sábado, 6 de febrero de 2016

Carta a Elise.

Carta de amor a Elizabeth Bathory.


Espero que al leer esta carta, el tiempo haya borrado la sangre de tus manos…
Yo continúo prisionero en la torre más oscura del castillo… desde aquí algunas veces pueden escucharse los desgarradores gritos de tus víctimas.
Siempre rezaba, esperando que les concedieras el perdón, o que al menos comprendieras que el paso del tiempo es inevitable…
Los años nos han castigado a los dos… a mí, de forma más cruel, ya que llevo seis años encadenado aquí… ¿y tú? ¿Aún perdura la belleza sobre tus fríos ojos amarillentos, Elise?

Aún te amo… a pesar de todos tus crímenes… y espero que aún me ames, Elise…
Espero, que siempre me ames, porque hoy voy a dejar esta habitación y saldré a ver la Luna… y morir al fin…

Espero que cuando me recuerdes… encuentres esta carta sobre mi lecho… sé que no preguntarás nada, pero estoy cansado de esta prisión y de no poder verte…

Anoche un cuervo se posó en la ventana… y recordé tu cabello negro como la noche…

En fin… creo que ésta es la despedida…
Espero verte en el infierno, amada mía…

Navarre.


Un ángel en el cielo.

Un ángel en el cielo…
… un muerto en esta tierra…
… los muertos a veces caminan…
¿Lucifer se esconde en el Paraíso?
… el despertar de un sueño es el infierno…
… la memoria algunas veces olvida…
La muerte a veces es ocultar el dolor…
el vacío tal vez sea… dejarse morir…



Un ángel en el cielo.
Sueños de la luna.

Todos los derechos reservados.

©2005



Eclipse.

En el cielo negro, sin crepúsculo, una nube y una lágrima
su nombre y su muerte… no tuvieron recuerdo
una vez… fue mujer… pero jamás fue mía
tal vez… quizás… una pesadilla o un infinito sueño…

La sombra de mi alma una vez descansó en sus pies
el agrio destino se perdió en la frialdad de sus labios
nos dijimos adiós en Septiembre… en un rojizo atardecer
ella caminó sola su propia vida, hecha de sueños solitarios…

Y una noche fue mía… Dios la devolvió en forma de brisa
el fragor de la tarde arrastró en el viento su velo de viuda
en sus ojos amargos… lágrimas… como cristales rotos
el agua lavó sus heridas… la sangre manchó sus alas de mariposa nocturna…

En el recuerdo amargo de una vida… duermes amor mío
mis manos jamás podrán alcanzarte tan lejos… en el cielo
y mis ojos llorarán por siempre… tu muerte… mi luto
en la agonía de tus labios… comienza el infinito de un sueño…



Eclipse.
Sueños de la luna.

Todos los derechos reservados.

©2005

Ava.

Al dormir, su sombra se enredaba en la profunda soledad
ella se encontró sola… y quizás más lejos que nadie
al morir, cientos de pájaros negros desvanecieron su imagen
enterrando así su alma…

En la ciudad de las brumas… se sorprendió al mirar hacia la cima
Dios ahogó su lamento… y derrumbó su esperanza sombría
en un sublime vuelo nocturno…
yo encontré sus pasos en la noche… yendo hacia la oscuridad…

Hoy su nombre es ajeno, extraño al percibir el perfume de las rosas
ella jamás conocerá el miedo… la vida antes del fin
cómo fue mi vida antes de ella… nuestras enfermas vidas
hoy ella grita frente al mar, con su cuerpo lastimado por las piedras
su hijo… su hijo… corre libre por la espuma del mar
mi furia triste, mi amor hoy es soledad
mi corazón violento… destinado a surcar por los cielos…

Ella, sublime mujer… tantas veces vil, tantas veces herida
por el suplicio del silencio… ¿dónde se encuentra su gloria?
luces malas en los bosques, sus ojos arden como cruces azules
y el amor arde… se complementa la sombra con la luz
y el mundo se derrumba, caen los dioses del cielo
nuestras almas heridas bailan en el viento y en el fuego
ella no dijo mi nombre, ¿por qué su voz parece ya un eco?
Todo es nostalgia… ella se llevó la alegría y me dejó la soledad
su soledad y también la mía…

El tiempo cruel… que todo va desgastando
no importaron el dolor y la pasión, ella no usa hoy su cuerpo
sometido por las raíces
desgastado por el correr de las horas
y aún así, la aguarda mi alma…

Al dormir, su sombra se enredaba en la profunda soledad
¿quién era ella? ¿quién era?



Ava.
Sueños de la luna.

Todos los derechos reservados.

©2005

Adore.

Donde ella alguna vez amó
hoy la oscuridad baila con las extrañas voces del viento
la Luna ilumina las huellas de los pasos errantes
la muerte y la vida, a veces las persiguen…

La niebla jamás ha podido hacer desaparecer su figura
sus lágrimas de plata brillan en el ocaso
no ha encendido velas… sólo algunas estrellas
y cientos de cruces negras… en sus manos manchadas por tajos
ella sola…
a veces amanece y sin saber por qué encuentra su almohada húmeda
su eco… resuena en el mar lejano
aquí en este mundo tan incierto
ella alguna vez amó…

Ella alguna vez amó aquí… destinada a los horizontes
y yo la amé… a través de sus palabras más frías
una vez sus besos fueron toda la amargura
vivir a través de ella… fue percibir el agua del mar… que a la orilla nunca llega…

Ella ha olvidado su nombre… escrito en esta vieja plegaria
el mundo me ha parecido más triste… desde que se fue una tarde
la fatiga del tiempo tocó su vida inútilmente hambrienta
ella alguna vez amó… hoy todo es oscuro e incierto…

El hastío de esperar ha hecho más lento el crepúsculo
la noche llega… pero ya nadie puede recordarme
la Luna baila en el cielo… junto con la mortaja del sueño…

Sus ojos a veces me observan desde las estrellas distantes
yo alguna vez amé también… y todo se fue con el viento
su nombre no puedo recordarlo ya… su andar, estoy seguro que siempre será errante…



Adore.
Sueños de la luna.

Todos los derechos reservados.

©2005

La desnudez del alma.

La oscuridad ágil, ella ha escapado a los primeros rayos del sol
la muerte se mete en los huesos… y se retuerce el alma
su cuerpo ha sido sometido, las tinieblas cegaron sus luminosos ojos
su reposo final fue en el frío… en la vileza del agua…

Un cielo negro se ha cerrado sobre cientos de aves muertas
ella en un momento de lucidez, ha desgarrado sus brazos
ella una vez jugó con la infinita luz del universo
hoy la oscuridad es su nombre… y cientos de espantosos tajos…

La noche se desnuda… en la intimidad del alma
he visto sus huellas cerca de la iglesia… con el sol del mediodía
ella una vez fue la juventud… su inocencia
pero al enamorarse de la muerte… su piel se cubrió de sucias espinas…

Y sin embargo mi corazón sombrío siempre la busca
y aún amo su nombre antiguo… su sombra oscura y delgada
la oscuridad es su reino ahora… lejana reina nocturna
que descansa presa de un maleficio, en la maldad que habita en el agua…



La desnudez del alma.
Sueños de la luna.

Todos los derechos reservados.

©2005

Sentada en el umbral de Dios.

Ella escribió por última vez… en la tristeza de la noche…

Me contó acerca de las estrellas…
… del azul del cielo, cuando el ocaso está lejos…

Hoy su recuerdo vuela en el viento, junto con su alma…

Ella me prometió no regresar jamás… en la tristeza de la noche
yo nunca la aguardé… ella cumplió con lo que había prometido
y esa última noche… decidió sentarse en el umbral de Dios
y dejarme un beso escondido… cuando cruzara buscando el infinito…

Ella prometió jamás volver a recordarme, yo quizás en algún momento la olvidé
tal vez sólo un segundo, cuando al dormir no vi sus ojos eternamente míos
y en la tristeza de la noche… ambos quizás nos hayamos odiado
al reconocer la belleza de la muerte… en un mundo perdido…

En la suciedad de esa noche, mi amor decidió al fin, no reclamarla
esperar que el rocío la cubriera, que el mundo la olvidara
porque el recuerdo se transformó en tormento
y abandonarla al silencio, hizo que yo jamás olvidara sus palabras…

Hoy su sombra se acerca donde la buscan mis ojos
en los rincones del recuerdo, una vez extravié lo mágico de su nombre
la muerte será suya, sólo suya como será mío el tormento
de su propio cuerpo y de sus ojos infinitos…

Ella jamás me dirá dónde duermen el amor y el olvido
sentada en el umbral en donde descansa su dios
mi alma sentirá dolor una vez más por su ausencia
no volverá a encontrarme aquí… la muerte ya no es nuestro destino…



Sentada en el umbral de Dios.
Sueños de la luna.

Todos los derechos reservados.

©2005

La línea entre el amor y el odio.

Su recuerdo emerge lastimero, desde lo profundo de la noche
y su cuerpo yace abandonado en el lamento del mar
abandonado como el acantilado después del salto hacia la eternidad
donde supe que huir, sería lo mejor para que ella no olvidara jamás nuestros nombres…

Sobre su tumba, hoy llueven frías lágrimas de amor y de odio
en el quejumbroso ayer… una noche donde encontramos el cielo
sólo que en ella se escondieron el espanto y el insomnio
yo me alejé con los pájaros… ella me devolvió el tormento…

Ella fue la lejanía…
como la oscuridad del tiempo…
a su corazón… ni el amor pudo salvarlo…

En la alegría de la infancia… en el encanto de un beso
en los recuerdos más dulces, ella siempre lloraba
y jamás dormía, sus ojos siempre permanecían despiertos
como si estuviera embriagada por el amor… esperando a la muerte…

La niebla cubrió una mañana, su alma helada y herida
se encontró perdida, en una parte de la tierra y en un trozo de cielo
al amar, se ciñó al dolor y olvidó así el deseo
su nombre se hizo de tristeza… en el peregrinar de los muertos…



La línea entre el amor y el odio.
Sueños de la luna.

Todos los derechos reservados.

©2005

Triángulo de amor bizarro.

Un lejano beso en el cementerio, en el fuego de las tumbas
las lágrimas secas de sangre, las han llevado oscuros pájaros
mi corazón hambriento… una boca llena de mordidas
y sus manos blancas y frías como el mármol… encerrándola…

Ya no queda esperanza en el mundo
la espera paciente del amor ahora es la desesperación
su ternura fue simple… como la niñez en otros años…
como una palabra suya… caída de sus labios…

Viajar por el cielo, fue su anhelo y su último destino
yo la esperé en el muelle, cuando fue víctima de un naufragio
en la nube oscura del recuerdo… olvidamos nuestros caminos
mientras ella elegía el dolor… y el amor más bizarro…




Triángulo de amor bizarro.
Sueños de la luna.

Todos los derechos reservados.

©2005

Aurora.

Su nombre de flores, escondido en un amanecer divino
ella nacida de la tierra, del amor que siempre perdura
sus palabras crecieron en mi sombra, buscando el amanecer
suyo fue el estío… la espera infinita del sol al morir…

Su cabello oscuro, confundido con el olor de la madera
la luz fue su vestidura, sus ojos tristes de fuego azul marino
su último deseo se fue incumplido en el agua del río
yo guardé en mis manos, su corazón calcinado por el averno…

Al morir, descubrí su sombra en una enredadera
y sus huellas en la arena, rumbo a un océano desconocido
que le permitiría al final, alejarse de este mundo…

Ya no son más sus labios… quienes besan estas flores
sólo me quedaron sus ojos nocturnos, que ella dejó al morir
y su recuerdo amargo que siempre me llena de pesadillas… al momento de ir a dormir…



Aurora.
Sueños de la luna.

Todos los derechos reservados.

©2005