jueves, 9 de junio de 2016

Drums.


El detective del FBI Martin Irons es enviado a investigar un caso que aparenta ser el suicidio en masa de la total concurrencia de seguidores en un ritual religioso, una asignación ya bastante horrible antes de que una de las víctimas muertas lo asusta cuando comienza a interactuar con él y conduciéndolo hacia una historia de horror con posesiones, santeros, brujerías, zombis… todo ante el estruendoso retumbar de los tambores.


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DrUms


Quien miró a través de las puertas abiertas. M.

No sé lo que sucedió ni por qué, tampoco podré decir lo que le pasó a él, ni la razón de que yo saliera vivo de allí; menos podré tan solo imaginar una explicación del porqué de la existencia de seres como aquellos. Lo que pasó es lo que trataré de contar. El tiempo que me queda es corto pues me han hecho tomar una dosis aumentada de tranquilizantes-más que la de ayer-para llevarme con esto, y en final, más sosegado hacia la institución mental como fue dispuesto por el psiquiatra a mi familia debido al resultado de mis sesiones. Todo en base a mi historia, perturbadora y mórbida, y a la reacción violenta de mi parte hacia mis semejantes por su falta de crédito a la misma, siendo luego separado por ellos mismos con la marca del desequilibrado.

A continuación escribiré esta historia-mi recuerdo-como testimonio de mi experiencia. Pasó a paso, tratando de no alterarme y desaprovechar esta ultima oportunidad para contarla por última vez, antes de que me encierren. Empiezo de esta forma, desde el inicio de mi convivencia con él.

Sentado en la banca de un parque situado un poco lejos de la ciudad, leía uno de los cuentos del famoso escritor: Sr. Edgar allan poe. Precisamente el muy escabroso relato: “La verdad sobre el caso del señor valdemar.” Terminaba de leerlo al igual que mi cigarrillo cuando su voz clara pero profunda…como reprimida, me pedia la colilla del cigarrillo aun encendido para con este encender el suyo. Cuando mire a quien me pedia tan común favor, observé a un joven de aspecto incordial, con un cuerpo enfermizo a pesar de tener una edad saludable igual a la mía-como supe posteriormente-unos 22 años.

Su cuerpo en detalle era delgado y alto, su cabeza parecía salir de una cabellera espesa y abundante, dudosamente peinada con cuidado, dejando ver su rostro pálido, alargado y cadavérico, con marcadas ojeras, muy oscuras, al pie de la mirada triste que mantuvo siempre hasta que escapo por sus ojos el terror que le invadió y le deformo el rostro en aquel fatídico y extraño día que trato de relatar.

Cuando me devolvió la colilla dejo su mano extendida pidiéndome ahora el libro. Note varias cicatrices de cortadas, también de quemaduras, y dos de sus dedos los tenía vendados. Cubrió de inmediato su esquelética mano al percatarse de mi grosera manera de mirarla, yo entonces le ofrecí el libro con amabilidad, a modo absurdo de disimulo por mi imprudencia. Él tomo el libro dándome un gracias sarcástico y mientras lo ojeaba expreso su agrado hacia el con comentarios a los que yo asentía por acertados. Debatimos un corto momento sobre el escritor y fue después de ese instante que deje escapar una invitación a sentarse para acompañarme, a lo que él aceptó gustoso.

Encendí otro cigarrillo con la misma colilla antes de tirarla al suelo y los dos hablamos animosos, no por unos minutos, sino por horas en una conversación agradable, variada y enriquecedora; terminando en la creación de una nueva amistad.

Después frecuentamos en varios lugares entre bares y parques, entrando, al conocernos más, en una relación de confianza. Me contaba mucho sobre si, sobre el distanciamiento emocional de su familia y los conflictos de autoridad que parecía pasar de mano en mano entre los miembros, me contó sobre su posición económica y como al ser el más problemático de los tres hijos sus padres decidieron no invertir en su colegiatura, por ende sus escasos estudios académicos, empero variados en lo esotérico y lo pasado, resultado del trabajo con un anticuario y de su energía inaprovechada.

Precisamente cuando hablaba sobre esto se excitaba de una manera notable. Esto se percibía en la manera que describía sobre unos rituales de fuego, sangre y salvajes de carne en los cuales eran necesarios los sacrificios humanos. Siento ahora el pavor que desvanece desde el interior a mis nervios, tendiéndolos en mi mente dándole paso al descontrol emocional como pasa desde ese día al recordar sus relatos. Esos sacrificios malignos de cuerpos, en que los envolvían a veces en orgías de instrumentos y elementos para la tortura corporal y mental, sumiéndoles así en dolor implacable descrito solo en inimaginables gritos que a su vez servían de coros a los cánticos morbosos en notas cacofónicas inducidoras de danzas pervertidas y extasiantes. Me retuerzo al pensar en individuos fanátistas ofrecerse a tales rituales. Todo en preludio a ceremonias establecidas para el culto o el favor de dioses de irracionables dogmas o en ocasiones a entidades sombrías e incorpóreas que acuden al llamados de personas, no con el poder de convocarlas, sino por la entrega voluntaria o insospechada de si mismos a quienes llaman.

Él me confeso saber sobre los procedimientos de algunos de estos ritos.Los horribles conocimientos los adquirió de diversos libros. Él me los mostró el día que fui a visitarlo a su casa. Casi todos de fácil adquisición en las librerías locales; hechicería, compresión de la magia negra, religiones paganas antiguas. Todos con la excusa de conocimiento, de aprendizaje sobre culturas pasadas. Solo unos contados con la mano no tuvo la confianza de rebelarme el lugar en donde los había adquirido. Eran libros grandes y gruesos, su pasta era de un raro cuero bastante deteriorado, al tacto arenoso, muy duro y sin portada; solo tenían unas señas… unas líneas curvadas y largas que entre espirales y dunas formaban algunas geométricas, con unas figurillas pequeñas similares a jeroglíficos. Él me explico que eran un antiguo tipo de escritura y que estaba tratando descifrarlos con prometedores avances. Estos libros los clasifico como “los importantes”, y solo me los enseño por unos segundos, sin abrirlos y sin dejar de sostenerlos, guardándolos luego en el mismo lugar de donde los saco. Una gran caja rectangular de madera, sostenida en sus uniones por unas gruesas platinas remachadas de metal al igual que la tapa. Cerró con llave el hermético cajón, quedando adentro los prohibidos libros con el más grande y grueso que no quiso siquiera sacar -¡incluso negó!- No me importo su conducta quisquillosa, lo vi como una excentricidad de cada quien y él solo se limito a comentarme sobre los que permanecieron afuera, inquieto y excitado como siempre que hablaba de estos temas.

También me mostró los dibujos hechos en carboncillo, todos estos sobre su misma fascinación. Suntuosos altares egipcios, tronos increíbles con motivos babilónicos y alegóricos a leyendas de divinidades; todos ellos con gran talento hechos. Después revelo los que hizo inspirado en los terribles rituales y a los seres dedicados. Estos eran mas amorfos, con templos que se me hace difícil describir; solo pude identificar, ¡en uno de ellos!, las incontables columnas cilíndricas con unas figuras muy similares a la de los recelados libros. Estas columnas parecían sostener el espacio oscuro y remolinozo que constituía toda la profundidad del escenario, con senderos hechos en niebla que parecían tomar entre las finas curvilíneas nebulosas -de lo que consistían- formas reconocibles en cuerpos humanos. Todos estos senderos terminaban en un mismo lugar ubicado en el centro del dibujo donde se encontraba la entrada del extraño templo de muros extensos y altos, con pequeñas inscripciones de seres en aparente danza, todos dirigidos hacia el mismo lugar que los senderos. Y tras este estaban los de unas criaturas deformes, algunos intentando imitar posturas erguidas, otros sentados en tronos que parecían constituirse de…esencias semitransparente, la cual salía de las reverencias de toscos y primitivos hombres; y al final, el dibujo que reprodujo en todos los muros y en el cielo raso de su habitación. Este era de un bosque muerto, abundante en árboles secos y debajo de un cielo nocturno. Detrás de estos árboles, entre una espesa niebla blanca que inundaba más de la mitad del mural estaban situadas cuatro túnicas grisáceas -una en cada esquina- que se levantaban imitando la forma humana pero en el interior de sus capuchas no se observaban rostros, solo se encontraba un espacio vació y oscuro. De pie, semiocultos, apenas visibles por el efecto de luz a ilusión de una lejana luna llena, las figuras daban la impresión de observar hacia el centro de la habitación en donde se ubicaba su cama. Era curiosa la idea de pasar una noche en ella con esa imagen, pesar de ser tan solo un dibujo.

Las historias de terror y leyendas fantásticas no influían en mí más que en el ego del escéptico. Sinceramente me gustaba leer sobre estos mitos y cuentos extraordinarios por las reveladoras manifestaciones de las debilidades mentales de algunas personas al dejarse influenciar por una cantidad suficiente de fuentes insensatas, haciéndose sostener a si mismos la creencia de eventos tan incongruentes basándose solo en poco más que unas pruebas desencajantes entre si. Me comprobaba en ellos la efectividad de mi mente sistemática y criterio exigente. Evidencia de inteligencia y conocimiento. Pero ahora siento moverse el piso debajo de mí al escribir estas líneas confesando mi estrecho criterio ante la idea de la existencia misma y de la verdadera extensión de la palabra vida.

Luego de ese día no lo vi más hasta una semana después cuando me lo encontré en la calle. Él caminaba un poco nervioso, mirando a su alrededor con mal disimulo. Cruce asía el otro lado de la calle para saludarlo y me sorprendió su reacción de espanto antes de percatarse que era yo quien le tocara el hombro. Cuando me respondió lo hizo con una voz cambiada, mas carrasposa y cohibida, también encrespaba las manos constantemente y mantenía un leve temblor en su cuerpo ahora encorvado. Todas estas señas de miedo se transmigraron a mí luego de escuchar la confesión que me hizo segundos después: -¡Lo hice!, pude descifra muy bien las indicaciones, los procesos y los he efectuado paso a paso. No tuve resultados, debí de hacer algo mal, pero se que no estoy lejos.

¡Me congele! Sus palabras entraron en mis oídos con la fuerza de su excitación y en mi mente con la impresión de imaginarme los rituales efectuados por él. Lo mire a los ojos, brillantes y exageradamente abiertos, asustándome la sinceridad que vi en ellos. Al notar en mi silencio la impresión que me causo su revelación se despidió diciendo que tenía un encargo muy urgente. Después de eso no lo vi más, hasta ese día en que lo irreal era lo único consistente.

Tres días antes me encontré a su madre, quien me dio más indicios de sus desquicios. Cuando le pregunte por él solo me respondió muy frustrada: -el muy insensato dejo de trabajar hace ocho días y desde entonces ya no pasa mucho tiempo en la casa. Se va, dejando la puerta de su cuarto cerrada con llave y regresa muy, muy tarde. Cuando le pregunto donde a estado, que a estado haciendo, solo responde que me calle y me largue. Esta muy agresivo -sus palabras me sorprendieron, yo sabia de su comportamiento agresivo pero él no se atrevía a tratar de esa manera a su madre. Pero al final ella dijo algo que me dio, lo que en ese momento me pareció, una respuesta para su conducta- también cuando se encierra por las noches en su cuarto se empieza a percibir un olor suave pero presente, como a quemado, como a madera quemada ¿¡con una sensación dulce!? -su seño se frunció, como si hubiera entendido algo y después, muy enojada continuo -el muy desgraciado, ¡debe estarce fumando, metiéndose algo!

Pensé que esa era la explicación más razonable. La inhibición, el estimulo de las drogas sintéticas y naturales que abundan en las calles o las alucinógenas como el opio, los ácidos, hasta la epifaníca amanita muscaria, las cuales son mas fáciles de conseguir de lo que se cree, debían ser la razón de su comportamiento aparentemente obsesivo, estimulante y ansioso nervioso. Por ello decidí ir a buscarlo en su casa el lunes siguiente, día en que se coincidía la ausencia de todos los demás miembros debido a sus ocupaciones rutinarias. Por ende él tendría la privacidad para sus actos.

Fui con mi fe puesta a esta suposición, decidido a encontrar las respuestas a mis dudas y a si saber como intervenir a fin de su bienestar. Pero termine en una situación lejana a todo entendimiento, sumido en la impotencia de actuar debido al pánico y a la incomprensión que hoy son trastorno y paranoia. Sobre todo en noches de cielos despejados con la luna llena, la cual hace sentir en sus pálidos rayos de luz, la presencia de su inhóspita naturaleza.

Llegué a su casa y entre por la puerta metálica en el pasadizo del costado que conduce al patio. Introduje mi mano por la abertura del lado derecho. Un cuadrado pequeño entre la malla que cubría toda la puerta con el se pude manipular desde afuera el picaporte que encontré desprovisto de cerrojo. Ya en el patio, un hecho poco, poco común encontré; sus muebles y pertenencias amontonadas en distintas partes. Pase al interior de la casa por la puerta de madera que estaba abierta en ese momento confirmando con esto la presencia de alguien en su interior. Comencé a buscarlo por toda la casa hasta terminar en su habitación, en donde encontré sus intenciones.

La habitación estaba totalmente vacía a excepción del ropero que no se podía remover. En todo ese espacio estaban dispuestos los preparativos para lo que presencie; ese traumático ritual que me tiene en la decadencia y me terminara en el aislamiento social. Todo el escenario en detalle consistía de un círculo marcado en el suelo… como si hubiera sido dibujado con fuego o algo altamente caliente. Dentro del círculo un gran triangulo en su interior hecho de la misma manera; interior y exterior de este mismo, habían unas inscripciones iguales a las que tenían aquellos malditos libros tan recelados por él. De hecho uno de estos estaba afuera, dispuesto en el medio de todo el dibujo. También había unos recipientes pequeños de cerámica, conteniendo hasta mitad, unas hojas picadas que ardían muy lentamente a un leve fuego, despidiendo un seco olor dulce. Estas vasijas, con los bordes llenos de hollín y rodeadas por residuos de cenizas, estaban situadas una en cada esquina de la habitación, precisamente en frente de las túnicas pintadas en los muros, las cuales me dieron la impresión de tener un ligero relieve desde todo su contorno, así como varias secciones del dibujo.

Me acerque para recoger el libro, pero entonces oí las voces de dos personas; una de ellas no la conocía, aunque era claro ser la de una mujer, la otra era la de él. Impulsado por el miedo a su reacción debido a su creciente agresividad, me escondí en el ropero vació, mirando por las rendijas de las persianas que tenían las puertas. Espere que se fueran. Por mucho rato seguí oyendo las voces que me parecían estar en la sala. No podía escuchar lo que decían, hablaban muy bajo pero al final callaron muy abruptamente. Hubo después un instante de completo silencio en el que resolví salir pensando en que ellos se habían marchado. Sin embargo no alcance a abrir la puerta del ropero cuando él entro a la habitación sosteniendo en sus brazos a una mujer de cabellos oscuros y piel clara. Ella estaba totalmente desnuda y semiinconsciente, él vestía encapuchado con una capa oscura que le llegaba hasta el suelo, entre abierta, dejando ver su igualmente desnudes.

Él entro lentamente a la habitación, deposito a la mujer suavemente dentro del triangulo, levanto el libro, lo abrió y comenzó a leerlo en voz alta vociferando como poseso en alguna forma de… lenguaje… sin fonética aparente. Luego de hacer sus conjuros puso el libro en el suelo y se poso sobre la mujer, quedando a si, ocultos debajo de la capa. La mujer ya un poco mas despierta forcejeaba evidentemente, un grito horrendo salio por su boca pero fue ahogado muy rápido. Decidí salir para detener aquello de inmediato pero estaba tan absorto en lo que pasaba que no me percate de la niebla que cubría mis tobillos y que seguía esparciéndose lentamente y cuando intente abrir la puerta toque lo que percate después era una rama seca. Note todo entonces, el frió cortante, los árboles muertos a mi alrededor iluminados débilmente por la luz de la lejana luna llena en lo profundo del cielo nocturno y aberrantemente oscuro.

Soy sincero, no puedo, por más que intente, encontrar una palabra para describir o siquiera comparar el terror que sentí en ese instante. Confundido y alterado me quede inmóvil, mudo, por lo que a mi me concierne solo mi vista y oído servían, aunque mi compresión era nula. Aun hoy es escasa. No se como me pude mantener en pie, como no me desmaye, como seguí atestiguando lo que pasaba después de verlos.

Cuatro túnicas grisáceas se acercaron a donde estaba él, rodeándolo; cuando se dio cuenta se puso de pie, retiro la capucha de la cabeza con sus manos ensangrentadas, observo a su alrededor con sorpresa y termino mirando a los extraños con aspecto confuso. No creo que me viera, yo estaba para entonces detrás de uno de los árboles mirando a través de sus pobladas ramas secas, escuchando cuando él comenzó a hablar.
-¿Quiénes, quienes son ustedes?

Entonces todo se intensifico cuando uno de los seres le respondió
-somos tus creaciones, tus hijos padre nuestro.

La voz salía de su capucha vacía. Una voz muy similar a la de él pero con un zumbido taladrante que se esparcía por todo el espacio que no parecía tener algún límite o final. Mi razonamiento sobre la situación a si como la esperanza de que todo fuera un sueño raro, una perversa pesadilla o una alucinación causada por los inciensos que encontré con anterioridad, fueron desbastadas por la percepción intermitente de mis sentidos para con el alrededor de todo aquel sombrío escenario, haciéndome tambalear en la concepción de lo real y lo irreal. Posteriormente la agitación tormentosa de mi mente fue aplacada por la voz que volví a escuchar hablar, pero ahora no parecía salir de aquella siniestra figura, más parecía estar en el aire, en el completo espacio, abandonando su zumbido tono para convertirse en un eco retumbante que penetraba en mis oídos y explotaba en su interior

-tú eres nuestro padre, quien nos dio una forma y su lugar en el espacio, pediste por nuestra existencia y nuestra madre accedió a tu petición.

-¿madre? -pensó él en voz alta y la voz continuó

-ella quien esta sobre nosotros, en la protección de su lejanía –

observe hacia arriba, a donde los extraños seres inclinaron sus cabezas y sobre nosotros estaban la luna llena, enorme, tan cerca que daba la idea de estar a muy pocos kilómetros del suelo. La voz callo por unos momentos pero luego hablo de nuevo- ¡nuestra madre!, su poder es tan grande que bastaría solo su acercamiento para provocar el caos; sin embargo en la distancia basta con la luz vana que permite llegar a nosotros para prevenir la magnitud de su sola majestuosa presencia. Ella te escucho, y te acepto, extendió su poder a través de sus rayos de luz dándonos la vida, entregándonos a ti. Pero tú no cumpliste con lo que declaraste, nos abandonaste, ¿acaso no nos viste? -en ese momento los seres inclinaron sus cabezas asía él, continuando la voz, la cual había tenido otro cambio. Ya no explotaba en mis oídos sino que era tan fuerte que hacia vibrar el suelo, los árboles y todo mi cuerpo. La explosión ya se daba en el exterior. -No nos otorgaste el aprendizaje como te correspondía. Usamos la poca fuerza que nos entregaste para aprender al observarte a través de la hendidura creada en la distancia infinita que hay entré nuestras dos existencias.

Sentado en el suelo, en posición fetal, usando mis manos para tapar mis oídos sacudía mi cabeza con tal fuerza como si la idea de la negación hiciera desaparecer lo que mis ojos veían, pero todo permanecía allí. Enojado pataleando desesperado rogando por el final golpeé lo que me pareció en principio una protuberancia en el suelo, un bulto –no me mal entiendan- fuera de escena. Atónito me acerqué a gatas cautelosas, agite la niebla con mi mano para dispersarla y mire intrigado lo que había encontrado. Tambalee y me devolví al árbol en donde estaba, horrorizado por tal grado de descomposición humana. La protuberancia resulto ser la mujer con la que me había encontrado en la calle días atrás. ¡Su madre! La mujer estaba cubierta de harapos rasgados y su, ¿piel?, ¡su carne! estaba seca, dura como petrificada, era igual que una estatua con venas y huesos resaltados, con manos desprovista de uñas y cabellos escasos. A pesar de todo eso era claro, podía reconocerla. Pero a pesar de su momificado aspecto fue la niebla la que me hizo retroceder, ya que cuando la disipaba volvía en unas humeantes, casi invisibles líneas, a introducirse por las cuencas vacías de los ojos, para salir espesa por la boca anormalmente abierta, cubriéndola rápidamente en aquella densidad circundante.

Por más que quisiera o lo deseara no podía estallar, las dudas me mantenían en un margen de conciencia, era como estar detenido en el aire con la sensación de un irresistible vértigo mirando asía abajo a una caída sin fin. Todo lo que era increíble asediaba mi cordura constantemente sin poder aceptar lo que ocurría a pesar de que todos mis sentidos lo evidenciaban; y al ver a esa mujer hacia a mi imaginación, crear posibilidades remotas en fantasías enfermas y hacerlas tomar de primeras como las razones obvias. Pero la voz rebelo la más insospechada e inimaginable.

-Cuando volviste por segunda vez, la brecha se convirtió en puerta, que se cerró al irte, ignorándonos, dejándonos solos de nuevo con un tributo pobre. Seguimos débiles pero fuimos lo suficientemente fuertes para entrar por la puerta, por una vez. Así esperamos en nuestro anhelo, el momento correcto en el que aplacaríamos nuestra miseria. Y entonces vimos a un ser de igual forma que la tuya padre, con menor tamaño pero mayor fuerza en su escencia. Por él decidimos entrar. Así, de esta manera aumentamos nuestra fuerza, con uno a uno, cual íbamos escogiendo al mirarlos -la voz callo un momento mientras los seres se acercaron un poco más a él- y ahora vienes otra vez ofreciéndonos nueva podredumbre. Sin embargo nos ha servido para poder tocarte y así hacer que te quedes con nosotros- después de oír esto, él transformo su rostro evidenciando el horror en una mueca deforme y el temblor de su cuerpo se cambio a convulsiones epilépticas por el mismo pánico que escapaba por sus ojos rogando piedad. Empero quedo paralizado en el momento que la niebla -ya tan densa como el agua y tan abundante que me llegaba hasta la cintura- lo rodeaba por todo su cuerpo haciéndolo casi invisible. Cayendo luego al suelo desapareció de mi vista, quedando solo sus fuertes y estridentes gritos de la sola agónica locura, fundiéndose con el eco estruendoso de la voz que finalizo al clamar: -Padre, no te iras, te quedaras con nuestra madre y le servirás con tu espíritu, así como pretendiste que te sirviéramos a ti. Dejaras la puerta abierta para que nosotros podamos cruzarla a voluntad. De tu opresión, nuestra libertad.

El estallido de sus gritos se entre cortaba por la agitada respiración de su desesperación. Pedidos de auxilio ahogados lentamente mientras mis sentidos se distorsionaban hasta convertirme en nada. Desvanecido como estaba, mis pensamientos se encontraban esparcidos por todo un espacio desconocido, la sensación de mi mismo fue tan dispersa que ignoraba quien fuera y en donde estuviera; hasta que todo se recobro. Mis sentidos, mis pensamientos, mi cuerpo, mi escéptica mente masacrada por lo extraño en una experiencia desprovista de sensatez y cordura con menos explicación que mi incomprensión. Mi única sensación firme fue la de un profundo e inexperimentable terror.

Al final fui encontrado, aún adentro de aquel ropero, en medio de mis ensordecedores gritos por dos policías que fueron al pedido de algunos vecinos preocupados por la repentina desaparición de la familia y por los desconcertantes gritos que se escucharon aquella mañana. En su declaración, los oficiales informaron haber encontrado la casa totalmente desocupada, con dos puertas abiertas y varios muebles esparcidos en el patio. Por el estado en que me encontraron, juzgaron que debía de ser un drogadicto que irrumpió recientemente en la casa, y sin señales de hurto ni violencia solo me hicieron unas preguntas, las cuales no pude responder debido a mi trastorno y confusión, buscando frenético, con la mirada, en todas las paredes mi completo motivo de locura. Por lo tanto me dejaron ir omitiéndome en su declaración.

Salí de ese ropero y corrí lejos de allí, con mi vida encerrada en el recuerdo de mi experiencia y en mi conducta la prueba de mi trauma puesto que ya no puedo salir en días de bruma, no puedo ver un solo rostro sin que salte a mi mente la imagen de aquella mujer y al cerrar mis ojos aparece el vació de las capuchas con los gritos perdidos de aquel amigo en la profunda oscuridad. Sin embargo evito estar despierto antes del ocaso y trato de despertar después del alba para así evitar consiente el inevitable acojo de la noche con su eterna habitante: La pálida luna de poderes desconocidos e insospechada realidad, de su identidad.

Ya siento las últimas fuerzas que me quedan desvanecerse a causa de los efectos que los medicamentos y tranquilizantes hacen en mí, y escuchando el llamado de mi agobiado padre anunciando el tiempo que tengo para la despedida antes de mi enclaustramiento, solo me alcanza para terminar advirtiendo sobre los seres encerrados en los tiempos antiguos que esperan despertar del olvido de la humanidad mediante unos cuantos, manipulándolos mediante su curiosidad, ofreciéndoles en sus misterios promesas de poder y saciedad eterna. Desde el otro lado de las puertas cerradas solo piden abrirlas con las llaves pasadas de época a época a través de la perdurable memoria humana y las que están registradas en varios documentos esparcidos por todo el mundo.

No puedo ofrecer nada que convenza a una mente con mi antigua ideología, sin embargo todo lo que he dicho es real, ¡lo juro, de verdad, por favor… lo juro!, las puertas están abiertas y ellos están afuera; la prueba más grande es la más frustrante por no poderse ver. Esta es la que encontré en los pisos, muros y el cielo raso de aquella habitación cuando al salir los vi totalmente en blanco.

Un final feliz. B.M.

Cierto día lluvioso de un invernal febrero, la pequeña Clarissa de tan solo 8 años de edad salía de su clase de ballet junto a su amiga Brenda y la madre de ella. Clarisa esperaba ser recogida por su madre, pero Brenda dijo que su mamá habló con la suya para que se quedaran juntas unos días, y esto emocionó a la pequeña, pues pasaría tiempo con su mejor amiga.

-Señora mamá de Brenda- Exclamo la niña de cabello largo rubio y de piel clara –quisiera pasar a mi casa primero.
-Mmm…, Clarissa ahora no podemos ir a tu casa, tus papás no están, por eso te vas a quedar conmigo y Brenda unos días, tu mamá pasara luego a dejarte algo de ropa y unos juguetes.
-No es eso, es que quisiera ver a mi abuelita, esta enfermita quiero irla a ver.
-Ella… ella esta bien no te preocupes.
-Pero yo…
-Vamos no pasa nada sube al auto sino te mojaras, cuando lleguemos a casa te daré un rico postre
-Yo también quiero mami-Dijo Brenda.
-Claro hija, todas comeremos postre, veremos una película y mañana después de la escuela iremos al parque de diversiones.
-Suena bien pero yo…
-Vamos Clari, tu abuelita estará bien, siempre me siento mejor después de estar enferma-interrumpió la pequeña Brenda.
-Bueno esta bien, vámonos.

Las 3 subieron al auto y se marcharon, ese mismo día transcurrió como lo planearon y también el siguiente, ese día por la tarde llego la mamá de Clarissa con ellas poco después de que llegaron del parque de diversiones, dejo algo de ropa y su peluche favorito a la madre de Brenda, Clarissa jugaba con su amiga en la sala, se acerco a la puerta y solo escucho mientras que se acercaba el final de la conversación de ambas:

-Claro que se puede quedar más días Lucia, pero en mi opinión es mejor que la vea, es la última oportunidad que tendrá, a Brenda le paso lo mismo y lo entendió bien-Dijo la madre de Brenda
-Clarissa es diferente, aun es muy pequeña, y estaba muy apegada a ella a un punto que no te das una idea, no lo soportaría, cuando crezca le explicare y ella lo entenderá.
-¿Qué voy a entender mami?-pregunto Clarissa a su madre de nombre Lucia.
-Nada hija solo que te quedaras mas días, te traje ropa, tu osito y unos cuentos de los que te gustan, Blancanieves, los 3 cochinitos, caperucita roja…
-Solo me gustan cuando los cuenta mi abuelita y esta enferma.
-Hija tu abuela esta… esta mejor, esta en un mejor lugar.
-No entiendo.
-Algún día lo entenderás, ahora ve a jugar, los adultos deben hablar.

Clarissa tomo todo lo que su madre le dio y se marcho.

Nuevamente pasaron unos días de diversión para la pequeña, hasta que llego el día que volvería a casa.

Su madre la recogió y la llevo a su hogar, al llegar estaba emocionada de contarle todo a su abuela, mas sin embargo al subir las escaleras e ir a su habitación que compartía con la anciana mujer, se dio cuenta que no estaba, pensó que su abuela le jugaba una broma y estaba escondida en el armario, así que decidió que seria ella la que la sorprendería, camino lentamente hacia ese punto y al abrirlo se llevo una sorpresa, pues no solamente no estaba su abuela si no que tampoco su ropa ni zapatos, de hecho al lanzar una mirada con mas atención no encontró nada que le perteneciera a su abuela.

-Mami ¿y abuelita?-pregunto la pequeña
-Como te dije esta en un mejor lugar.
-¿Cuándo regresa?
-Va a regresar… pronto se fue de viaje, por eso no están sus cosas, esta en un mejor lugar, un lugar donde están todos sus seres queridos.
-Quisiera ir con ella, no se despidió.
-Hija no te pongas triste volverá algún día, por ahora desempaca la cena estará muy pronto.

La pequeña aun extrañaba a su abuela no podía creer que se fuera sin despedirse, después de una media hora bajo y vio a su padre el cual estaba sentado en un sillón, además de mostrar una cara de tristeza.

-Papi, ¿Por qué estas triste? ¿Es por mi abuelita? ¿Adonde fue?-Pregunto la pequeña Clarissa.
-Mi madre, tu abuela, esta en el paraíso. -Contesto el padre
-¿Qué es el paraíso?
-Es un lugar muy bonito algunos le llaman cielo, es donde va la gente buena al mo… al moverse de casa su casa y mudarse es un lugar adonde llegan las personas buenas como tú lo eres algún día te unirás con ella allá, pero aun falta mucho
-Pero no estés triste, mami, dice que volverá algún día
-… Si… es verdad tu madre tiene razón.

Esto último lo dijo el hombre mientras abrazaba a su hija y veía a su esposa con cierto desprecio, cuando la niña se retiro a terminar su tarea, mientras subía las escaleras, escucho como su madre le recriminaba a su esposo por contarle del cielo si ni siquiera creía en el, el hombre contesto que solo la quería hacer sentir mejor y le pidió no discutir aun estaba muy dolido por su madre.

Esa noche Clarissa le pidió un cuento a su madre, la cual complació a su hija, sin embargo para la pequeña no fue de su agrado la forma que fue contado, su madre noto la poca atención que tenia su hija, así que termino el cuento luego beso a su hija, apago la luz y encendió una pequeña luz de noche, para luego salir y cerrar la puerta.

La historia de cómo esta niña perdió a un ser querido sin saberlo pudo terminar aquí, lamentablemente para ella no fue así.

-Me prometieron una mujer, pero a cambio me dieron a una niña-Exclamo una cavernosa voz.

Clarissa estaba a punto de dormir, pero esta voz la despertó por completo, con la tenue luz que iluminaba la habitación, pudo ver a un hombre alto y con un físico impresionante, pero lo que la aterro, era que el hombre, tenia la piel roja y tenia en la cabeza un par de cuernos parecidos a los de un toro.

-Pequeña no temas, esperaba una mujer, por lo normal desataría mi pasión, pero ante una niña yo… bueno primero quiero conocerte, quiero acostumbrarme a ti, quiero… saborearte.

El demoniaco ser se acostó a lado de la niña, y antes que pudiera gritar, su boca fue tapada por la mano izquierda del hombre, con la derecha la abrazo, y después lamió lentamente su mejilla, Clarissa lloraba y no podía gritar, por lo que su único consuelo era pensar en su abuela.

-Duerme querida niña, duerme-Exclamo el ser, y como si fuera un mandato, la niña obedeció sin oponer resistencia.

A la mañana siguiente, Clarissa se despertó, al quitar las sabanas pudo notar que había mojado la cama, su madre al llegar, la regaño por ello pues ya era un poco mayor para esto, la pequeña no le pudo revelar a su madre lo que para ella fue una pesadilla, no sabia por que no podía, no perdió la oportunidad de entrar al baño y ducharse, se sentía sucia y no era por haberse orinado.

Su día transcurrió como cualquier otro, pero se notaba insociable y distraída algo poco común en ella, al llegar el momento de ir a dormir le pidió a su madre que la dejara dormir con ella y su padre, tenia miedo, sin embargo su madre dijo que debía ser valiente ya era una niña grande, pero si la necesitaba solo tenia que llamarla y llegaría rápido como la noche anterior, la mujer apago la luz y salio de la habitación, no paso nada la niña estaba atenta por si volvía aparecer el hombre pero no fue así, sintiéndose aliviada comenzó a conciliar el sueño pero en eso apareció el Ser

-¡¡¡MAMA!!! ¡¡¡MAMA!!! ¡¡¡MAMITA!!!-Grito la pequeña.
-No insistas ella no te oye, de esta habitación ni un ruido sale, la razón por la que te tape la boca ayer fue que deseaba conocer tu cuerpo mas no tu voz, pero hoy necesito hablar contigo me desesperan tus gritos así que si sigues gritando te arrancare la lengua

Clarissa guardo silencio lo más que podía, pues aun sollozaba.

-Bien niña, eres inocente y eso me agrada, no eres culpable de nada, por si no lo sabes yo soy un demonio, y he venido por que mi parte del pacto, que digo tu no sabes, nadie te dijo nada y eso esta mal, tu abuela era la única que sabia y esta muerta, te lo quisieron ocultar, desde el momento que ingreso al hospital, cuando murió y su funeral, no supiste nada, ella murió por una falla renal, un transplante la pudo haber salvado pero por su edad ya no era candidata.
-¿Qué es estar muerta?- Pregunto la inocente niña.
-No sabes, como desearía explicártelo parte por parte, pero mejor dejare que los descubras
-¿Por que te apareces?-Pregunto la pequeña
-Eso mi querida niña es por que como lo dije antes, solo reclamo mi parte del pacto

Clarissa durmió ante los ojos del demonio, que se acercaba lentamente a ella.

A la mañana siguiente, al despertar, la chiquilla no pudo ocultar a su madre que había mojado la cama, su madre, le dijo que fuera a ducharse y luego a desayunar, Clarissa hizo lo que su madre le ordeno, pero tenia miedo y sobre todo duda de preguntar que era la muerte.

Al estar en el auto, intento preguntarle a su madre acerca de esa palabra, de lo que realmente le paso a su abuela, y que era un demonio, pero no se atrevía a preguntar, al llegar a la escuela se despidió de su madre, entro al colegio y fue hasta donde estaba su maestra la cual charlaba con otra profesora, la interrumpió para preguntarle solamente que era la muerte.

-Clarissa se que como tu profesora debo de aclarar todas tus dudas pero… bueno tu madre fue muy directa al no querer que te diga nada del tema, lo siento pero no quiero problemas.

La pequeña se alejaba de su profesora, pero alcanzo a escuchar cuando la persona con quien charlaba, le pegunto por que no le explicaba, la mujer respondió que estaba a punto de lograr su base como profesora, y no quería arruinarlo por un problema con una madre conflictiva.

Intento preguntarle a algunos de sus compañeros pero se burlaban de ella, pues al parecer era la única que no sabia que era la muerte

En la hora del recreo, Clarissa se encontró con Brenda, a pesar de estar juntas en el ballet estaban en grupos separados, por lo que la hora del descanso era la única oportunidad de verse al verla le hizo la misma pregunta.

-Clari como no lo sabes, si tu abuela acaba de morir.
-Es lo que dice… es lo que dicen, pero no se que es eso.
-Recuerdo cuando le pregunto a mi madre después de que mi abuelo hace años se tiro al piso, se movía como gusano mientras se apretaba el pecho, luego dejo de moverse ni decir, se había quedado dormido, o es o creía, mi madre me dijo que había muerto, la muerte es cuando la gente deja de vivir, es metida en un cajón luego enterrada y nunca es vista otra vez.

Esto hizo llorar a Clarissa, su madre le había mentido, su abuela no volvería jamás, nunca la vería de nuevo.

-Pero no te preocupes amiga, la gente buena como mi abuelo y tú abuela se va al cielo- dijo Brenda.
-Mi papá me contó algo de eso, pero miro arriba y solo veo nubes, ahora no por que esta despejado.
-No tontita, no podemos ver a la gente en el cielo por que es invisible para nosotros, pero ahí esta, es un lugar hermoso, por lo que me dice mi mami, ahí todos son felices, no hay dolor ni maldad, y así es por siempre

La razón por la que la palabra cielo era desconocido para ella era por el ateismo de sus padres, hasta hace 2 noches su padre jamás le había comentado de ese sitio, por lo que ninguno de los dos nunca le explicaron que era el cielo… ni el infierno.

A pesar de todo al finalizar las clases, la pequeña seguía llorando, y le pregunto a su madre, si su abuela estaba muerta, su madre la abrazo poniendo poco interés a las dudas de su hija la invadió con más preguntas.

-¿Quién te lo dijo? ¿Tu padre? ¿Tú maestra? ¿La madre de Brenda?- atacaba con varias preguntas, pero ninguna era respondida, así que fue con la profesora de la niña, con la cual discutió largo tiempo, mientras tanto la niña seguía llorando.

Al no tener respuesta con la maestra, pensó que había sido su marido así que esa noche discutió con el, aunque el hombre se sentía ofendido por el hecho de ser acusado, realmente le molestaba el hecho de haber escondido la muerte de su madre a su propia hija.

Al terminar la riña la mujer fue a su habitación a dormir, mientras que su marido dormiría en el sofá, Clarissa, temía que el demonio apareciera, por lo que le pidió a su madre dormir con ella, su madre se lo permitió.

Cuando las 2 se acostaron y luego de unos minutos, la madre de Clarissa ya dormía, mientras que la pequeña, segura que estaba a salvo con su madre, se sentía mas tranquila, pero el demonio apareció, el ser malévolo hombre dijo que deseaba una mujer como la madre de Clarissa, pero ella no era parte del pacto, el demonio no se acerco solo miraba, se divertía con solo observar, Clarissa no podía dormir por el miedo, pero después de unas horas, el demonio le dijo que durmiera y la pequeña durmió.

Al amanecer, sucedió lo mismo, había mojado la cama, esto molesto un poco a su madre, pero decidió no reprenderla, la rutina de Clarissa era monótona y repetitiva, amanecía mojando la cama, iba a clases por la tarde asistía al ballet, el cual ya no le divertía, pues pensaba en el demonio, y por la noche le aterraba ir a dormir pues sabia que ese ser la esperaba, en algunas ocasiones, dormía con sus padres, en otras con su amiga Brenda, en esas ocasiones solo era observada por el demonio, pero cuando dormía sola el demonio se acostaba a su lado, cada noche el demonio le decía que durmiera y ella lo hacia sin llevar la contraria, al despertar se sentía sucia y no era por haber mojado la cama.

No sabia por que el demonio la acosaba, ese ser no daba respuestas directas, la pequeña pensaba todo esto mientras esta en la sala de espera de un consultorio de una psicóloga, pues su madre no sabia como lidiar ante la conducta de su hija, por lo que la llevo con una amiga suya, no pensó demasiado en esa sala pues fue rápidamente recibida.

-Hola Clarissa, me llamo Leticia, soy amiga de tu mami, voy a hablar contigo la próxima hora.-dijo la psicóloga que la hizo pasar solo a ella y no a su madre pues quería una charla mas intima para conocerla.

Al entrar Clarissa observo el lugar el cual estaba pintado de rosa, decorado con muñecas y hermosas figurillas de cristal que tanto le gustaban todo esto la hacia sentir cómoda, mas sin embargo aun estaba algo asustada, esto lo percibió la psicóloga, en respuesta le dio una hoja de papel para que dibujara y cerca de ella habían colores, mientras tanto charlaba con ella, le preguntaba acerca de la escuela, el ballet, sus amigas, sobre todo de Brenda, pero lo que mas le interesaba era su abuela. La hora casi paso como un respiro, la doctora sabia como hacer una amena conversación con una pequeña niña, Clarissa le decía todo incluso que Brenda le explico que era la muerte, todos estos datos eran estudiados por Leticia, pero aun le quedaba una duda antes de terminar la sesión y era deseaba saber una cosa, saber quien le dio la noticia de la muerte de su abuela, sabia que Brenda no fue por que ella no sabia, Clarissa respondió.

-Fue ese hombre, el malo.
-¿Pero que hombre?-Pregunto con mucho interés Leticia

Clarissa no deseaba decirlo, no le creería, pensaba en su desesperación por buscar a alguien que le entendiera, pero quiso intentarlo aunque de su boca no salía la voz que le indicara quien era, con su mano señalo a un hombre de color rojo que estaba a lado de ella y su familia.

Previamente Leticia había mostrado interés en la forma en la que Clarissa usaba el color rojo pues lo hacia con fuerza y desesperación, al ver al hombre rojo, Leticia quiso preguntar quien era pero observo que Clarissa estaba cerrada a este tema, al terminar la hora, Clarissa salio con su madre, en ese momento llegaba la hija de Leticia una adolescente, ambas irían al cine y luego dar un paseo, por petición de su madre paso un breve momento con la niña mientras hablaba con su madre. Mientras la dos chicas hablaban, Leticia le enseño el dibujo y explico a Lucia su juicio.

-Lucia acerca del dibujo, al principio pensé que tal vez era tu esposo, pero descarte la idea al ver que son 2 dibujos distintos.
-Entonces, puede ser otra persona, ¿un maestro de su escuela, o el padre de Brenda?
-No, en un principio pensé que tal vez podía ser así, pero cuando la niña me explico detalladamente la forma en la que su abuela murió, me di cuenta que es posible que tu suegra allá hablado con ella en la ultima vez que se vieron de que se acercaba su fin, tu hija por su inocencia tal vez no entendió, y hasta ahora conecta todo lo sucedido.
-¿Pero este… demonio?
-A eso iba, tras analizarlo bien de manera tajante, sola puedo llegar a una conclusión.
-¿Cuál es?
-No existe, es una idea, algo que forma parte de su mente, como dije su mente trata de conectar todos estos hechos, pero es algo muy fuerte para ella, sobre todo por el hecho de que haz tratado de ocultarlo, ella ha buscado respuestas, las encontrado en otras personas, algunas han sido amables otras no, ella ha construido su propia conclusión, la cual es que la muerte es mala y tal vez vio al demonio en alguna parte, la T.V. un anuncio, o en algún otro sitio, lo ve como una cosa mala, y por ello fusiona ambas ideas, pero te repito, no existe.
-Y por que moja la cama, eso ya lo había superado.
-Es una forma de desahogo, casi no llora por la muerte por que su subconsciente aun no lo asimila bien, pero su subconsciente trabaja de otra manera, no te preocupes trabaje en esta área con ella.

Lucia se sentía aliviada, pues solamente con un poco de ayuda y paciencia su hija se recuperaría pues solamente se trataba de algo así como un amigo imaginario, después de concertar otra cita dentro de una semana, paso a retirarse con Clarissa, sin embargo antes de irse, la hija de Leticia le tomo una foto con su teléfono a la niña pues le agrado mucho a pesar de su breve charla, después de eso se retiraron, la chica luego de despedirse miro la foto, su mirada era de miedo al ver lo que estaba en esa pequeña pantalla.

-Mamá, mira esto-Exclamo la chica mientras le daba su teléfono a su madre
-¿Qué pasa?… a que bonita foto, es una linda niña.
-No mamá, mira con atención, ¿acaso no es perturbador?
-Si hija, es una niña con muchos problemas y se nota en sus ojos, no te preocupes por ella yo la ayudare.
-Mamá me refiero a que si no vez…
-¡Ho! Mira la hora que es ya es tarde, debemos de irnos ya si queremos llegar a tiempo al cine.

Sin que la joven pudiera decir algo mas pues su madre iba por su bolso, volvió a mirar la foto que tomo y no entendía si acaso su madre no lo veía o simplemente lo ignoraba, pero a ella le causaba escalofríos ver que detrás de Clarissa, se encontraba un ser demoniaco.

En el auto, Lucia le explicaba a su hija que ese demonio que vería era una fantasía, y por tanto no era un problema grave, Leticia le ayudaría en acabar con esas fantasías, pero para ello debía de poner de su parte, y para empezar debía de entenderlo y dejar de creer en ello, si volvía a ver eso, simplemente debía de repetirse que solamente era fantasía y desaparecería, Clarissa entendió esto.

Esa noche antes de dormir, la pequeña Clarissa estaba acostada en su cama mientras su padre leía un cuento de hadas, aunque ella la escuchaba con atención, su padre lo hacia con cierta desidia, no acostumbra hacer esto, normalmente era algo que hacia su fallecida madre y en otras veces su esposa sin embargo ella estaba ocupada. El padre de Clarissa en su trabajo como profesor universitario siempre discutía de temas más serios y complejos con sus alumnos y otros profesores, este tema tan simple no lo tenía tan a gusto.
-Hija no se por que te gustan todos estos cuentos, igual todos tratan de lo mismo.-decía el padre
-No es cierto papi, la cenicienta es muy diferente a blanca nieves, la caperucita roja o a la sirenita.-contesto la niña
-En todas hay princesas
-mmm….. en los tres cochinitos no hay princesas y ni la sirenita ni la caperucita lo son.
-Hija… como explicártelo… bien concibe esto, todos los protagonistas de las fábulas invariablemente se contraponen a los mismos inconvenientes, sus tramas son monótonas y cargantes, el clímax predecible y…
-¿…?
-bueno, para que entiendas, los personajes en los cuentos siempre son atacados por un sujeto malo, los molesta y les hace en ocasiones daño, pero al final suceden 2 cosas, o son salvados por alguien mas o tienen una idea que les saca de apuros, al final siempre hay un final feliz.
-Eso me gusta papi
-Lo se, pero entiende que no siempre hay finales felices, le paso a tu abuela, ella lucho mucho contra su enfermedad pero al final murió.

El maduro e insensible comentario de este catedrático padre lastimo a su pequeña hija el cual lo hizo llorar, pero después de que el hombre la tranquilizara dándole un abrazo y unos besos le dijo:

-Hija lo siento, eres todo lo que tengo y por ello te quiero, cualquiera diría que es algo normal en tu edad creer en estos cuentos, pero es que simplemente no quiero que termines como tu abuela, creía en cosas que no existían, y por lo que me comento tu madre acerca de lo que dices ver, siento que vas por el mismo camino.

El hombre beso por ultima vez a su hija y se retiro, Clarissa sin embargo se mantuvo despierta, no podía dormir pues sabia que el demonio aparecería, y no tardo en pasar, al hacerlo cerro los ojos y se repitió por casi un minuto que no era real, terminado este eterno tiempo para la niña, abrió los ojos y no esta el demonio, la felicidad no se hizo esperar, y casi gritaba de alegría, pero este grito quedo ahogado cuando escucho como la cavernosa voz del demonio resonaba en su oído.

-Soy tan real como lo que vas a sentir esta noche.

El demonio estaba detrás de Clarissa tomo su oso de peluche con su mano lo quemo carbonizándolo en el instante, luego la tomo por la fuerza y comenzó a acariciar y besar a la niña, la cual no paraba de llorar ni gritar y pataleaba en todo momento, pero al igual que las noches anteriores los sonidos no salían de la habitación y sus movimientos eran contenidos por el demonio.

Todo esto pasaba mientras sus padres que discutían, cada uno tenia un punto diferente de cómo educar a la niña, su padre decía que debían de ser directos y sinceros a todo lo que preguntara, en cambio su madre decía que debían que dejar que el tiempo pasara y aprendiera poco a poco.

Ambos argumentaban que era por su bien, pero no sabían el infierno que pasaba su pequeña.

Pasaron horas, Clarissa no durmió, antes que el primer rayo de sol entrara por la ventana de la habitación de la niña el demonio dijo:

-Te lo suplico por favor ¿Por qué me haces esto? Pregunto la niña en una voz poco entendible debido a que lloraba mucho.
-Pensaste que yo era una fantasía, mas bien es lo que te hicieron pensar, pero mírame y siénteme no soy una fantasía pues bien si tanto lo deseas saber te lo diré, hace 50 años tu abuela era una mujer miserable, ella busco en varias partes una forma para encontrar dinero fácil, vendió su cuerpo e incluso se ofrecía gratuitamente a hombres con poder para sacar provecho de ellos, en cierta ocasión a uno de esos le robo un libro el cual tenia secretos del mundo de las sombras, era muy ignorante en el tema pero su ambición la hizo seguir realizo rituales de invocación, no sabia…
-¿Que son rituales de invocación?-pregunto la niña
-Interrumpes una sola vez más y arranco la piel del tu rostro-Dijo el demonio tajantemente silenciando a la niña- Ella no sabia en que se metía, fallo en varios de sus intentos, pero en cierta ocasión, tuvo éxito y me invoco a mi, yo doy todo lo que se me pida, a cambio le pido al solicitante una mujer de su propia sangre, pero tu abuela estaba sola, no tenia a nadie, sin embargo pacto conmigo pues me daría a la primera mujer de su descendencia al morir, le di riquezas, sabiduría y refinamiento, ella pensaba que al morir una de sus hijas ya seria una mujer madura, sin embargo de los 4 hijos que tuvo todos fueron varones, de esos 4, los 2 mayores tuvieron varones, el tercero no podía tener hijos por lo que adopto a una niña pero ella no es descendiente de tu abuela por lo que no entra en el pacto, el cuarto hijo, tu padre te tuvo a ti, la que pagaría el pacto, siendo una niña, pues tu abuela apenas murió.

Al escuchar esto Clarissa de congelo pues sin haber hecho nada que la involucrara debía de pagar el pacto de su abuela.

-Bueno ya me he contenido demasiado- decía el demonio mientras se preparaba para irse del lugar- quería esperar hasta que crecieras y tuvieras un cuerpo mas desarrollado, pero tu belleza me atrae demasiado, no puedo esperar mas, hoy te hare mía, para que lo entiendas, lo que sentiste esta noche será nada a lo que te hare cuando regrese en la noche, por eso esta vez no te hice dormir, para que te acostumbres a lo que te hare todos los días por los próximos años, sabes, te recomiendo que si quieres saber mas de tu abuela busca en el ático.

El demonio desapareció un segundo antes del primer rayo de sol hiciera su aparición.

Eran las 6:50 AM, Clarissa se levanto y sin que nadie la viera fue a ducharse, nuevamente el demonio la hacia sentir sucia. Al terminar de bañarse su madre ya estaba levantada, se sorprendió por la iniciativa de su hija de ducharse sin pedírselo, vio en su rostro las ojeras que tenia y le pregunto si había dormido bien, Clarissa contesto que no era nada estaba bien mientras que corría de nuevo a su habitación, Lucia solamente pensó que su hija tuvo una mala noche nada de que preocuparse.

Clarissa se vistió para ir a la escuela, después bajo y tomo asiento en el comedor, comenzó a pensar que podía hacer para evitar que ese demonio regresara esa noche, su madre le sirvió el desayuno, la cual no noto que su hija apenas comía, pues no le prestaba atención ya que hablaba por teléfono, su padre a pesar de tenerla de frente en la mesa tampoco notaba nada inusual, pues su atención estaba en el periódico que leía mientras escuchaba por la radio, los comentarios de política izquierdista del locutor, Clarissa a pesar de estar rodeada de sus 2 seres mas queridos se sentía sola.

Nadie noto que se hacia tarde, hasta que el locutor de la radio anuncio la hora, al escucharla los padres de Clarissa dejaron de hacer lo que hacían para apresurar la salida, no notaron que su hija apenas había comido pues discutían y se echaban la culpa uno al otro por el retardo, la discusión no termino al subir al auto ni en el trayecto, después de unos minutos, por fin pudieron guardar silencio, el cual fue interrumpido, cuando Clarissa pregunto si su prima de nombre Steffany era adoptada.

-¿Pero como lo sabes?-respondió sorprendido con esta interrogante el padre- ¿Acaso te lo dijo tu madre? Si es lo mas seguro.
-Yo no le dije nada, lo mas probable es que lo sepa por que nos escucho hablar del tema el otro día-contesto Lucia.
-Conversación que comenzamos por tu culpa.

Sin ser respondida de manera adecuada la duda, Clarissa vio nuevamente como sus padres discutían, no soportaba ver como peleaban, así que abrazo muy fuerte la mochila.

La discusión termino cuando llegaron a la escuela, ahí Clarissa bajo y camino sola a la entrada, mientras seguía viendo que sus padres no dejaban de pelear a pesar de la mirada de todos padres que dejaban a sus hijos, al final la madre Lucia se retiro y pidio un taxi, pues no deseaba seguir con su esposo.

Dentro de la escuela, Clarissa recibía burlas de sus compañeros pues decían que tenia mirada de zombie debido a que no había dormido tenia las ojeras y una mirada perdida que daba desasosiego, ella no sentía sueño si no solamente miedo, su mente solo se centraba en como salvarse del infernal ser, fue cuando recordó lo que su padre le comento acerca de los sueños.

“los personajes en los cuentos siempre son atacados por un sujeto malo, los molesta y les hace en ocasiones daño, pero al final suceden 2 cosas, o son salvados por alguien mas o tienen una idea que les saca de apuros, al final siempre hay un final feliz”.

Tras pensar en esto pensó que estaba viviendo un cuento, ella era quien estaba en apuros y necesitaba salir de ellos necesitaba alguien que la salvara y sabia quien.

Al finalizar las clases, corrió con su profesora, a la cual le inquietaba su aspecto y su desempeño del día se acerco antes de poder hacer un comentario, la niña solo le pregunto.

-Maestra usted sabe, como se puede alejar a un demonio, me molesta mucho, me hace cosas feas, y no sabe lo mal que me siento.
-Clarissa yo… quisiera ayudarte… pero no creo sea mejor para ayudarte con tus problemas de amigos imaginarios-
-No es ningún amigo.
-Bueno de los seres que inventa tu imaginación, tu madre me hablo ayer me explico todo lo que la psicóloga le dijo y me pidió no intervenir pues es un problema muy delicado y tiene razón, no estoy capacitada, lo siento pero hay otras personas que pueden ayudarte.

Clarissa con lágrimas pidió su ayuda, pero profesora la ignoro mientras tomaba su bolso y retiraba pues deseaba evitar problemas con la madre de la niña.

Al ver que no podía contar con su profesora, camino en la salida ignorando a todos incluyendo a Brenda, al salir su madre ya la esperaba, la llevo a casa al verla agotada le propuso que no fuera al ballet y durmiera toda la tarde pues era evidente su cansancio, la niña acepto, al llegar a casa, fue a su cama comenzaba a conciliar el sueño pero cuando estaba a punto de dormir vio una foto suya con Brenda en un marco con la frase “BEST FRIEND´S FOREBER” entonces se levanto y fue con su madre rogándole que fueran al ballet, Lucia no quería que su hija fuera, pero la gran insistencia sumado a la culpa por haber discutido con su esposo frente a ella terminaron por complacer el capricho de su hija.

después de tomar lo que necesitaban para la clase, Clarissa no tardo en subir el auto, a pesar de que su rostro reflejaba cansancio ella se movía con rapidez, al llegar al ballet se cambio, al llegar a la pista noto que Brenda no llegaba, esto la desespero pues la razón por la que había insistido por su clase de ballet, fue por que deseaba hablar con Brenda, después de 10 minutos se sintió aliviada al ver que su amiga llegaba y comenzó a bailar a diferencia de otros días en los que sus movimientos eran graciosos y estéticos, los de hoy eran, torpes y desesperados, solo deseaba que terminara la clase.

Fue una hora eterna pero al finalizar, Clarissa fue con Brenda y le pidió que la dejara dormir en su casa, Brenda un poco extrañada por la forma que se lo pedía y por el hecho de que la había ignorado todo el día, fue con su madre, y le pregunto si se podía quedar, Clarissa deseaba quedarse con su amiga pues si se dormía con alguien mas, aunque el demonio la buscara no le haría daño pues no estaría sola, pero esta esperanza se desmorono cuando la madre de Brenda negó la petición pues era entresemana.

En otro tipo de ocasión, Clarissa hubiera intentado hacer cambiar la opinión de la mujer con una sonrisa, ya había tenido éxito antes en algunas ocasiones, pero en esta vez, ataco a la mujer, le gritaba y jalaba la ropa, Brenda intento ayudar a su madre, pero Clarissa la empujo, la pequeña cayo al piso y comenzó a llorar, Clarissa al ver esto corrió a la salida y luego se escondió entre los arbustos, pensó en huir lejos mientras aun era de día, pero recordó que el demonio la atacaría donde estuviera, así que fue con su madre la cual estaba muy preocupada por ella pues su actitud no era normal, la cargo hasta el auto para llevarla a casa.

A pesar de estar conduciendo, Lucia realizo una llamada por teléfono, quería hablar con Leticia, sin embargo ella le dijo que en ese momento debía de atender a una paciente fuera de la ciudad volvería en la mañana siguiente.

Lucia se frustro, pues quería que atendiera a su hija lo mas pronto posible, la llevo a casa y la mando a dormir, Clarissa no quería dormir aun no encontraba la manera de evitar lo que el demonio tenia entre manos, así que subió las escaleras, pero no paro en su habitación, subió al ático, en ese sitio su abuela guardaba sus libros y otros objetos, movió cajas, busco en varias partes, descubrió los viejos muebles tapados con sabanas pero no encontró nada.

Estaba molesta veía que anochecía y por tanto oscurecía, al caminar para encender la luz sintió que la tabla de duela que piso estaba floja, esto le llamo la atención, se agacho y la retiro, al hacerlo vio un hueco, en el había unos objetos, Clarissa intento quitar las otras tablas para sacar todo el contenido, pero estas estaban clavadas, así que saco uno por uno, lo primero que saco fue una tabla ouija, aunque ella la niña desconocía por completo que era, solamente lo puso a un lado, sin ver que era lo que su mano podía tomar, saco un libro el cual era muy viejo, en el venían como hacer conjuros, pociones, hechicería todo con grabados hechos a mano, en incluso venían formas de invocar demonios, además historias de brujas había uno de una bruja que murió colgada en el siglo XVI por lo poco que leyó la niña, dicha bruja murió al instante, había mas historia pero no la averiguó.

Nuevamente metió la mano al interior de ese hueco, y saco otro libro pero al abrirlo noto que mas bien era un álbum fotográfico, era de su abuela, lo supo por la cantidad de fotos que había de su padre y tíos cuando eran niños, noto algo que la dejo sin habla y era que en las fotos donde aparecía su abuela detrás suyo había una sombra de un ser, al ver con atención veía que se trataba del mismo demonio.

Tomo la tabla el libro y el álbum, y lo llevo con su padre, le decía que era la prueba de la existencia del demonio, su padre al verlo se impresiono, pero no por lo que la pequeña niña hubiera querido para saber que alguien le creí, si no por el álbum fotográfico que no había visto en varios años, pero Clarissa le pedía que viera bien, su padre no notaba nada, en las fotos no veía al demonio, en el libro solo hojas en blanco si nada escrito y en la ouija una tabla común, esto no lo entendió la niña que corrió con su madre y explico lo mismo, pero ella al igual que su esposo solo veía hojas en blanco, fotos comunes y una simple pero vieja tabla, Lucia solo contesto.

-Hija me duele que pases esto creo que tus fantasías empeoran, no te preocupes mañana veremos a Leticia y ella te ayudara.

La pobre Clarissa volvió fue a su habitación llevando solo el libro, lo hojeo y noto que tenia un listón que hacia la función de separador, al ver la pagina donde estaba, noto que decía invocación a Erango, el grabado del demonio era el mismo a la imagen de quien la atormentaba, leyó todo el contenido y la forma de pactar con este ser era la misma que le había dicho, el demonio no mentía su abuela la había condenado desde antes de nacer.

La pequeña recordó la ultima vez que vio a su abuela, y fue la noche anterior a cuando se quedo unos días con Brenda, recordó que su abuela le leía un cuento de hadas, el cual era pinocho, al terminar vio que su abuela lloraba, le pregunto el por que a lo que la anciana dijo que pronto partiría y la dejaría sola y ella pagaría con creces lo que había pactado décadas atrás, pensando que este día jamás llegaría, y por ello le pedía perdón, Clarissa no entendió nada de eso, pero le juro a su abuela que siempre la iba a querer.

En aquella noche la niña tenia una mirada tierna y esperanzadora pero casi una semana después tenia una mirada perturbada y acomplejada, pues lo que hizo la noche anterior había sido la peor sensación en su vida y ese mismo demonio le prometió una sensación a un peor.
Vio la foto enmarcada de su abuela y la tiro y pisoteo, jamás había odiado a nadie en su vida pero ahora experimentaba ese sentimiento, también comenzaba a sentir lo mismo a sus padres, los cuales habían ocultado la muerte de su abuela y no le creían, lloraba esperando al demonio, pero tras unos minutos recordó lo que había dicho su padre acerca de los cuento, lo primero era que alguien salvaba al personaje, pero también el protagonista hacia algo para salvarse, tal vez aun podía tener su final feliz, solamente debía de pensar como.

Sin embargo había una gran presión no solo era de noche si no también algo tarde y no encontraba la forma de dar con una solución, nuevamente se sentó a llorar, pero al hacerlo vio que el oscuro libro de su abuela estaba abierto en una pagina en particular, la vio con atención leyendo todo su contenido, por alguna razón recordó el cuento de pinocho que su abuela le había leído, sabia que hacer, tenia que hacer exactamente lo que el libro decía.

Bajo al sótano donde se guardaban herramientas y otras cosas, tomo una soga, no lo había notado cuando bajo, pero al subir las escaleras vio que su padre estaba dormido en un sillón tapado con una frazada, Clarissa sabía que lo hacia cuando no quería dormir con su madre, a su padre le dijo:

-Te quiero mucho papi.

Subió al cuarto donde dormía su madre, con mucho cuidado para no hacer ruido, saco una silla alta que usaba su madre, al estar en la puerta, a su madre le dijo

-Te quiero mucho mami.

Llevo todo a su habitación, estaba segura que si hacia lo mismo que vio en el libro se salvaría del demonio, por lo que comenzó a preparar todo a su llegada, al terminar solo espero un tiempo que pudieron ser minutos u horas, no importaba para ella era una eternidad la espera, pero finalmente paso, el demonio apareció, pero al aparecer el siniestro ser se llevo una sorpresa.

Clarissa esta parada en la silla y de su cuello tenia una soga amarrada, cuyo otro extremo estaba atado (…).

-¿Qué intentas niña?- Pregunto el demonio al ver a Clarissa.
-Voy a tener un final feliz, mira la imagen del libro.

El demonio tomo el libro que Clarissa señalo y noto que estaba abierto en una pagina donde estaba el grabado de una mujer que fue acusada de bruja, dicha mujer para evitar ser atrapada se colgó de un árbol y murió instantáneamente.

-En serio ¿Qué intentas?
-Mi amiga Brenda me dijo que la gente al morir si fue buena va al cielo, he sido una niña muy buena, obedezco a mis papis y saco buenas calificaciones. Aunque hoy me porte mal se que al morir iré al cielo y ahí no me volverás a tocar.

El demonio se acerco a Clarissa pero la niña salto de la silla, al hacerlo la niña comenzó ahorcarse con la cuerda, pero sufría mucho, intentaba gritar sin embargo le era imposible, sus ojos se ponían rojos y lloraba.

-O niña, mi querida niña- decía el demonio mientras la sujetaba de las mejillas sin evitar que se siguiera ahogando- podría salvarte, pero sabes disfruto esto, al principio me enfurecí al ver que solamente era una y no una mujer lo que tenia como pago al pacto que hice con esa mujer, pero al ver como esa risueña sonrisa tuya se apagaba, me hacia feliz, creo que me excita mas aun tu dolor de muerte que sientes a lo que deseaba hacerte, eres muy tonta se que te preguntas por que no haz muerto instantáneamente como la mujer del libro, debes saber que para que suceda, tu cuello debe romperse, pero al no suceder, sufrirás varios minutos
-Ahrg aaagg
-Si hermosa niña sigue gimiendo de dolor, pero no te preocupes al final si habrá un final feliz.

El demonio desapareció, mientras Clarissa sufría, su vida término cuando derramo una última lagrima que toco el piso de su habitación.

Clarissa despertó en un oscuro lugar, no sabia si así era el cielo o sobrevivió, sin embargo noto que estaba desnuda, detrás de ella estaba el demonio el cual dijo.

-Pequeña niña este es un final feliz… pero para mi ya que puedo estar contigo todo el tiempo que desee, ¿pues acaso no sabes que los suicidas van al infierno? Pues bien se bienvenida.

Lo ultimo que se escucho en las cavernosas tinieblas del infierno antes de que comenzara la eterna agonía de la dulce niña, fue un penetrante y horripilante grito inocente.

Tributos rojos. D.D.

Apenas a contraluz él podía fijar la mirada en las revistas que llevaba. Iban pasando por un túnel, que era como una boca de lobo que se atragantaba con el vehículo, y las luces pasaban y pasaban. Avanzaba el auto por la silenciosa carretera, hasta que la difusa oscuridad del túnel fue separándose, y hasta que entraron por las vías del centro comercial. Michael llevaba sus revistas encima, y se puso a leer un libro. Su padre iba conduciendo. Su madre, en el asiento de al lado del conductor, asomando la cabeza dijo:

—Este niño es tan aficionado con las lecturas… ¡Te vas a dañar la vista, Michael! —advirtió a su retoño, que no podía creer que no aguantara las ganas para leer hasta dentro del auto, aun con la nula claridad. El vehículo tenía las luces apagadas, y la única mortecina iluminación era el contraste que entregaban las luces exteriores del recinto. Michael continuaba en el automóvil, y de pronto dijo:

—El modelo Pickman, ése libro quiero, padres. —Ante lo que sus padres le respondieron afirmativamente. Iban a comprárselo. Él quería aquel libro, que en realidad era uno de una colección de relatos especiales la cual a él le gustaba mucho, de Lovecraft. El libro hablaba sobre un pintor de cuadros malditos, y sobre los túneles subterráneos que recorrían la ciudad.

Michael estaba claramente emocionado. Por el cumpleaños de hacía unos días, sus padres le habían prometido este regalo. El automóvil por fin detuvo su incesante mecanismo, y se estableció en el estacionamiento del centro comercial. Michael supo que había llegado la hora, dejó sus libros de lado, y se bajó junto a sus padres, los tres dirigiéndose hacia el centro comercial.

Cuando llegaron, al primer lugar al que se dirigieron fue a la biblioteca. Era día sábado, pero se habían enterado por un anuncio que hoy el centro comercial estaría abierto de forma excepcional, pues no acostumbraba a abrir este día. Sin embargo, al llegar ante la mampara de la biblioteca, la desilusión se apoderó de ellos: la tienda estaba cerrada. A través del cristal solamente se reflejaba la pulcra imagen del libro, lustroso, cristal ante cual Michael se apegó, anhelante. Allí estaba, pero impedía el cristal, el lugar estaba cerrado. No podían pasar.

Aunque Michael insistió por un rato con aquella forma inexplicable que tienen los niños para que entraran, sus padres tuvieron que hacerlo desistir, y con la decepción se tomó a la mano de su padre y caminó con ellos.

—Será para otra vez, chiquitín —le dijo su madre afectuosamente y a modo de consuelo. Su padre le apretó la mano en una señal de confianza. Él creía en ellos, y sabía que a la próxima vez se lo comprarían.

Después de un rato de caminar, sus padres parecieron empezar a verse desorientados, y miraba cada uno hacia cada dirección. Michael seguía tomado de la mano, pero no entendía qué sucedía, y se sentía dejado al margen. De pronto un cartel apareció sobre la cabeza de sus padres, sobresaliente de uno de los locales del centro comercial: “Restaurant”, decía. Sus padres entonces le comunicaron que irían al restaurant, y así sin más lo abandonaron.
En cuanto Michael se sintió solo tuvo deseos de llorar, pero se contuvo. Decidió entonces que exploraría el centro comercial. El libro podía esperar; era verdad, la biblioteca estaba cerrada, pero había tiempo de sobra para pasar unas cuantas veces más por ahí. Michael podía esperar a la semana siguiente, cuando sus padres tuvieran el dinero, o podía después darse unas vueltas más por la biblioteca para ver si la habrían abierto. Por ahora, debía escudriñar el centro comercial.

Estaba tan solo, y abandonado el lugar. Estaba añejo y vetusto, y hasta parecía asqueroso. Tanto abandono simplemente se hacía repulsivo. Michael avanzó por aquella agobiante soledad, desentrañando pasillos y largos pisos, hasta que llegó a una esquina donde había un teléfono público desgastado. Se paró enfrente de él, lo descolgó y marcó un número. En cuanto terminó el marcado, se dio cuenta que no había caso. Por más que llamara al número de su abuela, el teléfono público no funcionaba.
“Dónde se fueron mis padres”, dudaba. Llegó hasta un suelo de cerámicas amplio, donde al final de éste había unas extensas escaleras blancas, ante las cuales estuvo al frente, y al subir la vista vio algo extraño.

Un sonido de mecanismos se dejaba escuchar. Encima de las escaleras había un largo brazo de metal con un gancho metálico que se desplazaba en un recorrido. Suspendidas en otro brazo de metal había cantidad de bolsas rojas en serie, del tamaño de un metro, conteniendo de una forma evidente cuerpos en ellas. El gancho se transportaba y parecía servir para prender aquellas bolsas plásticas. Sobre el suelo inmediatamente abajo, había una multitud de bolsas rojas echadas, que contenían, niños dentro.

Michael se orinó. Sintió el caliente líquido extenderse entre sus piernas. Subió, asombrado por algo que no era de este mundo, y al llegar al extenso rellano de la escalera, descubrió que el contenido de aquellas bolsas rojas eran cadáveres de niños, y que se estaban produciendo o transportando en serie, por aquel artefacto que las desplazaba. Michael volvió a orinarse, cayó de rodillas al suelo, puso las manos como en un acto de imploración, y no entendió el porqué de que aquella máquina producía cadáveres rojos.

Bosque en susurros. D.D.

—Y tú, Ana, ¿qué estás haciendo aquí? —pregunta Ricardo con los ojos fijos en las llamas.

La fogata ardía débilmente. Estaban en un bosque umbrío, reunidos en un círculo. Habían tenido entretenimiento relatándose historias de terror.
Ana, tomada de la mano de su pareja, Brian, respondió:

—No lo sé, Brian me ha traído a este lugar.

Ricardo, ajustándose las gafas con el dedo, denotando expresión lóbrega, inclinándose hacia ella de a poco, le dice:

—Pero no sabes dónde te has venido a meter. En este sitio abundan los cuentos horripilantes; hiciste mal en llegar hasta aquí. Los espíritus, fantasmas y todo lo relacionado con ultratumba habitan acá.

Ana aprieta la mano de Brian, en busca de protección. El novio, apenas la mira de reojo sin tomarle importancia. Era un joven de diecinueve años, tosco, cabeza rapada, con ornamentos de acero en cada oreja. No era alguien atento en su trato. Las chicas suelen sentirse atraídas por el menos indicado.

—Brian, por qué me hiciste venir a este bosque —interroga, apretándole la mano, con mirada reprensora.

—Te dije que sería genial —se defiende Brian—. Además, accediste a que aquí estaríamos mejor, porque no te parecía adecuado hacerlo en el automóvil.

Claro, aludir al trato carnal evadido. Una prueba de la falta de tacto de él.

— ¡Brian! —contesta Ana, ofendida. Luego permanece con su rostro ensombrecido, contemplando el fuego.

—Estas mujeres son sensibles —musita para sus adentros Brian.

Ricardo, queda perplejo ante la confesión. Deduce: eran una pareja que sintió el deseo de tener relaciones al lado de la autopista, pero, impedidos por cierta razón, a iniciativa de él habían llegado a este rincón forestal, donde el silencio hacía de cómplice.

Por dicha causa —a pesar de que no realizaron su voluntad—, el azar los topó con los demás, que ya habían permanecido con la fogata.

Estaban Catalina, una pelirroja oriental, carácter sumiso, de veintidós años, y Byron, el cuñado de Ana. El resto del grupo lo conforman los tres que ya han sido introducidos.

De pronto, Ana, aprisiona del brazo a Brian, para sentir que es suyo, le insta:

—Tengo la necesidad de caminar. Vamos, demos un paseo.

Brian cede a los ruegos de Ana para evitar una molestia. Ricardo los ve levantarse, fija sus ojos a través de las gafas en ellos, dice:

—Tengan mucho cuidado en este bosque, las historias son reales, los rumores tienen su origen…

Ana lo observa con ojos aterrados, Brian la tira de la mano. Entran a través del paso de los árboles.

Minutos más tarde, Ana está contemplando unas lápidas rosáceas en la tierra frente a ella. Éstas abundan por el lugar. Brian continúa tomado de su mano, y mira los epitafios, con indiferencia total.

Ana empieza a temblar. Está muy asustada. Un hálito de viento, como un ser invisible, ha acariciado su espina dorsal, la recorre un escalofrío. Se erizan sus pelos. Presiona fuerte la mano de su novio, como si fuera a arrancársela. Brian se molesta. Ana siente presencias, la mirada fija en las lápidas, dice:

—Veo círculos trasparentes sobre estas piedras…

Las esferas bailan, recorren, fluctúan. Brian las cree mentira, no las puede divisar.

En este encuentro espiritual estremecedor que tiene Ana, siente agobio y deseo de correr, fustiga a su pareja para que se retiren. Lo incita, empuja, solloza en exhortaciones y plañidos. Brian se detiene para reprenderla. Pero en ese instante, algo llama la atención de Ana, que ha volteado.

Una voz gutural y ancestral surge de las entrañas de la tierra, las lápidas, y con una potencia inusual junto a un tono amedrentador, que hace temblar el suelo, advierte:

—Retírense de aquí si no quieren sufrir una horrorosa muerte.

La pareja ahora consciente del peligro se dispone a correr. Una sombra deforme con largas garras emerge desde las hojas desperdigadas, adopta figuras espeluznantes y los persigue. Mientras huyen ven a dicha oscuridad filtrarse entre árboles, acechándolos.

Cuando finalmente pierden el rumbo y la entidad los ha extraviado, Ana siente el pecho hinchado, respira con dificultad, está jadeante. Increpa a Brian por última vez:

— ¿Ahora sí crees que es buena idea venir a este lugar? Todo por las ansias insatisfechas de tener relaciones…

Él calla, indignado. Ana suelta su mano y se sienta en la tierra, decepcionada. Brian divisa algo pero no alcanza a advertirle.

—Qué es esto… —dice Ana espantada. Observa su mano, tiene una sustancia viscosa adherida. La ha puesto encima de un lomo suave, húmedo, incómodo.

Aguantando la consternación atisba dos gusanos gigantes a cada lado. Cubiertos en tierra, bombean, son repudiables, en la boca poseen un círculo de sangre. El instante se paraliza, Ana está petrificada de terror.

Ella se incorpora, Brian le tiende una mano. Alcanzan a descubrir entre las dos criaturas un cadáver en putrefacción. Huyen, se internan entre los árboles en carrera desesperada.

Aparece Ricardo por un lado del camino, solamente para recordarles: “Se los dije”. Él también se une al escape pues el bosque está frenético y furioso.

Entonces encuentran a Catalina y Byron, quienes habían sido abandonados en la fogata. Los cuatro corren deprisa, los árboles atrás emiten sonidos extraños, el lugar está embrujado. Catalina tropieza y pide ayuda. Una tarántula negra comienza a subir por su pantorrilla. Ella y Ana dan un grito de horror, Brian patea al arácnido, Catalina se levanta y no pierden tiempo.

En la huída, empiezan a perder las esperanzas. Han avanzado mucho y no encuentran vía afuera. Es un camino estrecho sin final. Una lágrima desciende por la mejilla de Catalina, Ana se aferra a Brian, ¿encontrarán una salida de el bosque?