miércoles, 18 de noviembre de 2015

La caza del hombre.

Durante doce años, Pedro había mantenido a su familia a través de un humilde trabajo de plomero, pero a sus treinta años le tocó vivir una época realmente difícil en la cual los precios de casi todo se habían disparado por una cruenta crisis económica que no daba lugar a salarios y oportunidades que compensasen los cada vez mayores costos de la vida.

Desesperado por su situación, cierta tarde lluviosa Pedro recorría los barrios adinerados de la ciudad, revisando las fundas de basura que la gente dejaba junto a los postes, todo con la esperanza de encontrar buenas botellas o algo que pudiese reportarle moderadas ganancias en el oficio de chatarrero que había tenido que adoptar para mantener a sus cuatro hijos y a su esposa, una mujer que a duras penas podía encargarse del hogar y los niños.

Mojado (si compraba paraguas, dejaba de traer el cartón diario de leche…), con las cucarachas trepándosele por los agujereados zapatos y el frío mordiéndole los huesos. “Este miserable soy yo, ¡¿Este miserable soy yo?!”, exclamó Pedro un poco fuera de sí, mirándose en un pedazo de espejo roto que acababa de cortarle la mano mientras hurgaba en una funda llena de latas vacías, cáscaras de frutas y algunos restos putrefactos de pollo, cerdo, y vaya Dios o el Diablo a saber qué más…

“Todo por un puto tarro”, murmuró Pedro en tono amargado tras tirar al suelo el trozo de espejo y tomar el grande y bonito tarro que yacía al fondo de la funda. Sonrió, por un instante sonrió; pero luego, al ver las calles despobladas (casi nadie andaba en la calle, pues llovía y era domingo), adoptó un gesto de insatisfacción y fue camino a la funda del siguiente poste, caminando cansadamente como el tipo frustrado e infeliz que era.

Sin embargo, antes de que Pedro empezase a hurgar en la siguiente funda de basura, escuchó el ruido de un coche y en cuestión de segundos una elegante limusina estaba a su derecha, casi detenida como esperando a que él se inmutase y viese qué querían decirle.

Hombre, ¿por qué la mala vibra? —preguntó el conductor de la limusina, un cuarentón rubio con gafas, camisa de flores abierta por arriba, pelo largo y una barba con forma de candado.

Míreme, cuatro hijos y toda esta pobreza.

Tranquilo, mi brother, tranquilo. Yo le ayudaré. Tengo un negocio jugoso para salvarle el pellejo, siempre y cuando esté dispuesto a correr riesgos.

¿Y qué riesgos son esos?

Su vida, amigo, su vida… —dijo el rubio y luego tomó una fundita aterciopelada que tenía cerca del volante, inhaló un polvito blanco y sonrío con una mezcla de socarronería y perversidad.

No joda, está usted mal de la cabeza —dijo Pedro tras salir de su asombro inicial.

Tranquilo, solo exageraba; además, estos bebés lo harán recapacitar —dijo el rubio sacando un enorme fajo de billetes que tenía en el bolsillo de su camisa.

¿Qué mismo quiere que haga? —preguntó Pedro con más tranquilidad, poseído por el aroma de los billetes.

Verá, tengo unos amigos que están más locos que El Guasón. A ellos les gusta perseguir gente en el bosque, jugando a la cacería con unas escopetas de balines. El problema es que esos balines duelen mucho, dejan unos moretones tremendos, y muchas veces sacan sangre. Lo bueno es que le dan quince minutos de ventaja para que corra o se esconda en el bosque. Si usted es buen corredor, no tiene de qué preocuparse, solo son cuarenta minutos los que tiene que sobrevivir. Usted y sus cazadores tendrán cronómetros en las muñecas, y los cronómetros sonarán cuando el tiempo se acabe. Le daremos 10.000 dólares por participar, y 50.000 si consigue evitar ser tocado por los balines. Aunque no se ilusione, porque aproximadamente solo una entre diez personas consigue evitar ser tocada por los balines. Pero si quiere lo entrenamos por una semana, así verá que somos de fiar. Esa semana de entrenamiento habrá comida gratis para su familia, y de la buena… ¿Qué más quiere? No sea tonto, anímese.

Vale

Después de aceptar, el rubio le indicó a Pedro un par de cosas más y, durante toda la semana de entrenamiento, realmente hubo comida gratis en la casa de Pedro. Podían pedir lo que quisiesen de comer, solo tenían que marcar el número de un tal “Mr. Black”: él se encargaría de todo. Pero eso sí: Pedro no debía comentar nada a nadie.

Pasados esos siete días, una noche, a eso de las ocho y quince, Pedro escuchó un pito y, cuando salió a ver quién era, se encontró con el rubio de pelo largo, otra vez con una camisa estilo hawaiano, y nuevamente con gafas, pero esta vez gafas rojas, iguales a las del protagonista de Natural Born Killer…

¡Pedriño!, ¿qué tal?, ¿listo para la odisea?

¡Gary!. Creí que ya no vendrían hoy. ¿Me esperarían un momento?

No hay tiempo, bro, no hay tiempo, aquí tenemos todo lo que necesitas. Sube ya.

Pedro se despidió brevemente y a distancia de su familia, entró por la puerta de la limusina que un calvo enternado acababa de abrirle, y se sentó a la par que saludaba. Estuvo en la limusina por casi una hora, hasta que llegó a una elegante casa, en la cual le ofrecieron una bebida deliciosa que lo puso a dormir. Cuando despertó, todo había cambiado:

Buen trabajo, Gary, buen trabajo. Aquí tienes los dos mil dólares que te prometí. ¡Hey, María! ¡Sí, tú! Trae a tus dos amigas. Gary ha hecho un buen trabajo y merece un poco de diversión. Allí en el escritorio de la habitación tienen porros de sobra. ¡Diviértanse! —dijo un hombre blanco muy gordo, de casi dos metros de estatura, blue jean con una camisa roja de seda, reloj de oro, varios anillos enjoyados y una intimidante máscara de gas.

El hombre que hablaba era el organizador del aterrador evento que pronto Pedro viviría. El lugar donde estaba era una hermosa hacienda de tres pisos, situada en medio de un bosque de pinos. En las paredes colgaban magníficos oleos, y todo habría estado bien si no fuese porque Pedro estaba atado en el piso, únicamente podía mover la boca… Y no era el único; ya que, en la sala de estar, otras siete personas estaban atadas de pies y manos, arrimadas junto a la pared.

Lo extraño era que ninguno de los rehenes parecía alguien de solvencia económica. Inclusive, entre los cautivos Pedro reconoció a un chatarrero que vio algunas veces por el barrio, aunque jamás le habló. Además de él, estaba otro hombre más y las otras cinco personas eran mujeres, con la llamativa particularidad de que todas vestían provocativamente y tres de ellas poseían cuerpos voluptuosos.

Ustedes han venido aquí a sufrir. Su elevado grado de estupidez les ha hecho dignos y dignas de la muerte. Dos chatarreros, un mendigo de mierda y cinco rameras que a nadie le importan. Yo sé que sufren, pero hoy serán libres de sus patéticas vidas. Van a morir, uno a uno. A cada uno le llegará su turno, los números ya están echados. ¿Ven esa pantalla y esos altavoces? En los altavoces oirán gritar a la víctima, ya que le pusimos micrófonos diminutos. En la pantalla verán correr, sufrir y morir a uno o más de sus compañeros. Solo el primero o la primera no verá a nadie. No se sorprendan si ven todo raro, es cámara infrarroja, filmamos desde un helicóptero… Me vale si no saben qué es “infrarroja”. Unos captarán qué es qué, otros no. Sí, somos dioses, cagamos dinero, compramos nuestro propio helicóptero y compraremos al Diablo y a su infiernucho cuando estemos allá… ¡Hey, tú, Juan, ven aquí!

Dígame, Padrino.

Toma a la primera de estas alimañas, duérmela, ponla en el bosque y llama a los invitados. Diles que vengan con sus perros, que traigan sus máscaras y su rifle, pistola o escopeta predilecta. Diles que nada de metralladoras, que descalifico al gilipollas que me traiga una de esas. ¡Vamos, ve ya!

Tiempo después, a las doce en punto de la noche, sonó un disparo y la pantalla grande se prendió, mostrando la imagen de Lilia, una de las cinco chicas rehenes. Fue algo espantoso: ella inicialmente había tomado gran ventaja, y cualquiera supondría que escaparía, pero de pronto se detuvo, como si una barrera invisible le impidiese pasar. Después empezó a correr de manera extraña, describiendo un enorme círculo según mostraba la cámara del helicóptero. ¿Qué sería eso?… Por ahora, solo lo sabían los captores, y de ello no dirían nada a los rehenes, porque deseaban que cada uno lo descubra por su cuenta. Y así sucedería con Pedro, quien sería el penúltimo de los rehenes en sufrir la persecución del bosque, exactamente a eso de las cinco de la madrugada, con el corazón encogido tras observar el destino que padecieron sus compañeros, y con los sentidos alerta por la cocaína que le obligaron a consumir para que pudiese correr bien, provisto únicamente con una linterna incorporada en el casco, un puñal y un machete…

Eran las cinco de la madrugada cuando Pedro oyó el disparo inaugural y empezó a correr. Corrió como nunca lo había hecho, tropezando algunas veces pero levantándose rápido a pesar de la sangre y los raspones. Sin embargo, pasados quince minutos, sonó un segundo disparo, indicándole que sus cazadores habían empezado a buscarlo…

Con el corazón queriendo salírsele del pecho, Pedro avanzó más y pronto vio una cerca de alambres, pegada a ras del suelo y con unas púas como nunca antes las había visto… Pese a los nervios, velozmente rebobinó lo visto en la pantalla, y entendió que la cerca de alambres formaba una especie de círculo que solo se habría en la frontera de más de cien metros que tenía con la hacienda… Estaba atrapado: no podía avanzar y, si volvía, lo mataban de seguro. Por un momento pensó en bajar la cerca golpeándola con el machete, pero se dio una dolorosa sorpresa al ver que era eléctrica… Así, solo se le ocurrió trepar a un pino, pero descartó la idea porque el olfato de los perros lo localizaría. Miró a un lado y otro sin saber qué hacer, esperando a que una idea relumbrara en su enervado cerebro… “Debo cavar”, pensó Pedro tras unos diez segundos, y entonces sacó el machete, se acercó a la cerca y comenzó a cavar.

Cinco minutos después, Pedro oyó que los perros ya estaban cerca, pero su agujero aún no era suficientemente profundo como para pasar sin riesgos. De todas formas intentó cruzar, apareciendo en el otro lado con la espalda ensangrentada y las marcas de aquellas descargas eléctricas que, afortunadamente, no eran suficientemente intensas como para matar.

Estando ya del otro lado y a unos diez metros, Pedro vio que un dóberman se estaba metiendo por el hueco que él hizo, y aterrado tomó una piedra y se la lanzó, pero el dóberman, pese al piedrazo, corrió furiosamente hacia él, aunque Pedro logró cortarle la cabeza de un machetazo, ya que el perro estaba entorpecido por el piedrazo. Sin embargo, cuando hizo esto, dos perros más estaban a punto de meterse, y Pedro se desesperó y se trepó a un pino, sorprendiéndose de sí mismo puesto que nunca antes había trepado a un árbol…

Arriba del pino y con las manos ensangrentadas, Pedro estuvo como media hora, escuchando a los perros que ladraban sin cesar al pie del árbol, esperando a que él cayese para devorarlo cual si fuesen tiburones… “¡Eres un héroe!, ¡pasarás a la historia!, ¡te recordaremos siempre en nuestro club, Pedro!”, le gritó uno de los cinco cazadores que lo contemplaban desde hace cinco minutos al otro lado de la cerca.

“¡Te subiremos a internet, cabrón!, ¡te harás famoso!, ¡vivirás por siempre!”, exclamó tras unos diez segundos el mismo cazador, solo para apuntarle con el rifle y volarle la mano derecha. “¡Piedaaad!”, gritó llorosamente Pedro desde el árbol, contemplando con horror su mano hecha añicos. “¡La piedad es de Dios, Pedro, de Dios!”, exclamó el cazador, dándole otro disparo más, esta vez en el pie izquierdo.

Como respuesta al segundo disparo, Pedro se limitó a proferir un mero alarido de dolor, y luego, con su brazo izquierdo, se aferró aún más fuertemente al pino, y permaneció así por cinco minutos, sollozando y a la vez extrañado de no oír más gritos o recibir más disparos. No obstante, de pronto oyó una detonación y sintió un dolor infinito, monstruoso, un dolor más allá de las palabras… Era la punta de su nariz, que acababa de volar en mil pedazos tras un disparo escalofriantemente preciso… Segundos después escuchó otra detonación aún mucho peor, formada por tres disparos simultáneos: eran los cazadores con escopetas, que acababan de enviarle una lluvia de pequeños perdigones, perdigones que le llenaron la carne de agujeros, le nublaron la vista y, sin quitarle la vida, lo hicieron caer al suelo, donde lo último que oyó fue los ladridos de los perros, y lo último que sintió fue una multitud de pequeños y afilados colmillos, clavándose en sus piernas, en sus brazos y en su cara; desgarrándole la poca vida que aún fluía por sus venas, toda maltrecha y decadente, como un velero que, con el mástil caído, se mece en la tempestad esperando el consolador naufragio de la muerte…

ACLARACIÓN: El relato de arriba no es la leyenda como tal sino una dramatización y ejemplificación de la leyenda en una historia concreta, cosa esta que se ha hecho debido a lo simple y pequeña que es la leyenda como tal, la cual no es sino la creencia más o menos difundida en varios países, de que entre los ricos existe un deporte oculto, sádico e ilegal: la cacería de personas. Así, se piensa que hay ciertos clubes secretos de gente adinerada, y que muchas desapariciones de personas, particularmente de los menos protegidos por la ley como son los mendigos y las prostitutas, se explicarían con la creencia de que esos clubes secretos tienen gente que se encarga de buscar víctimas propicias y de ofrecerles enormes sumas de dinero para que participen como presas en el deporte de la cacería humana, aunque siempre dándoles vanas esperanzas de que pueden sobrevivir, o engañándoles con la idea de que participarán en algo diferente, o en algo similar pero no mortal, tal y como podría ser el escapar de cazadores que, en lugar de balas reales, tienen balines. Por último, podemos decir que existe una variante nada macabra de esta leyenda, la cual dice que, en Las Vegas (uno de los pocos lugares de USA en que se acepta la prostitución), hay un deporte en que los participantes cazan a mujeres desnudas, solo que con municiones tipo paintball, a fin de que no les pase nada a las chicas, y de que se pueda constatar (por las manchas en el cuerpo de la presa) si ésta fue abatida por el cazador, quien podrá tener sexo con la presa si consigue abatirla, aunque en teoría eso no es tan fácil y, además el cazador debe pagar para intentarlo…

La marcha de los muertos ahogados.

Mucha gente sabe que el agua tiene propiedades muy especiales,
unos dicen que es un elemento que logra recoger energías negativas y otros le atribuyen diferentes propiedades. Lo cierto es que yo quiero cerrar este ciclo con un juego, uno que es inofensivo pero tienes que aprender a hacerlo.

Y nuevamente quiero decirles que yo no me voy a responsabilizar si algo sale mal, así que escucha con atención. No oigas , escucha que es distinto.

Tienes que tener una bañera, llénala y asegurate de estar solo o sola , por lo menos en el cuarto de baño, recoge tu pelo hacia atrás y sumérgete , pero procupa que tanto tus ojos como tus oidos estén debajo del agua, mas no la boja y la nariz, para que
puedas respirar ya que vas a tener que estar mucho tiempo.

Cierra los ojos y espera y espera y espera… quizás esto
ya lo hayas escuchado antes mientras tú estabas debajo del agua, ya sea en tu propia bañera o en una piscina, no todos lo
pueden escuchar, solo personas “especiales” que a veces no saben que son especiales ero de este tipo de gente hay,
solo que son un porcentaje pequeño. Vas a escuchar ruidos etraños debajo del agua, ¿ Alguna vez has escuchado ruidos debajo del agua?

No que hacen otras personas sino que vienen del fondo quizas un ” tack ” o un ruido extraño, como si alguien
hubiera dejado caer una piedra , pero no desde la superficie , si no abajo en el fondo. Algo que se mueve
pero algo rocoso , si tu haces este juego y tienes la paciencia suficiente y eres un poco más “sensible” , vas a empezar a escuchar. Estos ruidos pertecenen a los muertos, el portal se va a brir poco a poco , vas a escuchar pimero estos pasos con suavidad
pero poco a poco se van a hacer mas fuertes y mas fuertes y mas fuertes…

Dicese que son los ruidos que hacen todos aquellos muertos que se ahogaron , y que estan marchando para recibir a otro
de los suyos, obviamente esto que tu estas haciendo es un engaño , ellos saben que has pasado mucho tiempo debajo del agua,
pero no que estas respirando. Esta es la segunda razon mas importante por la cual tu debes tener la nariz y la boca
fuera del agua para que respires. Vas a escuchar ruidos muy fuertes en determinados momentos. Pero hagas lo que hagas no te sumergas
completamente debajo del agua. PROCURA ademas tener todos tus sentidos alerta, no quedras sufrir un accidente
sumergirte por completo ,ahogarte y unirte a la marcha de los muertos ahogados.

El ritual del silencio.

Primero que nada te quiero hacer una pregunta: ¿te has puesto a pensar en cómo cambiar tú vida?. Apuesto que sí, pero no importa, te quiero enseñar un pequeño ritual para poder pedir algún deseo que cambie tu vida de por vida, pero te advierto que si realizas este ritual no, tu vida no volverá a ser la misma, no solo tendrás tu deseo, sino que también, desde ese momento, siempre estará junto a ti “eso”.

Estos son los pasos:

1.- Busca en alguna noche, un lugar donde estes seguro que nadie te molestara por un buen rato

2.-Enciende una veladora y dí en voz baja:”oh señor de la tinieblas, oh amo de mi alma, oh grandioso destructor de la vida responde al llamado de uno de tus pobres dicipulos.

3.-Luego mantente en silencio por unos 5 minutos dí: “oh señor ahora que escuchaste mi llamado te pido de que me muestres tu hermosa voz”

4.-Enseguida empezaras a escuchar los peores sonidos que jamas has escuhado, desde el llanto de bebes hasta el lamento de personas siendo torturadas y al oir esto deberas permanecer en slencio o de lo contrario se te rebentarán los timpanos y moriras.

5.-Una vez terminados los sonidos podras pedir tu deceo y se te cumplira en un plazo menor a 72 horas, pero ahora cada vez que no oigas ruido oiras los mismos sonidos del ritual.

Ahora que has leeido esto deberas hacer el ritual en menos de 72 horas o de lo contrario te quedaras sordo y moriras en menos de un año.

Atormentado por los pájaros.

Me arrepiento de mis acciones, lo juro, me odio por no pensar bien, desearía arrancarme el cabello con mis propias manos. Dejaré mi último aliento en este vídeo de webcam, donde les contaré lo horrible de lastimar a una criatura pacífica, que terminó atormentando con un buen castigo merecido, y ojalá me perdone el espíritu de aquella túnica desgarrada.

Yo con 12 años, me gustaba agarrar mi resortera y canicas, a veces son de acero, para ir a cazar pájaros, porque lo hacía? Bueno, era lo mismo de porque robamos. Era una enfermedad obsesionada para matar animales indefensos. Me infiltre en un monte enorme, donde podía encontrarme con cualquier especie de aves como. Tijereteas, palomita picuí, tero, etc.

Era el monte más oscuro y más bello en el que a diario me infiltraba para lo que eh mencionado antes. En una rama, vi uno, estaba comiendo los frutos que contenía esa rama, decidí alzar mi resortera y apunte contra el ave, dispare y le di justo en la cabeza, que era increíble ver como se destrozaba en mil pedazos los sesos, pero no me serviría como mascota, seguí en busca de otro.

Seguía caminando en el inmenso monte, hasta que llegue a una laguna y me encontré con un tero, apunte con seguridad, para no matarlo de nuevo, y justo me dio un ataque en el estómago que dispare mal, le di en una de las patas del tero, le acababa de romperla por completo, el tero volaba desviadamente y chillando de dolor, esto duro 5 minutos hasta que se calló en la laguna, flotando perdió la vida, por supuesto a mí no me importaba nada. El dolor de estómago que me dio, era de hambre, me retire para almorzar en mi hogar.

Luego de comer, me sentía algo de incomodidad, como si mi cuerpo quería arrancar mi alma. Eran las 9 de la noche, estaba en el monte para seguir cazando, me fui con una linterna, porque a esta hora están muchas aves en sus nidos, y aprovecharía de cazar uno. No tenía miedo en andar solo en el monte, porque muchas veces me quedaba en este monte a acampar para cazar pichones y aplastarlos con piedras.

Justo al subir en un árbol, veo un nido donde podía ver 5 pichoncitos, como soy tan travieso agarre alcohol y un fosforo, con estos artículo, coloque el alcohol y encendí el fosforo quemando a los pichones, y justo venia la madre del nido, e intentaba salvar a sus crías. Yo estaba abajo, en ese entonces levante mi resortera y dispare con una munición de acero, dándole en el tórax. Cayó al piso y seguía viva, lo levante y me fui para mi caza.

Entre a mi habitación, cogí una caja y lo puse en ella, estaba contento porque era la novena vez que cazo un pájaro sin que muriera del impacto con la munición. De tanto esfuerzo, me acosté y caí en un sueño que no olvidare.

Soñé, que estaba en el monte, era de día, no veía el sol, estaba completamente solo sin ningún objeto en mis manos, estaba pensando en el ambiente, estaba muy denso casi de ahogarse. Pero sucedió algo, oscureció el escenario y el cielo se volvió gris, estaba muy asustado pero muy asustado, no me podía mover, estaba desesperado, sentía que algo venia hacia mí, lo sentía atrás mío, luego giraba solo lentamente mi cuerpo, estaba llorando y rezando para que no me pasara nada y no viera algo horrible, pero fue así.

Al girar mi cuerpo, vi un muchacho, con una sombra que llevaba como ropa, sus ojos estaban oscuros, no podía ver sus ojos, no sé, tenía algo raro al ver sus ojos, pero no es todo, su boca estaba arrancada, y quedaba mostrando esos dientes muy infernales.

Empezó hacer cosas que me quedara clavado en la mente. Esa cosa agarro su mandíbula, y empezó a estirarla hacia abajo, se escuchaba como crujía, y gritaba de dolor que me aturdía mis oídos. Su mandíbula quedo estirada hasta su cintura, y luego algo feo hiso que sentí de verdad. Los dedos de sus manos, se alargaban que estaba llegando hacia mí, esos dedos se metieron en mi boca que grite de un dolor peor que el cáncer y romperse la pierna.

Desperté de ese sueño, no ha amanecido todavía, eran las 3 de la mañana, pero me negué en dormir de nuevo. Al otro día estaba enfermo, estaba vomitando todo el día, me sentía con mucho calambre en el estómago, pero algo me sucedió. Al vomitar, vi palitos blancos, me seque los ojos y vi bien, que eran huesos de pájaros, me estaba volviéndome loco. Me acorde del pájaro que estaba en la caja, me fui a ver y me encontré con la cabeza del pájaro, sin el cuerpo.

Todas las noches sueño con pájaros comiendo mi cuerpo, pero siento el dolor, todas esas noches se despierta mi madre para ver que me pasaba, porque ando gritando dormido, pero gritos de dolor.

Así es como estoy condenado, por esas cosas que hacía a esa edad, ahora tengo 19 años, Empeora al paso del tiempo, escucho chillidos de los pájaros que maté. Ya no merezco vivir.

Muñecas de porcelana.

Lo que estoy por contar es una leyenda urbana que se esta haciendo muy famosa últimamente en las calles; tiene que ver con esas muñecas de porcelana que todos conocemos, casi en cada casa existe una, o por lo menos una en cada familia, estas muñecas eran muy populares hace varios años y siempre han estado acompañadas de muchos mitos y leyendas, sobre todo por su aspecto, ya que reflejan cierta humanidad en ellas, tan solo ver sus ojos o su cara refleja cierto temor a quien las ve ya que por lo mismo pensamos que en cualquier momento puede cerrar los ojos, mover una parte de su cuerpo o incluso hablar.
Estas muñecas han provocado miedo desde hace muchas generaciones, existen muchas películas, cuentos e inclusive libros de ellas, ni hablar de leyendas urbanas donde se incluyen este tipo de seres.
Esta leyenda urbana es mas bien parecida a los rituales de “Blind Maiden” o “Baby blue” ya que es, en efecto, un ritual donde se convoca a un espíritu o “ser” que hace que dicha muñeca cobre vida y responda preguntas.
Lo primero que se tiene que hacer es, obviamente, contar con una de estas muñecas de porcelana, pero no cualquier muñeca, debe tener ciertas características especiales, primero debe tener el cabello negro y largo, completamente lacio, ojos de color obscuro, ya sean cafés o negros, nada de colores claros, debe contar con un vestido de color rosa o blanco, no importa el color de piel, aunque normalmente dichas muñecas son de “piel” clara.
Una vez que se tiene a la muñeca, lo siguiente es tener un espejo donde se pueda reflejar dicha muñeca, una vela, no importa el tamaño o color, y en este ritual a diferencia de los demás no es necesario tener las luces apagadas, pero tiene que ser a las tres de la madrugada, cuando la obscuridad esta en su mayor auge, se pueden tener las luces apagadas si se desea, esto ocasionaría un efecto mas rápido pero al final seria el mismo.
Primero debes empañar el cristal, después colocarlo en algún sitio donde la muñeca pueda reflejarse justo frente a el, con una separación no mayor a los 10 centímetros, enciende la vela al lado derecho de la muñeca y recita las siguientes palabras:
“ Te hago un llamado para que despiertes, levantes tu cabeza y tomes posesión de esta bella muñeca, y también quiero que escribas en el espejo la respuesta de todo aquello que te sea preguntado a cambio de vivir por esta noche en ese cuerpo”
Después de recitar estas palabras la vela deberá ser apagada con tus dedos, no soples porque si lo haces será en vano todo lo que has hecho hasta ahora.
Ahora solo tendrás que esperar, te darás cuenta cuando puedes iniciar a hacer preguntas ya que la temperatura de la habitación comenzara a descender de manera repentina, debes saber que este ser no es omnipotente, únicamente puede responder preguntas sencillas, no te revelara tesoros escondidos ni te dirá el secreto del universo, solo responderá preguntas de tu vida o de la vida de las personas que han tenido algo que ver contigo, puedes preguntar cuanto quieras, las respuestas serán escritas por un dedo invisible en el espejo empañado.
Cuando hayas terminado tendrás que encender nuevamente la vela hasta que se consuma por completo y no quedarte dormido hasta que esto suceda, si lo haces puede que sufras heridas que son provocadas por el espíritu que te visito.
Esta de más decir que no muevas a la muñeca ni un centímetro al igual que el espejo ya que podría suceder lo mismo que si duermes.
Cuando esto termine lo recomendable es desacerté de la muñeca aunque puedes seguir utilizándola con este mismo fin varias veces.
Solo recuerda que no es cualquier cosa con la que se esta jugando aquí y si haces enojar a este espíritu preguntando cosas que no sepa o preguntando noche tras noche puedes lograr enfurecerlo y eso te ocasionara muchos problemas, ahora si decides conservar la muñeca deberás recordar que ya no es una muñeca simple y sencilla, ahora… tiene “vida” puede verte, puede escucharte e incluso puede conversar contigo en casos muy especiales, así que te recomiendo deshacerte de ella para que no te vuelvas loco o loca.

El cura sin cabeza.

En una capilla perteneciente a un pueblo norteño de Argentina daba su habitual misa el Padre Miguel. Párroco de la misma desde hacía mucho tiempo, y muy querido por los pocos habitantes que vivían en ese pueblo, que a pesar de ser muy chico, su cálida gente no dejaba de concurrir todos los domingos en la capilla para participar de la misa que él mismo llevaba a cabo.

Como dicen comunmente: pueblo chico, infierno grande y les explicaré porqué…

Se comentaba que el gran Padre tenía una amante que todos los viernes, cuando su marido (el albañil del pueblo) iba de cacería al monte y sabiendo que no volvería hasta el día siguiente, se dirigía hacia la capilla y pasaba la noche entera con el Padre Miguel. Quien se había enamorado perdidamente de ella aún sabiendo que la mujer era casada y peor aún, sabiendo que estaba cometiendo el peor pecado desde que entregó su vida a Dios. Pero el secreto debía guardarse bajo siete llaves porque ambos sabían los riesgos que corrían si alguien se enteraba de la relación que tenían.

Durante mucho tiempo tuvieron su nido de amor, todos los viernes ella esperaba que se fuera su marido, preparaba sus cosas y se dirigía rumbo a la capilla ansiosa por ver a su amante y pasar la noche junto a él.

Pero al cabo de un tiempo el secreto guardado bajo siete llaves se escapó y comenzó a correr el rumor de que la sra del albañil misteriosamente acudía a la capilla los viernes por la noche cuando se quedaba sola, aún sabiendo que a altas horas de la noche la capilla ya estaba cerrada para todos, y sin embargo entraba por un costado donde daba a la habitación del Padre Miguel y hasta el amanecer no se retiraba.

Obviamente el rumor llego a oídos de su marido quien no le dio importancia al principio, pero luego como se empezó a correr por todo el pueblo prestó más atención y quiso sacarse la duda prometiendo que si era cierto los mataría a los dos.

Era viernes por la mañana y comenzó a preparar todo como era costumbre para irse al monte de cacería ni bien anochezca, le preguntó si quería que esa noche se quedara con ella teniendo en cuenta que todos los viernes la dejaba sola pero solo lo hacía para ver que respuesta obtenía de su esposa, ella le contestó que no, que se fuera tranquilo, que cenaría algo y se iría a la cama temprano porque se sentía cansada. Todo transcurrió con normalidad durante la tarde, llegado el momento alistó sus cosas, le dió un beso a su mujer y salió con rumbo al monte como todos los viernes.

Ella esperó unos minutos y comenzó a cambiarse, también como todos los viernes, iba a encontrarse con su amor secreto, al menos eso creía, que aún era su amor secreto.

Salió con destino a la capilla donde la esperaba el Padre, cuando llegó golpeó dos veces la puerta como de costumbre y nadie salió, volvió a golpear con insistencia y la puerta se abrió sola como si alguien ya le hubiese quitado la llave. Entró y llamó a Miguel ya con una extraña sensación de que algo no andaba bien, miró hacia la otra puerta que comunicaba directo a la capilla y ésta se abrió de golpe, pero para su sorpresa no era el Padre quien entró con violencia sino su marido que luego de haber asesinado al Párroco, de un solo salto se le abalanzó sobre su cuerpo y la empujó contra la pared, ella cayó al suelo inconsciente; luego la levantó y la llevó hasta el monte donde cavó un profundo pozo y la enterró viva, no murió del golpe que se dio en la cabeza sino asfixiada cuando la enterró para que sufra más, por lo que le había echo. Al Padre previo a que ella llegara a la capilla le había cortado la cabeza con un machete que solía llevar en su cacería.

Cabó otro pozo al lado de donde había enterrado a su mujer, se dirigió nuevamente a la capilla y sacó el cuerpo del cura para luego enterrarlo uno al lado del otro. Hizo una cruz con un pedazo de madera y lo clavó justo en el centro de los dos, se cortó la punta del dedo y con su propia sangre escribió en la cruz “TRAIDORES”.

Pasaron muchos años, pero aún queda en el pueblo la historia de aquella época del cura y su amante que fueron asesinados a sangre fría, y dicen por ahí que si pasas por el lugar a altas horas de la noche puedes ver al Padre Miguel caminando por el monte en busca de su cabeza y buscando venganza con toda su furia contra todo aquel que encuentre en su camino.

Hilario y el Diablo.

Cuenta la historia que en un pueblo argentino llamado Angastaco vivía don Hilario y su familia: su mujer y sus siete hijos en su humilde pero acogedora casa. Llevaba una vida tranquila y dentro de todo feliz. Tenía algunas hectáreas y trabajaba la tierra para alimentar a su familia. Pero éstas tierras hacía mucho tiempo no le daban la cosecha suficiente debido a que estaban secas y eran difíciles de sembrar, por lo tanto la siembra no era la que se esperaba y sólo vivía de eso él y su numerosa familia.

En el norte existen algunas creencias poco habituales para la gente de la Ciudad que tienen que ver con el Diablo, espíritus y apariciones, las cuales el mismo Hilario conocía porque era un hombre de campo. Cansado de trabajar sus tierras sin el resultado esperado se dirigió al monte, se sentó en una gran piedra y comenzó a llamar a Lucifer (se dice que si haces ésto el mismo Diablo se hace presente ante tu llamado), y así fue.

Tanto insistió llamándolo que al cabo de un rato Lucifer se hizo presente ante sus ojos y le dijo:

-¿Qué deseas?
– Deseo que mis tierras empiecen a darme las cosechas que hace tiempo no me dan por la sequía, que las cosas comiencen a irme mejor a mi y a mi familia que vivimos de esto, contestó Hilario… es por eso que he acudido a tí sabiendo que puedes ayudarme en lo que necesito.
– Puedo hacerte un hombre rico por el resto de tu vida, puedo hacer que de la noche a la mañana todo cambie para tí y tu familia, puedo darte fortuna y poder pero no me pidas que solo arregle tus tierras, no hago las cosas a medias ni de a poco, o eres rico o eres pobre, tu eliges. Pero tendrás que sacrificar algo a cambio.

Hilario agachó su mirada pensativo y el diablo como lo vio dudar le dijo:

– Cuando lo decidas llámame de nuevo y vendré a complacerte.
– Espera! Se adelantó el pobre campesino, – está bien, quiero ser rico,¿qué quieres a cambio?.
– Quiero que me entregues el alma de tu hijo primogénito.
– Desde luego que no, toma la mía no puedo darte a mis hijos.
– Lo siento pero ese es el trato o nada.

Hilario se sintió por primera vez entre la espada y la pared y luego de un rato de discutir con el diablo aceptó el pacto.

– De acuerdo, dijo Lucifer…a partir de mañana tu vida cambiará para siempre.

Dicho ésto desapareció y el hombre quedó solo en el monte con su angustia por haber entregado a su hijo a cambio de fortuna. Al cabo de unas horas regresó a su casa con su familia sin hacer un comentario para ver que pasaba con el siniestro trato que había hecho nada más y nada menos que con Lucifer.

A la mañana siguiente Hilario sale al monte de cacería llevando a su hijo con él sabiendo que debería cumplir su parte del trato y que el pequeño ya no regresaría a su casa, luego de unas horas regresa sin él a y su señora le pregunta que pasó con su hijo a lo cual contesta que lo perdió y no lo encontró más, que seguramente pudo haberse ido barranca abajo por el río, la señora desesperada llama al resto de sus hijos y les pide que se dirijan todos al monte a buscar a su hermano, todos salen a buscarlo durante horas pero nunca aparece por lo que ya no insisten pensando que una desgracia ocurrió con él.

A su vez las tierras comienzan a dar sus frutos y la fortuna cambia la vida de toda la familia a pesar del dolor por la desaparición de su hijo.

Viendo ésto Hilario comienza a comprar ganados y a trabajar también con sus animales para ganar más dinero. Los estancieros de la zona se dan cuenta de ésto y quieren comprar las tierras de la familia pero Hilario se niega sabiendo que por primera vez comienza a disfrutar de su fortuna.

Cierto día trabajando como de costumbre en su campo se le aparece nuevamente el diablo, él se asusta y le pregunta que quiere a lo que el diablo le contesta:

– Veo que estas disfrutando de lo que te dí, vine a pedir mi otra parte del trato.
– ¿Que otra parte?, ya cumplí con lo que me pediste cuando cerramos nuestro pacto.
– ¿Crees que un alma es suficiente para tanta fortuna? eres rico por el resto de tu vida y aún puedo darte más pero necesito otro de tus hijos y me voy conforme.
– Ni lo sueñes, ya hicimos el pacto y ésto no era parte del acuerdo.
– Si no quieres tendré que quitarte todo lo que te he dado, sería una pena que tu familia vuelva a la pobreza y a la miseria por tu culpa.
– Ya no voy a entregarte el alma de nadie, de nada me sirve la fortuna si no tengo a mi familia completa, aún me pesa la muerte de mi hijo, vete de aquí y ya no regreses.

Lucifer se retira con un gesto malévolo sabiendo cual sería el destino de Hilario por no acceder a su pedido.

Pasaron los días y la tierra comienza a secarse nuevamente, la cosecha ya no sirve, los animales comienzan a morir de a uno y se pierde todo lo que le había llegado de golpe.

Hilario comienza a enloquecer, siente en su mente la risa macabra del diablo que disfruta de su fracaso y de su vida miserable, y en un acto de locura comienza a matar uno a uno a sus hijos y a su mujer y termina suicidándose…


…Los lugareños se enteran que la casa en la que vivía la numerosa familia de Hilario está deshabitada y quieren usurparla aprovechando que ya nadie vive en ella ni hace uso de sus tierras, una familia habita la casa y pretende trabajar la tierra donde Hilario sembró durante mucho tiempo para darle de comer a su mujer y sus hijos, esa misma tierra que le dio sus frutos mientras pactó con Lucifer un acuerdo que lo llevó a la muerte.

Todos sabían del pacto con el Diablo, todos sabían de estas cosas porque era habitual en los pueblos norteños, sin embargo acostumbrados a esto les restaron importancia al asunto.

Desde luego que la misma familia que pretendía sacar rédito de la casita de Hilario y sus tierras no consiguió hacerlo debido a que las tierras seguían secas y en la casa se escuchaban lamentos y gritos escalofriantes durante todo el día y tuvieron que abandonar la casa y las tierras debido a que era imposible vivir ahí.

Más adelante otros lugareños quisieron hacer lo mismo y corrieron la misma suerte que los anteriores, nunca nadie pudo aprovechar la situación de abandono de la casa y sus tierras por lo que hasta el día de hoy sigue deshabitada y todos los que llegan desde otros lugares pretenden conocer la historia y el lugar donde ocurrió semejante desgracia.

Dicen que aún se escuchan gritos, lamentos y discusiones si te acercas a ella y también puede escucharse en el monte la voz de don Hilario llamando al Diablo para hacer un pacto con él, el mismo pacto que lo llevó a la muerte.

La fuente de los deseos.

Existe la tradición de estas famosas fuentes en prácticamente todo el mundo, son fuentes pequeñas donde la gente suele arrojar monedas y pedir que algún deseo se cumpla por arte de magia.

Son tradiciones que muchos suelen seguir pero en realidad muy pocos creen y solo suelen seguirlas por diversión, pero a veces todas las leyendas tienen un poco de verdad, existe una de estas fuentes que en verdad cumple los deseos de las personas, pero no por una moneda, ni por cien de ellas, así fueran de oro, esta fuente exige algo mas, exige un costo mas elevado para cumplir una petición de alguien, si la cumples podrás tener lo que desees.

Pero ¿Cuál es el precio que esta fuente exige? Pues bien, no es nada simple de conseguir, consiste en arrojar 3 objetos y una gota de tu sangre, los objetos requeridos tienen que ser arrojados a la fuente en cierto orden y pronunciando ciertas palabras después de arrojarlo.

El primer objeto que debe de ser arrojado a esta fuente es una paloma blanca, ciertamente el objeto más fácil de conseguir, tras arrojar este animal, muerto obviamente, se tienen que pronunciar las palabras:

“Te entrego un ser que era libre y ahora esta preso a ti y de las manos de la muerte”

El segundo objeto es un diente de un ser querido, arrancado con tus propias manos, este es el objeto más importante porque con el demuestras que en verdad quieres que los deseos sean cumplidos, tras arrojarlo debes de pronunciar las siguientes palabras:

“Te entrego este diente en prueba de que soy capaz de cualquier cosa por tener lo que deseo”

El tercer objeto es una flor blanca, pero no cualquier flor, esta debe ser cultivada y cuidada por la persona, además de que todos los días debe de hablar con ella y contarle sus mas obscuros secretos, sus pecados, sus pesadillas y sus mas grandes temores, al final el día que esta se encuentre mas radiante y hermosa se le debe de arrancar del suelo con todo y sus raíces.

Esta flor debe ser arrojada después de la paloma y el diente pronunciando las siguientes palabras:

“Te entrego mis miedos liberados, mis pecados ocultos, mis tristezas aliviadas, mis secretos mejor guardados y mis sueños mas profundos”

Inmediatamente después de esto debes pinchar tu lengua para que esta sangre y arrojar una gota de esta al agua de la fuente, al momento deberás pedir tu deseo en voz alta y con la mirada fija en el agua, tras hacer esto darás media vuelta y caminarás hasta tu hogar, irás a tu cama y te recostarás, cerrarás los ojos y dormirás durante un día entero… al despertar tu deseo se habrá cumplido sea cual fuese.

Ahora te estarás preguntando en donde esta dicha fuente ¿no? Pues veras, su ubicación es desconocida, se encuentra dentro de un bosque, quizás en una gran ciudad, en la mansión de un millonario, en el parque cerca a tu casa o incluso en tu propia calle, nadie sabe a ciencia cierta donde se ubica esta fuente.

Lo único que diferencia a esta fuente de otras es que el agua que ingresa a ella proviene de la boca de una serpiente.

El roble encadenado.

Era una fría noche de otoño del año 1821, y el conde de Shrewsbury regresaba a casa en su carroza, cuando de pronto un anciano de aspecto zarrapastroso y barba gris se le cruzó en el camino, como solicitándole que detuviese la carroza. ¿Quién sería aquel vagabundo que osaba importunarle?, se preguntó el conde mientras miraba con desdén al viejo, que le extendía la mano mientras, guiado por una mezcla de vergüenza y pesar, hundía la mirada en el suelo.

Al parecer, el anciano quería una moneda, y esto molestó bastante al conde. Detestaba a los mendigos, así que sólo se quejó e hizo un gesto de asco y negación; pero, en lugar de callar, el viejo se indignó y, señalando a un roble que estaba muy cerca, dijo con voz ronca y tono solemne: “Por cada rama que caiga de este viejo roble que aquí yace, un miembro de tu familia morirá”… Como era de esperarse, el conde solo se enfadó más ante la maldición del mendigo, pero obedeció a su sentimiento de superioridad y se marchó sin decirle nada.

Mientras volvía a casa, la llovizna que antes caía se transformó en una lluvia furiosa, en medio de la cual el viento rugía, las gotas caían como clavos de cristal, y los relámpagos hacían palidecer el firmamento, seguidos por el sobrecogedor sonido de los truenos. Intentando guardar la calma, el conde se dijo que, todas las posibles sospechas de que el clima fuese un indicio de que la maldición se cumpliría, no eran más que patrañas propias de mentes supersticiosas, caso que no era el de un hombre inteligente como él, por lo que debía proseguir su camino con altiva indiferencia.

No obstante, poco después la calma del conde se derrumbó por unos instantes, pues un rayo acababa de caer muy cerca, al parecer sobre un árbol… Entonces intentó convencerse de que el árbol afectado no era el roble; pero, al llegar a casa, lloró como un niño al enterarse de que alguien de su familia había muerto, supuestamente por causas desconocidas…

Inquieto ante la reciente desgracia, el conde se sorprendió cuando, al revisar el sendero al día siguiente, constató que efectivamente el rayo había caído en el roble, quitándole una rama… ¿Sería la maldición? Quizá, y por eso ordenó a sus criados que encadenasen las ramas del roble, a fin de impedir que volviesen a caer y a matar más miembros de su familia.