miércoles, 26 de febrero de 2014

Iron Maiden Fear of the dark


Nyarlathotep. Howard Phillip Lovecraft (1890-1937)

Y vino del interior de Egipto.

El extraño Oscuro ante el que se inclinaban los fellás; silencioso, descarnado, enigmáticamente altivo, envuelto en sedas rojas como las llamas del sol poniente.

A su alrededor se congregaban las masas, ansiosas de sus órdenes, Pero al retirarse no podían repetir lo que habían oido; mientras la pavorosa noticia corría entre las naciones: las bestias salvajes le seguían lamiéndole las manos.

Pronto comenzó en el mar un nacimiento pernicioso; tierras olvidadas con agujas de oro cubiertas de algas; se abrió el suelo y auroras furiosas se abatieron sobre las estremecidas ciudadelas de los hombres.

Entonces, aplastando lo que había moldeado por juego, El Caos idiota barrió el polvo de la Tierra.

Iron Maiden Afraid to shoot strangers


Azathoth. H.P. Lovecraft (1890-1937)

El demonio me arrastró por el vacío sin sentido.
Más allá de los brillantes enjambres del espacio dimensional,
Hasta que no se extendió ante mí ni tiempo ni materia
Sino sólo el Caos, sin forma ni lugar.
Allí el inmenso Señor de Todo murmuraba en la oscuridad
Cosas que había soñado pero que no podía entender,
Mientras a su lado murciélagos informes se agitaban y revoloteaban
En vórtices idiotas atravesados por haces de luz.
Bailaban locamente al tenue compás gimiente
De una flauta cascada que sostenía una zarpa monstruosa,
De donde brotaban las ondas sin objeto que al mezclarse al azar
Dictan a cada frágil cosmos su ley eterna.
-Yo soy Su mensajero-, dijo el demonio,
Mientras golpeaba con desprecio la cabeza de su Amo.

Amorphis Brother moon


Hermosa Elenor. William Blake (1757-1827)

La campana dio la una estremeciendo la torre silenciosa.
Las tumbas entregan sus muertos: la hermosa Elenor
ha pasado junto al portal del castillo y, deteniéndose,
mira a su alrededor.
Un lamento sordo recorrió las siniestras bóvedas.

Gritó fuerte y rodó por los peldaños.
Sus mejillas pálidas dieron contra la roca yerta.
Nauseabundos olores de muerte
escapan como de un lóbrego sepulcro.
Todo es silencio, salvo el suspiro de las bóvedas.

La helada muerte retira su mano, y la doncella revive.
Asombrada se encuentra de pie,
y como ágil espectro, por estrechos corredores anda,
sintiendo el frío de los muros en sus manos.

Retorna la fantasía y piensa entonces en huesos,
en cráneos que ríen,
y en la muerte corruptora envuelta en su mortaja.
No tarda en imaginar hondos suspiros,
y lívidos fantasmas que por allí se deslizan.

Al fin, no la fantasía, sino la realidad,
atrae su atención. Un ruido de pasos,
de alguien que corre, se acercan. Ellen se detuvo
como una estatua muda, helada de terror.

El condenado se acerca gimiendo: "El mal está hecho;
toma esto y envíalo por quien fuere.
Es mi vida. Envíalo a Elenor.
¡Muerto está, pero clama tras de mí, sediento de sangre!"

¡Toma!, exclamó, arrojando a sus manos
un paño húmedo y envuelto. Luego huyó
gritando. Ella recibió en sus manos
la pálida muerte y le siguió en alas del espanto.

Atravesaron presurosos las rejas exteriores.
El desdichado, sin dejar de ulular, saltó el muro, cayendo al foso
y ahogándose en el cieno. La hermosa Ellen cruzó el puente
y oyó entonces un tétrica voz que preguntaba: ¿Lo has hecho?

Como herida y frágil gacela, Ellen corre
por la llanura sin caminos. Como aérea flecha nocturna
hacia la destrucción, desgarrando la oscuridad,
huye del terror hasta volver al hogar.

Sus doncellas la esperaban. Sobre su lecho cae,
aquel lecho de alegrías donde en otro tiempo su Señor
la abrazara.
¡Ah, espanto de mujer!, exclamó, ¡Ah, maldecido duque!
¡Ah, mi amado Señor! ¡Ah, miserable Elenor!

¡Mi Señor era como una flor sobre las sienes
del lozano mayo! ¡Ah, vida, frágil como la flor!
¡Oh, lívida muerte! ¡Aparta tu mano cruel!
¿Pretendes acaso que florezca para adornar
tus horribles sienes?

Mi Señor era como una estrella en lo alto de los cielos,
arrastrada a la Tierra mediante hechizos y conjuros;
mi Señor era como los ojos del día al abrirse,
cuando la brisa de occidente danza sobre las flores.

Pero se oscureció. Como el mediodía estival,
se nubló; cayó como el majestuoso árbol talado;
moró entre sus hojas el aliento de los cielos.
¡Oh, Elenor, débil mujer abatida por el infortunio!

Tras hablar así levantó la cabeza,
viendo junto a ella el ensangrentado paño
que sus manos trajeron. Entonces, diez veces
más aterrada, vio que sólo se desenvolvía.

Su mirada estaba fija. La sangrante tela se abre
descubriendo a sus ojos la cabeza
de su amado señor; amarillenta y cubierta
de sangre seca, la cual, tras gemir, así habló:

Oh, Elenor, soy lo que queda de tu Señor
que; mientras reposaba sobre las piedras
de la lejana torre,
fue privado de la vida por el miserable duque.
¡Un villano mercenario cambió mi sueño en muerte!

¡Oh, Elenor, cuídate del perverso duque!
No le des tu mano, ahora que muerto yazgo.
Tu amor busca quien, cobarde y al amparo de las sombras
invita rufianes para arrebatarme la vida.

Ella se dejó caer con miembros yertos,
rígida como la piedra.
Tomando la ensangrentada cabeza entre sus manos,
besó los pálidos labios. No tenía lágrimas que derramar.
La llevó en su seno y lanzó su último gemido.

Amorphis Same flesh


Fragmento de una balada. Elizabeth Eleanor Siddal (1829-1862)

Muchas millas sobre el campo y el mar
Hasta que mi amor pudo retornar,
De sus palabras no tengo recuerdos,
Sólo el de los árboles y el gemido del viento.

Y arribó listo para tomar sin daño
La cruz que he cargado por años,
Pero las palabras llegaron lentas
De aquellos fríos y mudos labios.

¿Cómo sonaban mis palabras lentas y plenas,
En aquel gran corazón que me amó en la pena,
Venido a salvarme del odio y el dolor
Y a confortarme con su delicado amor?

Sentí al viento golpeando frío, gélido,
Y a la bruma roja acariciar la puerta;
Sentí que el hechizo que sostenía mi aliento
Se quebraba, viviendo siempre muerta.

Amorphis The smoke


Fantasma. Samuel Taylor Coleridge (1772-1834)

Todos los rasgos y semejanzas tomadas de la tierra,
Todos los accidentes de la casta y el nacimiento han pasado;
No había rastros del azar en su rostro iluminado,
Alzado de la áspera piedra su espíritu era sólo suyo;
Ella, ella misma y solamente ella
Podía brillar a través de su cuerpo.

Doro Pesch The last goodbye


Pequeña canción de cuna.





Duerme en silencio, que las amigas estrellas cuidan de ti
duerme porque mañana estará el sol esperando para hacerte feliz
y nosotros seguiremos aquí, esperando que puedas decir nuestros nombres
pero ahora duérmete, porque a tu cuna ha llegado la noche...




Pequeña canción de cuna.
Sancta Sanctorum.

Todos los derechos reservados.

©2004

Dokken How I miss your smile


Para nunca olvidarla.





De las pocas veces en que dije que la amaba, se lo dije con la verdad
pero ella prefirió el silencio y la ausencia, y así jamás regresar
yo después de todo no dejé caer tantas lágrimas, elegí seguir viviendo
quizás por si ella alguna vez quería regresar, así podía encontrarme con los brazos abiertos...

De la primera vez en que respiré el perfume que transpiraba su piel
donde a sus besos les encontré sabor amargo, y no quise pensar en un después
miles de momentos, en los que juntos soñamos con escapar a un mundo mejor
pero ella eligió inventarse un nuevo pasado, y yo decidí esperarla junto a mi amor...

De esa mística vez, en que ella se apareció en mi cama, vestida de sueño
de las veces en que para que me escuchara desde su hogar, dejé mil te amo en el viento
pero ella mientras dormía en la cama de la ausencia, despertó en una mañana distinta
yo no pude olvidarla, pero sí pude dejar que dejara de doler dentro de mi vida...

Hoy estamos en lugares tan lejanos, que ya no respiro su perfume
y sé que ella ya no habla de mí, y que no espera que yo la escuche
pero aún me mantengo por las noches en que no tengo sueño, pronunciando su nombre
que jamás he de olvidar, aunque me duela para siempre, y jamás mis días tengan paz durante la noche...




Para nunca olvidarla.
Sancta Sanctorum.

Todos los derechos reservados.


©2004

Derdian Why


Nuestra manera de decirnos adiós.





La última vez que sentí los débiles latidos de tu corazón
fue en las penumbras del invierno, cerca de la década del dolor
y quise convencerte de que después de todas las cosas, nada es perfecto
excepto tu amor convertido en sueños, amigo del eco del silencio...

La última mañana en que desperté en el mundo mágico de tus brazos
no percibí el perfume del mar, sólo el sabor amargo que me dejaban tus besos
tú quisiste convencerme acerca de que después de un sueño, las cosas malas se irían
aunque sabías que nada dejaría de doler, e ignorabas que era culpa de tu compañía...

La última tarde que caminamos juntos por la orilla intranquila del mar
en el momento en que nuestras manos se tomaron, sentí el frío de la inmensidad
sé que tú sentías frío desde que te entregué la ausencia de los mejores recuerdos
porque cuando me hablabas del pasado, casi siempre te quedabas en silencio...

La última noche en que decidimos que sería mejor dividir al mundo en dos
noté que negras lágrimas resbalaban por tus mejillas, pero no las detuve
porque ambos sabíamos que todo sería en vano, que no podríamos volver atrás
aunque tú te mintieras acerca de la decepción, y yo me convenciera de que aún no era demasiado tarde para volver a amar...




Nuestra manera de decirnos adiós.
Sancta Sanctorum.

Todos los derechos reservados.

©2004

Deep Purple Wasted sunsets


Más allá de todos los horizontes.





Porque necesitaba salir de la ciudad que tanto dolor le había traído
escapó entre las nubes que se lleva el viento, hacia el infinito
miles de soles la vieron pasar, miles de hombres la vieron llorar
detrás de cualquier tormenta, cada vez que se detenía a observar el atardecer en el mar...

Buscó en sus vanas memorias, algún recuerdo que le preservara su nombre
porque necesitaba recordarlo, cada vez que la soledad la sorprendía en la noche
y su amor, que se mantenía aún fuerte a pesar de tantas décadas interminables de dolor
quizás con la esperanza de que todo iba a cambiar, o que alguna vez podría ver renacer al sol...

Entonces tomó un barco que la llevara más allá de todos los horizontes
y de pronto se encontró perdida en las tierras incas, en las ciudades del Sol
allí escribió el nombre que nadie recordaba, por si él tenía pensado regresar
era sólo un trazo para que él la pudiera encontrar...

Pero nadie volvió, y ella quedó abandonada en las viejas ruinas de la cima del cielo
pero si volvieron los inviernos, y cuando llegó otra vez la primavera, llegó con ella el deseo
miles de lunas la vieron seguir por la ruta que la conduciría a Argentina, y así a la tierra del Sol
donde yo estaría esperándola siempre, sólo con mi amor...




Más allá de todos los horizontes.
Sancta Sanctorum.

Todos los derechos reservados.

©2004

David Hallyday About you


Más allá de las lágrimas.





Después de tantos días de hacerte amiga del dolor
después de tantos inviernos sin poder sentir de cerca el calor
el sol volvió a brillar sobre las pálidas colinas de tus tierras
y el amor se hizo nueva sangre que corría rápido por tus venas...

Más allá de los horizontes infinitos y de la inmensidad del mar
más allá de las caricias y de los besos abandonados en el mar de la humedad
tu amor cruzó las barreras que las palabras le dejaron después del adiós
porque necesitaba sentirse libre, más allá de las lágrimas y del dolor...

Después de miles de mañanas en las que decías que no querías despertar
después de miles de noches en las que pensaste que con la muerte encontrarías paz
Dios volvió para decirte que eras libre y que nada en este mundo te era imposible
aunque creyeras que el cielo aquél jamás volvería, y que regresaría a redimirte...

Más allá de las lágrimas que alguna vez arrojaste al mar de los vencidos
más allá de los lamentos que dejaste en los muros donde escribiste acerca de tu destino
tu amor cruzó las barreras que dejó el vacío y que luego se convirtieron en dolor
más allá de las palabras de despedida y de más allá de las lágrimas que siempre lloró tu amor...




Más allá de las lágrimas.
Sancta Sanctorum.

Todos los derechos reservados.

©2004

Dream Theater Wither


Madre de la naturaleza.





Los años surcaron las manos que antes fueron suaves como el terciopelo
y el olvido le robó los recuerdos más preciados que ella guardaba en el silencio
su hijo le llevó arena y un poco de agua de mar, para que no extrañara el perfume del hogar
para que no se sintiera vacía, y para que la vejez no la hiciera llorar...

La noche la sorprendió conversando con los cómplices del silencio
estrellas cruzaron sus ojos grises para perderse en la oscuridad del cielo
la lluvia llegó, y con ella llegaron el cansancio y los primeros pasos del sueño
que ella tanto anhelaba, porque así podría recordar cuál era su nombre y el de su pueblo...

Dios regresó para cubrir su cuerpo con el manto del sueño eterno
ella quiso despedirse de su hijo, decirle que siempre, siempre lo amaría
Dios por piedad, dejó que su perfume se eternizara en las primeras horas de la primavera
para que ella recordara su nombre de Sol y de lluvia, y que entre la humedad del rocío ella volviera...




Madre de la naturaleza.
Sancta Sanctorum.

Todos los derechos reservados.

©2004

Axel Rudi Pell All the rest of my life


Lo que ella jamás entendería.





Su primer llanto se escuchó en las primeras luces del día
después tendría para llorar los demás años de su vida
su madre le puso el nombre del cielo y la hizo hija del viento
luego ella lo olvidaría y así lo cambiaría por el amigo silencio...

El tren de la vida la llevó a que paseara por las nubes y que llegara al infinito
después llegaría en un sueño sin retorno, donde no iría conmigo
porque yo habría de quedarme en la Tierra, esperando que ella regresara
porque aquí construiría el hogar que nunca tuvo y que ella tanto anhelaba...

Al regresar me contó con extrañas palabras cómo había sido su viaje
ella habló de sus sueños durante toda la noche, y yo no pude hablarle
porque ella se quedó dormida, quizás porque mis cosas le parecían todas conocidas
quizás porque ella ya había vivido demasiado, y aún no le encontraba un sentido exacto a mi vida...

Cuando ella me habló acerca de querer continuar con su viaje imaginario
por amor yo le pedí que si se iba, entonces que jamás volviera
porque mi vida siempre seguiría siendo la misma, y yo seguiría derribando mis castillos de arena
aunque ella nunca pudiera decirme nada, y lo que llevo en mi vida, alguna vez lo entendiera...




Lo que ella jamás entendería.
Sancta Sanctorum.

Todos los derechos reservados.

©2004

Avantasia What kind of love


Llorando en la oscuridad.





Cuando las luces se apagaron, ella se encontró empapada de soledad
miró al cielo esperando ver luces, pero sólo habían estrellas y el reflejo del mar
desesperada buscó entre sus recuerdos, esperando ver un poco de luz
pero sólo habían más lágrimas suyas y ajenas, y la sombra indeformable de una cruz...

Con sus manos buscó en su piel, las viejas cicatrices y así se sintió acompañada
porque ella y el dolor eran amigos, y cuando nada dolía, ella todo extrañaba
ningún sonido había en la noche, ningún amigo que pudiera acompañarla
sólo el vacío tantas veces odiado, y la ausencia que se mete por todos los rincones del alma...

Esperaba que el tiempo fuera clemente, y que hiciera que amaneciera más temprano
pero miles de nubes formaron su nombre en el cielo, y lo empaparon de lluvia
ella lloraba aferrada a una almohada, que estaba harta de escucharla
aún cuando ella prefiriera el mar, para limpiar los pecados y confesarse desde el alma...

Las primeras luces del día, la sorprendieron dormida frente a un espejo roto
los pájaros se posaron en su ventana, pero ella nunca más abrió los ojos
de pronto una lágrima rodó por sus mejillas casi azules, sin vida
y desde el cielo se sintió la paz de su alma, y el eco imperturbable de su sonrisa...




Llorando en la oscuridad.
Sancta Sanctorum.

Todos los derechos reservados.

©2004

Avantasia Cry just a little


Lejos del mar de las lágrimas.


Sus ojos que alguna vez fueron el color del cielo azul
hoy están vencidos, tal vez cansados de mirar hacia el pasado
y sus manos que tantas veces curaron mis heridas
hoy están lastimadas de tanto aferrarse a los bordes de acero de esta vida...

Su cuerpo desnudo, que ante mis ojos se desnudó hasta el alma
hoy es sólo escombros y ruinas, bajo las primeras luces de la mañana
y su espalda que siempre cargó el peso de mis días y de sus días
hoy sólo carga al olvido de todas las pequeñas cosas, incluso hasta de la sonrisa...

Lejos del mar de las lágrimas, sus ojos navegan en las aguas de la locura
buscando las partes perdidas de su infancia y el recuerdo de las horas más oscuras
lejos del mar de los vencidos, está su amor, perdido entre mil poemas y mil canciones
en el país donde alguna vez fue feliz, y hoy sólo encuentra nada más que dolores...

Ella caminó los últimos pasos que le quedaban hacia la Vía Láctea
en sus manos llevó a las estrellas más pequeñas, para que le hicieran compañía
yo le llevé flores a su triste cama de piedra, ella me besó por última vez con los rayos de la Luna
para después abrazarme con sus brazos fríos, convertidos en una tímida lluvia...




Lejos del mar de las lágrimas.
Sancta Sanctorum.

Todos los derechos reservados.

©2004

Avantasia Anywhere


Lejos de mis ojos.





Caminó a mi lado por los meses de dolor interminable
porque quería encontrar el país donde la noche jamás termina
yo en mis manos, me llevé su alma para protegerla de la luz del Sol
ella decía que escapaba de un destino, cuando en realidad escapaba del dolor...

Con su paciencia infinita, secó las lágrimas de sangre y arena
porque ella tenía mi luz ahora, así podía caminar entre sombras
yo encontré en su valija, todos los pequeños momentos que juntos vivimos
sabía que quizás aún sentía amor, y que tal vez tenía miedo de no caminar más conmigo...

Yo le hablé de la ausencia, de los momentos en que quise olvidar
ella sonrió entre mil luces y sombras, me preguntó si quería regresar
porque ambos sabíamos que a mí ya no me importaba encontrar el infinito
porque sólo quería estar en una vieja ciudad, con mis viejos amigos...

Nos detuvimos a escribir mil cartas de amor en el mar
donde ella me confesó su fiel amor y yo le di mi alma dormida
pero los dos sabíamos que éste era el adiós, que los sueños volvían a estar rotos
aunque yo jamás pudiera olvidar su nombre, ni ella pudiera vivir lejos de mis ojos...




Lejos de mis ojos.
Sancta Sanctorum.

Todos los derechos reservados.

©2004

At Vance You and I


Legado.





Buscaste el mar que pudiera llevarte al principio de un atardecer
porque estabas cansada de caminar y tus ojos sólo miraban al pasado
yo lo único que dejé en ti, fueron un sueño mágico y quizás un poco de amor
porque tu alma siempre estaría dormida y no podrías enfrentarte al dolor...

Buscaste algún beso de fuego que quemara tus labios como el Sol
porque después de todo, eras una mujer que necesitaba calor en el corazón
y yo lo que dejé en ti fueron sólo una promesa falsa y un montón de silencio
para que así vieras la otra parte del mundo y caminaras en contra del viento...

Necesitabas desesperadamente una caricia o el tacto de una mano amiga
porque dolía en el alma, despertar por las mañanas, empapada de soledad
entonces lo que yo dejé de legado, fueron una sombra y un sueño de amor
para que encontraras luz en los senderos de la vida y compañía en el camino del Sol...

Necesitabas de la sabiduría para comprender las cosas inexplicables
porque pensabas que adiós estaba escrito en el libro de nuestras vidas
yo dejé de legado un montón de poemas y un mensaje por el cual volverías a creer
que más allá del dolor todo es posible, y se puede empezar otra vez...




Legado.
Sancta Sanctorum.

Todos los derechos reservados.

©2004

A una de otro humor. Djuna Barnes (1892-1982)

¿Oh, amada querida, debería dejar
De mirarte, siempre con ojos húmedos,
Y quejumbrosos besos de estos labios donde yace
Más miel que en tus áloes? ¿Debería romper
Aún más oscuras hierbas, y suspirando no perder de vista
Con fingida lamentación y gritos temerosos,
Rodeándote lentamente con blasfemias
Porque estaría bailando? No, me falta
La necesaria torpe salmodia de la desesperación.
No resuena en mí tu humor sombrío,
No está en mi corazón. Ni en ningún sitio
Dentro de mi carne, la misma carne que enamoraste.
¿Entonces para qué aflojar mi trenzado pelo
Ocultando mis ojos, y pretender que cavilo?

Inventario de lugares propicios al amor. Ángel González (1925-2008)

Son pocos.
La primavera está muy prestigiada, pero
es mejor el verano.
Y también esas grietas que el otoño
forma al interceder con los domingos
en algunas ciudades
ya de por sí amarillas como plátanos.
El invierno elimina muchos sitios:
quicios de puertas orientadas al norte,
orillas de los ríos,
bancos públicos.
Los contrafuertes exteriores
de las viejas iglesias
dejan a veces huecos
utilizables aunque caiga nieve.
Pero desengañémonos: las bajas
temperaturas y los vientos húmedos
lo dificultan todo.
Las ordenanzas, además, proscriben
la caricia (con exenciones
para determinadas zonas epidérmicas
–sin interés alguno–
en niños, perros y otros animales)
y el “no tocar, peligro de ignominia”
puede leerse en miles de miradas.
¿A dónde huir, entonces?
Por todas partes ojos bizcos,
córneas torturadas,
implacables pupilas,
retinas reticentes,
vigilan, desconfían amenazan.
Queda quizá el recurso de andar solo,
de vaciar el alma de ternura
y llenarla de hastío e indiferencia,
en este tiempo hostil, propicio al odio.

Tradición. Natalia Toledo.

Hubo quien probó el mosto de tu piel,
te caminó de la cabeza a los pies sin abrir los ojos
para no descubrir el resplandor del sol.
Hubo quien sólo pellizcó la comida
y no quiso beber el chocolate de los compadres
y el pozol de semilla de mamey.
Hubo quien colgó en la puerta de tu casa una olla rota
y no quiso pagar la fiesta.
No supieron los tontos que una flor caída al suelo
sigue siendo flor hasta su muerte.

El amor es otra cosa, señores. Eduardo Lizalde.

Uno se hace a la idea,
desde la infancia,
de que el amor es cosa favorable
puesta en endecasílabos, señores.

Pero el amor es todo lo contrario del amor,
tiene senos de rana,
alas de puerco.

Mídese amor por odio.
Es legible entre líneas.
Mídese por obviedades,
mídese amor por metros de locura corriente.
Todo el amor es sueño
—el mejor áureo sueño de la plata—.
Sueño de alguien que muere,
el amor es un árbol que da frutos
dorados sólo cuando duerme.

El viaje sin nombre. James Laughlin (1914-1997)

 ¿A dónde va
cuando cierra los ojos
cuando hacemos el amor?

Está ahí, a mi lado
pero no está ahí
Si la toco tiembla
pero no dice nada

Una noche le pregunté
a dónde viajaba
Entonces me sonrió y
contestó no te preocupes

nunca estaré lejos de ti
La tierra que visito
es la tierra de los poemas
que escribiste para mí.

Telón. Carmen Villoro.

Quien haya espiado por las cerraduras
quien haya andado a gatas bajo la mesa del comedor
quien haya desvestido poco a poco a un ser amado
quien haya quitado la venda de unos ojos
quien haya tapado con la sábana a un muerto
quien haya jugado al escondite atrás de las cortinas
quien haya escuchado tras la puerta una conversación
quien haya escondido una fotografía en un libro
una flor en un cajón
quien haya sido traicionado por sus propias palabras
quien haya recibido una llamada largamente inesperada
quien haya escuchado una declaración de amor
quien haya prendido la luz en medio de la noche
sabe lo que el telón esconde.

Círculo. Yannis Ristos (1909-1990)

La misma voz, aún ronca, le dijo que pintara,
“Aquí es donde yo termino, aquí donde vuelvo a
    empezar” —siempre lo mismo,
un círculo vicioso, y en el círculo
la cama vacía o la mesa desnuda con la lámpara
iluminando dos manos moviéndose sin dirección
removiendo dos largos guantes de plástico negro.