lunes, 1 de septiembre de 2014

El terrón y el guijarro. William Blake (1757-1827)

"El amor no anhela complacerse a sí mismo
ni por sí mismo se inquieta,
en cambio al otro da sosiego,
y construye un Cielo en la desolación del Infierno."

Así cantaba un diminuto Terrón de Arcilla
pisoteado por las patas del ganado,
pero un Guijarro del cañadón
murmuró estos versos apropiados:

"El amor sólo busca darse el gusto,
y encadenar al otro a su deleite,
se regocija con el desconsuelo ajeno,
y construye un Infierno a expensas del Cielo."

Resumen humano. William Blake (1757-1827)

No existiría la Piedad
si no hiciéramos pobre a alguien;
y no haría falta la Misericordia
si todos fuesen tan dichosos como nosotros.

Y el miedo recíproco trae paz,
hasta que el amor egoísta se incrementa:
entonces la Crueldad arma su trampa
y esparce sus cebos con cautela.

Se instala con santos temores,
y riega con lágrimas la tierra;
entonces debajo de sus pies
echa raíces la Humildad.

Rápido extiende sobre su cabeza
sombras lúgubres de Misterio;
y la Oruga y la Mosca
se nutren de tal Misterio.

Luego crece el fruto del Engaño,
rubicundo y dulce al paladar;
y el Cuervo su nido instala
en el ramaje más tupido.

Los Dioses de la tierra y el mar
escrutaron la Naturaleza para hallar tal Árbol;
pero la búsqueda fue toda en vano:
crece uno en cada Cerebro Humano.

El negrito. William Blake (1757-1827)

Mi madre me parió en el sur agreste,
y soy negro, pero ¡oh! mi alma es blanca;
blanco como un ángel es el niño inglés,
pero yo soy negro, como carente de luz.

Mi madre me instruía debajo de un árbol,
y sentándose antes de que se calentara el día,
me colocó sobre su falda y me besó,
y señalando al este, empezó a decir:

"Mira hacia el sol naciente: allí vive Dios,
y brinda su luz, y distribuye su calor;
y flores y árboles, bestias y hombres reciben
alivio por la mañana y júbilo al mediodía.

Y por corto espacio somos puestos en la tierra,
para que aprendamos a sobrellevar los rayos del amor;
y estos cuerpos negros y este rostro tostado
son apenas una nube, como una arboleda sombría.

Pues cuando nuestras almas aprendan a sobrellevar el calor,
la nube se disolverá; oiremos su voz
diciendo: 'Salid de la arboleda, mis muy amados,
y en torno de mi morada dorada, disfrutad como corderos".

Eso me dijo mi madre, y me besó,
y así se lo digo al niñito inglés:
Cuando yo de la nube negra y él de la nube blanca nos libremos,
y disfrutemos como corderos en la morada de Dios,

lo protegeré del calor hasta que pueda tolerarlo
y se apoye jubiloso sobre la rodilla de nuestro padre;
y entonces estaré erguido y palmearé su cabello plateado,
y seré como él, y entonces por él seré amado.

El niñito encontrado. William Blake (1757-1827)

El niñito perdido en el pantano solitario,
guiado por la luz errante,
empezó a llorar; pero Dios, siempre cercano,
apareció como su padre, vestido de blanco.

Besó al chiquillo y tomándole la mano
lo condujo hasta su madre,
que pálida de pena, por el solitario valle,
llorando a su hijito buscaba.

La niñita encontrada. William Blake (1757-1827)

La noche entera, infortunados,
van los padres de Lyca
a través de valles profundos
mientras los desiertos lloran.

Exhaustos y desconsolados,
roncos de tanto gemir,
siete días tomados de los brazos
las sendas del desierto rastrearon.

Duermen siete noches
entre sombras profundas,
y sueñan que ven a su niña
famélica en la salvaje arena.

Apagada, sin rumbo,
deambula la figura imaginada,
hambrienta, llorando, endeble,
con un sordo grito plañidero.

Erguida sobre su desasosiego,
la temblorosa mujer se apresta
con los pies pesados de dolor:
ya no logra seguir adelante.

Él la toma en sus brazos
armado con su profundo pesar,
hasta que en medio de su camino
ven recostado a un león.

Era imposible dar marcha atrás:
pronto su pesada melena
los abate contra el suelo,
y después los circunda al acecho.

Olfatea a su presa;
pero sus temores apacigua
mediante el lamido de sus manos,
y queda en silencio a su lado.

Lo miran a los ojos
llenos de extrema sorpresa,
y maravillados contemplan
a un espíritu de oro revestido.

Sobre su cabeza, una corona;
desplegada por los hombros
fluctúa su cabellera dorada.
Todo los temores se les diluyen.

"Seguidme", les expresa;
"No lloréis por la niñita;
en mi recóndito palacio
Lyca descansa dormida."

Ellos lo siguen entonces
hasta donde la visión llevaba,
y vieron a su hijita durmiendo
junto a los tigres feroces.

Hasta este día todavía moran
en un solitario valle;
no temen el aullido del lobo
ni al león cuando ruge.

A Tirzah. William Blake (1757-1827)

Todo lo Nacido de Origen Mortal
deberá consumirse con la Tierra
para elevarse libre de la Procreación:
entonces, ¿qué tengo yo que ver contigo?

Los Sexos brotaron de la Vergüenza y el Orgullo,
resoplaron en la mañana; sucumbieron al atardecer,
pero la Misericordia transformó a la Muerte en Sueño:
los Sexos se irguieron para trabajar y padecer.

Tú, Madre de mi parte Mortal,
con crueldad modelaste mi corazón,
y con lágrimas falsas y embaucadoras
bloqueaste mi Nariz, mis Ojos y mis Oídos.

Tapaste mi Lengua con insensible arcilla,
y me entregaste a la Vida Mortal.
La muerte de Jesús me liberó:
Entonces, ¿qué tengo yo que ver contigo?

El pastor. William Blake (1757-1827)

¡Qué dulce es la dulce fortuna del Pastor!
Deambula desde el alba hasta el atardecer;
debe seguir a su rebaño el día entero,
y su lengua se embeberá con alabanzas.

Pues oye el inocente llamado del borrego,
y escucha la tierna respuesta de l a oveja;
vigila mientras permanecen en calma
pues saben cuándo está próximo su Pastor.

¡Ah, girasol! William Blake (1757-1827)

¡Ah, girasol! Hastiado del tiempo,
contaste las pisadas del Sol,
y buscaste aquel clima dulce y dorado
donde concluye el rumbo del viajero:

allí donde la juventud ardiente de deseos,
y donde la Virgen joven amortajada en nieve,
se levantan de sus tumbas y anhelan ir
hacia donde mi girasol desea llegar.

El prado resonante. William Blake (1757-1827)

Se eleva el sol
y los cielos se vuelven dichosos;
resuenan alegres las campanas
como bienvenida para la primavera;
la alondra y el zorzal,
las aves de los arbustos,
trinan estrepitosamente
ante el sonido jovial de las campanas,
mientras nuestros juegos son vistos
sobre el Prado Resonante.

El viejo Juan, de cabellos blancos,
ríe y aparta sus preocupaciones,
sentado bajo el roble,
entre los demás ancianos.
Se ríen de nuestros juegos
y poco después todos dicen:
"Así, así se disfrutaba
cuando nosotros, niñas y muchachos,
en nuestra juventud éramos vistos
sobre el Prado Resonante".

Hasta que los pequeños, ya exhaustos,
no pueden seguir la diversión;
el sol va descendiendo,
y nuestros juegos se acaban.
En torno al regazo de sus madres
muchas hermanas y hermanos,
como pajaritos en su nido, se disponen al reposo,
y dejan de verse los juegos,
en el Prado oscurecido.

Augurios de inocencia. William Blake (1757-1827)

Para ver el mundo en un grano de arena,
Y el cielo en una flor silvestre,
Abarca el infinito en la palma de tu mano
Y la eternidad en una hora.

El libro de Thel. William Blake (1757-1827)

IV. El guardián terrible de las puertas eternas...

El guardián terrible de las puertas eternas corrió los cerrojos del norte.
Thel entró y vio los secretos de la tierra desconocida.
Vio los lechos de los muertos y el lugar donde las raíces fibrosas
De cada corazón, implican en el suelo su tejido impaciente:
Una tierra de penas y de lágrimas, donde jamás se vio una sonrisa.

Vagó por el país de las nubes, a través de valles lóbregos, oyendo
Lamentos y quejas. Esperaba a menudo junto a una tumba,
Donde el rocío se posaba.
Permanecía callada oyendo las voces de la tierra,
Hasta que llegó al lugar de su tumba y allí descansó,
Y oyó esta voz de congoja que exhalaba el abismo:

“¿Por qué no puede el Oído cerrarse a su propia destrucción?
¿O el Ojo húmedo al veneno de una sonrisa?
¿Por qué los párpados guardan saetas prestas
En campo donde yacen mil guerreros emboscados,
O un Ojo de dones y gracias derrama frutos y oro acuñado?
¿Por qué una Lengua grabada con miel de cada viento?
¿Por qué atrae los Mundos el Oído como un impetuoso torbellino?
¿Por qué la Nariz aspira el terror, trémula de miedo?
¿Por qué un tierno freno en el doncel vehemente?
¿Por qué una tenue cortina de carne en el lecho de nuestro deseo?

Dejó la Virgen su asiento y, con grito agudo,
Huyó raudamente hacia los valles de Har.

El matrimonio del Cielo y el Infierno. Visión memorable. William Blake (1757-1827)

Me hallaba en una Imprenta en el Infierno, y vi el método por el cual el conocimiento se transmite de generación en generación.

En la cámara primera había un Dragón-Hombre que barría la basura de la boca de una caverna. Adentro, multitud de dragones ahondaban la caverna.

En la cámara segunda había una serpiente que se envolvía en torno a la roca de la caverna, y otras que la adornaban con oro, plata y piedras preciosas.

En la cámara tercera un Aguila de alas y plumas de aire tornaba el interior de la caverna infinito. Había también multitud de Hombres-Águilas que edificaban palacios en las rocas enormes.

En la cámara cuarta Leones de ardientes llamas caminaban furiosos y fundían los metales hasta tornarlos en fluidos vivientes.

En la cámara quinta, formas sin Nombre arrojaban al espacio los metales.

Allí eran recibidos por los Hombres que ocupaban la cámara sexta. Tomaban la forma de libros y eran dispuestos en bibliotecas.

La revolución francesa. Libro 1. William Blake (1757-1827)

Los muertos cavilan sobre Europa y esa nube y visión descienden sobre la alegre Francia.
¡Ah nube puntual! Enfermo, enfermo: el príncipe tendido en su lecho y envuelto en oscura
y tremenda niebla. Su fuerte mano extendida deja correr desde el hombro
un frío doloroso hasta el cetro, pesado en demasía para el humano puño. Nunca más
será esgrimido por mano visible ni golpeará cruel las tiernas montañas florecidas.

Enfermas las montañas. Todos sus viñedos lloran en los ojos del plañidero regio;
Pálida está en su rostro la nube matutina. Levántate, Necker, que el alba antigua nos llama
Invitándonos a abandonar un sueño de cinco mil años. Despierto; pero mi alma aún sueña.
Desde mi ventana contemplo las viejas montañas de Francia, semejantes a ancianos. Se van desvaneciendo.

Atribulado, apoyándose en Necker, baja el rey hasta su Cámara del Consejo. Umbrías montañas
Temerosas dejan escapar voces de trueno. Los bosques de Francia preservan en sus senos el sonido.
Nubes de profética sabiduría responden y corren, espesas, sobre el tejado del palacio
Cuarenta hombres: cada uno de ellos cavila con pesar en la infinita sombra de su alma.
Como nuestros antiguos patriarcas en regiones crepusculares, van a reunirse en torno al rey.
De nuevo la potente voz de Francia llama a la mañana. La mañana profetiza a sus nubes.

La voz del anciano bardo. William Blake (1757-1827)

Juventud de deleite, ven aquí
Y mira la mañana que despierta,
Imagen de la verdad recién nacida.
Han huido las dudas y las nubes de la razón,
Las sutiles disputas, los ingeniosos tormentos.
La insensatez es un laberinto interminable,
De enmarañadas raíces que confunden sus caminos:
¡Cuántos han caído allí!
Tropiezan toda la noche con los huesos de los muertos,
Y sienten que ignoran todo menos la inquietud,
Y desean guiar a otros, cuando deberían ser guiados.

El libro de Urizen. Capítulo I. William Blake (1757-1827)

1. ¡Mirad, una sombra de horror se ha alzado
En la Eternidad! Desconocida, estéril,
Ensimismada, repulsiva: ¿qué Demonio
Ha creado este vacío abominable,
Que estremece las almas? Algunos respondieron:
”Es Urizen”. Pero desconocido, abstraído,
Meditando en secreto, el poder oscuro se ocultaba.

2. Los tiempos dividió en tiempo y midió
Espacio por espacio en sus cerradas tinieblas,
Invisible, desconocido: las mutaciones surgieron
Como montañas desoladas, furiosamente destruidas
Por los vientos oscuros de las perturbaciones.

3. Porque luchó en batallas funestas
En conflictos invisibles con formas
Nacidas en su yermo desolado:
Bestia, ave, pez, serpiente y elemento,
Combustión, ráfaga, vapor y nube.

4. Sombrío, daba vueltas en silenciosa actividad,
Invisible, en medio de pasiones que atormentan;
Una actividad desconocida y horrible,
Una sombra que se contempla a sí misma
Entregada a una labor enorme.

5. Pero los Eternos contemplaron sus bosques inmensos.
Edades tras edades él yació, misterioso, desconocido,
Meditando, prisionero del abismo; todos eluden
El caos petrífico y abominable.

6. Urizén, el sombrío, preparó en silencio
Sus fríos horrores; sus legiones de truenos
Dispuestas en tenebrosas formaciones, se despliegan a través
Del mundo lógrebo, y el rumor de ruedas,
Como agitado mar, se oye en sus nubes,
En sus colinas de nieves guardadas, en sus montañas
De hielo y granito: voces de terror
Resuenan como truenos de otoño
Cuando la nube se inflama sobre la cosecha.

El libro de Urizen. Capítulo V. William Blake (1757-1827)

1. Aterrado, Los retrocedió ante su tarea:
su gran martillo cayó de su mano:
sus llamas le vieron, y, desfalleciendo,
escondieron en la humareda
sus miembros poderosos.
Pues, con un estrépito de ruinas, ensordecedor,
con choques, golpes, gemidos,
el Inmortal soportaba sus cadenas,
a pesar de estar ligado por un profundo sueño.

2. Todas las miríadas de la Eternidad,
toda la sabiduría y toda la alegría de la vida
rodaban como un Océano alrededor de él,
excepto aquello que los pequeños orbes
de su vista le desvelaban gradualmente.

3. Y ahora, su Vida eterna
se borró como un sueño.

4. Estremeciéndose, el Profeta eterno asestó
el golpe desde su región del norte a la del sur.
El fuelle y el martillo permanecían ahora callados.
Un silencio sin vigor embargaba su voz pofética;
en una fría soledad, en un vacío oscuro,
el Profeta eterno y Urizen se encontraron encerrados.

5. Edades y más edades rodaron sobre ellos,
separados de la vida y de la luz, helados
en formas horribles y monstruosas.
Los dejó que sus llamas se consumieran;
después, miró hacia atrás con un ansioso deseo,
pero el Espacio, que la existencia no dividía,
llenó su alma de horror.

6. Los lloró oscurecido por su pesadumbre;
su pecho fué presa de cataclismos de suspiros.
Vió a Urizen cadavérico, negro,
sujeto por cadenas, y la Piedad nació.

7. Dividiéndolo, dividiéndolo entre sus angustias
(pues la Piedad divide el alma),
en medio de torturas, eternidad sobre eternidad,
la vida chorreó en cataratas de arriba a abajo de sus escarpados.
El Vacío hizo contraerse la linfa en nervios
que erraron a lo largo, sobre el seno de noche,
y que dejaron un globo redondo de sangre
temblando sobre el vacío.
Así el Profeta eterno quedó escindido
ante la imagen cadavérica de Urizen.
Pues, entre tinieblas y nubes cambiantes,
por debajo, en una noche invernal,
el abismo de Los se extendía, inmenso;
y, tan pronto visibles, como tan pronto escondidas a los ojos
de los Eternos, las visiones lejanas
de la sombría separación aparecían.
Lo mismo que unas lentes descubren mundos
en el abismo sin fin del espacio,
lo mismo los ojos expansionadores de los Inmortales
veían las visiones sombrías de Los
y el globo de sangre vital que temblaba.

8. El globo de sangre vital temblaba,
ramificándose en raíces
fibrosas retorcidas sobre los vientos,
fibras de sangre, de leche y de lágrimas,
en medio de torturas, eternidad sobre eternidad.
Al fin, tomando cuerpo en las lágrimas y los gritos,
una forma de mujer, temblorosa y pálida,
vaciló ante su rostro de muerte.

9. Toda la Eternidad se estremeció al ver
la primera Mujer, ahora separada,
pálida como una nube de nieve,
vacilante ante el rostro de Los.

10. La maravilla, el terror, el miedo, el asombre
petrificaron a las miríadas de los Eternos,
al ver la primera forma femenina, ahora separada.
La llamaron Piedad y huyeron.

11. «¡Desplegad una tienda y cortinas espesas en torno a ellos!
Que cuerdas y picas encierren el Vacío
a fin de que los Eternos no puedan volverlo a ver.»

12 Comenzaron a tejer cortinas de oscuridad,
elevaron grandes pilares en tomo al vacío;
las sujetaron con garfios de oro.
Con infinito trabajo, los Eternos
tejieron una tela y la llamaron la Ciencia.

El árbol que mueve algunos a lágrimas de felicidad. William Blake (1757-1827)

Carta al Dr. Trustler (23 agosto 1799)
El árbol que mueve algunos a lágrimas de felicidad,
en la mirada de otros no es más que un objeto verde
que se interpone en el camino.
Algunas personas ven la Naturaleza como algo ridículo y deforme,
pero para ellos no dirijo mi discurso;
y aún algunos pocos no ven en la naturaleza nada en especial.
Pero para los ojos de la persona de imaginación,
la Naturaleza es imaginación misma.
Así como un hombre es, ve.
Así como el ojo es formado,
así es como sus potencias quedan establecidas.

El cordero. William Blake (1757-1827)

Pequeño cordero, ¿quién te hizo?
¿Sabes quién te hizo,
Te dio vida y comida
Por el arroyo y el hidromiel;
Te dio ropa de placer,
La más suave, de lana, brillante;
Te dio esa voz tan suave,
Alegrando a todos los valles?
Pequeño cordero, ¿quién te hizo?
¿Sabes quién te hizo?

Pequeño Cordero, te lo diré;
Pequeño Cordero, te lo diré:
Se llama como tú,
Porque Él se llama a sí mismo Cordero
Él es manso, y Él es suave,
Él se convirtió en niño.
Yo un niño, tú un cordero,
Nos llamamos por Su nombre.
Pequeño Cordero, ¡Dios te bendiga!
Pequeño Cordero, ¡Dios te bendiga!

El ángel. William Blake (1757-1827)

Sueño soñado ¿significado?
Yo era una virgen con un reinado,
Un ángel bueno a mí me cuidaba,
(¡Maldito lloro a nadie encantaba!)

Lloraba noche, lloraba día
Él mis lágrimas recogía
Lloraba día, lloraba noche
Yo le ocultaba muy bien mi goce.

La mañana se sonrojó
Sacó él sus alas y voló.
Sequé mi cara, armé el temor:
Escudos, lanzas, diez mil o mayor

Pronto mi Ángel ha regresado:
Yo estaba armada, él vino en vano;
Pues el tiempo joven ya voló
Y así mi cabello encaneció.