miércoles, 22 de enero de 2014

TOTO Out of love


Piedra del olvido.

Ya no será nunca más… y tal vez para siempre. En la arena
el tiempo encontrará  las huellas de sus pies perdidos.
El amor una vez la obligó a lastimar corazones inocentes.
Ya no recuerdo quién es. Ya no la amo. Su recuerdo llenó
el pasado de espinas…

Alguien supo que fue una reina quizás sin corona
sus manos sangrientas, estuvieron en cientos de luchas
ella buscaba la verdad, ver el fondo del mar en su alma.
La vileza del agua la arrastró hacia las sombras…

Ella ya no será jamás y todo será distinto
una voz fui pero jamás seré… menos en su nombre
una vez Dios se conmovió ante su pureza…

La muerte es sólo piedra del olvido
ella ya no ama, en un beso no hallará la alegría
las ciudades caerán. Ella huirá hacia las montañas.



Piedra del olvido.
Sueño sangriento.

Todos los derechos reservados.

©2008

TOTO Only you


Otro capricho de amor.

Encerrada en una muralla de sombras
ella fue testigo de algunos milagros y del espanto
su carne infinita… hoy conocerá el fin
húmeda de lágrimas… llorará por todo lo jamás amado…

Sabrán los niños de su infinita ternura
espero que el olvido no borre nunca sus pequeños pasos
la soledad se vuelve negra y desaparecen las sonrisas
el amor duele siempre, por eso ella ha lastimado sus labios…

En un sueño lúgubre, ella conoció la luz más pura
en las puertas de la muerte, ella comenzó a creer en los milagros
ya nada ni nadie podrá contenerla
han comenzado a crecer alas en las cicatrices de sus brazos…

La soledad será terrible y sangrarán sus ojos
su corazón inocente al sufrir se volverá tal vez el más tirano
en un viejo cementerio, crecen azucenas en su tumba
un viejo cuervo cuida de ella, espantando a los pájaros…

Sus manos mordidas, sus ojos en silencio
alguien robó sus anillos… cortó sus cabellos trenzados
ya no queda esperanza dentro de su cuerpo
al conocer su muerte… mi corazón se sintió más solo y devastado…

En algunas ciudades, los viejos cuentan su vida
yo enamorado aún, recuerdo el color de sus finos labios
la noche cae implacable en el caserío
Diciembre tal vez y una noche de naufragios…

Sobre nosotros una fría lluvia caía
éste es el dolor y el adiós… que al final nos separaron
ella ya no habla
sus últimas cenizas viajan hacia Varna… en un viejo barco.




Otro capricho de amor.
Sueño sangriento.

Todos los derechos reservados.

©2008

TOTO I´ll be over you


Oscuros y azules como la noche.

Aquí en la tierra se encuentra su morada
dentro de su cuerpo de mujer, renacerá la vida
la paz del mundo no sabrá de sombras
en el revés de sus manos quedan amargas quemaduras…

Sus dedos me han tocado, al pasar ella volando
y a mí me pareció un instante de amor que casi se olvida
cientos de recuerdos vagan por los corredores
bailarina, ella baila con su propia sombra…

Ya no puedo escucharla, cuando por las escaleras sube
su corazón enamorado fue herido por una flecha
sus gritos de dolor se pierden bajo una negra lluvia…

Ella se moja con el agua del río, dentro de su alma
desde la letanía del mar, Dios olvidará todo con la bruma
su descanso será en las profundidades de un arrecife
y en este instante en que su vida se separa para siempre de la mía
espero que el olvido no se lleve sus ojos oscuros y azules como la noche
y para que nada jamás duela, que me deje conservar su ternura.




Oscuros y azules como la noche.
Sueño sangriento.

Todos los derechos reservados.

©2008

Stage Dolls Love don´t bother me


Oscuridad del cielo.

Y así el silencio solamente dejó escuchar su llanto
una voz lastimera ensombreció todos los días
a través de los árboles pueden verse sus ojos verdes
en sus cabellos… se nota cuán duro ha sido el invierno…

Con la espuma del mar, hoy se han borrado sus pasos
una noche de amor y alcohol, conocí sus gemidos
su cuerpo de metal fue amable conmigo
sin decirme adiós, escapó disfrazada en una caravana…

Al cielo, sin alas ya nadie sube
el amor atravesará su cuerpo con miles de flechas
sus heridas se lavarán con el agua de la lluvia
en sus manos reside la sangre y el fragor de las espadas
las nubes han comenzado a volverse como sus ojos, de color violeta
pero algunas estrellas han salido a brillar… en la oscuridad del cielo.




Oscuridad del cielo.
Sueño sangriento.

Todos los derechos reservados.

©2008

Valentine Tears in the night


Octubre, 1993.

En una mañana espléndida, sus ojos claros
yo vi su sombra desnuda, cruzando lentamente el mediodía
ella conoce su propio fin y soledad, yo elegí estar solo
ella tenía miedo de cuánto podía amar, su corazón salvaje…

Ella envió su mensaje a otro corazón, en las alas de una paloma
después supe que el dolor ajeno fue su único alimento
con los años el cielo azul fue abandonado
en 1993 ella decidió jamás regresar a casa…

En un sueño de soledad, ella enfermó de incertidumbre
el dolor golpeó su cuerpo, el engaño fue como un martillo
a través de los años conocí su fama de amante
el amor antes conocido la puso de rodillas contra el suelo
quiero creer que ella ya ha conseguido sus alas
y que vuela en el cielo azul… con toda su transparencia.




Octubre, 1993.
Sueño sangriento.

Todos los derechos reservados.

©2008

Honeymoon Suite What does it takes


Niña y mujer a veces.

En la melancolía, su risa cae
el amor idiota, en arena y cristal hizo sus torres
el viento del olvido, ha barrido con todo en este mundo
algunos relámpagos han brillado en sus ojos celestes…

En sus manos de niña, guarda algunas gotas de rocío
el río de su sangre, fluye salvaje a través de sus venas
aún así su corazón, late en el más mudo silencio
el universo ha dejado en su pelo, algunas estrellas…

Por la soledad, esta noche se ha vuelto sombría
en la puerta de su casa, han dejado velas y algunos claveles
un ángel cuida los sepulcros que han sido abiertos
mientras en un sueño se vuelve niña y mujer a veces
y su risa, me ha parecido invadirlo todo
han callado los pájaros… ha gritado de dolor la naturaleza.




Niña y mujer a veces.
Sueños sangrientos.

Todos los derechos reservados.

©2008

Giant I´ll see you in my dreams


Mujer amante.

Áspero amor, que se clavó como la peor de las espinas
la pasión al morir, dejó su corazón solo y destrozado
donde nacen los dolores, también se esconde una primavera
un camino de luz la aguarda… y la pureza de su alma…

El amor al escapar se volvió un recuerdo más que doloroso
todo se volvió frío y austero, las nieves cubrieron los caminos
pero el viento también arrastró odio y ella supo aceptarlo
todo dejó de ser hermoso, como cuando ella estaba enamorada…

La noche se llevó el miedo, incluso en un alba dudosa
su sangre llenó libros, la ira fue una gota rebalsando las copas
el cielo reclamó su esencia, en el firmamento celeste
el amor al ser tan cruel hizo llagas en su lengua
en su espalda crecerán rosas y tal vez se llenen de espinas
su corazón arderá en el fuego… pecado por ser amante.




Mujer amante.
Sueño sangriento.

Todos los derechos reservados.

©2008

Despertar. Jorge Luis Borges (1899-1986)

Entra la luz y asciendo torpemente
De los sueños al sueño compartido
Y las cosas recobran su debido
Y esperado lugar y en el presente
Converge abrumador y vasto el vago
Ayer: las seculares migraciones
Del pájaro y del hombre, las legiones
Que el hierro destrozó, Roma y Cartago.
Vuelve también la cotidiana historia:
Mi voz, mi rostro, mi temor, mi suerte.
¡Ah, si aquel otro despertar, la muerte,
Me deparara un tiempo sin memoria
De mi nombre y de todo lo que he sido!
¡Ah, si en esa mañana hubiera olvido!

Despedida. Jorge Luis Borges (1899-1986)

Entre mi amor y yo han de levantarse
Trescientas noches como trescientas paredes,
Y el mar será una magia entre nosotros.
No habrá sino recuerdos.
Oh tardes merecidas por la pena,
Noches esperanzadas de mirarte,
Campos de mi camino, firmamento
Que estoy viendo y perdiendo.
Definitiva como un mármol
Entristecerá tu ausencia otras tardes.

Dakar. Jorge Luis Borges (1899-1986)

Dakar está en la encrucijada del sol, del desierto y del mar.
El sol nos tapa el firmamento, el arenal acecha en los caminos, el mar es un encono.
He visto un jefe en cuya manta era más ardiente lo azul que en el cielo incendiado.
La mezquita cerca del biógrafo luce una claridad de plegaria.
La resolana aleja las chozas, el sol como un ladrón escala los muros.
África tiene en la eternidad su destino, donde hay hazañas, ídolos,
Reinos, arduos bosques y espadas.
Yo he logrado un atardecer y una aldea.

Ausencia. Jorge Luis Borges (1899-1986)

Habré de levantar la vasta vida
Que aún ahora es tu espejo:
Cada mañana habré de reconstruirla.
Desde que te alejaste,
Cuántos lugares se han tornado vanos
Y sin sentido, iguales
A luces en el día.
Tardes que fueron nicho de tu imagen,
Músicas en que siempre me aguardabas,
Palabras de aquel tiempo,
Yo tendré que quebrarlas con mis manos.
¿En qué hondonada esconderé mi alma
Para que no vea tu ausencia
Que como un sol terrible, sin ocaso,
Brilla definitiva y despiadada?
Tu ausencia me rodea
Como la cuerda a la garganta,
El mar al que se hunde.

Arte poética. Jorge Luis Borges (1899-1986)

Mirar el río hecho de tiempo y agua
Y recordar que el tiempo es otro río,
Saber que nos perdemos como el río
Y que los rostros pasan como el agua.
Sentir que la vigilia es otro sueño
Que sueña no soñar y que la muerte
Que teme nuestra carne es esa muerte
De cada noche que se llama sueño.
Ver en el día o en el año un símbolo
De los días del hombre y de sus años,
Convertir el ultraje de los años
En una música, un rumor y un símbolo,
Ver en la muerte el sueño, en el ocaso
Un triste oro, tal es la poesía
Que es inmortal y pobre. La poesía
Vuelve como la aurora y el ocaso.
A veces en las tardes una cara
Nos mira desde el fondo de un espejo;
El arte debe ser como ese espejo
Que nos revela nuestra propia cara.
Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
Lloró de amor al divisar su Itaca
Verde y humilde. El arte es esa Itaca
De verde eternidad, no de prodigios.
También es como el río interminable
Que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
Y es otro, como el río interminable.

Amorosa anticipación. Jorge Luis Borges (1899-1986)

Ni la intimidad de tu frente clara como una fiesta
Ni la costumbre de tu cuerpo, aún misterioso y tácito de niña,
Ni la sucesión de tu vida asumiendo palabras o silencios
Serán favor tan misterioso
Como mirar tu sueño implicado
En la vigilia de mis brazos.
Virgen milagrosamente otra vez por la virtud absolutoria del sueño,
Quieta y resplandeciente como una dicha que la memoria elige,
Me darás esa orilla de tu vida que tú misma no tienes.
Arrojado a quietud,
Divisaré esa playa última de tu ser
Y te veré, por vez primera, quizá,
Como Dios ha de verte,
Desbaratada la ficción del tiempo,
Sin el amor, sin mí.

Amanecer. Jorge Luis Borges (1899-1986)


    En la honda noche universal
    Que apenas contradicen los faroles
    Una racha perdida
    Ha ofendido las calles taciturnas
    Como presentimiento tembloroso
    Del amanecer horrible que ronda
    Los arrabales desmantelados del mundo.
    Curioso de la sombra
    Y acobardado por la amenaza del alba
    Reviví la tremenda conjetura
    De Schopenhauer y de Berkeley
    Que declara que el mundo
    Es una actividad de la mente,
    Un sueño de las almas,
    Sin base ni propósito ni volumen.
    Y ya que las ideas
    No son eternas como el mármol
    Sino inmortales como un bosque o un río,
    La doctrina anterior
    Asumió otra forma en el alba
    Y la superstición de esa hora
    Cuando la luz como una enredadera
    Va a implicar las paredes de la sombra,
    Doblegó mi razón
    Y trazó el capricho siguiente:
    Si están ajenas de sustancia las cosas
    Y si esta numerosa Buenos Aires
    No es más que un sueño
    Que erigen en compartida magia las almas,
    Hay un instante
    En que peligra desaforadamente su ser
    Y es el instante estremecido del alba,
    Cuando son pocos los que sueñan el mundo
    Y sólo algunos trasnochadores conservan,
    Cenicienta y apenas bosquejada,
    La imagen de las calles
    Que definirán después con los otros.
    ¡Hora en que el sueño pertinaz de la vida
    Corre peligro de quebranto,
    Hora en que le sería fácil a Dios
    Matar del todo su obra!
    Pero de nuevo el mundo se ha salvado.
    La luz discurre inventando sucios colores
    Y con algún remordimiento
    De mi complicidad en el resurgimiento del día
    Solicito mi casa,
    Atónita y glacial en la luz blanca,
    Mientras un pájaro detiene el silencio
    Y la noche gastada
    Se ha quedado en los ojos de los ciegos.

Alhambra. Jorge Luis Borges (1899-1986)

Grata la voz del agua
A quien abrumaron negras arenas,
Grato a la mano cóncava
El mármol circular de la columna,
Gratos los finos laberintos del agua
Entre los limoneros,
Grata la música del zéjel,
Grato el amor y grata la plegaria
Dirigida a un dios que está solo,
Grato el jazmín.
Vano el alfanje
Ante las largas lanzas de los muchos,
Vano ser el mejor.
Grato sentir o presentir, rey doliente,
Que tus dulzuras son adioses,
Que te será negada la llave,
Que la cruz del infiel borrará la luna,
Que la tarde que miras es la última.

Alguien. Jorge Luis Borges (1899-1986)


    Un hombre trabajado por el tiempo,
    Un hombre que ni siquiera espera la muerte
    (Las pruebas de la muerte son estadísticas
    Y nadie hay que no corra el albur
    De ser el primer inmortal),
    Un hombre que ha aprendido a agradecer
    Las modestas limosnas de los días:
    El sueño, la rutina, el sabor del agua,
    Una no sospechada etimología,
    Un verso latino o sajón,
    La memoria de una mujer que lo ha abandonado
    Hace ya tantos años
    Que hoy puede recordarla sin amargura,
    Un hombre que no ignora que el presente
    Ya es el porvenir y el olvido,
    Un hombre que ha sido desleal
    Y con el que fueron desleales,
    Puede sentir de pronto, al cruzar la calle,
    Una misteriosa felicidad
    Que no viene del lado de la esperanza
    Sino de una antigua inocencia,
    De su propia raíz o de un dios disperso.
    Sabe que no debe mirarla de cerca,
    Porque hay razones más terribles que tigres
    Que le demostrarán su obligación
    De ser un desdichado,
    Pero humildemente recibe
    Esa felicidad, esa ráfaga.
    Quizá en la muerte para siempre seremos,
    Cuando el polvo sea polvo,
    Esa indescifrable raíz,
    De la cual para siempre crecerá,
    Ecuánime o atroz,
    Nuestro solitario cielo o infierno.

Al vino. Jorge Luis Borges (1899-1986)

En el bronce de Homero resplandece tu nombre,
Negro vino que alegras el corazón del hombre.
Siglos de siglos hace que vas de mano en mano
Desde el ritón del griego al cuerno del germano.
En la aurora ya estabas. A las generaciones
Les diste en el camino tu fuego y tus leones.
Junto a aquel otro río de noches y de días
Corre el tuyo que aclaman amigos y alegrías.
Vino que como un Éufrates patriarcal y profundo
Vas fluyendo a lo largo de la historia del mundo.
En tu cristal que vive nuestros ojos han visto
Una roja metáfora de la sangre de Cristo.
En las arrebatadas estrofas del sufí
Eres la cimitarra, la rosa y el rubí.
Que otros en tu Leteo beban un triste olvido;
Yo busco en ti las fiestas del fervor compartido.
Sésamo con el cual antiguas noches abro
Y en la dura tiniebla, dádiva y candelabro.
Vino del mutuo amor o la roja pelea,
Alguna vez te llamaré. Que así sea.

Ajedrez. Jorge Luis Borges (1899-1986)


    I

    En su grave rincón, los jugadores
    Rigen las lentas piezas. El tablero
    Los demora hasta el alba en su severo
    Ámbito en que se odian dos colores.
    Adentro irradian mágicos rigores
    Las formas: torre homérica, ligero
    Caballo, armada reina, rey postrero,
    Oblicuo alfil y peones agresores.
    Cuando los jugadores se hayan ido,
    Cuando el tiempo los haya consumido,
    Ciertamente no habrá cesado el rito.
    En el Oriente se encendió esta guerra
    Cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra.
    Como el otro, este juego es infinito.

    II

    Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
    Reina, torre directa y peón ladino
    Sobre lo negro y blanco del camino
    Buscan y libran su batalla armada.
    No saben que la mano señalada
    Del jugador gobierna su destino,
    No saben que un rigor adamantino
    Sujeta su albedrío y su jornada.
    También el jugador es prisionero
    (La sentencia es de Omar) de otro tablero
    De negras noches y de blancos días.
    Dios mueve al jugador, y este, la pieza.
    ¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza
    De polvo y tiempo y sueño y agonías?

A un viejo poeta. Jorge Luis Borges (1899-1986)

Caminas por el campo de Castilla
Y casi no lo ves. Un intrincado
Versículo de Juan es tu cuidado
Y apenas reparaste en la amarilla
Puesta del sol. La vaga luz delira
Y en el confín del Este se dilata
Esa luna de escarnio y de escarlata
Que es acaso el espejo de la ira.
Alzas los ojos y la miras. Una
Memoria de algo que fue tuyo empieza
Y se apaga. La pálida cabeza
Bajas y sigues caminando triste,
Sin recordar el verso que escribiste:
Y su epitafio la sangrienta luna.

A un poeta sajón. Jorge Luis Borges (1899-1986)

    Tú cuya carne, hoy dispersión y polvo,
    Pesó como la nuestra sobre la tierra,
    Tú cuyos ojos vieron el sol, esa famosa estrella,
    Tú que viniste no en el rígido ayer
    Sino en el incesante presente,
    En el último punto y ápice vertiginoso del tiempo,
    Tú que en tu monasterio fuiste llamado
    Por la antigua voz de la épica,
    Tú que tejiste las palabras,
    Tú que cantaste la victoria de Brunanburh
    Y no la atribuiste al Señor
    Sino a la espada de tu rey,
    Tú que con júbilo feroz cantaste,
    La humillación del vikingo,
    El festín del cuervo y del águila,
    Tú que en la oda militar congregaste
    Las rituales metáforas de la estirpe,
    Tú que en un tiempo sin historia
    Viste en el ahora el ayer
    Y en el sudor y sangre de Brunanburh
    Un cristal de antiguas auroras,
    Tú que tanto querías a tu Inglaterra
    Y no la nombraste,
    Hoy no eres otra cosa que unas palabras
    Que los germanistas anotan.
    Hoy no eres otra cosa que mi voz
    Cuando revive tus palabras de hierro.
    Pido a mis dioses o a la suma del tiempo
    Que mis días merezcan el olvido,
    Que mi nombre sea Nadie como el de Ulises,
    Pero que algún verso perdure
    En la noche propicia a la memoria
    O en las mañanas de los hombres.

A un gato. Jorge Luis Borges (1899-1986)

No son más silenciosos los espejos
Ni más furtiva el alba aventurera;
Eres, bajo la luna, esa pantera
Que nos es dado divisar de lejos.
Por obra indescifrable de un decreto
Divino, te buscamos vanamente;
Más remoto que el Ganges y el poniente,
Tuya es la soledad, tuyo el secreto.
Tu lomo condesciende a la morosa
Caricia de mi mano.
Has admitido,
Desde esa eternidad que ya es olvido,
El amor de la mano recelosa.
En otro tiempo estás.
Eres el dueño
De un ámbito cerrado como un sueño.

1964. Jorge Luis Borges (1899-1986)


    I
    Ya no es mágico el mundo. Te han dejado.
    Ya no compartirás la clara luna
    Ni los lentos jardines. Ya no hay una
    Luna que no sea espejo del pasado,
    Cristal de soledad, sol de agonías.
    Adiós las mutuas manos y las sienes
    Que acercaba el amor. Hoy sólo tienes
    La fiel memoria y los desiertos días.
    Nadie pierde (repites vanamente)
    Sino lo que no tiene y no ha tenido
    Nunca, pero no basta ser valiente
    Para aprender el arte del olvido.
    Un símbolo, una rosa, te desgarra
    Y te puede matar una guitarra.

    II
    Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
    Hay tantas otras cosas en el mundo;
    Un instante cualquiera es más profundo
    Y diverso que el mar. La vida es corta
    Y aunque las horas son tan largas, una
    Oscura maravilla nos acecha,
    La muerte, ese otro mar, esa otra flecha
    Que nos libra del sol y de la luna
    Y del amor. La dicha que me diste
    Y me quitaste debe ser borrada;
    Lo que era todo tiene que ser nada.
    Sólo que me queda el goce de estar triste,
    Esa vana costumbre que me inclina
    Al sur, a cierta puerta, a cierta esquina.