domingo, 27 de marzo de 2016

Del mundo y de su amor.

Sus ojos lúcidos, claros como la aurora en este maldito cielo azul
y sus lágrimas celestes, cayendo sobre la madrugada en forma de luz
su corazón que late despacio, como si ya no pudiera seguir caminando contra el viento
y sus labios púrpuras, repitiendo las mismas palabras que tantas veces quemó el silencio.

En una noche sin tiempo, esperaba ver nacer algún rastro de esperanza
mientras el reloj castigaba las horas, perdidas en el letargo de la espera
la noche oscura trajo canciones de muerte, y miles de pájaros volaron a su ventana
mientras la muerte única, descendía sobre sus ojos y enfriaba su alma.

Y para no sentirse ajena al mundo, se empapó en agua y sal de mares lejanos
y para que la muerte no la encontrara sola, se perdió entre tantos recuerdos ya olvidados
y lo poco de amor que aún conservaba, lo esparció en la mañana que ella ya no viviría
mientras del otro lado del mundo, gracias a su leve amor, otros recuperaron la sonrisa.

En los últimos minutos, yo la vi cruzar el cielo con las golondrinas
después me contó que quizás en el minuto final, ella también encontró una sonrisa
y que tal vez en el fondo de su alma, ella al fin, había hecho las paces con Dios
y que estaba lista para comenzar a vivir de nuevo, y empaparse de la alegría del mundo y de su amor.




Del mundo y de su amor.
Cursum Perficio.

Todos los derechos reservados.

©2006

Esperando en la eternidad.

Cuando ella regresó a su hogar, aún esperaba encontrar el cariño perdido
y tal vez la posibilidad de volver a enamorarse, o de al menos encontrar un amigo
pero al llegar encontró las paredes pintadas de recuerdos tristes, esperando que ella volviera
porque dentro suyo extrañaba al dolor, por eso esperaba que al menos, al volver, algo doliera.

Y para sentirse viva, dejó que las lágrimas le quemaran el rostro y las manos
y se prometió a sí misma, que el tiempo que ella recordara, jamás sería en vano
pero tenía miedo de quedarse sola, de esperar para siempre en el borde de la eternidad
y que así nada quemara su corazón, ni ella nunca se volviera a enamorar.

El tiempo que supo ser amargo, pintó sus sienes de gris y dejó arrugas en sus manos
y la dejó cansada al pie de un arco iris, con los recuerdos ardiendo en la memoria
hasta que Dios se acordó de ella, y una noche de invierno volvió a buscarla
para vestirla de gloria, y que lejos del mundo, algo de dolor ella olvidara.

Entonces se convirtió en un ángel, y desplegó su inmensa ternura sobre mis hombros
y me contó acerca de sus sueños, del camino del sol, que me estaba esperando
ella besó mis manos y prometió siempre estar conmigo, después me dio un beso final
y me indicó el lugar donde ella siempre estaría, esperando en la eternidad.




Esperando en la eternidad.
Cursum Perficio.

Todos los derechos reservados.

©2006

Mi mismo sueño.

Camino con mis manos por tu espalda, hasta perderme en el campo infinito
las estrellas brillan en tus ojos, y me confiesas que el universo de tu amor es sólo mío
ahora duermes, y sueñas quizás con la gente de tu pueblo, en la Siberia lejana
mientras el rocío cubre tus manos, y mis ojos exploran el fondo de tu alma.

Ahora me observas con tus sombríos ojos azules, pero permaneces en silencio
sobre tu piel se refleja la clara luz de la Luna, y en tus cabellos suena el eco del océano
y desde el horizonte lejano, tus palabras sin sentido, tal vez llenas de esperanza
porque si algo me salva, es tu amor, y la certeza de que siempre estarás en mi alma.

Ahora que conmigo has cruzado el mundo, el profundo Mar de la Tranquilidad
cansada, te rindes a las manos amigas del sueño, y me preguntas si ahí estaré
porque me has visto de pie frente a tu cama, o de pie en un acantilado
esperando las primeras estrellas de la mañana, junto a tu corazón enamorado.

Y mientras me ocupas con tus manos, mientras me encierras en tus pálidos brazos
me guardas en el rincón más profundo de tu corazón, escondido de las lágrimas
mientras pronuncias palabras de amor, antiguas y desconocidas, palabras mudas y sin sentido
mientras un hijo crece dentro de tu vientre, y tú duermes el mismo sueño que el mío.




Mi mismo sueño.
Cursum Perficio.

Todos los derechos reservados.

©2006

Mis ojos ciegos.

Ahora que estás frente a mí, no preguntes nada acerca del origen de la eternidad
y quédate en silencio, mientras mis manos te recorren buscando tu rostro
ahora que estás conmigo, siéntate a mi lado, y dime cómo es el sol en el amanecer
si es que en realidad está amaneciendo, o es sólo la oscuridad de otro atardecer.

Déjame verte o al menos sentirte, entonces deja que tu alma brille con mis colores
y muéstrame con tus palabras el inicio de infinito, el final de la eternidad
y seguiré tus huellas de sal, recordaré los caminos que recorra tu perfume
mientras hoy te quedes en silencio, y con mudas palabras te atrevas a escucharme.

Desde el eco de tu voz dormida, cuéntame cómo es el sol del verano
que desde la eternidad de tu cuerpo, lo sentiré como un mínimo tacto de mis manos
tu corazón sabrá contarme con sus latidos, con qué lágrimas en los ojos has despertado
y si por la mañana, has visto en mis ojos ciegos, que continúo enamorado.




Mis ojos ciegos.
Cursum Perficio.

Todos los derechos reservados.

©2006

No dejaría que se fuera.

Yo crucé por sus heridas, esperando encontrarla en algún lugar del dolor
pero ella permanecía dormida o quizás para olvidarme, fingía dormir sin mi amor
entonces yo le pedí entre sueños, que pensara en sus hijos, que demasiado la extrañaban
y que olvidara el pasado, o su vida sería consumida por sus ardientes lágrimas.

Ella lloró frente a su espejo, por verse consumida por los años vividos en vano
y maldijo la hora en que enfrentó promesas rotas, y las arrugas que hoy, ya surcan sus manos
por eso mientras ella dormía, yo le conté acerca de los recuerdos sin dolor que había vivido
la risa que en ella era tan fácil, y la forma de amar, cuando ella amaba conmigo.

Y entonces le hablé de sus hijos de la tierra, que esperaban que ella despertase
así la abrazarían hasta ser de su cuerpo y de su alma, y evitar que ella se fuese
quizás por eso la llevé en mis brazos hasta la costa, para que pudiera ver de cerca el mar
y comprender que no encontraría más océanos si decidía viajar por la eternidad.

Y quizás para no volver a extrañar más cosas, o tal vez por simple y puro amor
ella despertó de su sueño, casi infinito, una mañana en que brillaba el sol
y se aferró a los hijos de su tierra, y se fundieron en cuerpo y alma y ella pudo quedarse
aunque por dentro sabía que lo haría, porque sabía que mi amor no dejaría que ella escapase.




No dejaría que se fuera.
Cursum Perficio.

Todos los derechos reservados.

©2006

Para quitarme el dolor.

De pie sobre el infinito, ella buscó en los ojos del cielo el camino a su hogar
porque cerca de mis brazos, ella se sentía ajena, y no estaba acostumbrada a la humedad del mar
entonces me dijo que lo mejor sería el adiós, aunque el dolor nos marcara para siempre
aunque por dentro ella sabía, que sólo el amor verdadero es el que nunca muere.

De pie bajo una lluvia de lágrimas, ella me preguntó si después de la soledad, volvería a salir el sol
yo no sabía nada sobre su futuro, pero para jamás poder olvidarla, me quedé con todo el dolor
después se perdió entre los rostros de la ciudad, pero su perfume celeste se eternizó en el humo
y jamás volvieron a verla, ni mis ojos ni siquiera los ojos que Dios alguna vez dejó solos en el mundo.

Alguna vez me pareció escuchar su nombre, quizás fue el eco del mar, o tal vez fue un sueño
después encontré perdidas sus palabras, varadas en la costa donde descansan mis ojos muertos
pero ella jamás regresó, aunque Dios me contara que había escrito un poema acerca de mi amor
aunque de su destino, no se detuviera ni un segundo, al menos para quitarme el dolor.




Para quitarme el dolor.
Cursum Perficio.

Todos los derechos reservados.

©2006

Salvado por su amor.

Dormía en el campo de los sueños, esperando que el amor la despertase
miles de estrellas apresuraban el tiempo, temiendo que fuese demasiado tarde
fue por eso que ella despertó, porque su corazón le dijo que alguien la necesitaba
y al mirar hacia el mundo me vio a mí, curando mis heridas en el Mar de la Eterna Calma.

Ella me preguntó si yo era una víctima, cuando apenas le conté de mi soledad
y quiso saber por qué el amor dolía, y por qué el gusto amargo que ahora tenía el mar
yo le conté acerca de los sueños rotos, de las guerras que tuvo que soportar el mundo
que por eso siempre dolería el amor y que los cielos estarían negros por el humo.

Ella quiso llorar, quizás entender por qué motivo habría ella de necesitarme
si lo que ella encontró sólo fue muerte, pero no imaginaba cómo haría para olvidarse
por eso le confesé que mi amor aún ardía en sus manos, que mi alma no tenía palabras
que en algún lugar conmigo sería feliz, y que no dejaría que el sueño o el silencio volvieran a dominarla.

Y aunque las cosas aún la asustaban, ella eligió cruzar conmigo el infinito
y su alma se confundió con la mía, en una estrella, en un beso inmortal
y para saber que sentía, me preguntó por mis heridas o por la marca de la soledad
entonces comprendió que su amor de mujer me había salvado, y que de alguna u otra forma, ella se había vuelto a enamorar.




Salvado por su amor.
Cursum Perficio.

Todos los derechos reservados.

©2006

Su alma ardiendo en la eternidad.

Guardé su amor en mis manos, por si su esencia alguna vez lo reclamaba
y me llevé el calor de su fiebre, rezando para que su corazón no la engañara
entonces se aferró a mis manos, me pidió en el nombre del cielo que la dejara partir
aunque ella sabía que por amarme de esa manera, ella no sabría cómo vivir sin mí.

Yo le conté un cuento de hadas, para que al menos mantuviera la esperanza
y para decirle, que dondequiera que ella estuviera, nunca dejaría de sentirla y de amarla
entonces me pidió que la llevara a las afueras de la ciudad, porque quería ver el amanecer en el horizonte
aunque sabía que jamás lo recordaría, como por su manera de amarme, alguna vez olvidaría mi nombre.

La recordé en mi cuerpo, y esperó entre mis brazos a que se apagaran las últimas estrellas
y para que el mar no le fuese ajeno, dejé que desde la distancia escribiera una carta sobre la arena
y de sus pálidos ojos, miles de lágrimas de amor escaparon, tal vez en busca del infinito
mientras ella respiraba mi aire por última vez, y compartía su lejana muerte conmigo.

Un beso de sal que quemó mis labios, fue su manera de decirme adiós
además de confesarme su dolor eterno, y que para siempre llevaría mi amor
entonces el viento comenzó a borrar su cuerpo, para traer de nuevo la soledad
mientras que sus ojos se cerraban para siempre y su alma se quemaba en la eternidad.



Su alma ardiendo en la eternidad.
Cursum Perficio.

Todos los derechos reservados.

©2006

Su alma muda y mi silencio.

La llamé desde las voces del viento, esperando que su alma muda me escuchara
pero ella se perdió dentro de mi amor sin tiempo, y el dolor le volvió a quitar las palabras
entonces yo le conté de mis viajes legendarios, de las guerras santas en las que estuve
ella sonreía, aunque su alma no escuchara, y lloraba cuando sabía que no hay nadie más quien la escuche.

Se quedó dormida frente al fuego de las almas, y sé que su sueño era tranquilo
tal vez porque recordaba el sonido de su voz, y el invierno que la había callado con su frío
yo la abracé, por si por alguna puerta del silencio, ella entre sueños intentaba escapar
y no quería que despertara sola, y que en medio de un mundo que no conocía, ella no me pudiera encontrar.

Entonces con la dulce voz de sus ojos, me habló de un lugar en el infinito
donde nadie podría escucharme, y el silencio sería único y dejaría de ser distinto
entonces le pedí a una nube, que nos llevara lejos de la tormenta, y nos dejara lejos, lejos
así yo podría hablarle con mi alma, y ella encontraría el lugar de sus sueños.

Ella dormía en mis brazos cuando nosotros dos nos encontramos en el infinito
entonces comprendí que ése era también mi lugar, y que ella se quedaría conmigo
por eso le inventé una canción de amor, sin palabras, sin sonidos y sin miradas
sólo besé sus labios fríos como la nieve, y dejé que le hablara mi alma.




Su alma muda y mi silencio.
Cursum Perficio.

Todos los derechos reservados.

©2006

Su más dulce canción de paz.

Ella al nacer, no conoció más que los fantasmas de una guerra perdida
por eso creció con las memorias de la gente vieja, que estaba cansada de vivir
y cuando creció, yo pensé que los olvidaría, que jamás volvería a esta parte del mar
pero si ella fue, es porque en realidad necesitaba respuestas, para entender tantos años sin paz.

La encontraron muchos años después, lejos de mi alma y del calor del sol naciente
y le preguntaron por qué huía, por qué la espera la había cansado de ser paciente
entonces ella les mostró sus heridas, sus espaldas quemadas por el sol del desierto
y les dijo que la paz que ella tanto había estado buscando, era sólo un estúpido sueño.

Por eso no regresó para morir, porque lejos de sus tierras había encontrado más de un sol
además ya no le importaban las memorias de los ancianos, y por eso huía del dolor
yo la encontré cuando sus pasos eran más lentos, cuando ya no podía caminar por su solemne soledad
quizá por estar cansada o simple amor eterno, ella dejó que fuera yo quien la acompañara en la eternidad.

Por eso, antes de que su corazón se detuviera, le mostré con mis ojos el mundo que yo había conocido
y lloró de emoción cuando le dije que a pesar de las guerras, nada estaba perdido
y se abrazó a mí, esperando fundirse en cuerpo y alma, y así inmolarse en el viento que corre en cualquier lugar
y desplegar con las alas de su alma, lo que su corazón tantos años tuvo escondido... la más dulce canción de paz.




Su más dulce canción de paz.
Cursum Perficio.

Todos los derechos reservados.

©2006

Tal vez mi mejor canción de amor.

Ella escapó de las lágrimas, y de los puños que tantas veces la lastimaron
y escapó del amor y de las miles de promesas que tantas veces la engañaron
y se perdió entre las calles del invierno, buscando entre las nubes un poco de sol
porque ella sin saberlo, estaba muriendo, pero incluso eso, era mejor que el dolor.

La noche la encontró mil veces, empapada de besos amargos y de alcohol
miles de marcas quemaban su cuerpo, miles de sombras que en ella buscaron amor
Dios le pidió entre sueños que no abandonara su alma, que regresara donde convergen todos los vientos
porque allí alguien estaría esperando, para calmarle el dolor y arrancarla del silencio.

Yo la encontré vestida de noche, entre el cruce de infinitos caminos
entonces ella supo que quizás éste era el lugar, o por lo menos conmigo
y en un instante olvidó las heridas, y con lágrimas en los ojos me confesó que no recordaba nada del dolor
mientras miles de besos caían de sus manos, y mi alma le cantaba, tal vez mi mejor canción de amor.




Tal vez mi mejor canción de amor.
Cursum Perficio.

Todos los derechos reservados.

©2006

Y quedarse conmigo.

La fría mano de la muerte, tocó su alma desnuda, una noche de olvido
ella quiso recordar su nombre de tierra, antes de jamás volver a sentir conmigo
se aferró con fuerza a mi mano, aunque por dentro sabía que yo no podía detenerla
antes de perderse, me pidió un milagro… que jamás dejara que su recuerdo muriera.

Llovía sobre las praderas, cuando dejé que el final su cuerpo descansara en paz
y para que el mundo no la olvidara, dejé entre las nubes sus ojos claros del color del cielo
entonces me pareció verla sonreír, y desde el silencio me pareció escuchar su risa
y sé que no fue un sueño, porque sentí cómo se compenetraba en mí, igual que la brisa.

Y para que ella siempre estuviera conmigo, y así yo no pudiera olvidarla
esparcí toda su ternura, sobre los mares de la Luna que ella tanto amaba
y me senté, vencido por los años, a esperarla al final eterno de mi camino
por donde ella prometió volver a pasar, y así quedarse para siempre conmigo.



Y quedarse conmigo.
Cursum Perficio.

Todos los derechos reservados.

©2006