Quieto...
Reflexionando...
Temblando...
El recuerdo de cuando él le ofreció su corazón
El sentimiento de rencor y humillación cuando ella lo rechazó
La promesa de venganza que juró, de robarle a ella el corazón
Abrió sus manos y vió el objeto de su deseo
Con determinacion y ternura lo ingirió, pretendiendo que así, formase parte de él "Ahora seremos uno", pensó...
El viento sopló...
La lluvia cayó...
El tiempo no cesó...
Satisfecho su obra terminó, sonrió y luego bostezó.
Con el dorso de la mano, tiernamente la mejilla de Esmeralda acarició
El cansancio, a él llegó.
Con delicadeza, al lado de ella se recostó
Aquel sorbo que tomó ya su efecto en él surgió
Sonriente, cansado, junto al cadaver de su amada se acomodó.
Plácidamente él durmió...
El veneno en él, implacable actuó...
Desde entonces, ya nunca mas despertó...

La ex novia.

Mi novio. V.

Yo estudiaba la preparación en la Escuela Lázaro Cárdenas en Tijuana B. C. Estaba en 4º curso y no conocía a mucha gente de la escuela, es muy grande y difícil encontrar a tus amigos, a menos que se ponga uno de acuerdo en verse en algún lugar en concreto.

Como decía la escuela era grande y es que anteriormente, hace ya mucho tiempo, era un gran casino con hotel y demás servicios... Así que ya se imaginarán sus dimensiones, pero bueno, el caso es conocí a un muchacho que decía estudiar allí en sexto curso. Nunca lo había visto y tampoco mis amigas, y la verdad es que era un tipo muy guapo, alto, blanco, su cabello negro y ojos azules muy lindos, de verdad. Mis amigas nunca lo conocieron, lo que sabían de él era por mí, por cómo lo describía...
Lo más extraño era que cuando quería presentárselo a mis amigas, él siempre me evadía, salía con que ya se tenía que ir, que tenía clase, que enseguida venía, etc.. pero nunca se los pude presentar durante las dos semanas que estuvimos viéndonos. Les voy a relatar cómo le conocí, un día estaba en la cafetería desayunando y se me acercó saludándome como si ya me conociera. Me dijo:"Hola Judith", le dije:"No soy Judith, me llamo Karina", y él sólo me sonrió y se sentó a mi lado y me dijo con estas palabras: "¿Sabes? Te he añorado
mucho pero no puedo estar sin ti". Yo me asombré, le repetí de nuevo "Yo no soy Judith, te estás confundiendo". El no me respondió, sólo se levantó de la silla y me observó, a lo que me dijo: "Pasaré a por ti a tu casa a las 7:00 h. de la noche". No me dejó ni hablar, cuando lo quise hacer, ya se había ido. Yo estaba súper sacadísima de onda pero después del transcurso del día se me olvidó el asunto.
Cuando estaba en mi casa y a las 7:00 escuché el timbre, abrí la puerta y era él, no me lo podía creer, me dijo: "Hola Judith", y le volví a contestar con enojo que "Yo no soy Judith, y que no sabía qué era lo que pretendía, así que hiciera el favor de dejarme en
paz". Le quise cerrar la puerta y él la detuvo:"¿Por qué te enojas?". Me quedé callada, y la verdad es que me ponía muy nerviosa y no sabía qué decirle. Me miró con una mirada muy dulce de amor y me dijo:"ven, vamos a caminar al parquecito que tanto nos gusta". Yo estaba anodadada y le dije "¿A qué parquecito??". Me cogió de la mano y me dijo "Ven", solo sé que me quería morir pero la verdad el chico no estaba nada mal y decidí jugar un rato con él, así que me fui con él. En mi mente lo único que pasaba es que era una forma de querer conquistarme.
Le pregunté su nombre y me dijo que se llamaba Jose Salgado, luego se rió y me dijo,"si ya sabes mi nombre, por qué me lo preguntas? ¿a qué estás jugando? ¿por qué te comportas como si no me conocieras?". Le seguí el juego y le dije, "bueno, discúlpame, ya no voy a ser tan grosera contigo". Después me sentí muy rara y le pedí que me llevara a casa. La verdad es que tenía miedo de estar con él a solas. Me llevó a mi casa y me dijo "mañana te veo en la escuela". Al día siguiente lo volví a ver. Me trajo un ramo de rosas a la escuela y me dijo que me amaba, que era el amor de su vida y que no podía vivir sin mí. La verdad es que me estaba conquistando, me gustaba mucho. Pasó una semana y nos seguíamos viendo todos los días un ratito. No sabía donde vivía y un día le dije "¿Por qué no me llevas a tu casa para conocer a tu familia?", me dijo, "pero si ya la
conoces". Me quedé sorprendida, y me dio un poco de miedo, le contesté: "bueno, llévame a tu casa para saludar a tu familia". Y sí, me llevó, conocí a sus padres y a sus dos hermanos. Les dijo:"traigo a mi novia, quería saludarlos". Me sorprendí pero me sentí orgullosa y adquirí el papel de su novia aunque nunca me lo pidió. Tras la visita, nos seguíamos viendo y nos relacionábamos como novios.
Un día me dijo llorando que por qué lo había traicionado si yo era el amor de su vida. Le dije que nunca le había traicionado, me agarró del cuello y me quiso estrangular. Me dio mucho miedo. Se puso como loco. Después del susto, no lo volví a ver más, y dejó de buscarme. Como todo era tan extraño, decidí buscarlo.
Fui a los salones del 6º curso a preguntar por él y en ningún salón estaba él. No estudiaba ahí. Todo era muy raro. Un día fui a su casa y estaba abandonada. ¿cómo podía ser?, pregunté a una vecina y me dijo que se habían mudado "hacía mucho tiempo que se fueron lejos de la ciudad porque les había afectado mucho la muerte de su hijo, que murió hacía unos 7 años". Dios mío, le pregunté qué hijo se les murió y me respondió "Jose". No lo podía creer. Le conté todo lo que me había pasado y me dijo que tuvo una novia llamada
Judith, también me contó que Judith le engañó con otro y él se suicidó. El estudiaba en esa escuela junto a su novia, y me dijo la señora que yo me parecía mucho a ella, que
hasta creyó que era la propia Judith la que preguntaba por las personas de aquella casa.

Noche de luna.

Noche de luna clara. Manto pesado de muerte lenta.
Los portones, ya débiles, corroídos y oxidados aguardan el tacto de algún viajero
desprevenido. Alertas, inmóviles y silenciosos se dejan entreabiertos, cual entrada
abandonada al descuido.
La luz desenfocada de un faro gira de a ratos e ilumina las lápidas del cementerio.
Construcciones arquitectónicas exquisitamente dispuestas en hileras entrecruzadas.
Un ave sin nombre, negro, apoya las garras en la cabeza de un niño ángel.
La tierra está húmeda, - no sé si por el rocío de la madrugada o por qué-.
Camino entre las tumbas sin mirar hacia atrás, la luz lejana de aquel faro es mi
guía. Me conduce llevándome de la mano.
Camino lento, pesado, pero sin dejar rastro. Siento cargar las ropas sobre la piel.
No sé si estoy débil o cansado. No sé hacia dónde me dirijo, sólo sé que tengo que
seguir la luz.
El pájaro me sigue con los ojos entreabiertos, expectante a que no vuelva sobre él.
Una bruma comenzó a levantarse lentamente, hace círculos definidos en el centro y
dispersos a los lados. Giran lento, en espiral pero no avanzan más que a la altura
de las cruces más altas.
Todavía conservo el anillo. Me alivia tenerlo puesto.
Entonces no me desintegré. Estoy a tiempo de recuperar mi vida.
Escucho ruidos extraños alrededor. Quejidos. Lamentos. Llantos nauseabundos. Dolor
hecho costra.
Se me cayó la camisa que llevaba puesta, pero sigo caminando. Cada vez con mayor
dificultad.
Los zapatos me pesan toneladas, pero por fortuna- o no-, todavía los llevo puestos.
La tierra se me hace blanda en cada tramo. La humedad está inundando el cementerio.
El barro se me cuela por las costuras del zapato.
La niebla se hizo más espesa. No puedo ver ya mi querida luz.
Giro como puedo para ver al ave negra. Sigue clavándome la mirada en la sien.
¿No pude avanzar mucho más o acaso intenta engañarme manteniéndose tan cerca de mí?
Me confunde.
El vapor se enmaraña entre las penas de las almas perdidas.
El anillo comenzó a aflojárseme del dedo. Con esfuerzo logro cerrar a medias los
nudillos para trabarlo allí.
Un líquido tibio y espeso comenzó a caerme de la nariz. Me llega a la comisura de la
boca. Lo pruebo con asco. Dulce y metálico.
En un paso, perdí el otro zapato. No me veo los pies. Creo estar hundiéndome.
Se me termina el tiempo. Ya no veo la luz del faro.
La bruma es tan espesa que no me deja ver nada más que un par de huecos profundos,
dibujados en la cara del pájaro.
Lo tengo frente a mí. No vuela.
Quieto, frente mío.
Me acerca el pico puntiagudo.
El anillo se me resbaló hasta la yema del dedo.
No puedo detener su caída.
Es inevitable.
Caigo a la tierra.
Me siento tragado.
El anillo retumba en mi cabeza mientras golpea contra mi lápida.
El líquido que me sale me cubrió por completo.
No siento nada.
Sin nada en mí.
Como la muerte.

El niño.

Había una vez..... un chico que nació enfermo. Una enfermedad que no tenía cura. Con 17 años y podría morir en cualquier momento...Siempre vivió en su casa, bajo el cuidado de su madre.

Ya estaba harto y decidió salir solo por una vez.
Le pidió permiso a su madre y ella acepto.
Caminando por su cuadra vio muchas tiendas.
Al pasar por una tienda de música y ver el aparador, notó la presencia de una niña muy tierna de su edad. Fue amor a primera vista.
Abrió la puerta y entro sin mirar nada que no fuera ella.
Acercándose poco a poco, llegó al mostrador donde se encontraba ella. Ella lo miró y le dijo sonriente: "¿Te puedo ayudar en algo?"
Mientras el pensaba que era la sonrisa más hermosa que había visto en toda su vida.
Sintió deseos de besarla en ese mismo instante.
Tartamudeando le dijo: Si, eeehhh, uuuhhh...me gustaría comprar un CD". Sin pensar, tomó el primero que vió y le dió el dinero.
"¿Quieres que te lo envuelva?" - Pregunto la niña sonriendo de nuevo. El respondió que si, moviendo la cabeza; y ella fue al almacén para volver con el paquete envuelto y entregárselo. Él lo tomó y salió de la tienda.
Se fue a su casa, y desde ese día en adelante visito la tienda todos los días para comprar un CD.
Siempre se los envolvía la niña para luego llevárselos a su casa y meterlos a su closet.
El era muy tímido para invitarla a salir y aunque trataba, no podía.
Su mamá se enteró de esto e intentó animarlo a que se aventara, así que al siguiente día se armo de coraje y se dirigió a la tienda. Como todos los días compro otra vez un CD, y como siempre, ella se fue atrás para envolverlo.
Tomó el CD y mientras ella no estaba viendo, rápidamente dejo su teléfono en el mostrador y salió corriendo de la tienda......
Ringggg !!! Su mamá contestó:
¿Bueno?", era la niña, pregunto por su hijo; y la madre desconsolada, comenzó a llorar mientras decía:
Que, no sabes?...murió ayer.
Hubo un silencio prolongado, excepto los lamentos de su madre.
Más tarde la mamá entré en el cuarto de su hijo para recordarlo.
Ella decidió empezar por ver su ropa, así que abrió su closet. Para su sorpresa se topo con montones de CD envueltos, ni uno estaba abierto.
Le causó curiosidad ver tantos y no se resistió, tomó uno y se sentó sobre la cama para verlo; al hacer esto, un pequeño pedazo de papel salió de la cajita plástica.
La mamá lo recogio para leerlo y decia:
Hola!!!, estas super guapo,?quieres salir conmigo?
TQM....Sofia.
De tanta emocion, la madre abrió otro y otro pedazos de papel en varios CD; y estos decian lo mismo....

Muerte.

En tu vida
cada miedo
semilla que siembras al andar
ligero eco
centelleo de cristales distantes
huecos
jugando en tu laberinto auricular

Gota a gota
Con la suavidad de las arañas
del esqueleto a las entrañas
llenando la copa que es tu cuerpo
divino cáliz colmando el cuenco
fermentado
viscoso
espeso
circular
Veneno
Último trago en el estertor
diminutas fobias
en abundante cuerno
con raíces sin control
Árboles de terror
ante tus ojos podridos
Aves negras en sus nidos
sombras del follaje hundido
que te abrazan con hedor
Se acabo el viaje
buscador
El encuentro Cara a cara
Rostro cierto ante tu máscara
no hay cielo
no hay infierno
carcajadas y silencios
pecados
arrepentimientos
polvo eres en la vida
en brazas te convertirás
Baile macabro en verdad
de la muerte que entra en tu huerto
cascabeleo de navajazos sordos
hieren tu carne al centro
ahogando gritos torvos
bajo la extensa
encajonada
diminuta
Oscuridad.

El último beso.

Me observo en el espejo, de mis ojos brotan lágrimas. Las toco con la punta de mi dedo y simplemente, se destruyen, se desvanecen... Siguen rodando por mis mejillas, hasta tocar mis labios; tienen un sabor amargo a sal y como me recuerdan tus besos.

Aún no entiendo porque te has marchado, sin siquiera dar una razón y me dejas aquí sacando profundas y asfixiantes lágrimas todas las noches.
Mi alma era oscura, pero ahora no se si aún cuento con ella para seguir viviendo, me dejaste sin aire.
Hoy hace un año que te fuiste y sigo aquí parada junto a tu tumba, esperando a que salgas y me abraces como solías hacerlo.
Jamás imaginé tal soledad, lo único que pasa en mi cabeza es la manera en que me tocabas, en que prometías estar a mi lado siempre, por toda la eternidad. Pero has fallado en tu promesa, no estás.
Tomo la navaja, tal vez eso me lleve a ti; la paso por mis muñecas sin compasión, mientras espero que el líquido de la vida, rojizo y pegajoso se extienda en tu nuevo hogar. Siento como el aire se acaba, como mi corazón se debilita y como mis lágrimas se hacen más grandes y más profundas. ¿Hasta donde puede llegar el amor por alguien?
Mis últimos suspiros salen de mi boca, el frío comienza a invadir mi cuerpo, cada segundo se debilita. La sangre te ha cubierto y ha cubierto mis vestidos...
Te veo, estas ahí; me esperas con los brazos abiertos, corro hacia ti y me refugio en tus brazos. Ya no será el ultimo beso porque al fin, estaremos juntos por toda la eternidad...

La amó tanto, pero tanto...

Cogió sus manos. Delicadas, tibias... tan frustrantes. "No lo hagas" le pidió con voz quebrada "No lo hagas por favor..." pero no pasó lo que él esperaba. Ella soltó su mano y lo miró a los ojos, él se dio cuenta de aquel par de brillantes luces marrones, ojos marrones... tan mentirosos. "Es tarde" dijo ella. Con una sonrisa fingida cogió el bolso... se fue caminando. Y ahí quedo el. Solo, frustrado. Le había dado todo lo que ella le había pedido. Regalos, tiempo... su vida.
Entonces lo invadió la cólera. La tristeza, el inmenso odio. Odio hacia aquella delicada figura femenina, odio hacia esos ojos marrones, odio a esa boca rosada que le dijo "Te amo" una noche. Odiaba esos brazos que antes se aferraban a él. Y esperó.
Esa misma noche se puso una capucha. Corrió por las calles como una sombra enfurecida. Vio las luces de su habitación prendidas. Esperó al momento de atacar. Mientras sentía el frío de aquella noche, los ojos se le humedecieron un poco. "Yo te amaba" se dijo, destrozado "Te di todo ¿Porque me traicionaste?" se lamentaba, lleno de odio. Las luces se apagaron. Y ahí estaba. La vio salir de su puerta con el cabello suelto. Se iba a ver a la persona que lo había reemplazado. La maldijo, aún con los ojos humedecidos. La siguió sin que ella se diera cuenta. Podía sentir su caro perfume en el ambiente de aquella noche, sentía el taconear de sus zapatos, sentía... su respiración.
Se acercó a un callejón. El sabía que había llegado el momento. Salió de las sombras como un infernal monstruo. La mató. Si... claro que la mató. Y mientras la golpeaba sentía las lágrimas correr por sus mejillas. Sentía el odio salir por los poros. Sentía como su dignidad se rebajaba hasta los infiernos. Vio el cuerpo inerte de su antes amada. Sus ojos marrones congelados en una expresión de culpabilidad y miedo. Se sentó al lado del cadáver, se apoyó en la pared. "Yo te amaba" se dijo mientras seguía llorando amargamente "Me lastimaste...y tu turno ya pasó" pensaba en silencio. Se levantó y dejó el cadáver tirado en el suelo, como un papel, como una bolsa cualquiera. Le mandó una última lastimera mirada... y se fue, contando mentalmente, lo que faltaba para el amanecer.

Los demonios de la galería.

Hace mucho tiempo que miro por mi ventana
y admiro el mismo lugar, lleno de misterios.
Nunca me lo había imaginado,
por lo menos no inconcientemente.
Pasaba por ahi, había estado ahí desde que yo nací.
pasando los negocios ya cerrados por una
barrera de metal oxidado, en el oscuro pasadizo
con agujeros donde posiblemente vivían
ratas y arañas patilargas y peludas, estaba el
lugar donde habían pasado cualquier clase de
experiencias. Miraba por mi ventaan el lugar
y me preguntaba cuantos demonios habrían
estado invadiendo cada pasadizo, pasando
por los costados de la gente sin que esta
se diera cuenta. Seguí observando.
Después de pasar por aquellos pasadizos,
donde los servicios higienicos tenian las
paredes manchadas con moho y sangre,
con una pequeña ventana donde entraba
un rayo de luz, encontrabas las demás tiendas.
Gente llena de metal por todo el cuerpo,
tatuajes y cabellos desordenados.
Vendían como si fuera lo mas normal
del mundo, sus artefactos que
aparentaban estar hundidos en sangre,
y sus anillos y pulseras llenas de púas,
no era nada del otro mundo, y
no era nada malo para mi.
Seguí observando por mi ventana.
Caminando mas allá de donde alguien
podría escuchar tus gritos
al encontrar algo macabro,
donde la luz no entraba,
donde los pequeños resplandecientes
de luz amarillenta y violeta
eran abundantes, y en cualquier
lado podrías encontrarte con personas,
que habían vivido toda su vida
rodeada de aquellas cosas,
que eran como su familia.
Subiendo unas escaleras
de donde venía musica llena
de rasgeos de guitarras electricas
y gritos de ultratumba,
unas escaleras llenas de dibujos
y curiosas manchas rojas que se
escurrían de vez en cuando,
con agujeros de donde podías
ver dos puntos rojos durante
las noches. subiendo aquellas escaleras,
había otro pasadizo, más oscuro,
lejos de la sociedad que no entendía
que la depresión y el sentimiento
de desaparecer era hermoso.
los pisos a veces con las mismas
manchas rojas de las paredes
y uno que otro papel tirado por alguno
que trabaja o hasta vivía en aquel lugar.
Levantas la vista y no te encuentras
con un techo, solo con un largo camino
hacia arriba, donde el final es un vidrio
lleno de manchas oscuras de donde se
ve el cielo nocturno, con una pequeña
luz amarillenta. La musica se hace
mas fuerte, los gritos son mas graves
y el rasgeo empieza a hacer que tus
oídos se pongan mas tensos.
Luego una puerta, una puerta
con un numero de metal oxidado
que emana un olor putrefacto,
una puerta llena de pintura y
las mismas manchas rojas de antes.
Dentro, como si fuera una pelicula
de blanco y negro, uno puede
imginarse lo cometido ahí adentro.
una habitación donde antes
estaban centenares de velas
negras prendidas con gente
vestida de negro, llena de metal
en sus cuerpos y tatuajes,
sentados al rededor, con los ojos cerrados,
tomados de las manos, imaginandose
el inframundo, un mundo tan hermoso para
ellos, tan curioso, un paraíso donde
los gritos de ultratumba y
el descontrol viven libremente.
Como las ventanas que casi no hay,
empiezan a vibrar y de un momento
para otro, uno de los presentes se
torna con ojos blancos y empieza
a convulsionar, asustando y
maravillando a algunos..
Los demonios de la galeria que ahora
mismo estoy observando, todos libres,
llamados por aquellas personas
que no estan dentro de la sociedad, que
no son aceptadas. Los demonios de la galeria
que causaron tanto mal puede
que sigan ahi, y estoy segura
que aun no se han ido.
Habran más manchas rojas en las paredes,
mas ratas con colas sangrantes
y arañas venenosas,
igual que el estridente sonido del rasgueo.
Los gritos de ultratumba se detienen...
y todo vuelve a estar en silencio.
Los demonios de la galeria pasearan
toda la noche por aquellos pasadizos,
hasta que sus invocadores
vuelvan a la mañana siguiente...

Monólogo de Isaac Clarke. Tributo a Dead Space.

Cual un incesante goteo de lágrimas
los recuerdos de la Ishimura
martillean en mi memoria con la crueldad
de una oscura sinfonía;
¡Oh los días coronados de angustia
que aún mis sueños devoran!
Y la sangre, la sangre de mi amada Nicolle
suicidándose una y otra vez dentro de mí;
su sangre, su sangre convertida en un montón
de escarcha, en un remolino de frío
que solloza en mi interior con el infausto
y fosco tono de lo que es irremediable.
Luciérnagas, miles de luciérnagas muertas
arden en el abismo de mis ojos destruidos
donde el amor no es más que el rostro
de una mujer que solloza en la penumbra
de una nave, que dice "I always love you"
mientras cae, lentamente cual piedra
hundiéndose en el mar,
allí en ese espacio informe y desconocido
donde los susurros se pierden
en un laberinto de ecos,
allí en esos brazos sin piel de los que nadie
nunca ha vuelto...
Mas, ¿Qué quedó? ¿Qué pudo
haber sobrevivido de ella en el necromorfo
que intentó arrebatarme la vida
luego de que, bajo un cielo nublado,
cegara de una vez y para siempre
a aquella aberración conocida
como Gnosis Colectiva?:
Nada, nada sino
el triunfante gusano de una vida
programada por los diabólicos
bio-algoritmos de la Efigie:
no otra cosa que un grotesco
cascarón ya vacío
de su presencia...
Pero los cuerpos, ¡ay, los cuerpos mutilados!
Brazos, troncos, piernas, manos:
atroces escenas brillando
como cifras de sangre en la necrófila ecuación
del exterminio.
La estrella, el astro del desastre
fulgía y se reflejaba con
siniestro arte en cada una de esas extremidades
dispersas y regadas por el suelo;
en cada uno de esos pequeños riachuelos
de sangre silente cual manojo
de ángeles muertos cayendo
sin fin por una cascada oscura e infinita
como el absurdo de la vida.
Mas...¿Fueron hombres los que cercené?
...Oscuridad.
Solo negrura recuerdo en esos ojos brutales,
en esas esferas apagadas
donde ya hace mucho
que las almas partieron, donde ya el hombre
había desaparecido y todo cuanto quedaba
era una bestia, un engendro
hijo de los infestadores o del trastornado
Challus Mercer.
¿Inmortalidad?...
Jamás, nunca vislumbré
una chispa de vida humana en aquellos
monstruosos frutos de La Efigie:
solo la viscosa luz de Lucifer
era cuanto fluía por donde pasaban
los vástagos de ese maldito monolito
que los unitologistas veneraron.
Y me pregunto,
aún me pregunto qué clase de vida
era la que aquellos demonios alados
inyectaban en los cuerpos
inanimados que luego,
cual sombras
pintadas por la mano de El Caído,
en humo de pesadillas
los pasillos envolvían...
Mas estuve allí,
estuve y todavía estoy allí
cada vez que
mis parpados se cierran
y los cuadros del terror desfilan
cual esqueléticos soldados
bajo una noche
sin luna ni estrellas;
donde ni está Dios ni estoy yo,
donde solo está mi cráneo
asediado por moscas
que zumban y zumban en torno
al hombre que alguna vez fui
y que dejé allá en la Ishimura;
en los metálicos corredores
donde los necromorfos me mostraron
que quizá para el Cosmos la vida
de un hombre no significa nada y el alma,
¡oh, el alma!, es quizás solo un trágico
y sublime incidente de la biología...

Melodías del más allá. J.

Carol era una chica normal, buena y carismática, tenía 17 años. Disfrutaba mucho escuchar música, pero también pensaba mucho en la muerte... A veces deseaba saber que se sentía, y si tal ves después de morir empezaría otra vida. Ella estaba en casa sola con su hermanito Poan, sus padres se habían ido a cenar afuera, y ella insistió en que se fuesen tranquilos, que ella cuidaría del pequeño Poan, ya que no sería problema porque se dormía temprano.

A altas horas de la noche Carol estaba acostada leyendo uno de sus libros favoritos, "El Abismo de Charlie",(era de terror), muy relajada escuchando música despacio, para no despertar a su hermanito que dormía.
Estaba por el capítulo más interesante; "La resurrección de la muerte"... Sintió que poco a poco el volumen de la música aumentaba. No entendía por que, pero se apresuró a bajar el volumen. Tranquila se sentó a seguir leyendo. Seguía una canción lenta, por lo cual Carol dejó un momento el libro y cerró los ojos para relajarse mientras escuchaba su tema preferido; "Crying of love", pero entonces se siente una risa macabra a mitad de la canción. Ella abre los ojos un poco asustada, pero pensó que tal vez a los de la radio se le habían mezclado los temas. Así que cerró los ojos nuevamente y siguió escuchando, pero entonces, la canción cambia de tono, y empieza a acelerarse, como remixada, y cada vez se escucha más rápido, y más rápido! Esta totalmente descontrolada y acelerada y se sienten voces extrañas de fondo, como de un lenguaje satánico:
"Serum Aneddem Hosterius Morte Melode Satany!!!"
Y se escucha repetidamente esta frase cada vez más fuerte y más rápido. Entonces Carol apaga la radio muy asustada. Le late el corazón muy fuerte y entonces se sienta en la cama para relajarse y tranquilizarse, pero entonces, se prende la radio y empiezan a sentirse voces distorsionadas, como si vinieran de algún lugar lejano, que tiene una mala conexión. Estas voces decían:
"CAAROOL...AHJAHJAHJAH... LOS ESPECTROS VCHREUTHTYJ VAN POR TII!!!!, NO VIVIRÁAS, NO VIVIRAAS, SQUENICCE GORTEANE MOSUGHT AREMMOH BASTGTHY SATÁN!!".
Esta vez Carol no podía apagar la radio, y el volumen era cada vez más fuerte y las voces más terroríficas, maldiciendo y hablando en idiomas siniestros. Intenta abrir la puerta, pero no puede, no puede salir, y ella continúa allí escuchando esas voces horrorosas mientras las luces tintinean al ritmo de las voces. Carol llora desesperadamente y golpea las paredes, maldiciendo en el mismo idioma de la radio. Poan se despierta por los ruidos y se dirige corriendo hacia la alcoba de su hermana, logra abrir la puerta y encuentra a su hermana locamente llorando y golpeando, entonces Carol lo ve, y se le acerca, abrazándolo y tapándole los oídos. Ambos se encuentran llorando, entonces Carol tira la radio por la ventana...
En ese instante todo se calma, los vecinos se despiertan y se dirigen a la casa. Minutos después llegan los padres de Carol, y la calman al igual que a Poan. Días después, Carol caminaba por la calle con un regalo en las manos para ir al cumpleaños de una amiga. Empezaba a oscurecer y ella se encontraba caminando por un barrio que no era de lo más confiable.
Caminaba en un silencio inmenso, solo se oían los pasos de ella misma caminando sobre la acera, en eso de segundos, empiezan a oírse más de 2 pasos en la acera, ahora se oían más, como si alguien más caminara por allí, ella miró hacia la izquierda y derecha pero estaba todo completamente desolado. Sin embargo seguía oyendo los ruidos, entonces empezó a acelerar un poco más el pasó... cada vez esos pasos estaban más cerca, más, y más... entonces Carol reacciona,! y se da vuelta, respirando aceleradamente. Allí solo se encuentra a un perro, al cual ahuyenta para que se aleje. Carol estaba más tranquila, y largó una pequeña risita como burlándose de ella misma. Pasa por un negocio de música, estaba cerrado pero se detiene para ver que Cds había en la vidriera, entonces ve el CD que tiene el tema que a ella le gusta tanto, y recuerda aquella noche en que escuchó ese tema, se asusta un poco pero sigue viaje hacia la casa de su amiga. Cuando se aleja del negoció se enciende un parlante, y empiezan a pasar la canción " Criying of love".
Carol sin dudarlo acelera el paso, y entonces una risa macabra se suelta a mitad de la canción, y luego se siente una conexión de baja calidad, como antes... y se escuchan voces, como en una conversación telefónica:
"CAROL... ESTAS MÁS EN PELIGRO QUE NUNCA.. JAHJAHAJ, TU AMIGA NO LLEGARÁ A VER QUE ES LO QUE LLEVAS EN ESA CAJA... TE DARÉ 20 SEGUNDOS PARA QUE CORRAS, O.... MORIRAS!!!!! JAHJAHJAH, SPELINKG MOSSUGHM SATAN LEVIRNTHE MUSEAGHEFN!".
Carol no lo puede creer, empieza a oír esas voces otra vez, cada vez al volumen más fuerte y más veloz, pero solo ella las oía, sus oídos empezaron a sangrar rebalsándose. Carol empieza a gritar, y a pedir ayuda, pero nadie la oye, esta sola, completamente sola, comienza a correr mientras de los parlantes se oye; 1...2...3...4....
Ella se apresura mientras sus lagrimas y la sangre caen en el camino, que había hecho para merecer eso? Que eran esas voces que convertían su vida en una real pesadilla? Seguía la cuenta... 17... 18... y antes de que llegue a veinte, Carol visualiza la imagen de una sombra con un manto negro encima sin pies que se acerca a ella muy rápido. Carol se desmaya cayendo al suelo.
Los padres de Carol la encontraron camino a la casa de su amiga, para ir a buscarla, estaba tirada en la calle con los hombros y los oídos ensangrentados. Cuando Carol despertó, se encontraba en la clínica, con sus padres sentados enfrente a la camilla.
Al caerse, Carol se lastimó la cabeza, y aún le dolía un poco. Les contó a sus padres lo sucedido y éstos decidieron tomar medidas serias. La llevaron al Centro Psiquiátrico de la ciudad, a pesar de que Carol se negó. Cuando llegaron sus padres hablaron con los médicos. Carol quería llorar, gritar y golpear, pero decidió mantener una postura madura, porque así, tal ves, sus padres reconsideraban la idea de llevarla a casa.
Una vez fuera de la oficina del gerente, el doctor se acercó junto con los padres, y le dijo a Carol, que estaba sentada en un banco mirando fijamente a un hombre que tenía los cabellos negros en la cara y miraba hacia abajo todo el tiempo,: Carol, Hola, mi nombre es Joseph Lerwin, y seré tu doctor aquí. Entiendo que esto es algo muy nuevo y que quieres estar en casa, pero te prometo que te ayudaré con tus problemas y juntos lograremos que... NOOOOO!! Interrumpió Carol pegando un salto de su banco.
¿Cómo pudieron? A mí!, A su hija, encerrarme en este loquero? No estoy loca!! NO ESTOY LOCA!!!!!! – gritaba desesperadamente Carol mientras estaba siendo atendida por unas enfermeras que tuvieron que darle una inyección calmante ya que inconscientemente abofeteó al doctor que trataba de calmarla. Sus padres se alejaban lentamente, su madre llorando y su padre consolándola.
Ahora si estaba sola, ya no podía hacer nada, estaba rodeada de locos, y pronto ella sería uno de ellos.

La visita de la muerte.

"Tengo frio. ¿Dónde estoy? ¡No puedo moverme! Mis piernas y brazos... están... como entumecidos, gélidos. Se ha apoderado de mi ser. Una sensación de abandono. Como si una garra, me estuviera, sujetando. Todo el cuerpo. ! Ayuda... Por favor. Que alguien me ayude ¡!No... No está loco!! No sé lo que pasa. Socorro!!

Hace como dos días, yo me encontraba en el despacho de mi casa, revisado unos papeles. La lluvia con ganas repicaba, en los cristales, de la ventana. ¡Que gozada, ver caer la lluvia! - me dije. Con el verano tan duro que hemos tenido.
De repente me quede, helado. Una mujer, alta, esbelta avanzaba, entre la cortina de agua. Iba sin paraguas. Con la cabeza inclinada y las manos, en los bolsillos. Por un momento, pensé - ¿A donde ira una chica tan linda a estas horas? Con la que esta cayendo...
Se fue acercando, cada ves más. Hasta que estuvo lo suficiente cerca, que le vi bien el rostro.- Pero.. ¡No puede ser: Es ella! ¡Ha vuelto! Maria.. Maria!! - grité como un loco. ¡Tú... Pero si estás.. ¿cómo es posible? Pero sí yo mismo...
La mujer se para, casi toca con su cara, el cristal. Y en su rostro blanco inexpresivo, se dibuja una sonrisa, siniestra. Que dejaron al descubierto, una dentadura podrida. No pude más. Solté un grito horrible que me desgarró la garganta, y me desmaye. Cuando me desperté. Era noche cerrada. Decidí que tenia que asegurarme. No era posible, que Maria estuviese viva. Yo la mate. Con mis propias manos apreté su cuello. Luego la lleve a una finca. Donde pasamos los fines de semana. En le huerto, cave la fosa. Y tuve mucho cuidado de disimular, la tierra removida.
En menos de una hora, ya estaba en la finca. Cuando me acerque al huerto. Un temblor, recorrió todo mi cuerpo. ! Dios mío, no puede ser, la fosa esta vacía. Como si Maria hubiera salido de ella ¡. Me entro un pánico terrible. Ya no sabia que hacer. De repente, una voz que me resulto familiar dijo. - ¡Antonio... ¿Por qué, Antonio..? ¿Por qué lo hiciste..? Dime Antonio...
María... - Dije con tono desesperado. - ¡Tú no quisiste el divorcio. No me dejaste alternativa! Entonces ella se acercó, vestida como siempre. Pero el semblante de la cara. Era una palidez fantasmal. Los pies no le llegaban al suelo. Como si flotara. Me tendió los brazos. Diciéndome: Antonio, ven... abrázame por ultima vez. Como hipnotizado, avancé y me abracé. Como nunca. Hasta ahora lo había hecho. Nos dimos un beso, largo y apasionado. Poco a poco fui entrando en un sopor, que fue dejándome como medio dormido y ya no recuerdo nada más.
Me encuentro en un lugar, lleno de barro. Y oscuro.
- ¿Qué oigo? ¡Voces! ¡Alguien se acerca! ¿Vendrán a socorrerme?
- ¡¡Oiga!! ¡Usted! ¿Qué hace ahí dentro? No ve que está dentro de una fosa, hombre de Dios?
- Pero... ¡Entonces no estoy muerto..! ¡¡Por favor, ayúdeme a salir de aquí!!
Una vez fuera, salí corriendo como un loco, gritando: !!María, te quiero!! ¡Vuelve a casa, María!!".

Sin esperanza. R.

No recordaba absolutamente nada. Permanecía encerrada en aquella habitación oscura, fría y húmeda. Encadenada a la pared notaba sus muñecas doloridas, sus tobillos ensangrentados.
Ninguna luz. Ningún sonido.
Solo la extraña sensación de sentirse observada por ojos invisibles que desde la oscuridad acariciaban su cuerpo. Se sentía molesta, indefensa. Pero ésa había sido su elección y ahora, desde aquél momento, debía pagar para toda la eternidad.
Estaba arrepentida. Comprendió que su acto había sido un error que marcaría su futuro de por vida. Recordó el frío cañón de la pistola apoyado en su cabeza y el dedo de su mano sobre el gatillo. Supo que antes del final había cerrado los ojos y después escuchaba la detonación. No sintió nada más.
No supo que su cuerpo se desplazó en la habitación algunos metros impulsado por la fuerza del impacto, un impacto que le había destrozado la cabeza. Ningún dolor. Ninguna molesta sensación. Simplemente la nada.
El silencio. La oscuridad.
Había muerto. Sin duda.
Los problemas de su vida finalizaron. Ella se había entregado voluntariamente a la muerte, zanjando definitivamente todas sus inquietudes. Ya nada le agobiaba, ni la falta de trabajo ni las deudas pendientes, ni siquiera los dolorosos recuerdos de la muerte de sus hijos. Ya nada importaba. Así lo había decidido. Buscaba la tranquilidad, que la angustia parara, que desapareciera. Ahora entendía que todo fue un error. Se equivocó, pero ya no había marcha atrás.
Intentó librarse de las cadenas pero no lo consiguió. A otro lado de la habitación, en un pasillo que nunca había visto y que no era más que una especie de túnel en cuyo final brillaba una intensa luz, notaba presencias y escuchaba murmullos, risas, alegrías y saludos, como cuando dos amigos se encuentran tras años de haber perdido todo contacto.
Quiso formar parte de aquellas alegrías, pero no pudo hacerlo. Le hubiera gustado recorrer aquél túnel al encuentro de sus dos hijos que la esperaban al final con una sonrisa en los labios, rodeados de luz y amor, con los brazos abiertos.
Pero ella no pudo escapar de su prisión. Escuchaba voces que la llamaban por su nombre pero no podía responder. Estaba amordazada. Se agitó pero solamente se hizo más y más daño hasta que por fin se dio por vencida y asumió las consecuencias de sus actos.
Durante décadas envidió a las presencias que recorrían el túnel, a los que se adentraban en la luz al encuentro de sus seres queridos. Ella permaneció sola en aquella oscura habitación, creyendo escuchar las voces de sus hijos que preguntaban por qué no iba con ellos. Día tras día. Año tras año.
Se hundió en una profunda tristeza hasta que notó el primer mordisco. Adivinó que era una rata que hambrienta pretendía alimentarse de ella. Pronto supo que no había una sola sino cientos de peludas y repugnantes ratas que se abalanzaron sobre su cuerpo, mordiéndola con ansia, devorándola sin piedad.
Para ella la luz del túnel se había apagado definitivamente. Mató todo resquicio de esperanza.

Son las gaviotas amor. Ángel González (1925-2008)

Son las gaviotas, amor.
Las lentas, altas gaviotas.
Mar de invierno. El agua gris
mancha de frío las rocas.
Tus piernas, tus dulces piernas,
enternecen a las olas.
Un cielo sucio se vuelca
sobre el mar. El viento borra
el perfil de las colinas
de arena. Las tediosas
charcas de sal y de frío
copian tu luz y tu sombra.
Algo gritan, en lo alto,
que tú no escuchas, absorta.
Son las gaviotas, amor.
Las lentas, altas gaviotas.

Umbral. Susana March.

Cándidamente azul. Aún no he nacido.
Ciñe el aire mis muslos. Soy de aire.
El mar me sabe. Sal, vela y espuma.
dibujan mi contorno en el paisaje.


Me traspasa la luz. No me conozco.
Soy apenas un soplo de la tarde.
El sexo yace en paz, el alma duerme,
no tengo voz y Dios está distante.


Navego por los cielos castamente
con las alas al viento como un ángel.
Pequeña llama, apenas un chispazo.
mi corazón no existe, pero arde.

En el silencio de la casa, tú... Carlos Pellicer (1897-1977)

En el silencio de la casa, tú,
y en mi voz la presencia de tu nombre
besado entre la nube de la ausencia
manzana aérea de las soledades.
Todo a puertas  cerradas, la quietud
de esperarte es vanguardia de heroísmo,
vigilando el ejército de abrazos
y el gran plan de la dicha.
Yo no sé caminar sino hacia ti,
por el camino suave de mirarte
poner mis labios junto a mis preguntas
-sencilla, eterna flor de preguntarte-
y escucharte así en mí ¡y a sangre y fuego
rechazar, luminoso, las penumbras...!
Manzana aérea de las soledades,
bocado silencioso de la ausencia,
palabra en viaje, ropa del invierno
que hará la desnudez de las praderas.
Tú en el silencio de la casa. Yo
en tus labios de ausencia, aquí tan cerca
que entre los dos la ronda de palabras
se funde en la mejor que da el poema.

Concédeme estos cielos, esos mundos dormidos. Idea Vilariño.

Concédeme esos cielos, esos mundos dormidos,
el peso del silencio, ese arco, ese abandono,
enciéndeme las manos,
ahóndame la vida
con la dádiva dulce que te pido.
Dame la luz sombría, apasionada y firme
de esos cielos lejanos, la armonía
de esos mundos sellados,
dame el límite mudo, el detenido
contorno de esas lunas de sombra,
su contenido canto.
Tú, el negado, da todo,
tú, el poderoso, pide,
tú, el silencioso, dame la dádiva dulcísima
de esa miel inmediata y sin sentido.

La ofrenda. Gabriel Zaíd.

Mi amada es una tierra agradecida.
Jamás se pierde lo que en ella se siembra.
Toda fe puesta en ella fructifica.
Aun la menor palabra en ella da su fruto.
Todo en ella se cumple, todo llega al verano.
Cargada está de dádivas, pródiga y en sazón.
En sus labios la gracia se siente agradecida.
En sus ojos, su pecho, sus actos, su silencio.
Le he dado lo que es suyo, por eso me lo entrega.
Es el altar, la diosa y el cuerpo de la ofrenda.

Sugestión. Cecilia Meireles (1901-1964)

Sucede así
cualquier cosa
serena, libre, fiel.
Flor que se cumple, sin pregunta.
Ola que se violenta, a causa de ejercicio indiferente.
Luna que envuelve igual a los novios abrazados y
a los soldados ya fríos.
También como este aire de la noche: susurrante de
silencios, lleno de nacimientos y
pétalos.
Igual a la piedra detenida, conservando su demorado destino.
Y la nube
leve y bella, viviendo de nunca llegar a ser.
La cigarra quema en su música, al camello que mastica
su larga soledad,
Al pájaro que busca el fin del mundo, al buey que va
con inocencia hacia el monte.
Sucede así, cualquier cosa serena, libre, fiel.
No como el resto de los hombres.

El hacedor. Jorge Luis Borges (1899-1986)

Somos el río que invocaste, Heráclito.
Somos el tiempo. Su intangible curso
acarrea leones y montañas,
llorado amor, ceniza del deleite,
insidiosa esperanza interminable,
vastos nombres de imperios que son polvo,
hexámetros del griego y del romano,
lóbrego un mar bajo el poder del alba,
el sueño, ese pregusto de la muerte,
las armas y el guerrero, monumentos,
las dos caras de Jano que se ignoran,
los laberintos de marfil que urden
las piezas de ajedrez en el tablero,
la roja mano de Macbeth que puede
ensangrentar los mares, la secreta
labor de los relojes en la sombra,
un incesante espejo que se mira
en otro espejo y nadie para verlos,
láminas en acero, letra gótica,
una barra de azufre en un armario,
pesadas campanadas del insomnio,
auroras, ponientes y crepúsculos,
ecos, resaca, arena, liquen, sueños.

Otra cosa no soy que esas imágenes
que baraja el azar y nombra el tedio.
Con ellas, aunque ciego y quebrantado,
he de labrar el verso incorruptible
y (es mi deber) salvarme.

Hoy estoy sin saber yo no sé cómo. Miguel Hernández (1910-1942)

Hoy estoy sin saber yo no sé cómo,
hoy estoy para penas solamente,
hoy no tengo amistad,
hoy sólo tengo ansias
de arrancarme de cuajo el corazón
y ponerlo debajo de un zapato.
Hoy reverdece aquella espina seca,
hoy es día de llantos en mi reino,
hoy descarga en mi pecho el desaliento
plomo desalentado.
No puedo con mi estrella,
y me busco la muerte por las manos
mirando con cariño las navajas,
y recuerdo aquel hacha compañera,
y pienso en los más altos campanarios
para un salto mortal serenamente.
Si no fuera ¿por qué? no se por qué,
mi corazón escribiría una postrera carta,
una carta que llevo ahí metida,
haría un tintero de mi corazón,
una fuente de sílabas, de adioses y regalos,
y ahí te quedas, al mundo le diría.
Yo nací en mala luna.
Tengo la pena de una sola pena
que vale más que toda la alegría.
Un amor me ha dejado con los brazos caídos
y no puedo tenderlos hacia más.
¿No veis mi boca qué desengañada,
que inconformes mis ojos?
Cuanto más me contemplo más me aflijo:
cortar este dolor ¿con qué tijeras?
Ayer, mañana, hoy
padeciendo por todo
mi corazón, pecera melancólica,
penal de ruiseñores moribundos.
Me sobra el corazón.
Hoy descorazonarme,
yo el más descorazonado de los hombres,
y por el más, también el más amargo.
No sé por qué, no sé por qué ni cómo
me perdono la vida cada día.

No saber. Eloy Sanchez Rosillo.

Sólo la muerte dice con franqueza
-y no a quienes con ella se van: únicamente
a los que aquí se quedan tras su paso-
que algo se terminó. Todos los otros sucesos y avatares esconden el secreto
de su final, que pasa inadvertido
al corazón y al ojo. Por fortuna, no hay
certidumbre del punto en que una cosa se acaba:
conocer hasta el fin siempre es dolor.
Así teje la vida
los días y las noches del existir. Y en ese
piadoso no saber, en esa trama de
compasiva oscuridad,
no falta nunca el hilo luminoso
de la esperanza.

Donde no estabas. Mario Luzi (1914-2005)

Donde no estabas, cuánta paz: el cielo
entre los árboles estuosos recogía
la blanca ofrenda de las calles, un rostro
relucía en la sombra de las fuentes,
la médula de miel
atenuaba el pesar de los transeúntes
y la beldad brillaba,
se perdía fragmentada entre las calles
esplendentes en el silencio ventilado.

Ni imagen, ni memoria, ni sueño.
El rostro de la ausente era una espera
espejada en la primera estrella opaca
y ni siquiera en ella estabas, habías caído
fuera de la existencia;
el candor entristecía las encrucijadas
y no era el anochecer,
era la blanca verdad indolente
en lo hondo de mi tumulto, imperceptible.

Dino Campana sueña con Montevideo. Enzia Verduchi.

En el despunte morado de la noche,
se escucha una marejada de palabras esféricas,
suspendidas en el gas hilarante de los corredores.

Cierro los ojos:
«Andábamos, andábamos, durante días y días: las naves
imponentes, de velas empapadas de cálidos soplos,
venían a nuestro encuentro».

En el sur amanece un continente ignoto.
Crece una palmera en las márgenes del río,
huele a sal, huele a niña, el viento sabe a presagio;
una capital nace en los ojos del viajante.

Yo vi una novia sin novio, aprisionaba
un ramo de rosas sangrándose el tacto,
desposeída, intoxicada de amor.

Novia descalza, flotaba en círculos,
con la cola de tul arrastró la llanura
y ahogó la alianza en las aguas del puerto.

Montevideo, inasible en la fiebre y el delirio,
esta noche eres el sueño de un sueño.

Mujer genovesa. Dino Campana (1885-1932)

Tu me trajiste un poco de algas marinas
en tus cabellos y un olor de viento,
que viniendo de lejos llega grave
de ardor, había en tu cuerpo bronceado
o la divina
simplicidad de tus formas esbeltas:
no amor ni sufrimiento, un fantasma,
una sombra de la necesidad que vaga
serena e ineluctable por el alma
y la disuelve en júbilo, en encanto, serena,
para que pueda el viento del sudeste
llevarla al infinito.
¡Que pequeño y ligero es el mundo en tus manos!