sábado, 30 de mayo de 2015

TEN Valentine


Ángeles en la madrugada.

En las sombras de una ciudad, las calles conocieron su nombre ausente
yo la vi sumergida en el alcohol, esperando a la muerte
algunos ángeles exiliados del cielo, volaban en la madrugada
nadie lloró por ella… ni encendió cirios para iluminar su alma…

Una vez, escuché sobre ella, del amor del agua y de las estrellas
de cuando abandonó a sus padres y sentenció así su pésima vida
el día de su muerte, al maldito cielo la despidió con relámpagos
yo con los interrogantes, si después de todo, alguna vez había amado…

El infinito se apoderó del recuerdo y quizás de mis sueños
comprender su vida me tomó años, su despedida, sólo un minuto
tal vez por el sabor de su sangre, por la forma en que abandonó este mundo…

He visto algunas veces en mi habitación, un leve rastro de sangre
una rosa perfumada con su suave aroma
y del otro lado de la ventana, con miedo indecible, he visto su deforme sombra…



Ángeles en la madrugada.
Synanceia Horridae.

Todos los derechos reservados.

©2006

TEN Rainbow in the dark


Cuando el sueño encuentra al despertar.

Ella, una noche, al dormir, olvidó el lugar de su origen
por eso se extravió en el mundo, buscando respuestas y su nombre
yo la encontré al despertar, desnuda y de pie, en medio de una guerra
que duraba hacía miles de años, y de la cual ella no era dueña…

El tiempo y la vida nos llevaron por infinitos y diferentes caminos
yo olvidé así mi destino, para acompañarla en su mejor aventura
y me enamoré de su alma, tal vez en el peor momento de su vida
cuando ella creía recordar, y a su vez intentaba cerrar esa profunda herida…

Por eso dejé que una mañana se fuera, rumbo al Polo Sur
yo me quedaría de pie en los Andes, cargando mi propia cruz
y esperando quizás, que ella al final encuentre el por qué del dolor
o la extraña luz, que por las noches, deja en penumbras a su corazón…



Cuando el sueño encuentra al despertar.
Synanceia Horridae.

Todos los derechos reservados.

©2006

TEN Sail away


Cuento desde los mil océanos.

Desde las edades infinitas, el tiempo y la tierra conocían su nombre
donde una vez su cuerpo fue usurpado por el hombre en una sangrienta guerra
sus ojos azules a veces lloraban por las noches, su cruz era de madera
sobre sus sienes tímidamente blancas, un soldado clavó su bandera…

El dorado sol acompañó su vida, durante primaveras y veranos interminables
yo supe de ella, al enamorarme en mi juventud, de su aroma a tierra fresca
cuando la vi bailando entre charcos de agua, extasiada por la lluvia
sonriendo como una niña, dormida después de la tormenta en los rayos de la Luna…

Yo la acompañé o ella me acompañó, en todos mis viajes, en su vida entera
y seguí con clamor su valentía, ayudé a borrar sus huellas de la arena
fue entonces cuando el océano tirano, a los cien años reclamó su cuerpo
ella al despedirme me dejó sus palabras, estampadas en miles de cuentos…

Entonces al encontrarme solo en este mundo, fui la piedra de su tumba
el amor que el tiempo no pudo consumir, quien la amó como a ninguna
por eso la tierra me devolvió su esencia, cuando regresó la primavera
al encontrar en el cementerio, su cama cubierta por cientos de madreselvas…



Cuento desde los mil océanos.
Synanceia Horridae.

Todos los derechos reservados.

©2006

TEN Through the night


Visiones de Europa.

El tiempo silenció sus palabras, y calló su voz
la encontré en las calles, cuando su corazón se encontraba cansado
no pudo sostenerme con sus manos, el dolor a su vez la consumía
su cuerpo, sometido a la intemperie, buscaba el fin de su vida…

Su alma hambrienta de cariño, anhelaba estar acompañada
la nieve decoloró sus ojos, el viento la condenó a su mismo silencio
vi las marcas de sus uñas, buscando en las paredes de una iglesia
y para no sentirme tan culpable, me mentí al decirme que no era ella…

Pero una mañana gris, encontré su nombre en los obituarios
y en sueños, creo haber advertido la palidez de su rostro
en un espejo deforme, donde sólo pueden verse los sueños rotos…

En el insomnio de un crepúsculo, la vi paseando por las noches de París
no sentí su frío, sólo percibí sus lágrimas de sangre caliente
y sus labios de fuego, mezclarse en los distante rostros de la gente…



Visiones de Europa.
Synanceia Horridae.

Todos los derechos reservados.

©2006

TEN Silent rain


Flores nocturnas.

No brillaron las estrellas
en la oscura noche de su génesis
ella soñó con la lejana primavera
el cielo dejó con su rocío… brillantes flores nocturnas…



Flores nocturnas.
Synanceia Horridae.

Todos los derechos reservados.

©2006

TEN We rule the night


Vampiria.

Lentas lágrimas negras, escapaban de sus ojos grises y muertos
y sus manos duras, se aferraban a un sueño muy difícil de alcanzar
en las sombras de sus recuerdos sin fin, se agitaba el eco de su alma
por eso lloraba de esa manera, al no poder encontrar sus propias palabras…

La casualidad o la muerte, la llevaron por las calles del mundo
en la niebla de Londres, perdí sus pasos, yo, que nunca la olvidé
pero ella no de detuvo en ningún momento, en ninguna ciudad
sólo escapaba de la luz del día, para no encontrarse con la eternidad…

Al final de mi vida, me encontré con sus ojos en las calles de París
ella quiso salvarme, justo cuando mi alma había decidido morir
pero aún así tomé su mano cansada, que temblaba de miedo y de dolor
y me senté a su lado, en un frío cementerio… a esperar a la muerte y a que saliera el sol…




Vampiria.
Synanceia Horridae .

Todos los derechos reservados.

©2006

TEN Virtual reality


Paradoja.

En los recuerdos sin fin, retratos de un dolor que jamás termina
su nombre de espinas y rosas, algunas veces se retorcía
tal vez la culpa fue del tiempo, de la muerte que jamás perdona
quizás fuimos los dos, su eco y mi voz, su luz y mi sombra…

Ella caminaba en la luz, confundida tal vez con los ángeles
su perfume de flores extranjeras, una tarde se extravió en la ciudad
por eso con los años yo creí conocerla…
pero sólo fue un fantasma del pasado, negándose a volver a la eternidad…

Yo, al perderla la primera vez, elegí la amabilidad de las sombras
y no dejé rastros ni nombres, para que así le fuera más fácil olvidarse
pero víctimas del sol o del destino…
ella escribió con sangre su réquiem, jurándome su amor y siempre recordarme…

En el olvido que a veces la redime, en los buenos momentos del pasado
su corazón y el mío, hoy yacen profundamente enterrados…



Paradoja.
Synanceia Horridae.

Todos los derechos reservados.

©2006

TEN Yesterday lies in the flames


El fin de todos los días.

El tiempo no la acompañó, en la sombría hora del sufrimiento
los días cayeron en sus ojos… y sus ojos en el silencio
su amor perduró en los aromas de la mañana
su sangre continúa en mis manos, aunque ella esté tan lejos…

En Italia la vieron caminando hacia las cenizas del Vesubio
buscando tal vez fantasmas o el rastro de la muerte misma
yo la esperé en el filo de la noche… donde el viento a veces silba
pero ella no regresó jamás… y con los sueños, su sombra se hizo más esquiva…

En el fin de todos los días, ella se extravió con la primavera
Dios quizás la haya olvidado, porque jamás reclamó su gloria en el cielo
yo perdí su nombre con la edad… pero nunca olvidé ése último momento…

Donde el mundo, dividió eternamente su camino
largas sombras en sus pasos, ardientes lágrimas
cuando ella murió, y por amor dejó que el dolor fuera solamente mío…



El fin de todos los días.
Synanceia Horridae.

Todos los derechos reservados.

©2006

TEN You're in my heart


El despertar de Magallanes.

La luz descansó en sus ojos, el dolor fue su tormento
la muerte envolvió su delicada sombra, para recordarla
el nácar fue su tumba, yo, con los años elegí su turbia soledad
para jamás olvidarla, por si no nos encontrábamos en la eternidad…

Desde lo profundo de sus sueños, hasta su último despertar
ella creció después con las edades, con la muerte absoluta
en su jardín, cientos de sombríos tulipanes, anidaron en su alma
su nombre se transformó en carbón… y se perdió en la Savanna…

Las arrugas y el sol, deformaron una vez su frente
yo, al extrañarla, supe que no volvería a verla después de esa mañana
su perfume no perduró en el tiempo, en el estrecho, nadie quiso despertarla…

Al morir, los dos aprendimos de la sangre y del fuego
ella al elegir su propia muerte… se hizo sagrada
yo para no olvidarla… elegí el tormento…



El despertar de Magallanes.
Synanceia Horridae.

Todos los derechos reservados.

©2006

TEN Till the end of time


Sentados en el salón dorado.

Sus palabras fueron suaves, como si pertenecieran al aire
y sus ojos de ágata, se cerraron para no volver a abrirse jamás
su sombra imperturbable, como las estatuas
las olas del mar se llevaron su cuerpo, para que encontrara la eternidad…

Yo encontré sus pies mojados, pero por miles de lágrimas
sentados los dos en el salón dorado, olvidamos nuestras huellas
el fuego de su amor, algunas veces, ha atraído a la tormenta
el mundo no la recordó, entre los ángeles expulsados del cielo, estaba ella…

El tiempo no pudo tocarla, tampoco la sal de los mares
el amor, aunque destruido, dejó su esencia en la primavera
ella, hermosa como siempre… solamente ella…

Al final de mi vida, sus pasos la alejaron del misterio del agua
en las noches de soledad, la odio y le deseo el fuego del averno
pero al recordar sus besos, espero que aún permanezca aquí… en silencio…



Sentados en el salón dorado.
Synanceia Horridae.

Todos los derechos reservados.

©2006