martes, 17 de noviembre de 2015

Lágrimas de amor.

Frente a un mundo de espejos, ella se quedó en silencio
preguntándose por qué le faltaban las palabras y tardaba en irse el invierno
entonces comprendió que ella era la única que vivía sin sueño, esa maldita noche
y supo también que en el eco de las estrellas, quizás estaba escondido su nombre.

Pero se sentó a esperar, que quizás el tiempo, por piedad se detuviera
quien vigilaba su prisión de silencio, alguna vez la liberara
pero nadie regresó durante ese invierno, ni tampoco en primavera o en verano
sólo la melancolía del otoño, y las cenizas de un amor que aún ardía en sus manos.

Entonces se miró en los fríos espejos, y aceptó que le sería demasiado difícil poder olvidar
pero mantenerse fiel a su amor, lo recordó en carne y alma, así el olvido no viniese jamás
por eso elevó sus manos al cielo, para que Dios le obsequiara al menos una gota de lluvia
que lavara sus heridas sangrantes, y le dijera que el planeta del Principito, estaba justo detrás de la Luna.

Entonces una noche sin profecías, el amor volvió en llamas y sin eternidad
aunque ya nada importaba, su hijo astral dormía en sus brazos y allí habría de despertar
entonces una lágrima quiso romperle lo que quedaba de su alma y tal vez de su corazón
pero ella se sintió más mujer que nunca, y si lloró, estoy seguro que fueron lágrimas de amor.




Lágrimas de amor.
Aspera Hyems Sinfonia.

Todos los derechos reservados.

©2000-2004

Cuando volviese a amanecer.

Alguna vez, el algún momento, la oscuridad consumió su alma por completo
y ahogó la perfecta melodía de su voz, en el más amargo de los silencios
y para no sentirse distinta a los demás, se perdió entre miles de gentes que no conocía
esperando así encontrar un cálido abrazo por la noche, o quien pudiera devolverle la sonrisa.

Alguna vez, en algún momento, ella se sintió enferma y vacía por la soledad
porque extrañaba a sus recuerdos tan lejanos ahora, incluso extrañaba el frío aire del mar
y por sentirse tan desamparada, fue a hablar con Dios a una iglesia, pero le quedaron tantas cosas por decir
decir que daría su vida por estar enamorada, y así por primera vez sentir lo qué es vivir.

Quizás por eso, ella decidió volver al origen de todas las cosas, al país de los tormentos
para encontrar quién pudiera emocionarla como mujer, con palabras o con silencio
y así encontró el reflejo de su alma torturada, en los ojos vacíos de las víctimas de la guerra
y comprendió que necesitaba estar enamorada, para expandir su ternura sobre la tierra.

Yo la vi por última vez, llevando en sus manos, un inmenso legado de esperanza
y ya no había sangre en sus dedos ni en sus ojos, porque el viento le arrancó las lágrimas
y así ella supo que su amor llevaría siempre el viejo símbolo de nuestra fe
y supo que ella sería la primera en ver el cielo, cuando otra vez volviese el amanecer.




Cuando volviese a amanecer.
Aspera Hyems Sinfonia.

Todos los derechos reservados.

©2000-2004

Amigo de su soledad.

Ella no sabía que el amor alguna vez le quitaría las ganas de vivir
porque enamorada en cuerpo y alma, no pudo saber que ya no era feliz
quizás por sobrevivir dejó su origen, para encontrar nuevos sueños y esperanzas
aunque por dentro su alma estaba desecha, y creía estar de pie sobre la nada.

El tiempo, como arena, se escurrió entre sus dedos, y ella no pudo detenerlo
entonces se dio cuenta que más que un amor eterno, tal vez necesitaba un amigo
porque su cuerpo olía a ausencia y soledad, y ya no le importaba nada, ni siquiera su destino
además, después de todo era casi una mujer, y dentro suyo sabía que tal vez no todo estaba perdido.

Cuando la encontré sentada frente al muro de los lamentos
pensé que aún rezaba, pero en realidad esperaba la muerte en silencio
entonces me miró con sus ojos de otoño, y me preguntó si debía yo ser su amigo
entonces la tomé de la mano, y para que olvidara su soledad, le mostré el comienzo de un sueño, naciendo en el infinito.




Amigo de su soledad.
Aspera Hyems Sinfonia.

Todos los derechos reservados.

©2000-2004

Sin pecado.

Sus ojos sin luz se cerraron sin haber visto la mitad oscura del mundo
su corazón perpetuo enfermó quizás de soledad, un ángel fue su testigo en el crepúsculo
entonces el sonido se hizo silencio y la ciudad que la vio crecer, la despidió con el perfume de la primavera
mientras manos crueles sellaban la tumba de una vida cruel e incompleta.

Algún mendigo recordó el nombre de sus padres, que también eran olvidados
y lloró al recordar su risa de niña, y sus manos sucias, pero libres del pecado
quizás por eso escribió su nombre en las paredes de la iglesia, como en un altar
para que nadie olvidara su esencia, y ella lo protegiera desde la eternidad.

Alguien me contó después de la ausencia, que ella había devuelto algún milagro
que su corazón ardía en el mismo fuego, y su alma se conservaba sin pecado
entonces en ese momento una estrella azul cruzó el cielo hacia otra constelación
y lo que los mendigos sufrían, fue olvidado cuando ella los acarició con las alas de su amor.




Sin pecado.
Aspera Hyems Sinfonia.

Todos los derechos reservados.

©2000-2004

Karelian.

Ella nació en la más fría cama de un sucio hospital, mientras su madre la abandonaba
entonces un mendigo decidió reparar sus sueños rotos, y quizás darle el calor de su alma
por eso la primera vez que la vi, sus ojos a pesar de ser jóvenes, reflejaban soledad
y el hambre de días interminables, que un plato de comida, no saciaría jamás.

Cuando los años la convirtieron en mujer, miles de hombres usurparon su cuerpo
hasta el día en que ella volvió a despertar en la fría cama del mismo sucio hospital
sólo que esta vez la muerte la aguardaba, con los brazos abiertos en las penumbras
mientras sus ojos se llenaban de lágrimas, y su alma moría en un instante, por falta de ternura.

El día en que ella cerró sus ojos para siempre, los mendigos tuvieron un motivo más para llorar
y hasta el cielo sintió en su esencia, a la muerte que no perdona y que nos lleva a la eternidad
entonces miles de manos y de almas, encendieron velas en el río, para que ella desde el cielo pudiera ver la luz
mientras su alma se acomodaba en una estrella, quizás en la más lejana de la Cruz del Sur.




Karelian.
Aspera Hyems Sinfonia.

Todos los derechos reservados.

©2000-2004

En el salón de la montaña del rey.

Ella nació cuando los mares aún eran de fuego, cuando los cielos lloraban sangre
pero su alma ya era vieja, como cansada de vivir, de respirar siempre el mismo aire
entonces sus ojos se abrieron al mundo, pero su corazón estaba como aferrado al pasado
y su frente sangraba por la corona de espinas, y su sangre pagana, resbalaba por sus manos.

Ella cruzó caminando su infancia, cuando los caballeros del rey aún buscaban su Santo Grial
después un amor que pareció eterno la convirtió en mujer, y le mostró el principio de la eternidad
entonces sus pies descalzos la llevaron a la tierra que le era prometida, lejos del pasado y del silencio
pero ella no quiso irse, y para ser una mujer santa, quemó sus ropas en el fuego.

Cuando ella llegó a los años de sabiduría, defendió su piel de los que no comprendían aún los colores
y se enfrentó a un mundo que ya no conocía, y le mostró como es igual el día de la noche
entonces comprendió que quizás ya estaba cansada de vivir entre tantas vidas y tantas sombras
por eso acortó el paso de su andar, y se detuvo en el tiempo, para poder descansar, sentada sobre las infinitas horas.

Cuando la muerte la encontró, ella estaba sentada en el salón de la montaña del rey
en sus ojos aún se veían las últimas estrellas que esta vez no pudo robarle el amanecer
entonces Dios convirtió su cuerpo en estrellas, así ella llegó a la Luna y se esparció por el universo
mientras sus ojos de luz iluminaban una constelación, y así observaba al planeta Tierra desde lejos.




En el salón de la montaña del rey.
Aspera Hyems Sinfonia.

Todos los derechos reservados.

©2000-2004

Belleza nocturna en una tierra moribunda.

Su corazón cansado se detuvo en el momento en el que ella dejó de amar
quizás porque le pareció ver su vida perdida, y ver como todos se van y sólo queda la soledad
y lo que ella conoció en el tiempo fue dolor, por eso el sol le pareció extraño y quizás lejano
entonces se sentó a esperar la muerte, mientras sentía como los minutos se escapaban de sus manos.

Antes de decirme adiós, me confesó que ya nada podría encender la flama de su vida
que había probado con palabras y olvido, pero que nada había podido cerrar su herida
entonces yo le mostré mis manos tantas veces golpeadas y hartas de la esperanza
ella las besó en señal de despedida, y me dijo que siempre había encontrado paz en mis palabras.

Miles de lágrimas cayeron de sus ojos de agua, miles de lágrimas que la hicieron mujer
pero no quería escuchar una canción de amor, que sólo le recordara cómo era perder
entonces emprendió su viaje hacia la eternidad, esperando encontrarse con alguna estrella
mientras yo me quedaba aquí, con su soledad, en el lugar más hermoso de la tierra.

Y quizás por el eco de su amor, que ella con un beso dejó en mis manos
yo dibujé su rostro en el hielo, para que todos pudieran verlo, incluso desde los más lejanos planetas
entonces desde el frío viento de la Antártida, percibí su perfume de rosas de piedra y helado silencio
mientras un cometa cruzaba las auroras boreales, para luego perderse para siempre en la eternidad.




Belleza nocturna en una tierra moribunda.
Aspera Hyems Sinfonia.

Todos los derechos reservados.

©2000-2004

Para los más oscuros ojos.

Su piel respiraba dolor y en sus huesos estaban los años de espera
donde ella por amor había perdido toda una vida esperando a la primavera
quizás por eso me confesó que quería sentirse viva, pero que no quería volver a sentir
para no lastimar su alma torturada, que era amiga del dolor y que había ovidado cómo vivir.

Sus manos aún temblaban cuando tocaron mi sangre, fría por demasiada soledad
entonces me miró a los ojos y me preguntó si alguna vez había visto la eternidad
quizás por eso recordé sus estrellas guardianas, sus manos y su tacto casi eterno
tal vez por eso le contesté que la eternidad se parecía a ella, por su belleza y su silencio.

Ella sonrió como hacía miles de años que ya no sonreía, e incluso se emocionó
recordó entonces que aún era una mujer, y que podía sentirse completa con mi amor
por eso la abrazé fuertemente, para no dejarla escapar, porque yo tambien la amaba
desde sus más oscuros ojos, y la más brillante luz que ahora irradiaba su alma.




Para los más oscuros ojos.
Aspera Hyems Sinfonia.

Todos los derechos reservados.

©2000-2004