miércoles, 1 de junio de 2016

Donde siempre habría de esperarte.

Dormías en una cama de rosas y de estrellas olvidadas
Dormías en el sueño más puro, en un mínimo teatro de la tragedia
Más allá de las palabras, tu amor se hacía parte del infinito
Más allá de las promesas, aunque dijeras que siempre estarías conmigo...

Hablabas entre sueños, acerca de los años pasados en los mares del Sur
De los caminos hechos en Egipto, de las noches en que te alejaste de la luz
Porque decías que siempre serías parte del mundo, esencia de la tierra
Más allá de todas las pequeñas cosas, más allá de ser la sangre que corre por mis venas...

Yo te cubrí con las sábanas de la inconsciencia, para no despertarte
Tú pronunciaste frases inconclusas, llenas de paz para no desesperarme
Y mientras tú dormías, miles de estrellas errantes resbalaban por tu espalda
Por donde antes resbalaron mis besos, para esconderse en tu alma...

Me quedé dormido junto a ti, para que el sol de mañana nos despertara
Pero cuando desperté, tú estabas ausente como el sol de la mañana
Más allá del horizonte, escribí tu nombre con las estrellas que dejaste en mi alma
Y marqué el lugar donde sabes que siempre estaría esperando, junto al mar de los Sargazos, en una pequeña cama hecha de corales y de algas...



Donde siempre habría de esperarte.
Ad perpetuam Rei memoriam.

Todos los derechos reservados.

©2002-2006

El alma de un ángel.

Quizás ella no despertó de su sueño, porque aún percibía soledad
tal vez fue el perfume del invierno, o sabía que éste no era su lugar
porque años antes, me preguntó cómo debía de hacer para ir al cielo
yo le contesté que la muerte la llevaría, y después me quedé en silencio.

Después, con los años, sus ojos y su nombre, se transformaron en ajenos
porque ella se ausentó en Septiembre, y su recuerdo se fue cada vez más lejos
y así otros me contaron que las lágrimas jamás la abandonaron, pero que tampoco la dejó el amor
aunque yo sentía su vacío, y lo que ella amaba, pronto se transformó en dolor.

Y jamás volví a saber de ella, hasta que la muerte, de mi olvido la arrancó
para llevarla al cielo con los ángeles, en un altar al que siempre perteneció
y después de hacerse luz, su nombre se transformó en un ruido quebrando el silencio
mientras sus ojos desde el sol, se volvían señales para los viajeros.



El alma de un ángel.
Ad perpetuam Rei memoriam.

Todos los derechos reservados.

©2002-2006

El principio de la maldad.

Sus vidas pasadas cerraron sus ojos, y lo único que recordó fue el perfume de la muerte
después se encontró perdida en un mundo de espejos, y en el humo de su sombra inerte
sus manos se crisparon, y se aferraron a un cuchillo con el cual habría de quitarse la vida
pero sintió miedo a su muerte prematura, mientras su sangre impura se escapaba por su herida.

El invierno la encontró moribunda, con lejanas ojeras azules sobre su rostro
con débiles pasos caminó hacia la Iglesia, para limpiarse el pecado donde tenían fe los otros
pero su camino se cruzó con un amor eterno, y se enamoró aunque sabía que siempre le sería ajeno
porque su corazón estaría comprometido con Dios, y ella sólo podría ofrecerle el silencio.

Entonces comprendió que ya no podía formar parte de este mundo, que a su lado no era su lugar
fue cuando recordó las palabras de Dios, y supo que la estaba esperando la eternidad
pero no sabía el camino de regreso, y escogió una puerta que otras manos se encargaron de cerrar
y jamás volvió a ver la luz de ningún sol, pero sí supo que jamás habría de regresar.

Despertó de su sueño, en el momento en que le pareció ver la sombra de una cruz
pero en la cama en la que descansaba, todo era sombras, y quizás el sueño era la luz
entonces su corazón comprendió tantas cosas, y así dejó de sentir su enfermedad
mientras el frío cubría su indecencia, y sus ojos se cerraban para no volver a abrirse jamás.



El principio de la maldad.
Ad perpetuam Rei memoriam.

Todos los derechos reservados.

©2002-2006

Ella y el ángel.

El viento lastimó su rostro, con la misma fuerza que tiene el mar
mientras rezaba frente al altar del pecado, su alma sin luz caminaba hacia el más allá
no supo si eran lágrimas o el dolor, pero ya nada podía ver en la oscuridad
entonces vencida por los años, se sentó frente a una iglesia, quizás a esperar.

Cuando creyó encontrarse entre tinieblas, un viejo ángel le habló
era hermosa, pero con el odio y el tormento clavados en lo profundo de la piel
miró sus ojos y quizás haya sentido pena, porque en sus ojos se veía su corazón joven
pero su alma olía a viejo, y se le notaban las ganas de no querer vivir.

Empezó a caminar entre tinieblas, esperando encontrar al menos una pálida luz
mientras bajo la luna, aullaba un chacal y la atormentaba el recuerdo
que regresó como una premonición, como si ella supiera cuando alguien muere
porque el perfume del ángel se había disipado, y el universo ahora olía a muerte.

Corrió hacia donde había luz, esperando detener un poco el tiempo
pero el ángel había sido vencido y padecía un interminable tormento.

Entonces el ángel rió, quizás hasta con la risa extraviada
la demencia, con los años ya había transformado su rostro
ella quiso hablarle, dejarle su voz, tal vez de consuelo
pero supo que nadie la escuchaba, y se sentó donde sólo soplaba el viento
trayendo voces lejanas y recuerdos, que ensordecieron para siempre sus oídos.



Ella y el ángel.
Ad perpetuam Rei memoriam.

Todos los derechos reservados.

©2002-2006

En el salón de la montaña del rey.

Ella nació cuando los mares aún eran de fuego, cuando los cielos lloraban sangre
pero su alma ya era vieja, como cansada de vivir, de respirar siempre el mismo aire
entonces sus ojos se abrieron al mundo, pero su corazón estaba como aferrado al pasado
y su frente sangraba por la corona de espinas, y su sangre pagana, resbalaba por sus manos.

Ella cruzó caminando su infancia, cuando los caballeros del rey aún buscaban su Santo Grial
después un amor que pareció eterno la convirtió en mujer, y le mostró el principio de la eternidad
entonces sus pies descalzos la llevaron a la tierra que le era prometida, lejos del pasado y del silencio
pero ella no quiso irse, y para ser una mujer santa, quemó sus ropas en el fuego.

Cuando ella llegó a los años de sabiduría, defendió su piel de los que no comprendían aún los colores
y se enfrentó a un mundo que ya no conocía, y le mostró cómo es igual el día de la noche
entonces comprendió que quizás ya estaba cansada de vivir entre tantas vidas y tantas sombras
por eso acortó el paso de su andar, y se detuvo en el tiempo, para poder descansar, sentada sobre las infinitas horas.

Cuando la muerte la encontró, ella estaba sentada en el salón de la montaña del rey
en sus ojos aún se veían las últimas estrellas que esta vez no pudo robarle el amanecer
entonces Dios convirtió su cuerpo en estrellas, así ella llegó a la Luna y se esparció por el universo
mientras sus ojos de luz iluminaban una constelación, y así observaba al planeta Tierra desde lejos.



En el salón de la montaña del rey.
Ad perpetuam Rei memoriam.

Todos los derechos reservados.

©2002-2006

En las sombras de su alma oscura.

Desperté quizás en el más trágico de los sueños, ella sonreía desde las sombras
en tinieblas pronuncié su nombre, pero nadie escuchó jamás, porque dormía en una cama de rosas
esperando que sus heridas dejaran de sangrar, esperando que por un segundo se durmiera el dolor
por eso simplemente esperaba que Dios la despertara, o que la perdonara mi amor.

En las sombras de su alma oscura, ella tenía prisioneros mi nombre y mi recuerdo
porque creía que aún la amaba, o sólo los guardaba como vestigios de un amor casi eterno
entonces un día ella también despertó, y se encontró conmigo, tal vez en un sueño
cerca del fuego en donde desde hacía mucho tiempo ardía el dolor, pero de mi corazón muy lejos.

Entonces como su vida era un tormento, quizás amor, tal vez sólo haya sido por piedad
dejé que la muerte la arrancara de este mundo, mientras yo cerraba las puertas de la eternidad
y jamás nadie volvió a verla o a escuchar su nombre... yo algunas veces visito su tumba
donde aún permanece su perfume a orquídeas, en las noches en que no hay Luna.



En las sombras de su alma oscura.
Ad perpetuam Rei memoriam.

Todos los derechos reservados.

©2002-2006

En su pequeño mundo de pesadillas.

Los primeros años la llevaron a la ciudad de las grandes luces
Donde aprendió a conversar con las pocas estrellas que quedaban
Luego los años la llevaron al lugar donde sólo existe la sonrisa
Aunque después llegó el dolor que vuelve con el invierno, y el que deja las más profundas heridas...

Yo la encontré sentada en la Iglesia, con sus manos elevadas al cielo
Quizás porque sentía que todo terminaba ahí, y tenía miedo
Yo la llevé a mi país, donde el dolor jamás pudiera encontrarla
Pero ella pensó que sería mejor estar sola, sin que nadie cuidara de su alma...

Y una mañana cuando desperté, ella ya se había ido
Y había dejado sólo una carta diciendo que jamás habría de perder la esperanza
Yo salí a buscarla, entre los rostros de la gente sometida por el invierno
Miles de hombres conocían su nombre, pero prefirieron quedarse en silencio...

Volvimos a vernos en una cálida mañana, yo estaba de pie frente a ella
Le llevé flores, para que así se sintiera mujer otra vez, y al menos honrada
Sé que ella me sonrió desde el cielo, y que cuando me iba volvió a sonreírme otra vez
Mientras el cielo lloraba desde su entorno azul, como la gris mañana cuando se fue...



En su pequeño mundo de pesadillas.
Ad perpetuam Rei memoriam.

Todos los derechos reservados.

©2002-2006

Entre las olas del mar.

Cuando extrañaba el perfume del mar, solía hundirse en un abismo oscuro
y la luz que podía darle esperanza, hoy estaba tan lejos de este mundo
por eso construyó sus relojes, para darse el tiempo que ella casi olvida
y recordarse así, que a pesar de sus lágrimas, alguien a su lado respira.

Pero aún así me preguntó por el ruido de las olas grises, por el sabor del mar
porque con los años había olvidado su nombre, y no lo había pronunciado jamás
entonces la llevé a las costas del Mar Muerto, para que sus memorias regresaran
porque estaba seguro de que si Dios la encontraba ahí, le devolvería su alma.

Ella besó mi mano emocionada, y quizás desde ese momento dejó atrás el dolor
y abrió los ojos hacia los nuevos horizontes, más allá de su nuevo sol
entonces me dijo gracias, y que cuando quisiera encontrarla, ella estaría entre las olas del mar
para siempre esperando, vestida de ángel, al pie de la eternidad.



Entre las olas del mar.
Ad perpetuam Rei memoriam.

Todos los derechos reservados.

©2002-2006

Fons inmortalis.

Cuando la muerte cerró sus ojos, ella se eternizó en una canción de amor
pero no habían palabras de despedida, sólo la historia del dolor después del dolor
por eso le pregunté a la noche, si era justamente yo quien debía de notar su ausencia
entonces recordé el minuto final, cuando escribió mi nombre con la sangre que brotaba de sus venas.

Cuando el recuerdo la encontró dormida, ella se eternizó en la página de un diario
porque los marginados lloraban siempre por ella, y ellos habían escrito su obituario
por eso les pregunté por qué yo, por qué debía de dolerme solamente a mí
entonces recordé que ella me amaría hasta en la muerte, y ésa también es una forma de sentir.

Cuando este mundo la tuvo olvidada, ella se eternizó en el frío de la lluvia de invierno
para que nadie pudiera olvidarla, o al menos ése era su más profundo y secreto anhelo
entonces le pregunté a Dios, si era yo quien debía cargar el enorme peso de su soledad
fue entonces cuando la vi de pie sobre una estrella, abrazada a mi fotografía, y mirando hacia la eternidad.



Fons inmortalis.
Ad perpetuam Rei memoriam.

Todos los derechos reservados.

©2002-2006

Historia de amor en la Atlántida.

Él eligió quedarse en la parte más profunda del mar
Porque ella necesitaba conocer el mundo y respirar el aire del más allá
Así subida a un pequeño caracol, llegó hasta las playas del Sur
Donde se encontró con el invierno, con el amigo sol y con su luz...

Caminó durante miles de horas, hasta que sintió que el sueño la abrazaba
Entonces soñó con su nombre, con sus ojos de agua clara y transparente
Él entre sueños, le dijo que siempre estaría allí, que siempre la amaría
Ella sabía que todas las palabras volverían a doler, si ella volvía...

Por eso cuando llegó al horizonte, quiso seguir caminando
Hasta que encontró un montón de niños, y quizás haya comprendido el milagro
Los ojos se le llenaron de lágrimas, y de pronto se sintió llena de tristeza
Quiso volver por el camino de sus huellas, pero no pudo encontrar ni al mar ni a la arena...

Se arrojó al piso, y ciega por las lágrimas huyó hasta que la encontró el cansancio
Cuando creyó que todo estaba perdido, sus brazos la tomaron y la llevaron hasta la playa
Entre sueños creyó sentir el amado perfume del mar, ese que tanto amaba
Cuando despertó estaba aún en sus brazos, sólo que esta vez él ya era el dueño de su alma...para siempre...



Historia de amor en la Atlántida.
Ad perpetuam Rei memoriam.

Todos los derechos reservados.

©2002-2006