viernes, 2 de enero de 2015

Muerte en Venecia. Jorge Urrutia.

"Los mitos son igual que guantes grises"
 Leopoldo de Luis.

Suave es el mar como una mano. Cuentan
que en el invierno entra por un guante
y cada dedo llena el hueco de sí mismo.
Lo ha aprendido ya todo en la humedad del tiempo
y, pacífico, avanza con la sabiduría
de quien conoce cosas que nadie más conoce.

Como una mano es que, ya enguantada,
se apoya sobre un brazo,
se oculta por el pliegue de una manga
o se funde en la niebla de su pecho.
Si suave es el mar, lo arrastra todo
con una voz muy tenue,
como surge la duda o crece la sospecha.

La mirada de Ulises. Jorge Urrutia.

Se levantó del lecho y abrió una cerveza.
Soñaba que dormía de nuevo con Penélope
pero se despertaba con la cara de Circe.
Dormir, soñar, vivir acaso
en un sueño imposible, una esperanza
condenada al fracaso.
Amar, sólo se ama lo que uno mismo crea
y él hubiera creado una nueva mujer que mantuviese
la forma de sus manos, el olor de su aliento,
el calor de su pecho.
Pensó en Narciso y dijo: «Me amo sólo a mí mismo».
Termina la cerveza y se mira al espejo
que reflejaba el rostro del triste Leopold Bloom.

(La inclemencia del verbo) Jorge Urrutia.

Como un hilo, un ovillo, una madeja,
una débil corriente infructuosa
busca un final que el principio no sea.
Como una nube en nube convertida
que amenaza un diluvio y no concluye,
como un amor en desamor marchito
que sólo entrelazara los dedos y no manos,
la palabra se usa, se atormenta, derrama
y no suena a sonido convincente.
Sobre la mesa crece y se desborda
entre dientes agudos y brillantes.
Sólo la espuma queda, el resto es aire.

¿Huída? Jorge Urrutia.

¿Por qué se escribió huida? No se huye
cuando sólo una acción es la posible.
Es viajero obligado, que sabe cómo niega
su propia voluntad.
No hay dioses,
sin embargo
organizan la vida de los hombres.
No hay creencias
sostenibles más allá de la duda,
de los bultos que la niebla permite
adivinar.

Huída. Jorge Urrutia.

Son diecisiete días. No adivina
que las bonanzas nunca son eternas.
Perderá el agua dulce. Rodarán
los pellejos de vino.
De nada servirán las diecisiete noches
mirando a las estrellas, ni la filosofía,
barata,
que el amplio mar sugiere.

        Los troncos de la balsa fijó en cuatro jornadas.
Un abrazo fugaz. Un beso. Despedida
de un hermoso paréntesis, un lapso
en la vida o la muerte.
No preveía nadie el fin de la bonanza,
la huida de la paz, de la sonrisa el luto.
Agua, sudor y hierro en la firmeza,
el ciego sol, el alma dura apenas.

        Las cosas, al fin y al cabo,
son como son las cosas. Simplemente.

Entrega. Jorge Urrutia.

At bounds of boundless void. *
Samuel Beckett.

Un sonido muy tenue, un roce apenas,
un perfume que alcanza la costumbre,
incerteza, tal vez alguna duda,
punto difuminado, o finísima línea.
Una saliva es un gusto amargo y dulce,
una mano que, abierta, deja pasar la arena,
un nombre susurrado y una larga
caída. O es un derrumbe
hasta el fondo más hondo de sí mismo.

*Hasta los límites del vacío sin límites.

El humo de Ítaca. Jorge Urrutia.

¿Hay un hogar? ¿Se parte de algún sitio?
Siempre de las ruinas, pero exigen
las ruinas hogar un día construido.
Se parte de algún sitio, del derrumbe
del manto, de la saya
caída,
de la camisa rota,
del ánimo cortado por no se sabe qué,
por no se sabe quién.
Y se encamina uno hacia el pasado.

El espacio del tiempo. Jorge Urrutia.

Es un tiempo vacío el de este nuevo espacio.
Sabe que no estás tú y que no debe
llenarlo con tu sombra.
Busca la luz, en cambio. La alimenta
cuando llega la aurora. Habla con ella
porque conviene, dicen, hablarles a las plantas,
decirles las palabras limadas que aprendimos.

Si crece la mañana es que arde el rostro.
Va llenándose el bosque con los árboles
nacidos de su propia sombra.
Bulle lejos el río. Óyese el tráfico
Como un mugido suave.
Y una tranquilidad desconocida
aniquila los gritos del pasado.

Echando la vista atrás. Jorge Urrutia.

Ha habido reposos en su vida,
lentos atardeceres, serenas tardes prietas
de amor y mansedumbre,
sonrisas y caricias, besos, manos cogidas
como se coge el agua, como se ahoga
el corazón nervioso, emocionado.
La pluma recorría delicada el papel,
surgía la palabra lamiendo la garganta.
Que la inquietud es bella si aquieta los recuerdos
dolorosos. Recuerdos.

Descanso. Jorge Urrutia.

Este viejo colchón siempre vino del cielo,
abrazó con su frío
y construyó un hogar para que el tiempo
se muriese en su espejo y descansara.
Y se frotó las manos.
Este blanco colchón es la sirena,
hacia el abrazo lleva, mortal o, por lo menos,
rompe los ligamentos y arrodilla
nuestras últimas fuerzas.