sábado, 29 de julio de 2017

The Walking Dead (Actualización)



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The Walking Dead N° 168

The Walking Dead N° 169

Here's Negan N° 14

Here's Negan N° 15

Here's Negan N° 16

La última gracia. R.

Nunca me gustó viajar por la noche; conducir cerca y tras la medianoche no es bueno. Carreteras prácticamente vacías, mal iluminadas, posibles suicidas, roturas de motor, animales que se cruzan, fantasmas y espectros… pero aquella fatídica noche de otoño no tuve más remedio que aventurarme al peligro ignoto que se esconde en cada metro, kilómetro de la carretera, tras recodos y largas rectas que no parecen tener fin… Había dormido la siesta para estar bien despierto; llegaría justo con el amanecer. Puse música para mitigar el silencio y suplir la ausencia de un acompañante. También era esencial colocarme bien en el asiento y calibrar los espejos retrovisores. He de reconocer que siempre he sido muy aprensivo, y osado, a la vez. Por un instante pensé en no arrancar el coche, y mandar todo al diablo, pero lo hice y partí bajo un cielo cubierto por nubes que no amenazaban lluvia, mas algunas nubes tenían, o así me pareció, extrañas formas, como caprichosas, aunque no podía decir a qué se parecían. Durante los primeros kilómetros todo fue a la perfección, pero tras una cerrada y prolongada curva, empecé a tener malas vibraciones, como si algo maligno se acercara en una próxima recta aún fuera de mi alcance visual. Se me puso la boca reseca, y empecé a sudar… encendí un cigarrillo. A no mucho tardar tuve el primer sobresalto, pues tuve que esquivar un enorme tronco en medio de la carretera, librándome por muy poco. Seguidamente me llevé otro susto de órdago, diferente al anterior. Al haber aminorado la velocidad, vi a la perfección, de frente, una gran figura blanquecina, a mi derecha, en el arcén… A cada segundo iba tomando un claro aspecto humanoide, pero realmente aterrador. Frené casi en seco y sentí paralizarme, pues no era otra cosa que la muerte en persona, pues incluso no le faltaba una guadaña. Arranqué y pisé el acelerador a fondo, pero aquella figura de otro mundo se metió en la carretera y la atravesé como si fuese de humo, y cuando miré por el retrovisor, ya no la vi, había desaparecido. Tuve unos kilómetros muy tranquilos, pero mi funesto pensamiento no me había abandonado aún, y lo peor estaba muy cerca de llegar, pues el coche dejó de funcionar; acababa de quedarme tirado en medio de la nada. Continué andando esperando que apareciera otro vehículo. Tras un buen trecho, las piernas se volvieron muy pesadas, como si los pies pesaran varios kilos, hasta que me percaté de algo terrible e inimaginable, pues el asfalto se estaba derritiendo según avanzaba; veía cercano mi fin en esta vida. Pero he aquí, que la civilización no se encontraba muy lejos, pues podía ver las luces de la ciudad en el horizonte… había realizado en coche más kilómetros de lo que pensaba. Por si fuera poco, como unos delgados filamentos muy negros intentaban aferrarse a mis piernas, pero continué andando, aferrándome a la vida. Estaba ameneciendo, pues por el horizonte ya clareaba, y muy deprisa, tanto, que la ciudad desapareció de mi vista. Pocos metros después mis pocas fuerzas desaparecieron por completo y caí desplomado en el barrizal de alquitrán que dominaba por entero la carretera empinada, y cerré los ojos inexorablemente… por unos segundos, pues desperté en la cama de un hospital. Una enfermera de riguroso blanco estaba sentada dándome la espalda a excasos dos metros. Tosí. Giró la cabeza… muy, muy despacio… ¡Horror! ¡Conocía aquel ser! ¡El corazón me latía muy, muy rápido! No esperé clemencia ni salvación alguna.
-¿Ves el reloj de arena, encima de la mesa? – Cuando caiga el último grano… vendrás conmigo… Antes de que suceda, te puedo conceder una gracia, aunque pequeña, no puede ser de otra manera.
-Sólo necesito lápiz y papel, por favor…

El niño del volcán. B.

Llevaba varios meses esperando aquel fin de semana, teníamos planeado junto con mis amigos realizar una excursión y después de darle vueltas al asunto decidimos ascender un volcán, sin saber en lo que aquel asunto se convertiría. Llegado el sábado nos juntamos muy temprano y tomamos rumbo a nuestro destino nuestro plan era subir por la tarde, sin embargo al llegar a la falda del volcán estaba lloviendo a cantaros por lo que decidimos esperar, ya casi entrada la noche nos dirigimos a la oficina municipal para dar aviso que íbamos a subir, el empleado trato de persuadirnos para que no subiéramos esa noche si no hasta el otro día, sin embargo le comentamos que ya estamos atrasados y que emprenderíamos la escalada esa misma noche.

Comenzamos a subir todos muy alegres, poco mas de dos horas habían pasado desde que empezamos el camino y nos habíamos encontrado a otras personas que ya venían bajando, y les preguntábamos que si había alguien que se hubieran quedado a acampando. El último grupo que iba bajando nos dijo que ya no quedaba nadie, que solo había un anciano que subió a cortar leña, proseguimos nuestro camino cuando en el recorrido vimos un pequeño bulto y a la vez escuchamos un sollozo, por un momento nos sorprendió, pero cuando nos acercamos mas y alumbramos con nuestras lámparas pudimos ver que era un niño como de unos 9 o 10 años.

Nos acercamos y le preguntamos que esta haciendo solo en aquel lugar, nos dijo que estaba esperando a su papa, nos quedamos un rato y le ofrecimos algo de comer pero no quiso, después de media hora decidimos seguir caminando pues supusimos que el papa del niño seria el señor que nos habían dicho que andaba cortando leña, y que se encontraba un poco mas arriba.

Íbamos caminando en silencio, al menos yo iba pensando como era que habían dejado aquel niño solo, aunque en los pueblos se acostumbra a ser un poco rudo con los niños, de pronto oímos ruido de un caballo y la voz de un anciano que venia unos metros arriba y justo en ese momento paso un viento que nos helo, en eso el niño dijo que ya estaba cansado, entonces nos detuvimos a esperar, a que el señor se aproximara, justo cuando el señor apareció me adelante a decirle que teníamos a su niño y que lo estaba esperando, el anciano se me quedo viendo como una cara de extrañado, yo lo tome del brazo y lo apure pues el niño estaba muy triste, cuando regresamos junto a mis compañeros estos estaban en silencio, conmocionados y con una mirada de miedo, les pregunte por el niño, pero ninguno alcanzaba a decirme nada, hasta que uno de ellos balbuceo que el niño se había sentado al borde del camino y que había desaparecido delante de sus ojos, entonces el anciano intervino y nos contó sobre un niño que se había perdido hace unas semanas atrás y después lo habían encontrado muerto por el frío intenso del volcán, y que a otros excursionistas también se les había aparecido preguntando por su papa.

Regresamos esa misma noche, a la siguiente mañana pasamos por la oficina municipal a avisar de nuestro regreso, y le preguntamos al empleado sobre la historia que nos había contado el anciano, este nos la corroboro, regresamos de esa excursión convencidos… al menos yo que los fantasmas si existen.

Una noche en el campo. G.

Corría el año de 1950, en el altiplano la modernidad distaba mucho por llegar, aquella tarde Lili como era usual fue a al rio a lavar la ropa, para luego volver a casa no sin antes pasar comprando el pan de su padre.
-Juan….lo de siempre …y caliente ya sabes a mi pa´no le gusta frío!!!… gritó la chica desde el camino….
-ya va…ya va… deja que está saliendo… replicó el viejo panadero.
Como de costumbre las labores llegaron a su término a eso de las 8:00 p.m. Y con sus padres durmiendo, Lili cedió a su pasatiempo favorito. De su viejo colchón saco un catálogo de ventas al menudeo, de los que pasaban dejando por el pueblo, en el que se veían imágenes de chicas vistiendo muy elegantemente, y se veía ella misma en una de las imágenes.
Sus padres no podían darle más de lo que poseían, y aun estudiando Lili añoraba salir de aquel pueblo para mejorar….
Un silbido extraño atrajo su atención, lo ignoro por un momento y siguió embebida en sus cosas…
El chiflido de nuevo….
-¿y eso?….quien será?….
Lili asoma su joven rostro a un hueco en la tabla que hace de pared, y su ojo café oscuro se abre a más no poder….
-Santo niño de la silla!!!!……y eso….
Justo enfrente de su humilde choza, un hermoso caballo blanco, de crin platinada, bañada por una luna llena cuya luz mortecina cubría la escena, el animal pastaba con su cabeza gacha, la silla de montar dejaba ver repujados en oro y plata, los estribos de un brillo esplendido, justo en la abertura del alambrado hay una enorme piedra que hace las veces de seguro para la portilla, en esa piedra, un hombre vestido de blanco puro, botas limpísimas, con espuelas plateadas, igual que su hebilla, su traje blanco reluciente, su enorme sombrero de ala ancha que cubría su rostro, bajo una sombra total, en la que solo se veía el brillo de un diente al reír…
-Todo lo que queras….todo lo que soñas….todo…..es tuyo….
Escuchaba la muchacha en sus oídos, la brillantez de aquel diente en la sombra del sombrero la enmudecieron….
-todo lo que queras….todo lo que soñas….todo es tuyo….
Repetiase insistentemente en la cabeza de Lili, que sin notarlo, había salido de su humilde casita, y embelesada por todo aquello, caminaba sin pensar, movida solo por la brillantez y las palabras de aquel desconocido….
El jinete desconocido, caminando a lado de su caballo, la llamaba con tranquila imagen, y con brillante sonrisa, la joven lo seguía a solo unos pasos, de pronto el jinete dejo de sonreír…..
-Señor….me lleva con usted….por favor…… decía la chica…..
Aquel tipo subiose a su caballo y tendiéndole la mano a la joven le mostro unos dedos llenos de anillos con brillantes……
-te vienes pero para siempre….vamos….solo agárrate….
Lili reacciono al escuchar como la voz ahora era distinta, ronca y demandante…..
-pero….y mi pá…. Atino a preguntar….
-Lili!!!!….mija….que haces…..mijaaaaa!!!!……mirameeee!!!!….
Gritaba el anciano tratando de agarrar a su joven hija, quien al borde de un barranco extendía su mano al aire, como queriendo sujetarse de la nada….
-lléveme señor….lléveme… gritaba la chica….
-Mijaaaaa!!!!…por el amor de Dios….que dices……escuchameeee!!!!….
Un esfuerzo titánico, un alarge de su cansado brazo y logro sujetar a su hija…que sin decir nada mas repetía insistente….
-lléveme….lléveme….lléveme….

Han pasado los años, Lili ahora una anciana de edad, es cuidada por una vecina, y todo está bien….excepto esas noches de luna llena con luz mortecina, en las que se pasa toda la noche repitiendo….
-lléveme….lléveme….lléveme….

La vecina. A.C.

Ya el día estaba muriendo. Las nubes, teñidas de un suave naranja, se movían a gran velocidad debido a la fresca brisa, al igual que las hojas caídas de los árboles, que pintaban un paisaje en tonos cobrizos, al compás de mis pasos.

Mas, todo ello me tenía sin cuidado, pues, desde hacía rato, mi mente se centraba en una única cosa: mi vecina, amiga desde mi infancia. Nos había dejado, para emprender el viaje que todos realizaremos algún día. No me sentí en condiciones de ir a su despedida, aunque realmente me dolía no haberlo hecho, prefería recordarla como la amiga que siempre fue.

El repentino ladrar de los perros me trajo nuevamente a la realidad. Rápidamente, me dirigí donde ellos, ya que era extraño, pues de haber llegado mi familia, no harían tanto alboroto. Al llegar, les pregunté qué ocurría –como si fuesen a contestar-, mas, mi pregunta fue ignorada completamente. Ladraban, con sus ojos fijos en la casa, ahora deshabitada, de mi vecina.
Al dirigir mi mirada, comprendí porque: ahí se encontraba ella, sentada en su porche, como hacía cada tarde, desde que tengo memoria.

Lucía tranquila, en paz, y me sorprendí, también a mi, en ese estado.

Cuando me di cuenta, ya estaba cortando, a paso rápido, la distancia que nos separaba.
Al quedar a tan solo unos pasos, me detuve.

Ella me miró, expectante. En ese momento quise decirle tantas cosas, disculparme, sin embargo, un nudo en mi garganta, permitió que una única palabra escapara de mis labios, en forma de un suave, casi inaudible, susurro: “Adiós”.
Ella sonrió, y a continuación, comenzó a incorporarse, lenta pero decididamente. Cuando ya estuvo de pie, me rodeó con sus brazos. Durante el instante que duró el abrazo, una indescriptible, pero agradable sensación, me inundó.

No pude responder su gesto, ya que rápidamente, se desvaneció.

Luego de unos minutos de estar cual estatua en aquel lugar, comencé a desandar mi camino, emprendiendo la marcha nuevamente a mi hogar.

No pude evitar que una triste sonrisa se formara en mi rostro, cuando –podría jurar- un “Gracias” se escuchó en el viento.

El padrastro. S.B.

Sentado en un viejo sillón de mi casa escucho con los ojos cerrados una vieja canción de piano que escribí junto a mi ya difunto padre. Aun no lo puedo creer como el hombre que me recogió de aquí orfanato hubiera muerto aun no sé cómo murió.

En ese momento mi mar de pensamientos fue interrumpido por una voz que me fue un poco familiar. ‘No, tu si sabes cómo fue que yo morí’, dijo la voz misteriosa. Yo repliqué: ‘claro, espero llegar a mi casa pronto’. La voz misteriosa dijo: ‘no, aun no es tu casa, sigue siendo la mía hasta que lean mi testamento’.

En ese momento un escalofrió inexplicable se adueño de mi cuerpo abrí los ojos y enfrente de mi estaba mi padrastro. El dijo: ‘sorprendido de volverme a ver’, yo dije con una sonrisa sarcástica: ‘no, tu tan solo eres el dolor que siento por la pérdida de mi querido padre’. El padrastro sonrió y dijo: ‘o tal vez tu locura proyectada en uno de tus más profundos miedos’. yo pregunte: ‘¿miedos? Yo no te tenía miedo padre, yo te admiraba, yo te quería’. Y mi padrastro se desapareció en la obscuridad de un rincón.

Suspiré y volví a cerrar los ojos para concentrarme y escuchar esa hermosa melodía del viejo y olvidado piano. De repente alguien tocó la puerta, baje rápido para ver quién era y vi a Lorena, una vieja amiga de mi padrastro. Ella se encargaba de preparar los difuntos para el funeral, mi padre siempre le dijo a Lorena que el día que muriera quería que ella misma lo preparara para verse espectacular en su entierro.

Lorena me sonrió y me dijo: ‘ya está todo listo para el funeral de tu padre’. Yo respondí: ‘muchas gracias por ayudarme con todo esto Lorena’. Ella respondió: ‘no hay de que, esto que estoy haciendo es lo que siempre quiso tu padre bueno nos vamos para preparar todo antes de que los familiares lleguen’. Replique: ‘claro nomas deja apagar el estéreo’, era de mala educación dejar a Lorena afuera así que la invite a pasar, ella parecía muy sorprendida por la gran casa de mi padre ya cuando llegamos al segundo piso apague el estéreo y mi padre apareció alado mío y dijo: ‘acaso no te dije que nunca trajeras a nadie cuando yo no estuviera’, yo respondí: ‘pues estas aquí no se por qué te quejas’, Lorena un poco confundida me preguntó: ‘con quien hablas’ yo respondí: ‘con nadie’, Lorena me que había escuchado esa canción, es muy bonita y preguntó cómo se llamaba. Yo respondí: ‘no tiene nombre la escribí junto con mi padre’. Lorena me sonrió y dijo: ‘tú has de tener muchos recuerdos hermosos de tu padre’, yo respondí: ‘si tengo bastantes de pronto mi padrastro se apareció alado mío otra vez y me dijo al oído: ‘y tan solo por eso me mataste’.

No lo pude creer mi padre o mi locura no sé que era él o esa cosa, pero me estaba culpando de la muerte de mi padre. En el funeral todos lloraban por mi padre excepto yo, no sabía por qué no lloraba por la pérdida de mi padre era mucho, pero al parecer tenía muchas fuerzas para retener las lagrimas. Me senté y suspire mirando como otros que conocían poco a mi padre lloraban desconsoladamente. De repente mi padre apareció sentado alado mío y dijo: ‘vaya cuanta hipocresía hay en este pequeño cuarto’, yo le dije un poco enojado: ‘por lo menos ten un poco de respeto hacia las personas que vinieron a verte’, él se rio y me respondió: ‘no vinieron a verme a mí solo vinieron a ver a quien le dejé toda mi herencia, la gente a veces llega hacer muy hipócrita cuando hay algo valioso de por medio’. Entonces me llegó el recuerdo de lo que me dijo cuando estaba en casa con Lorena y le pregunte: ‘por qué dices que yo te mate’, el sonrió y me dijo: ‘no te hagas el tonto, yo sé, recuerda esa discusión y después no se empezó a oír cucu cucu y me encajaste el cuchillo en el pecho.

Asustado le respondí: ‘no claro que no, yo no fui’. El se rio y me dijo: ‘nunca vas a escapar de mí, yo soy tus miedos, soy tu locura yo soy tu padrastro’. no pude más y grite con todas mis fuerzas: ¡Basta!, todos en el funeral me miraron como si estuviera loco, de inmediato me fui de el funeral y corrí hacia mi casa me encerré y me puse en un rincón y no sabía qué hacer, no sabía que pensar como pude matar a mi propio padre, me puse a llorar yo quería a mi padre y de repente el pareció frente a mí y me dijo: ‘no, tú me odiabas me lo hiciste saber el día que llegaste borracho’, yo sorprendido le pregunte: ‘como no entiendo llegue borracho por favor dime qué fue lo que paso’, el me dijo: ‘llegaste borracho me dijiste que me odiabas que siempre tenias que hacer lo que yo decía yo le respondí : ‘porque era cierto’, el me reclamo: ‘no yo siempre te di la opción, pero tú por miedo a lastimarme siempre hacías lo que yo quería’. Yo respondí: ‘es cierto ya lo recuerdo todo se salió de control y tome el cuchillo… Lo siento padre’, de repente una lagrima de sangre se notaba en la mejilla de mi padre y me dijo: ‘no me duele que me hallas matado es mas estoy orgulloso de que por primera vez tú hagas algo por tu propia cuenta’, yo pregunte: ‘entonces ¿por qué lloras?’ y él respondió: ‘me duele que tú me odies’, de repente me dolió el pecho y yo también llore y le dije: ‘no, no es cierto yo no te odio yo te agradezco por todo lo que hiciste por mi y tan solo quiero pedirte perdón’, el sonrió, ‘no hay nada que perdonar’.

Mi padrastro bajó las escaleras abrió la puerta y cerró días después fui arrestado confesé mi crimen y fui sentenciado a 20 años de prisión me parecieron justos un año después decidí reunirme con mi padrastro.

La historia de Lucía. F.

Su nombre era Lucia, tenía 17 años y era portadora de una gran belleza, cabello rizado color negro oscuro, de figura esbelta y con un rostro que tan solo mirarlo un par de segundos, inspiraba confianza y tranquilidad.
Era amable y muy amigable, pero algo excluida de la sociedad, aunque ella siempre estaba encantada de conocer gente nueva. No era ningún secreto entre sus vecinos y amigos su amor por los animales, en especial los perros, por lo tanto, tenía un cachorro al que quería y cuidaba como un bebe.

Vivía en un barrio común, algo alejado de la ciudad, pero debido a que su papa adquirió un nuevo trabajo, tuvo que mudarse hacia el centro de la ciudad.
Su nuevo barrio era mucho más grande y limpio que el anterior y lo adoro en cuanto lo vio.
Su casa era algo lujosa y en ella se reflejaba que la situación económica de su familia iba prosperando.

A los 3 días de haber finalizado la mudanza, Lucia estaba en su computadora navegando a través de internet, cuando de pronto el monitor se apago repentinamente, Lucia suspiro y se dio cuenta que el sueño la estaba venciendo así que se recostó en su cama y se quedo dormida.
Eran cerca de las 4 de la mañana cuando un ruido proveniente de la cocina despertó a Lucia. Se levanto de su cama sobresaltada y tras revisar que su cachorro estuviera bien, se dirigió a la cocina para asegurarse de que todo marchara bien.
Antes de llegar escucho a sus espaldas una pequeña risita. Parecía la risita inocente de una pequeña niña. Lucia se asusto y salió corriendo a despertar a sus padres para contarles lo que había ocurrido, pero sus padres no le creyeron y así, la pobre de Lucia tuvo que regresar a su cuarto llena de temor.

Pasaron los días y Lucia termino por olvidarse de ese pequeño percance, cuando una noche al levantarse por agua, vio una pequeña silueta pasar al lado de ella. Del susto tiro el vaso de agua al suelo y unos segundos después escucho a su cachorro gemir.
Lucia corrió hacia su habitación y cuando entro se quedo atónita al ver a una pequeña niña de escasos 6 años acariciando a su mascota, la niña le sonrió a Lucia, quien miro hacia la habitación de sus padres apunto de gritar, pero al volver la mirada a su mascota, la pequeña niña se había esfumado.
Lucia no lo podía creer, paso por su mente la idea de que tal vez estaba enloqueciendo, pensó en contarle todo a sus padres y convencerlos de que lo que decía era cierto, pero sabía bien que con creerían en su palabra.

Las noche siguiente, no pudo conciliar el sueño, la imagen de esa niña la atormento durante toda la noche, demasiadas preguntas rondaban por su cabeza, ¿De verdad la había visto?, ¿Se estaba volviendo loca?, ¿Por qué le pasaba esto a ella?
Toda la ilusión y la felicidad por tener una nueva y mejor casa habían desaparecido gracias a aquellos hechos que en pocos días, estaban borrando las emociones de Lucia.
Apenas comía, estaba más seria que de costumbre y prácticamente se había olvidado de su mascota, creía ver a esa pequeña niña en todos lados y sus papas empezaban a considerar llevarla con un psicólogo.
Una noche, Lucia llego a su límite y se arto de que esa ilusión o aparición la intimidara, así fue como se armo de valor y decidió quedarse despierta en su cuarto esperando a esa niña para una vez que apareciera enfrentarla y preguntarle porque la atormentaba.

Espero en su cuarto toda la noche cuando de pronto su cachorro empezó a dar brinquitos y ladrar, se notaba contento y al lado de Lucia apareció una silueta bastante conocida para ella.
Al verla, Lucia se sobresalto y por su mente cruzo la idea se salir huyendo de su habitación, pero se armo de valentía y le dijo a la pequeña: ¿Qué quieres de mí? ¿Yo que te eh hecho?
Al pronunciar estas palabras, la expresión de la pequeña se torno de un aspecto feliz a uno triste, y mirando a Lucia a los ojos, la cogió de la mano y le hizo señas de que la siguiera, Lucia algo insegura se negó pero termino por darle la razón a la pequeña y la acompaño.
La pequeña niña la guio hasta el patio trasero de la casa de Lucia y en una esquina, al lado de un árbol, la pequeña se detuvo, miro a los ojos a Lucia y señalo el suelo. ¿Por qué me has traído a este lugar? Pregunto Lucia a lo que la niña respondió apuntando al suelo y luego de eso, se esfumo.

Lucia estaba confundida, se arrodillo y miro el terreno señalado por la niña para ver si encontraba algo. Para su sorpresa la tierra en esa parte del patio estaba muy blanda y empezó a excavar con sus manos. De pronto sus dedos tocaron algo duro, Lucia excavo mas y desenterró una bolsa negra, Lucia estaba rogando que no fuera lo que estaba pensando y al abrir la bolsa se encontró con algunos huesos, al parecer, humanos. Lucia lanzo un grito de miedo y sus padres asustados salieron a buscarla, ayándola arrodillada llorando. Lucia les conto todo lo que le había sucedido esa noche y sus padres al ver la bolsa finalmente le creyeron.

Al día siguiente investigaron en los periódicos viejos sobre esa casa y se encontraron con la sorpresa que hacia 8 años en esa misma casa un señor había asesinado a su hija y se la había comido en un acto de canibalismo, después de encarcelarlo las investigaciones nunca arrojaron los restos de la niña.
Rápidamente fueron a la iglesia y se llevo a cabo una misa para rogar por el descanso de esa pequeña niña que se le había manifestado en diversas ocasiones a Lucia, enterraron los huesos en el panteón y al retirarse, claramente Lucia escucho a sus espaldas una risita que le inspiro esa sensación de tranquilidad que ya casi había olvidado, Lucia no aguanto el llanto y se retiro del panteón con una sonrisa en la cara.

Este relato nos da a entender que no todos los espíritus son malos ni mucho menos buscan darte un susto, son solo almas en pena que por alguna razón o tarea no realizada no consiguen descansar hasta que esa razón o tarea haga sido completada, para así, encontrar el descanso eterno.

La madre del bailarín. U.H.S.

Xaviera y Lourdes asistieron a la función de gala de Hernando Farah, bailarín homosexual amigo de ellas. Tomaron asiento en la segunda fila para no perderse una sola de las evoluciones del intérprete, cuyo cuerpo musculoso las hacía fantasear y lamentar que él nunca fuera a interesarse por alguna de ellas.
Se acercaba el inicio de la función cuando vieron que, en una butaca de la fila de adelante, tomaba asiento una señora entrada, muy entrada en años, algo enjuta y muy silenciosa. Por lo bajo, Xaviera dijo a Lourdes que se trataba de la madre de Hernando, y enseguida, tras carraspear, se adelantó para saludarla. Xaviera ignoraba el nombre de la señora, así que la llamó así simplemente y le dio las buenas noches. La interpelada giró apenas el rostro y se abstuvo de hablar, pero el perfil de tres cuartos bastó para que las mujeres notaran que la pobre quizá padecía de cataratas, pues el ojo derecho, enteramente visible, parecía estar velado por una película grisácea. La señora se limitó a asentir ante el saludo y una serie de elogios dirigidos a su hijo, el bailarín. Las mujeres no notaron que otras personas, al acomodarse en las butacas a diestra y siniestra de la señora, parecían no notar en absoluto la presencia de ésta.
Comenzó la función. Los presentes observaron boquiabiertos la interpretación del gran bailarín, cuyo semblante, sin embargo, denotaba algo parecido al abatimiento. Por fortuna, ello no lo privó de dar una actuación brillante y, al final, llevarse una carretada de aplausos que lo tuvieron haciendo reverencias durante veinte minutos.
Xaviera y Lourdes no se percataron del momento en que la madre del danzarín se fue. Creyeron que la hallarían en el camerino de éste, al que se dirigieron para felicitarlo y regalarle un ramo de rosas. Vieron al inveterado artista derrumbado sobre una silla, claramente cansado y con la mirada perdida. Se había refrescado con agua. El sudor le perlaba la frente. Las mujeres lo saludaron y lo felicitaron; tras un intercambio de abrazos (nada efusivos por parte de Hernando), Xaviera le dijo a éste que había saludado a su madre, y que pensó que la encontraría ahí, en el camerino. El bailarín se puso pálido, hizo un vano intento por hablar, le flaquearon las piernas y, por fin, se dejó caer en la silla y rompió a llorar con ahínco. Apenada, Xaviera intercambió una mirada con Lourdes y enseguida preguntó al que lloraba si había dicho algo indebido. El interpelado movió la cabeza negativamente, acopió algo de serenidad y por fin, con voz entrecortada, contó que su “santa madre” había fallecido hacía una semana, no sin antes asegurar que lo vería en la función que apenas había terminado.
Xaviera y Lourdes también se sentaron y rompieron a llorar de horror.

La maldición de los Londenbar. B.

Año 1600 d.C la reina Candace había mandado eliminar a la raza de los Hommers. Su decisión fue aceptada sin pena, la sentencia fue la muerte por decapitación.

Pero no todo había terminado… años más tarde, el joven y gallardo, Jorge Rincón caminaba por los amplios prados de su hogar, constantemente había pensado en la posibilidad de viajar a Normandía. En su tiempo libre se dedicaba al estudio de lo oculto. Sabía que esto le trajo enemigos más acérrimos, empezando por el engreído de su primo, Charles.

Charles, creía que eran patrañas creer en lo oculto y los ritos a seres desconocidos.

En todo esto pensaba Jorge cuando observaba su sortija de oro de 20 quilates, deseaba tocar aquel de trozo de metal que había observado en su visita al museo de Antenos.

Capítulo 1.

En los siguientes meses la decisión estaba tomada, emprendería el viaje a Normandía. En su mente cabía la posibilidad de conocer a los parientes consanguíneos de su amada Ofelia. Pero hasta cierto punto desconocía el pasado oscuro y desgarrador que lo asecharía a aquellos lugares.

Capítulo 2 Sesión de caníbales.

Jorge llegó a la mansión de su familia, heredada a través de su amada esposa Ofelia, la cual en su testamento antes de su extraña muerte, le dejaba como parte de un legado antiquísimo por parte de sus tatarabuelos Los Londenbar.
Aquella enorme mansión en su tiempo fue una elegante estructura en la cual se todavía se apreciaban los vestigios de su gran esplendor. Los vidrios cromáticos, el muro de cristal frente a un hermoso paraje en donde reposaban de tanto en tanto una pareja de cisnes en un hermoso lago multicolor.

La gran ausencia indistinguible de aquel lugar era la mano de una dama, que embelleciera por años aquel lugar. Los aldeanos murmuraban sobre la existencia de seres astrales que vagaban de noche por aquel lugar y vez tras vez le habían rogado que se fuera lo más pronto posible a otro sitio donde disfrutar de paz.

La primera noche fue un constante, escuchaba los pasos, palabras con un olor acre y salado.

De pronto un grito lo despertó generándole un temor insospechado del origen de aquellos extraños sonidos. La segunda noche se repitió aquel espeluznante ambiente fantasmal, agregando sonidos brutales.

En sus sueños una mano despellejada y con los dedos podridos le ofrecía una densa variedad de platillos deliciosos tapados en charolas. Destapó el primero y lo que vio le produjo nauseas. Se vislumbraban los sesos y venas en estado putrefacto, probo un pedazo y sintió la pestilencia. Después sintió el leve murmullo de una voz que le invitaba a ir a la cocina.

Pudo ver como desgarraban un cuerpo de animal, de tajo le cercenaban la cabeza y de ella salía un caldo sangriento, los ojos de aquel animal conservaban el brillo de sus últimos instantes de paz, a medida que lo consumían sin dejar un poco de su desgraciada alma en pena.

Súbitamente, Jorge despertó recordando cada parte de aquel escalofriante sueño.