miércoles, 17 de septiembre de 2014

Mi salvador. E.

La luna subió lentamente al cielo nocturno, como una promesa aún sin cumplir. Eran las 11:54 de la noche, del 4 de junio de 1992.
Yo me revolvía en mi cama, sin poder conciliar el sueño.
Tenía la sensación de que algo iba a pasar dentro de poco. No sabía si levantarme, o intentar dormir un poco más. Opté por dormir, pero mi cuerpo no me dejó, estaba alerta. No pude con la presión de quedarme allí parada, y me levanté. Tenía un sudor frío por todo el cuerpo. Me di cuenta de que esa iba a ser la última noche en mi casa. A la mañana siguiente, vendría el director del orfanato del pueblo a llevarme a mi nuevo hogar.
Salí de mi habitación y me dirigí al balcón. Era viejo, y no parecía muy resistente, pero era un lugar acogedor para mí, ese balcón me proporcionaba protección.
La primera vez que estuve allí fue cuando unos chicos del colegio se burlaron de mí. En ese momento se me ocurrió que podría servir para jugar a la ouija, e invité a unos amigos. Solo jugamos dos días. La siguiente vez estaba muy triste porque mi perro había desaparecido. La quinta vez que subí estuve llorando 3 horas porque mi hermana se había roto el cuello en un accidente de moto. A la sexta vez que subí mis padres habían tenido una terrible y larga pelea. Las siguientes 4 veces que fui, estuve acompañada por mi hermano, y estuvimos hablando mucho. Nos hicimos inseparables. La undécima vez estuve en silencio, mirando al infinito, reflexionando sobre porqué mi hermano se había suicidado. A la duodécima mi vida se había roto por completo, recibí la noticia mas horrible de mi vida, mis padres habían sido asesinados.
La decimotercera vez estuve allí simplemente porque me lo pidió el cuerpo. Me quedé una hora mirando al cielo. Supliqué a quien me estuviera escuchando que acabara con mi vida, de cualquier forma, pero que terminara con ella. No soportaba la agonía de haber perdido a todas las personas que realmente quería.
La noche del 4 de junio me quedé mirando otra vez al cielo, y poco a poco cerré los ojos. El viento soplaba suavemente, y poco a poco, se llevó la intranquilidad de mi cuerpo, haciéndome olvidar los recuerdos que torturaban mi alma. Esos fueron los momentos más felices de mi vida, yo, en paz, sin pensar en nada, con el alma limpia como cuando acabas de nacer, sin ningún recuerdo penoso.
Entonces noté una mano resbalarse por mi cintura, y otra apoyarse en mi hombro. No grité, no tenía miedo. El viento se había llevado consigo todo recuerdo y sentimiento que acumulaba.
Mi opresor me susurró al oído con una voz grave pero dulce: " Vengo a concederte tu deseo". Entonces sentí que la mano que estaba apoyada en mi hombro subió lentamente y me sujetó la cabeza con dulzura. El hombre acercó su boca a mi cuello y sentí sus dientes clavándose en mi piel. Luego solo hubo silencio.
Lo último que sentí, fue la gratitud, la gran gratitud hacia mi salvador, mi ángel de la guarda, que escuchó mi plegaria y me la concedió.

Niño vampiro. E.

Una pandilla formada por cuatro chicos y tres chicas, estaban de pie observando detenidamente, un viejo edificio, abandonado y muy antiguo. La pálida luz de la luna llena daba al edificio un aire fantasmal, y espeluznante. Uno de los chicos se acerco más a la puerta.
Seguro que este lugar esta embrujado. Luego se rió.
Todos rieron, hacía mucho tiempo que dejaron de creer en esas viejas y absurdas leyendas de Brujas, fantasmas, hombres lobo, vampiros......
Pero uno de los chicos que se llamaba Mark no rió.
Este edificio puede que esté embrujado de verdad.
Eso hizo que se rieran más.
¿Por que? Pregunto una chica rubia sonriendo...
Porque esta casa tiene una historia. Una historia macabra.
Cuéntala. Dijo otro chico de pelo oscuro.
Vale: Este edificio antes, en la edad media perteneció a un castillo, allí la santa inquisición capturaba a los herejes, y los torturaban sádicamente, no tenían escapatoria, los malignos sacerdotes. Los torturaban sin piedad, y si no confesaban de sus errores eran más torturados hasta morir. Una familia de herejes temía que los sacerdotes los torturaran. Y en efecto los capturaron. La familia formada por la madre, el padre y tres hijos pidieron piedad. Pero la santa inquisicion no escucharon sus plegarias y ordenaron que los llevaran ha la sala de torturas. Les emplearon torturas distintas. Al padre le estiraron los brazos y las piernas, hasta que los huesos se desencajaron y se despegaron. Ha la madre la ataron a una enorme mesa. Y le hicieron cosquillas en las plantas de los pies con toda clase de plumas. Al final la madre murió de un ataque de risa, a los dos hijos los lincharon sin piedad. Hasta que los mataron. El más pequeño de diez años, vio con la más absoluta tristeza y pánico como sus padres y sus hermanos habían muerto. Ahora llegaba su turno. Esta vez llego un solo sacerdotes y le dijo con maldad:
No temas lo tuyo será mas rápido.
Y dicho esto el hombre abrió la boca y sus dientes se afilaron hasta ser como cuchillos, su palidez aumento, y parecía que flotaba en el aire. El pequeño lloraba de terror e intentaba liberarse. Pero el sacerdote que se había convertido en una bestia sujeto con fuerza la cabeza del niño. Este sintió el apestoso aliento, y como los dientes se le hundieron en el cuello.
El chico termino la historia.
Que historia tan malvada: Dijo una chica morena.
Oye, espera: Dijo otro chico. ¿Como sabes esa historia con todo detalle?
Porque... ¡YO ERA ESE NIÑO! Y dicho esto comenzó a flotar, su piel se volvió pálida, y sus dientes se afilaron. Los muchachos aterrados intentaron huir. Pero el monstruo alcanzo al chico del pelo corto y hundió sus colmillos en el cuello hasta matarlo, este trago la sangre con placer haciéndole tener mas fuerzas, lo mismo hizo con la chica rubia y con los demás. Los cadáveres con dos perforaciones en el cuello y totalmente desangrados se hallaban tirados al lado del edificio. Mientras que Mark reía con maldad. Su diabólica sombra se veía reflejada en la luz de la luna llena. Si la gente encontrara a los chicos muertos en ese estado, al lado del edificio y conocieran la historia. Los vampiros dejarían de ser una leyenda.

23 de Diciembre. I.

Era una tarde de invierno. A pesar de ser las 18:30, la noche estaba cerrada. No había luna en el cielo, y las luces de la ciudad ocultaban cualquier destello que las estrellas pudieran enviarnos.
El cielo tenía un tono anaranjado, típico de las grandes aglomeraciones urbanas. Típico de mi ciudad.
A 2000 Km, mi familia, preparándolo todo para pasar la navidad. Mi madre, mi padre, mis hermanas, primos, tíos... todos, y yo...aquí, sola. Aunque mi jefe me juró el año pasado que esta navidad la pasaría con lo míos, algo me decía que iba a recibir una llamada de ultima hora que evitara que me subiera a ese avión que debería llevarme junto a los míos. Y como si de una premonición se tratase, ring, ring!!!, "A mi despacho, por favor"... Una vez mas, a trabajar la mañana de nochebuena.
Después de discutir con él, de asumir que esta navidad también la iba a pasar sola, y de llamar a mi madre para disgustarla de nuevo, me fuí de mi oficina hecha una furia rumbo al coche.
La verdad es que, pensándolo bien, hay varios sitios mas adecuados para que una mujer sola aparque su coche sin tentar a la suerte, pero yo siempre he sido un poco especial, rarita. Me encanta la zona del rio, tan solitaria, tan tranquila. Desde allí incluso se puede apreciar la luz de las estrellas más brillantes. Las estrellas... quien fuera una de ellas...
Siempre he destacado por ser torpe, cualquier cosa que cae en mis manos termina irremediablemente en el suelo, hecho añicos. Y como no podía ser de otra manera, el móvil aterrizó debajo de un coche, con la batería por un lado, la tapa por otro y el resto... a saber... Al levantarme del suelo, un movimiento extraño en el callejón llamó mi atención. A simple vista la escena parecía normal, un tipo con una rubia dándose el lote, pero...algo tenía la rubia que no era...que no era de personas...vivas... parecía un peso muerto. Y como la suerte no suele acompañarme, él levantó la vista y me vio. Por unos segundos dejé incluso de respirar. Se acercó a mi con un movimiento irreal, como si fuera un fantasma de una película de terror japonesa. En un segundo estaba situado delante de mí, mirándome con curiosidad. Su cara, tan blanca... la toqué suavemente, estaba frió y era duro como una piedra. Blanco como la luna. Hermoso. Su pelo, muy suave, cálido, en contraposición con el resto de su ser. Y de repente, me dejó desconcertada... me olió... mi pelo, mis manos, mi cuello... giró sobre sus talones y desapareció con el cuerpo de la pobre rubia, que yacía en el suelo desde hacía un rato. Y yo allí, preguntándome si acababa de alucinar o si lo que había visto era real.
A lo tonto, se me había hecho muy tarde, y caminar sola por esas calles... En un segundo alguien me agarró del pelo y me lanzó contra el suelo. Me quitaron el bolso y empezaron a pegarme. Uno de ellos se tumbó encima y justo cuando uno de ellos se preparaba para hacerme lo peor, el pánico se reflejó en su rostro. Me levanté rápidamente y les miré, deseando que les pasará lo peor. Algo había detrás de mí que los tenía verdaderamente aterrorizados. Algunos ya habían emprendido la huida, otros, estaban simplemente paralizados.
Me volví lentamente, y allí estaba él. Justo detrás de mi. Su silueta negra se recortaba en la calle. Su mirada impasible estaba fija en mi, fría, terrorífica. Su comisura empezó a curvarse, y apareció la sonrisa más diabólica que jamás había visto. Lo dos sabíamos qué era lo que iba a pasar. Lo más terrible es que yo le devolví una sonrisa igual de diabólica que la suya.
Hubo una autentica carnicería. Los pocos delincuentes que no habían huido yacían en el suelo desangrados. Y yo, sin inmutarme, recogí mi bolso y reanudé el camino hacia mi coche. Me iban a robar, violar y posiblemente matar. Yo misma lo hubiera hecho de haber tenido fuerza suficiente. Justo en ese instante me dí cuenta de que mi alma era como la suya, mi sitio estaba con él, en su mundo. De repente, sólo podía pensar en ser su compañera. Estar siempre con el. Lo sé, era una locura, ni si quiera sabía su nombre!!!. Estaba dispuesta a dejarlo todo, familia, amigos... alimentarme de los que habían significado algo para mi... pero... esa sensación, ese deseo que me empujaba era más fuerte que yo, era necesidad, sólo deseaba quedarme con él. Y él lo sabía, el sentía lo mismo.
Se me acercó, me abrazó suavemente. Tomó mi cara entre sus manos y me miró a los ojos. Sin mediar palabra, se inclinó sobre mí, me besó, y a continuación, un dolor intenso en el cuello y luego...nada. El final de mi vida como humana, el principio de otra etapa.
Hoy es 23 de diciembre y nunca más pasaré sola la navidad.

Híbrido. Lusitania De Francois.

Jamás olvidare aquel dia, como olvidar el dia en el que uno muere, comó, no hay forma, aquel dia tan, común cuantas veces no se ha escuchado eso con anterioridad, caminando por las calles desoladas que a mi trabajo conducian y a pesar, difiere en tantas historias a que el sol ardia y se estrellaba contra la piel de una manera insistente, caminando sin sospechar lo que sucederia...
y aun asi aun no se que fue lo que sucedio en esos instantes, solo recuerdo el estremecimiento de mi piel al contacto de la mano helada que me atrajo hacia un cuerpo igual de helado.
El dolor de mi cuello que no solo fue mordido si no mi piel arrancada como si fuese una bestia la que me atacase, mi conocimiento se hizo nulo, cualquier realidad mi mente se cego para no verle.
Más tarde en un hospital me halle rodeada de ese olor, olor de enfermedades, que de manera extraña no me mareaba como ya en anteriores ocasiones, mi madre lloraba desconsolada y en cuanto desperte se me echo para cubrirme con su abrazo protector, nadie y ni yo misma pude el explicar que habia sucedido, al final se determino que habia sido un perro lo que me habia atacado.
Mi madre despues me platico, que un hombre me habia llevado al hospital y que antes de poder agradecerle, pero él ya no estaba, queria sabre quien habia sido, ojala no lo hubiese conocido jamás, un mes más tarde, en una noche común para el resto del mundo, él vino a mi a reclamar lo que segun él le pertenecia.
Y mi pesadilla apenas comenzaba, entro a mi casa, a mi cuerto a mi vida intespetuosamente, asesino a mi madre, a mi hermano, a mi abuela, y despues me llevo a un lugar apartado de todo, donde cautiva estuve por tanto tiempo que perdio la cuenta.
_ No eres como yo, por que solo gente bella puede pertenecer a mi clan, no eres humana, por que no tienes las mismas necesidades, eres un hibrido ni de nosotros y sin embargo mia, ni de ellos y sin embargo aparentas serlo.
Tarde en comprender que efectivamente, yo ya no era un ser normal, me alimentaba cada cierto tiempo con su sangre, jamás se mostro con el minimo arrepentimiento de lo que me habia hecho, era demasiado guapo, de piel blanca como el marmol, que más podria decir de él es como los vampiros debrian de ser, como siempre imagine serian y sin embargo el sol no le amedentraba, jamás dormia y siempre bebia de mujeres pero no con la delicada mordida sobre la yugular, era una bestia, al fin y al cabo el perro que me habia atacado.
Siempre que podia me humillaba, por no ser bella, decia que yo solo habia sido un aperitivo, que no habia valido la pena y que no entiende como se le ocurrio tenerme ahi, pero despues sonreia y me decia que al menos podria servirle de esclava para la eternidad, me obligaba a ver sus asesinatos, convirtiendome en su complice.
El tiempo seguia transcurriendo, y como fuese me acostumbre a él y sin miedo le refutaba sus desiciones sobre mi, que importaba si me mataba como tanto me habia amenazado con ello, si yo ya estaba muerta, no vestia como el querria, no hacia lo que el queria y cada vez participaba menos en sus espectaculos.
Maldita perra, como osas replicarme recuerda que por mi vives
Me daba la vuelta y solo oia su grito detras de mi, pero poco me importaba, ya que más daba, un dia salimos de aquel lugar y antes de que el mismo aire me tocara el hizo que perdiera el conocimiento, cuando por fin volvi en mi, estabamos en otro lado, con otros de su raza, los que me examinaron
_y bien se la quedan, yo no la soporto mas
no se de que te quejas André es bastante bella, y si tiene la fortaleza para contradecirte vale la pena
como quieran
entonces una vampira que podria ser una niña de no más de doce años me hizo hacia ella y me mordio, la muerte volvia por mi pero de nuevo no gano volvi a quedarme aqui, pero ya no fui el hibrido que hasta entonces.
que soy, que hago ahora no es que desee contartelo, pero antes de cerrar esta pagina, recuerda que al final esto no es tan malo, ahora bien si sientes una calida respiracion en tu cuello, soy yo no temas, y se mi hibrido.

La promesa. F.

"Papi, no te mueras papi". Sus palabras se repiten en mi memoria... "papi, no te mueras papi". Lo decía incansablemente, una y otra vez... como si fuese una retahíla... "papi, no te mueras papi". Lágrimas en sus ojos, dolor en su mirada, suplica impregnada en cada una de sus palabras...

"papi, no te mueras papi"
537 años atrás...
Moscú, Rusia.
Me encontraba enfermo de alta fiebre, hacía días que deliraba, que casi no podía mantener los ojos abiertos, no probaba bocado... si lo hacía terminaba devolviéndolo, había adelgazado demasiado, en pocas palabras... estaba falleciendo.
Mi familia había quedado reducida a solo dos miembros: Shúrik, mi niño, mi pequeño... mi hijo, de apenas seis años, y yo...Evgeni.
Elena, mi amada esposa desgraciadamente había fallecido al traer al mundo a nuestro primogénito.
Anna, nuestra vecina venia algunas veces al día para saber como estaba, solía ponerme compresas de agua fría y medicarme con cuanto menjurje supiera, vivíamos a las afueras de Moscú, alejados por días de un médico para que me atendiera.
Recuerdo que estábamos a mediados de agosto, era tarde, el crepúsculo llegaría de un minuto a otro y mi salud declinaba cada vez más... mi respiración era forzosa, y mis lamentos peores, pero entre tanta gravedad aun podía escuchar la voz de mi hijo llamándome a permanecer a su lado.
papi, no te mueras papi.
Lloraba y me hablaba entre sus sollozos... y contra mi voluntad no podía hacer nada, parecía sumergido en un sueño, mis parpados pesaban demasiado no podía abrirlos, las palabras se ahogaban en mi garganta convirtiéndose en algo in entendible para mi niño.
No me vallas a dejar... prometiste que estarías para siempre a mi lado, no me puedes dejar, papi.
Pero entre tanta confusión me pareció escuchar la voz de un adulto, no la reconocí... y me pregunté quien sería ese desconocido que entraba en una casa sin pedir permiso a los habitantes principales.
no llores más niño, que la enfermedad de tu padre tiene solución.
eh, ¿Quién es usted?
shhh, soy alguien muy bueno que quiere ayudar a tu papi...
enserio... ¡¡entonces ayúdelo!!
¿Ayudarme?, como podía ayudarme ese hombre... ¿acaso era medico?, bueno quizás Anna había logrado que su esposo fuera por uno a la ciudad... pero eso no podía ser, el no se encontraba... entonces ¿Cómo se había enterado de mi enfermedad?
si... lo voy a ayudar... pero eso tiene un precio mi pequeño, ¿podrías pagarlo?
pre... precio... le daremos todo lo que podamos, verá que cuando mi papi se recupere le dará todo lo que pida...
lo que yo quiero no es en si una renumeración.
¿en.. entonces que desea, señor?
algo más valioso que lo material que poseas.
eh... no tenemos nada más valioso, señor.
Mi niño se escucho triste con esa declaración, ¿algo más valioso que lo material?, él era muy pequeño como para comprender eso, ¿más valioso?, ¿acaso se refería a nuestra vida? ¿mi vida... o la de él?, no... que se valla, quería decírselo pero no pude.... Estaba demasiado cansado...
claro que lo tienes pequeño, y si me lo das tu padre se recuperará enseguida.
si dice que lo tengo, entonces tómelo, es suyo, pero haga que mi papi se sienta mejor..
eso es todo lo que quería escuchar, niño.
Escuche que sus pasos se acercaban a mi lecho de convaleciente y sentí como se detenía cerca de donde estaba mi niño.
eh... espere que hace señor...
¿Qué hace? Que le hace a mi niño...
shhh solo relájate, que esto no dolerá demasiado...
¿Dolerle? Que le estaba haciendo ese hombre a mi hijo. Escuche algunos sonidos ahogados... me estaba desesperando.. ¿Que sucedía?... haciendo un esfuerzo sobre humano logré abrir un poco los ojos... no me agrado lo que vi.
Un hombre ataviado con finas vestimentas de cabellos lacios oscuros un poco largos, ya que le cubrían el rostro, estaba cargando a Shúrik en brazos, su cabeza estaba inclinada hacia el cuello de mi niño... él hacia gestos de dolor... mientras apretaba fuertemente sus ojitos...
Quise gritar que lo dejará, levantarme y quitárselo de las manos pero lo más que llegue a hacer fue a medio levantar un brazo en protesta de lo que le hacia a mi hijo.
Pasados algunos minutos que a mi parecer fueron eternos... ese hombre abandono el cuello de mi hijo; su respiración era muy sutil a penas y podía ver como su pecho se contraía y expandía... pero estaba vivo... sus ojitos se abrieron y me miraron... me sonrió... después desvió su mirada y miro al hombre... esperando que cumpliera con su palabra...
El alzó una ceja y su gesto parecía una mezcla entre sorprendido e indignado, depositó con cuidado el cuerpo de mi hijo en una silla próxima a la cama, se acercó a mi con una sonrisa burlona entre sus labios...
tu hijo quiere que te recuperes... ya pago el precio... así que no me mires de esa manera ya que vas a "vivir", solo un "poco" más... jajajajaja.
Sentí que sus palabras eran pronunciadas con ironía y sarcasmo, y no entendía por que, mi mente, estaba colapsando ya veía demasiado borroso, "no moriré... siempre esteré aquí" fue el ultimo pensamiento coherente que tuve; me agarro del cuello del camisón que traía puesto y me medio incorporó sin gran esfuerzo, parecía un muñeco entre sus manos, lo ultimo que recuerdo antes de caer en las brumas de la inconciencia son sus ojos cafés claros y... dos colmillos, demasiado grandes como para pertenecer a un humano, en su boca.
Cuando desperté no sentía más dolor, estaba desorientado y los recuerdos venían a mi como si fueran alguna especie de flash, solo una vela iluminaba la estancia, pero aun así mis ojos se fueron adaptando a la oscuridad... me sorprendí estaba mejor y parecía como si nunca hubiera estado al borde de la muerte.
Me levante de la cama, mis pies descalzos se desplazaron sobre la fría madera, pero aun así no lo sentí y tampoco le presté atención en ese momento, me dirigí a la habitación de mi niño.
Estaba recostado en su cama, sus bracitos sobre su pecho, esa postura siempre se la reproché, ya que cada vez que hacía eso solían darle pesadillas; sonreí, se pondría muy feliz cuando me viera recuperado...
no moriré... siempre esteré aquí... fue un mormullo dirigido solo a él, quería que me escuchara, pero no quería despertarlo.
al fin despertaste... que bien, tu cena te espera...
eh, ¿mi cena?
No me había dado cuenta de su presencia hasta en el momento en que hablo.
Cena. Como si esa palabra fuese mágica un hambre atroz me invadió.
Me paso una copa con vino tinto, al menos eso pensé, la bebí... un sabor metálico recorrió mi garganta... pero en vez de parecerme desagradable cada célula de mi cuerpo pareció gritar por más en el momento en que bebí la ultima gota.
Mis ojos buscaron con desesperación más alimento y el muy amablemente me condujo donde había... Anna... sus ojos lloraron y sus labios me suplicaron por que no le hiciera daño... más mi sentido del oído pareció desaparecer en ese momento, solo lograba percibir el latido desmesurado de su corazón... y eso era música para mi... una melodía digna de escuchar...
Al acabar pensé en mi hijo y me dirigí a verlo...
Se encontraba exactamente igual que como lo había visto... y eso no estaba bien, él siempre solía removerse entre sueños.
Me acerque lentamente hacia su cama y entonces me di cuenta...
...no respiraba...
Estaba muerto.
Y mi alma murió con él.
Me enfurecí... temblaba de ira... y grité, una y muchas veces más, pero el no despertó... se veía tan pacífico, tan tierno, mi niño... tan lindo.
Mi conciencia reclamaba venganza... más no me deje cegar, sabía que mis fuerzas eran inútiles en ese momento... así que solo deje pasar el tiempo... mucho tiempo.
Cuando el momento de obtener la venganza llego no la disfrute demasiado...
Ya que al decapitar a mi creador, mi maestro, a mi compañero de eternidad... el asesino de mi hijo... él... sonrió... yo quería que sufriera, pero me sonrió... y lo odie tanto como me odio a mi mismo...
Año actual
Los Ángeles, Estados Unidos.
Dos sonrisas se conservan intactas entre mis recuerdos...
Una de esperanza, ilusión, cariño y amor.
La otra de agradecimiento, perdón, disculpa, y amor.
En las dos había amor, cada uno a su manera mi pequeño Shúrik me amaba como se ama a un padre, y Louis como se ama a un hermano, y aunque me cueste admitirlo llegue a apreciarlo un poco, y hasta hoy en día ninguna de las dos heridas sana.
Aun permanezco, intacto en el tiempo, atado a la promesa de no morir...
Mi salvación... su condena... mi vida... su muerte... mi eternidad... su eternidad en mi memoria...
Sus cabellos castaños imposibles de peinar, sus ojitos almendrados, su tierna sonrisa, su dulce voz... Su eterna inocencia plasmada para siempre en mis más bellos recuerdos,
Son mi mayor tesoro y a la vez mi peor tormento.
"papi, no te mueras papi..."
...y sigo aquí...

El ocaso del vástago. H.D.

Era una de esas noches frías y lluviosas del invierno santiaguino cuando Natalia abandonó su departamento decidida a encontrar a Gerardo, su compañero y amigo.
Arropada en un cálido abrigo se internó en la borrasca rumbo al barrio bohemio donde su amigo solía ir en busca de compañía y diversión.
Tenía que encontrarlo, la apremiante sensación de peligro era como una astilla en su mente que no la dejaba tranquila. Algo pasaba en la calle, podía sentirlo; la calle tenia un pulso, aquellos que habitan en ella, durmiendo en sitios okupa y bebiendo de lo que piden durante el día también. Hasta las mujeres de la noche tenían un pulso propio, los ladrones también. Algo estaba afectando el equilibrio de la calle y ella sabía perfectamente que era.
Apuró el paso mientras una ráfaga de viento impertinente arremolinó caprichosamente su cabello negro azabache. A su paso iba dejando calles y veredas por donde parejas abrazadas y hombres con portafolios luchaban por conseguir algún vehículo que los sacara de allí, como si la lluvia fuese un ácido hirviente del que había que escapar.
Nuevamente se ensimismó en sus pensamientos. Por su mente pasaban pedazos de imágenes y flujos de pensamientos los cuales no tenían otra cosa en común que generar tensiones relacionadas con la pérdida, con la muerte. Detuvo su atencionalidad en el recuerdo de un artículo de periódico reciente. La imagen de esas mujeres asesinadas, horriblemente desangradas y con marcas de colmillos en sus cuellos era el origen de sus peores miedos.
¿Pero que mente enferma podría estar detrás de todas esas muertes? ¿Qué o quienes desangraría a mujeres de esa forma y les dejaría esas horribles marcas en el cuello? Preguntas sin respuestas, solo tensiones y miedo.
Inconcientemente comenzó a jugar con sus manos, acariciándose la punta de las yemas, como viendo que todo estuviera donde debía estar. Sus ojos negros como el espacio miraban en todas direcciones buscando cualquier cosa que pareciera peligrosa, pero solo veía las gotas de lluvia que se le venían encima, como si su cara fuera el parabrisas de un auto, y gente que al pasar por su lado la miraba ceñuda.
Pronto llegó al sector del parque, aquello la puso inmediatamente alerta, aguzó el oído y comenzó a caminar casi al borde de la vereda; la luz de los autos al pasar le daba una seguridad extra. Volvió a llamar por milésima vez a Gerardo pero su celular no contestaba. Maldijo por lo bajo pero advirtió que el pánico se adueñaba de ella, las sombras de las cosas le jugaban bromas macabras mostrándole enemigos acechantes en cada rincón. Empezó a creer que efectivamente alguien o algo la seguía y observaba a lo lejos.
Por un momento le pareció irrisorio que ella tuviera tanto miedo pero luego recordó bien como había empezado toda la cadena de temores. Después de las tres mujeres asesinadas Braulio, un conocido, desapareció sin dejar rastros y días después esa chica pintora que conoció en una fiesta también. Después de eso empezó a temer que a Gerardo le pasara lo mismo.
Salió de sus pensamientos como quien detiene una película, algo no andaba bien. Le tomó un segundo darse cuenta que mientras caminaba había llegado al corazón mismo del parque y... No veía luz alguna procedente de ningún lado, ni sonido ni nada.
¿Qué...? O no pero...
Los árboles no tenían movimiento, ni una sola cosa se movía, nada vibraba, era la nada en el ojo de un huracán.
Giró en redondo tan violentamente que un lado de su abrigo resbaló de su hombro.
Frente a ella, a unos veinte metros, estaba él. Lo supo inmediatamente, era él. El ser inmortal que acecha en la noche. El predador omnipoderoso definitivo, contra aquello no habían opciones, no había escape...solo muerte.
Atinó a huir, en lo profundo de su centro vegetativo sus reflejos no vieron otra opción. Corrió como nunca lo hizo mientras atrás el hombre iniciaba la persecución ávido de ella.
Natalia fue conciente de que no sabía para adonde corría, debía llegar a terreno seguro, donde hubiera gente, pero no podía orientarse sin luz; él se lo impedía con su poder. Forzó su marcha enalteciendo su cuerpo lo más que pudo.
No mires atrás, no mires atrás...Miró atrás, él se había detenido, aparentemente aburrido de aquel juego estúpido. Levantó un brazo con la palma extendida...
Un árbol golpeó brutalmente a Natalia con un nudoso tentáculo de madera y luego otra rama más delgada comenzó a envolverla. Él llegó junto a ella, con una mueca desagradable en su rostro...
Natalia lo miró con un profundo desprecio.
¡¡¡Esto no te va a salir tan fácil hijo de puta!!! – Chilló y de súbito destruyó la rama que la envolvía con la rapidez cortante de la bestia. Una ráfaga veloz cortó el pecho del hombre y detuvo su nuevo intento de azuzar la naturaleza con su otra mano, ahora convertida en una poderosa zarpa de lobo.
Fue como querer oponérsele a un gigante, no, a un monstruo, a un titán. El Cazador empujó a Natalia como si fuera de papel y azuzó a la naturaleza. Otro golpe salvaje impactó a Natalia, esta vez en la cabeza y la dejó aplastada en el lodoso suelo. La preciosa vitae se le escapaba y con ella su fuerza, calculó que si no fuera por su resistencia sobrenatural ya habría caído en letargo.
Aumentó su poder excitando a su bestia interna, parte de su sangre se quemó como combustible en un carburador activando el frenesí y se abalanzó sobre el cazador con garras de lobo de treinta centímetros y gruesas como palos de escoba. Él la miró con una paz absoluta y una esfera de luz lo envolvió todo a varios metros, apenas Natalia entró en ese radio de efecto su frenesí desapareció en medio de un quejido lastimoso, como quien echa a un perro de un puntapié. El vampiro cayó a los pies del cazador, este la golpeó enviándola a varios metros de distancia.
Derrotada, Natalia decidió usar su último recurso y escapar, hace poco que había adquirido esta habilidad de su disciplina y no la había practicado mucho pero era su última opción. La sangre le había dado la asombrosa habilidad de transformarse en niebla, la cual podía mantener su unidad con el solo poder de su conciencia, esto no la protegía del sol, el cual seguía destruyéndola al instante, pero le podía permitir huir ahora.
El cazador se acercaba, en su mano derecha brillaba una pequeña partícula de luz.
Oh no...mierda...ooohh...nooo... Sabía que era eso, había escuchado historias, meros rumores de que era eso.
Quemó lo poco de sangre que le quedaba y comenzó a evaporarse aunque en realidad la niebla resultante se iba acumulando arriba de lo que iba quedando de ella.
Por primera vez el cazador pareció sorprendido, en su mano la partícula de luz tenía ahora el porte de una pelota de tenis...
Más rápido, por favor más rápido Suplicó Natalia viendo horrorizada al cazador mientras su cabeza comenzaba a disolverse. Pero entonces entendió su error, no sabia como controlarse, no sabia como mover su incorpórea forma de niebla, no había practicado lo suficiente.
El cazador se quedó plantada a su lado, observándola con la cabeza hacía arriba, en su mano brillaba un esfera de luz del porte de un balón de football.
Entonces estiró esta luz como si fuera una sustancia liquida, moldeable, dócil y en su mano derecha quedó formado un tubo de luz resplandeciente, como si fuera un tubo de neón robado de un escaparate. Una espada de luz. Luz de sol invocada por el poder de la Fe Verdadera del cazador.
Saltó sobre esa bruma neblinosa cortándola con el arma santa, no para destruir, o no nada de eso, sino para purificar, los vampiros no lo entienden, no es para destruirlos, es para purificarlos y otorgarles el perdón divino.
En su estado difuso Natalia sintió su desintegración final y recordó lo que antes había sido...Entendió que en todas esas décadas como vástago había olvidado lo que significaba ser un vampiro. Muchas fiestas, mucha bohemia, demasiados juegos de sociedad... Ser un vampiro no era un chiste, no era una broma. Ser un abrazado era un drama, un tormento de soledad y sufrimiento interno. Una pugna sin fin entre la Humanidad y la Bestia, una lucha entre ambas por dominar en un cuerpo muerto. Una eternidad para pagar por lo que los primeros chiquillos del creador habían echo y arrepentirse...
Solo le quedaron unos últimos pensamientos para Gerardo y para esos malditos imitadores baratos de mierda que se visten de negro y salen a creerse algo que no entienden. Si estos malditos no hubieran asesinado a esas mujeres creyéndose vampiros el cazador no habría venido a Santiago, donde siempre se deja con vida a los recipientes.
La paz, caliente como una hoguera comenzó a devorar su conciencia pero la paz, si...era tan agradable, el perdón, si ahí está el perdón, si aaahhhh...
El cazador deshizo la espada de luz al ver terminado su trabajo. Desconectó la esfera de silencio y de golpe el sonido, la luz y el movimiento volvieron al parque, ahora era un hombre más como cualquier otro paseando por el parque Forestal una noche lluviosa, pero mañana volvería...
Las cosas van a cambiar en esta ciudad...

La otra cara del terror. J.F.

Una noche oscura y fría. Una joven apresura el paso hacia su casa. Es una chica alta, rubia, muy guapa. Porta unos lienzos que ha pintado ella misma. Su pasión siempre fue la pintura, aunque se dedicó a otra cosa por diversas circunstancias de la vida y ahora ha vuelto a coger los pinceles.
Viene de una galería de arte, les ha gustado su trabajo, lo expondrán próximamente, pero ha estado allí más tiempo del que esperaba y se ha hecho tarde, ha anochecido. Corren rumores de muchas chicas muertas, corren rumores de monstruos en la noche, corren rumores...
Oye un bramido, algo gutural. Su corazón empieza a latir desbocado, siente como golpea fuertemente su pecho, parece querer atravesar sus costillas y salir disparado. Ve moverse una sombra en la oscuridad. Gime asustada. Su respiración es tan rápida que se agota de inmediato y le duelen los pulmones. Sus ojos le escuecen, se han llenado de sangre inyectada por su miedo.
Entonces ve unos puntos rojos frente a ella. Una nube se desplaza dejando que los rayos de sol que rebotan en la luna iluminen la calle. Entonces lo ve, los puntos rojos son las pupilas de un hombre alto. Sonríe sádicamente dejando entrever unos afilados colmillos. La joven chilla aterrada presa del pánico. El monstruo se divierte con el terror de la chica. El Señor de la noche conoce bien su poder, infundir terror a sus víctimas paralizándolas. Su propio miedo las deja como estatuas incapaces de escapar ni oponer resistencia. El Vampiro abre su boca y se dispone a morder a la joven cómodamente.
Pero ésta reacciona y golpea al monstruo en la cara con sus lienzos. No le ha producido dolor físico, pero el Vampiro no puede ocultar una cara que refleja una mezcla de sorpresa y frustración. En toda su existencia a lo largo de los siglos, jamás una víctima ha conseguido moverse en su presencia, mucho menos revelarse contra él. La chica con su corazón a punto de estallar, chilla de rabia. El terror la atenaza, es cierto, pero nunca se ha rendido ante ninguna dificultad en toda su corta vida. El terror se ha convertido en furia y ahora la desata.
El Señor de la noche chilla enloquecido, la frustración ha golpeado su orgullo, su seguridad en si mismo desaparece. Su mente se nubla, ataca iracundo como el animal que es. Ni siquiera mira a su víctima, solo embiste. De repente un dolor en su pecho, baja la cabeza y entonces lo ve. Un pequeño pincel de madera clavado en su corazón. Levanta la cabeza, mira a su asesina, la presa se convirtió en depredador. La cara del Vampiro refleja el más profundo terror. Solo conocía una cara de este, el que infundía en sus víctimas. Pero ahora conoce la otra cara, sufre el terror, lo vive, es lo último que vive antes de morir envuelto en llamas.
La chica recoge sus lienzos aun asustada y se marcha corriendo del lugar. El Señor de la noche murió aterrorizado. El fue su arma contra si mismo, infundió el terror en su víctima que desató la furia que lo mató. Y antes de morir conoció... el terror.

Lo que se hace por venganza. M.B.

Soy una vampira, si como los cuentos de terror o Dracula si quieren una mejoro idea. Ese ser que bebé la sangre humana o que les temen a los ajos y no salen bajo el sol por que se hacen cenizas.
Y yo soy una de ellos, una dama de la noche, una vampiresa de casi cincuenta y cinco de edad podríamos decir. Una pequeña niña de aspecto de mujer, soy una vampira en mis quince eternos aunque mi aspecto de dieciocho.
Odio esto, ser una asesina que mata para comer. Odio esto de ver a las personas mirarme con horror al momento que mis dientes se clavan en su cuello. Lo odio porque soy de la misma raza que aquel maldito.
Aquel que me arrebato todo ¡Todo! En una noche, mi casa, mi madre, mi hermano, mi vida, mi humanidad. Para luego ser un una chupa sangre que anda matando para vivir, que vago por las calles sin un lugar al que volver o cual llamar hogar. Vivo, viví y viviré en una vida manchada de sangre porque de ella vivo, porque de ella respiro cada vez que quiero aunque no es necesario, total estoy muerta ¿No?
Suspiro, me tengo que levantar ya oscureció. Que gracioso; una vampiresa "durmiendo" debajo de una sauce. Sonreí, solo a mí se me ocurre acostarme para dormir cuando se que no dormiré pero es una costumbre que tengo de irme a acostar y cerrar los ojos para luego imaginarme dormir cuando ni eso hago.
Solo lo hago para recordar viejos tiempos.
A mi madre con su típico humor alegre y enfadara cuando me regañaba a mí y mi hermano o a mi hermano con sus típicas jugarretas, mi vida humana. Como los extraño, como extraño eso momentos de felicidad. Pero debía seguir para adelante.
Me encuentro en el cementerio después de pasar por algunos lugares donde veo los adornos de navidad. Otro día festivo que yo no veo caso festeja ¿Para qué? Si no como comida humana y ni siquiera tengo con quien festejar ese día además de que en mi vida voy a tener muchas pero muchas navidades para festejar.
Dicen que un vampiro es hermoso y frío sin sentimiento; Mentira.
Somos como los humanos pero inmortales y con belleza sobrenatural que los atrae como moscas a la miel. Después de eso somos igual, a pesar de todo el humano también mata para comer ¿O no?
Debo admitir que jamás probé la sangre de un humano inocente. Eso jamás lo haría, solo aquellos que si lo merecen; asesinos, violadores, maltratadores de infantes etc. etc. han pasado sus cuellos por mis colmillos y de eso no me arrepiento ni un poco.
Camino por el cementerio que a esas horas estaba cerrado, llego hasta atrás de todo con un ramo de flores. Jazmines, sus favoritos a ella siempre les gusto y bueno el no era de amar las flores más bien era el tipo auto.
Llego ante ellos. Cuantos años ha pasado desde que el día, recuerdo que era navidad hacía calor y en aquellos días nuestro país estaba saliendo del golpe militar. Recuerdo ese día solo éramos nosotros tres voz, mi hermano y yo éramos tan felices en aquel día, por fin mi mamá se había separado de ese hombre después de tantos años a su lado sufriendo por el por fin éramos felices pero todo cuento tiene fin y el nuestro no fue el mejor "... y vivieron felices por siempre"
Fuimos atacados por un vampiro, por un individuo que odio y odiare como a nadie; a ese hombre. Había sido atacado por un vampiro y para empeorarlo llego a nuestra casa. No recuerdo bien como fue o que paso, todo que borro de mi memoria como si nunca hubiera pasado pero paso.
Me encontré tendida en el suelo, no recuerdo haberme dormido o... o nada solo que alguien tocaba la puerta y nada, negro como la noche luego gritos, cosas rompiéndose y un nombre de alguien conocido para mí que fue luego lo que me confirmo todo.
Me había levantado del suelo y con la mirada busque a mi madre y mi hermano pero solo encontré destrozos y más destrozos, subí las escalera hasta los cuartos mío y de mi hermano.
Y realmente me arrepiento de ello, en el piso y cuarto de mi hermano... se encontraba muerto pálido con los ojos abiertos mirando un punto fijo y con dos perforaciones en su pequeño cuello al igual que mi madre tirada en otro lado del cuarto en el mismo estado con un escrito en la pared. Me quise morir.
Desde ese día vago sola en el mundo. No me importa porque solo tengo un deseo; venganza. Y jure ante ellos que lo haría.
"Tu serás la siguiente" No, serás tu. Y otra vez me perderé entre la sombras de las calles en busca de aquel que me lo arrebato todo; en tu búsqueda. Tu hija te matara como la última voluntad de mi madre y hermano. Esto es lo que una vampira puede llegar hacer por venganza; Papá.
Nos iremos juntos al infierno de ser necesario.
Lo juro.

Obsesión. A.

Acababa de llegar a la ciudad. Me había instalado en un apartamento de lujo en el centro. Con los años, descubrí que para que un forastero pase desapercibido basta con que se instale en la zona más cara de la ciudad.
Si actúas diferente a ellos, te conviertes, ipso facto, en un multimillonario excéntrico al que todos perdonan sus rarezas. No hacen preguntas.
Para ser sincero, todos los que me rodean me hacen la pelota exageradamente y las mujeres caza fortunas revolotean a mi alrededor desplegando sus encantos solo para conseguir un segundo de mi atención.
En ese ambiente encajo a la perfección porque soy superficial, egoísta, egocéntrico, y arrogante a la par que encantador, increíblemente atractivo y el mejor amante que una mujer tendrá jamás. Claro que no sospechan que además soy despiadado y perverso, y no tengo ningún problema en jugar sucio para conseguir lo que deseo en el momento que lo quiero. Y creedme, tengo medios de sobra para conseguirlo.
Me encanta. Pero tiene un inconveniente y es que, a veces he de recorrer la ciudad sin compañía porque encontrar a tu próximo bistec y comértelo no es algo que hacer con gente ... ¿o si?
Estaba tan metido en mis pensamientos que para cuando repare en la pareja que venía de frente casi habían pasado de largo. No obstante, me dio tiempo a ver muchas cosas, bastantes más de las que podríais imaginar.
Ella me sonrió al pasar, él iba inmerso en la búsqueda de las llaves del portal. Ella era ... era ... diferente. No era tan espectacular como las mujeres que solían rondarme ... Era natural, sin silicona, sin tintes de pelo ni maquillaje. De estatura normal tirando a bajita, menuda, morena, de boca fina y con unos grandes ojos marrones de pestañas imposibles. Tendría unos 30 años más o menos, vestía vaqueros y botas con un poco de tacón. Como hacía bastante frío, iba dentro de una abrigo marrón con una bufanda enorme enrollada a su cuello. Y su olor ... no se parecía a nada que hubiera conocido nunca. En ese mismo instante, en el segundo que tardó en pasar a mi lado, decidí que fuera como fuese, ella sería mía.
Estudie a fondo su insignificante vida, me mudé al apartamento de enfrente del suyo, y me dispuse a conquistarla.
Intenté entablar conversación con ella en la escalera, en el portal, le pedí sal ... todo lo que hacen los humanos, y nada, ni el más mínimo interés por mí. ¿qué le pasaba a esta humana? o peor, ¿qué me pasaba a mi? Acaso había pasado tanto tiempo entre humanos falsos que ahora era incapaz de cautivar a uno verdadero?
Cuanto más me ignoraba, más ganas de poseerla sentía, llegando incluso a dolerme ... ella se convirtió en mi obsesión.
Imaginen a un vampiro caprichoso que no obtiene lo que desea, multiplíquenlo por diez mil y todavía no se acercan a mi estado en ese momento.
Incluso llegué a persuadirla para que dejara entrar en su casa, le hice el amor y la probé ... mmm ... Una pena que ella no recuerde ese inmenso orgasmo que tuvo.
Y después de eso, en vez de disminuir mi deseo por ella, aumentó. Y de qué manera. Tenía que ligarla a mí para siempre, tenía que ser mía para siempre, como fuera.
.....
No podía creer lo que estaba viendo. Justo delante de mis narices, el hombre con el que me iba a casar en menos de un mes estaba pegadito a una rubia. Se estaban metiendo mano descaradamente delante de todo el mundo. Si hubieran podido se habrían follado allí mismo.
Una furia incontrolable afloró a la superficie. Nunca jamás había sentido tantísimas ganas de sacudirle a alguien. Casi como en trance, me acerque a mi infiel prometido y le aticé un puñetazo en la cara con todas mis fuerzas. Seguido, me volví hacia la rubia, la agarré del pelo y la saqué del bar. Y después, me encaré de nuevo con mi novio que estaba en el suelo con la nariz rota, y le dije que ya podía llamar a la gente y explicarles porqué no habría boda. Seguido, me di media vuelta y me marché.
Inexplicablemente, y pese a la mierda de situación que estaba viviendo, me encontraba estupendamente. Darle una paliza a esos dos me hacía sentir fenomenal. Me había gustado. Joder, que miedo. A ver si era una macarra y ni lo sabía.
Vagué por las calles sin rumbo, intentando explicarme a mí misma qué había pasado. Mi reacción ante la escena, mi sentimientos ahora mismo, todo ...
Llegué al río, y allí, a lo lejos, recortada en el paseo, había una figura oscura. Probablemente, en otro momento me habría asustado mucho, hubiera dado media vuelta y hubiese puesto tierra de por medio. Pero una sensación de clama, de tranquilidad y seguridad me invadió al verlo y no necesité marcharme de allí.
Me quedé en apoyada en la barandilla, mirando las aguas negras del río. Él se acercó hasta donde me encontraba. Era mi vecino, el rarito.
.....
Después de ver la escena en el bar la seguí. Al beber su sangre la otra noche logré vía directa a sus emociones y pensamientos.
Sabía perfectamente el torrente de emociones que pasaban por su ser, y eso me complació averiguar que, en esencia, no era tan diferente a mí. Eso simplificaría las cosas a la hora de arrastrarla conmigo.
También sabía dónde iba, así que me adelanté y la esperé. Gracias a la conexión, se sentiría en paz conmigo cerca, lo que evitaría que huyera de mi. Son mecanismos de caza que nos ayudan. Fue una suerte porque la verdad, tenía pocas ganas de atraparla, mejor si se estaba quietecita.
Y finalmente, apareció en la lejanía. Al principio dudo un poco si quedarse o no, pero finalmente, se apoyó en la barandilla para mirar el río.
Y yo, como no, me acerqué a ella.
.....
Cómo estás?
Teniendo en cuenta que acabo de dar un paliza a mi novio infiel pues ya me dirás
Lo sé, estaba en bar cuando todo ha sucedido. Te he visto salir y te he seguido, por si necesitabas apoyo moral o algo, me dijo él.
Le miré a los ojos. Y justo en ese momento todas las células de mi cuerpo anhelaban estar fusionarse con las de ese desconocido.
Se me acercó, me rodeó con su brazos sujetándome con firmeza. Yo no pude más que quedarme quieta, mi cuerpo no respondía a las órdenes que mi cerebro enviaba desesperadamente, porque él sabía que algo no iba bien. Una descarga eléctrica recorrió mi cuerpo cuando se acercó a mi cuello y respiró su frío aliento. Miedo, excitación, ira, felicidad ... una mezcla de sensaciones.
Un dolor intenso recorrió mi espina dorsal, y antes de caer en la oscuridad lo sentí. Su forma de hacerme el amor, su mordisco, su plan para que novio me fuera infiel y ser por fin suya ...
Después nada.
.....
Ya es mía, estamos conectados eternamente. Es mi compañera. Aunque no me quiere, no puede hacer otra cosa. Me odiará eternamente, pero jamás le daré la libertad. No soportaría que otras manos la tocaran. Es posesión, es deseo, es mi bien más preciado, el único que me costó conseguir, por eso la quiero.
La mataré antes de dejar que sea de otro.
Si, es egoista. Pero así soy yo.

Las cortinas. T.

Allí estábamos mi amigo y yo encogidos detrás de las cortinas temblando de miedo. Esperábamos que el monstruo no se diera cuenta de nuestra presencia, se cansara y se fuera. Estábamos seguros de que pasaría de largo e incluso mi compañero me sonrió con confianza guiñándome el ojo.
Entonces vi sus ojos rojos, sentí un agudo dolor en el cuello y un frío intenso en el corazón. Desperté con otros ojos, otras manos, otras uñas, otro pelo, otros dientes...

Las cortinas estaban descorridas y mi alma ya no existía. Mi amigo yacía a mi lado en un charco de sangre con la yugular desgarrada y los ojos abiertos. Su cara desencajada en una eterna agonía mostraba el terror absoluto. Y me dió la risa...

Me hacía gracia mirarle... Tenía sed y bebí su sangre muerta mientras coágulos llovían de mis lagrimales. Lloraba, reía e hipaba en un doloroso frenesí. Mi vida había cambiado.

La noche ideal. Henry Kane.

A nadie en sus cabales se le ocurriría pasear por la ciudad a esas intempestivas horas de la noche y con un tiempo tan desapacible.
Las ráfagas de aire retorcían la lluvia hasta calar las perneras del pantalón y los zapatos, defendidos inútilmente por un enorme paraguas negro que se desesperaba luchando como un velero en medio de una tempestad.
Pero aquella huesuda mano lo gobernaba con inusual pericia mientras atravesaba las desiertas avendas.
La silueta, desdibujada por el agua, se recortaba a lo lejos flanqueando los edificios, que formaban oscuros corredores por los que discurrían las enfurecidas corrientes de aire.
Noche infernal. Adecuada a sus propósitos.
Apenas hay coches circulando por las calles. Los faros furtivos de algún taxi o de algún alma perdida con destino incierto. No hay indeseables ni prostitutas. Ningún tipo de escoria social del género nocturno que normalmente puebla estas aceras. Nadie soportaría una noche como esta a la intemperie.
Su paraguas poco podía hacer por resguardarle de la lluvia, pero sí de la indiscreción de las cámaras de vigilancia que poblaban esquinas, cornisas, cajeros y demás sitios susceptibles de ser vigilados.
El hombre de traje oscuro y gabán, se enfrentaba orgulloso con su gran talle a los elementos, resbalando su pálida figura por las angostas calles de los suburbios.
Detenía su paso cada cierto tiempo, tranquilo, y permanecía atento con todos sus sentidos, a su alrededor.
Por fin llegó hasta la negra boca de un callejón y clavó sus ojos en la oscuridad.
La basura se apelotonaba en los flancos, y grandes cajas de cartón, deformadas por el peso del agua, entorpecían el paso hacia la mitad.
Mientras, las pesadas gotas de lluvia hacían contorsiones entre el entramado metálico de las escaleras de emergencia que descendían por un costado de la fachada, creando una siniestra melodía al entrechocar con el metal.
Aquel hombre se acercó hasta el fondo, donde se alzaba la pared de ladrillo que ponía final al callejón. Plantó su esbeltez ante los dos sujetos que se hallaban agachados en el encharcado suelo. Y cerró su paraguas.
Sólo entonces, éstos se percataron de su presencia.
Uno de ellos, osó levantar su decrépita figura, manteniendo aún entre sus afilados y amarillentos dientes, parte de los intestinos de su víctima. El otro, permaneció en cuclillas, observando la escena con sus ojos transparentes como el cristal, aún portando entre sus delgadas manos el cadáver del desdichado gato callejero que primero les calmo la sed y ahora su hambre.
El sujeto le mostró su encarnada dentadura forzando un amenazante siseo viperino, y a continuación saltó presto a desollar al inoportuno e inesperado visitante.
El paraguas cruzó el espacio con inusitada rapidez para acabar clavando su acerada y larga punta justo en el centro del pecho del atacante. Su corazón quedó ensartado y la criatura se debatió furiosa estirando sus largos brazos en un intento de zafarse de la improvisada lanza que lo acosaba.
Pero el hombre, incólume, con una vigorosidad extrema, mantuvo firme su brazo y desplazó al ser hasta un lateral. Allí encontró base y con un fuerte envite, el paraguas penetró el pecho hasta hacer tope en la pared.
La otra criatura se alzó del suelo e intentó abalanzarse por detrás del hombre, pero éste, como si poseyera ojos en su misma nuca, estiró raudo su otro brazo hasta asirle del cuello por sorpresa.
Con sus brazos en cruz, los mantuvo inmovilizados, hasta que el empalado desfalleció definitivamente. A continuación el hombre, extrajo el mortal paraguas del pecho de su primera víctima, empujó al otro hacia el costado contrario estampándole con furia contra la pared de ladrillos y repitió la operación.
El hombre, de gran porte, maduro, y con una abundante cabellera poblada de canas que parecía no empapársele con la lluvia, aún no había terminado su tarea.
Sacó del bolsillo unos guantes de cuero negros y se cubrió las manos con ellos. Después sacó del bolsillo interior de su chaqueta un pequeño frasco de cristal encastrado en una base metálica de color dorado, y coronado con un puntiagudo tapón decorado hecho del mismo material.
Luego se acercó a su primera víctima y vertió la mitad del contenido en el agujero practicado en el pecho.
El agua bendita comenzó a ejercer rápidamente su efecto devastador en la anatomía de la criatura. Las entrañas del ser se descomponían estrepitosamente ante aquel ácido que lo devoraba con vehemencia, desprendiendo un fétido olor y un abundante humo blanquecino que se desbarataba arrastrado por el aire.
La segunda criatura recibió el mismo tratamiento.
Los cuerpos se desvencijaron bajo la atenta mirada de su ejecutor, que permaneció inmóvil a sus pies, guarnecido ahora por el paraguas al que la insistente lluvia despojaba de su rojo tinte.
Por esa noche había terminado su misión. Tan sólo quedaban sobre el suelo las sucias ropas impregnadas de un líquido pustulento que se diluía lentamente con el agua.
El hombre de traje oscuro y gabán, cubierto por su gran paraguas negro, salió del callejón y tomó una dirección cualquiera.
Se alejó caminando hasta disolverse entre la oscuridad y el aguacero que castigaba esa noche la ciudad.
Hasta la próxima vez, en que debería regresar, visitando otro lugar, otra ciudad, para continuar la tarea que se le había encomendado.
Sicarios de la oscuridad, siempre a la búsqueda de aquellos que avergonzaban a una noble dinastía, tan antigua como los persas conquistados por Alejandro Magno, nómadas que gracias a él, lograron su expansión.
Y ahora, en estos últimos lustros, habían de soportar la decadencia y la corrupción sembrada por la descendencia de una estirpe paralela a la de la humanidad.
Conversos accidentales pululaban aquí y allá gracias a la inconsciencia de una saga de hijos corrompidos por los vicios humanos, que no guardaban respeto alguno por su raza. Incontrolados, irresponsables con su condición, drogadictos, con su sangre enferma por el sida, que arrastraban su defenestrada condición por los más pútridos rincones, alimentándose de residuos de la sociedad humana, ratas y otros animales tan miserables como ellos mismos.
Un despojo de su herencia vampírica adquirida por error.
Así es como los eternos condestables hubieron un día de reunirse para discutir una forma de poner fin al oprobio de su linaje. Llevaría tiempo, pero no debían dejarse llevar por las prisas de la impaciencia, pues el tiempo era su aliado. Tan sólo guardar cautela y precaución para mantener el perseguido anonimato. Esperar la noche ideal e ir en su encuentro para su exterminación.
El hombre de alto talle y pelo cubierto por las canas, se enfrentaba a sus fieles con voz pausada. Afuera llovía a cántaros. Una noche infernal, pero adecuada a sus propósitos. Esta noche, el vampiro saldría de nuevo a recorrer las calles con su gran paraguas negro, a cumplir la tarea encomendada.
Pero antes debería terminar con buen oficio sus otras responsabilidades...
El cuerpo y la sangre de Cristo se alzan para nosotros...