miércoles, 29 de enero de 2014

Sonata Artica Good enough is good enough


Tal vez otro otoño.

Ya nadie recuerda el primer amor, la despedida en otoño
su pelo se ha vuelto gris y su alma tan amarga
de sus ojos, el cielo robó su color para el crepúsculo
ella ha llorado lágrimas… aún cuando nunca lloraba…

Su perfume de mujer regresó a lo profundo de las selvas
su voz se volvió lenta y al final olvidó las palabras
el espanto la esperó en la noche, cuando el amor la consumía
yo encontré huellas en el jardín, con las primeras luces de la mañana…

Se han dormido sus ojos… o comenzado tal vez otro otoño
su pelo quizás se vuelva más gris al llegar la madrugada
en un mar de desesperanza se ahogan sus anhelos
tarde en la noche… nadie saldrá a buscarla…

Ella desconoce su destino… y quizás sea el destierro
el humo esconderá su nombre… y ya no recordará nada
pero volverá el cielo buscando el color del crepúsculo
y sólo encontrará lágrimas en su triste mirada.




Tal vez otro otoño.
Sueño sangriento.

Todos los derechos reservados.

©2008

Sonata Artica As the world wasn´t ending


Sus ojos azules y sus labios gentiles.

Hermosa, de pie bajo la lluvia
el verano la encontró cantando, seguramente enamorada
cientos de estrellas de mar se durmieron en su pelo
la ciudad la encontró sola… las primeras horas de la madrugada…

Pálida, como las primeras mañanas de otoño
el viento jugaba con su vestido… azul casi como el cielo
los niños arrojaron flores en su camino de regreso
una cama solitaria la aguardaba… fría y en silencio…

Donde sangran las orquídeas y el corazón se vuelve salvaje
donde ella una vez amó y después encontró la soledad
en ese mismo lugar yo encontré sus ojos azules y sus labios gentiles
cuando toqué por primera vez su mano… ahí encontré su eternidad…

Los años le han dejado arrugas en su rostro y en su cuerpo
el amor hizo su vida en el lugar más cálido… su corazón
aún así, jamás nos recordamos y ambos elegimos la soledad
soledad tan suya como mía... ¿en sus manos aún guarda acaso a la eternidad?




Sus ojos azules y sus labios gentiles.
Sueño sangriento.

Todos los derechos reservados.

©2008

Sonata Artica Tallulah


Sus labios se cerraron.

Alguna vez fue amada por otros? en recuerdos
ella lleva las cenizas de un corazón quemado
en su labios de blanco marfil, encontré una vez un beso
aunque su cuerpo de noche, lucía como una casa deshabitada…

El amor consumió todo, incluso su futuro
aquí en la tierra, sólo una vez maldije su agrio destino
en el cielo, quizás solamente su voz continúa
aún estando con sangre sus manos tan delicadas…

En un recuerdo lejano, nos unió sólo un amor frío
después ella se fue una madrugada de olvido y otoño
un leve rastro de su luz, brilló esa gris mañana
pero en sus espaldas desnudas vi una leve herida
sus alas no estaban y ella caminaba en silencio
la eternidad del odio, había dejado su boca cerrada.




Sus labios se cerraron.
Sueño sangriento.

Todos los derechos reservados.

©2008

Sonata Artica Letter to Dana


Sur indefinible.

Entre una pared y una espada, un amor milenario
ella venía desde países fríos y remotos
y ya no conoce calles o esquinas, por eso no canta
Malena es su nombre… y ha perdido mucho sólo por un beso…

En un sueño atormentado, espera iniciar así su viaje
a través de borrascas, plagas y una lluvia roja
sus ojos aún parecen míos, azules y naturales
su perfume es cálido… desde su corazón silvestre…

Ella ha mordido mi cuello, buscando ternura
caminos llenos de vidrios rotos, lastimaron sus talones
aún así permanece de pie… y camina en contra del viento
en un segundo de dolor, ella estuvo presente en mi infancia
después huyó con las aves, hacia un sur indefinible
dejando en el revés de mis manos, solamente su aroma.




Sur indefinible.
Sueño sangriento.

Todos los derechos reservados.

©2008

Sonata Artica Last drop falls


Sueño sangriento.

Las espinas en su corazón roto, trajeron su llanto
ni el día ni la noche… sus años pasados no fueron felices
ella escribió su vida, sus viajes, en un viejo muro
vencida creyó que el amor para ella, permanecía dormido…

La soledad fue quien se apoderó de su alma
otros la anhelaron, pero ninguno conmovió sus sentimientos
en las noches, desnuda, sentía su cuerpo cercado
sus dedos se lastimaron rompiendo silencios demasiado duros…

Hoy sus ojos, ante el amor, permanecen cerrados
en un recuerdo no tan profundo, ella sabe de su corazón herido
en mi pecho sus manos una tarde clavaron su bandera
entre mis dedos, ella escapó como el agua de un río
espero que en este sueño sangriento, sea ella quien vigila
y no la sombra pagana que me atraviesa con todos sus dolores.




Sueño sangriento.
Sueño sangriento.

Todos los derechos reservados.

©2008

Sonata Artica Draw me


Su vida en la mía.

Ella voló hacia otros tiempos, pero sin saber dónde
después perdió sus alas, en un alba llena de dudas
el tiempo ha alcanzado sus pasos… y el miedo
el amor por vanidoso, en ella fue algo pasajero…

Ella voló, sin saber cómo, hacia un atardecer rojo
de sus manos blancas, se escaparon los días
sus ojos lloraron bajo un cielo nublado y nocturno
en un sueño gris, creyó que por los ángeles era llamada
(con suaves campanas)…

No encontrarán sus huellas en el camino
ella escapó del planeta tierra buscando estrellas errantes
yo no puedo recordarla, aquí no crecieron sus raíces
sin embargo su pelo se esconde en el brillo de una estrella
su vida fue en mi vida, insegura y transitoria
pero aún algo queda aquí… tal vez su perfume de amapolas.




Su vida en mi vida.
Sueño sangriento.

Todos los derechos reservados.

©2008

Sonata Artica The misery


Su fantasma en las ventanas.

¿Y hoy dónde está? Sus pasos van hacia abajo
y ambos sabemos que su corazón viene desde arriba
en la tarde la melancolía es la inmensidad
el mundo sabe que ella está ausente…

De su cuerpo de luz, yo bebí su brillante energía
ella me confesó que no conocía la esperanza
su sombra hace eco en el vacío de esta casa
en las noches, creo haber visto su fantasma en las ventanas…

En vano le susurro, ella ya no escucha
bajo la lluvia encontré sus manos ensangrentadas
una estrella me contó que el dolor la aprisionó
y que en un país lejano ella se encuentra sola
es muy posible que jamás vuelva a recordarme
o que por amor… sangre hasta su alma.




Su fantasma en las ventanas.
Sueño sangriento.

Todos los derechos reservados.

©2008

Tarja Turunen You would have love this


Sombras y piedras frías.

Noche, al ser amada quizás su amor se vuelva mío
su sueño una vez fue la luz brillando en la tiniebla
sus pasos en este mundo, comenzaron en el sur de un bosque
en una sucia pared quedaron las marcas de sus manos mojadas…

Nocturna agonía, y las garras de un negro sueño
la luz de la luna volvió eternos sus ojos azules y terrestres
el enfermizo paso de la vida, en un momento tan equivocado
sombras y piedras frías, su alma sin cesar arrastra…

Espero que por amor, me arrastre al lado suyo
su corazón con violencia se sacude dentro de mi pecho
sus alas húmedas en un mar incierto, se han sumergido
ella ya no conversa con las estrellas en el cielo
dentro de un sueño, ella vive encerrada bajo llave
en un cuarto que sólo ocupan las sombras.




Sombras y piedras frías.
Sueño sangriento.

Todos los derechos reservados.

©2008

Silbermond Symphonie


Sombras propias.

Cruzando el sur a través de pinos y araucarias transparentes
en los cuatro puntos cardinales habían conocido su hermosura
la luz no pudo con sus propias sombras
los rayos de la luna hicieron palidecer sus manos con el frío…

Entonces culpa del amor, su corazón se volvió duro como el diamante
su pelo una vez azul, pareció ser el revés de este cielo
ella apareció en mi vida y todo el mundo conoció la noche
ella algunas veces canta acerca del pasado, pero no recuerda por qué está conmigo…

Su cuerpo a través de los años se ha mantenido puro
en una lágrima resbalan sus ojos verdes y su sonrisa radiante
en el pueblo hablan de ella como si fuese una condenada
y permanece junto a mí, sus ojos se cerrarán con los míos
de la horca aún permanece colgado el último de los hombres
en un rincón del calabozo, siete de sus demonios permanecen aguardando.




Sombras propias.
Sueño sangriento.

Todos los derechos reservados.

©2008

Silbermond Das Beste


Sombra del sol.

Ella creyó sentir cerca suyo al amor una noche
se volvió invisible en un sueño, misteriosa y nocturna
enredada entre la ilusión y cientos de decepciones
a través de un mundo cruel, ella caminaba confundida…

Ausente aquí, mientras por sus sueños navega
su cuerpo fue abandonado y aún así respira
ella no ha visto la mañana y sólo conoce al viento
una voz en las calles le ha dicho que aún la persiguen las sombras…

Con el correr de los años, se sucederán en ella otras almas
y aún así permanecerá perdida en lo profundo de la noche
ambos sabemos que nunca más volveremos a encontrarnos
para siempre brillará en mí la luz eterna de su vida
aunque hoy la sombra del sol la señala
y con el fuego del día convertirse en una despiadada criatura.




Sombra del sol.
Sueño sangriento.

Todos los derechos reservados.

©2008

Bonfire Rivers of glory


Sólo un sueño.

Ella se enamoró de sus ojos de color del topacio
su sangre ardía, quizás por deseo, tal vez por el fuego
lo cierto es que después su vida se volvió amarga y oscura
y en secreto, las sombras llenaron el vacío de su alma…

Ella es como la primavera y no florece en esta tierra
aún cuando el amor le dio el perfume de todas las flores
un secreto oculto, se esconde en su cuerpo
al morir, ella lo llevará hacia Dios, esperando volverse eterna…

Por las noches busca amor, pero sin saber dónde
su valentía ya no existe y pocas veces recuerda su orgullo
la vida escapó de ella… y no temió volver a perderla
por eso con el paso del tiempo… ella se tornó inerte
hoy su mano descansa sobre la mía
he llegado a creer que la muerte, si hay amor, es sólo un sueño.




Sólo un sueño.
Sueño sangriento.

Todos los derechos reservados.

©2008

Def Leppard Where does love go when it dies


Solamente el fuego.

Ella ya no ama, y reniega haber llorado ante un te quiero
y por egoísta, espero que el verano jamás llegue
sé, que el sol, es lo único que ella espera
en su corazón, una vez hubo fuego…

Enamorada de una promesa sin regreso
el odio la consumió y ella en vano por las noches ruega
esta vez, está cerca del último de sus viajes
ante la luz del amor, sus ojos fueron ciegos…

Será arrastrada tal vez con el viento
en sus manos asesinas, lleva mi corazón
cuando las puertas se cierren, conocerá el tormento
espero que al llegar la mañana, el cielo me diga que ha muerto
sé que no morirá por amor
el cielo ya no la necesita… solamente el fuego.




Solamente el fuego.
Sueño sangriento.

Todos los derechos reservados.

©2008

Asia Orchard of mines


Solamente dos velas.

Sus venas sangraron con paciencia ante un sol rojo
ella se perdió en un bosque de concreto y no la encontraron nunca
una orquídea salvaje, fue manchada con su sangre
en la oscuridad del mundo, velas custodian su retrato…

El crepúsculo fue el momento exacto para su fin
el dolor quemó todo, hasta sus pupilas apasionadas
sus uñas rasgaron la noche, buscando tal vez la luna
un océano de estrellas, hizo que jamás se hiciera de día…

Por su amor... en la iglesia sólo dos velas permanecen encendidas
el fuego espero que por piedad, no llegue hasta su alma
aún así he visto sus huellas… en la tierra húmeda y fresca
es muy posible que ella haya salido
en un secreto… sus cabellos permanecen enredados
la noche ha conocido su sangre… y su tibieza.




Solamente dos velas.
Sueño sangriento.

Todos los derechos reservados.

©2008

Axel Rudi Pell Touching my soul


Lucy. William Wordsworth (1775-1850)

Ella vivía en los caminos ocultos,
Junto a las fuentes de Dove,
Doncella por nadie alabada
Y querida por muy pocos:
Violeta entre las piedras de hielo,
Casi escondida a las miradas,
Como una estrella en la mañana
Cuando escondida brilla en el cielo.
Vivió ignorada, y muy pocos supieron
Cuando Lucy dejó de existir;
Ahora yace en su tumba fría, y
¡Ah, qué diferencia para mí!

Demons and Wizards Fiddler on the green


Erraba solitario como una nube. William Wordsworth (1770-1850)

Erraba solitario como una nube
que flota en las alturas sobre valles y colinas,
cuando de pronto vi una muchedumbre,
una hueste de narcisos dorados;
junto al lago, bajo los árboles,
estremeciéndose y bailando en la brisa.

Continuos como las estrellas que brillan
y parpadean en la Vía Láctea,
se extendían como una fila infinita
a los largo de aquella ensenada;
diez mil narcisos contemplé con la mirada,
que movían sus cabezas en animada danza.

También las olas danzaban a su lado,
pero ellos eran más felices que las áureas mareas:
Un poeta sólo podía ser alegre
en tan jovial compañía;
yo miraba y miraba, pero no sabía aún
cuánta riqueza había hallado en la visión.

Pues a menudo, cuando reposo en mi lecho,
con humor ocioso o pensativo,
vuelven con brillo súbito sobre ese ojo
interior que es la felicidad de los solitarios;
y mi alma se llena entonces de deleite,
y danza con los narcisos.

Manowar Master of the wind


El muchacho danés. William Wordsworth (1770-1850)

Entre dos páramos hay una quebrada
Y un espacio que parece sagrado
A las flores de las colinas,
Y sagrado al cielo encima.
En este valle pequeño y abierto
Hay un árbol por la tempestad golpeado;
El rayo ha cortado una piedra angular,
La última piedra de una solitaria choza;
Y en este valle pequeño puedes ver
Algo que las tormentas no destruyen,
La sombra de un muchacho danés.

De las nubes altas se oye a la alondra,
Pero las gotas no caen en esta tierra;
En este rincón solitario las aves
Nunca construyen sus nidos.
Ni bestia ni pájaro levanta aquí su casa;
Las abejas, llevadas sobre el aire ventoso,
Pasan encima de aquellas campanas fragantes
Hacia otras flores, hacia otros pequeños valles
Llevan su mercancía de polen;
El Muchacho danés deambula solo:
El valle pequeño es todo suyo.

Un espíritu meridiano es él;
Aunque parece hecho de carne y sangre;
No es un pastor ni lo será nunca,
Peón de los campos jamás será.
Porta un chaleco real de piel,
Oscuro como las alas del cuervo;
No teme lluvias, ni vientos ni rocío;
Pero en la tormenta se ve fresco y azul
Como pinos en ciernes de la primavera;
Su casco posee una gracia vernal,
Brillante como la flor en su rostro.

El arpa cuelga de su hombro;
Y luego descansa sobre su rodilla,
A las voces de una lengua olvidada
Él les regala su melodía.
Por multitudes en la vieja colina
Él es el querido y alabado;
Y a menudo, sin causa aparente,
Los corceles del monte escuchan,
Oyen al muchacho danés,
Mientras en el valle pequeño él canta solo
Junto al árbol y la piedra angular.

Allí se sienta él; en su rostro no encontrarás
Ningún rastro de su antiguo aire feroz,
Ni amplios cielos despejados
O estáticas nubes estivales.
El muchacho danés es bendito
Y feliz en su ensenada florida:
Su mente viaja por distantes hechos de sangre;
Y aún él susurra sus canciones de amor
Que suenan como cantos de guerra,
Pues tranquilo y apacible es su semblante;
Sereno como un muchacho muerto.

Noturna Cursed


Ella era un fantasma del gozo. William Wordsworth (1770-1850)

Era un fantasma del gozo cuando
por vez primera resplandeció ante mis ojos,
una aparición jubilosa enviada para adornar un instante:
sus ojos, eran estrellas de un bello crepúsculo;
como el atardecer de sus cabellos oscuros.

El resto de ella provenía de la primavera,
y de la aurora gozosa.
Una forma danzante,
una imagen radiante
que obsesiona, turba y descarría.

Vista de cerca, advertí que era un espíritu.
Sus movimientos en el hogar eran leves y etéreos,
y su paso de una libertad virginal;
un semblante en el que se encontraban
promesas y dulces recuerdos.

Una criatura no demasiado brillante
ni excelente para el sostén cotidiano,
para los dolores fugaces, los pequeños engaños;
la alabanza, el reproche, el amor, los besos,
las lágrimas y las sonrisas.

Ahora veo con ojos serenos
el mismo pulso de la máquina;
un ser que transita una vida pensativa,
un peregrino entre la vida y la muerte,
razón firme, voluntad moderada,
paciencia, previsión, fuerza y destreza.

Una mujer perfecta,
noblemente planeada para advertir,
para consolar,
para ordenar.
No obstante, siempre un espíritu,
y resplandeciente con no sé qué angélica luz.

Noturna Requiem for a divine tragedy


Sonetos de amor II. William Shakespeare (1564-1616)

Cuando caído en desgracia ante la fortuna
y ante los ojos de los hombres lloro mi condición de proscripto,
y perturbo los indiferentes cielos con mis lamentos;
cuando me contemplo a mí mismo,
y maldigo mi destino,
deseando parecerme a otras personas
más afortunadas en esperanzas;
ser tan hermoso como ellas,
y como ellas disfrutar de muchos amigos;
cuando envidio el arte de aquél,
y el poder de este otro,
descontento de lo que más placer me da;
y cuando en el fondo del pensamiento ya casi me desprecio,
de pronto,
pienso al azar en tí, y toda mi alma,
como la alondra que asciende al surgir del día,
se eleva desde la sombría tierra
y canta ante las puertas del cielo.
Porque el recuerdo de tu dulce amor me llena de riquezas,
y en esos momentos,
no cambiaría mi destino por el de un rey.

Opeth Hessian Peel


Sonetos de amor I. Wiliam Shakespeare (1564-1616)

Roe las garras del león, Tiempo devorador,
y haz que la tierra se nutra de tu progenie amada;
arranca del tigre feroz los afilados dientes,
y quema en su propia sangre al fénix inmortal;
alegra y entristece las estaciones en tu huida;
haz todo lo que quieras,
Tiempo de aéreos pies,
con el vasto mundo y sus efímeras dulzuras;
tan sólo un crimen te prohibo,
el más odioso:
¡Oh, nunca recorras el hermoso rostro de mi amor,
ni con tu antigua pluma traces tus líneas sobre su frente!
Sigue tu curso,
y déjalo inmaculado,
como ejemplo de belleza para los hombres que vendrán.
Y sin embargo,
vetusto Tiempo,
aunque ejercieras sobre él todas tus crueldades,
mi amor viviría siempre joven en mis versos.

Opeth Burden


Una canción de muerte. William Morris (1834-1896)

¿Qué es aquello que viene del oeste arrasando todo?
¿Y quiénes son estos que marchan firmes y extraviados?
Traemos el mensaje que los ricos han enviado
Abatiendo a los condenados a despertar y saber.
No uno, ni siquiera uno o un millar deben morir,
Pero todos y cada uno si oscurecen el día.

Les preguntamos por la vida de arduo trabajo,
Se nos ordenó aguardar el momento por nuestro pan;
Ansiamos expresar nuestros humildes pensamientos,
Regresamos sin palabras, trayendo a nuestros muertos.
No uno, ni siquiera uno o un millar deben morir,
Pero todos y cada uno si oscurecen el día.

Ellos no aprenden; no tienen oídos para escuchar.
Ellos esconden el rostro ante los ojos del destino;
Sus salones brillantes esconden el cielo que oscurece.
¡Pero observa a este hombre muerto golpear las puertas!
No uno, ni siquiera uno o un millar deben morir,
Pero todos y cada uno si oscurecen el día.

Aquí se encuentra la señal que quebrará nuestra prisión;
En medio de la tormenta él ganó el reposo presidiario;
Pero en el amanecer el sol surgió entre las nubes
Trayéndonos un día de trabajo lleno de esperanzas.
No uno, ni siquiera uno o un millar deben morir,
Pero todos y cada uno si oscurecen el día.

Opeth Coil


Muerte vergonzoza. William Morris (1834-1896)

Éramos cuatro en torno al lecho,
El sacerdote se arrodilló junto a él
Su madre de pie en la cabecera,
Frente a sus pies aguardaba la novia;
Estábamos seguros de que había muerto,
Aunque sus ojos permanecían abiertos.

No murió durante la noche,
No murió durante el día,
Pero en la luz del crepúsculo
Su espíritu falleció,
Cuando ni el sol ni la luna brillaban
Y en los árboles sólo flotaba un ámbar gris.

No fue muerto por la espada,
Tampoco por la lanza o el hacha,
Aunque nunca pronunció una palabra
Desde que aquí regresó;
Yo corté el delicado cordón
Del cuello de mi hermano querido.

Él no azotó su golpe
Y la cobardía viene detrás,
En un lugar donde tiemblan los cuernos,
Un sendero difícil de encontrar,
Pues los cuernos oscilan en los arcos
Y el crepúsculo ciega los corazones.

Ellos iluminaron una gran antorcha,
Donde rápidos se agitaron los brazos,
Sir John, el Caballero del pantano,
Sir Guy, del doloroso golpe altivo,
Con tres veces veinte caballeros más diez,
Colgaron al bravo Lord Hugh al final.

Yo soy tres veces veinte más diez,
Y mi cabello se ha tornado gris,
He conocido a Sir John del Pantano,
Hace mucho, en un lejano día de verano,
Y me alegra pensar en aquel momento
En el que arranqué su vida con mis manos.

Yo soy tres veces veinte más diez,
Y mi fuerza quedó en el pasado,
Pero hace mucho yo y mis hombres,
Cuando el cielo estaba nublado,
Y la bruma se arrastraba por las cañas del pantano,
Matamos a Sir Guy, el del doloroso golpe altivo.

Y ahora todos ustedes, caballeros,
Ruego que oren por Sir Hugh,
Un hombre duro y honesto,
Y por Alice, esposa de un guerrero.

Therion Sirius B


Un jardín junto al mar. William Morris (1834-1896)

Conozco un pequeño jardín de cerca,
Exuberante con el lirio y la rosa roja,
Donde yo vagaba, si me permite decirlo,
Desde la mañana a la noche húmeda de rocío,
Teniendo conmigo a un compañero errante.

Y aunque en su interior no hay pájaros que canten,
Y aunque allí no hay casas con pilares,
Y aunque las ramas de los manzanos están desnudas
De frutos y flores, ojalá
Sus pies vuelvan a pisar sobre la hierba verde,
Y yo pueda verlos como los ví antes.

Llega un suave murmullo desde la costa,
Y en la cercanía corren dos arroyos juntos,
En la distancia se ven las colinas púrpura,
Descendiendo hacia el mar inquieto:
Oscuras colinas cuyas flores no conocen a las abejas,
Oscura costa que no ha visto nave alguna
Atormentada por el verde oleaje.

Desde allí llega el murmullo incesante
Hasta el lugar por el que lloro,
Pues me lamento día y noche
Convirtiéndome inmune al deleite,
Volviéndome ciego y sordo,
Indiferente a la victoria, inepto para encontrar,
Y hábil para extraviar lo que todos desean hallar.

Sin embargo, tambaleante y débil como soy,
Aún me resta un poco de aliento
Para buscar dentro de las fauces de la muerte
Una entrada a ese lugar feliz,
Para buscar el rostro inolvidable,
Una vez visto, una vez besado, una vez extraviado
En el inquieto murmullo del mar.

Therion Call of the dragon


El amor es suficiente. William Morris (1834-1896)

El amor es suficiente: aunque el mundo disminuya,
Y los bosques no tengan voces salvo la voz de la pena,
Aunque el cielo sea demasiado negro para que los débiles ojos
Perciban el rubor dorado de las flores creciendo debajo,
Aunque las colinas sean pilares de sombras, y el mar una maravilla oscura,
Y ese día dibuje un velo sobre todos los hechos pasados,
Sus manos no harán temblar, sus pies no harán vacilar;
El vacío no agotará ni el miedo alterará
Estos labios y estos ojos de amante y amado.

Therion The wondrous world of punt


Amor completo. William Morris (1834-1896)


¿Has anhelado, a través de los cansados días,
La visión fugaz del rostro amado?
¿Has clamado por un instante de paz
En medio del dolor de las penosas horas?
¿Has rogado por el sueño y la muerte,
Cuando el dulce e inesperado consuelo
Fue sólo sombras y aliento?
Hace mucho, demasiado, que el miedo no disminuye
Sobre estas ilusorias y reptantes flores.
Ahora descansa: pues aún en el reposo
Podrás conservar todos tus anhelos.

Debes descansar y no temer
Al acechante y sordo despertar
De una vida que transcurre a ciegas;
Llena de desperdicios y penas.
Debes despertar y pensar en lo dulce
Que es tu amor, en su íntimo ardor.
Será más dulce para los labios que conocerás,
Más dulce de lo que tu corazón intenta ocultar:
Anhelos absolutos e insatisfechos.
La respuesta a todas las esperanzas
Se cierran sobre tí, muy cerca.

Recordarás los antiguos besos,
Y aún el frío dolor que crecía.
Recordarás aquella poderosa dicha,
Y aún los ojos y las manos perdidas.
Recordarás todo el remordimiento
Por lo escasos que fueron sus besos,
El sueño perdido de cómo se conocieron
Es el sabor a miseria en tus labios marchitos.
Entonces parecía Amor, pero nacido para morir,
El Hoy es inquietud, dolor:
La bendición es el olvido, el silencio;
Mi Amor es solitario, más nunca será un secreto.

Therion Dark Venus Persephone


El cuervo y la hija del rey. William Morris (1834-1896)

Hija del Rey, sentada en la alta torre,
Mientras el verano es el escudo de muchos,
¿Porqué te lamentas mientras las nubes pasan?
Entre la costa y el campo los altivos cisnes cantan,
¿Porqué te lamentas sentada en tu ventana,
Hasta que por tus frágiles dedos corran las lágrimas?

La Hija del Rey:

Lloro porque me siento sola
Entre estos muros de cal y piedra.
Los hombres se sientan en el salón de mi padre,
Pero para mí él construyó esta torre vigilada.
Y desde aquí he visto el dorado sobre el verde,
Sin noticias sobre mi verdadero amor.

El Cuervo:

Hija del Rey, sentada sobre el mar,
Cantaré una historia que os pueda alegrar.
Ayer he visto navegando un barco enorme,
Cuando el viento soplaba feliz desde el norte.
Sobre aquel labrado mástil me senté,
Y mi corazón se estremeció con fe,
Pues entre la tabla y el oscuro azul del mar,
Su espada cantaba dulce los hechos que serán.

La Hija del Rey:

¡Océano estéril! ¡Amarga entre todas las aves
Un estéril cuento mis oídos han escuchado!

El Cuervo:

Los hombres de vuestro padre fueron severos,
Ataviados con escudos y brillantes yelmos.

La Hija del Rey:

¡La peor de las historias me narras,
Las palabras como saetas me desgarran!
Vuela al sur, hacia los campos de la muerte,
Y que nada dulce en tu lápida pueda leerse.

El Cuervo:

Oh, allí estuvo Olaf, el de los lirios rosas,
Tan justo como cualquier roble que crece.

La Hija del Rey:

Oh, tierna ave ¿Qué hizo él entonces,
Entre las lanzas de los caballeros de mi padre?

El Cuervo:

Entre la tabla y el azul oscuro del mar,
Él cantó: Mi verdadero amor me espera.

La Hija del Rey:

Así como esta dura losa conoce mi dolor,
Aún no estoy agotada, mi amor.

El Cuervo:

Él cantó: Así como una vez tuve su mano,
Al final sus labios volverán a mis labios.

La Hija del Rey:

Y así como nuestros dedos se entrelazaron,
También volverán a unirse nuestros labios.

El Cuervo:

Él cantó: Que venga la ruina, el hierro y las llamas
¿Pues qué otra cosa romperá la torre sino la fama?

La Hija del Rey:

Oh, Sol, Ascended y caed con premura,
Para que la esperanza triunfe sobre la muerte.

El Cuervo:

Hija del Rey, sentada en la alta torre,
Dádme un regalo por mi cuento y volaré:
El oro de tu dedo frágil y pálido deseo,
Pues sólo eso tienes de tu viejo anhelo.

La Hija del Rey:

Junto al anillo de mi padre hay otro,
Con un beso me fue dado por mi madre.
Vuela, vuela a través de los mares
Para ganar otro de mis presentes.
Vuela al sur a traerme noticias reales,
Mientras en verano sea el escudo de muchos.
La hierba crece roja con el rocío de la batalla,
Entre la costa y el campo los altivos cisnes cantan.

El Cuervo:

Hija del Rey, sentada en la alta torre,
El verano brilla sobre el escudo de muchos,
Las noticias de la marea hablan de muerte,
Mientras en la costa y el campo los altivos cisnes cantaban;
En la tierra de los Francos él se encontró con sus lanzas,
Y la planicie entera con sangre fue sembrada.
Alta creció la fría luna cubriendo el sol,
Cuando los cuernos sonaron sobre la batalla ganada.

La Hija del Rey:

¡Caed bajo la justicia, ave! Cantad sólo la verdad
De los hechos que aquel hombre en su día realizó.

El Cuervo:

Steingrim se plantó ante su bandera,
Y los yelmos fueron rotos y las astas cayeron.

La Hija del Rey:

¿Un hombre temerario, bueno y necesario,
Puede cantar las hazañas de otro?

El Cuervo:

Donde Steingrim pasaba la batalla sonaba,
Sin embargo el pie de Olaf era más rápido.

La Hija del Rey:

¡Ah, con hechos de gloria el mundo ha de crecer!
¿Pero a qué tierras lejanas ha llegado mi amor?

El Cuervo:

Sobre la cubierta junto al mástil,
Allí yace ahora, descansado profundo.

La Hija del Rey:

¿Lo habéis oído antes de que caiga en el justo sueño?
¿Pronunció palabras ante sus hombres?

El Cuervo:

Creo que a su dama dedicó una canción,
Pero luego nada más pronunció.
Antes de que la batalla los uniera,
Steingrim una palabra le dijo:
"Si volvemos con las banderas de paz,
En la casa del rey mi fama crecerá,
Las puertas no estarán cerradas,
Y para mí siempre se abrirán.
Luego, hacia la íntima alcoba iremos,
Donde el amor su dorado manto cose.
Te llevaré adentro, y pondré su fina mano
Sobre el cuello adornado de lirios.
Dejaré al rey el radiante satisfacción,
Mientras aquella noche sea de ustedes dos".
Ahora corre hacia el norte la proa de Steingrim,
Y la lluvia y el viento golpean desde el sur.

La Hija del Rey:

Mirad, ave de la muerte, el anillo de mi madre;
El canto nupcial aún debo aprender,
Y ya no veo desagradable mi cuarto solitario;
Pues el viento, el viendo ha de gemir
Mientras ordeno el lecho de bodas.
El verano brilla en el escudo de muchos,
Pues la lluvia, la lluvia roja ha de caer,
Mientras en la costa y el campo los altivos cisnes cantan.


Antes de que el día surja de la noche,
El verano brilló sobre los escudos,
Ella escuchó el cuerno de Steingrim
Mientras los altivos cisnes cantaron.
Antes de que el día oscuro concluyera
Se oyeron los pasos de Steingrim en la escalera.
La lanza y la flecha cayeron lejos,
Mientras los pesados pies subían.
¡Oh, pesados son los pies de aquel que porta
El anhelo de los días y el dolor de los años!
Reposad, reposad, dulce lirio,
Sobre tu cuello descansará la mano.
No importa si el rey vibraba en radiante satisfacción,
Pues aquella cama fue ocupada por los dos.
Inmóvil cuando él permanece inmóvil,
El corazón yace junto al corazón.
Tal vez mis oyentes quieran hablar,
Debatir sobre esta triste historia,
Por lo tanto los dejaré piadosamente
Bajo el verano sobre los escudos.
Los días descansan hoy bajo la piedra,
Mientras en la costa y el campo los altivos cisnes cantan.

Therion Siren of the woods


Ecos de la casa del amor. William Morris (1834-1896)

El Amor nos regala cada don que nos permite vivir.
El Amor nos roba cada don que nos evita sufrir.

El Amor desata los labios en palabras de vanidad.
El Amor ata los labios cuando se dice una verdad.

El Amor aclara los ojos que de otro modo serían fríos.
El Amor ciega los ojos de todos, salvo los tuyos y los míos.

El Amor torna la vida en dicha, hasta que nada tengamos que desear.
El Amor torna la vida en desdicha, hasta que en vano podamos desear.

El Amor, que todo lo cambia, que nunca arrebate mi candor.
El Amor, que todo lo cambia, que me libere de este dolor.

El Amor quema al mundo en un inmutable cielo de placer.
El Amor quema al mundo en una cambiante tumba en donde yacer.

Y allí nosotros dos fuimos abandonados, sin necesidad de trabajar.
Y allí fui sólo abandonado, sin que nadie me llegue a extrañar.

Yo te elogio, Amor, pues la felicidad ha triunfado!
Es esta plegaria suficiente para curar mi corazón destrozado?

Therion Nightside of Eden


La defensa de Ginebra. William Morris (1834-1896)

Pero, sabiendo que querrían escucharla,
echó hacia atrás sus húmedos cabellos.


La mano en su boca, rozando apenas su mejilla,
como si hubiera recibido allí un golpe vergonzoso.
Avergonzada de no sentir otra cosa que no fuera vergüenza
en su corazón, y sin embargo, sintiendo que sus mejillas ardían tanto.


Que debía tocarlas; y como un rengo
se alejó de Gawain, con su cabeza
aún erguida; y en sus mejillas ardientes.


Las lágrimas se secaron pronto; finalmente se detuvo y dijo:
Oh, Caballeros y Señores, parece tal vez tonto
hablar de cosas conocidas hoy pasadas y muertas.


¡Dios, que puedo decir, he actuado mal,
y ruego a todos el perdón de corazón!
Ya que vosotros debéis tener razón, tan grandes Señores, así y todo...


Oid, suponed que ha llegado la hora de vuestra muerte,
y estuvieráis muy solos y muy débiles;
y estaríais muriendo mientras...


El viento está agitando la alameda, está agitando
la corriente del río que atraviesa bien vuestras amplias tierras:
Imaginad que hubiera un silencio, y que entonces alguien hablaría.


Una de las telas es el cielo, y la otra el infierno,
elige para siempre un color, cualquiera de los dos,
yo no te lo diré, tú de algún modo tienes que decirlo.


¡Tú debes darte cuenta por tu propia fuerza y por tu propio poderío!
Sí, sí, mi señor, y al abrir los ojos,
al pie de tu cama familiar verías...


Un gran ángel de Dios de pie, y con tales matices,
desconocidos en la tierra, en sus grandes alas, y manos
extendidos en dos direcciones, y la luz de los cielos ulteriores.


Mostrándolo bien, y haciendo que sus órdenes
parezcan además las órdenes de Dios,
sosteniendo con las manos las telas en dos varas;


Y una de esas extrañas telas era azul,
larga y ondulada, y la otra breve y roja;
ningún hombre podría decir cuál era la mejor de las dos.


Luego de una trémula media hora dirías
¡Dios me salve! el color del cielo es azul. Y el ángel dice: Infierno.
Entonces tu te debatirías tal vez sobre tu lecho.


Y dirías a todos los buenos hombres que te quisieron:
¡Ah Cristo! Si sólo hubiese sabido, sabido, sabido;
Lancelot se alejó, entonces pude entender,


Como los más sabios de los hombres, como serían las cosas, y lamentar,
y revolcarme y lastimarme, y desear la muerte,
y temerle al mismo tiempo, por lo que habíamos sembrado.

Therion In the desert of Set


La melodía de las siete torres. William Morris (1834-1896)

Nadie va hacia allí ahora:
Qué queda allí para ver?
de las filas de almenas desoladas
y el pesado techo de plomo gris?
"Por lo tanto", dijo la Bella Yolanda de las Flores,
esta es la Melodía de las Siete Torres.

 Nadie camina allí ahora;
excepto bajo la pálida luz de la luna.
Los fantasmas se pasean en fila;
si uno pudiera verlos, sería una terrible visión.
Oye! dijo la Bella Yolanda de las Flores,
esta es la Melodía de las Siete Torres.

 Pero nadie puede verlos ahora.
Aunque estén sentados a lo largo del foso,
con los pies sumergidos en el agua y en fila.
Sus largos cabellos flotando al viento.
"Por lo tanto", dijo la Bella Yolanda de las Flores,
esta es la Melodía de las Siete Torres.

 Si alguien va hacia allí ahora,
debe ir hacia allí solo.
Sus puertas no se abrirán a ninguna fila
de lanzas relucientes ¿irás entonces solo?
Oye! dijo la Bella Yolanda de las Flores,
esta es la Melodía de las Siete Torres.

 Sé mi amor, vé hacia allí ahora,
a traer mi cofia de allí.
Mi cofia y mi manto adornado de perlas
Oliver, vé hoy mismo!
"Por lo tanto", dijo la Bella Yolanda de las Flores,
esta es la Melodía de las Siete Torres.



No soy feliz ahora
no puedo decirte porqué
Si vas, los curas y yo en fila
rezaremos para que no mueras.
Oye! dijo la Bella Yolanda de las Flores,
esta es la Melodía de las Siete Torres.
 
Si vas por mí ahora,
besaré por fin tu boca,
(Ella dijo para sí)
(Las tumbas se yerguen grises en fila)
Oliver, abrázame fuerte!
Por lo tanto, dijo la Bella Yolanda de las Flores,
esta es la Melodía de las Siete Torres.