martes, 22 de abril de 2014

Rata Fantasma. V.

Resulta inusual que en una pequeña barriada de Granada , donde los lugareños sólo se preocupan por llevar la vida de los demás y donde sus apacibles calles sólo albergan el sonido montono de la fauna cercana al lugar se desarrollen los siguientes acontecimientos:
Al igual que cada fin de semana me disponia a iniciar el regreso a mi hogar junto a mi fiel amigo Angel despues de una animada noche de fiesta.
Como siempre ivamos bromeando por el camino sobre los momentos vividos aquella noche,mientras hablabamos sobre las bellezas masculinas de la discoteca nos sobresaltamos al oir el maullido de un gato que estaba urgando en los contenedores cercanos de nuestro bloque de pisos.
Al pasar junto a este nos deslumbro lo que parecia un animal con forma de roedor cuya figura desprendia un brillante color entre transparente y fosforecente que nos hizo desorientarnos de terror y asombro.
Su fantasmal figura nos sobrecogió el alma y mas cuando se dirigió en direccion a nosotros,y pudimos comprobar como sus ojos de un rojo intenso nos cegaban...lo ultimo que sabemos es que despues de abrir nuestros ojos que se cerraron de panico, el animal desapereció.

La niña de la habitación. L.

Era el mes de diciembre, epoca en que me encontraba en examenes finales en la universidad, asi que un dia acordamos con mis colegas ir a estudiar por la noche a casa de uno de ellos, es asi que nos reunimos para la cita pactada.
Era casi las siete de la tarde noche cuando empezamos a estudiar en grupo, hora tras hora, ´éstas pasaban y el cansancio apremiaba, ya llegada las 4 de la madrugada decido ir a dormir un par de horas, programo mi telefono para que suene, pueda levantarme y seguir con mi estudio, me acoste muy cansado, me cubri con una sábana y me dedique a domir, es cuando ya casi se acercaba la hora de despertar cuando senti como la sábana que cubria mi cuerpo se deslizo de forma rapida como si alguien me la arrancara con fuerza, me desperde aturdido y al levantar la mirada vi a un niña, en ese momento entre en panico y heche a correr hacia la sala gritando que habia una niña ahi, todos se despertaron y corrieron a ver al cuarto si habia una niña, pero al encender la luz no habia nadie, al amanecer le comento a la madre de mi colega y ella me cuenta que en la casa hay una niña que gusta de hacer estas bromas pero es muy noble y gusta de estar merodeando las habitaciones.

Desde ese dia cada vez que voy a la casa de mi colega para mis sesiones de estudio, siempre llevo un caramelo y lo coloco debajo de la cama donde descanso, para que la niña me despierte y pueda seguir estudiando...increible pero muy cierto.

Litio. H. Cruz.

“Si, ese es mi nombre. No lo vuelvas a preguntar… de acuerdo, Jenna Andreas Bargh me nombro mi amo. Pero debes callar, si se entera que te he permitido la entrada a su morada, te destruiría y me enviaría al cuarto de litio. No lo permitiré. Y si tu te sales de esta habitación sin mi autorización seguro te mato a mi cuenta.”
Sus ojos negros como perlas quemadas me veían y sentía que penetraban mi interior. Jenna era la dama de la penumbra de la luna llena. Su piel pálida se veía hermosa esa noche, parecía ser pintada con cenizas blancas y sus labios carnosos en un rojo corintio. Ella era mi amiga, mi única amiga, eso pensé. Yo, como una huérfana, mis cabellos, todos fuera de lugar, mi atuendo rasgado y sucio, no me comparaba a su par. Me mantuve en una habitación oscura y húmeda por cinco días. En la mañana, logre ver todo. Era un cuarto pequeño, sin limpieza, pues tenía telas de araña por todas partes. Hah! Una rata acaba de pasar por mis pies descalzos y mugrientos. La rata más grande que he visto. La habitación consiste en una puerta hacia el resto de la mansión supongo, una mesa de madera, un banco junto a ella y una candela, la cual Jenna no pudo prender anoche porque se humedeció gracias al sereno de la luna. Además tiene una ventana en lo alto cerrada por tres barrotes de metal oxidado.
Solo pude alcanzar a ver fuera de aquella pequeña ventana, elevándome sobre el banco de madera. Había dudado que este aguantara mi peso pero lo hizo y al ver tras ese hueco en la pared mis ojos engrandecieron como dos faros en la mitad de la noche. Un cuarto de paredes altas y sin remache con lo que parecían ser ángeles pintados en las paredes. Era inquietante ver como aquellas ánimas paseaban de un lado hacia otro sin que sus pies tocaran el suelo. Una eufórica sinfonía de gritos que parecían ser de desesperación lleno mis oídos. Flotaban por sobre un amplio estanque con bellos nenúfares flotando sobre el agua oscura. ¿Era esa agua? Mi asombro llamo la atención de aquellas criaturas traslucientes. Furiosamente, se dirigían todas hacia mí, sus ojos rojizos y brillantes. De reojo note que empezó a oscurecer y sentí que el aire me golpeaba la frente de manera impetuosa. Mi corazón latía al unisonó de las campanas de la iglesia de mi pueblo y me dolía todo. Ese miedo era sofocante. Estruje mis parpados con fuerza dejando atrás aquellos gritos esquizofrénicos y tenebrosas imágenes. De repente sentí una briza calmada y fría que refresco todo mi cuerpo tembloroso. Cuando abrí los ojos estaba tirada en el suelo y tenía un gran dolor de cabeza. “te golpeaste la cabeza muy fuerte, pensé que estabas muerta.”
Un ser de abrigo negro y botas grandes estaba sentado en el banca tomando al parecer te en una tasa de porcelana con detalles lujosos en dorado. No logre ver su cara, y menos sus ojos. Yo me quede tirada en el suelo mientras él me contaba hechos médicos del cerebro tratando de hacerme entender lo que me puede hacer un golpe en la cabeza. “supongo que tu expresión perdida es a causa de ese golpe. Espero que no haya dañado alguno de tus nervios internos. Puedes perder la memoria. A ver, ¿Cómo te llamas?”. Debía responderle. Que hacia el aquí. Jenna le habrá comunicado mi estadía aquí. Quien era él. Giro su rostro hacia mí, pero la penumbra de la habitación no me dejaba ver su rostro, se levanto y se marcho por la puerta. Me levante, corrí hacia la mesa donde se apreciaban dos tasas, una vacía, que era de la que el tomo y otra con te de limón verde y tibio. Lo bebí. Era lo único que había probado hace algunos días. Camine hacia el rincón opuesto de la ventana, pues ya le empecé a temer. Me deslice por la pared y me senté en el frio suelo. Sin darme cuenta, me dormí. Nunca sabré cuantos segundos, minutos, horas o días fueron los que dormí, pero fue un sueño como ningún otro. Ese grito de histeria me levanto. Era Jenna, reconocí su voz a distancia. “¿Qué fue lo que hiciste?”. Su voz tenía un tono molesto colérico. Me asusto. “Te dije que no salieras de la habitación. Nadie debía darse cuenta de tu estancia aquí. ¿Cómo es que el amo sabe? ¿Qué hiciste?” Tú más que nadie sabes que hice el menor movimiento alguno fuera de esta habitación. Pero también me lo preguntaba. Seria aquel hombre de traje negro el amo. Lo dudo. Era él un hombre demasiado amable para ser esa suprema maldad que Jenna me había contado. Esa noche era fría y aun se podían escuchar los gritos de las ánimas en la habitación de alado. Jenna estaba pálida y podía escuchar su agitada respiración. Me tomo del brazo y me transporto de la habitación de la que estaba hasta un pasillo enorme con adornos alucinantes estatuas por doquier.
De puerta en puerta. Hasta que me introdujo en una pequeña puertecita en la pared. Tenía que hacer manubrios para entrar en esa puertecita. Al cruzar esa puerta, la luz radiante de la luna me segó los ojos. Corrí tan lejos como pude, la neblina era bastante densa y apenas notaba los arboles. Podía escuchar como los gritos aumentaban en el castillo aun cuando estaba a larga distancia de ese tenebroso lugar. Escalofríos. Todo termino con un largo esquisofrenico y rasgado grito de una mujer. Un silencio absoluto lleno el aire. Supe que ya estaba a salvo pero aun temo que paso con Jenna Andreas Bargh. Escape de la esclavitud de mi pueblo y salve mi corazón y lo guie a la libertad pero ahora le atemoriza la historia de Jenna. La dama de la luna llena busco como escapar de la oscuridad de aquel lugar, pero su intento fue fallido. Su castigo empezó desde ese primer momento en el que la ataron de manos con cadenas de plata y la bajaron lentamente. Se veía como su cuerpo tembloroso se hundía en el agua. Su cabello rojizo se tornaba negro con el litio. Solo el mismo amo nos podría contar esa historia. El litio, siendo el metal líquido, desgarra tu garganta en tu primer intento de respirar. Segundo acto, tu piel se quema. Como ultimo efecto, logras ver las almas de aquellos una vez castigados en ese mismo sitio. Vez como ruegan piedad y sus cuellos atados con la misma cadena de plata a uno de los nenúfares flotantes. Cada uno con su propio nenúfar. Todos con vestidos de gala blancos o grises que resplandecen a la luz de la luna entera, sus cabellos hacen movimientos ondeantes que hacen el efecto que bailaran por sí mismos, y sus cuerpos se mueven como marionetas. Una vez que mueres por completo, todas esas horribles imágenes se borran y solo vives en la nada.
El miedo a morir es peor que morir.

Mi pequeña niña. Juan Conde.

En el limbo de la inocencia, donde la infancia estalla en su plenitud, en la regadera de la locura, me hallo, entre dos mundos. Soy una niña bastante despierta, a pesar de todo. Y aunque parezca que el sino del pensamiento sea trastocador de ciertas clases de estética del creer, creedme, no es oro todo lo que reluce.
Que cada uno crea lo que quiera.
Estoy muerta y eso es lo que cuenta.
No elegí este viaje. Alguien me invito. Y fue gratis. No se, por que se lamenta el mundo, por mi perdida. No lo sé.
Qué poco hicieron, por mi.
Se lo que es la hipocresía. Sé lo que significa el engaño. Lo que la gente promete y luego no cumple. Es fácil, hablar. Las palabras pueden hacer mucho daño, pues dan esperanzas, que a veces no se cumplen. Dan caramelos de maravilloso dulzor, que se convierten en pesadillas de la amargura, cuando te son arrebatados de los labios.
Siempre te cuidaré. Eso es lo que dicen.
Siempre te cuidaré.
Y añaden, la guinda. Algo, que si no fuera por que es una absurda y podrida mentira, te acuna como una nana y te hace sentirte la persona más feliz del mundo, rodeándote de una calidez mimosa, que te invade el ser. Esa guinda es, como un titulo nobiliario:
MI PEQUEÑA NIÑA.
Pero esa pequeña niña, ya se ha ido. Y esta vez, no habrá charla, por llegar tarde a casa. Hay dos razones de peso: 1ª y general: No elegí este viaje, me obligaron, que se jodan. Sí, ya lo sé. Los niños no dicen palabrotas. Pero, ¿quién me va a regañar ahora por decirlas? Y 2ª y principal: No voy a volver.
¿O sí?
Podemos jugar al corro de la patata, de noche. He hecho amigos en el otro mundo. Rodearemos al autor, de mi muerte y jugaremos a ese corro.
Entonces, si que podré decir que ese…
Ese…
No es mi padre…
En la quietud de la noche, me deslizaré… Y entonces…
Me apoderare de su respiración y se la helare…
Pues… la venganza es un plato que, según dicen, se sirve frío…

Una casa es una casa. Juan Conde.

Aun no sabía si se había oído en alguna parte, o no. Tampoco sabía, si sería bueno y recomendable arriesgarse. Así mismo desconocía, cómo cojones iba a salir de allí, si la puerta estaba cerrada. Y, lo más importante de todo: ¿alguien tenía una pistola, para acabar cuanto antes?
La primera pregunta, obtuvo pronto una respuesta. Algo se había movido detrás de ella. La segunda encontró en la obviedad de la primera, la respuesta que casaba con ella, La tercera aun no tenía respuesta. Y la cuarta, simplemente era mucho pedir.
Maldijo su pantorrilla, que se quejaba con un dolor pulsante, quitándose culpas, por haberse dado con el pico de esa mesa tan baja; maldijo a quien había puesto aquella mesa; maldijo, a quien le había convencido de entrar ahí; y finalmente, se maldijo a si misma, por haberse puesto falda y no pantalones y por haber entrado.
¿Darse la vuelta? ¿Reventarse la cabeza, contra aquella puerta, por si podía abrirla y escapar o por si por el contrario la pregunta cuarta encontraba innecesaria esa infructuosa, por el momento, respuesta y se dejaba los sesos resbalando por toda la superficie de madera de abedul del obstáculo de su huida?
Más cerca. Un ruido, de arrastramiento. Imaginó, la escena, llena de glorioso y estúpido sarcasmo: lo que fuera arrastrándose.
”Por favor, por favor. Déjame asesinarte. Te prometo que te comeré después. No sufrirás. De todas formas estás muerta. No saldrás viva de aquí. ¡Qué mas te da!”
Su cerebro en la puerta.
“No, por favor. No te molestes. Ya lo hago yo.”
Una victoria a tiempo.
“Victoria ninguna. El que muere pierde. Y, una vez muerta, ¿qué más te da quien te haya matado? Tú misma o yo. Es cuestión de comodidad.”
A veces una no puede elegir. Y ahora era el momento.
“Siempre es mejor, que te traigan las zapatillas a tener que ir a por ellas.”
Creo, que esta vez me daré un paseo.
“Por la eternidad, te lo aseguro. De eso me encargo yo. Y no te costará, un puto céntimo.”
Es un momento. Con un poco de suerte, ni me enteraré.
“¡Ja, ja, ja, ja! Deja que me ría un poco, anda. Lo notarías de sobra. Puede, hasta que te hagas daños irreversibles.”
Que más me da, si me vas a matar, ¿no?
“Pero, te ahorro el esfuerzo.”
Me da igual. Creo, que con un poco de suerte y acierto…
“Tú misma, viendo tu cerebro, resbalando, como tú dices por esa puerta. ¡Ufff! No debe de ser agradable de ver!”
Noto, que te pones nervioso, cuando me empeño en hacerlo yo.
“¿Yo? ¡Vaya hombre!”
Diría que sí. Algo quieres.
“No tengo otra cosa que hacer, que molestarme, por que una “valiente”, dice que tiene los huevos suficientes para suicidarse, antes de que la maten. Por mi, como si quieres hacer un agujero en la puerta a cabezazos.”
Yo no la he pagado.
“Ni siquiera te das la vuelta, antes. Cobarde.”
Seguro, que no me pierdo nada.
“Va a ser que al final, quien tienes miedo eres tú.”
¿Tú crees?
“Tanto hablar de valentía. Y no eres capaz, ni de echarme un vistacito de nada.”
¿Tanto es lo que me pierdo?
“Compruébalo, tú misma.”
Entonces, Ellen supo que había llegado el momento. Se comenzó a dar la vuelta. Despacio. Hasta que quedó frente a…
Nadie.
La habitación, como estaba. La mesa de comedor. Las sillas a su alrededor. La alacena, con todos esos platos y figuritas. La chimenea, decorada con motivos góticos. Las cortinas, de encaje fino cubriendo las ventanas, que daban al patio inmenso, con esa fuente en el medio rodeada, de todo tipo de vegetación. Y el piano de cola, con su asiento, para cuando quisieras tocar algo.
Se sintió algo estúpida.
El miedo turbia la mente.
El terror lo distorsiona todo.
Después de todo, una casa es una casa.
“¿Eso crees?”
Una tecla del piano se pulsó, sola
Solo tuvo tiempo de ver la puerta, antes de chocar brutalmente, con ella.
Aun pudo ver, unos segundos, sus sesos corriendo, por ella…
“Ni un céntimo, como te dije. Tan solo… tu vida.”

El hospital. Bárbara Ramos.

Cuando me internaron el hospital, fueron las tres noches más escalofriantes de mi vida. Y lo peor fue cuando, en la primera noche, la enfermera (que en opinión estaba algo torcida) me contó que la última persona que había estado en mi habitación había sido una niña que tocaba el violín con infinito talento, pero murió por un problema de sangre.
La primera noche tuve dificultades para dormir, la habitación era iluminada por la luz de la ciudad, había silencio y me aterraba pensar que en la habitación de al lado alguien podía estar muriéndose. Me tapé con la sábana y traté de dormir de todas las maneras posibles. A la mañana siguiente el doctor hizo su visita, me dieron mis medicinas, y cuando la enfermera vino, me volvió a contar cosas. Me dijo que por la noche había escuchado que alguien se reía en mi habitación. Se me helo la sangre, yo había escuchado una risa también y el doctor me dijo que no había niños en aquel piso. En la segunda noche, escuché pasos en el pasadizo, aguanté la respiración, se me helaron las manos. Escuché una risa de nuevo, y luego alguien tocó mi puerta. ¡Váyase! Dije con voz temblorosa porque pensaba que la enfermera estaba tomándome el pelo. Siguieron tocando la puerta con insistencia y me asuste tanto que me puse a llorar del miedo. A la mañana siguiente el doctor me dijo que mi enfermera se había ido de viaje la noche anterior, y eso me asustó más. Me dijo que no me asustara y en la tercera noche, uno de los estantes en mi habitación se cayó solo, y comenzaron a tocar la puerta de nuevo. Cuando vi a la ventana, no se si fui yo… o fue en serio, pero visualicé a una niña de vestido azul que me miró con tristeza y vi un violín en sus pequeños brazos. Grité. Vinieron a mi habitación el doctor y tres enfermeras y creyeron que estaba algo loca. Me tranquilizaron y caí dormida a los 10 minutos. A la mañana siguiente me dieron de alta, y cuando me iba del hospital vi en la habitación de al lado de la mía, una niña tocando el violín que maravillaba a mi extraña ex enfermera. Me puse pálida y no dije ni una palabra. Hasta hoy.

Litio (Versión alternativa) H. Cruz

Los días deprimentes ya no son celebración en mi vida. Llevo viviendo 15 años en esta fortaleza y nada ha cambiado. Suelo levantarme temprano cuando terminan de cantar los búhos que toman morada en el árbol junto a mi ventana. Sus chillidos se convierten en mi canción de cuna. Mis labores diarias se han convertido en mi vida. Al despertar, mi deber es cerrar una por una las ventanas de cristal de toda la morada.
Este acto es para prevenir uno de los mayores eventos diarios en el valle. En mis ojos, se llena un paisaje de torrentes lluvias tras un vidrio de cristal que se empaña con el calor de la sangre. Lluvias rojas. Cada gota llena de miles de glóbulos rojos y blancos que tiñen el prado de un rojo vivo, pero muerto. Esa lluvia espesa que inspira dolor para muchos. Una lluvia intrépida que dura hasta 3 horas. Por esta razón, este valle ha sido llamado como el de nunca amanecer. Cuando se terminan de percibir como las gotas sangrientas chocan contra el techo de metal, me percato de pulir y adornar las ventanas cerradas con hermosas cortinas de seda roja y negra, que hace entorno con las alfombras de enormes y magníficos diseños. Un mundo a tus pies. Luego, debo de preparar la mesa alargada de detalles asombrosos en la que desayunara el amo con adornos de rosas frescas y manteles dorados.
Antes de que este acabe con su festín, la habitación en la que atesora sus instrumentos debe estar limpia y sus instrumentos musicales relucientes. Un piano enorme de negro azabache y un violoncelo de madera de la mejor y con cortes impresionantemente perfectos. En menos de algunos segundos, se escucha una sinfonía glamurosa de notas danzantes que inunda los pasillos de la mansión. Esa bella música que acompaña los llantos de las ánimas en el cuarto de litio, situado no muy lejos de tal habitación. “Jenna”. Puedo escuchar cuando me llama con su voz dulce pero al mismo tiempo rasgado y ronca, pero elegante. Desde que recuerdo, siendo una niña de seis años en mis primeros días ayudando a mi hermana Anna Eliot a cargar lavandería por los pasillos y colocarla en el inmenso armario del amo, el amo ha sido una persona dependiente de muchos. Hoy en día, todos han muerto en sus manos, siendo yo la única sirvienta personal que ha sobrevivido. Las cocineras, las mucamas, los jardineros, y todos ellos han tratado siempre de mantener el menor contacto posible con el amo. En cuanto yo, debo servirle de compañía siempre. Desde que murió su esposa, mi deber ha sido ser su mano derecha. Su esposa. Madame Valerie era una mujer hermosa y elegante como esas princesas de las películas. Cuando la vi por primera vez tocando una dulce sinfonía en el piano, entendí el amor del amo.
Como sus delicadas manos rasgaban cada tecla en el piano y como sus ojos negros se perdían en el infinito cuando recogía rosas en el jardín. Sus lujosos vestidos siempre hacían torno con su piel blanca y sus rizos negros siempre al vaivén del viento. Trágico accidente fue ese el de cómo las lluvias sangrientas quemaban su piel, la vi morir. La vio morir. El amo siempre le ha temido a las lluvias. Todo iba bien. Mis días eran rutinarios y tranquilos. Después de unas horas de bella música, el amo visitaba su jardín de rosas bañadas por la sangre de la lluvia, la cual les daba un rojizo hermoso. El amo observaba rosa por rosa y seleccionaba la más hermosa de todas y me la obsequiaba, como solía hacerlo con su esposa. Me sentía feliz. El amo me ha tenido mucho cariño al igual que respeto en estos últimos tres años. Hasta esa noche al igual que las otras, sentí que todo iba muy bien, mi vida era sencilla y era lo que quería. Cuando vi sus ojos verdes, su piel rosada y sus cabellos lacios y castaños desajustado, sus ropas mugrientas y aroma sucio, supe que nada bueno atraía. “…por favor”.
¿Que me acababa de decir esta joven? Me pedía refugio de alguna esclavitud. Que le podía ofrecer yo. No quería morir, no quería dejarla morir. ¿Qué debía hacer? Instinto de mujer. La ayude. “Limpia tus pies, las alfombras están recién sacudidas.” Corrí con ella por un sinfín de pasillos hasta llegar al extremo sur de la mansión nocturna. Percibí entonces el olor a pan recién horneado proviniendo de la cocina, pues el amo estaba cenando. Antes de ir a dormir, mi deber era preparar la tina del amo con agua hervida con la temperatura adecuada. Hasta los mínimos detalles de la mansión son hermosos. La tina hecha de cerámica blanca hueso y pulida con detalles hechos a mano por un famoso escultor francés en oro puro. Esta se encontraba en el centro de una habitación amplia y vacía, a excepción de 3 espejos anchos y altos colgados en la pared. Nunca logre entender como el amo se pasaba horas allí. El amo era un hombre muy vanidoso, se mantenía en forma, aunque nunca lo vi ejercitarse. Su piel pálida y sus ojos grises como la neblina hacían perfecto contraste junto con sus labios morados de frio. Los vampiros suelen ser friolentos.
Esa noche, justo después de mi última labor una joven huérfana tocaba a la puerta de la muerte. ¿Habrá muerto? No pude dormir. Me rondaba el sentimiento de desobediencia y traición a la palabra del amo. El no permitía la estadía de ni un ser mas en la mansión sin su autorización, pero si la entregaba al amo, seguro tomaría el hasta la última gota de sangre de la joven dejándola sin vida. Eso me aterraba aun más. Yo tuve su edad, y tal vez hasta su mismo miedo. El miedo me mata. Sientes como tu sangre se congela y deja de fluir, vez que todo desaparece a tu alrededor y que nada está en su lugar, las cosas giran en tu cabeza provocando nauseas y haciéndote actuar de una forma aun mas extraña y asustada. El aroma a miedo es un perfume sofocante.
En la mañana trate de olvidar todo y dejar que su cuerpo fuera tragado por los desesperados espíritus del cuarto de litio. Seguro ellas se desharían de mi desgracia. Ella. Limpie las ventanas, ordene la mesa de desayuno, pulí la madera de los instrumentos y... Esos gritos esquizofrénicos de furia no los había escuchado antes. El aire en el jardín soplo con fuerza, como que tuviera vida propia levantando un aroma a putrefacción junto con algunos pétalos de rosa. Aquel paisaje hermoso de pétalos danzantes en el aire me cautivo, pero preguntas surgieron en mi mente. ¿Qué fue ese estruendo? ¿Dónde está el amo para nuestra caminata por los jardines? Las escandalosas cocineras… no. Los caninos en las jaulas… no. ¡Las animas del litio! Que hizo esa niña. Corrí dentro de la morada, entre los pasillos, y en mi sofocada búsqueda me encontré con el amo saliendo del cuarto de instrumentos trayendo consigo una sonrisa halagadora y despampanante. “¿A qué se debe vuestro escandaloso correteo?” Le sonreí.
Tal vez su concentración al tocar piano lo hizo evitar presenciar ese estruendo. Caminamos juntos hasta el jardín e hicimos nuestro habitual paseo por la rosaleda. La rosa perfecta. La coloque en la esquina de mesa junto a mi cama en una jarra cilíndrica de vidrio con poca agua. Mi cuarto era pequeño, siempre lo ha sido. Una mesa de caoba, una cama inapreciable, un espejo viejo y quebrado a la mitad y un estrecho armario alto donde guardo mis prendas. La ventana junto a mi cama nunca ha sido especial pues siempre se mantiene cerrada. Mis sabanas de algodón son lo único que me crea calefacción al dormir pues las tapizadas paredes están agujereadas a causa de las plagas, y eso permite que el aire helado de la noche penetre. Muchas veces he logrado sentir como mis huesos se contraen y la sangre se corre tratando de calentar mi cuerpo. Luego del recorrido, corrí a ver por la ventana que cruza hacia el cuarto de litio del extremo norte, pero todo estaba en calma, las almas danzantes presentaban el mínimo escándalo alguno, fui a la cocina para conseguir respuestas a mis preguntas. Alice Butcher, la chef principal, me dijo que el amo no deseo comer, ni el platillo más elegante y esquicito de todos. Y me comento también que el susurraba algo. “ella… muerte… la joven… las animas… Valeria…” Lo supe. Solo me esperaba mi fin. Cuando ya anochecía, justo antes de que la luna brillara potente en el manto de luceros blancos tintineantes, busque a esa niña, para desaparecerla de mi vida.
Que salvajismo el molestar a las animas y luego solo dormir como que nada ocurrió. Era mi muerte y la suya la que nos esperaba y ella dormía. “¿Qué fue lo que hiciste?” Sentía como los efectos del miedo empezaban a poner afónica mi voz. “Te dije que no salieras de la habitación. Nadie debía darse cuenta de tu estancia aquí. ¿Cómo es que el amo sabe? ¿Qué hiciste?” No me respondía y sus ojos empezaban a tornarse llorosos. Supe que esto no había sido su intención. La tome del brazo y la introduje en el laberinto de pasadizos de la mansión. Ya ni una cocinera estaba trabajando así que aproveche y la saque por un pasadizo en la pared para que pudiera huir y nunca regresar. Pensé que así mi error hubiera sido olvidado junto con su escape. Sabía que algo malo me esperaba. Ese miedo. Hablar con muertos hoy en día ya no es muy común, nosotros las animas del litio nos encanta charlar.
Cuando mueres, la vida se torna negra y solo alcanzas a ver una luz resplandeciente inalcanzable en el horizonte de un valle inundado por un mar rojo. Lo último que recuerdo y os voy a contar es cuando me ato el mismo amo con quien pase 3 años en amistad. Sus ojos brillaban con la luz de la luna, y las almas inquietas me tomaban de los pies. Un ser escondido en la penumbra me bajo lentamente hundiéndome en el espeso liquido. Ese reía con voz atroz y rasgada. Voltee a ver al amo, pero este se había ido. Cualquiera preferiría no ver una muerte. Ni a mi misma me hubiera gustado ver como morí. Las cadenas cortaban la circulación de mis manos y pies y al entrar al litio… todo es diferente. Cuando entras por completo sientes como el líquido empieza a entrar en tu cabello y en tus oídos. Un zumbido es lo único que escuchas entonces. Aguantas la respiración algunos segundos, pero todo es en vano, una vez que entras en el litio, no sales. Tus pulmones se hinchan y empiezas a sentir como el asqueroso liquido penetra en tu garganta hasta tu estomago y en fin, por las vías nasales hasta tu cerebro. Es asombroso.
Aun mas cuando al fin te das cuenta que estás muerto. Desde el instante en el que el litio entra en tu cerebro, se esparce por tus venas y llega hasta tu corazón. Repentinamente, fija tu mirada hacia arriba, ya no estás colgando de lo alto, sino de un nenúfar, o como se llaman en el castellano moderno, lirio de agua, y tus manos están sueltas. Intenta respirar. No puedes. Es tu cuello el que está atado ahora con las hermosas cadenas platinas. ¿No podéis ver las ánimas? Los espíritus no pueden verse entre sí. Pero escuchas esa armoniosa y dulce melodía del piano acompañada por un potente y grave tono del violoncelo. La sinfonía del muerto. Esa música que es capaz de penetrar en el denso litio y que hace danzar a todas las animas. Ahora ya ni sé lo que digo. Estar muerto es tan…

SA-001. Mateo Bien

Realmente íbamos a un pueblo de la sierra de Salamanca, pero me confundí de camino y nos perdimos por la montaña, paré en un sitio, apague el motor y saque el mapa para hacerme una idea de donde estábamos, pero la carretera SA001 no aparecía en el mapa.
¿Cariño, sabes donde estamos? – Me preguntó Maria Jesus, y hermosa novia.
No te voy a mentir, no se donde nos encontramos, esta carretera no aparece en el mapa.
Eso te pasa por comprar lo mas barato – contestó molesta.

Me metí en el coche y pusimos algo de calefacción, ya que fuera hacía mucho viento, no podría asegurar si estábamos en lo alto de una montaña o mas bien estábamos en un valle, ya que estaba todo muy oscuro, pero lo que si que recuerdo es que cuando entramos en la carretera, todo era bosque.

Vamos a seguir, a ver si salimos de aquí – le dije a mi novia
Si, por favor, vayámonos de aquí.

Encendí el motor, y mi novia gritó, se quedó paralizada mirando al frente, tenía los ojos muy abiertos, parecía que se le iban a salir:

¿Has visto eso? – me preguntó
¿El que?
Lo que había delante del coche cuando encendiste las luces.
No, no he visto nada.
Cari, había un anciano en traje allí delante. Llevaba traje y corbata, y estaba muy pálido.
¿Y donde esta ahora? – le pregunte.
No lo se, pero estaba allí delante.
Nena, habrá sido tu imaginación, al encender las luces te habrás confundido con el árbol de delante o algo de eso, pero no hay nada.
Te juro que creí haber visto algo.

No quería inquietar a Maria Jesús, pero lo que me dijo me puso los pelos de punta, lo decía tan en serio, tan asustada, realmente estaba asustado, yo también lo había visto, pero creí que fue mi imaginación, todo el argumento le dije a Maria Jesus para tranquilizarla, fue el argumento que me dije a mi mismo para tranquilizarme durante los segundos en los que me quedé de piedra, pero no solo lo había visto yo, ella también lo vio, no era mi imaginación.

Nos pusimos en marcha, los dos kilómetros que hicimos antes de que el coche se apagara, no hablamos, estuvimos callados.

Como os he dicho el coche se apagó a los 2 kilómetros, por la gasolina no fue ya que nos quedaba el depósito prácticamente lleno, lo más seguro que fuera la batería, pero me di cuenta de que la batería tampoco podía ser, ya que las luces funcionaban perfectamente.

Salí del coche, estaba muy cabreado, el coche nos había dejado tirados, era increíble, ya además en una carretera tan siniestra, entré en el coche, cogí el móvil, y vi que tenía solamente una rayita de cobertura, no me moví del sitio para no perder la obertura.
Marque el numero de la compañía de seguros, para que mandara una grúa.

Mutua madrileña, le atiende Laura García dígame.
Por favor, mi coche me ha dejado tirado en la SA001, tengo muy poca cobertura, y no sabría decirle en que kilómetro estoy, ya que no lo pone.
¿SA001? – me preguntó sorprendida la señorita de la aseguradora.
Si.
Señor, por favor, este teléfono es para emergencias reales, no para bromistas.
Pero…. No estoy bromeando.
Dígame su nombre, y su numero de póliza
Me llamo Mateo Stanislaw Bien, y mi numero de póliza es… me saque la cartera – 8253396
Señor, lo sentimos, su póliza y su nombre no aparecen en nuestra base de datos. Que pase una buena noche

Me quedé… no sabría decir como me quedé pero la palabra más acertada sería flipado, me metí en el coche, cerré la puerta y miré a mi novia:

Que los cabrones de la mutua dicen que mi nombre y mi póliza no aparecen en su base de datos.
¿Y que me quieres decir con eso?
Pues, que es como que nunca he hecho el seguro con ellos. Y eso que los cabrones me cobraron 1700€. Voy a llamar a mi madre, a ver como podemos solucionar esto, tú no salgas del coche que fuera hace frío.
Tranquilo, yo me quedó aquí, después de lo de antes, lo que menos ganas tengo es de salir del coche.

Salí del coche, e intenté ponerme en el miso sitio de antes, para poder pillar algo de cobertura y así poder llamar a mi madre, y poder solucionar esto e irnos a la casa rural, pero lo principal era salir de esa carretera, que yo estaba acojonado.

Marqué el teléfono de mi madre.

COCHE NEGRO ATRAPADOS NUNCA MUERTE

Se me cayó el teléfono al suelo del susto, de repente empecé a oír susurros en el aire que veían del interior del bosque, no paraban de repetir esas palabras, cogí el móvil y me metí corriendo en el coche, cerré la puerta, intenté arrancar el coche, pero era inútil, miré al frente y allí estaba mi novia, mirando al suelo, con un vestido blanco y flores en la mano, miré al asiento donde ella estaba sentada, pero el asiento estaba vacío.
Volví a mirar al frente, ella seguía allí, levantó la vista, era horrible, estaba totalmente pálida, tenía los ojos negros como el carbón.
Me llegó un mensaje, miré al móvil, el mensaje era del número 001 y decía:

MATEO SIEMPRE TE QUERRÉ, SI REALMENTE ME QUIERES VEN A BUSCARME.

Volví a mirar al frente, sabía que era mi novia la que me había escrito el mensaje, pero ella ya no estaba allí, durante unos minutos mirando al frente, reaccione y salí del coche:
MARI!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! – grité

Nadie me contestó, me pareció ver a un hombre con traje metiéndose en el bosque, y detrás una mujer de vestido blanco, me pareció ver que la mujer giraba la cabeza, se paró un momento, y en el aire oí un susurró, ENCUENTRAME…

Me metí en el coche, y en el asiento del conductor estaba el cuerpo sin vida de mi novia, la abracé y empecé a llorar, intenté encender como pude el coche, estaba echo polvo, la persona a la que mas quería en este mundo ha muerto, giré la llave, y el coche se encendió.

Llegue a un pueblo, llamé a la primera casa que había, me abrió una anciana, y le conté todo lo que había pasado, y ella me contestó:

No eres el primero, y no serás el último.

No entendí esa frase, la anciana fue a la cocina, llamó a la policía. Me dio de cenar, me trató muy bien, al ver que la policía tardaba mucho, me dijo que si quería dormir un poco, y me subió a una habitación.

Descansa un poco, que te hará falta.
Muchas gracias.

Cerré la puerta y en la mesita de al lado de la cama vi un vaso de agua, un crucifijo, y una escopeta.
Me quedé mirando las tres cosas, y entendí como tenía que ir a buscar a mi novia.
Esto os lo estoy escribiendo desde esta habitación, lo único que me importa ahora, es estar al lado de mi novia.

VOY A BUSCARLA.

Tarot. V.H. Perrone

(Tres versiones). La versión del Muerto. La vieja mezcló las cartas con manos habilidosas y plantó el mazo frente a mí, sobre la mesa redonda tapizada de paño rojo. Con un movimiento rápido y elegante extendió los veintidós arcanos mayores en abanico perfecto.
Elige una carta dijo y me dedicó una de sus mejores miradas fingidas de tarotista gitana. Sólo le faltaba la verruga en la nariz y volar en una escoba. El resto estaba a la vista.

Ésta –le indiqué sin entusiasmo.

La vieja levantó la carta y me miró como si supiera cosas decisivas acerca de mí.

Con una lentitud exagerada porque los prestidigitadores tienen que darle algo de suspenso al asunto, como queriendo dar la impresión de que el proceso la incomodaba, la vieja apoyó la carta sobre la mesa.

La imagen ostentaba una figura siniestra que parecía reír oscuramente.

“La Muerte”.

¡Qué original! La cosa ya empezaba a aburrirme. Lo que debía ser algo divertido e interesante se convirtió en un bodrio insoportable.

No hace falta ser adivino para saber que me voy a morir. Todos nos moriremos algún día ¿no? –dije insinuando un descortés escepticismo.

Afuera se oía el gorgoteo de una lluvia incipiente.

A ver... ¿Y cómo se supone que voy a morir? –pregunté irónicamente, haciéndole notar que yo no era tan fácil de tomar desprevenido.

La vieja demoró en contestar. Sin duda otro ardid para engañar clientes ingenuos.

No lo sé. Las cartas no lo dicen.

Ja, jaa, jaaa! Usted si que es todo un caso, eh!

Busqué algunos billetes en el bolsillo del pantalón, se los dejé sobre la mesa y me fui. Me prometí que en el futuro en lugar de tirar el dinero a la basura invertiría en algo más productivo, como psicotrópicos. Vieja de mierda.

Cuando salí a la calle la lluvia no me tocaba.

La versión de la Muerte

El pibe terminó de masturbarse, soltó un largo y ronco gemido y se limpió con el borde de la sábana. Prendió un cigarrillo y se puso a hacer zapping sin muchas expectativas. En la televisión no había nada interesante, como siempre. Doscientos canales de pura mierda lista para ser digerida.

Se echó un largo trago de Vodka y me miró de soslayo. Hacía tiempo que la idea de alojar una bala en el cráneo le martillaba la cabeza. Ni siquiera se preguntó cómo había llegado hasta ahí. Yo descansaba sobre la mesita de luz, junto a la botella de Vodka y un cenicero de madera repleto de colillas fumadas hasta el filtro.

Empezó como todos, con una bala. La colocó cuidadosamente en el cargador, hizo girar el tambor y destrabó el seguro. Ejecutó todo con una tranquilidad pasmosa, como restándole dramatismo a la situación. Se apoyó el caño sobre la frente y lo sintió frío. Apretó los dientes al mismo tiempo que apretó el gatillo.

¡Click! Nada.

El vértigo de esa primera experiencia le devolvió una especie de energía renovada, como un sentirse demasiado vivo que le resultó poco habitual. Era un equilibrista que había cruzado un cable de alta tensión colgando entre rascacielos sin red de contención.

Pero él me había desafiado. Una sombra de cuervo más oscura que la noche se había ceñido sobre sus días. Lo que empezó siendo algo original y emocionante terminó siendo una rutina más dentro de ese mar de inapetencias que era su vida. Y lo mejor, una rutina necesaria.

El pibe se había echado un largo trago de Vodka y me miraba de soslayo. Ese día había amanecido un sol opaco, como empañado por un vapor sangriento. Él, sin embargo, parecía más animado que de costumbre, hasta creo que sonreía mientras colocaba las seis balas en el cargador.

“Seis sobre dos”, pensó.

“Si zafo de ésta me dejo de hacer pendejadas”, se dijo con escasa convicción.

Antes de disparar creo que dijo algo acerca de ir a ver a una vieja con fama de nigromante que vivía cerca del barrio. Y apretó el gatillo.

Desde el televisor una voz inexpresiva anunció lluvia para el mediodía.

La versión de la Astróloga

Cuando el fantasma vino a verme ya traía el signo inequívoco de la muerte gravado en la frente, inherente a su naturaleza fantasmagórica. Traía un coágulo de sangre y masa encefálica colgándole de la sien y la actitud desconfiada de los incrédulos que se acercan para borrar toda incertidumbre. Le di a elegir una carta por pura formalidad, porque no se puede leer el futuro de alguien... bueno, en su condición.

Obviamente, eligió la única carta que podía elegir alguien en su trance. La situación empezaba a incomodarme, no por miedo, sino porque no es bueno estar mucho tiempo junto a un fantasma. Puse la carta sobre la mesa y él se mostró suspicaz, aunque en el fondo yo me di cuenta que la imagen lo inquietaba. Después dijo querer saber cómo iba a morir.

Demoré en contestar porque no sabía qué decirle.

No lo sé. Las cartas no lo dicen –mentí.

El fantasma se rió con ganas, con esa risa hueca que tienen los fantasmas.

Antes de atravesar la puerta se volvió y me hizo un gesto obsceno, después desapareció.

Afuera, una lluvia desencantada desnudaba las calles.

Entre nosotros. D.


"Quizás no lo has notado pero ellos rondan entre nosotros" fue lo primero que me dijo aquella mujer en la posada. Me preocupó mucho el hecho de que una mujer de semejante reputación, una dama de la noche para suavizar el término, se preocupara por unos seres tan etéreos como los que me había descrito.
No le di importancia y seguí mi camino, por alguna razón un mensaje anónimo me había convocado a un lugar con el sobrenombre de Akkad, mas no se porque esconder el nombre de un almacén abandonado. Como el humano poco respetable que soy, pude imaginar más de 3 motivos de chantaje por los cuales me estarían llamando, pero que se puede hacer… es el precio de mi cargo por así decirlo.

Mas adelante en el camino algo se atravesó en el camino. No pude ver lo que era, más si pude ver como se retorcía por el retrovisor. Me bajé del auto a ver a que le había provocado tan fatídico destino, pero al acercarme vi que era un humano, una joven a la cual le calculaba unos 1718 años. Estaba vestida bastante conservadoramente para estos tiempos, pero por el olor que emanaba era evidente que estaba muy ebria. El frío habitual de cuando mi futuro como líder de la compañía en la que trabajaba, estaba en juego volvió a correr mi espalda, por lo que me al ver que no estaba muriendo la levante y la metí en el asiento trasero del auto. Mi estafador tendría que esperar, los cargos por un accidente así podrían ser graves dada mi reputación, mas aun que cualquier información que poseyera cualquier estafador común como los de este pueblo.

Me devolví hacia la parte habitada del pueblo, en busca de cualquier clínica, hospital o lo que fuera que este montarral pudiera ofrecerme para tratar a la desafortunada victima del alcohol, pero en ese momento mi estimado cobrador volvió a llamar. Me dijo que lo viera mas tarde del otro lado del pueblo, que tenia unos compromisos importantes que se le habían presentado, "espero sean policías maldito" fue lo primero que pensé pero el despertar de mi pasajera me hizo volver a la realidad.

"¿Estas bien, puedes moverte o sientes algo?", debía saber la magnitud del daño. ¿Donde estoy?... ¿quien eres tu?... ellos sig* el chorro de bilis y sangre que vomitó destruyó la tapicería del auto. "¿¡Niña estas bien? ¡Tienes que decirme que sientes para poder ayudarte!!". No parecía reaccionar, pero no era a causa del alcohol, una cara así solo era producto de un trauma muy grande. "¿ellos me siguen persiguiendo?" me dijo con un tono más lúcido, pero enseguida despertó del todo y un grito de dolor y terror fue todo lo que me dijo antes de que chocara con eso.

Era un ser solo venido de los pensamientos mas obscuros de una mente retorcida, parecía estar vivo a pesar de haberlo arrollado a 70km por hora, y de su espina partida brotaba una sustancia verde obscura que parecía disolver el capó del auto. Sin pensarlo pisé el acelerador y nos alejamos de eso mientras mi pasajera aun gritaba.

Cuando logré calmarla me contó que eso era un Nathresin, que no era la primera vez que se topaba con uno, pero era la 1ra vez que alguno de ellos la notaba a ella. Eran los seres de los que me hablaba la dama de compañía en la posada en la que descansaba. Un resultado fallido de traer a un muerto a la vida, cuya alma quedaba atrapada en las sombras y estaba destinada a vagar entre este plano existencial y los planos superiores aullando de dolor y sufrimiento. No podían morir pero el vivir les producía una enorme agonía. Ellos no notaban a los seres de este plano a excepción de muy raros casos en los que podían atravesar el velo de las sombras que separan a la tierra del cielo y el infierno.

"¿Si es el resultado de tratar de revivir a alguien, significa que en este pueblo enfermizo tratan de revivir a los muertos?" le dije, pero ella me dijo que hay personas que lo hacen, mas no viven en el pueblo. Que en la fiesta uno de ellos se presentó y los demás lo sacaron a patadas, pero antes de poder irse de la casa de su amigo los Nathresins aparecieron... ellos siempre rondan a sus creadores, nadie sabe por que.

Llegamos al un pequeño hospital, donde nos detuvimos. Pero al volverme hacia ella ya no estaba. Un escalofrío me recorrió la espalda al darme cuenta que me agarraban por el cuello. Un ser horrible, con ojos deformes e inyectados de sangre, músculos y huesos que rompían su propia piel, y un olor a putrefacción solo equiparable con el asco que producía el ácido que salía de su boca me estaba clavando sus garras en el cuello. Así fue como morí, mas el destino me tenía preparado otro fatídico destino, uno infinitamente más terrible. El estafador vino a mi cuerpo desprovisto de vida y lo sepultó mientras me relataba como el sufrimiento de los seres que creaba llenaba su negro corazón de un sádico goce, y cómo sus planes para mí y para mis conocidos comenzaban a desarrollarse

Meses mas tarde mi esposa fue convocada por el mismo estafador al pueblo, donde fue convencida de tratar de revivirme, acción que solo derivo en mi resurgimiento como una de las bestias horribles que pueblan los bosques de este pueblo, destinado a vagar por todo la eternidad para acallar mi sufrimiento... mi ira..., pero creo que tu puedes ser el receptor de toda mi furia así que te conviene correr

Un día de trabajo. T.

Era una mañana clara y muy agradable. Mi compañera de trabajo y yo nos disponíamos a salir al campo a realizar las visitas a las diferentes parcelas que teníamos planificadas para ese día.
En el camino nos cogió el amanecer y todo parecía tan normal que en ningún momento pudimos presentir lo que más tarde nos iba a ocurrir.

Tras las primeras visitas hicimos una parada para tomar el desayuno, paramos el todoterreno en lo alto de un cerro, desde el cual divisabamos todo el terreno que nos rodeaba. Mientras comiamos estubimos supervisando los planos de la siguiente parcela que teniamos que visitar, y orientandonos vimos que la parcela se encontraba a unos cientos de metros de donde nos encontrábamos. Buscando una referencia para llegar a la parcela vimos en la foto aerea una casa, la cual se podía divisar a lo lejos tras la loma que teniamos delante.

Nos montamos en el coche y nos dirigimos a la parcela, mientras que nos ibamos acercando mi compañera me comentó que no se encontraba muy bien, sentia como un escalofrio que le recorria desde la cabeza al estomago, yo le comenté que podría ser que algo de lo que comió no le había sentado bién, pero no prestamos más atención al tema.

Cuando llegamos a la entrada de la parcela nos fijamos que la casa que usamos de referencia estaba en muy mal estado, en la verja de la entrada que estaba descolgada y a punto de caerse, vimos la fecha de construcción de la casa (1905). Una vez en la parcela preperamos loa diferentes instrumentos para realizar la medición de la parcela y me fijé en una de las ventanas de la casa en la cual se podia ver un efecto de sombras que parecian el perfil de una persona, y me llamó la atención pero seguimos realizando nuestro trabajo. Tras realizar la medición tomamos varias fotos desde diferentes angulos de la parcela para tener varias referencias, y mi compañera me volvio a comentar que no tenia buenas sensaciones, que se sentia como triste, y como comentario jocoso yo le dije que esa tristeza era porque estaba trabajando. Tras realizar todas las mediciones comenzamos a descargar las fotos en el portatil y viendolas para clasificarlas pudimos ver en varias de ellas como una sombra de un brazo señalandonos desde una ventana. Fuimos hacia la ventana para ver si era un efecto de la cámara y comenzamos a oir una voz diciendo: Cogedlos, cogedlos, que no salgan. De pronto comenzó a sonar pasos en la planta de arriba de la casa, y miré a mi compañeras y vi que su cara estaba pálida. Salimos corriendo hacia el coche y nos fuimos lo más rapidamente posible.

Al dia siguiente comentando lo sucedido en la cafetería de la oficina se nos acercó un chico de unos treinta años aproximadamente, el cual estaba sentado en la mesa de atras nuestra, y nos dijo que no pudo evitar oirnos y empezó ha hacernos preguntas de la parcela y nos dio unos detalles de la misma, como si la conociese muy bien. Tras unos minutos de charla nos dijo de repente levantandose de la silla para dirigirse al WC: ¿Y qué hicisteis caso a lo que os dijeron?. Desapareció tras la puerta y pasados unos minutos fuí al WC yo también y ya este chico no estaba,le pregunté a la camrera y me dijo que de allí no habia salido nadie desde hacia un rato. Cuando volví a la mesa vi a mi compañera con las lágrimas saltadas y me dijo: desde que este chico se sentó con nosotros he sentido lo mismo que ayer, y te puedo asegurar que ha desaparecido, porque desde que entro en el WC he dejado de sentirme mal ¿a qué no estaba dentro?.

Desde ese día no hemos vuelto a ver a este chico y eso que todos los dias vamos a esa misma cafetería, y desde entonces cada vez que mi compañera me dice que presiente algo, le hago caso con los ojos cerrados.

El bosque de la prueba. R.

Un ¡¡¡RING!!! Avisa sobre la hora del recreo, los niños corren entusiasmados por los pasillos, y Lucke, un niño de 12 años que salió el ultimo porque había sido castigado, avistó en el final del pasillo una extraña luz y varias sombras a su alrededor.
Lucke se acercó lentamente hacia la luz. Conforme iba avanzando, notaba como las piernas les temblaba del terror. Llegando a la entrada, alguien le habló:

Adelante, si quieres descubrir los misterios que se ocultan en el ‘Bosque de la Prueba ‘’.

Cada vez le temblaban más las piernas, hasta que se derrumbó como un muro viejo.

S … si, acepto dijo con voy débil y apagada.

Tras un momento de silencio, volvió a hablar aquel ser oculto:

Bien … sitúate en el centro de la luz que observas, por favor.

Luke se levantó del suelo y se situó en donde le dijo. Sintió como un estremecedor calor le recorría el cuerpo y, en cuestión de segundos, había desparecido del colegio y estaba en un bosque, realmente bonito. Un lago y un gran arco iris se extendía hasta donde la vista alcanzaba.

Inspeccionando la zona, Lucke avistó una choza. Se acercó a ella y volvió a escuchar aquella voz:

Excelente, estas a un paso de descubrir el misterio de este Bosque, nadie ha sido capaz de llegar al final, pero tu tienes un gran valor. Si quieres continuar, entra en la choza y colócate en la estrella que verás en el interior.

Lucke hizo caso y, al colocarse en la estrella, una gran oscuridad le rodeaba, en este momento fue cuando más miedo notó, pero aguantó.

Lucke desapareció sin dejar ningún rastro.

¿Dónde estoy?

Aquel lugar era otro bosque, pero marchito, daba la sensación de que cada paso que dabas era espiado y estudiado con esmero.

Da la cara, ya estoy harto de tus juegos …

Lucke, echó a llorar, aun no estaba preparado para aquel episodio de su vida, quería volver a su casa.

Lucke, aun estas a tiempo de volver a casa, ya has demostrado tu gran valor.

¡NO! Quiero continuar, deseo continuar, además, te he pedido ya que des la cara.

Bien, como quieras, me mostraré.

En aquel momento, un rayo atravesó el cielo y apareció una silueta, que, por causa de la luz, no se podía contemplar bien.

Cuando la luz cesó, Lucke se llevó un gran susto al descubrir que no era un ser humano, sino un minotauro.

Ahora que ya conoces mi forma, he de decir que no existe el misterio, y que vas a morir en este mismo instante, ten esta espada, si sabes utilizarla.

Ser malévolo, aquí el único que morirá serás tú.

Je je, ignorante … .

Había empezado una batalla que prometía ser larga y dolorosa para los dos, ambos luchaban bastante bien …

¡Arg!, he de admitir que eres fuerte, Lucke, pero no sobrevivirás.

No prometo mi victoria, pero no te hagas ilusiones … por cierto, aun no me has dicho tu nombre.

Me llamo Carl, pero no creo que importe mucho ahora.

El duelo continuó, Lucke acababa de recibir un gran corte en el brazo, por el que le resbalaba gotas de sangre hasta llegar a las puntas de los dedos que de hay caían al suelo. Carl también había recibido un gran corte, pero en la cabeza.

En uno de los momentos de despiste de Carl, Lucke aprovechó para asestarle un golpe de gracia acabando por completo con Carl. El golpe fue en el estomago, lo que le hizo que vomitara sangre. Lucke, al verlo, se desmayó y cuando despertó estaba en el hospital, rodeado de sus familiares y compañeros de clase.

Por lo que los médicos me han informado, has estado 10 días en coma, tus amigos te encontraron tirado en el final del pasillo del instituto, pálido y con la cara ensangrentada, ¿podrías explicarme que ha ocurrido?

Bien, no vais a creerme, pero os lo contaré:

En el final del pasillo había un pasadizo secreto, allí tuve que enfrentarme a un villano llamado Carl, a partir de aquí, no se que más ocurrió, solo se que aquí estoy …

Lo buscaba a él. A.

Orlando era un joven atractivo, pero demasiado misterioso, siempre estaba serio y no platicaba casi nunca con nadie de la oficina, llevaba una amistad de algunos meses con Carlos.
Un día Carlos invito a Orlando a una fiesta que tendrían unos amigos con los que había estudiado en la universidad, pensando que le gustaría a Orlando salir un poco, grave error.

Después de rogarle, Orlando acepto ir a la dichosa fiesta con la condición de no salir muy tarde ya que no le gustaba desvelarse, y así se fueron juntos a la fiesta. Al llegar como era obvio Carlos comenzó a saludar a viejos amigos y como era de esperarse se separo de Orlando para acudir a platicar con estos. Orlando se sentía incomodo ya que no tenia ni un conocido y comenzó a entrar a un punto de desesperación cuando vio a aquella chica.

Frente a el se encontraba una chica que al igual que el se encontraba sola, en un rincon sentada, el se impresiono al ver esto ya que la chica poseía una belleza increíble y un cuerpo por el cual cualquiera estaría perdido. El sin ningún temor se aproximo a ella tratando de no ser tan aventado le pregunto... ¿Puedo sentarme?... y así fue como pasaron las horas platicando de infinidad de cosas y a el cada vez le invadía mas la curiosidad pues ella era demasiado misteriosa.

Después de un largo rato decidieron irse de la fiesta pues ya era demasiado tarde y el se ofreció a llevarla. Al ver que nadie prestaba atención de ellos, salieron de la fiesta sin dar aviso a nadie, la invito a subir a su coche y ella le dijo que no le gustaba que la gente manejara de noche pues temía a los accidentes así que le pidió que se quedara en su casa y justo después de eso el perdió el conocimiento.

Cuando despertó estaba en un cuarto pequeño muy oscuro el cual apenas se iluminaba por unas velas que estaban en el centro de una mesa, La chica se encontraba preparando lo que a el le pareció una bebida y esta cuando noto que el estaba despierto le comento que se había quedado dormido justo al llegar a su casa y que le costo mucho trabajo meterlo a su cuarto, el un poco apenado solo rió y cuando estaba dispuesto a irse ella le pidió que se quedara ya que había dormido un día entero y de nuevo era de noche y le preocupaba lo que pudiera pasarle en el camino y sin mas que decir le ofreció la bebida que acaba de preparar, este la bebió y antes de poder decir algo, de igual manera que anteriormente se quedo dormido.

De nuevo cuando despertó en aquel cuarto oscuro el cual sintió mas pequeño que la primera vez y mucho menos alumbrado, y con la misma escena que la vez anterior ella preparaba algo, el muy confundido le pidió las llaves de su coche por que quería irse, seguramente su familia estaría preocupada, pero ella insistió en que nuevamente era de noche y no quería que algo le pasara, se comprometió a despertarlo mientras hubiera sol y lo acompañaría a su casa para explicar todo mientras de nueva cuenta le ofrecía la bebida que para el tenia un sabor fascinante pero le preocupaba sus efectos, al beberla comenzó a sentir mucho sueño y antes de quedarse dormido le dijo...Y a todo esto, ¿cual es tu nombre?... ella sonrojada solo abrió su boca para decir ...Virginia... y Orlando se durmió.

Después de mucho esperar, el noto que todo estaba muy tranquilo ya que ella llevaba algún tiempo de haber salido de aquel extraño cuarto, se levanto y trato de abrir la puerta pero se dio cuenta que esta estaba cerrada por fuera y la puerta parecía oxidada, la mesa se encontraba en el centro de aquel cuarto con las velas totalmente desparramadas y la única luz que entraba en el cuarto era por un pequeño agujero en una esquina de la pared.

El desesperado al creer que no tendría salida comenzó a gritar y llorar arrepintiéndose de haber salido con aquella joven y en un arranque golpeo tan fuerte la puerta con un pie que esta se abrió sin mas, El al ver esto salio corriendo sin detenerse con los ojos llenos de lagrimas, sus ropas sucias y pensando en que tendría un aspecto no muy agradable, y después de correr un tramo tropezó, al levantarse y abrir los ojos se lleno de horror al ver que había tropezado con lo que era una tumba y peor aun que se encontraba en un cementerio, un miedo profundo le invadió el cuerpo y al girar para ver donde se encontraba el cuarto de donde acababa de salir, noto que era una cúpula, una pequeña choza donde se acostumbra a guardar las cenizas de la gente muerta con algunas fotografías y ofrendas, pero eso no fue todo, cuando se acerco invadido de pánico noto algo que debido a la oscuridad del cuarto no había visto antes, en un marco de madera con letras doradas estaba el texto "Virginia Palafox 1967 1985" debajo de esto se encontraba una fotografía de aquella joven con la cual el había convivido 3 noches y que ahora estaba seguro le inspiraba el temor mas grande de su vida, salio corriendo sin detenerse, al salir del panteón giro para verlo por lo que el crearía la ultima vez y en los pies de la entrada se encontraba Virginia que lo miraba con los ojos tristes, el solo siguió corriendo y de repente solo vio un resplandor y nunca mas volvió a sentir dolor.

El inesperado Final...

Aquella mujer bajo del auto horrorizada por lo que acababa de suceder, al ver que el joven había muerto con el impacto, subió a su auto y se fue...

La fiesta estaba de lo mas increíble y aquellas chicas se lo estaban perdiendo pero una de ellas quedo impresionada al ver al apuesto joven que se acercaba a ella y le decía... ¿Puedo Sentarme?

Lo trajo la noche. Luis Bermer.

Era noche cerrada. La lluvia llevaba horas cubriéndolo todo con su serenidad cristalina, pero pocas personas eran conscientes de ello. Vivir solo en un caserón en medio de algún lugar entre las montañas es algo para lo que no todo el mundo está preparado; yo creía estarlo...hasta aquella noche.
Nunca me había ocurrido nada igual. El suave repicar de la lluvia provocaba ecos por toda la casa, reverberando por los pasillos, en cada rincón. Fuera la lluvia se convirtió en furiosa tormenta, mientras dentro de la casa un silencio expectante se imponía sobre cualquier otro sonido. Tres golpes secos hicieron retumbar la ventana, contundentes como verdades, rompiendo la seguridad de lo cotidiano. No habían sido un producto de mi imaginación, a pesar de que la razón y las circunstancias apuntaran a ello. Tres nuevos golpes, pausados, y aún más vigorosos que los anteriores confirmaron esta angustiosa realidad. Era una llamada, pero... ¿De quién? ¿O de qué? El segundo piso donde me encontraba se eleva cinco metros sobre el suelo, y la ventana apenas tiene alféizar sobre el que apoyarse. A pesar de que estaba aterrorizado, una curiosidad morbosa arrastró mis pies fuera de la cama y los condujo en aquella dirección, orientado por la intermitente luminosidad de los relámpagos que la atravesaban para inundar la habitación.
La vieja madera del piso crujió bajo mi peso, mientras me acercaba lentamente, paso a paso, hasta colocarme frente a la ventana y...allí estaba, ocupando todo el vano con su cuerpo, aquella realidad imposible, error de la Naturaleza y la lógica. Su bulbosa figura recordaba vagamente a la de un pájaro deforme, creado según parámetros absurdos, cubierto su cuerpo por agudas varillas oxidadas, como de paraguas, que entrechocaban produciendo sonidos angustiosos al ritmo de su agitada respiración. El rostro de aquel ente era lo peor...toda cordura quedaba destruida con su visión: poseía dos ojos humanos asimétricos, sin párpados, circunferencias perfectas que reflejaban odio fanático y furia infinita, congelados así sobre su víctima. Mostraba su dentadura de colmillos irregulares, comprimida en un mordisco atroz. Mi mente luchaba por volver a atar los cabos que le permitiesen unirse de nuevo al mundo real mientras mi cuerpo quedó congelado ante la aparición; no hizo nada, no dijo nada, sólo mirarme fijamente con rabia ancestral, lógica sólo dentro de su conocimiento. La lluvia siguió cayendo...



Lo primero que vi al despertar fue la habitación blanca (acolchada) en que me encontraba, y de donde no volvería a salir jamás. Ellos dicen que estoy loco, que la soledad destruyó mi mente; pero ellos no lo vieron, no saben que convive en nuestro mundo, quién sabe con cuántos entes más; su mensaje era su presencia, dar a conocer su existencia real, traspasando el plano onírico. Sin embargo, mi verdad no será nunca oída.

A veces, cuando la tormenta ruge y todos duermen, puedo escuchar entre los truenos lejanos un débil tintineo de varillas herrumbrosas, como de paraguas viejos...

Nocturno de San Idelfonso. Octavio Paz (1914-1998)

1

Inventa la noche en mi ventana
otra noche,
otro espacio:
fiesta convulsa
en un metro cuadrado de negrura.
Momentáneas
confederaciones de fuego,
nómadas geometrías,
números errantes.
Del amarillo al verde rojo
se desovilla la espiral.
Ventana:
lámina imantada de llamadas y respuestas,
caligrafía de alto voltaje,
mentido cielo/infierno de la industria
sobre la piel cambiante del
instante.

Signos-semillas:
la noche los dispara,
suben,
estallan allá arriba,
se precipitan,
ya quemados,
en un cono de
sombra,
reaparecen,
lumbres divagantes,
racimos de sílabas,
incendios giratorios,
se dispersan,
otra vez añicos.
La ciudad
los inventa y los anula.

Estoy a la entrada de un túnel.
Estas
frases perforan el tiempo.
Tal vez yo soy ese que espera al final del túnel.
Hablo con los ojos cerrados.
Alguien
ha plantado en mis párpados
un bosque de agujas magnéticas,
alguien
guía la hilera de estas
palabras.
La página
se ha vuelto un hormiguero.
El vacío
se
estableció en la boca de mi estómago.
Caigo
interminablemente sobre ese
vacío.
Caigo sin caer.
Tengo las manos frías,
los pies fríos
-pero los alfabetos arden, arden.
El espacio
se hace y se deshace.
La noche insiste,
la noche palpa mi frente,
palpa mis pensamientos.
¿Qué quiere?


2

Calles vacías, luces tuertas.
En una
esquina,
el espectro de un perro.
Busca, en la basura,
un hueso
fantasma.
Gallera alborotada:
patio de vecindad y su mitote.
México,
hacia 1931.
Gorriones callejeros,
una bandada de niños
con los
periódicos que no vendieron
hace un nido.
Los faroles inventan,
en
la soledumbre,
charcos irreales de luz amarillenta.
Apariciones,
el
tiempo se abre:
un taconeo lúgubre, lascivo:
bajo un cielo de hollín
la llamarada de una falda.
C’est la mort – ou la morte…
El viento
indiferente
arranca en las paredes anuncios lacerados.

A esta hora
los muros rojos de San Ildefonso
son negros y respiran:
sol hecho
tiempo,
tiempo hecho piedra,
piedra hecha cuerpo.
Estas calles
fueron canales.
Al sol,
las casas eran plata:
ciudad de cal y canto,
luna caída en el lago.
Los criollos levantaron,
sobre el canal
cegado y el ídolo enterrado,
otra ciudad
-no blanca: rosa y oro-
idea vuelta espacio, número tangible.
La asentaron
en el cruce de
las ocho direcciones,
sus puertas
a lo invisible abiertas:
el cielo
y el infierno.

Barrio dormido.
Andamos por galerías de ecos,
entre imágenes rotas:
nuestra historia.
Callada nación de las
piedras.
Iglesias,
vegetación de cúpulas,
sus fachadas
petrificados jardines de símbolos.
Embarrancados
en la proliferación
rencorosa de casas enanas,
palacios humillados,
fuentes sin agua,
afrentados frontispicios.
Cúmulos,
madréporas insubstanciales:
se acumulan
sobre las graves moles,
vencidas
no por la
pesadumbre de los años,
por el oprobio del presente.


Plaza del
Zócalo,
vasta como firmamento:
espacio diáfano,
frontón de ecos.
Allí inventamos,
entre Aliocha K. y Julián S.,
sinos de relámpago
cara al siglo y sus camarillas.
Nos arrastra
el viento del
pensamiento,
el viento verbal,
el viento que juega con espejos,
señor de reflejos,
constructor de ciudades de aire,
geometrías
suspendidas del hilo de la razón.


Gusanos gigantes:
amarillos tranvías apagados.
Eses y zetas:
un auto loco, insecto de
ojos malignos.
Ideas,
frutos al alcance de la mano.
Frutos: astros.
Arden.
Arde, árbol de pólvora,
el diálogo adolescente,
súbito
armazón chamuscado.
12 veces
golpea el puño de bronce de las torres.
La noche
estalla en pedazos,
los junta luego y a sí misma,
intacta, se une.
Nos dispersamos,
no allá en la plaza con sus trenes
quemados,
aquí,
sobre esta página: letras petrificadas.



3

El muchacho que camina por este poema,
entre San
Ildefonso y el Zócalo,
es el hombre que lo escribe:
esta página
también es una caminata nocturna.
Aquí encarnan
los espectros
amigos,
las ideas se disipan.

El bien, quisimos el bien:
enderezar al mundo.
No nos faltó entereza:
nos faltó humildad.
Lo que quisimos no lo quisimos con inocencia.
Preceptos y conceptos,
soberbia de teólogos:
golpear con la cruz,
fundar con sangre,
levantar la casa con ladrillos de crimen,
decretar la comunión
obligatoria.
Algunos
se convirtieron en secretarios de los secretarios
del Secretario General del Infierno.
La rabia
se volvió filosofía,
su baba ha cubierto al planeta.
La razón descendió a la tierra,
tomó
la forma del patíbulo
- y la adoran millones.
Enredo circular:
todos
hemos sido,
en el Gran Teatro del Inmundo;
jueces, verdugos, víctimas,
testigos,
todos
hemos levantado falso testimonio
contra los otros
y contra nosotros mismos.
Y los más vil: fuimos
el público que
aplaude o bosteza en su butaca.
La culpa que no se sabe culpa,
la
inocencia,
fue la culpa mayor.
Cada año fue monte de huesos.

Conversiones, retractaciones, excomuniones,
reconciliaciones,
apostasías, abjuraciones,
zig-zag de las demonolatrías y las androlatrías,
los embrujamientos y las desviaciones:
mi historia,
¿son las
historias de un error?
La historia es el error.
La verdad es aquello,
más allá de las fechas,
más acá de los nombres,
que la historia
desdeña:
el cada día
- latido anónimo de todos,
latido
único de
cada uno-,
el irrepetible
cada día idéntico a todos los días.
La
verdad
es el fondo del tiempo sin historia.
El peso
del instante que
no pesa:
unas piedras con sol,
vistas hace ya mucho y que hoy regresan,
piedras de tiempo que son también de piedra
bajo este sol de tiempo,
sol que viene de un día sin fecha,
sol
que ilumina estas palabras,
sol de palabras
que se apaga al nombrarlas.
Arden y se apagan
soles, palabras, piedras:
el instante los quema
sin quemarse.
Oculto, inmóvil, intocable,
el presente – no sus presencias- está
siempre.

Entre el hacer y el ver,
acción o contemplación,
escogí
el acto de palabras:
hacerlas, habitarlas,
dar ojos al lenguaje.
La
poesía no es la verdad:
es la resurrección de las presencias,
la
historia
transfigurada en la verdad del tiempo no fechado.
La poesía,
como la historia, se hace;
la poesía,
como la verdad, se ve.
La
poesía:
encarnación
del sol-sobre-las-piedras en un nombre,
disolución
del nombre en un más allá de las piedras.

La poesía,
puente colgante entre historia y verdad,
no es camino hacia esto o
aquello:
es ver
la quietud en el movimiento,
el tránsito
en la
quietud.
La historia es el camino:
no va a ninguna parte,
todos lo
caminamos,
la verdad es caminarlo.
No vamos ni venimos:
estamos en
las manos del tiempo.
La verdad:
sabernos,
desde el origen,
suspendidos.
Fraternidad sobre el vacío.


4


Las
ideas se disipan,
quedan los espectros:
verdad de lo vivido y padecido.
Queda un sabor casi vacío:
el tiempo
-furor compartido-
el
tiempo
- olvido compartido-
al fin transfigurado
en la memoria y sus
encarnaciones.
Queda
el tiempo hecho cuerpo repartido: lenguaje.
En
la ventana,
simulacro guerrero,
se enciende y se apaga
el cielo
comercial de los anuncios.
Atrás,
apenas visibles,
las
constelaciones verdaderas.
Aparece,
entre tinacos, antenas, azoteas,
columna líquida,
más mental que corpórea,
cascada de silencio:
la luna.
Ni fantasma ni idea:
fue diosa y es hoy claridad errante.

Mi mujer está dormida.
También es luna,
claridad que transcurre
- no entre escollos de nubes,
entre las peñas y las penas de los sueños:
también es alma.
Fluye bajo sus ojos cerrados,
desde su frente se
despeña,
torrente silencioso,
hasta sus pies,
en sí misma se
desploma
y de sí misma brota,
sus latidos la esculpen,
se inventa al
recorrerse,
se copia al inventarse,
entre las islas de sus pechos
es
un brazo de mar,
su vientre es la laguna
donde se desvanecen
la
sombra y sus vegetaciones,
fluye por su talle,
sube,
desciende,
en sí misma se esparce,
se ata
a su fluir,
se dispersa en su
forma:
también es cuerpo.
La verdad
es el oleaje de una respiración
y las visiones que miran unos ojos cerrados:
palpable misterio de la
persona.

La noche está a punto de desbordarse.
Clarea.
El
horizonte se ha vuelto acuático.
Despeñarse
desde la altura de esta
hora:
¿morir
será caer o subir,
una sensación o una cesación?
Cierro los ojos,
oigo mi cráneo
los pasos de mi sangre,
oigo
pasar el tiempo por mis sienes.
Todavía estoy vivo.
El cuarto se ha
enarenado de luna.
Mujer:
fuente en la noche.
Yo me fío a su fluir
sosegado.

Cisne de primavera. Charles Bukowski (1920-1994)

También en primavera mueren los cisnes
y ahí flotaba
muerto un domingo
girando de lado
en la corriente
y fui hasta la rotonda
y distinguí
dioses en carros,
perros, mujeres
que giraban,
y la muerte
se me precipitó garganta abajo
como un ratón,
y oí llegar a la gente
con sus canastos de camping
y sus risas
y me sentí culpable
por el cisne
como si la muerte
fuese algo vergonzoso
y me alejé
como un idiota
y les dejé
mi hermoso cisne.

El Leteo. Charles Baudelaire (1821-1867)

Ven a mi pecho, alma sorda y cruel,
Tigre adorado, monstruo de aire indolente;
Quiero enterrar mis temblorosos dedos
En la espesura de tu abundosa crin;

Sepultar mi cabeza dolorida
En tu falda colmada de perfume
Y respirar, como una ajada flor,
El relente de mi amor extinguido.

¡Quiero dormir! ¡Dormir más que vivir!
En un sueño, como la muerte, dulce,
Estamparé mis besos sin descanso
Por tu cuerpo pulido como el cobre.

Para ahogar mis sollozos apagados,
Sólo preciso tu profundo lecho;
El poderoso olvido habita entre tus labios
Y fluye de tus besos el Leteo.

Mi destino, desde ahora mi delicia,
Como un predestinado seguiré;
Condenado inocente, mártir dócil
Cuyo fervor se acrece en el suplicio.

Para ahogar mi rencor, apuraré
el nepentes y la cicuta amada,
del pezón delicioso que corona este seno
el cual nunca contuvo un corazón.

No pensaba en la estética. Adam Zagajewski.

Cuando en los años ochenta mi padre copiaba
para sus amigos mi poema "Ir a Lvov"
(me lo explicó pasado mucho, mucho tiempo,
un poco cohibido), no pensaba quizá en la estética,
en las metáforas, sílabas, en un sentido más profundo,
sólo en la ciudad que amó y perdió, en la ciudad
donde quedaron detenidas, como un rehén,
su juventud, su revelación, el encuentro con el mundo,
y seguramente golpeaba las teclas de su antigua y fiel
máquina de escribir con tanta fuerza que, si hubiéramos
conocido mejor las leyes de la conservación de la energía,
sobre esta base podríamos
reconstruir al menos una calle
de su primer entusiasmo.

En un concierto de Bach. Adrienne Rich (1929-2012)

 Atravesando la ciudad en una noche de invierno
Dijimos que el arte y la vida son polos opuestos.
Aquí nos acercamos a un amor que no conoce la lástima.
Esta anciana disciplina, severamente tierna,
Renueva la creencia en el amor y sin embargo controla el sentimiento,
Convirtiendo lo que soportamos en una bendición.
La forma es la ofrenda más grande que el amor puede ofrecer,
La unión vital de la necesidad
Con todo lo que deseamos, todo lo que sufrimos.
Un arte demasiado compasivo es apenas un arte a medias.
Sólo tan altiva y comedida pureza
Restaura el demasiado traicionado corazón humano

Vocación. Margarito Cuéllar.

 Lo que me mueve en realidad, hermanos
es el amor.
Si la carnívora no lo mereciera
no le daría granola y miel por las mañanas
no le rasuraría el césped por las noches
—que aquí entre nos, abunda y no es tan crespo como dicen—
No enjuagaría su pelo con shampoo de linaza
ni la vestiría como a una reina desnuda.
Lo confieso, apátridas,
no existe el odio; mas el perdón tampoco.
De los arrepentidos no se vale nadie.
El rencor es música de adioses.
No existe el odio, digo.
La muerte más fina pare amor.
Los perros no se aman, se mastican.
A veces el aliento de las bestias huele a sándalo.
El que te injuria en realidad te aclama
y declara su amor con su torpeza.

La vida en juego. Ángel González (1925-2008)

Donde pongo la vida pongo el fuego
de mi pasión volcada y sin salida.

Donde tengo el amor, toco la herida.

Donde pongo la fe, me pongo en juego.

Pongo en juego mi vida, y pierdo, y luego
vuelvo a empezar, sin vida, otra partida.

Perdida la de ayer, la de hoy perdida,
no me doy por vencido, y sigo, y juego
lo que me queda: un resto de esperanza.

Al siempre va. Mantengo mi postura.

Si sale nunca, la esperanza es muerte.

Si sale amor, la primavera avanza.

Ciudad contra el cielo. Elva Macías.

Ven,
teje a mi lado.
Del dolor a la impaciencia
al oscuro lugar en que me encuentro.

Ayúdame a desenhebrar el sobresalto.

Ambrosio, ningún carmen es tan devoto de Dios. Alda Merini (1931-2009)

Ambrosio, ningún carmen es tan devoto de Dios
como el carmen de la lujuria
que dora a los viejos como a panes ardientes
que los hace exultar y los hace creer en Dios.
Y dentro de sus ojos que han visto
el placer
y el absurdo riesgo de la muerte
saben que el Paraíso está hecho
de solitarias fronteras
y temen el infierno de la vida.

Cara a cara. Tomas Tranströmer.

 En febrero lo vivo estaba inmóvil.
Los pájaros preferían no volar y el alma
roía en el paisaje como un barco
roza en el muelle al cual está amarrado.

Los árboles nos daban la espalda.
La altura de la nieve se medía con juncos.
Envejecían las huellas de pasos sobre el hielo.
Se derretía el lenguaje bajo un toldo.

Algo llegó hasta la ventana un día.
Se detuvo el trabajo, yo levanté la vista.
Los colores ardían. Todo se dio la vuelta.
El mundo y yo dimos un salto el uno hacia el otro.

Canto de primavera. Netzahualcóyotl (1402-1472)

En la casa de las pinturas
comienza a cantar,
ensaya el canto,
derrama flores,
alegra el canto.

Resuena el canto,
los cascabeles se hacen oír,
a ellos responden
nuestras sonajas floridas.
Derrama flores,
alegra el canto.

Sobre las flores canta
el hermoso faisán,
su canto despliega
en el interior de las aguas.
A él responden
variados pájaros rojos.
El hermoso pájaro rojo
bellamente canta.

Libro de pinturas es tu corazón
has venido a cantar,
haces resonar tus tambores,
tú eres el cantor.
En el interior de la casa de la primavera
alegras a las gentes.

Tú sólo repartes
flores que embriagan
flores preciosas.

Tú eres el cantor.
En el interior de la casa de la primavera,
alegras a las gentes.