miércoles, 18 de diciembre de 2013

Amethystium Enchantment


Infinito insomnio.

Noches de insomnio infinito
donde despierto abrazando algún papel
porque con la Luna te envío miles de poesías
hacia donde quiera que estés...

He jurado tantas cosas, amarte hasta enfermar
he tatuado con fuego tu nombre
por si ángeles que no son de este mundo
alguna vez de mí, te intentan separar...

Noches de infinito insomnio
donde navego por los mares de tu pelo
y te hablo mientras duermes, pero no puedes despertar
entonces me transformo en cielo y estrellas
para que con mi quietud, encuentres algo de paz...

Y escapo entre tus sueños, tú, que descansas en el letargo
y escribo en un papel, lo que tú nunca podrás entender
y digo que te amo, guárdalo en secreto
sólo promete sonreír cuando me vaya con el amanecer...

Noches de insomnio infinito
donde no puedo sentir el calor de tu piel
tú, que eres luz gitana que brilla en mi camino
este camino sin regreso
donde no me puedo detener...



Infinito insomnio.
Tiempos de arco iris.

Todos los derechos reservados.

©1997

Amethystium Ad astra


Historia de amor.

Sigue el camino hacia donde está el Sur
no regreses a mirar para recordar el dolor
vive feliz, aquí dentro de mi vida
dime que si lloras, tus lágrimas serán de amor...

Yo quiero quedarme anclado a tu piel
para perderme en tu perfume celeste
para prometerte la cima del cielo y su eternidad
para que no vuelva a atraparnos el destino sombrío
que antes no nos dejó soñar...

Sigue el camino hacia donde espera el mañana
y no te detengas porque estoy detrás de ti
para decirte que nada podrá alcanzarnos, ni siquiera el adiós
para que nunca sea la última vez, para no llorar por nada
aquí entonces me quedo con los ojos de la verdad
para que explores mi alma...

Aquí me quedo a vivir, muy dentro tuyo
sólo déjame anclarme a tu piel
para que pueda amarte como siempre te he amado
para que puedas amarme como la primera vez
y así morir para encontrarnos en otra vida
donde sólo vivamos por y para nuestro amor
para que vivas muy dentro mío, muy dentro de mi corazón...



Historia de amor.
Tiempos de arco iris.

Todos los derechos reservados.

©1997

Amethystium Odyssey


Historia de amor en Siberia.

Tembló tu cuerpo de sol cuando mis manos cruzaron tu mundo por la mitad
se apoderó de ti mi amor, por esas épocas de dolor que no regresarán
siete estrellas cayeron junto con la luna para no dejarte caer
para que sintieras que a mi lado no estarías en soledad...

Sobrevivirá tu corazón de hielo más allá de este amor hecho silencio
mi amor se extenderá sobre el reino donde duerme Odín
hasta donde hay un nuevo solo todos los días, donde siempre te amaré
en este mundo donde sobrevive nuestro amor a pesar de los desiertos...

Tus mejillas se lavarán de tantos besos y promesas arrojadas en el viento
caminará conmigo sobre la interminable extensión polar
tan inmensa, tan helada como mi alma que vive en el hielo...

Las tierras están muriendo, a pesar del calor de tu corazón de fuego
sólo quedan siete estrellas que se irán en tu piel con el último atardecer
caen nuestras caricias en esta enorme prisión de silencio
donde siempre serán tus ojos y mi corazón del reino de hielo...



Historia de amor en Siberia.
Tiempos de arco iris.

Todos los derechos reservados.

©1997

Amethystium Dreamdance


Hija del cielo.

Es como si tomaras la mano invisible de Dios
porque vuelas por el cielo, bajo la luna que aprendió a escucharte
en tus alas vas acarreando mil recuerdos por la noche
pero yo me quedé con tu nombre, para que fuera imposible olvidarte...

Y del Norte al Sur, por la inmensa extensión argentina
tus ojos de tierra se vuelven hacia el interior de las sombras
te transformas en estrella fugaz, cuando anhelo que hoy vuelvas
de tu viaje inesperado, donde la Luna es tú única amiga...

Lo que ahora trae tu ausencia incomprendida, es sueño
donde tus manos inexistentes, me acarician el pelo y me tapan
y desde la tierra, en tu hogar sólo se ven estrellas remotas
que brillan como tus ojos, que con su luz me tocan...



Hija del cielo.
Tiempos de arco iris.

Todos los derechos reservados.

©1997

Amethystium Shadow to light


Hacia donde va mi amor.

Así se va mi amor, donde duermen los ángeles de este cielo
así se va mi amor, en este último día, y se eleva guiado por tu luz
aquí, bajo este cielo rojo donde te amo, donde el invierno regresó
el mar durmió tranquilo y los hijos de la noche te vieron encerrarte en mi amor...

De aquí se va mi amor, hacia las arenas blancas en donde duerme el tiempo
ésta es tu esencia de primavera que por tu amor regresó
para escuchar lo que estaba escrito en las cartas de mi corazón...

Así se va mi amor, hacia donde solamente tú esperas
así se va mi amor, caminando despacio hacia la costa de tu cuerpo de Sur
para navegar en tus mares, en una barco de cristal, en busca de tu luz...

Así entre tanta tristeza, soledad y enfermante dolor
así se va mi amor, para persistir por siempre en tus claros ojos de miel
hacia ti va mi amor, para que vivas en él, en tu esencia salvajemente fiel...



Hacia donde va mi amor.
Tiempos de arco iris.

Todos los derechos reservados.

©1997

Amethystium Fable


Gitana enamorada.

Soy sólo una sombra que inconsciente guía tus pasos
soy un alma que te liberará de todo mal, de todo daño
y si te atacan los miedos, si te ahogan las dudas
seré un muro impenetrable que siempre te cuidará...

Es un amor más inmenso que este cielo, que el universo mismo
debe serlo para querer construir con nosotros una sola vida
para querer dormir, soñar y luego despertar
para creer incluso que el amor es aún la eternidad...

¿Hacia dónde vamos? dime en secreto dónde quieres llegar
yo voy hacia la luz, para que a tus pies veas mi sombra
yo no voy a dejar que muera este amor casi infinito
aunque dure tan solo un minuto, sé que me va a importar...

Y mañana, ¿qué será de mañana?
estará aquí o se habrá ido lejos con la noche
entonces te pido que no hables, que no preguntes nada
quédate conmigo en silencio vigilando este amor
dueña de mi vida y mi razón, gitana enamorada...



Gitana enamorada.
Tiempos de arco iris.

Todos los derechos reservados.

©1997

Amethystium Shadowlands


Existencia.

La Luna que te cuida con el valor de un gigante
que aguarda tu sueño inocente todas las noches
me contó de tus sueños de ángel, de tu cariño infinito
que de a poco se levanta, que cambiará todo mi mundo...

La Luna que te cuida, me contó de tus manos pequeñas
que desde el vientre, ya intentan acariciar el sol
sueña con el arcoiris, pequeño hijo mío
porque necesito que sueñes tu existencia, para apagar mi dolor...

La Luna que te cuida, me dijo que preguntaste por este país
aquí podrás correr libre por las costas de los Mares del Sur
podrás esperarme sentado en una roca, enamorado del mar
o podrás guiar mi camino, cuando entre las olas comiences a cantar...



Existencia.
Tiempos de arco iris.

Todos los derechos reservados.

©1997

Amethystium Exultation


Exilio inocente.

En este cielo, de infinitas galaxias y estrellas, te encontré
durmiendo con las manos en el pecho, bajo el rocío de la noche
en esa noche, donde dormías entre los duendes, te encontré
y dormida te conté que siempre supe que te amaba...

De tus sueños, donde de tanto observarte me encontré perdido
sobre un amor de cristales y hielo, sobre un continente blanco e infinito
de este universo donde ahora vives, entre estrellas y más estrellas
amas lo que yo también amo, pero dormida me buscas y no me encuentras...

De todos los tiempos, de toda esta búsqueda y espera interminables
llegué después con los años a tu cama de cristales, hielo y eterno rocío
pensé que me recordabas, pero también soñabas con el olvido...

De todo lo que alguna vez amé, todo lo guardé en el alma por ti
pero dormías sobre la Vía Láctea, entre cometas y rocío
yo me fui porque decías no tener tiempo y preferías el olvido
yo te busqué en otros mundos, y me acostumbré a amarte en el exilio...



Exilio inocente.
Tiempos de arco iris.

Todos los derechos reservados.

©1997

Amethystium Arcus


Estrellas en el crepúsculo.

Cuando duermas bajo un cielo lleno de promesas
cuando duermas esperando despertarte bajo mi luz
con el viento volveré a acariciar tu rostro
cuando no estés, te extrañaré por las noches
pero aquí estaré esperándote, dulce gitana
durmiendo con nuestros hijos en la madre tierra
bajo la última estrella de la mañana...

Cierro los ojos, enciérrame en tus brazos de hada
bésame con el mismo silencio de un sueño
que estoy a tu lado, como siempre estaré, gitana
entonces yo también dormiré sobre tus brazos
y soñaré que mis manos descansan en tu espalda nocturna
y que recorren tu cuerpo infinito, hacia la mañana...

Cuando duermas sobre mí, me sentirás esperándote
con mi cuerpo lleno de tu alma
porque es aquí donde te amo, dulce gitana
bajo la última estrella de la mañana...



Estrellas en el crepúsculo.
Tiempos de arcoi iris.

Todos los derechos reservados.

©1997

Amethystium Ethereal


Este amor eterno.

Cuando no haya tiempos, yo los inventaré para nosotros dos
así el reloj no vuelva a caminar, dejaré en ti una ilusión
para amarte bajo un cielo de eterno deseo, donde brillen las estrellas
para que tu amor inunde mi vida, que aún no está completa...

Tal vez te quedes dormida, yo sabré encontrarte en mis sueños
para decir que te amo, aunque no escuches nada, aunque me quede en silencio
así ambos podremos estar en calma, completamente enamorados
en ese lugar donde el tiempo, como este amor, es eterno...

Cuando no haya luz, yo encenderé una para nuestro hijo
para que ambos podamos darle una sombra, para que duerma tranquilo
entonces volveré a decir que te amo, sin luces y sin tiempos
o como quieras que te ame, con mis palabras o en silencio...

Cuando no haya amor, sabes que siempre estaré para que puedas sobrevivir
sólo para que envejezcas conmigo, para que siempre seas feliz
aunque nada dure para siempre, ni siquiera el silencio
sólo este amor que para nosotros, siempre será eterno...



Este amor eterno.
Tiempos de arco iris.

Todos los derechos reservados.

©1997

Amethystium Autumn interlude


En silencio.

Intenta quedarte en silencio, no pronuncies palabras
porque esta noche es la más larga del mundo, llena de magia
no digas nada, si hoy duendes te invitan a soñar
porque en este bosque encontré el lugar seguro para amar...

Intenta quedarte en silencio, deja que sólo escuche y responda tu corazón
que late con la misma fuerza que el mío
aférrate a mí, porque tu cuerpo de orquídeas y lirios está temblando
no sé si por miedo a la mañana o por frío...

Intenta quedarte en silencio, no pronuncies palabras
porque la música que ahora escuchas, es el coro celeste de las hadas
la reina del bosque se ha dormido, háblame despacio al oído
o háblame con tus manos de hierba, enséñame el infinito...

No prenda la luz, no digas nada, dejemos que dure un poco más el sueño
si no hay bosques en la cama, no importa, constrúyelos con tus besos
pero por favor, no hables en voz alta, no quieras despertar al niño
que duerme en tu vientre, mientras nos quedamos en silencio...



En silencio.
Tiempos de arco iris.

Todos los derechos reservados.

©1997

Amethystium Meadowland


En señal de eternidad.

Soy un poco de cielo y de deseo
dondequiera que  brillen las estrellas, ahí me encontrarás
seré sueño en el silencio de tu cama, en tus pesadillas
yo robaré tus miedos, así aprenderás a vivir...

Para que puedas olvidar, me llevaré tu pasado sin forma
así volverás a florecer en mis manos y mis poesías
yo te enseñaré a volar sin cansarte sobre el mar
entonces gitana, te besaré en el viento en señal de eternidad...

Y cuando despiertes, seré el sol que te alcance desde tu ventana
así junto a mí, gitana enamorada, volverás a suspirar
yo me quedaré con tus besos y con un poco de tu perfume
tú puedes seguir viviendo dentro mío
y puedes quedarte con el mar sobre el que vuelas
y con el viento de mi amor, en señal de eternidad...



En señal de eternidad.
Tiempos de arco iris.

Amethystium Calantha


En mis ojos y en tu camino.

Déjame en silencio, para escuchar el eco mágico de tu risa
así como el viento, tráeme el olvido desde muy lejos
porque llueve sobre el mundo nocturno donde te espero
así en la tierra mojada dibujo la silueta de tu cuerpo...

Entre las fronteras del sueño y del insomnio
espero que digas que me amas, de aquí a la eternidad
y que me lleves por los caminos del mañana
para ser tu amor verdadero, tu principio y tu final...

Déjame en silencio, para perderme en los ojos de la verdad
porque estoy cansado de tantas promesas incumplidas
sólo para que puedas recordarme cómo era soñar...

Entonces muéstrame el arcoiris y dime que eres feliz
yo dejaré mi corazón entre tus manos
acaríciame y piérdeme en tu piel con perfume a mar
así me quedo a dormir en tu luz y no en la oscuridad...

Déjame en silencio, para amarte entre el cielo y el mar
para que vueles conmigo, convertida en ángel y en mujer
para que encontremos la gloria del amor en el más allá
para que me permitas recordarte cómo era soñar...

Porque gitana, éste es nuestro destino
el que vivas encerrada eternamente en mis ojos
el que siempre me veas acompañarte en tu camino...



En mis ojos y en tu camino.
Tiempos de arco iris.

Todos los derechos reservados.

©1997

Amethystium Arcane voices


En las calles del invierno.

Sus pies descalzos recorren las frías calles del invierno
dos lágrimas buscan el mar, pero no hay manos amigas que las puedan secar
sus ojos miran al cielo, en respuesta al dolor que parece volverse eterno
porque la humanidad da pasos gigantes, que él perdió, y no pudo encontrar...

Sus manos piden limosna para acercarse al sueño de la felicidad
pero los rostros ajenos no miran, apuran el paso como queriendo escapar
su risa de niño y antaño se perdió en los años de inapagable dolor
porque se cansó de mirar las nubes esperando que descubrieran el sol...

Su cuerpo de martirio atraviesa los muros del frío y del silencio
busca con su mirada el rincón amigo que por la noche lo pueda abrigar
el cansancio de los mendigos le pesa en el alma
y se recuesta pidiéndole a Dios, que por la mañana, lo ayude a despertar...



En las calles del invierno.
Tiempos de arco iris.

Todos los derechos reservados.

©1997

Amethystium Ilona


En la sombra de tus pasos.

De tanto amarte, tu vida fue apagándose como un tibio atardecer
y huiste ciega de lágrimas sin rumbo fijo, donde no pudiera encontrarte
sé que con el tiempo llegaste a otras ventanas, a otro corazón
y sé que te enamoraste, porque el mar de tu alma dejó de oler a dolor...

Yo en las sombras de tus pasos, me prometí alguna vez querer olvidarte
porque fui sin saber el amor tan libre y eterno que te dejó escapar
yo intenté que alguna vez dejaras tu corazón entre mis manos
para que no te lastimaran las cosas, pero te traje la más cruel soledad...

Nadie jamás dijo que tanto amor, nos lastimó por igual a los dos
solamente que tú supiste encontrar un camino, alguien con quien continuar
yo preferí el silencio, porque de tanto pronunciar tu nombre me quedé sin voz...

Estoy seguro de que encontraste otro hogar, porque el viento no lleva tu perfume
ni el mar se atreve a pronunciarte o a hablarme de ti
el tiempo extendió esta distancia, desde tus ojos cambió todos los lugares
yo tuve que quedarme en la sombra de tus pasos, donde nunca vas a encontrarme...



En la sombra de tus pasos.
Tiempos de arco iris.

Todos los derechos reservados.

©1997

Primeras navidades.

Todo estaba preparado. Aquellas Navidades iban a ser las mejores para él y su familia. Sus hijos iban a disfrutar con los regalos que les había comprado y su esposa, su atractiva y paciente esposa, iba a ser tratada como una reina.

Estaba emocionado. Eran la primera Noche Buena con su familia, los años anteriores había estado trabajando, el negocio iba mal pero por culpa de su trabajo había estado a punto de perder la estabilidad familiar y aquel año iba a ser completamente diferente.
Tras dejar la oficina había alquilado un traje de Papa Noel y conducía por la carretera disfrazado mientras contemplaba a su lado un saco enorme, de color rojo, en el que había metido algunos de los regalos para sus hijos y mujer.
Deseaba que llegara el momento. Ver la cara de sus hijos, la ilusión en sus ojos, la sonrisa de su esposa. Todo debía ser perfecto.
Había mantenido en secreto toda la sorpresa. Todos pensaban que un año más iba a quedarse en el trabajo. Antes de salir de la oficina había llamado a su mujer para desearle una buena noche y antes de despedirse le había dicho:
"Voy a cenar, cuando escuches el claxon tres veces, saca a los niños al jardín"
Y había colgado, sabiendo que su mujer quedaría confusa y extrañada. Pero ésa era su idea. Se lo comunicaría a sus hijos y todos estarían expectantes.
Cuando se aproximara tocaría la bocina tres veces y al ver a su familia en el jardín, todos verían salir a Papa Noel del coche, con movimientos graciosos que previamente había ensayado y con un saco lleno de regalos y sorpresas.
En ese mismo momento, cuando los ojos de su mujer se llenaran de lágrimas, cuando las amplias sonrisas cubrieran el rostro de sus hijos, en ese mismo momento, un grupo de payasos que había contratado aparecerían en el jardín portando más regalos.
Pero eso no era todo.
La música no podía faltar y un repertorio completo, dedicado a su preciosa mujer, irrumpiría sin mayor demora adornando aquella envidiable escena.
¡Era Navidad!.
¡Las primeras con su familia!
Todo estaba perfectamente organizado. Todo saldría bien. Nada podía fallar. Iban a ser las mejores fiestas para él y su familia.
Pero surgió un imprevisto.
Algo que no estaba preparado. Algo trágico.
Mientras conducía preso de la emoción, ilusionado, un perro cruzó la carretera y el hombre quiso esquivarlo para evitar atropellarlo.
Giró el volante bruscamente mientras pisaba el freno. Las ruedas rugieron arañando el asfalto y el vehículo comenzó a elevarse saltando por los aires a causa de la velocidad que llevaba. Golpeó con el techo sobre la carretera y siguió girando varias veces hasta quedar detenido junto a un árbol.
El hombre se había golpeado fuertemente en varias partes del cuerpo, incluida su cabeza, que recibió un impactó brutal al salir despedido del coche.
No llevaba el cinturón de seguridad y su cuerpo fue expulsado. Atravesó el cristal y volvió a golpearse en la cabeza contra la carretera, partiéndose el cuello y muriendo en el acto.
El perro huyó asustado perdiéndose en la oscuridad de la noche.
Unos payasos esperaban el momento señalado para entregar los regalos.
Los músicos afinaban sus instrumentos esperando la ocasión.
El cuerpo de un hombre vestido de Papa Noel yacía inerte en mitad de la carretera mientras la lluvia golpeaba su rostro con violencia y sarcasmo.
Dos niños esperaban sentados en la mesa la llegada de su padre.
Una mujer miraba por la ventana esperando escuchar la bocina del coche de su marido, ofreciendo la señal. Ella también tenía una sorpresa para su marido. Se agarró el vientre con las dos manos y sonrió repleta de felicidad mientras seguía mirando hacia el exterior esperando la llegada...

Juego de niños.

Fue un 3 de marzo del año 2005, recuerdo que como todas las noches llegaba del trabajo a mi casa a descansar, como todos los días, mi jornada laboral había sido agobiante y regrese exhausto. Para no variar, la hora de llegada a mi lugar de descanso fue a las 21:45 y como siempre o en la mayoría de las ocasiones me dispuse a preparar mi cena consistente en algunas quesadillas y agua con sabor a limón, que no es precisamente natural.

Pocas veces repare en la estructura general de la casa, pues tenia poco tiempo viviendo allí, pero era pequeña en general, pero con espacio suficiente para ser habitada cómodamente por una familia pequeña, así que para mí era perfecta, constaba de dos plantas, en la planta baja estaba la sala, donde pasaba la mayor parte de mi tiempo libre leyendo o escuchando música, la pequeña cocina, el comedor, un baño minúsculo pero funcional y una recámara que utilizaba como vestidor y cuarto de almacenaje el cual nunca arregle derivado de la desidia de ver tantas cosas amontonadas, alguna vez algún amigo le llamo "La Dimensión Desconocida" por aquello de que nunca se sabe que podría pasar allí dentro. La planta alta únicamente tenía una recámara la cual me servía para ver la televisión y dormir.
Cene tranquilo y como todas las noches encendí el radio para escuchar el programa "La Mano Peluda" que se transmite de 22:00 a 24:00 hras. Un programa de historias de miedo supuestamente verídicas que el auditorio cuenta a través de sus llamadas telefónicas. Hacia un año que lo escuchaba, pero nunca por una cuestión esotérica o de creencias paranormales de mi parte, sino por que me entretiene en mi espera por conciliar el sueño esperado, pero como en muchas ocasiones el programa terminó y no conseguí dormirme.
En aquella ocasión no recuerdo alguna historia que impactara mis sentidos, es más, creo que ninguna de ellas llamó realmente mi atención o que me sugestionase lo suficiente para encontrar una explicación lógica a los acontecimientos que ocurrieron después y que aún no alcanzo a comprender desde donde me encuentro.
Al terminar el programa procedí a apagar el radio, acudí al sanitario para asearme, ya que en una ciudad tan calurosa como en la que vivía era necesario ducharse para dormir tranquilo y así lo hice, al terminar cepille mis dientes y seque mi cabello, doble mi ropa y tendí en el patio trasero la toalla, finalmente me puse mi ropa de dormir que consiste únicamente en un short color azul, el de batalla.
Una vez limpio apague la luz del baño y procedí a servirme un poco de agua para tomarla durante la noche, para apaciguar la sed de madrugada, una vez con mi vaso en la mano apague las luces y subí a mi habitación a probar si mi suerte mejoraba y el sueño llegaba al estar viendo la televisión, cuya programación, por cierto, después de la media noche solamente consiste en ventas por teléfono que para un comprador tan poco entusiasta como yo no tardan en generar aburrimiento proseguido de un sueño profundo y reparador.
Y así sucedió, pronto empecé a sentirme relajado mis ojos comenzaron a cerrarse y al final me quede dormido...
Lo primero que recuerdo es despertar por las ganas de ir al baño, creo que bebí demasiada agua, así que de mala gana me levanté y bajé las escaleras pera dirigirme al baño. Como ya lo había mencionado, la sala de la casa era pequeña como todo lo demás, tenía tres sillones de madera, dos ellos para una persona y el otro, más grande, para dos, contaba también con tres pequeñas mesas de madera con algunos adornos, principalmente compuestos por aquellos que amigos me regalaban como recuerdo de sus viajes, la única vista al exterior era una ventana cercana a la escalera, por la cual entraba la luz del faro de la acera de enfrente, lo suficientemente intensa para permitirme caminar sin necesidad de encender la luz interior. Entre la ventana y la escalera, tenía una pequeña mecedora de madera y sobre ella una muñeca de plástico de vestido azul con vivos blancos que reposa suavemente, inmutable siempre a mi presencia, aunque en realidad yo tampoco me fijaba mucho en ella, pero en esta ocasión realmente llamó mi atención ya que la pequeña mecedora se mecía suavemente como empujada por el viento produciendo un leve rechinido casi imperceptible, pero además me percate que la muñeca se encontraba en una posición diferente casi acostada, sin embargo el movimiento pudo hacerla caer levemente así que no le tome importancia, la acomode de nuevo y seguí mi camino al baño.
Entré, encendí la luz y realice mis necesidades una vez satisfecho el acto, cogí la palanca, abrí la puerta y apagué la luz, al darme vuelta escuché el rechinido aun más fuerte y miré la mecedora y la muñeca seguía ahí, en ese momento me sentí nervioso pero al ver que todo estaba normal decidí regresar a lo que por fin había conseguido... dormir, pase junto a la mecedora en mi camino a la escalera y comencé a subir cuando el rechinido se escuchó de nuevo, no corría viento afuera así que me empecé a poner más nervioso, aún no se porque sin embargo comencé a tener una sensación extraña, algunos lo llaman presentimiento, sólo sé que algo en mi no me permitió seguir subiendo, así que comencé a descender poco a poco hasta llegar de nuevo cerca de la mecedora y fue cuando la vi, allí debajo de la escalera una pequeña mano apareció y meció la silla, la primera impresión que tuve fue de asombro y no lo niego, algo de miedo, me eché hacia atrás y la mano se metió de nuevo, me talle los ojos y mire de nuevo pero no vi nada, así que me acerque un poco para observar debajo y ahí acurrucada bajo la escalera, iluminada medianamente por un pequeño alo de luz que ingresaba a través de la venta, una pequeña niña se agarraba las rodillas temblando, tenia el cabello castaño y enmarañado, su vestido blanco estaba roído y el encaje que lo rodeaba colgaba de los lados, se veía sucia... desamparada, no tenia zapatos pues se alcanzaban a ver las puntas de sus pequeños dedos.
El miedo que sentí al principio se convirtió en compasión así que me acerque aún más y le hable, le pregunte qué estaba haciendo ahí, que como había logrado entrar en la casa, pero no respondía seguía en la misma posición como si no oyera lo que le decía, me acerqué otro poco e intente tocarla, sin embargo se metió más en el hueco de la escalera, así que pensé dejarla un rato en paz hasta que lograra su confianza, me senté en el sillón frente a ella y vi como volvió a mover la mecedora así que le pregunte si le gustaba la muñeca y por primera vez asintió con la cabeza, así que le dije que si salía de ahí se la regalaría para que se la llevará a su casa y de pronto se giró y vi su rostro por primera vez, era de tez blanca demasiado diría yo, sus pequeños ojos se veían obscuros por la poca luz pero demostraban una profunda tristeza su pelo enmarañado cubría gran parte de su rostro, pero no tanto como para no distinguir su expresión melancólica, de repente se empezó a mover hacia la muñeca y la tomo en sus manos poniéndose de pie frente a mí.
No se como explicarlo pero comenzó a hablarme, escuchaba su pequeña voz diciéndome: no tengo a nadie, estoy sola, no tengo con quien jugar. Esas pequeñas frases las repetía una y otra vez hasta que me percate de que realmente no movía los labios de alguna manera hablaba sin hacer ningún sonido pero de alguna manera le entendía al principio pensé que no alcanzaba a verla bien por la escasa luz de la sala, así que decidí encenderla para verla mejor, sin embargo al levantarme la pequeña voz dijo: No por favor no hagas que me valla, no tengo con quien jugar, le respondí que era mejor jugar con luz así podríamos ver bien lo que hacíamos y podría también darle algo de comer, le pregunte si tenia hambre y solo me respondió: juega conmigo no tengo con quien jugar.
Intenté acercarme a ella pero de nuevo volvió a decir: no hagas que me vaya, no tengo con quien jugar, esta bien le respondí, pero no puedo jugar contigo si no me acerco, sólo mira, me dijo. Asentí.
La pequeña niña se arrodillo y comenzó a subir y bajar la muñeca y la mecía de un lado a otro, el rostro de la niña se transformó, la profunda tristeza por primera vez se convirtió en alegría y la luz del farol cerca de la ventana le pegaba en el rostro haciéndolo más visible, y así estuvo durante un rato no se cuanto tiempo, sin embargo de repente se detuvo y me dirigió una mirada que reflejaba la felicidad en su rostro y me dijo: ahora ya tengo con quien jugar y esta vez será para siempre, le respondí: claro que sí, la muñeca es tuya llévatela si quieres, además mañana puedo llevarte a tu casa o a donde vivas y la muñeca se va contigo, pero ella no respondió solo me miraba con cara de alegría, pero entre más reía el rostro se comenzó a trasformar en una cara de malicia, sus cejas comenzaron a arquearse, su sonrisa comenzó a hacerse mas afilada y sus ojos, aquellos ojos que despertaron compasión en mi, comenzaron a tener un brillo extraño ahora no eran tiernos sino malvados, y entonces la luz del farol alumbro más su rostro y por primera vez sentí miedo, terror, estaba completamente deformado y entre una mueca de su boca alcance a oír: ahora tengo un nuevo amigo y me lo llevaré conmigo para jugar por siempre.
No recuerdo más sólo la voz diciéndome que jugará y la oscuridad inmensa que me envolvió después. Cuando encontraron mi cuerpo yacía al lado de la mecedora, la muñeca estaba sobre ella como siempre lo había estado, no se cuanto tiempo habrá pasado solo se que desde ese entonces somos muchos los que tenemos que jugar con ella de este lado, aunque muchas veces nos deja solos pero siempre regresa con alguien más, ahora se que esto no terminará jamás.
Cuando la luz de la computadora me despertó el cursor titilaba al final de los tres puntos suspensivos, mi confusión creció, no recuerdo haber escrito nada, de hecho mi cerebro se bloqueó y decidí dormir para aclarar mis ideas, pero cuando terminé de leer algo se me hizo muy familiar y de repente escuché un rechinido de la pequeña mecedora que se encontraba al lado del final de la escalera de la casa en la que ahora vivo y que alquilé amueblada hace apenas dos semanas.

El tercer día.

Un relato imposible para un mundo posible.
- Magnífico, un nuevo ascendido. Cuéntanos como ocurrió.
- Dadle tiempo, todavía está en el tercer día.
- ¿El tercer día?
- Sí, el tercer día después de tu..., bueno, el tercer día. Pronto, el tiempo ya no te importará tanto.
- Aunque te resulte duro recordarlo de nuevo, créeme, Luis, te sentirás mucho mejor después de contarnos lo que te ha ocurrido en los dos últimos días.
- Los dos últimos días... mi memoria está muy confusa. Todo parece tan extraño, tan poco corriente, tan imposible..., y sin embargo, sé que es cierto. Lo sé. Trataré de relataros estos dos últimos días.
Mis amigos y yo salíamos del cine, cuando ya era de noche. Serían casi las dos de la mañana. Algunos ya se habían marchado. Sólo quedábamos tres: María, José y yo. Tenía prisa por llegar ya que tenía que madrugar para estudiar. Ese fue el motivo de mi imprudencia.
Íbamos hablando de los estudios, de los exámenes que se acercaban. Caminaba sin mirar, así que llegamos a un paso de peatones. Comencé a cruzarlo, insensato de mí, sin preocuparme por la circulación de aquella noche. Sólo reparé en mi descuido cuando oí mi nombre a mi espalda.
"¡Luis!", gritaron. Fue una mera cuestión de reflejos. Miré a la derecha, distinguí los faros de un coche que se acercaban a gran velocidad, cegándome. Noté como mi corazón se había disparado, incitado por la descarga de adrenalina. Mis pupilas se dilataron. Mi piel palideció.
Emprendí el camino de vuelta. A mí me pareció que mis piernas se movían con extremada lentitud, pero mis amigos me dijeron poco después que corrí como el viento. Me recriminaron y me reprendieron por mi imprudencia. Yo sólo contemplé, todavía cardíaco, como se alejaba el vehículo y se
perdía entre las calles.
Esa noche tuve serias dificultades para conciliar el sueño, y cuando lo hice, mi subconsciente reprodujo extraños y confusos sueños. Esa noche fue como si con mis sueños hubiese hecho un repaso de toda mi vida, ya que soñé con los momentos más relevantes de la misma. Cómo aprendí a andar, el
primer diente de leche que se me cayó, mi primer amigo, mi primer día de colegio, mi Primera Comunión, el día que conocí a María. Al despertar, lo recordaba todo con asombrosa claridad.
Y así, inicié mi ritual habitual. me aseé, desayuné y comencé a estudiar. Todavía era temprano, por lo que no me sorprendió ver que mis hermanos y mis padres siguieran durmiendo en aquella mañana de domingo. Pero sí hubo algo que me llamó poderosamente la atención. Todas las puertas de mi casa
estaban cerradas. Todas. Y las persianas estaban bajadas, obligándome a ir encendiendo las luces de los pasillos. De inicio, no hice más que preguntarme el motivo de todo aquello, pero rápidamente la urgencia del deber desplazó a esa preocupación y me fui a mi habitación a estudiar.
Fueron pasando los minutos, que se convirtieron en horas. Me inquietaba que mis padres y hermanos no se hubieran levantado aún. Yo mantenía abierta la puerta de mi habitación, dejando que la luz del flexo que alumbraba mis apuntes iluminara también aquel pasillo tan oscuro, tan oscuro...
Era casi la hora de comer y no se oía nada en mi casa, algo completamente fuera de lugar, sin duda. Se me ocurrió levantar las persianas de mi casa, a ver si con el ruido despertaba a alguien. Además, aquella oscuridad me inquietaba y me angustiaba sin saber por qué. Pero no pude. En el momento en el que iba a levantar una de las persianas del salón, mi mano se detuvo en el aire. No podía hacerlo. Era superior a mí, y cuánto más lo intentaba, más me costaba recuperarme de esa sensación. Algo totalmente nuevo para mí. Miedo por no saber lo que me encontraría si levantaba esa
persiana. Bueno, no era por no saber lo que me encontraría, pues sí lo sabía, era miedo por no poder soportarlo. Sudaba, mi corazón se aceleraba, me lloraban los ojos, mi garganta se secaba y unos pensamientos temerosos me invadían. Me quedé un rato así, sin saber qué hacer y con la creciente seguridad de que algo terrible había sucedido, estaba sucediendo o iba a suceder.
La verdad es que perdí la noción del tiempo. Estaba sentado en el suelo, con la espalda apoyada contra la pared. Mi mente deliraba con pensamientos ajenos a mi voluntad. Lo notaba. Estaba perdiendo la razón y la conexión con la realidad. Oía voces, voces que aparecían y desaparecían, dejando conversaciones a medias, como si fueran arrastradas por el viento y llevadas hasta mí.
Ignoro cuánto tiempo estuve así, ni si ya era de noche, porque la oscuridad de mi casa era perpetua. tampoco comí nada más, no lo necesitaba, lo sabía, no sé por qué, pero lo sabía. Volví a dormir, pero al despertar no guardaba el recuerdo de ningún sueño. La casa seguía exactamente igual.
Una de las voces que escuchaba permaneció más tiempo que las demás. Parecía que se dirigía a mí. Me costaba entender su significado, ya que aquella voz sonaba lejana, débil. Al fin, descifré lo que me decía, gracias a que repetía su mensaje una y otra vez. "Sigue el camino de la ascensión."
Para mí, no significaba nada, al menos nada que pudiera comprender. Sin embargo, tenía la extraña sensación de que su significado, así como el motivo de todo lo que estaba ocurriendo, se encontraba tras las puertas cerradas de mi casa.
Me levanté y caminé hasta que los pasillos acabaron en la última puerta, la del cuarto de mis padres, como un río desembocando en un mar cuyo delta se hallaba obliterado, taponado por oscuras y terroríficas verdades, verdades que se me habían negado conceder, pero que en ese momento me
disponía a conocer.
Agarré con fuerza el pomo de la puerta, y cuando ya comenzaba a experimentar esas singulares sensaciones antes vivenciadas, me armé de valor y la abrí.
La habitación también estaba a oscuras, como el resto de la casa. No obstante, a pesar de la falta de luz, podía distinguir con preocupante claridad lo que había entre tinieblas. Una figura me observaba, de pie, carente de expresión, con un rostro tan pálido que asemejaba a la luna en
el cielo nocturno.
Un repentino terror me invadió, privándome de movimientos voluntarios. Sólo podía contemplar aquel rostro en la oscuridad.
"Luis", me dijo. "Llegó tu hora." Su voz, sin acento, ni entonación, ni ritmo alguno, me hizo temblar de miedo. Esa voz no era la de un hombre cualquiera.
Yo no sabía qué hacer ni qué decir, así que dije lo primero que se me pasó por la cabeza. "¿Dónde está mi familia?"
"En este momento, tu familia no está a tu alcance, pero tendrás ocasión de despedirte de ellos."
"¿Despedirme?", dije yo. Poco a poco, sentía cómo la verdad se dejaba ver. Empezaba a comprender.
"Sí. Tenemos que partir y comenzar con tu ascensión. Verás, Luis, ha ocurrido algo muy importante en tu vida, algo para lo que quizá no estuvieses preparado, pero ese algo forma parte de nuestra condición de mortales. Sin embargo, no seré yo el que te lo indique, sino tú. Tú debes descubrir qué ha sucedido."
Imágenes fugaces se insinuaban en mi mente consciente.
Me resultaba imposible apartar la vista de aquellos ojos tan insólitos, profundos, misteriosos, repletos de conocimiento, pero con la evidente ausencia de todo sentimiento.
"¿Qué ha ocurrido?", pensaba. Nada anormal, salvo..., que casi me atropella un coche. De nuevo, recreé en mi mente la imagen de los faros del coche, acercándose. Rápidamente, deseché tales pensamientos, preguntándome a mí mismo la razón de aquella resistencia.
"¿Por qué no quieres pensar en ello?", me dije, iniciando, sin pretenderlo, una conversación con mi Otro Yo.
"Porque es una tontería."
"¿Ah, sí? Yo no pienso lo mismo."
"Me da igual lo que pienses."
"Espera, espera, no nos precipitemos. Tan sólo te pido que pienses en lo que realmente ocurrió aquella noche."
"No ocurrió nada. Llegué a mi casa, me dormí y empecé a soñar, sólo que todavía no me he despertado. Sí, estoy soñando todavía."
"No. Estás despierto, lo sabes muy bien. Lo que pasa es que tratas de retrasar lo inevitable."
"¿Lo inevitable?¿De qué demonios hablas?"
"Sabes de qué te hablo. ¿Por qué no lo reconoces?¿De qué tienes miedo?"
"Sólo es un sueño."
"El cruce, el coche, la oscuridad. No miraste si venía algún coche y cruzaste."
"Cállate."
"Tus amigos te avisaron, gritaron tu nombre."
"¡Cállate!"
"Un coche se acercaba."
"¡No quiero oírte!", "No reaccionaste a tiempo."
"¡¡NO!!"
"Y no sentiste dolor. Todo fue muy rápido."
"Por favor, déjame en paz."
"Descansarás en paz", habló el extraño ente que tenía ante mí.
Abrumadoramente mareado, confuso, desorientado, con la visión borrosa, alcancé el cuarto de baño, y cuando me coloqué frente al espejo, retrocedí espantado. Ante mí se reflejaba un rostro terrorífico, fantasmagórico, de una palidez cadavérica. Mis músculos faciales denotaban los signos del rigor mortis. Cuando palpé ese rostro muerto, mis manos se mostraban rígidas y huesudas. Sin embargo, esa apariencia sólo se encontraba en el espejo, ya que al contemplar mi cuerpo directamente, sin que el espejo intercediera, era el de una persona normal, viva.
¿Cuál era la imagen verdadera? En cualquier caso, una parte de mí me traicionaba, y esa parte era mi visión. El espejo no mentía. Estaba muerto, sí, de eso no había lugar a dudas. Pero la situación era que estaba en mi casa, encerrado, solo, sin luz. No alcanzaba a comprender, así que volví a donde estaba el ente, que no se había movido siquiera.
"Estoy muerto", le dije.
"Sí."
"¿Y qué hago aquí?"
"Estás comprendiendo. Tu mente ha abandonado el cuerpo en el que ha residido durante diecisiete años, y necesita tiempo para liberarse de las pesadas cadenas de la carne. Todos, al morir, pasamos por una experiencia similar a la tuya, aunque distinta."
"¿Por qué estoy en mi casa?"
"Realmente no es tu casa. La casa que conocías está a otro nivel, el nivel de los vivos."
"¿Me he convertido en un espíritu?¿Vagaré por mi casa eternamente?"
"Eso depende de ti. Hay mentes más cerradas que otras. Respóndeme a esta pregunta: ¿te parece que estés soñando?"
"Ya no."
"Ahí está la clave. Todavía nos resulta un misterio intrigante pero, ¿sabes lo primero que hacemos después de morir?"
"No."
"Soñar. La muerte es como un sueño, un sueño del que tú has conseguido despertar. Normalmente, la mente de una persona recién fallecida pasa por un tiempo de transición de tres días. En el primero, despierta del sueño eterno; en el segundo, descubre que ha muerto. Tú estás en el segundo día."
"Los que no despiertan o no reconocen su muerte, ¿qué les pasa?", inquirí, sabiendo de antemano la respuesta.
"Esperar al día en el que lo descubran, aunque hay mentes que llevan mucho tiempo intentándolo."
"Tú, ¿quién eres?¿por qué me ayudas?"
"Yo soy el responsable de guiarte en este camino que ya has iniciado. Soy tu luz perpetua."
"¿Mi luz perpetua?"
"Tu espíritu guía."
"Hace un momento dijiste que se necesitaba un tiempo de transición para desligarse por completo del mundo de los vivos. Ese tiempo es de tres día, ¿no?"
"Exacto."
"Bueno, ya he pasado por los dos primeros. ¿Qué me espera en el tercer día?". En ese momento, el inmutable rostro sonrió débilmente, o eso me pareció, antes de contestarme.
"Lo descubrirás muy pronto."

El libro del destino.

Rodolfo era un chico muy inteligente, había planeado toda su vida desde pequeño y ahora a sus 24 años vivía en una casona vieja que le había vendido un hombre muy sombrío.

Una noche, al terminar de desempacar decidió salir a explorar la inmensidad de su nuevo "hogar" y en el ático se encontró muchas fotos de unas cincuenta personas, quizás más, al fondo en una mesa de madera encontró un viejo libro, sus portadas estaban hechas de cuero y sus hojas habían amarilleado con el tiempo, lo abrió y para su sorpresa encontró de titulo:
"Rodolfo Morales V", era su nombre, ¡¡su nombre!!! ¡¡caray!, exclamó entre asustado y sorprendido.
¿Seria una broma?, ¿casualidad?...
Pronto descubrió que no se trataba ni de una broma, ni de una simple casualidad.
Al darle vuelta a la hoja vio detalles de su vida, plenamente específicos, su infancia, donde, quien había sido su primer novia, toda su vida estaba reflejada en ese misterioso libro.
El terror vino cuando llegó a la parte donde decía:
"entonces llegó a la casa, grande, el hombre sombrío se va corriendo, tal vez jamás regrese..."
"el encuentra muchas fotos, esta curioseando más y más y su destino está por ser revelado".
"Ha visto el libro y sus portadas, sus hojas y parece que va a ojearlo"
Rodolfo está seguro que esto no es casualidad, suena un trueno, la luz se va y él enciende una lámpara de aceite, seguidamente lee las últimas seis páginas.
"En la escalera del ático va subiendo la sombra del destino, con una daga omnipotente, en una mano trae una hoja de papel, amarillento".
A punto de terminar lee:
"entonces, la lámpara se apaga y, la vuelve a prender, en ese preciso instante, cuando lee el último párrafo enmudece:
"entonces el muchacho lee el párrafo y detrás suyo esta la muerte clavándole la daga, todo por su maldita curiosidad"
La lámpara cae, hay un incendio pero alcanzan a salvar la funesta casa.
Hoy ha llegado una mujer, le encanta la lectura, el destino aguarda...
FIN?

Doble creer.

Aquí me encuentro corriendo al viento, todo es real. Semanas atrás pensé seriamente en mi locura pero ahora todo parece pegar un giro de comprensión. Esto que veo, ahora, no es más que el verdadero "demonio".
Claro, desde un principio estuve equivocado, pero ahora todo cierra; lo que veía no era más que mi reflejo.
Días anteriores a esto yo era, para así decirlo, normal. Aunque todo esto sonase extraño vivía bien; tenia un buen trabajo, buenas mujeres y el dinero que quisiese. Pero esto terminó cuando conocí a aquel hombre.
A este me lo encontré una noche veraniega en un bar de la ciudad de Buenos Aires.
Yo estaba sentado junto a la barra cuando de repente sentí que alguien tocaba mi hombro, alcé la vista y contemplé a un hombre de aproximadamente cuarenta años; llevaba puesto un sobretodo y el pelo algo enmarañado.
Su aspecto no me impresionó para nada, al contrario, me pareció algo de agrado.
Este se corrió el pelo y luego de mirar hacia ambos lados dijo:
¿Es usted...Eric Savinsqui?
Si, clarorespondí obviamente.
Buenas noches, mi nombre es... bueno digamos usted me va a llamar Sacio.
¿y que desea el señor Sacio? le dije irónico.
Mire usted, lo que le vengo a proponer es algo que seguramente usted no escuchó, o sea que con esto quiero decir que preste suma atención.
Algún día de estos usted recibirá un llamado, el mismo va a ser de mi agente, lo que usted tiene que hacer es...
¿Qué? ¿Está loco?, como va a pensar que yo voy a seguir sus instrucciones – Le dije.
Como decía, lo que usted tiene que hacer es esperar aquel día, yo ahora solo puedo responderle algunas preguntas, tres exactamente.
¿Cómo que solo tres?
Si, y le quedan solo dos.
Bueno... ¿Qué gano con todo esto?
lo que desees, todo lo que desees.
Y... ¿Qué sacrificio debo cumplir?
Ninguno, solo apoyar al clan status.
¿clan status?
se te acabaron las preguntas y se marchó.
Se marchó sin más explicación que esas dos míseras respuestas, ¿pueden creerlo? Se fue y nada más.
Luego de aquel encuentro con Sacio decidí marcharme a casa, pregunté al muchacho del bar por un taxi y me encaminé a la puerta.
Tuve suerte, el taxi llegó al instante, pero mis dudas acerca de aquel hombre no se fueron pasadas las semanas.
Recordé entonces que alguna vez había visto a aquel hombre. Si, era ese que había visto en una convención, la convención de las máscaras de la media noche.
Esta convención se realizaba una vez al año y en la misma se encontraban todo tipo de escritores dedicados al género fantástico, yo recuerdo haber ido ahí solo con curiosidad, pero aprendí diversas cosas y seguí asistiendo año tras año.
Entonces recuerdo haberme cruzado con aquel hombre, lo recuerdo bien porque llevaba el mismo sobretodo de aquella noche.
<< ¿Pero que habrá querido de mi? ¿A que se refería con el clan status?
Bueno, seguro lo sabré el día de mi llamado>> pensé una y otra vez.
Ese día no tardó en llegar, una mañana en la que me encontraba desayunando junto a una mujer que había conocido la noche anterior, sonó el teléfono del hotel donde me alojaba.
Atendí y oí la vos al otro lado del tubo, era una persona de aproximadamente cincuenta años, según estipulé en ese momento.
Esta persona delicadamente dijo:
Hoy a las cuatro de la tarde en el jardín del Sufragio.
¿en donde? pregunté apurado, y entonces colgó el teléfono.
Tomé la guía telefónica y empecé a buscar algún lugar con ese nombre.
Rato mas tarde lo encontré, era un hotel cercano a Caballito, el mismo me quedaba sólo a algunas cuadras del hotel donde me hallaba.
Llegué puntualmente, en la recepción pregunté donde se hallaba el jardín.
El encargado me dijo que sólo podían pasar huéspedes e invitados, yo le dije mi nombre y enseguida me dirigió hacia donde se encontraba sentado un hombre que parecía tener mi edad.
Estaba recostado sobre una posadera de metal, yo caminé titubeando y antes de llegar éste se dirigió hacia mí.
Pensé que no vendrías.
¿Y por que pensaría usted algo así de mi? dije poco convencido.
Porque dudaste cuando te di la orden.
¿Qué orden? Yo solo vengo a escuchar su propuesta.
Por supuesto, la propuesta que tengo para hacer es digamos un cambio.
¿que clase de cambio?
un simple cambio, usted nos da toda su confianza y nosotros lo que usted busque.
Pensará que es muy simple pero para demostrarnos su confianza deberá realizar una prueba.
¿Y que clase de prueba?dije dudoso
El se acomodó nuevamente en su posadera y dijo:
Su prueba va a ser entregarnos su alma.
¿Mi alma?, ¿y como quiere que haga eso?
usted no debe hacer nadame dijo.
sólo debe pronunciar algunas palabras y el resto nos corresponde a nosotros.
¿Quiénes nosotros?
Al clan status, claro.
Quedé pensando un instante y decidí aceptar su proposición, yo igual no creía en nada de aquello de las almas y esas cosas.
Bueno, digamos que acepto ¿Cuándo tendría los beneficios?
Desde el momento en que acepte.
Bueno, entonces acepto dije sin saber a que me arriesgaba.
Luego de pronunciar unas cuantas palabras que me indicaron todo parecía normal. Y un rato más tarde llegó quien había dicho llamarse Sacio.
buenas tardes, aliado. dijo entonces.
buenas tardes. dije sin consultar nada.
Ha tenido mucho valor al aceptar, ya que a muchos de los que les proponemos esto salen corriendo inmediatamente.
Si, pero me gustaría saber algo mas acerca del clan status.
El clan status no es mas que una mentira que se me ocurrió cuando lo vi, en realidad mi nombre es Nosferatus, señor de las tinieblas, dueño del infierno y la maldad. En ese preciso instante su rostro empezó a tornarse diferente, como el de un monstruo diría yo, su cara de persona normal cambio totalmente para revelar a la criatura mas asquerosa que vi en mi vida. Al instante caminé algunos pasos hacia atrás, pero era tarde, no podía huir, el se encontraba frente a mi con sus ojos clavados en los míos.
¿Le sorprende, no es así?
Mi boca tembló junto a mis manos y entonces dije:
Esto no puede ser real debe ser mas que un sueño.
Para tu desgracia es todo lo contrario, no es más que la cruda realidad.
Yo soy el demonio, tu el hombre y me alimento de la vitalidad de tu alma.
¿y mis beneficios?
Los tendrás, solo pide lo que deseas y te lo concederé. Tienes solo dos peticiones para hacerme.
Pensé un instante, tenía todo a mi alcance, pero las posibilidades eran muchas y tendría que elegir correctamente.
Me decidí entonces por pedir dinero y mujeres.
Entonces eso tendrás. Y se retiró instantáneamente.
Pasados los dos primeros días no noté diferencia en mi vida, todo seguía siendo normal, pero al tercer día, cuando me dirigía a comprar algunas cosas encontré en mi bolsillo una pequeña boleta de lotería.
La boleta era del día anterior así que decidí ir a la agencia para ver si tendría algún premio.
La chica que me atendió quedó estupefacta al ver la boleta. Si, la boleta era la ganadora.
Ha ganado más de cinco millones de pesos, dijo ocultando su emoción.
Si, ¿Cómo hago para retirar el premio?
Usted vaya tranquilo, la organización de lotería lo llamará, déjeme su número para que podamos comunicarnos con usted.
Como era de imaginar la noticia corrió rápidamente y antes de darme cuenta mi casa estaba rodeada de noticieros.
¿Qué se siente haber ganado tanto dinero?, preguntó uno.
¿Qué piensa hacer con lo que ganó? decía otro.
Las preguntas caían sobre mi cabeza, mientras yo sólo quería descansar.
Había sido una semana muy dura, primero lo de Nosferatus, luego esto.
Todo encajaba, mi primer deseo se estaba cumpliendo al pie de la letra.
Y claro, nada me extrañaba, lo que había presenciado tres días atrás alcanzaba para creer todo lo que me dijesen.
Al día siguiente todo parecía estar nuevamente en su lugar, pero al salir a la calle nuevamente me asechaban los medios. Yo no quería hablar, ¿Qué podía decir?, gané la lotería y estoy feliz, que estupidez.
Evadí todas las miradas posibles y decidí marcharme a alguna provincia tranquila, con respecto a los medios.
Así fue, un día mas tarde estaba en Entre Ríos en una ciudad llamada Paraná, allí pase varios días disfrutando del dinero, estando hasta con tres mujeres en mi cama y sin preocupaciones.
Las cosas parecían encaminadas, pero a una semana de haber llegado a Paraná me empecé a sentir mal físicamente.
Entonces decidí ir al médico, el me hizo unos estudios que pase a recoger a los dos días.
Como sospeché en algún momento el diagnostico fue VIH positivo. Si, estaba muy enfermo y no tenía cura.
Me sentí desesperado y comencé a buscar por todos lados al tal Nosferatus.
Pedí y grité a los siete vientos, entonces apareció en mi habitación.
Le dije mi petición, tenía que acordarse de que aun me quedaba una.
Pues no cumplió, sólo me dijo que tenía lo que merecía, que una persona que vende su alma no tiene derecho a vivir.
Enfurecido empecé a soltar gritos de odio, pero el sólo se desvaneció.
Quedé de rodillas en mi habitación, llorando y pidiendo perdón a Dios.
Mi cabeza comenzó a trabajar e ideas locas comenzaron a surgir.
< Eso es lo que haré: contagiaré, por lo menos a una persona. >>
Empecé a enloquecerme con esta idea, tomé una aguja y me encamine a una plaza cercana al hotel.
Allí vi a una pareja sentada, estaban tomados de la mano y parecían tener unos dieciséis años.
Me les acerqué y les pedí fuego, la chica me lo dio cortésmente y en ese preciso instante pinché mi brazo con la aguja y luego a la chica.
La reacción de la misma fue inmediata y el chico sólo me pegó.
Caí desmallado en el pasto y un rato mas tarde desperté en la comisaría.
Me encontraba en mi celda, rodeado de policías y en ese instante comencé a reflexionar. Lo que había hecho no era más que una locura.
Pasaron días y me hallaba frente a una corte, yo muy ingenuo conté todo detalladamente.
Claro, el juez se rió en mis propias narices, era ilógico defenderme contando mi experiencia con Nosferatus.
Me llevaron con un psiquiatra, y el me dijo:
ya deja de creer eso que estas diciendo, tu nunca saliste de Paraná, nunca ganaste la lotería, nunca viste nada fuera de lo común.
Todo lo creaste con tu mente.
En ese instante mi cabeza empezó rebobinar como una película, el doctor tenia razón, nada había pasado.
Sólo había tenido un ataque de locura y amnesia.
Por esto me veo obligado a escribirles esto, a demostrarles lo que puede causar el doble creer.
Ya que el único demonio al cual había mirado de frente había sido mi propio reflejo.

Miedo a la oscuridad.

Carolina pasa - Dijo el doctor.
- ¿Qué tal estás?.
Mucho mejor, las nuevas pastillas me dejan algo atontada pero duermo de maravilla, se me han acabado venia a ver si....
- ¿Y si hacemos un trato?- contesto el facultativo.

- Pásate la semana que viene, voy a demostrarte que tus miedos los puedes superar sola, ¿qué chica de 25 tiene miedo a la oscuridad hoy en día?, todo está en tu cabeza.
Carol abrió los ojos, miró el reloj, 00:00, parpadeaba, la luz había vuelto a irse, fuera llovía, una de esas tormentas que no dejan dormir a nadie, quizás eso había provocado el corte de luz, quizás.
Buscó a tintas el mechero en el pantalón que llevaba el día anterior. ¿Donde estaba ese maldito mechero? la oscuridad era cegadora, por fin!! intentó encenderlo, una vez y otra casi no tenía gas pero serviría hasta llegar al cuadro de luces. Bajo las escaleras de su enorme chalet. ¿Por que una casa tan grande?, el suelo estaba helado bajo sus pies desnudos, su aliento salía formando pequeñas nubes de vapor, el mechero se apagaba una y otra vez, sus dedos morados debidos a la temperatura apenas tenían fuerza para girar la piedra.... ya estaba cerca del cuadro, solo un pasillo mas... oía su propia respiración... su corazón... y otro más, allí había alguien, con ella en la oscuridad , "tranquila, se dijo, recuerda lo que te dijo el doctor " pero no estaba loca e iba a plantarle cara, tenía tanto miedo, se volvió, cerró los ojos pero no podía seguir siendo cobarde, tienes que luchar contra ese miedo que nunca te ha dejado en paz- se decía ella una y otra vez.
Temblaba pero debía hacerlo, abrió los ojos.... y allí, amigos míos, Carol descubrió la cara de la oscuridad.
-¿Doctor?- dijo un policía, le he llamado en cuanto la he visto creo que era paciente suya, la hemos encontrado con todas las luces de la casa encendidas y un mechero en la mano, su cara doctor es como si hubiera visto...
-¿Un fantasma?- contestó el psiquiatra, Carol era su propio fantasma. Lo siento por ella.

Maldición.

Cuidense de lo que dicen... como saben los judìos y cabalistas la palabra es un arma poderosa. Yo ahora tengo cuidado con lo que digo, sobre todo cuando estoy furiosa! Esto me pasó a mi y espero no le pase a más personas: siempre ocurre en el colegio, hay una niñita sabelotodo y un niñito que la molesta, le pone apodos, le esconde las cosas, le juega bromas pesadas.
La niñita era yo. Sobre todo al empezar la secudaria con las hormonas alborotadas y para aumentar su popularidad las bromas de él (por respeto me niego a publicar su nombre) se volvieron más y más frecuentes. Yo lloraba casi todas los días por cada "gracia" que el joven se inventaba.
Finalmente logré cambiarme a otro colegio, y el día que fui a retirar mis papeles le dije con toda la rabia acumulada de mi corazón "Tu no te vas a graduar porque tu has sido malo conmigo!!!" Obviamente el muchacho se echó a reir y me dejó llorando sola.
Al pasar el tiempo, nos volvimos a encontrar y un poco más maduros decidimos olvidar las rencillas pasadas. Incluso, coincidimos juntos en varias fiestas. En mi país, los grados requieren un funcionario del ministerio presente y se elabora un calendario, generalmente hay dos o tres colegios que gradúan a sus alumnos el mismo día para que puedan tener validez legal. El día de mi grado no hice gran cosa, pero recuerdo que me invitaron a varias fiestas de otros colegios a las que no asistí porque en mi casa un familiar estaba bastante enfermo. A la mañana siguiente me llamaron por teléfono, era una excompañera del antiguo colegio, llorando desesperada: "amiga, "(X)" murió, venía de una fiesta en un carro con otros muchachos y tuvieron un accidente. Fue el único que no sobrevivió. Es horrible, hoy iba a ser la ceremonia de nuestra GRADUACION!" El accidente fue muy aparatoso, el automóvil quedó destrozado. extrañamente los otros tres ocupantes sobrevivieron sin mayores lesiones. Mi ahora amigo murió decapitado con el vidrio de la puerta, en la madrugada que recibiría su diploma, el cual técnicamente merecía, pero que nunca recibió...

Flavour. (Capítulo final)

A pesar de las circunstancias era un día soleado, las lluvias para entonces ya habían cesado e incluso era posible escuchar el canto de los pájaros. Las siluetas de los cipreses asomaban con respeto en los límites del cementerio, ninguna de ellas más alta que el resto, señalando con sus copas sutilmente hacia el cielo.
Elibé vestía un traje negro, ocultaba sus rodillas tras una estrecha falda y resaltaba su rigidez corporal mediante una chaqueta con hombreras americana. Con una mirada afligida, llorosa e inconsolable se detuvo frente a una de las lápidas; la losa de mármol blanco resaltaba entre las demás; por su belleza, por su pulcritud, por su novedad.
-Desearía que nada de esto hubiese sucedido.
Cinco días antes
-¿Qué estás haciendo en mi habitación?
Con los nervios a flor de piel evitó su mirada y se agachó para recoger el escrito del suelo. Mientras lo hacía el rostro de Claudia palideció, sus ojos marrones se abrieron como dos circunferencias perfectas y exaltada preguntó:
-¿Ese es mi diario?
Elibé volvió a mirarla de nuevo, esta vez con mayor seguridad, y asintió con la cabeza.
-¿Lo estabas leyendo?
-No.-Dijo finalmente.
-¿Ah, no?¿Entonces qué hacías?-Insistió.
-Estaba... buscando el libro que te dejé. Tenía ganas de volver a leerlo, por eso he entrado en la habitación.
Como aquel argumento no parecía convencerla del todo Elibé se giró hacia el escritorio y recogió la novela apoyada en el elefante indio.
-Aquí está.
El regreso a casa fue de lo más tenso, aquel secreto que acababa de descubrir la había traspuesto de tal manera que le era imposible dejar de pensar en ello. Por mucho que lo disimulara sus nervios la delataban, tenía la sensación de que sus pensamientos se le dibujaban en la cara y que Claudia lo descubriría con tan solo mirarla.
-Creía que me habías dicho que hoy tenías un compromiso.-Dijo su compañera con un tono autoritario.
-Sí y he ido a visitar a tus padres ¿verdad?
-¿Y por qué no me lo has dicho?
Elibé forzó una sonrisa como evasiva.
-Porque sabía que te molestaría.
-Sí, justo lo que ha pasado.
-¿Qué quieres que haga? Por mucho que te enfades tenía ganas de verlos y yo no sabía que te pasarías a buscar cosas tuyas para el piso. Ellos han hecho mucho por mí, no es de más que los visite de vez en cuando.
Claudia dirigió su mirada a la caja precintada que sostenía en sus brazos y no dijo nada. Por un momento la sobreactuación de Elibé parecía haber funcionado, la seguridad que transmitía en sus últimas palabras simuló que decía la verdad.
Ya próximas al Parque de las Golondrinas la lluvia se dejó caer sin previo aviso, en cuestión de segundos el agua golpeó violentamente las ramas de los árboles, y provocó un descenso de la temperatura muy considerable. Con prisas se refugiaron en el portal del edificio y sacudiéndose el pelo mojado subieron al tercer piso. Una vez entraron en el comedor Claudia dejó caer la caja al suelo y salió disparada hacia el baño. De mientras, los pasos de Elibé se dirigieron hacia la puerta del balcón, a través de la cual era posible vislumbrar la montaña.
Pronto juntos Claudia y Marcos
Mientras observaba la lluvia caer y deslizarse en los tejados vecinos la mano que apoyaba acariciando el cristal se cerró en un puño. Las facciones de su rostro se acentuaron en una expresión de odio, y su mirada, semejante a la de un depredador atento a su presa, se perdía entre sus pensamientos; Claudia le había ocultado durante todo aquel tiempo sus sentimientos por Marcos y este simple hecho la transformaba en una persona despreciable y mentirosa. Las palabras de consuelo de entonces ahora le resultaban habladuría barata y aquellos gestos de amistad que una vez la animaron ahora tan solo le hacían sentir nauseas. Todo parecía indicar que Claudia sabía más sobre la desaparición de Marcos y como principal sospechosa la vigilaría bien de cerca. Era consciente del tiempo que podía conllevar algo así, pero no le preocupaba, en una mañana había logrado dar con una pista evidente, no tardaría en encontrar la definitiva.
***
En la oscuridad de la noche los relámpagos caían en picado, bifurcaban sus puntas en el cielo y perforaban el terreno a las afueras del pueblo. Elibé permanecía resguardada en su cama con la mirada fija en la ventana, mientras esta misma retumbaba a causa del viento. Pero su falta de sueño no era a causa del temporal, ni por miedo a que el cristal estallara de un momento a otro, el insomnio que sufría estaba relacionado con su compañera de piso.
Un repentino rayo iluminó el dormitorio y, de un modo escalofriante, alargó la sombra del escritorio. Sucedió en ese mismo instante, cuando el estruendo sacudió todo el cielo; cuando Elibé escuchó la puerta de entrada al piso cerrarse. Inmediatamente se incorporó de la cama y a ciegas se colocó las zapatillas. Su imaginación se desbordó de nuevo y el recuerdo del robo resurgió en su mente. -¿Y si el ladrón había vuelto?-Se preguntó saliendo al pasillo. Asustada corrió hacia el dormitorio de Claudia, con sus manos palpó las sabanas de su cama y para su sorpresa descubrió que ella ya no estaba,
-¿Qué narices...?-Susurró desconcertada.
Necesitó unos segundos para interpretar lo que estaba ocurriendo, analizar la situación y dar con el atisbo correcto. Cuando lo presintió Elibé se dirigió a la cocina, se asomó a la ventana junto a la que desayuno aquella mañana y finalmente pudo confirmarlo; En el exterior, los continuos destellos revelaron a su compañera cruzando la carretera mientras resguardaba su cabello bajo una capucha impermeable. Cuando su silueta atravesó la oscuridad y finalmente desapareció Elibé regresó corriendo a su habitación. Abrió el armario de par en par, rebuscó entre sus ropas y sustrajo un abrigo de plumas negro. Sin ni tan siquiera quitarse el pijama se cubrió con él, con llaves en mano abandonó el piso y, manteniendo las distancias, se dispuso a seguirla.
En el exterior una cortina de agua caía con violencia, sus golpes podían escucharse en el replicar de las uralitas, mientras el viento, acompañado por un silbido sobrecogedor, guiaba la lluvia y la condensaba en la dirección hacia la que soplaba. Imprevistamente los pasos de Claudia abandonaron la carretera, siguió por un camino de tierra y subió colina arriba. No esperó a que se fuera, pero tampoco se precipitó en seguirla, simplemente permaneció oculta tras la fachada de la última casa hasta que su figura se entró en el bosque. Completamente mojada subió por la pendiente, se ayudó de la vegetación para trepar, y una vez arriba se escondió tras uno de los árboles. Su cabello rubio ahora se encontraba apelmazado por mechones, de un tono mucho más oscuro y pegado incómodamente a su cara. Con ambas manos hizo un amago por secarlo pero la lluvia lo había empapado completamente. Con el cuerpo pegado al tronco inclinó levemente su cabeza y, de reojo, pudo observarla desde la lejanía. No pudo sorprenderse más al percatarse de que Claudia se había dirigido al lugar dónde días atrás cayó el meteorito.
Un destello metálico parpadeó en la oscuridad, Claudia movió con brusquedad sus brazos y, dejándose sus fuerzas en ello, clavó la pala en el terreno. A la escucha de los truenos cavó de nuevo, se deshizo de la tierra recogida arrojándola a un lado y, del mismo modo, repitió el proceso. La perturbadora imagen hizo salir a Elibe de su escondite, totalmente conmocionada y preguntándose qué estaba haciendo. Mientras se aproximaba pudo escucharla murmurar en la oscuridad, repitiendo una y otra vez la misma frase.
-Es imposible, no es real, no es real.
El resplandor de un relámpago se filtró por la perforación circular que el meteorito formó en las copas de los árboles, la sombra de Claudia se dibujó sobre el cráter profanado y el rostro de su amiga se mostró provocando su sobresalto.
-¿Se puede saber que estás haciendo aquí?-Preguntó Elibé.
-Dios mío, pero... ¿Cuándo?
-Dime-Insistió.-¿Que estás haciendo aquí? ¿Qué haces con esa pala?
-Tranquila, yo solo estaba, estaba...
-¡No me mientas! ¡Estoy harta de tus mentiras! ¡Tú sabes dónde está! ¿¡verdad!?
Claudia dejó caer la herramienta al suelo y se incorporó con las manos al descubierto.
-¿Eh? ¿Dónde está quien?
-¡Tú sabes dónde está Marcos!-Gritó con una expresión de dolor.
-Pero Eli ¿Cómo me preguntas algo así?
-¡No te hagas la tonta! ¡Lo leí en tu diario! ¡Leí que ibas detrás de él! ¿Es que a caso ha escapado contigo?
-Pero que tonterías estás diciendo, escúchame. A ver cómo te lo explico-Se detuvo unos segundos para pensar.- es verdad que me encapriché con él pero no llegué a nada por ti, porque eres mi amiga y no quería hacerte daño.
***
8 de Abril, un día cualquiera para al resto del mundo pero una fecha muy significativa para Claudia. Aquella mañana, después de las clases lo había citado en la colina, tras un breve paseo le confesaría sus sentimientos y Marcos, en un afán por amarla, la correspondería con un apasionado beso. Así lo había imaginado durante todo aquel tiempo y así lo había deseado desde el comienzo.
-¿Qué? ¿Me lo estás diciendo en serio?-Preguntó él aún sin creerlo.
En el corazón del lúgubre bosque, cubiertos bajo un manto de hojas verde, tuvo el valor suficiente para declararse. Con las manos agarraba nerviosa el dobladillo de su camiseta, mientras bajo la falda brisada sus piernas se cruzaban con vergüenza. Cuando finalmente creyó sus palabras Marcos dio un paso atrás y la miró con recelo.
-Y bien... ¿Cuál es tu respuesta?
-No, por supuesto.-Respondió de un modo rotundo.
Los ojos marrones de Claudia se abrieron y estupefacta clavó su mirada en él.
-No, no puede ser ¿Por qué?
-Estoy con Elibé ¿a caso lo has olvidado?
-No puedes hacerme esto, yo pensaba que tú sentías lo mismo.
-Pues no, estás equivocada.
-Entonces... ¿Por qué me mirabas así?
-¿Qué dices?-Sacudió con la cabeza- No te he mirado de ninguna manera.
-Eso no es verdad, estoy segura de que hay algo más. Tienes miedo y no te atreves a dar el paso ¿verdad?
-¿Qué? ¿de dónde sacas todo eso?
-Escúchame-Insistió agarrándole del brazo.-podemos llevarlo en secreto, al menos hasta que te veas con fuerzas para decírselo.
Marcos se deshizo de sus manos.
-No me esperaba esto de ti-Dijo decepcionado.-Se supone que eres su mejor amiga y mira lo que haces a su espalda.
Claudia no respondió simplemente esperó a que siguiese hablando.
-Preferiría no tener que contárselo, pero no voy a dejar que la sigas engañando.
Una vez acabó la frase no dijo nada más, dio media vuelta y se dispuso a regresar al pueblo. Cuando ni siquiera llevaba cuatro pasos Claudia saltó inesperadamente sobre su espalda.
-¡No me dejes así! ¡Te quiero, eres todo para mí!
Sus manos agarraron con fuerza la camisa blanca que cubría su torso, dejó caer el peso de su cuerpo contra él hasta que finalmente le hizo perder el equilibrio. Ambos cayeron, el colgante con forma de medio corazón fue arrancado de su grueso cuello y la cabeza de Marcos golpeó el suelo, afortunadamente a dos palmos de distancia de una enorme piedra de granito.
-¡No puedo soportarlo, necesito que me quieras. Abrázame por favor, abrázame un poco más!
Subida encima de él se abrió de piernas, la minifalda se redujo al plegarse en sus muslos, situando su ingle sobre la rodilla de Marcos. Con la cadera inició una serie de movimientos, restregándose contra él de un modo obsceno y aprovechando su aturdimiento para violarle con un beso.
-¡Que haces, asquerosa!-Gritó.
Con la misma violencia la apartó de un empujón, haciéndola caer a un lado. Inmediatamente quiso incorporarse pero sus rodillas se detuvieron a medio trayecto. Fue una sensación que no había experimentado hasta entonces. Todo el oxígeno de sus pulmones se manifestó con un intenso frío, semejante a la brisa helada en una mañana de invierno. Sus oídos se taparon y su visión hizo un fundido en negro.
-Te quiero tanto-Dijo Claudia sosteniendo el pedrusco en su mano.
Mientras un hilillo de sangre rodeaba su ceja izquierda sus recuerdos se cruzaron como flashes en su cerebro, el rostro de Elibé persistía en la mayoría de ellos, sonriéndole y susurrándole cuanto le quería, hasta que finalmente, se conciencia se esfumó y cayó muerto contra el suelo.
***
Cuatro meses después se encontraban situadas en el mismo lugar del incidente y, a pesar del tiempo, nada parecía haber cambiado. Aunque tan solo a simple vista. Ahora un enorme cráter se dibujaba en el suelo, con un meteorito situado justo en el centro, mientras la tormenta, tan insistente como las chicharras en verano, inundaba el boquete con su lluvia helada.
-Aún no has respondido a mi pregunta.-Repitió Elibé sin dejarse embaucar.- ¿Qué estás haciendo aquí?
Como un extranjero que no encuentra las palabra para expresarse Claudia se mantuvo en silencio, mientras se daba tiempo para inventar una excusa convincente. Desafortunadamente para ella la atención de Elibé se desvió hacia a otro lado, un poco más abajo, junto a sus pies; En el profundo agujero que Claudia había escavado dentro del cráter, la persistente lluvia erosionaba la tierra y las paredes que lo formaban comenzaron a desprenderse. En ese mismo instante se percató de algo completamente aterrador; un brazo humano asomaba a través del barró.
-Acércate Elibé, acércate un poco más.
Con inseguros pasos se asomó al agujero, la tempestad le proporcionó la luz que necesitaba y, completamente conmocionada, cayó de rodillas en el suelo.
Dejándose la fuerza en ello apartó el barro que cubría su cuerpo, se deshizo de la tierra que lo mantenía preso, embarrándose completamente hasta finalmente descubrir que su novio desaparecido era el que se encontraba enterrado. Tan solo observar su putrefacto rostro, tan irreconocible como desencajado, dejó escapar un gritó de horror. Sus labios se deformaron con agonía, mientras sus lágrimas, rebosantes en sus mejillas, se unían al descenso de la lluvia.
-Ahora lo entiendo, tu... ¡Tú robaste la pista del colgante!-Gritó de nuevo sin apartar la mirada del cuerpo-¡simulaste el robo para que perdiese los nervios y la policía me tomase por loca! ¡No querías que le encontraran porque tú le mataste!
Cuando se dispuso a girarse el destello metálico reapareció frente a sus ojos. La pala golpeó brutalmente su hombro, haciéndolo crujir y provocando su caída contra el suelo. Desplomada junto a su novio y aturdida por el impacto observó la difusa imagen de Claudia sosteniendo la herramienta con sus manos.
-¡No sabes lo que he pasado, ni siquiera eres capaz de imaginarlo!-Dijo exaltada.- Cuando vinimos a ver el meteorito me horroricé, no me imaginaba que caería precisamente en este mismo lugar. Por un momento pensé que el cuerpo se había desenterrado, pero al ver que no, dejé de preocuparme.
Elibé se llevó la mano al brazo mientras se retorcía de dolor.
-No sé por qué fue, pero me sugestioné, empecé a delirar. Creía verle en algunos sitios, incluso me parecía escuchar su voz llamarme, todo parecía tan real. Por eso... por eso pensé algo completamente absurdo, creí que de algún modo había vuelto a la vida, que quizás el meteorito lo había provocado, que por eso no vi su cuerpo. Que estúpida he sido-Claudia esperó unos segundos y con una mirada mucho más afligida prosiguió.-Y esta tarde, cuando te descubrí leyendo mi diario me di cuenta de que empezabas a sospechar. Por eso he vuelto, tenía que asegurarme, pero lo único que he conseguido es delatarme a mí misma. Cuando el realidad su cadáver se encontraba enterrado justo al lado.
De repente, mientras sus labios aún vocalizaban las últimas palabras, Elibé se irguió y corriendo intentó huir. Inmediatamente Claudia reaccionó, siguió sus pasos y, tal cual ocurrió con Marcos, saltó sobre ella. Ambas rodaron por el suelo. Desesperada reptó por la hierba mojada mientras sentía el peso de su compañera sobre la espalda. Lamentablemente las manos de Claudia alcanzaron su cabeza y, agarrándola del pelo, la arrastraron hacia ella.
-¡No por favor!-Gritó de nuevo.
Subida encima de su torso se dispuso a estrangularla. Elibé hizo lo posible por esquivar sus ataques, incluso intentó arrojarla a un lado, pero Claudia se adhería a su cuerpo como una garrapata. Doblando la pierna impactó la rodilla derecha contra su espalda, en ese preciso instante aprovechó su debilidad para deshacerse de sus garras, correr en campo abierto y buscar ayuda.
-¡No vas a ir a ningún sitio!
Su corazón palpitó al máximo rendimiento, los truenos gritaron en el cielo y finalmente, el metal silbó perforando el viento. La pala chocó en su cabeza, golpeándola y haciéndola caer. Abatida sobre el terreno un mareo intenso la absorbió y sus cinco sentidos también se vieron afectados. Mientras las manos de Claudia apretaban su cuello con la intención de ahorcarla en el suelo, una cálida voz, ya casi olvidada por el tiempo, resurgió susurrándole de nuevo.
-Aunque cuando grites mi nombre solo escuches el eco, aunque cuando me busques en la niebla solo encuentres tu cuerpo, quiero que sepas que jamás romperé mi promesa-"
-Marcos...
-Siempre te protegeré.
A pesar de que Elibé había perdido el conocimiento Claudia continuó estrangulándola. Lo haría hasta que sus pulmones dejasen de funcionar, hasta que su corazón dejase de palpitar, hasta haberle arrebatado la vida con sus propias manos. Pero de pronto, un suceso externo captó su atención interrumpiendo lo que estaba haciendo.
-He visto el fuego arder bajo estas tierras, llamas de color violeta.
Por un momento creyó que aquel repentino silencio era a causa de que la tormenta había cesado, sin embargo, aún podía ver las gotas de lluvia filtrarse por las hojas, aún podía sentir el temblor que provocaban los truenos, podía notarlo todo excepto el sonido. Angustiada se asustó al pensar que había perdido el oído, que por alguna razón su mente le privaba de cualquier ruido, y que quizás no podría volver a escuchar nunca más. No tardaría en dejar de preocuparse por tal problema.
-¡Claudia!
Una mano huesuda, casi esquelética, asomó tras su espalda y acarició su nuca. Primero ascendió por su cuello, deslizando el índice por su piel y dibujando su mandíbula con los dedos. Más aterrada se sintió cuando el putrefacto rostro de Marcos asomó sobre su hombro, acercó sus labios púrpura a los de ella, y con los ojos completamente abiertos...
-llamas de color violeta que despiertan a nuestros antepasados de sus sepulcros.
El día quince de Agosto a las dos de la madrugada una chica gritó en el bosque. Aquel brutal alarido habría sido escuchado por un joven trasnochador que, mediante el sendero que bordeaba la colina, se dirigía al otro lado del pueblo. Lamentablemente la tormenta de aquella noche acaparó cualquier sonido que se pudiese apreciar y eclipsó el auxilio de Claudia.
5 días después
Elibé dejó caer las flores sobre la tumba de Marcos y tras observar su nombre inscrito en la cruz dio media vuelta y se fue. Abandonando el cementerio bajó las interminables escaleras que conducían al sector nuevo del pueblo y decidida se dirigió a la avenida principal. Su caminar parecía haber cambiado, los tacones de sus zapatos negros se clavaban con tenacidad en el asfalto, moviendo su cuerpo con una total seguridad. Pero cualquiera que la conociese lo suficiente podía percibir su pesar, como el dolor aún rodeaba su cuello, como su cuerpo se curvaba mientras sus temblorosas manos agarraban la correa del bolso. También lo había hecho su rostro, totalmente desmejorado y con una expresión que oscilaba entre la rabia y el desconsuelo. La mirada de Elibé había perdido todo su brillo, se mantenía inmóvil, mientras mecía la fallecida efigie de su novio en sus recuerdos.
Hospital Ramnusia
Con el ascensor subió a la tercera plana, decidida avanzó por el pasillo y una vez llegó a la habitación se detuvo y picó. Segundos después la puerta se abrió y la madre de Claudia asomó tras ella. Tan solo reconocerla se lanzó a sus brazos y besó con ansía sus mejillas. Con ojos llorosos agradeció su visita, mientras el resto de la familia se limitó a saludar con un gesto.
-Por favor, me gustaría estar un momento a solas con ella.
Cada uno de los presentes abandonó la habitación hasta que finalmente tan solo quedaron ellas dos. Elibé cruzó la habitación, con serenidad se dirigió al ventanal que se encontraba cerrado por el frío y asomándose pudo ver las ramas del platanero, desnudas, y agrietadas por el tiempo. Inmediatamente se sentó junto a ella en la cama. Con una mirada inexpresiva la observó; dos sondas se introducían en sus ubicuidades nasales, mientras el monitor situado al otro lado de la cama indicaba con un electrocardiograma el ritmo de su corazón. Claudia se encontraba estirada bajo las sábanas, con una mirada perdida y vulnerable a cualquiera que quisiera dañarle.
-Te he traído una cosa.-Dijo mientras introducía su mano en el bolso.
Inmediatamente sustrajo lo que parecía ser un marco, con la fotografía de Elibé y Marcos.
-He comprado uno nuevo y he tirado el que rompiste a propósito.
Claudia no respondió.
-¿Ves esto?-Le preguntó mientras se lo aproximaba a la cara.-Soy yo sonriendo. Puede que ahora no pueda hacerlo, pero algún día volveré a estar así, de eso no te preocupes.
Elibé se puso en pie, se dirigió a un pequeño mueble situado frente a la cama y colocó el cuadro mirando hacia ella.
-Quiero que cada día que te despiertes veas esta fotografía y te des cuenta de que te has quedado anclada en el pasado. Quiero que sepas que yo rearé mi vida, volveré a encontrar a alguien y seré feliz. Pero tú...
Elibé con una expresión totalmente seria la miró durante unos segundos. Ni siquiera pestañeó.
-Tú permanecerás encerrada aquí durante años, sin poder moverte, ni siquiera hablar, puede que incluso veas morir a tus padres. Lo peor es que jamás podrás saber lo que es compartir tu vida con alguien al que amas.
Con total serenidad volvió a colocarse la correa del bolso sobre su hombro y aproximándose a la puerta se giró por última vez.
-Dime Claudia ¿Qué se siente al estar muerta en vida?-
Tan solo girar el pomo sus familiares entraron y automáticamente rodearon la cama. En aquella deprimente habitación no estaban permitidas las lágrimas, se evitaba cualquier tema relacionado con su enfermedad, sobre la anorexia que la había convertido en un vegetal. Sin embargo, cuando la madre de Claudia remarcó con agradecimiento el regalo que le había hecho su amiga una de esas normas se incumplió.
-Oh cariño ¿por qué lloras?-Dijo la mujer acariciando el rostro de su hija.
-Pobre, se ha emocionado-Respondió Elibé.

Flavour. (Capítulo 4)

Quien podría haber imaginado que una simple sospecha podría desencadenar tan terribles consecuencias. Todo comenzó con una mentira, un secreto oculto en el fondo de sus retinas, enmascarado por la inexpresiva mirada que tanto la caracterizaba.

-Hasta luego.-Se despidió aquella mañana.
Al amanecer los papeles de ambas parecían haber sido intercambiados. Durante la mañana Claudia asistiría a clase y su compañera de piso, con la excusa de un compromiso, faltaría todo el día.
Con total tranquilidad Elibé se dirigió a la cocina, se sirvió una taza de leche caliente y solitaria apoyó su hombro junto a la ventana. Inconsciente de que estaba siendo observada Claudia cruzó la carretera y, ajustándose la chaqueta, desapareció tras un edificio. Una vez acabó el desayuno dejó caer su tazón azul oscuro en el fregadero e inmediatamente se encaminó hacia el dormitorio de su amiga. Desconocía las razones de su mentira, tampoco comprendía el por qué de su tortura física, pero si de algo estaba completamente segura es que debía ayudarla. Ella fue como un soplo de aire fresco en la peor época de su vida, una dulce voz que la consolaba con palabras de esperanza, una verdadera amiga que estuvo presente en cada una de sus recaídas. De algún modo le estaba agradecida pero también se sentía mal consigo misma por haber sido tan egoísta; sus propios problemas la habían vuelto una persona egocentrista, ignorando que una de las personas que más la quería también necesitaba la mano de una amiga. Lamentablemente, y por mucho que lo intentara, la introversión de Claudia no le permitía ver más allá de su apariencia física. Fue entonces cuando decidió acudir a sus amigos, con la esperanza de que juntos pudiesen hacerle entrar en razón, pero la enorme decepción que se llevó tan solo sirvió para acrecentar sus ansias por ayudarla.
El dormitorio de Claudia no resultaba nada inusual, al fin y al cabo no llevaba ni un año viviendo en el piso y no había tenido el suficiente tiempo para decorarlo como hubiese querido. Elibé conocía perfectamente los gustos de su amiga y agradeció que no lo hubiese hecho. Mientras pensaba en todo ello se abalanzó al escritorio de madera situado junto a la cama. Sobre la mesa yacían libretas de apuntes, material escolar y algún que otro esbozo a causa del aburrimiento. Decidida abrió los cajones del mismo mueble y revolvió con su mano dentro de ellos. El resultado fue el mismo.
-Mierda.-Dijo en voz baja.
Llevándose la mano a la cabeza echó un vistazo a su alrededor. Su intención desde el principio era encontrar la raíz de su dolencia, el suceso que la estaba destruyendo por dentro y, con un cierto conocimiento de la situación, utilizarlo para solucionar el problema. Lamentablemente aún no había pasado el tiempo suficiente como para que Claudia se acomodara a la casa, hiciese el dormitorio suyo y ocultase parte de su vida privada en él. A pesar de que sus esperanzas se debilitaban a medida que buscaba se juró a sí misma no detenerse hasta haber inspeccionado el último rincón de la habitación. Afortunadamente sus esfuerzos se verían recompensados al cabo de un cuarto de hora.
-¿Qué es esto?
Ya desesperada decidió acercarse a la estantería y ojear cada uno de los libros. Mientras buscaba algo entre las páginas descubrió que un pequeño diario personal se encontraba oculto tras los ejemplares. Estaba situado en el minúsculo espacio que algunos libros, de estrechas páginas, dejaban cuando eran colocados de forma vertical. La escasa profundidad formaba un pequeño recoveco que sirvió para ocultar el escrito de cara a la pared.
Elibé acarició el dorso con la palma de su mano mientras que con los dedos hacía palanca y lograba separarlo. Ya con el manuscrito en su poder, se dejó caer en la cama y se dispuso a leer.
17 de Abril
Llevo dos días instalada en el piso de Elibé. Ayer estuvimos enganchando carteles por la calle, algunos de clase nos acompañaron, Jaime nos dio permiso para salir antes. Me han dicho que mañana tendré que ir a declarar, estoy un poco nerviosa.
Mis padres están preocupados por Elibé, dicen que intente cuidarla lo mejor que pueda."
18 de Abril
Al final no fue tan duro como pensaba, los agentes fueron muy amables conmigo, incluso me ofrecieron algo de beber. Me han preguntado lo típico: cuando fue la última vez que vi a Marcos, si sufría algún tipo de problema, si tenía enemigos, etc. También me preguntaron sobre la relación que mantenía con Elibé.
Mis padres me han acompañado a comisaria, después me fui con ellos e invitaron a Elibé a cenar pero no ha venido porque ya había quedado con su propia familia. Supongo que querrán acompañarla en su dolor."
26 de Abril
He estado muy liada últimamente, jodidos trabajos... ¡¡es imposible estudiar con tantos deberes!! No entiendo como Sergio y Paula pueden evadirse tan fácilmente, me gustaría ser como ellos.
Los profesores no paran de hablar de la desaparición de Marcos, todos muestran preocupación pero seguro que la mayoría duermen la noche de una sentada. Llevan semanas con el mismo tema, estoy harta de que me usen como fuente de información. Si realmente estuviesen preocupados deberían ir a visitarla.
P.D: Me duele la cabeza.
Anécdotas como estas se repetían durante meses en un sinfín de páginas. Elibé ojeó unas pocas primeras, después pasó directamente a la mitad de la libreta y finalmente leyó las más recientes. Nada fuera de lugar en los escritos, cualquier persona que revisase el diario pensaría que Claudia era una estudiante normal y corriente que se desvivía por el bienestar de su mejor amiga.
Elibé apartó los ojos del libro, inclinó su cabeza hacia atrás y cerrándolos dejó escapar un suspiro de frustración. Durante aquellos segundos se cuestionó a sí misma si quizás estaba yendo demasiado lejos, si quizás estaba exagerando el problema. Decepcionada con los resultados se puso en pie y, con el escrito en la mano, decidió devolverlo a su escondite.
Lo siento, se me ha caído mientras limpiaba
Del mismo modo que un deja vú nos desorienta sin previo aviso la imagen del cuadro roto se cruzó como una ráfaga en su mente. Mientras recordaba aquellas palabras de disculpa los recientes acontecimientos parecían adquirir un significado oculto, que ni siquiera ella misma era capaz de esclarecer; filamentos invisibles relacionaban los inexplicables sucesos con antiguos cabos sueltos. Concretamente la conjetura de Elibé se manifestó en su subconsciente tras concluir la lectura del diario. Algo no estaba bien, lo había pasado por alto y aún no era consciente de que se trataba.
Retomándolo entre sus manos frunció el entrecejo y desplazándose hacia la primera entrada descubrió la causa.
17 de Abril
Llevo dos días instalada en casa de Elibé"
Su rostro se volvió pétreo e inexpresivo al percatarse de algo evidente; aquel escrito privado se empezó justo después de la desaparición de Marcos.
***
De camino a la Universidad un pequeño puente de madera permitía cruzar el río que descendía de la montaña, su presencia se prolongaba desde décadas atrás y cada uno de los habitantes conservaba su recuerdo desde la infancia.
Situada junto al puente se deslizó por la pendiente de maleza que crecía junto al agua. Una vez abajo apoyó su mano en el empinado suelo por el que había descendido y, evitando caer al río, se encaminó por el canal. Al cabo de unos minutos la corriente la condujo bajo un techo de vegetación silvestre, donde una gruta se abría paso en la pared de la montaña. La entrada a la cueva se dibujaba circular en el terreno, sus paredes eran de piedra mientras que el suelo estaba formado de tierra. Cuando logró acercarse descubrió que unas sospechosas pisadas se dibujaban en el fango. Inmediatamente entró.
-¡Dios mío, Claudia!-Exclamó Sergio con un sobresalto.
-¡Joder, que susto me has pegado!-.Siguió Paula.
Claudia se disculpó gesticulando con la mano y se sentó junto a ellos. Con nostalgia observó la rocosa guarida que les cubría, una madriguera repleta de recuerdos, un lugar mágico para soñar. Durante años compartieron el lugar en secreto, más intensamente los días verano, cuyas tardes se pasaban allí dentro. Pero todo no fueron escalofriantes historias de fantasmas ni de peligrosas criaturas que vagaban por la montaña, aquel escondite también se utilizaba para descansar, para evadirse de cualquier responsabilidad; cerrar los ojos y relajarse con el refrescante sonido del riachuelo de fondo.
-Tengo un problema.-Dijo totalmente seria.
-¿Un problema? ¿Qué te pasa?-Preguntó Paula.
Hubo un breve silencio antes de que le fuese posible responder, la pareja esperó su explicación con impaciencia pero las palabras parecían haberse trabado en su garganta. Inmediatamente sus ojos empezaron a humedecerse, el tic de su labio superior se agudizó y, acompañada por una expresión angustia, dejó escapar un gemido agonizante. Mientras avergonzada intentaba contener sus lagrimas Paula se acercó a ella y rodeándola con el brazo buscó su mirada.
-Eh Claudia, Claudia, escúchame ¿Qué te ha pasado?
-No, no puedo más.-Respondió.
Sergio se mantuvo a un lado atento a la conversación.
-Venga va, cálmate.-Dijo acariciándole el hombro.- dime por qué lloras.
-Es que sois los únicos con los que puedo hablar de esto, la gente... pensarán que estoy loca.
-Tranquilízate y cuéntanos de que se trata.
-Vosotros... creéis en fantasmas ¿verdad?
-Sí, ya lo sabes-Miró de reojo a su novio.- ¿por qué lo preguntas?
-Porque creo que he visto uno.
De nuevo el silencio se apoderó del lugar, Paula apartó su mano del hombro de Claudia y frunció el entrecejo desconcertada.
-He visto a Marcos.
***
No lo había meditado demasiado cuando se puso en camino, simplemente decidió hacerlo. Cuando descubrió que el diario personal de su amiga fue escrito justo después de que su pareja desapareciera pensó que no debía dejar pasar una coincidencia como esa. A medida que avanzaba el día se sentía más confusa y ninguna de sus teorías tenía una base coherente que respondiese a sus preguntas. Por eso mismo decidió llamar a los padres de Claudia y, con la excusa de hacerles una visita, buscar algún indicio de lo que estaba sucediendo.
Después de un cuarto de hora de trayecto sus pasos se detuvieron en una urbanización situada a las afueras del pueblo. Se encontraba en la parte frontal del recinto de una casa de ladrillo, donde la robusta puerta de metal delimitaba su acceso al jardín.
-Soy Elibé.-Dijo en voz alta, tras presionar el timbre, situado en el muro de hormigón que rodeaba la residencia.
Inmediatamente una mujer salió de la vivienda, con apuradas prisas siguió el camino de adoquines que se dibujaba sobre el césped y llave en mano le permitió el paso.
-Hola cariño ¿Cómo estás?-Dijo la madre de Claudia con una sonrisa dibujada en su cara.
-Bien.-Respondió ella besando sus mejillas.
-Perdona que te haya hecho esperar, pero no había escuchado el timbre sonar.
-No, no, tranquila, si acabo de llegar.
La conversación continuó de camino a la entrada, ambas relataron sus vivencias desde la última vez que se vieron. Minutos después ya se encontraban sentadas en la mesa del comedor, acompañadas también por la figura paterna de Claudia, mientras picoteaban unas galletas de un tarro.
-Espero que te esté ayudando y no causándote más problemas.-Dijo la mujer refiriéndose a su hija.
-No, que va, la verdad es que le estoy muy agradecida, sin ella no hubiese aguantado todo esto.
-Vamos, con lo fuerte que tú eres seguro que sí.
-No sé la verdad, creo que si no hubiese venido a vivir conmigo habría acabado dejando el piso. Marcos estuvo viviendo durante mucho tiempo allí también y quieras o no está lleno de recuerdos.
-Mira cariño, lo importante es que ahora estés bien. No pienses en el pasado, tienes que seguir adelante porque la vida tiene sus baches pero también tendrás muchas alegrías.
Elibé asintió con la cabeza y esbozó una sonrisa como respuesta.
-Bueno ¿y los estudios que tal? Porque hay que estudiar eh-Preguntó su marido con cierta picardía.
-Vaya ¿cómo le preguntas eso a la chiquilla?-Dijo su mujer girándose hacia él.-¿no se te ocurre otra cosa que decirle ahora? venga hombre.
-Leches, a ver por qué no puedo preguntarle.
-La niña tiene que divertirse, narices, deja de agobiarla con temas de esos.
Elibé sonrió de nuevo, pero esta vez con cierta incomodidad.
-No pasa nada. La verdad es que no me va muy bien, no he asistido a todas las clases y he perdido un poco el hilo del temario. Pero intentaré remontarlo.
-Ni caso, tú pásalo bien con los amigos, ya tendrás tiempo para eso. Y si necesitas hablar ya sabes que nos tienes aquí para lo que quieras.
-Gracias por todo, pero ya habéis hecho bastante por mi.-Respondió.
Con disimulo dirigió su mirada hacia el enorme reloj de pared que tenían situado junto al televisor; era la una del mediodía, las clases acabarían a la media y si no se daba prisa no tendría tiempo para llevar a cabo su plan.
-Perdona ¿el lavabo donde estaba?-Preguntó de pronto.
-En el pasillo, la segunda puerta.-Dijeron ambos, ella señalando con la mano.
Inmediatamente se puso en pie, cruzó el comedor, giró hacia el corredor y, encerrándose en el baño, se apoyo en el borde del lavamanos. La realidad era que Elibé recordaba completamente donde estaba situado, al igual que recordaba donde se encontraba el antiguo dormitorio de Claudia. Con seguridad apartó su mirada del espejo y, entreabriendo la puerta del baño con la mano izquierda, escuchó sus voces murmurar en la sala de estar. Evitando hacer ruido salió de nuevo al pasillo, donde sus silenciosos pasos, casi inaudibles para el ser humano, se situaron frente a la última puerta accesible. Con un pequeño empujón la abrió y, observando a su alrededor, entró en la habitación. No disponía del suficiente tiempo para deleitarse con la decoración, pero con un simple vistazo descubrió que nada había cambiado desde la última vez que la visitó: posters de grupos metaleros forraban paredes y techo mientras que, figuras de brujas y hadas, completaban la enorme estantería de revistas. Sin perder un solo segundo se acercó a un escritorio desmejorado por los años, cuya madera había sido afectada por la humedad que residía en el lugar. Sobre la mesa un par de apoya libros, con forma de elefante indio, agrupaban los escritos imprescindibles para Claudia; la novela que en aquel entonces estaba siguiendo, el diccionario de inglés que consultaba constantemente y finalmente pudo ver el diario privado que había ido a buscar.
Asombrada por la facilidad en encontrarlo lo abrió de par en par y de nuevo fisgoneó algunas de sus entradas. Tras una breve lectura se sorprendió al descubrir que el contenido de este era muy distinto al que leyó en su piso, las palabras se retorcían en un contexto oscuro y delirante, sus perturbadores pensamientos oscilaban entre lo paranoico y lo enfermizo, pero lo más escalofriante residía en la última fecha del diario.
-Elibé ¿Se puede saber qué haces aquí?
Aquella repentina voz golpeó violentamente su corazón, a causa del sobresaltó el diario salió disparado de sus manos y girándose hacia la puerta su rostro quedó completamente desencajado. El riesgo de ser pillada la había preocupado hasta cierto punto, pero Elibé traía consigo una escusa lo suficientemente convincente para embaucar a la pareja de casados, sin embargo, lo que jamás hubiese imaginado, es que la persona que la cazaría sería la mismísima Claudia.
7 de Abril
No puedo soportarlo más, es como una espina clavada en mi interior, profundiza con el dolor, se desplaza directa hacia el corazón. Tus ojos me miran de un modo distinto, me aman en silencio, lo sé, lo presiento. Con un saludo ya me basta, tú eres todo el alimento que necesito, eres mi oxígeno, mi razón para seguir viviendo. Pero no puedo hacer más que esperar, desearte en secreto y acariciarme imaginando que eres tú quien lo haces. Necesito que lo sepas cuanto antes, deseo calmar el sufrimiento y confesarte de una vez que te quiero. Pronto juntos Claudia y Marcos."