lunes, 18 de agosto de 2014

Kale. I.S.

Si bien recuerdo y espero no equivocarme, todo ocurrió seis años atrás, cuando sólo tenía 14 años. era una chica normal, sin embargo, me atraía todo lo sobrenatural, en especial el espiritismo. nunca he sido católica, ni he creído en ningún dios, pero siempre he creído en el alma. siempre está contigo, y sólo te deja cuando estás durmiendo. cuando duermes, se libera de sus ataduras físicas y sale al exterior, respira aire fresco y se mueve por el mundo... por eso soñamos.
nuestros sueños no son más que las imágenes que nos transmite el alma cuando sale al exterior. muchas veces nos acordamos de ellos, y otras no, a veces incluso, cuando el alma, por alguna razón, no puede salir de nuestro cuerpo, se lo lleva consigo, y por eso hay gente sonámbula.
todo eso me atraía mucho. cuando tenía tiempo libre me metía en internet y buscaba información, cada vez haciéndome más a la idea de como funcionaba el mundo espiritual. poco a poco, fui ampliando mis conocimientos, hasta que un día, decidí ponerlos en práctica. cogí mi mechero, unas 5 o 6 velas, un libro de espiritismo que había cogido de la biblioteca y lo metí todo en una mochila. con la mochila al hombro, y llena de ilusión me fui hacia el cementerio del pueblo.
esa noche mis padres se iban ha cenar fuera, y yo, supuestamente, me tenía que quedar en casa a estudiar. por supuesto, la elección de quedarme fue idea mía. casi nunca salían y esa era la oportunidad perfecta.
salté la verja con mucho cuidado, y caí suavemente al suelo sin hacer ruido, anduve cuidadosamente durante un buen rato alrededor de las tumbas, buscando el lugar ideal donde colocar el "chiringuito". finalmente encontré el lugar ideal cerca de un sauce llorón, resguardada del viento y de las posibles miradas indeseadas. me senté con las piernas cruzadas y empecé a sacar las velas, el libro, y el mechero. cogí una piedra y dibujé en el suelo una estrella de cinco puntas, y en contacto con una de las puntas, un círculo no muy grande. puse una vela en cada punta, y otra dentro del círculo. me metí en el círculo con la mochila incluida, y me senté lo más cómodamente posible (realizar un ritual lleva su tiempo, aunque no lo creaís). abrí el libro por la página 169, apartado "invocaciones". encendí el mechero y empecé a leer las palabras de invocación. era una especie de cántico, que había practicado anteriormente, por supuesto (la verdad es que en esa etapa de mi vida tenía mucho tiempo libre) mientras cantaba, en un tono casi inaudible, empecé a encender las velas sin salir del círculo. cuando todas ellas estuvieron encendidas, dejé de cantar y dije en alto: "¡espíritu lejano, que siempre estás cerca, yo te invoco, ¡ven a mi presencia!" (es un poco cutre, lo admito, pero yo no escribí el libro!).
no ocurrió nada durante tres interminables minutos, pero no me moví del sitio. la paciencia es la clave de la invocación. los espíritus hacen todo lo posible para que salgas del círculo para que te quedes desprotegido, y así absorber tu esencia. eso o simplemente para divertirse, sinceramente, yo no comprendo a los espíritus, por eso los estudiaba.
estuve mirando al infinito una eternidad, pensando y preparando las preguntas correctas. finalmente, un humillo azul grisáceo empezó a moverse en la estrella. iba de un lado a otro, intentando salir de cualquier modo, pero cuando lo intentaba, el fuego de las velas saltaban y los trazados se volvían de fuego. era imposible que escapara hasta que yo le diera permiso. cuando el humillo se dio por vencido, empezó a cobrar forma. primero apareció el contorno del cuerpo, luego el pelo, y poco a poco los detalles de un cuerpo humano. lo último que se formó fueron sus ojos. eran grandes y rasgados, del mismo color del humillo. el espíritu se había transformado en un chico de mi edad (y especialmente guapo, eso hay que admitirlo). no entendía porqué había elegido esa forma. en los textos que había leído normalmente explicaban macabras figuras, o algunos animales, pero nunca seres humanos.
me quedé con una expresión de asombro en la cara. el espíritu, al parecer se percató y dejó que se le dibujara una media sonrisa de suficiencia en la cara, pero no dijo nada. de repente se me había quedado la mente en blanco. me maldije, lo había planeado todo así, me había desconcentrado a posta. estaba claro que sabía que no me lo iba a esperar. intenté pensar con rapidez. empecé con una pregunta sencilla.
¿quién eres? era lo más sencillo que se me ocurría.
el espíritu que has invocado. dijo sin que esa asquerosa sonrisa de suficiencia se le borrara de la boca.
será idiota, eso ya lo sabía. tenía que hacer preguntas más concretas, si no quería que todas las respuestas fueran igual.
vale, ¿cómo te llamas?
¿acaso importa? contestó divertido.
sabes que me tienes que responder, no hacerme preguntas me estaba empezando a hartar.
dime tu nombre.
dejó escapar un suspiro y contestó: " kale."
no pude aguantar la risa. ¡kale! menudo nombre. (podeís pensar que era tonta por reírme, pero comprendedme, estaba en la edad del pavo...).
bien dije secándome las lágrimas con la manga de mi cazadora ¿cuánto tiempo llevas muerto?
754 años, 755 dentro de dos meses, contestó mirando al vacío. dirigió su mirada directamente hacia mi, una ligera diferencia de edad entre tu y yo, ¿no crees?
me puse roja, no lo pude evitar. eso le hizo gracia, y la media sonrisa volvió a aparecer en su cara. intenté calmarme, nunca era la primera vez que invocaba a un espíritu y no quería que se notase, eso sería posiblemente mi fin.
a ver.... ¿y qué sabes hacer?
me miró extrañado, como si no comprendiese la pregunta.
¿qué quieres decir? me preguntó.
ya sabes... trucos, efectos visuales, lo que sueles hacer para engañar a la gente como yo. ¿ nunca te lo habían preguntado?
pues la verdad es que no, pero si insistes. levantó la mano poco a poco. cuando estuvo a la altura de mi cabeza, empezó a moverla paralelamente al suelo, dibujando en el aire un medio círculo.
luego bajó la mano. se me quedó mirando, y luego bajó la vista hacia el suelo. le seguí la mirada. el suelo estaba cubierto de flores. no pude evitar una sonrisa. eso no era maligno, como yo había pensado, entonces hice la mayor idiotez de mi vida. me agaché y saqué la mano del círculo para coger una flor. en un abrir y cerrar de ojos, una mano fría y fuerte me agarraba la muñeca. no pude evitar un grito de pánico al darme cuenta de mi error. idiota, idiota y idiota. no podría haber sido más idiota...
la mano de kale tiró de mi y me hizo salir del círculo, para llevarme al interior de la estrella. luego me soltó. por instinto, intenté salir de la estrella, pero cuando lo intenté noté un calor insoportable. no podía salir, había caído en mi propia trampa. lo intenté dos veces más, pero no tuve éxito. entonces, reparé en la presencia de kale dentro de la estrella. estaba en la otra esquina, mirándome sonriente. aparté la mirada rápidamente. estaba perdida. dentro de nada me absorbería la esencia, o algo peor, y posiblemente más doloroso. me quedé parada, mirando al cielo esperando lo inevitable. noté sus pasos acercándose. cuando se paró, estaba tan cerca de mí que hasta podía sentir su falsa respiración. una mano se apoyó en mi hombro y me dio la vuelta suavemente. nos quedamos cara a cara. su rostro sonreía de una manera antinatural, demasiado alegre, y a la vez triste.
no voy a matarte. dijo, para mi sorpresa no me conviene. pero tampoco te voy a dejar ir. maldición, hace tiempo que esperaba esta oportunidad. ahora sabes que estás indefensa, y lo estarás toda tu vida, por lo menos en lo que se refiere a mi esencia. ahora yo te controlo a ti, y pienso que me vas a ser muy útil. cada viernes a esta hora, apareceré donde estés, ya sea aquí, o en la otra punta del mundo. siempre traeré instrucciones, y te daré órdenes para que las cumplas. tendrás como plazo hasta el siguiente viernes, cuando yo vuelva a aparecer. alguna vez traeré ordenes nuevas, otras no, y otras incluso puede que te dé mas tiempo para que lleves a cabo mis peticiones. ¿lo has entendido? dijo fríamente.
ese discurso hizo que se me cayera el alma al suelo (y nunca mejor dicho). ser esclava para siempre de un espíritu...
s..si.
muy bien, chica lista... dijo en un tono casi inaudible.
la mano que me aferraba el hombro se empezó a aflojar y subió poco a poco a mi cuello. alcé la mirada y le miré a los ojos.
intenta no defraudarme, ¿quieres? me dijo con su media sonrisa.
entonces desapareció en el humillo azulado.
desde entonces, cada viernes a las 10.38 aparece allá donde estoy kale siempre aparece. a veces con una sencilla petición, a veces difícil, otras menos. lo único que sé es que nunca desaparece.

Alma infernal. R.H.G.

 ¡Germán...Germán... gritó uno de los miembros de la congregación dame bálsamo y un crucifijo, hay algo que no debe pasar!
¿Qué sucede? respondió mi esposo intrigado por la extraña presencia en la casa donde vivimos desde que nos casamos.
¡Se siente un alma errante!
No fue necesario esperar mucho tiempo, flotando en la sala, la silueta ennegrecida de un monje o un ser con vestimentas amplias y oscuras recorrió algunos metros para desaparecer ante la vista incrédula de ambos hombres.
Por muchos años, nuestro hogar fue un templo espiritista, motivo más que suficiente para que algo de esa energía aún permanezca en los muros. Afortunadamente, los dos tenemos la aptitud de mirar lo que el resto de los humanos no puede; contamos con la capacidad de expulsar entes maléficos cuando quieren tomar posesión de un cuerpo humano o bien, servimos como receptores de seres de luz que necesitan comunicar algo a sus familiares terrenales.
¡Era un especie de monje!, me contó mientras cenábamos flotó por toda la sala y ¡desapareció!
¿No pudiste enterarte de lo que quiere? pregunté extrañada.
¡No!, me respondió suspirando, levantamos oración y bálsamo, espero que ya no vuelva a manifestarse.
Este tipo de fenómenos no son nuevos para nosotros, les hemos perdido el miedo a varios tipos de energías errantes por nuestra dimensión. Sin embargo, hay otras malvadas con el único fin de atormentar a los vivos.
Cierta noche, terminamos de cenar para ir a la recámara para descansar. Pero de manera intempestiva, el ambiente se enrareció; una fuerte presencia nuevamente se apoderó de la habitación.
¡Virgen santísima!, dije en voz baja, ayuda a esta alma a descansar en paz, dale el perdón eterno para que se vaya al lugar donde pertenece.
¿Sentiste lo mismo? preguntó Germán, quien comenzaba a tener fuerte escalofrío.
- Claro, lo percibo - respondió mirando como su cuerpo temblaba.
Vamos a levantar oración ordenó con voz trémula y un tanto cortada.
Elevamos plegarias para que ese ente, al parecer muy poderoso, nos dejara en paz; sin motivo aparente, mi perro, desesperado, comenzó a ladrar mientras rascaba la puerta principal.
- Algo le pasa al perro dije- al momento que caminaba hacia el cerrojo para dejarlo pasar.
- Recuerda, los animales son más sensibles a éstas manifestaciones - respondió hablando cada vez más lento.
Apenas tuve enfrente al canino, se levantó en sus patas traseras para lamerme las manos. Nuevamente, nuestro entorno se mostró denso, húmedo, pesado, con un ligero olor a flores marchitas.
¿Qué ves? exclamé al percatarme que nuestra mascota ladraba intensamente soltando mordidas a diestra y siniestra.
Por un momento, tenía la impresión de que el perro había localizado a su presa, gruñó acorralando a un enemigo invisible. Esa manifestación fue más poderosa y lo hizo aullar y correr al otro lado de la casa.
Pensé que todo había terminado, volví a la recámara y vi que mi esposo dormía profundamente; tratando de olvidar todo, decidí encender la televisión y distraerme. A penas me acerqué al aparato, gracias al reflejo del monitor, me percaté que esa ser estaba recostado en uno de los sillones de la sala.
- ¡Germán- llamé histérica a mi marido- ya regresó, está en la sala...! -
Mi pareja estaba en trance; mantenía los ojos cerrados y se movía violentamente de un lado a otro. Era señal inequívoca de que se trataba de un espíritu superior. No sólo era un alma empeñada en provocarnos miedo sino que también tenía propósitos malignos.
Tomando bálsamo y una cruz, decidí enfrentarlo y saber de una vez por todas de quién se trataba.
- ¿Qué quieres en mi casa?- pregunté de manera violenta.
Volteó de forma paulatina, emitiendo temibles sonidos que parecían una risa hueca y misteriosa, como si se burlara de mí. Al tenerla enfrente, el aliento me abandonó y las piernas se quedaron paralizadas: era la cara de una calavera, en algunas partes del cráneo aún había pedazos de carne viscosa y putrefacta. Movió la quijada rápidamente, parecía soltar una carcajada pero no emitió sonido alguno; se levantó del sofá y dejó al descubierto los huesos de los brazos envueltos en jirones de tela sucia y carcomida.
No tuve otra opción más que orar; mi perro saltó sobre ese ser de ultratumba, que poco a poco avanzaba hacia mí. Yo aún permanecía estática de la impresión. El espíritu se esfumó dejando una nube negra de penetrante olor a azufre.
Al otro día, nuestra mascota comenzó con fuertes convulsiones y ataques hasta morir en medio de dolores y agudos quejidos. En la congregación me comentaron que esa alma venía por mí o por mi esposo; mi fiel perro decidió tomar nuestro lugar para ir al viaje sin retorno.

La tabla de la ouija. T.

La noche era oscura y fría, una fina cortina de niebla podía verse en el ambiente dando una impresión ligeramente inquietante al pequeño pueblo abandonado donde nuestros amigos habían decidido pasar la noche.
Sobre la medianoche un coche aparcó en una de las solitarias calles y de él salieron cuatro jóvenes, sus nombres eran: Samuel, Mabel, Jose y Ana. Cogieron sus mochilas y demás objetos de acampada y se dispusieron a buscar un lugar en el que pasar aquella fría noche.

Podíamos dormir en la iglesia al menos parece un sitio no demasiado frío, sugirió Tury.
De acuerdo , dijeron todos mientras asentían con la cabeza.
Después de haber preparado todo para pasar una larga noche se dispusieron a emprender el camino hacia el camposanto, después de haber caminado no demasiado tiempo llegaron al lugar indicado, el sitio tenia un aspecto bastante inquietante y al atravesar la oxidada verja de entrada sintieron un escalofrío recorrerles todo el cuerpo, se miraron entre si y continuaron con el camino hasta llegar al osario.
El osario era un pequeño edificio sin ventanas y una puerta de madera deteriorada por el paso del tiempo, por dentro no era nada especial, estaba bastante oscuro y al fondo un profundo foso en el que todavía podía distinguirse algún que otro hueso y algunas calaveras; también podía verse un par de sillas tiradas por el suelo y nada mas destacable.

No me gusta nada este sitio murmuró Ana, no me da ninguna confianza, además desde que llegamos no se si lo habréis notado pero tuve la impresión de que nos estaban observando.
Serian los fantasmas dijo Samuel con tono irónico,este pueblo según me han contado sucedieron cosas inexplicables : apariciones fantasmales desapariciones de turistas ... nada importante
Cállate por favor me estoy arrepintiendo de haberos hecho caso a ti y a Tury, me esta dando miedo y además jugar con la ouija no es para tomárselo a broma q gente ha tenido accidentes y otros han muerto por confiarse.

Después de haber sacado el tablero de la mochila de Tury, encendieron las velas colocadas en el suelo de manera que estuviera iluminado el punto en el que estaban situados.
Preparado ya todo para la sesión se sentaron todos en el suelo formando un círculo alrededor del tablero y comenzaron la invocación. Un escalofrío recorrió el cuerpo de los jóvenes y el vaso se empezó a mover despacio al principio pero al momento gano velocidad dando la impresión de estar fuera de control, hasta que de repente se paró en seco señalando a Tury.

Quién eres y que quieres? preguntó el aludido. Nadie, respondió y el vaso se quedó inmóvil. Todos se volvieron hacia él y lo miraron con desconcierto y vieron que la cara había perdido su color natural..repitió la pregunta de nuevo y esta vez el vaso si se movió para ir parándose sobre distintas letras que formarían un nombre: AZAZEL.
Conoces ese nombre? dijo al fin Ana con cara de preocupación
Si , es un demonio, pero no deberia estar aquí, y si es asi no estamos seguros sobre todo yo, porque últimamente he tenido unos sueños muy raros en el que aparecía un macho cabrio de color negro que me miraba fijamente y me hablaba en un idioma extraño y al poco me despertaba bañado en un sudor frio inquietante.

Acabado de decir esto, un fuerte viento abrió la puerta del osario e hizo que las velas hicieran un amago de apagarse y de repente como si alguien lo empujara con una fuerza extraordinaria, Tury salió disparado hacia la pared. Desconcertado y dolorido a causa del golpe, salió corriendo de aquel lugar maldito, los demás lo siguieron mientras lo llamaban, pero este no hacia caso una densa niebla empezó a aparecer en el camposanto mientras Tury desaparecía en medio de ella ,lo volvieron a llamar pero seguía sin contestar y como por arte de magia la niebla empezó a desvanecerse y dejar al descubierto la soledad de la noche. se miraron entre si preguntándose donde estaba su primo, tal vez se perdió en el campo tal vez ese nombre... pero nunca mas se supo de él.

El collar maldito. CH.

Un dia muy lindo y soleado me desperte muy asustada por una extraña pesadilla que habia tenido. Fue extraña pero un poco confusa. Sali de la cama y abrí mi persiana, era de día.Me vesti y baje las escaleras.Luego de desayunar me fui a la playa a caminar un rato.
Camine un rato por una playa desierta que estaba cerca de mi casa.Por la orilla encontre un hermoso collar, con una gema de color esmeralda en el centro.Fui a mi cas y le conte a mi mama lo que habia encontrado.Esa misma noche me fui a un baile con mis amigos.Lucia un hermoso vestido sin mangas y el collar que encontre en la playa.
En el baile, estaba con unas amigas y dos amigos.Fuimos a el cuarto donde guardaban los abrigos. Era grande y oscuro. Encontramos una tabla ouija y nos pusimos a jugar en una mesita. Todo lo consideraba como un juego, yo hacia las preguntas pero nadie contestaba. Hasta que pudimos concentrarnos. Yo pregunte si habia espiritus en esa enorme casa. Alguien respondio que si.

_¿Podrias decirnos como te llamas?
MELINA.
_¿Cuantos años tienes?
8.
_¿Podriamos hacerte unas preguntas.
SI
Y entonces mi collar empezo a brillar y mis ojos se volvieron blancos.
YO SOY MELINA UNA NIÑA DE 8 AÑOS. MIS PADRES ME DEJARON SOLA EN ESTA CASA, ME DIJERON QUE SE IRIAN UNA NOCHE PERO NUNCA VOLVIERON. Y ASI HE MUERTO DE HAMBRE, FRIO Y MIEDO.

Mi silla se movia adelante y atras, hasta que caí y me desmayé.
Bueno, por lo menos yo sabia que me habia desmayado, pero lo demas me lo dijeron mis amigos que estaban en ese momento.Desde ese dia nunca mas use cosas que encontre en el mar.Yo les creo a mis amigos porque aún siento esa extraña sensacion de que alguien ha tomado mi cuerpo....

Último contacto. T.

Me gustaba dar largos paseos con ella. Todas las tardes cuando caía el sol, iba a visitarla para que le diera un poco de paz y tranquilidad a mi alma, la cual estaba totalmente destrozada tras la pérdida de Esther. Aquél fatídico accidente de tráfico ... nos separó para siempre.
Aún lo tenía muy reciente.
Ana, que ya era como de nuestra familia, conseguía por unos momentos lograr que creyera que de alguna forma Esther permanecía a mi lado, aunque en el fondo sabía que me estaba engañando a mi mismo, pero ella me transmitía esperanzas.
Ana tenía un don, al menos eso es lo que ella y todos los que la conocían podían asegurar. Tenía la facultad de ver a los muertos... pero ... para mi todo aquello eran fantasías. Siempre había sido una chica muy sensible y pensé que igual se sentía bien creyendo que podía ayudar a aquellas personas desesperadas que necesitaban creer en algo. Pero yo no creía en la vida después de la muerte. Para mi la muerte ... era el fin, sin embargo Esther, siempre confió en la capacidad de su mejor amiga.
¿ Y dices que los muertos pueden vernos ?
Claro que sí. Diariamente estamos rodeados de personas fallecidas que nos observan desde su penumbra, aunque somos pocos los que tenemos la capacidad de poder percibirlos. La mayoría de los vivos, no pueden verlos a ellos.
No sé Ana ... ya sabes lo escéptico que soy ... Si así fuera, estoy seguro que Esther habría hecho lo posible para contactar conmigo o me habría enviado alguna señal.
Ana me miraba con ternura y compasión. Sus ojos brillaban de una manera especial, como si quisiera decirme algo. Hizo el amago de hablar pero sólo se quedó en el intento. Sabía que ocultaba algo ...
Dime Ana ¿ en estos momentos estamos siendo observados por alguno de ellos ? Seguro que sólo son imaginaciones tuyas ...
Ana agachó la cabeza y no quiso responderme. Quizás había sido un poco brusco con mi irónica pregunta. Quién sabe, quizás fuese yo el que estaba equivocado. ¿ Quién me asegura a mi que no hay un más allá ? Quizás Ana realmente tenga la capacidad de ver a los muertos, podría ser... ¿por qué no? ... o ... quizás sólo fuesen mis ganas locas de creer que Esther no había desaparecido para siempre.
Lo siento Ana, disculpa si he puesto en duda tu credibilidad, pero estoy desesperado... Llevo días que no soy el mismo.
No te preocupes Diego, entiendo que estes confuso y con ganas de salir de esta pesadilla. Pronto podrás tener paz en tu corazón y podrás vivir tranquilo.
¿La ves a ella?
Todos los días.
Me gustaría poder creerte.
Fue tonta la discusión que tuvísteis antes del accidente.
La miré sorprendido. No se lo conté a nadie. Sólo lo sabíamos Esther y yo. Ese fue el último momento que estuvimos juntos.
No debiste decirle que te habías arrepentido de casarte con ella sólo con la intención de hacerle daño. Y justo en ese momento fue cuando se desencadenó aquel fatídico accidente que os separó para siempre.
Me quedé impresionado. ¿Cómo podía saberlo? Sentí un escalofrío en el cuerpo que hizo agitarme. Era imposible que Ana supiera aquello. Fue justo lo que le dije a Esther y justo lo que ocurrió a continuación. Después de aquello no me quedó otra que darle el beneficio de la duda. Algo me decía que debía darle una oportunidad y averiguar si de verdad Ana era una privilegiada.
¿Cómo puedes saber eso? ... ¡si sólo estábamos los dos! ...
Ya te dije que la veo y hablo con ella todos los días.
Ana, si es verdad que puedes contactar con ellos, ¿crees que habría posibilidad de invocarla? ¡Cuánto daría por volver a verla por última vez y poder despedirme!. La extraño tanto ... que no puedo descansar tranquilo...
Claro que puedes Diego, pero no es tan fácil. Puede que lo que veas no te guste. Las cosas no son siempre lo que parecen.
Me arriesgaría a cualquier cosa. Por favor Ana, tienes que ayudarme. Necesito comprobarlo por mi mismo. Saber si está bien, si es verdad que no ha desaparecido del todo ... que sigue conmigo...lo necesito.
Sabes de sobra que te voy a ayudar, pero recuerda que quizás te impresione mucho lo que vas a ver. Te repito, que las cosas no son como tú piensas.
Me daba lo mismo lo que pudiera ocurrir. Echaba tanto de menos a Esther que mi amor por ella y la desesperación, me impulsaban a cometer la locura de hacer una sesión espiritista con mi amiga. Algo en lo que nunca había creído y de lo que me solía reir.
Llegamos a casa de Ana. Me dijo que me sentara y me pusiera cómodo mientras ella iba al otro cuarto a coger lo que siempre utilizaba para sus sesiones espiritistas. Pero la espera se me hacía eterna. No entendía el por qué de su tardanza, por lo que decidí ir a comprobar si ya estaba lista.
Ana ... ¿por qué tardas tanto? ¿ necesitas ayuda ?
Perdona Diego ... es que estaba haciendo una llamada telefónica ... ya estoy preparada.
Nos sentamos los dos alrededor de la mesa. Ana encendió una vela y la colocó dentro de un vaso, manías que tenía siempre que realizaba una de sus sesiones. Confieso que a pesar de no creer en estos temas, me sentía intrigado e incluso algo nervioso. No sabía lo que podría ocurrir...Y después de que Ana me contara la discusión que Esther y yo tuvimos, no cabía ninguna duda de que algo extraño estaba sucediendo.
Ella me cogió las manos para tranquilizarme. Las tenía muy calientes, yo sin embargo las tenía heladas y temblorosas. Comencé a sentir miedo, lo reconozco.
Ana no paraba de mirar hacia la puerta. La notaba nerviosa y sus ojos expresaban inquietud. Eso hacía que me pusiera aún más nervioso. Ya no sabía si creerla o pensar que mi amiga me estaba tomando el pelo, pero fue entonces cuando poco a poco comencé a notar una extraña sensación en mi cuerpo. Un calor enorme se fue apoderando de mi. Era una sensación única, me sentía enérgico, con mucha fuerza, y el miedo se adueñó de mi. Quizás estuviese sugestionado por el momento, pero yo estaba sintiendo aquello, era algo muy real...lo sentía con mucha fuerza.
Ana ¡qué me está sucediendo!, siento mucho calor...como si estuviese absorviendo algo ...
Ana me miraba mientras sujetaba mis manos y me repetía una y otra vez que me tranquilizara, que todo aquello que estaba sintiendo era algo normal, que siempre sucedía lo mismo cuando se iba a producir una manifestación.
¿ Cuándo va a aparecer ella ?
Viene de camino ... Mira Diego, ya está aquí, ¿no la sientes?. Me dijo casi susurrando ...
Me llevé la mayor sorpresa de mi vida, no podía creer lo que estaban contemplando mis ojos cuando la vi aparecer. Allí estaba ella ... Sentí de repente una mezcla de emociones inexplicables. No pude pronunciar ninguna palabra, no pude reaccionar, me quedé inmóvil. Solo era capaz de mirarla, pero sin poder hacer nada. La impresión fue muy grande y casi no me lo podía creer. Seguía mirándola sin salir del asombro, tenía el rostro demacrado y con ojeras, como si se hubiese llevado semanas y semanas llorando y sin dormir...pero seguía igual de hermosa que siempre, ella era mi vida y sin ella, nada ya tendría sentido.
Impulsado por las ganas de besarla y abrazarla, me incorporé y me dirigí hacia ella lentamente. No me pude contener las lágrimas. Allí estaba ella, a sólo cuatro pasos de mi. Parecía asustada pero ni siquiera me miraba, como desorientada y perdida. Tenía un aspecto normal, salvo por las heridas de cortes que tenía en la cara, llena de moratones. El accidente debió ser brutal, yo apenas pude recordar nada.
Me acerqué a ella y con cierto temor intenté tocarle la cara, pero algo me lo impedía. No conseguí sentir su tacto, como si mi mano no pudiese llegar a su cara.
Deseaba hablarle, pero se quedó sólo en el intento cuando de repente, su voz se pronunció...
Hace mucho frío aquí ... Ana ...
Me asusté, no esperaba que pudiese hablar. Volví a intentar articular alguna palabra pero me era imposible. Fue tanta la impotencia de no poder comunicarme con ella que el calor que sentía al principio cada vez era más intenso.
La vela se apagó y un ruido hizo que desviara mi atención hacia otro lado. El vaso que había encima de la mesa con la vela, cayó al suelo sin ser impulsado por nadie. La luz empezó a parpadear hasta que nos quedamos casi a oscuras, salvo por unas velas que aún quedaban encendidas...
Miré de nuevo a Esther y pude ver el miedo reflejado en su rostro. Estaba temblando y a punto de llorar y miraba a Ana desconcertada mientras Ana me miraba a mi como si estuviese a punto de decirme algo. Pero Esther, con la voz quebrada por el llanto, la interrumpió antes de que pudiera decir nada.
¡ Qué ha sido eso ! ... Ana ... ¡ ¿Diego está aquí verdad? !
Una avalancha de imágenes me vinieron a la cabeza. Recordé el día del accidente, cómo íbamos los dos discutiendo mientras yo conducía. Un coche que venía de frente se cruzó al carril por el que íbamos nosotros. Tenía algunas lagunas en mis pensamientos pero ... lo que sí recordaba era la ambulancia llevándose a Esther, mientras yo permanecía allí de pie contemplándolo todo sin saber qué estaba sucediendo. Nadie se preocupó por mi estado y eso me extrañó. Pero ahora todo cobraba sentido, lo tenía todo claro. Comencé a ver las imágenes una por una, el coche de frente dirigiéndose hacia nosotros a toda velocidad, Esther al lado mía inconsciente, con el rostro sangrando. Recuerdo haber salido del coche con normalidad ... no, aquello no era normal después de aquél violento choque. Fue en ese momento cuando comprendí, que quien sobrevivió a aquél accidente ... no fui yo...

Ouija en el cementerio. C.

Un día algunos de nuestros amigos y nosotras (Carolina y Antia) quedamos en el cementerio a las 12 de la noche para jugar a la ouija. En seguida contactamos con un espíritu, un escalofrío recorrió nuestras espaldas, las de Cris, Dany, Carmen y las nuestras, mientras el vaso se movía solo.
El espíritu nos dijo que como castigo por haberle molestado, debíamos pasar esa noche en el cementerio, sin decirle nada a nadie, o algo terrible ocurriría.
Dany, Cris y Carmen, que no les tenían miedo a los espíritus, dijeron que esa noche no la pasarían en el cementerio.
Nosotras decidimos quedarnos allí.
Pasamos la peor noche de nuestra vida. Nos acurrucamos bajo un árbol, temblando, escuchando los sonidos de la noche.
Cuando por fin amaneció, salimos corriendo hacia nuestras casas, y en la carretera nos encontramos tres ambulancias...Un grito quedó atrapado en nuestras gargantas al descubrir que ¡NUESTROS TRES AMIGOS YACIAN EN LA CARRETERA!
Al parecer, habían aparecido muertos esa madrugada, misteriosamente, en la carretera.
Desde ese día nunca jamás volvimos a jugar a la ouija.

Lo que no crees es real. K.M.

Esto pasó el año pasado. Jugué al juego de la ouija con mi amiga Carla. No nos lo tomamos en serio y empezamos a insultar, bromeando, a los espíritus que invocababamos. Por mala suerte, invocamos a Satanás que nos deletreó: "Lo que no crees es real".

Era tarde y mi amiga se fue a casa. Como mi novio había muerto en un accidente de tráfico, yo estaba sola en casa, así que me fui a dormir. Sobre las 3:20 de la madrugada me desperté y me fui a beber un café. Mientras bajaba las escaleras, oía las voces de una niña gritando muy en la lejanía. Cuando llegué a la cocina, cogí el vaso y había un papel bajo él que ponía escrito: "Te lo he dicho".
De repente sonó el teléfono. Era mi amiga Carla, preocupada por que su hija de dieciséis años no había regresado a casa. Entonces vi que bajo mis pies había huellas de sangre. Las seguí y me llevaron hasta el cadáver de la niña con el cuello degollado que yacía en mi cocina. Asustadísima fui a casa de Carla. Subo corriendo a su habitación y me la encuentro también con el cuello degollado igual que su hija.
Además en su frente alguien había grabado con un cuchillo: "yo tengo la razón". Me desmayé y cuando desperté estaba en un hospital. Todo se acabó.
Te recomiendo que no juegues a la ouija si no lo hacés en serio. Yo no volveré a jugar.

Muerte perversa. R.H.G.

La curiosidad mató al gato... Nunca me perdonaré por lo sucedido, todo fue culpa mía y por eso quiero morir... Todo aconteció en una tarde de verano, mis amigas y yo caminábamos por el parque que está cerca de mi casa.
Platicábamos y reíamos
¡Miren eso! señaló Magda al pie de un ahuehuete.
Nos acercamos a las raíces del viejo árbol; algo brotó de las entrañas de la tierra.
¡Es una Ouija! dijo Liza al momento de tomar la tabla.
¡Deja eso! exclamé horrorizada al ver ese objeto que desprendía maldad.
No seas miedosa, me reclamó Erica es sólo una tabla.

Regresamos a la caminata pero cargando con la ouija. Mis amigas no paraban de comentar lo que le preguntarían a la dichosa tabla. Yo no le quitaba la vista al objeto hasta que salimos del parque.
Las chicas se psusieron de acuerdo para ver quién sería la que se llevaría el tablero. Por desgracia, fuí yo la elegida, porque era yo quien vivía más cerca del parque y me familia había salido por unos instantes. Inventé mil pretextos para no llevarla, sin más comentarios me entregaron la ouija. Al tomarla, un aterrador escalofrío recorrió mi espalda. Me dirigí con cautela hacia mi casa, vigilando que ningún vecino me viera cargando la ouija. Entré a mi casa, aún no había llegado mi familia; rápidamente entré a mi habitación y dejé la tabla debajo de la cama.

Los siguientes días le colocaba el seguro a la puerta de mi alcoba para que ninguno de mis hermanos entraran y descubrieran la ouija, o sino me metería en problemas con mis padres, porque ellos eran muy devotos a su religión católica. No obstante, sentía curiosidad por manejar ese juego, desconociendo que la curiosidad fue la causante de mi desgracia. Coloqué el tablero sobre mis rodillas, tomé un vaso de cristal y lo coloqué en medio de la ouija. Al principio no se movía, luego se deslizaba el indicador lentamente, había entrado en contacto con un ente del más allá.
Apartir de entonces, diario le hacía preguntas a esa entidad. Ya no era necesario colocar mis manos, el indicador se movía muy rápido respondiendo a todas mis dudas.

Cada día me veía pálida y ojerosa, eso era porque casi no comía y descansaba. En la secundaria no prestaba atención y le había mentido a mis amigas que había perdido el tablero.
Un día, había tenido una pelea con mi novio; por mi mente pasaba que Carlos me engañaba con otra. Decidida, de nueva cuenta consulté al espíritu. Le pregunté que si mi novio salía con otra chica a mis espaldas. "SÍ", fue su respuesta. Pregunté por el nombre de la persona con la que me engañaba, la ouija formó un nombre: Clara, incluso me dio su dirección.
Fuí a la casa de esa chica para encararla e impedir la continuación de ese noviazgo. Al tocar la puerta, salió un hombre mayor de edad. Con nerviosismo, fingí que era una amiga de Clara.

Eso es imposible, agregó el señor quien al parecer se trataba del padre de ella. Su mirada se clavaba en la mía. Clara no tiene amigos, además ella es sólo una niña...
Me quede paralizada, me enteré que Clara era pequeña que batallaba con una terrible enfermedad. Regresé a casa muy confundida, ¿por qué el espíritu me había engañado?. De repente, una voz cavernosa retumbaba en mi mente.
¡Estúpida, gracias a tí, pude alimentarme de un alma inocente! se burlaba de mí esa voz, yo no entendía nada ¡Ja, ja, ja! ¡Sólo te utilicé para llegar a esa niña y quitarle su miserable alma!
Me enteré que la menor había fallecido pero no a causa de la enfermedad, porque ya se estaba recuperando.
Ese maldito me usó para matarla...

Infectados. J.A.R.T.

Arizona, Estados Unidos. Según los vecinos de aquel terreno, había una antigua casa donde vivía una niña infectada por el diablo, que acababa con toda la gente que entraba allí (policías, investigadores, científicos, e incluso curiosos niños). Pero ya era hora de saber lo que ocurría en aquella casa, el Gobierno mandó a nueve policías a entrar en aquel terrible lugar dentro de dos noches, con todo el armamento posible.
A la hora prevista, los nueve magníficos entraron allí. La puerta estaba entreabierta, y tras vario rato registrando cada rincón y habitación de la casa, no encontraron nada.
Ryan Robers, uno de los agentes de la policía, entró en otra habitación, y había un joven de unos once años infectado por la niña, que se abalanzó sobre Ryan para morderle, por lo que también sería un descendiente del demonio. Pero este no se dejó y disparó al hambriento en la cabeza, y se deshizo de él.

Aunque no fue el único que corrió peligro, casi todos los agentes fueron mordidos, y se infectaron del diablo. Solo quedaban dos, que tenían que ver donde estaba el punto de partida, es decir, encontrar a la niña y acabar con el miedo que los rodeaban. Ryan y Jake Freeman, el otro policía superviviente, se unieron para encontrarla. Con una linterna, se adentraron en una sala donde había un pozo, y de este salió la niña, era horrible, casi sin pelo, podrida, maloliente, desnuda y sin brazo, pero lo peor, estaba hambrienta.

Quería morderles, pero apagaron la linterna y estaba oscuro, entonces no se veía. Pero de repente se encendieron las luces de la habitación, y la chica tenía un hacha, que se la clavó a Jake en el centro de la cabeza, por lo que estaba muerto y lo peor, más tarde, la hija del diablo se lo comió.

Ryan lo disparaba, pero no le afectaba para nada, y cuando apuntó a la cabeza, se quedó sin balas. Cogió la pistola de su compañero y esta vez, cuando ya la tenía encima, disparo en su frente y cayó al pozo. Misión cumplida, pero de nueve personas, sobrevive un policía. Ryan se fue de la casa creyendo que había vencido, pero entonces, cuando abandonó la sala, la chica salió del pozo con hambre, esta vez con el doble de hambre, hambre de comida, y de venganza.

El edificio embrujado. F.A.

Mi nombre es Maximiliano, y soy conocido entre el "mundillo periodístico" como Max Fuentes. Desde un tiempo a esta parte, los sucesos paranormales me tienen obsesionado, de tal forma que creo llegado el momento de escribir sobre mis particulares experiencias.
Lo cierto es que nunca he estado solo mientras me dedicaba a investigar todos y cada uno de los inexplicables misterios para el ser humano que se ponían a mi alcance, pues una carismática mujer llamada Elisabeth, amiga y amante, me acompañaba fielmente en tamañas empresas. La primera de ellas... ocurrió tal y como relato a continuación.

(Llamada telefónica realizada un día cualquiera de un pasado reciente, a las 21:30 horas).
¿Diga?
¿Elisabeth? Soy yo, Max.
¡Hola, cielo! Creía que te habías olvidado ya de mí.

Perdona la tardanza; me tuvieron largamente ocupado los de la editorial. Ya sabes, "gajes del oficio".
No es del todo cierto, pero prefiero contarle una pequeña mentira piadosa que ponerme a entrar en extensos detalles que no harían sino alargar innecesariamente la llamada.
Entiendo... ¿a qué hora quedamos entonces?
Eli, mira, estaba pensando... ¿por qué no te vienes conmigo al "Museo Nacional de Arte Reina Sofía"? Verás... dicen que allí los sucesos paranormales no dejan de repetirse a menudo; mi intención es entrar en el edificio contigo. Esta noche, quiero decir...
Para, para ¿A qué viene eso? Max, ¿estás bien? ¿Estás tramando algo?
No, nada de eso. Mira... no sé lo que nos iríamos a encontrar, pero desde luego no me da ningún miedo. Solo me gustaría observar si allí verdaderamente se cuece algo. Dime... ¿Te atreverías o no?
Er... bueno, yo... ¡Max, tú no estás bien de la cabeza!
Elizabeth parece dudar demasiado, y me doy cuenta de que debo currarme más esta llamada para lograr mis objetivos.

Oh, escucha lo que te voy a decir. ¿Sabías que el edificio que alberga el museo tiene aproximadamente unos cinco siglos de antigüedad? Con anterioridad, lo habían ocupado incluso mendigos, en lo que se llamaba "Las praderas de Atocha". ¿Te he contado que es un lugar que me fascina siempre que lo visito? Cuando transito cerca del museo siento como un imán que me atrae hasta su interior, una situación difícil de explicar. De hecho, gran parte de la historia de una de mis novelas transcurre entre las calles que la rodean.

Sí, ya sé de qué libro me hablas. Lo recuerdo perfectamente.
El rey Felipe II fue el encargado de derribar el albergue de los mendigos, construyendo un hospital en su lugar. Durante cientos de años fue utilizado como el principal centro hospitalario de la Villa y Corte del rey, siendo dirigido por varias órdenes religiosas. Es más, llegada la contienda civil, se convirtió en hospital de sangre. Finalmente, antes de transformarse en museo, llegó a ser parte de la Facultad de Medicina. Dime... ¿no te resulta atractivo?
Tengo que admitir que pinta bien...

Resulta innegable la cantidad de misterios que puede guardar un edificio que tantas vidas ha salvaguardado... aunque también las que bajo sus muros habrán fenecido...
Vale, me has convencido. Pero únicamente lo hago por ti, ya lo sabes. Y te diré, a la primera sorpresa desagradable que me lleve, te aseguro que salgo "por piernas".
Ok, entonces te espero a las once a los pies del edificio. Te sigo contando en cuanto nos veamos...

De acuerdo, Max. ¡Ay, este chico!...
¡Por favor, Eli, no tardes!
Claro, descuida. Estaré a las once como un clavo. Prometido.
Buena chica...
(Clic)
Objetivo logrado.
(23:30 horas. Museo Nacional de Arte Reina Sofía)
¡Vaya, por fin! Y eso que dijiste que serías puntual –exclamo, en cuanto veo llegar a mi "partenaire".

Lo siento, Max –me responde con un ligero suspiro. Me retrasó la cena de mi madre. Ya sabes que no puedo marcharme sin dejarla acomodada.
No te preocupes, lo supuse. Bien, nos espera una noche muy larga, mi querida Eli.
Mientras le digo estas palabras, dibujo una mueca espectral en mi rostro.
¡Oye, no me pongas esa cara que me cago, eh! –suelta Elisabeth, verdaderamente acojonada.
Si es para que nos vayamos poniendo en situación, mujer –le respondo, riéndome a mandíbula batiente.
Déjate de rollos. ¿Por qué no me sigues poniendo al día con respecto a las cosas que se cuentan sobre el museo?
Como quieras, Madame.
¡No me llames Madame! Sabes que no me gusta...

Vale, vale, no te lo digo más. Pero es que no puedo evitarlo. Bien, te hablo del Museo –digo, tras carraspear ligeramente. Verás, cuando fue inaugurado, el personal de limpieza y seguridad se vio de repente sumergido en una ingente cantidad de fenómenos paranormales. Sin embargo, estos extraños sucesos solían ocurrir cuando los visitantes del museo ya habían abandonado el edificio. Era, en aquellos momentos, al quedarse solos, cuando aquellos incidentes les sorprendían de forma inesperada.

Entiendo. Y por eso ahora acudimos tú y yo solos a visitarlo. ¿No es así?
Chica lista, tú.
Max, no te cachondees de mí, y sigue poniéndome al día.

Ok. Nos han dado un permiso especial. En realidad lo he solicitado yo, y me han dicho que sí. No se hubieran negado, naturalmente. Sabes que si me propongo algo, lo consigo. Y te diré, siendo los únicos inquilinos del edificio esta noche, podremos sacar conclusiones. ¿Qué crees que nos vamos a encontrar?
No sé, dímelo tú –rezonga mi singular pareja.

Como prefiero mantener un poco de suspense, me hago el desentendido. Pero casi al instante reacciono y saco un pequeño artilugio y una tablita de madera de la mochila que llevo colgada en mi hombro.
Me he traído la "ouija", para practicar un poco. ¿Qué te parece?
¿Estás loco? Vamos, no utilizas ese cacharro conmigo ni por asomo...
Eli, no seas "miedica". ¿Qué más te da?
Todo esto me impone demasiado respeto, y lo sabes.
¿Por qué no entramos ya y abandonas tus temores? No va a pasar nada, Elisabeth de los ricitos de oro...

Reconozco que también me encanta llamarla así algunas veces.
Siempre que te adentres delante de mí, Max... "de las fuentes primorosas".
Bueno, menos cuando me la devuelve de esta forma, naturalmente...
(23:45 horas. Interior del museo)
¿Sabes qué? –le digo a Eli, en tono entusiasmado. Hablé con uno de los conserjes, y me aseguró que, de vez en cuando, los ascensores funcionan solos. ¿Te imaginas que suceda ahora? ¿A que sería divertido?

Max, por favor... ¿podrías tener un poco de sensatez, por una vez en tu vida?
Nos acercamos a ellos, y de repente observamos que se pone en marcha. Yo estoy dispuesto a subir en él cuando llegue a la planta baja.
¿Te animas a subir? –le pregunto, todavía más animado, si cabe.
No pienso hacerlo, aunque te empeñes mil veces –refunfuña Elisabeth.

¡Mira, ya está aquí! –exclamo, haciendo oídos sordos a sus palabras. ¿Te das cuenta? No hay nadie dentro.
Claro, y que cuando yo entre, se me aparezca alguien en el interior. ¡Ni loca me meto ahí!
Vamos, Elisabeth, un poco de amor propio...
Mis ligeros empujoncitos en su hombro parecen surtir efecto.
¡"Ayyy", está bien! Ya lo hago.
¿Lo ves? No pasa nada. No hay nadie. ¡Qué desilusión!
¡Qué alivio!
¡Ah, no! ¡Mira en el techo! –grito para llamar su atención hacia dicho lugar.
¡Ahhhhhhhhhhhh!
Que no, que es broma, "jajaja".
¡Imbécil! ¿Por qué tientas al diablo?
¡Bah! Si de verdad hay algo aquí, deseo que ocurra. ¿Dónde estáis? No me dais miedo en absoluto. A Elisabeth tampoco, así que venga, al grano...
Entramos en uno de los cuartos de baño, porque hemos escuchado algún ruido. Al hacerlo, descubrimos que los grifos están abiertos, chorreando agua por todas partes.

¿Quién habrá sido el loco que los ha dejado así? –pregunto, frunciendo el entrecejo.
Max... creo que... no ha sido ningún empleado, sino los espíritus que están sobre nosotros. Siento el aliento de ellos a mis espaldas.
Yo no veo nada, Elisabeth.
Pero yo sí...

En serio, quiero creer, pero... ¿por qué no se demuestran ante mí? ¿Y por qué a ti, si? Claro, tú tienes luz. Yo ni siquiera puedo comprender lo que es eso.
Veo... transitar una procesión de monjas de clausura por delante de nosotros. Desfilan cabizbajas, en profundo rezo, desconectadas de todo lo que gira a su alrededor. Deben ser fantasmas en realidad, o bien personajes que en aquellos momentos caminan realmente por el pasillo, aunque en otro tiempo o dimensión...
Elisabeth, me vas a romper el brazo si te sigues aferrando así a mí. ¡Por Dios, vas a arrancármelo de cuajo! Aunque en el fondo me gusta, incluidos los grititos que genera tu laringe. Me hace sentirme tu fiel protector.
¡Déjate de chorradas y vámonos ya de aquí, por favor! Te lo suplico...

No voy a hacerte caso. Además, no tienes más remedio que seguirme. ¿Acaso te atreverías a ir hacia la salida tú sola?
¡Qué cruel eres! –me espeta, ligeramente cabreada.
¿Qué quieres? Yo no he podido ver al ejército de monjas, así que estoy comenzando a sentirme frustrado. Me gustaría ser capaz de vislumbrar alguna cosa extraña...
Y yo, que tengo ese don, desearía perderlo...
No deja de resultarme divertida esta empresa. Gozo como un niño, a pesar de que tú pareces estar sufriendo. Aunque, en el fondo, yo diría que también lo estás pasando bien. Son experiencias únicas para ti, y no las olvidarás jamás. ¿Me equivoco?

Max, ¿Por qué no intentas concentrarte para descubrir lo que yo soy capaz de ver? Me paso la vida intentando que puedas generar luz, atraer todo esto que nos rodea, que está ahí, aunque prácticamente nadie pueda verlo. Solo unos pocos elegidos...
Es el momento de utilizar la ouija. Acudimos a los sótanos. Elizabeth está muerta de miedo, pero ni siquiera se atreve a retroceder sobre sus pasos.
Esta me la pagarás, Max...
Trato de animarla un poco, relatándole más sucesos acaecidos en el edificio.

¿Sabes? Las salas que forman parte de este sótano acogían antiguamente un manicomio. Aquí dejaban abandonados a los enfermos mentales, imposibles de curar con la primitiva psiquiatría existente entonces. Fíjate, los más pirados eran incluso atados con grilletes para que no osaran escapar. De hacerlo... suponían un verdadero peligro para los ciudadanos. Los grilletes eran pasados por cadenas que se anclaban a las paredes.
¡Es verdad! ¡Observa las argollas incrustadas en la piedra! Ni siquiera se han molestado en quitarlas. ¿Por qué, Max? Eso puede atraer a los enfermos que murieron ahí...
¿Puedes ver alguno?

Aún no, pero puedo sentirlos. Esto está plagado de seres. ¡Ay, Dios mío! Por favor, Max, vámonos ya. Me estás matando. Si hubiera sabido que eras así...
¿Qué? ¿Me habrías dejado? Si en el fondo no dejas de disfrutar.
¡Y una mierda! –me grita, con mirada casi asesina.
Sus últimas palabras parecen resonarme como un eco en mis oídos, y de repente mi visión comienza a experimentar un impresionante cambio. Las paredes parecen moverse, hasta que una extraña forma comienza a cobrar vida desde la nada.
¡Elisabeth! ¡Puedo ver a alguien! ¡Es ahí, estoy seguro!
¿En esa argolla? Espera... a ver...
¿No lo ves? Es un pobre viejo con un solo diente. Implora que nos acerquemos, agitando los brazos.

¡Tienes razón! ¡Max, es fantástico, por fin puedes ver lo que yo veo! Pero... no te acerques a él. No... no es un alma buena, lo sé. Está intentando engañarnos. Si lo haces, se meterá dentro de ti, intentando controlar tu cuerpo y tu mente. Lo sé, hazme caso.
Vale, vale, no lo haré. Lo cierto es que, de haber entrado solo, habría caído en sus redes. Yo no puedo distinguir eso.
Pues dame las gracias, cabezón.
Te las doy, sí... Yo lo que deseaba era poder ver. Ahora ya lo he logrado.
Entonces vámonos de una vez. No soporto más estar aquí dentro metida.
Ah, de eso nada. Nos falta la ouija. Vamos a sentarnos en el suelo e invocamos a los espíritus.

Te he dicho que no, Max. Por lo que más quieras...
Si en el fondo se nota que estás pasándolo de lo lindo. A mí no puedes engañarme.
No, yo...
Mírate –le digo, cortándole de cuajo su respuesta si hasta tiritas de frío ahora. Los espíritus deben estar arremolinándose a nuestro alrededor, ¿no crees? Voy a invocar a uno de ellos, jeje.
¿Estás loco? Después no te quejes si sucede algo malo. He hecho todo lo que he podido por desaconsejarte esta barbaridad que pretendes.
Ignorándola por completo, hago colocar la señal de madera encima del tablero. A regañadientes, Elisabeth termina sentándose enfrente de mí.

Cojámosla con ambas manos, situando las tuyas encima de las mías. No pierdas tiempo, porque dentro de muy pocas horas amanecerá, y ya nada se podrá hacer.
La señal no tarda en movilizarse alrededor del tablero, en continuo zigzag.
¿Qué hace? ¿Por qué no se detiene de una vez en alguna letra? ¿O en el "sí" o "no"? –increpo.
Max, si no preguntas nada, esto no se va a detener en ningún lado. A veces tengo una paciencia contigo... ¡Que no te enteraaaaas!
¡Vale, valeeee! Ya voy... ¡Si hay alguien ahí, que se dirija al "sí"!
Bufff, si esto está lleno de espíritus, colega. Como quieran responder todos, se cargan la ouija.
Ah, perdón. Pues... ¿qué pregunto?
Pregúntales en plural, hombre –chasquea su lengua mientras mueve la cabeza, como teniéndome por un tipo sin remedio. Déjame a mí, yo lo haré. Esto... ¿cuántos sois?
La señal comienza a moverse con mayor rapidez. El uno y el ocho se marcan sucesivamente.

¡Joder, dieciocho! –exclamo, sacudiendo la mano.
Ya te lo dije, hay muchos. Sabes que yo puedo captarlo.
Sí, claro... ¿y ahora que les preguntamos?
Déjame pensar... ¡Ah, ya! ¿Por qué estáis aquí? ¿Qué os detiene en este lugar?
La ouija parece dudar ahora, zigzagueando sin cesar.
Se está volviendo loca la señal, Elisabeth. ¿No te impone respeto?
Sí, pero tú has empezado, así que ahora hay que terminarlo.
No, si yo no tengo miedo. Lo decía por ti...
Tranquilo, ahora estoy cómoda. No sé por qué motivo, pero lo estoy.

Mira, primero es una "A", luego una "T", y finalmente otra "A". ¿Qué significa eso? No entiendo nada.
La señal no tarda en volver a moverse.
ESTAMOS AQUI POR CULPA DE ATA.
¿Y quién coño es ATA, si puede saberse? –resopla Eli.
Elisabeth, tampoco te pongas tan exigente, digo yo.
UN ASESINO –responden quienes quieran que muevan la susodicha ouija.
¿A... a quién mató? –sigue inquiriendo Eli.
A NUESTROS HIJOS.
¿Y... no lo encontráis?
Hay que ver como aguantas la respiración –le digo, con cara de alelado.
Max, cállate, por favor.
Nuestras manos son conducidas directamente al "No".
¿Creéis que os podemos ayudar? –vuelve a inquirir Eli, casi obsesionada ahora con las respuestas de la oujia.
Parece no registrarse movimiento alguno, pero de repente la señal rueda hacia atrás, y luego se deposita en el mismo lugar, es decir, en el "No".
¿Queréis que nos marchemos? –pregunto yo ahora, anteponiéndome a mi compañera.
Esta vez, el resultado es "Si".
Eli y yo nos miramos, estupefactos. Pero no por ello nos arredramos.
¿Por qué? –digo finalmente.
NOS MOLESTAIS
Max, será mejor que nos vayamos. Sigue mi consejo.
Está bien, pero que conste que estaba comenzando a divertirme –le digo, aunque no estoy muy seguro de que sea lo que realmente siento.
Esto no es un juego. No tientes al diablo, recuerda...
Decidimos abandonar el sótano, para seguir explorando. A pesar de los pesares, me negaba a terminar con aquello tan pronto.

Max, los espíritus se han manifestado a través de la ouija, sí. Pero yo he sentido cómo uno de ellos me susurraba en el oído.
¿Dices la verdad?
¿De qué te extrañas? Dime... ¿por qué iba a mentirte?
¿Y qué se supone que te ha dicho?
No se supone. "ME HA DICHO" –dice, deletreándome cada palabra.
Vale, de acuerdo. Pues dime qué "TE HA DICHO" –le respondo de igual manera.
Era... ATA.
¿Quién era "atea"? ¿Había ateas en la conversación?
Eli me mira gruñendo.

¡He dicho ATA!
Vamos, estás de coña. "A otro perro con ese hueso".
¡Joder, nunca me tomas en serio, Max!
¡Que sí, que "síiiiii"! A ver, cuéntamelo.
Dicen que ellos no pueden verle, aunque siga ahí. Pero se ha sorprendido de que yo pueda sentirle, y por eso se ha apresurado a susurrarme al oído. Me ha dicho que él no deseaba matar a esos niños, y que había sucedido de forma accidental. Por culpa de ello había estado recluido en el sótano toda su vida, y encima tenía que cargar ahora con los familiares de esos niños. Le buscarían hasta el fin de los tiempos. No pudieron tomar venganza mientras vivían, al estar protegido entre estos muros, pero al morir decidieron buscarle. Sin embargo, descubrió una forma de ocultarse que ellos jamás alcanzarán a conocer.

Vaya, qué historia, ¿no?
Sí... pero el problema es que se siente cansado, y algún día tendrá que ceder.
Pero si no es culpable, se cometerá una injusticia...
Eso es lo que ATA me ha dicho, pero tampoco tenemos por qué creerle. Sin embargo, parecía sincero.
Me temo que nunca conoceremos la verdad...
Quizá podríamos investigarlo una vez salgamos de aquí, buscando información en alguna biblioteca. Es decir, conocer toda la historia sobre esos asesinatos.
No tenemos pistas... sólo un nombre que no nos dice nada. ¿Te ha dicho algo más?
Sí, aunque desconozco si nos servirá. Mentalmente le he preguntado a qué época pertenecía, y me ha respondido que lo desconocía por completo, aunque recordaba perfectamente que su rey se llamaba Carlos.
Eli, hubieron varios reyes que se llamaban así, desde Carlos I hasta Carlos IV. A saber quién demonios sería...
Pues estamos apañados, entonces.

Bien, no importa. Sigamos por este pasillo, el de la derecha.
A mitad del pasillo nos quedamos "a cuadros". Un extraño personaje vestido con una bata blanca manchada de sangre, lo recorría angustiado. Incluso podemos oír sus lamentos. A juzgar por sus palabras, parecía encontrarse en plena guerra civil, en un Madrid republicano sitiado por los nacionales. Debía ser el director del hospital, incapaz de superar las dificultades que suponía tener que atender a tantos soldados y civiles heridos. Poco después nos adentramos en la biblioteca del museo. Todavía quedaban algunas sorpresas más. Una monja se encontraba de pie leyendo uno de los libros situados en la tercera estantería. Al vernos, se dirige hacia nosotros para increparnos sin demora.

¿Qué hacéis vosotros aquí? ¡No tenéis permiso! ¡No en mi congregación! –grita la monja, haciendo aspavientos.
¿Y usted quién es?
Soy Aldonza de los Ángeles, la madre superiora. No está permitida la visita de aldeanos a mi congregación –dice, sin dejar de agitar los brazos, lo que no deja de conferirle un aspecto más tenebroso, si cabe. Vivimos en régimen interno. ¿Cómo habéis entrado aquí?
Max, ¿esto ha sido un monasterio? –me suelta Eli, ignorando a la monja.

¡No es un monasterio, muchacha deslenguada! ¡Estamos aquí provisionalmente, porque nuestro convento ardió por los cuatro costados! Algún maldito de Satanás le prendió fuego, pero pronto estará reconstruido. Odio este lugar, y también todo lo que proviene del exterior. ¡Recogimiento, señor, recogimiento!
¡Joder, joder, joder! –mascullo. Elisabeth, vámonos, que la monja está como una chiva.
¡Ajaja! Tienes ahora miedo, ¿eh?
¡Que no, caray! ¿Es que no has visto sus ojos? Si las miradas matasen...
Continuamos hasta la segunda planta y, para nuestra sorpresa, el ejército de monjas de clausura pasa desfilando una vez más.
¡Eli! ¡Puedo ver a las monjas! ¡Esta vez sí!

¡Espera, no digas nada más! Creo que puedo intuir algo. Sí, es allí, en aquel tabique.
¿En serio? Si pudiera, me gustaría ver que se halla ahí dentro. Podríamos intentarlo, ¿no crees?
¿Qué es lo que pretendes? ¿Abrir la pared? Pero ¿adónde vas tan rápido? ¡No me dejes aquí!...
Vuelvo enseguida, Eli, te lo prometo.
¡Espérame, no me dejes sola, por el amor de Dios!
Elizabeth echa a correr detrás de mí, y un poco más y cae escaleras abajo.

¡Por lo que más quieras, Eli, no te vayas a matar ahora! –digo, retrocediendo sobre mis pasos. Iremos más despacio, no te preocupes. Allí, en los sótanos, recuerdo haber visto un par de herramientas.
Y no me equivoco en absoluto. Una de ellas es un flamante pico. Al regresar a la segunda planta, no me lo pienso dos veces, y comienzo a golpear el tabique.
¡Max, nos van a denunciar! Estás "chalao" perdido. ¡Madre mía, quien me mandaría a mí venir aquí contigo!
Al reventar el tabique, nos sorprendemos al descubrir lo que se encuentra en su interior. Nada menos que tres nichos con sus respectivas placas.
Tenías razón, Eli. ¡Menuda sorpresa!

En la primera de ellas reza lo siguiente: "Gonzalo Peña Carrillo, capellán del rey". En la segunda: "Bernardino de Obregón, muerto el 6 de agosto de 1599". Y la tercera: "María Antonia Barrero Soto Mayor, enfermera de este hospital".
¿Estás pensando lo mismo que yo, Eli?
Sí, quieres que investiguemos sobre estas personas, ¿no es así?
"Humm", ¿no te parece una buena idea?
Anda, "colgao", vámonos de una vez...
Son ya las cinco y media de la mañana, demasiado tarde para seguir disfrutando de aquella aventura. Pero al menos, no existe duda alguna de que ha sido muy fructífera...

¿Qué crees que pasará cuando los vigilantes descubran lo que has hecho en la pared? –me pregunta Eli, señalando el estropicio.
Pues... nada –digo, encogiéndome de hombros. Se alegrarán de haber descubierto los nichos, ¿no crees? Ya verás mañana lo que refieren las noticias. Te aseguro que ni se acordarán de nosotros...

La bella homicida. M.F.

En la tranquila Buenos Aires habitaba una chica de 22 años llamada Stefany, que trabajaba en una tienda de belleza facial. Tenía el pelo color negro azabache y los ojos celestes muy claros, casi del color que los tienen los albinos; Pero bajo su belleza y simpatía ocultaba un oscuro secreto: Estuvo diez años en una penitenciaría por haber matado a su ex novio con un arma blanca.
Ella no le había contado su secreto a nadie, ni su familia lo sabía. Aquí les dejo la historia del homicidio:
Era una noche de Septiembre. El novio de Stefany (Cristian) volvía de trabajar exhausto y se iba a dormir. Cuando Stefany comrpobó que estaba durmiendo, se acercó con sigilo, y, con la mano temblorosa, lo acuchilló. Pero de lo que ella no se había percatado era de que un vecino la había visto. Cerca de 3 horas después, el vecino hizo la denuncia. Ya en la comisaría, el vecinó declaró junto con otros testigos. Todos lo escuchaban con atención, y no faltó quien dedujera la inevitable conclusión:

La madre de Stefany. Cuando llaman a la madre para declarar, lo único que dice es lo siguiente:
Sus razones habrá tenido para callar por tanto tiempo
La razón a la cual la madre de Stefany se refería era que su novio le pegaba, la cortaba, la apuñalaba y la tenía amenazada de muerte. Ella no pudo con la presión y lo mató. Aunque después de eso, se suicidó.

En fin, ésta historia me la contó una amiga. Yo pensaba que iba a ser mentira, hasta que un día le dije a mi hermano
¿Y si vamos a ______ a ver si es verdad?
Perdón si no les pongo el nombre, es que no quiero que sufran lo que voy a contarles ahora...

Entramos al departamento donde fue asesinado el novio de Stefany y escuchabamos silbidos, pero no del viento, algo así como personas que deambulaban en la habitación. La puerta rechinaba, y se escuchaban gritos de Cristian... Hasta que un hombre apareció y nos dijo
Éste no es lugar para ustedes, les recomiendo que se vayan. VÁYANSE AHORA! (estaba furioso)
Cuando abandonamos el departamento, miramos hacia la ventana y vimos a Stefany saludándonos suavemente con la mano, con una sonrisa y cara de sedada.

La tabla ouija de la tía postiza. M.P.A.

Bueno, ¿Cómo carajos se juega a esto? – bufó Abraham, el rugbyer grandullón mete roñas del colegio. Nunca en su vida había jugado con una tabla "inútil" de ouija, pero claro, como todo lo que no conocía, era inservible, estúpido, idiota, etc.

Bueno, si dejan de insultar y se callan, les explicaré las reglas. Esto incluye lo que deben hacer, y lo que no deben hacer, como insultar a los difuntos. ¿Entendido? – Ironizó Geraldine, la chica engañosa quien habría arrastrado al grupo "ricón" del colegio a jugar invocando almas en pena. "Ricones" como ella y muchos más les llaman. Queriendo resumir "Desechos humanos con dinero que creen poder dominar y humillar a los demás por que sus ricos papis les cubrirán el trasero de las autoridades".

La tabla era una reliquia de la tía tercera postiza por parte de la abuela segunda de la tía madre vieja de su padre (o al menos así le ironizó su él cuando le trajo la caja con el tablero dentro), que ella ni sabía que eran parientes. Ni siquiera sabía que existían. En fin, la mujer murió y le dejo una antigua y estúpida tabla de ouija.

Mientras leen este relato, se que se estarán preguntando por que Geraldine habría llevado al quinteto de "Ricones" a jugar a la ouija. Semanas después de haber recibido la la tabla la había almacenado como todo lo que no quería en un lugar en el ático. El juego estaba allí, muy alejado de lo que sería su habitación, pero aún así comenzó a experimentar tentadores sueños. Sueños que implicaban una venganza segura y una innumerable cantidad de poder. Los sueños son fáciles de ignorar, solo son cosas que pasan mientras dormimos y ya. Todos los ignoramos, pero, acaso ¿todos experimentamos sueños constantes?

Ya iban meses y meses soñando lo mismo. Soñando con poder acabar con el sufrimiento y la humillación que le hacían sufrir los cerdos millonarios. Acabar con las palizas, las bebidas en la cara, los chicles y las porquerías en el cabello, el ver una chica sumamente vanidosa se acerque y bese a tu novio frente a tu propia cara y no poder hacer nada, por que al contarle al director, este conteste que tus acusaciones son nulas, y en tu interior saber que recibió una gran suma de dinero por parte de los Padres ricos. Todo los sueños, terminaban con ella, cubierta de sangre, feliz y empacando la tabla para volverla a guardar en el ático.

Luchaba por contener dichos sueños, pero ya le estaban constando el descanso. Las ojeras crecían bajos sus grises ojos, la palidez aumentaba en su piel blanca volviendo la grisácea y la cabeza le dolía como los mil demonios. Ya cansada, fue a por la tabla. En su centro, un rubí rojo como la sangre resplandecía en un brillo ennegrecido. Ella creyó que era por el polvo y decidió frotarlo, al hacerlo, cayó desmayada a velocidad rayo. Cuando despertó, la noche caía dejando ver las luminosas estrellas y la luna dando paso a una especie de luz, con un brillo rojo que cubría el cuerpo de Geraldine. Su mirada atontada miraba hacía la luna, vagaba por un mundo inexistente que la luz le proporcionaba. Pronto se puso de pie, decidida a que hacer. Ya tenía todo planeado.

No bastó de mucho tiempo para convencer a los cinco idiotas de ir a jugar una partida de ouija. Después de todo, estos ya habrían perdido la virginidad de más de 10 formas, habrían tomado alcohol hasta caer desmayados y quizá hasta incluso drogas, probablemente ya hayan tenido más de 5 entradas a la comisaría y todo con 17 años. ¿Por qué no probar una nueva experiencia que incluya espectros a manos de la chica a quien jodemos tanto? ¡Bien, hagámoslo!
Y aquí estaban, los seis juntos. Geraldine sabiendo en parte lo que haría, y en parte no. Era como si una fuerza instintiva la dominara en aquel momento. Allí estaban Abraham, Gale, Lucila (a quien Geraldine le guardaba un rencor especial) y por ultimo Camila y Damian, los mellizos. Lucila era quien beso a Jens. Por eso la odiaba tanto. Solo lo hizo por humillar a Geraldine. Esto favoreció su sobrenombre, Lucy "la de piernas flojas".

Todos estaban ahí por cometer el mismo pecado, el creerse superiores. Pero pronto sabrían con quien hay que meterse y con quien vale cruzarse de vereda al verlo caminar.

Bueno, tómense de las manos. Respiren profundo y oren. Piensen a quien desean ver. – Dijo al fin Geraldine, con la venganza haciéndosele agua a la boca.

Deseo ver el fantasma de la madre prostituta de Gerald. Bromeo ennegrecidamente Gale, mientras todos reían por lo bajo y Geraldine contenía las lagrimas de enojo por su madre muerta ya hace tres años. – De seguro ella podrá complacerme, después de todo, Lucy no quiere hacerlo. Gerald contenía la furia, el momento ya se acercaba. Pero aún así, Gale debía aprender cuando callar. De alguna u otra forma se lo haría saber. Oh, si que lo haría.

Calla Gale, asustaras a los espíritus y no obtendrás nada de mí. Finalizó Lucila.
Pronto comenzaron a orar por lo bajo, el instinto hizo abrir los ojos a Gerald. El rubí en medio de la tabla comenzaba a resplandecer.

Pronto se asustó, pero aun así permaneció arrodillada en el suelo, tomada de las manos de sus horribles compañeros mientras estos en una especie de trance oraban y mantenían sus ojos cerrados. La mujer estaba vestida de blanco, y su cara era tan angelical como sus movimientos. Sus ojos azules relucían en la oscuridad del ático, y su dulce sonrisa hacía que Gerald ya no temiera. Era una mujer familiar. Todo su ser le recordaba a alguien. Esa bella dama de blanco era su madre.
Esta tomo una especie de cuchilla, solo que sin mango y pequeña. – Te quiero Geri – susurro y la dejó helada. Pronto, se movía dulcemente alrededor de los adolescentes en trance, cortándoles el cuello, en un infinito baño de sangre, estos no reaccionaban, estaban vagando en el mismo mundo que Gerald al ver el resplandecer del rubí rojo en el centro de la tabla de ouija.

Comenzó por Abraham, Camila, Damian, Lucila y finalizo con Gerald. Se acerco a Geraldine, acerco su mano y la acaricio en la mejilla. – Te quiero – volvió a decir, y en un abrir y cerrar de ojos, ya no estaba. Tampoco los cuerpos, solo la sangre, brillante a la luz del rubí que aún brillaba.

Gerald tomó la tabla y la colocó en su caja. Lloriqueos y gritos de dolor y agonía de los "Ricones" provenían de la tabla. Probablemente ya estarían siendo torturados en quien sabe donde, quizá el infierno. Geraldine sonrió, cubierta en sangre y guardó la tabla, la cual estaba impecable. Quedaba mucho por limpiar antes de que su padre llegara.

El confesionario. F.

Mi vida como santo padre es muy difícil. Pasar horas a la semana haciendo misa sin recibir un solo centavo a cambio. Pero lo peor es oír las confesiones de todos estos pecadores que a veces me da vergüenza llamarlos hermanos. Hay veces que me dan ganas de renunciar y dejar todo esto, casarme, tener hijos. Pero ya di mi voto de celibato por Dios y lo cumpliré sin importar que.

Lo único que quisiera fuera que los que se confiesan no hicieran mi trabajo mas difícil de lo que ya es. He oído cosas de asesinos, ladrones, violadores, etc. Por desgracia, lo único que puedo hacer es decirles: "tus pecados son perdonados". Ni policía ni nada. Y para el colmo, se que ellos eventualmente volverán a hacer lo mismo.
Sin embargo, un día algo raro que cambió mi vida ocurrió. Era un día de sábado. Había empezado mi servicio cuando oí a una persona entrar. Empezó todo el proceso. Padre perdóname por todos mis pecados y bla, bla, bla. He faltado 3 misas, he pensado en hacerle infiel a mi esposa... Cuando acabo, ya estaba quedándome dormido. Hice toda la rutina, Dios te perdona y así. Así pasaron 3 tipos con basura que me hizo pensar si ellos se sienten realmente mal o solo están aburridos y vienen a pasar un rato aquí.
Ya cuando mi servicio se iba a acabar, oigo a un tipo decir:
Perdóname padre porque he pecado. Mi última confesión fue hace 15 meses.
Genial. Lo que me faltaba. Todo ese rato oyendo tanta basura. Sin embargo, curiosamente no lo había oído entrar. Comenzó a decir:
He faltado 60 misas (la 24ta. mayor cantidad que he oído), le he sido infiel a mi esposa, he golpeado duramente a mis hijos y...
Oigo que llora. Odio eso. Me dan ganas de decirle "deja el maldito llanto", pero en lugar dije:
Para de llorar hijo. Que hiciste?
Disparé a mis hijos y después me ahorqué.
Mis ojos se abrieron. Que clase de broma es esta.
Dios me puede perdonar, padre?
Mi ira se desató. No me importaba nada. Salí de mi caseta y entré a la de él. Al entrar, mis huesos se helaron. Salí lo mas rápido que pude.
Esa fue la gota que derramo el vaso. Renuncié como padre.
Eso fue hace 2 meses. Entonces, por primera vez, sintió compasión por esa alma. Ahora, no como padre, puedo finalmente decir:
Tus pecados son perdonados.

Oía voces. A.

Todo comenzó hace dos meses, mi amiga Déborah me llamó llorando pidiéndome el número de teléfono de mi amiga Nieves, una tarotista profesional. Le pregunté que le pasaba, y me dijo que escuchaba voces que nadie más oía.

Al principio me lo tomé a chiste, pero me asusté mucho cuando vino a mi casa. Estábamos hablando sentadas en el sofá y de repente Déborah puso sus ojos en blanco, comenzó a hablarme en un idioma que yo no entendía y cuando volvió en sí, se echó a llorar diciendo que volvía a escuchar esas voces. Le ordenaban que matara a una chica, ahorcándola de una manera terrorífica (que prefiero no explicar), porque merecía morir. Déborah se levantó y marchó corriendo para su casa.
Un mes más tarde, leí en la prensa que una chica apareció ahorcada de la misma manera que me explicó Débora de como debía matarla. Estoy muy asustada, Déborah lleva semanas desaparecida, nadie sabe nada de ella. Sólo espero que ella no tuviera nada que ver con la muerte de aquella chica.