lunes, 2 de octubre de 2017

Mientras te escucho... Philipe Jacottet.

Mientras te escucho,
el reflejo de una vela
tiembla en el espejo
como una llama trenzada
en agua.

Esta voz, también, ¿no es el eco
de otra, más real?

¿ Va él a escucharla, él que se debate
entre las manos siempre demasiado lentas
del verdugo?
¿La oiré yo?

Si alguna vez hablan por encima de nosotros
entre los árboles constelados de su abril.

De "Pensamientos bajo las nubes" 1983
Versión de Rafael-José Díaz

La voz. Philipe Jacottet.

¿Quién canta ahí cuando toda voz se calla? ¿Quién canta
con esta voz sorda y pura un canto tan bello?
¿Será fuera de la ciudad, en Robinson, en un
jardín cubierto de nieve? ¿O es ahí, muy cerca,
alguien que no sospechaba que se le escuchase?
No nos impacientemos por saberlo,
pues no de otro modo precede al día
el pájaro invisible. Tan sólo permanezcamos
en silencio. Una voz sube y, como un viento de marzo
restituye su fuerza a los bosques cansados, nos llega
sin lágrimas, más bien sonriendo ante la muerte.
¿Quién cantaba ahí cuando se apagó nuestra lámpara?
Nadie lo sabe. Pero sólo puede oír el corazón
que no busca posesión ni victoria.

De "El ignorante" 1957
Versión de Rafael-José Díaz

La lechuza. Philipe Jacottet.

La noche es una gran ciudad dormida
donde sopla el viento... Llegó de lejos hasta
el asilo de este lecho. Es junio, y medianoche.
Tú duermes, me han llevado a estos bordes infinitos,
el viento mueve el avellano. Esta llamada
se acerca y se retira, diríamos que es
un destello huyendo entre los bosques, o bien
las sombras que giran, se dice, en los infiernos.
(De esta llamada, cuántas cosas podría decir
en la noche de estío, y de tus ojos...) Pero no es
sino la lechuza, ese pájaro, llamándonos desde el fondo
de estos bosques de suburbio. Y ya nuestro olor
es el de la podredumbre al alba,
ya bajo nuestra cálida piel apunta el hueso,
mientras se apagan los astros en todas las esquinas.

De "La lechuza y otros poemas" 1953
Versión de Rafael-José Díaz

Guardaré en mi mirada... Philipe Jacottet.

Guardaré en mi mirada
como un rojo que fuera más de crepúsculo que de alba
que llamara no al día sino a la noche
llama que deseara esconderse en la noche

Llevaré en mí esta marca
de la nostalgia de la noche
aun cuando la atravesara
con una hoz de leche

De "Aires" 1967
Versión de Rafael-José Díaz

Escucha, mira... Philipe Jacottet.

Escucha, mira: ¿no hay algo que sube
de la tierra, de mucho más abajo,
como una luz, en oleadas, como un Lázaro
herido, absorto, en lento batir de alas
blancas -mientras que por un instante todo calla,
y es en verdad aquí donde estamos, asustados,
y no descienden así de más allá del cielo,
a su encuentro, otros vuelos, más blancos
-por no haber discurrido entre raíces de barro-,
y no corren ahora unos contra otros
cada vez más deprisa, a la manera
de los encuentros amorosos?

Ah, piénsalo, dilo, sea lo que sea,
di que algo así puede ser visto,
que sabréis aún correr así,
pero dentro del áspero manto de la noche.

De "A la luz del invierno" 1973
Versión de Rafael-José Díaz

El ignorante. Phillpe Jacottet.

Cuanto más envejezco, más crezco en ignorancia,
cuanto más he vivido, menos poseo y menos reino.
Todo lo que tengo es un espacio alternativamente
nevado o brillante, pero nunca habitado.
¿Dónde está el dador, el guía, el guardián?
Permanezco en mi cuarto y de momento me callo
(el silencio, como un sirviente, viene a poner un poco de orden),
y espero a que las mentiras se aparten una a una:
¿qué queda? ¿Qué le queda a quien muere
que le impide morir? ¿Qué fuerza
le hace hablar aún entre sus cuatro paredes?

De "El ignorante" 1957
Versión de Rafael-José Díaz

El alma tan friolera y miedosa... Philpe Jacottet.

El alma, tan friolera y miedosa,
¿tendrá que caminar sin fin sobre este hielo,
sola, descalza, sin saber ya ni siquiera balbucear
la oración de la infancia,
castigada sin fin su frialdad por este frío?

De "Pensamientos bajo las nubes" 1983
Versión de Rafael-José Díaz

Aparta esta luz que nunca tiene ojos... Philipe Jacottet.

Aparta esta luz que nunca tiene ojos
como una cortina y entra,
acércate, tú que miras y hablas,
más penetrante que el viento de otoño,
más tierna que toda su lana y toda su leche.

Versión de Rafael-José Díaz