lunes, 7 de marzo de 2016

Testamento de Parmentier. Benjamín Péret (1899-1959)

Patata que hiciste de tu madre

Mi madre era una puta
que no tenía robe de chambre

Patata que hiciste de tu padre

Mi padre era un alcohólico
que me pegaba en la nariz

Patata tú vas a morir
y tu piel vestirá a más de un fantasma
extraviado en negras escaleras
pero antes mírate en tu espejo
y dime si va a llover.

Sopa. Benjamín Péret (1899-1959)

A la izquierda de la canoa de donde se extraen sonidos armoniosos
bala un montículo coronado de un ala batiente
que hace gemir el aire que agita
planta de estación condenada por el mes en "r"
untado de mermelada de la cabeza a los pies

Una lanza blandida en alto traza una flexible línea blanca
que quema el espíritu de los muertos
para siempre barridos de los vivientes sarmientos de la risa

Cuando el sol haga saltar las piedras de los arroyos que pasan revista
contaremos las miradas que las flores de humo
arrojan a los transeúntes que ya no lo tienen
habiéndolo perdido en un desierto
mientras perseguían un vapor de champaña
tic-tac de un reloj sin agujas
marcando un tiempo sin estación
hilvanando vestidos para sombras
estremeciéndose en un viento viscoso que se detenía
                    a envolverlos hasta perderlos de vista .

Prueba formal. Benjamín Péret (1899-1959)

Sabes tú morir sin el permiso del nadador
si respondes sí
tú eres el hombre anunciado por la ley
el hombre audaz de labios de elefante
el mentiroso puesto a prueba por el hierro y el fuego
el sabio demoníaco que convertirá el mundo en hilos de sangre
el infierno de pez en donde caerán los seres milagrosos
que encuentras cada tarde al salir del teatro
minas de sal
avenida decorada con flores silvestres
tormenta sexual
para disuadir a los conquistadores de la Gran Rueda

Perro y gato. Benjamín Péret (1899-1959)

Por el sendero de las manos heladas se deslizan las oriflamas
son grises verdes azules rojas y tienen la forma de mi rostro
porque las hice parecidas a mi risa
que estalla en el musgo como una piedra que echa a volar
Y las piedras echan a volar diariamente como obreros que van
                    al trabajo
pues levantan vuelo para trabajar
y sus fábricas están en las nubes
y las nubes han envejecido como las escaleras que conducen
                    a las naranjas de lana
y hacen subir y bajar los albatros de mi cabeza
Albatros gracias a vosotros mi cabeza me corta los pies
y mis pies son pálidas vírgenes
macilentas como un dios
Albatros albatros si mi cabeza no estuviera en vosotros
tendría al menos la forma de vuestros picos
y mis uñas estarían en vuestros picos
porque ellos han hecho mi cabeza
tal como la tierra hace el agua
tal como el agua usa las cuerdas de los arcos que las
                    circunstancias dejan flojas
y los arcos los arcos dios mío se ahogan en la llanura sumergida
que se llama Has visto a esos idiotas
La llanura está sumergida de tal modo que ya no es llanura
sino mano
Un poco más y será vientre
después torso

Al fin y al cabo reconoceré su rostro semejante a un bosque

Parpadeo. Benjamín Péret (1899-1959)

Vuelos de loros atraviesan mi cabeza cuando te veo de perfil
y el cielo de grasa se estría de relámpagos azules
que trazan tu nombre en todos los sentidos
Rosa que tiene por tocado una tribu negra dispuesta sobre una
                   escalera
donde los agudos senos de las mujeres miran a través de los
                   ojos de los hombres
Hoy día a través de tus cabellos miro
Rosa de ópalo de la mañana
y a través de tus ojos me despierto
Rosa de armadura
y a través de tus senos de explosión pienso
Rosa de estanque verdinoso de ranas
y en tu ombligo de mar Caspio duermo
Rosa de rosal silvestre durante la huelga general
y entre tus espaldas de vía láctea fecundada por cometas me pierdo
Rosa de jazmín en la noche de lavandería
Rosa de casa hechizada
Rosa de selva negra inundada de sellos de correo azules y verdes
Rosa de cometa volando sobre un terreno vago donde batallan niños
Rosa de humo de cigarro
Rosa de espuma de mar hecha cristal
Rosa

Para pasar el tiempo. Benjamín Péret (1899-1959)

En mayo o setiembre
los utensilios de cocina castañetean los dientes
y su pelo cae porque los sombreros pierden el suyo
Así el humo que sale de una gaveta
indica que un avión
en algún lugar entre un álamo y un casco de buzo
traga el polvo que había escupido en otra parte
y eso nos hace reír
como un melón
como una salchicha
como una tarta de crema
como una botella de Leyden
como la apertura de la pesca
como un saco de trigo
como etc.
Que la danza en los armarios donde duerme la vajilla asada
                    al horno
quebrada por la guerra de 1870
y que pide en todos los tonos
que se le dé una corbata de lámina ondulada
que fuera una cabaña de conejos
en que los resortes
se volvieran pan fresco y blando
como una ostra perlera suspendida al cuello de una mujer desnuda
sin voz ni pelos
pero tan blanca que se diría un bosque de pinos
en el ojo de una cerradura.

Noches blancas. Benjamín Péret (1899-1959)

Sobrepasada la caja de los camembert
el pequeño abejorro se ha perdido en el desierto
donde el jamón casi se muere de hambre
Corre a derecha e izquierda
pero a derecha e izquierda sólo ve tomates blanqueados con cal
Mira hacia arriba y ve un perchero
que le hace burla
oh perchero barnizado lustrado por las langostas marinas
ten piedad de un pequeño abejorro que saca la lengua
porque no puede disparar con el fusil sobre los calcetines
que harían una cena excelente
Ten piedad de un pequeño abejorro que toca la flauta
para tratar de encantarte
pues creyó que eras una serpiente
De no ser tú una serpiente de cascabel o de anteojos
el abejorro no habría roído su flauta
en su desesperación
y no hubiese esperado la muerte
detrás de una corbata
Y la muerte no hubiese acudido
como un rastrillo de cristal
y la muerte no lo hubiese recogida.

Nada. Benjamín Péret (1899-1959)

Viernes dice a domingo
quítate tú que me ponga yo

Mas domingo ha salido de su cueva
y tapona la primavera
como mierda de perro
que ladrase tras
los martes, miércoles, jueves, sábados y lunes.

Imperativo. Benjamín Péret (1899-1959)

Temer el sudor de las moscas extraviadas en los barrios en construcción
Envilecer los jarros de estaño hasta que sean desgarrados por
                    los cachorros
Retorcer los antiguos armarios para extraer un poco de polvo
                    de rubí con qué colorear los lagos
Silbar repetida y largamente para que acudan los huesos bien
                    blanqueados que no quieren entender razones
Lavar la tinta con vino rojo para distraer a los niños que riñen
                    en el patio
Cortar la luz en cuatro y arrojarla a las fieras
Extraer de la arena todos los dientes que contiene para
                    levantar muros
Transformar las armaduras en incubadoras para obtener
                    polluelos de pico largo
Aplastar a las tortugas hasta convertirlas en mantillas
Regar todos los días las banderas con aceite de máquinas
Quemar los camembert pasados hasta que salte el fénix
Acariciar las lentejas una por una antes de sembrarlas
Sacudir los tapices con una navaja para fabricar jaulas de
                    canarios
Agotar las reservas de oro para comprar horquillas de cabello
Asustar a las langostas que intentan penetrar en una tabaquera
Cocinar los violines en salsa blanca
Dorar las escaleras para evitar barrerlas
Caracolear en las iglesias a la hora de la misa solemne
pero no insultar nunca al cartero para expulsar a los ratones
                    de la péndola
que atacarían los bronces artísticos a picotazos.

Háblame. Benjamín Péret (1899-1959)

El negro de humo el negro animal el negro negro
se han dado cita entre dos monumentos a los muertos
que podrían ser tomados por mis orejas
donde el eco de tu voz de fantasma de mica marina
repite indefinidamente tu nombre a
que se asemeja tanto a lo contrario de un eclipse de sol
que yo me creo cuando me miras
una planta de espuela de caballero en una heladera cuya puerta
                    abrieras
con la esperanza de ver escaparse una golondrina de petróleo
                    inflamado
pero de esa planta brotará una fuente de petróleo flamígero
si así lo quieres
como una golondrina
quiere la hora de verano para tocar la música de las tempestades
y la produce al modo de una mosca
que sueña con una telaraña de azúcar
en un vaso de ojo
a veces azul como una estrella fugaz reflejada por un huevo
a veces verde como un manantial que brota de un reloj

Epitafio para un monumento a los muertos en la guerra. Benjamín Péret (1899-1959)

El general nos dijo
con el dedo metido en el culo
El enemigo está allí Mar-chén
Todo por la patria
y nosotros marchamos al fin
con el dedo metido en el culo
Hallamos a la patria
con el dedo metido en el culo
La alcahueta nos dijo
con el dedo metido en el culo
Salvadme
o morid por mí
con el dedo metido en el culo

Encontramos al Kaiser
con el dedo metido en el culo
Hindenburg Reischoffen Bismarck
con el dedo metido en el culo
el gran duque X Abdul-Amid Sarajevo
con el dedo metido en el culo
y tantas manos cercenadas
con el dedo metido en el culo
Nos han roto las tibias
con el dedo metido en el culo
devorado el estómago
con el dedo metido en el culo
pinchado los cojones con cerillas
con el dedo metido en el culo
y después sin estruendo
reventamos
con el dedo metido en el culo
Rogad ahora y siempre por nosotros
con el dedo metido en el culo

El cuadrado de la hipotenusa. Benjamín Péret (1899-1959)

Primera flor del castaño que se eleva como un huevo
en la cabeza de los hombres de metal
duro como una escollera
cuando
en la lluvia de tinta que me atraviesa con espejos
tus ojos mágicos como un árbol degollado
gritan en todos los tonos
Yo soy Rosa
te amo como el antiguo helecho ama a la piedra que lo ha
                    transformado en ecuación
te amo a brazo partido
te amo como una sartén al rojo en una caverna
Que tu vestido de alambre de púas
me desgarre con un estruendo de vajilla que cae por la escalera
te amo como una oreja arrancada por el viento
que silba Espera
Espera que la plancha haya quemado la camisa de rocío
para hacer florecer en ella el reflejo del cristal escondido en
                   una gaveta
espera que la pompa de jabón
después de haber reventado como un zar de los topos
que no cubrirán jamás los hombros amados
renazca en el polvo asesinada por el sol que se ha vuelto azul
y que yo acecho por el ojo de la cerradura
velluda
helada
en la prisión de líquenes polares donde me has encerrado
espera vástago de la sal
espera vino de acantilado que acaba de aplastar un patronazgo
espera víscera de fósforo que no sueña sino en incendios de
                    bosques
espera
Yo espero

Cuando envejece el diablo se vuelve ermitaño. Benjamín Péret (1899-1959)

Luis Felipe es alto para su edad
Dale algunos céntimos
Su sombrero será muy pequeño
Dale dos corbatas
Mentirá todos los días
Dale otra pipa
Su madre llorará
Dale un par de guantes
Perderá sus zapatos
Dale café
Tendrá bombillas
Dale un corsé
llevará un collar
Dale unos tirantes
Cuidará ratones
Dale una pala
Subirá en avión
Dale sopa
Hará una estatua
Dale unos cordones
Comerá grosella

El señor Luis Felipe
Que vive de píldoras y de carpetas
Se come a su madre
Y pierde el tiempo caminando

Allo. Benjamín Péret (1899-1959)

Mi avión en llamas mi castillo inundado de vino del Rhin
mi ghetto de lirios negros mi oreja de cristal
mi roca rodando por el acantilado para aplastar al guarda rural
mi caracol de ópalo mi mosquito de aire
mi edredón de aves del paraíso mi cabellera de espuma negra
mi tumba agrietada mi lluvia de langostas rojas
mi isla voladora mi uva de turquesa
mi colisión de autos locos y prudentes mi arriate silvestre
mi pistilo de cardillo proyectado en mi ojo
mi bulbo de tulipán en el cerebro
mi gacela perdida en un cinema de los bulevares
mi cofrecillo de sol mi fruto de volcán
mi risa de estanque oculto donde se ahogan los profetas distraídos
mi inundación de casis mi mariposa de morilla
mi cascada azul como una ola de fondo que hace nacer la primavera
mi revólver de coral cuya boca me atrae como la boca de un pozo reverberante
helado como el espejo en que contemplas la huida de los colibríes de tu mirar
perdido en una exposición de lencería enmarcada de momias te amo

A un viraje en S. Benjamín Péret (1899-1959)

La muchacha sentada
sobre las grandes nevadas de no sé qué
descubre la más sencilla audacia
y se envuelve con una capa de pies
ligera como un sombrero de verano
Un carillón holandés en lugar de su sexo
capta los últimos rumores de la ciudad
Si muriera
los primeros pudores del pastor
caerían en el estanque
que se ensuciaría
y el cortejo de sordos y lisiados
corroería los últimos elementos.