viernes, 24 de junio de 2016

Con discreta frecuencia. Vicente Núñez (1926-2002)

Con discreta frecuencia,
mi amiga la duquesa
me solicita acrósticos
o tiernas frasecillas
para adular con ellos
a su aleve mancebo.
El corazón y el alma
al escribirlos pongo por entero.
Porque, de alguna forma
-sabiendo los desvíos
de su destinatario--,
de canalla a canalla,
él los hará llegar hasta tus manos.

De "Sofisma". Vicente Núñez (1926-2002)

De la verdad, la mentira y el error.

5.   La verdad es la triste consecuencia de haber descubierto
       la mentira.
10. La verdad no es fotogénica.
12. Huir de lo falso no implica abrazarse a la verdad, sino
       simplemente, huir.
22. ¿Debo ir? Luego voy a mentir.
26. No hay cosa que más mienta que un papel.
29. Cualquier cosa y a cualquier precio. Menos no mentir.
34. La gracia del mundo es el choque de dos mentiras.
38. No digáis mentiras. Mentid con la verdad en la mano.
54. La mentira es fundamental en un sistema de estorbos.
55. Donde se vive bien es en el error.
62. Sé sumamente piadoso con tus errores.



De la vida, de la muerte.

3.   A última hora, la muerte está muy bien pensada. Pero
      hay que sabérsela ganar.
9.   La vida es un suplicio porque no vivimos con quien
      deberíamos. ¿Y con quién?
12. Porque se es fiel, se es libre.
13. La vida no tiene más ideología que el olor.
16. El ingrediente de la vida huele a potingue.
21. La vida no me deja vivir.
26. Anular la infinita quietud de la muerte. Ése es el móvil
      vano de las culturas.
52. Sólo los cobardes aspiran a la felicidad.
60. No aceptéis ningún tipo de realidad que ya no esté
       boca abajo.
70. Vivo sin beber en mí.
78. La locura no tiene precio.
79. Un loco siempre enuncia templos como verdades.
87. Vivo con nadie. Porque vivir solo es propio de quienes
      la vida les ha abandonado ya.



El silencio y la palabra.

3.   Cuando hablamos de analfabetos no indagamos de
      qué alfabetos están llenos.
8.   ¿Notáis lo oscuro del lenguaje?
12. Los dialectos no tienen dialéctica, sometidos como están
       al imperio de los idiomas.
17.  Desde Platón a Rousseau, las utopías se han venido
       escribiendo con lenguajes tópicos.
20. El lenguaje cateto es presexual y nunca superior al
       alarido último.
24. El tabú no es una coactividad, sino una huida petrificada.
42. ¿Cómo habrá que vivir para hablar así?
54. Las palabras no engarzan reflexiones, pero las reflexiones
       si engarzan palabras. Eso es lo importante.



Erótica.

1.   ¡Siempre vienes de ti por un camino mío!
2.   El amor es un exceso de carencia.
3.   Cuando no me desees serás quien no eras.
4.   Jamás pude soñar que alguien tan vacío llegara a llenarme tanto.
5.   Las manos que verdaderamente te aman nunca son de
      pianista, sino de bordadora.
6.   Amar es conocerse en el error de otro.
7.   La ortografía es enemiga del amor.
8.   Amo, luego me siento odiado.
9.   Cualquier intimidad ya es toda la intimidad.
10. La caridad es menos cara que el cariño.
11. Inexorablemente, todo lo que es relación exige atracción y rechazo.
      Sólo amor y odio son excluyentes: es decir, estériles.
12. Amar es borrar error.
13. Ya estaba todo hablando: era el amor.
14. El código del amor está en la palabra y no en el sexo.
      Después de refocilarse no hay quien hable.
15. Amor de nido, amor de antaño.
16. Sólo se quiere aquello que no se puede querer.
17. Mis noches de amor ya estaban escritas.
18. Te amé con la videncia táctil de la ceguera.
19. Beso labios que luego hablan no besados.
20. Cuando me besas, no hueles, ¡Qué asco!
21. Seducir es saber burlar lo imprevisible.
22. Me repugnan tus manos porque sólo huelen a mí.
23. A un amante futuro: te he besado mañana.
24. Sé que tú ya eres yo porque no pienso en ti.
25. Vio su propia poesía en el espejo de un beso.
26. Bien sabes tú, amor mío, que ellos sól0 tienen la falsa
       felicidad de los anestesiados.
27. Amar es evadirse de la sintaxis.
28. El amor amplía eternidad.
29. Amo cuando nombro.
30. En amor, se es el que no se será nunca.
31. Ámame como el perro a su llaga.
32. Lo que dura en el amor es la conciencia de haberlo perdido.Bergson
       aún lo pasó peor, porque poseía la duración de la conciencia.
33. Amar es borrar función. Toda función.
34. Te amo ortográficamente.
35. ¡Cómo sé cuánto te amo cuando te odio!
36. ¿Quién me garantiza que el estar conmigo no es la mera consecuencia
      de una huida?
37. Los actos individuales por excelencia son actos de pareja.
77. La mujer no tiene plural.



Estética.

16. La poesía es siempre un después.
25. Cuando no existían autores ya existía la literatura. En
       aquella época, trabajaba yo en una Compañía de Seguros.
29. La jarcha tartamudea de gozo en el lenguaje del amor
      no existente hasta entonces.
30. De la poesía, amo su insobornable fidelidad a la prostitución.
42. La enfermedad se hizo romántica cuando fue diagnosticada por el arte.
49. La elegancia es siempre una promesa.
52. Ellos Son ordinarios, pero desconocen la ordinariez.
59. El encargado del registro no se lava las manos.
60. Un solo bostezo aniquila diez años de intensa pasi6n.
61. Todo lo cursi es mariquita. Venga de donde venga.
66. ¡Es tan bello regresar de lo bello! ¡Es tan bella la pérdida!



Ethos.

1.   La moral es un rechazo de "lo otro".
6.   Nadie entrega su desnudez, si no es en tanto que culpable de ella.
8.   Perdóname por haberte perdonado.
10. Todo afecto es culpa.
13. No puede amarse más que lo canalla.
26. Sólo la timidez conquista. De los tímidos es el reino de la carne.
34. Consiste la felicidad en poseer permanentemente la
       conciencia del cambio.



Saber, pensar.

1.   Sólo a mis amigos ignorantes debo reflexiones sobre la
      sabiduría.
3.   La sabiduría es inculta.
4.   Tan inútil es el oro como la sabiduría. Siempre gana el
      ladrón.
10. Conserva siempre tu ignorancia. Te hará dios.
11. Mi maestro es un niño. No dejéis que se acerque a mí.
17. Es muy aconsejable dar a las conclusiones tratamiento
      de hipótesis.
21. Todo lo previo a la conclusión, sobraba.
30. La actividad desborda al pensamiento.
31. El pensamiento es lo corpóreo.
32. El pensamiento es insumiso a la coherencia.
37. Cuando se envidia se desmorona la inteligencia del
      desprecio.
38. Galileo tenía de Einstein un concepto newtoniano.
41. Todo lo inteligente es cine.
43. Bendita seas, pobreza, que haces posible la sabiduría.



Ser o no ser.

1. Tú eres lo que soy sin ti.
2. Y una voz de la calle sonó en mi intimidad. Supe que
     estaba muerto.
5. Cuando huyo, hallo.
16. El ser no es Sustancia, es relación.
20. Soy más que el que arrastro conmigo.
25. Conseguí perder lo que jamás tuve: cabeza.
26. Soy quien fui cuando encontré lo que no sería.
28. Quiero tener la edad que no tuve cuando tenía quince
       años.
32. Si puedes, sé siempre como no eres.
39. Lo que atrae de un ser humano es su peligrosidad. Es
       lo único digno de su conquista.
41. Avanzaron hacia el desconocimiento de sí mismos.
54. Nadie es profeta en su casa. Ni siquiera en su cama.
62. Puede un hombre ser esclavo de sí mismo, pero sólo en
      la medida de su señorío de sí.

De "La Gorriata". Vicente Núñez (1926-2002)

A lo divino.

Dejar de serlo tras de haberlo sido.
Dejar de amar después de haber amado.
Dejarlo todo y no haber dejado
nada que no estuviera ya perdido.

Haber tenido el corazón rendido
como quien se sabía derrotado.
Haberlo puesto todo en el costado
de una llaga sin daga y sin sentido.

Haberle dicho un día y otro día
que era como la flor de la alfaguara.
Haber caído en tan adversa suerte,

yo que lo quise tanto y se reía.
Tener la gloria entre las manos para
abandonarla en brazos de la muerte.



Tus manos.

Yo sé muy bien que no serán tus manos
rojas, de irrefutable arcilla humana,
las que han de herirme a su pesar mañana.
¿Suyo es mi ensueño? Míos son sus vanos

reinos de laberintos y de arcanos.
Yo sé muy bien su condición rufiana,
y cuánto pierde aquel que siempre gana
salvo ante dos asaltos soberanos.

¿Qué valieron sin mí, qué ha perdurado
de cuando se incendiaban como estrellas,
de cuando las besaba sin quererte?

Una ceniza de oro desplomado,
unos destellos que no fueron de ellas...
Rosas de trapo en manos de la muerte.

De "La Gorriata" 1990

De "Teselas para un mosaico". Vicente Núñez (1926-2002)

6. ¿Cómo no sumergirse en el remanso
inabarcable de tus pies desnudos
si tienen el aroma de melones tardíos?

8. Llamaron al teléfono
en hora intempestiva.
Y como te conozco
y te sé y te adoro
y poseo el dominio
de todos tus registros,
le respondí a esa estúpida
y enclenque vocecilla:
ni esta noche ni nunca.

16. De rosas nunca vestiré tu cuerpo
ni el dulce mosto volverá a mis labios.
Si granjearme supe vuestras dádivas,
llorad conmigo, pues Lavinio ha muerto.

17. Ligera y más esbelta
que la delgada caña del aliste,
guardé en un relicario
una hebra de tu cuerpo.
Después de muchos años,
al hostigarle un día los rebeldes ingletes,
libre quedó por fin del leve biselillo
que la tuvo cautiva.
Y me reconoció como a su dueño,
corriendo hacia mis labios.

18. La azucenas me recuerdan -¡lástima
que carezcan de aroma!-
lo robusto y oscuro de tus brazos.

21. Salve, Regina (escúchame,
necesito de nuevo
abrazarte esta noche),
Mater misericordiae
(detrás del cobertizo
del campo de deportes),
vita, dulcedo (cállate,
no te inmutes y canta:
nos está vigilando el Padre Errandonea).

23. Claudiquemos, duquesa.
Nos están engañando,
nos desprestigian soberanamente.
No nos queda otra opción que el adulterio.

26. Huyendo de Sodoma
en un tren detestable,
le susurré a Descartes -que venía conmigo-
que el mejor de los métodos
era el uso obsesivo de la andrómina.

De "Teselas para un mosaico" 1985

De "Ocaso en Poley". Vicente Núñez (1926-2002)

Amarte.

Amarte no fue un ramo de rosas en la tarde.
¿Dejarte cualquier día para siempre y no verte...?
Todavía me queda otro infierno más grande.
Esperar a que vuelvas más allá de la muerte.



Antinomia.

¡Si a víctima me alzaras
en la cruz de tus brazos...!
Pero yerras y aún vivo
y execro esa victoria



Cántico.

El que pasa ignorado por los arcos del mundo.
El que extiende en el suelo su clámide de oro.
El que aspira en el bosque el rumor de la lluvia
y olvida su cuidado debajo de los sauces.
El que besa tus brazos y tiembla y se transforma
a pesar del embate de todo y de sí mismo.
El que a tu sombra gime como trémula gema.
El que pasa, el que extiende, el que aspira y olvida.
El que besa, el que tiembla y se transforma. El que gime.



De la vida.

I
Más palabras no engendres en mí, torvas criaturas
que envilecen y editan su métrica satánica.
Yo te amaba y por eso te inventaba besándote.
La vida no era un verso. ¡Y la encontré contigo!

II
Te amaba con locura. De la vida. ¿qué tuve?
Sólo una inmensa pira que ardía inextinguible.
Pero ni la traspuse ni me abrasé con ella.
¿Más allá de nosotros? Fama de la ceniza.

III
Oh límpido y amado don de tus ojos de oro
qie se atribuló mi vida de martirios dulcísimos.
De aquel trance, dos lágrimas hoy sangran resbalando
y doliendo, acosándonos de ternura y de dicha.



Del amor.

¡El amor le resbalaba!
Hoy vendo heridas de ayer...
¿Quién es quien amaba, quién?



La limosna.

Una noche de invierno, de tantas en la vida,
sintiéndome el más pobre de los pobres del mundo,
me arrojé por las calles en busca de sustento
mientras la lluvia hería mi rostro como un látigo.
Como pude, arrastrándome en aquel torbellino
de vértigo y de frío, logré alcanzar su casa.
Llamé con la ternura que precede a la muerte;
besé, con el helor que en mis labios traía,
aquellos aldabones que yo soñé imposibles.
Salieron a la puerta tus hijos, como rosas
en el trono encendido del hogar que vibraba.
Yo no sé qué limosna pedí ni con qué harapos
quise ocultar mi fiebre, mi amor y mi miseria.
Del fondo de la casa, del fondo de la vida,
sentí su voz decirme, mientras agonizaba
mi corazón: perdone. Por Dios, perdone, hermano.



Libros.

                                      En el gabinete de Walter Wartburg

En el frío papiro de turbios editores
volqué yo aquellas ansias de una pasión sin límite.
¿Era eso mi vida? Asco me dio de ella.
Con qué clarividencia sentí que estaba muerto.



Nocturno.

¿No fue mía la noche? No era mía. Sus lágrimas
¿no fueron en mi vida murallas como llantos?
¿Qué hacía la hermosura, la burda; allí, qué hacía?
¿No eran mías las lóbregas noches suyas? Ah, nunca
fueron mías. ¿Y aquellos ojos rojos que ardieron
como extáticas lámparas de amor, en la apacible
e infinita tersura de una noche de estío?
Pavesas para tiempo de miseria y memoria.



Ocaso en Poley.

Si la tarde no altera la divina hermosura
de tus oscuros ojos fijos en el declive
de la luz que sucumbe. Si no empaña mi alma
la secreta delicia de tus rocas hundidas.
Si nadie nos advierte. Si en nosotros se apaga
toda estéril memoria que amengüe o que diluya
este amor que nos salva más allá de los astros,
no hablemos ya, bien mío. Y arrástrame hacia el hondo
corazón de tus brazos latiendo bajo el cielo.



Razón de amor.

Lo que de amor yo supe
lo aprendí desamándote.
Por eso te idolatro
mejor que si te amara.



Somnia.

Decías que querías llevarme entre tus manos
-yo besé esa locura, yo la lloré y la quise-,
como a un frágil lucero de amor alucinado;
casta palma y abierta que irradiase en tu noche.
Y vi cómo la alzabas, cómo su luz se erguía
frente a los farallones férreos del mundo, contra
las turbias embestidas de lo oscuro y lo incierto,
ante esa furia cárdena que rugía en tu ergástula...
Pero el mal fue más hondo. No dimos la batalla
por falta de enemigo. Todo está consumado.



Todo en tu amor dolíame.

Todo en tu amor dolíame
como un puñal ardiendo;
un revólver sonoro,
una tortura de instrumentos.
Las rosas, el champán...,
-¿te duele?-, el gesto
tuyo, como de alondra
que me abrasaba de tu aliento.
Dispara ya, y abrázame,
que estoy dispuesto
a todo, y se hace tarde
para morir. Soy lento.



Tu sortija.

Tu sortija me da mucho frío
amor mío, amor mío, amor mío.
Tu sortija no me da calor;
mío amor, mío amor, mío amor.



Un poema.

¿Un poema es un beso y por eso es tan hondo?
Un poema -¿me quieres?- se aposenta -no hables-
en mis labios que abdican del canto si me besas.
¿Un poema se escribe, se malversa, se abraza?
Oh dulce laberinto de luz, oh tenebrosa,
oh altísima y secreta confusión, amor mío.



Una carta.

Una carta, un poema, una música, un llanto...
¿Cómo te apreso, cómo te amo o me consumo?
¿Nuevas muertes u otras vidas? Restituidme
a los gélidos féretros del verbo y de la carne.



Yo te amé en el silencio.

Yo te amé en el silencio de la ignota atalaya
que calla su tesoro de oro inaccesible.
Y ahora que te canto -¡maldito sea el llanto
del amor que se canta!-, qué soledad sonora,
qué insensata y agónica trompetería, qué estéril,
qué grave fundamento, qué infierno irreparable.

De "Ocaso en Poley" 1982

De "Poemas ancestrales". Vicente Núñez (1926-2002)

Aria triste.

                                                                 Homenaje a J. R. J.
                                                                      Meeting at night

Antes de que se cierre la cancela y el faro
rasgue con su guadaña el estor de la tarde,
hay un jazmín sombrío que aguarda unas pisadas
entre la celosía otoñal de una cita.

Los muchachos que vuelven de la playa, la ronda
última de los novios que atenúa la niebla,
la red de los silencios y su copo doliente
rozan por un instante esa amarga clausura.

Pasan como vencidos del rigor de los besos,
tú que esperaste en vano de una noche a otra noche,
y dejan en la agreste baranda de la arena
el áspero geranio de un sollozo votivo.

La barca en que un arráez se pierde entre las rocas
es sólo un vago indicio, bajo la luna llena.
Tras el balcón abierto hay un libro, unas flores...
Un timbre casi anuncia la ausencia de sus manos.

Y el amor, que salvaba la verja y los rosales,
lejos de la corola de su ser se evadía;
y en los acantilados su sangre decoraba
la ruda y pavorosa soledad de las olas.

Y una noche, a las doce... La terraza era un friso
de espaldas y organdíes que agitaba la música.
Y el mar siguió vacío, y la playa desierta,
y no se oyeron pasos, y no vino a la cita.



Puesta del sol.

                                                           En tanto que de rosas
                                                              hacemos una piña...
                                                               San Juan de la Cruz

La cueva sin nadie que conocía el agua
y las espátulas de pizarra del mar contra las rocas
no eran una música más arriba,
o que provocasen siquiera frente a barcas de palo.
El frío del Altísimo,
tras la solar hoguera de los montes,
un silbido espeso derramó y palpitábamos.
«Ángeles son, y no contadas naves».
Y cuando lo decías,
sin ese esfuerzo que inutiliza el recuerdo,
un pecho tierno me brotó de repente:
ángeles son, dejados a su avío;
en tanto que de gozo se me apiñó la dicha.



Tres poemas.

                                                   Homenaje a Pablo García Baena

I
Cuan largas, tortuosas, miserables e inútiles
son siempre las congojas del amante obstinado.
Su pensamiento yerra aunque acierte su instinto,
su corazón se aprieta de agresivos venablos
sin objeto, a no serlo de su propio veneno.
Pero es tanta su cómplice alianza con todo,
es tan fuerte su abrazo solitario al hastío
que se inmolan ligeros en fragmentos de gloria,
desnudos, en la hoguera de una pasión sin nombre.
Oh, qué yerta corona de pavesas altivas,
qué confín tan oscuro de heroicas cintas mustias.
Todo se prometía tan risueño, tan dulce...
Fueron tantos aquellos vehementes deseos...
Como raros y ajados estandartes de escarnio
flamean. Son beodos de elegantes maneras,
sordos a la ternura que ya no reconocen.

II
Cuando ayer me pediste que escribiera unos versos
de amor, para regal0 de quien tú tanto amas,
sentí que no debía negarme a tu deseo,
pues con él me brindabas la ocasión, tal vez única
de revelarte todo el que por ti yo escondo.
Y así, cuando en el pecho de tu dulce criatura
mis palabras estallen como encendidas rosas,
yo no estaré del todo ausente a ese perfume.
Yo vibraré un instante tan cerca de vosotros
como de ti lo está, mientras viva, mi alma.

III
Esta hermosa sortija, cuyas piedras un día
fueron entre tus dedos mortecinos jacintos,
hoy me ciñe del vago recuerdo de tu carne,
del intenso y oscuro aroma de tu alma.
Quién, entonces, podía imaginarlo, amor mío:
alma y cuerpo en un solo y unísono destello.

De "Poemas ancestrales" 1980

De "Los días terrestres". Vicente Núñez (1926-2002)

Carta de una dama.

He pensado a menudo en un verso de Eliot;
aquel en que una dama persuasiva y ajada
sirve el té a sus amigos entre efímeras lilas.

Yo la hubiese querido porque, igual que la suya,
mi vida es una inútil e inacabable espera.
Pero he aquí que es tarde, y ella murió hace tiempo,
y de una vieja carta banalmente perfecta
su recuerdo difunde perenne y raro aroma.

«Londres, mil novecientos siete. Querido amigo:
Siempre estuve segura, lo sabes, de que un día...
Mas trata de excusarme si divago; es invierno
y no ignoras cuán poco me ocupo de mí misma.
Te espero. Los enebros han crecido y las tardes
culminan hacia el río y los rojos islotes.
Soy triste y, si no llegas, un tema de suspiros
hundirá al gabinete, de un raso ajedrezado,
en el inmundo estiércol del tedio y la derrota.
Para ti habrá una torre, un jardín afligido
y unas campanas graves húmedas de armonía;
y no habrá té ni libros ni amigos ni advertencias,
pues yo no seré joven ni querré que te vayas...»

Y esta dama de Eliot, tan dúctil y serena,
se habrá desvanecido también entre las lilas,
y el banderín siniestro del suicidio ardería
un instante en la estancia con su opaco alarido.



La Despedida.

Al volver de las rocas, donde sopla la brisa
y estrella el mar el agrio navío de su aroma,
la prolongada queja de un tren lejano abate
mi corazón rendido de pañuelos y adioses.
Y si amo el instante que de ti me separa
y cedo a la delicia de su ingrata hermosura,
que expirará mañana entre humo y abrazos;
si de nuevo renuncio a quedarme contigo
en la vida que oprimen con su broche los días
y convierte al amor en una estatuilla
de sal que se derrumba en un jardín estéril;
si elijo el gallardete de la pena, y el mundo
continúa lo mismo de bello porque es triste
con sus nubes sombrías y sus húmedos bosques,
es sólo porque debo perderme totalmente
y arrojar la amargura tan dentro de mí mismo
que por ella, algún día, sepa al fin que he vivido.



Otoño.

¿Y cómo te diré, amor, que ya es otoño
desde esta lejanía que hace bello al deseo,
si la lluvia que moja mis hombros es lo mismo
que todos los recuerdos dulces y las promesas,
y las nubes tan grises no son como tus ojos?

¿Qué tristeza que sabe a una antigua alegría
tiene el parque alfombrado de crujientes serojas,
si tú vives lejísimos y mi vida no tiene,
cual las oblicuas tubas de los talados árboles.
otro destino ahora que la desnuda espera?

¿Es algo quizás nuevo o es solamente el tiempo
que otra vez de improviso vierte sus caravanas
de humedades y olores de papeles y tierras,
de viejos palomares y de tejas oscuras,
el tiempo que regresa como un joven desnudo,
mojado y casi ebrio de un viaje larguísimo?

Pero yo sólo sé, amor, que ya es otoño,
que tu recuerdo este día triste me empuja
al final de los parques donde estuvimos juntos,
los parques de otras tardes claras en que el perfume
de los tilos en flor era igual que un abrazo,
y una caja de música morada las Descalzas,
cuando los barrenderos lentamente volvían.

Y también sé, amor mío, que desde mi tristeza
vanas serán las rosas que prepara la tierra,
que nunca la melisa silvestre volveremos
a coger por las lomas leves de los ejidos,
que indiferente a este pecho que se me muere
sus flores el ciclamen volverá a dar tan bellas.

Y por eso, quisiera expirar junto a esas
húmedas avenidas de alerces solitarios,
porque una vez jugamos donde una fuente ahora
con la ilusión de mayo contentísima gime.

De "Los días terrestres" 1957