jueves, 3 de mayo de 2018

Poemas II. Juan Antonio González Iglesias.

Iba el lenguaje...

He estado acordándome intensamente de ti.
Me puse a traducir a un poeta alemán,
en principio a leerlo, pero tuve
que recurrir al diccionario, y luego
salió algo sorprendente. Creo que te gustaría.
Es un desconocido.
Mi memoria quizá no es la mejor.
Fíjate, qué comienzo:
Iba el lenguaje por sotos y praderas...







Mon tout dans ce monde.

Palabras de otro idioma, de otro siglo,
de otro amor: aceptarlas
para poder decir cómo te quiero,
lo que eres para mí.
Exactamente eso: mi todo en este mundo.







Nosotros no dormimos en el lecho paterno...

                                   Por la tarde te examinarán en el amor
                                                                         San Juan de la Cruz

Nosotros no dormimos en el lecho paterno.
No queremos tendernos sobre ese venerable
lugar donde nacieron y murieron y amaron
nuestros antepasados. Al examen nocturno
del amor acudimos a deshora y por libre.
En el camino somos un caballo y un potro.
Corremos sobre líneas ideales muy próximas,
nunca sobre la misma. Nuestro mejor relincho
anuncia que ha llegado la libertad al mundo,
y se lo dedicamos al poeta que dijo
que un día nacerían hombres como nosotros
y que nos esperaba. Ya pisamos la tierra.
Hablamos y lloramos, igual que en la Ilíada
los caballos de Aquiles. El amor nos transmuta
y hace que esta semana vengan nuestros dos nombres
en un número extra de la revista Time
al lado de los hombres más bellos del planeta,
porque somos como ellos, según su directora,
luminosos y oscuros, rudos y delicados.







Oda a la belleza del dato inesperado.

                                                la cultura está hecha de sorpresas
                                                                                         Bruno Munari

Poesía que conviertes el saber
en una fiesta: pido que me dejes
describir la belleza en términos exactos
de biodiversidad.

Debería movernos a lágrimas el hecho
de que los animales polares sean blancos.
El oso, por ejemplo:
porque en algún momento hasta la nieve
vino, tiene un contorno de blancura
independiente de los copos, puro
hermano de los hielos que nunca se derriten.

Los biólogos saben que debajo
de ese manto esplendente
la piel del oso es negra, íntegramente negra.
Su blancura, miríada que nadie le acaricia
está hecha de translúcidos filamentos, pelaje,
suaves cables de fibra óptica que trasladan
la energía solar hasta la piel que guarda
la leve luz del ártico, su calor impalpable.







Parkour.

                           Ad Deum non acceditur passibus corporalibus
                                                                                      Tomás de Aquino

Esto es lo que nunca nuestros antepasados

hicieron, desplazarse por la ciudad, de un punto

hasta otro cruzando los dominios del viento.

Materiales de última generación construyen

estos cuerpos humanos. Son más que decatletas.

Con los ojos cerrados rezan estas palabras:

Si tengo todo el tiempo por delante,

tengo todo el espacio por delante.

¿Cuántas curvas podrán engendrar con un salto?

Trazarán contra el cielo un fugaz acueducto

sin sufrir contusiones. Se han vuelto invulnerables

al mobiliario urbano. Cuando caen los espera

el asfalto, el granito transformado en alfombra.

Los obstáculos forman parte de la belleza.

¿Qué harán con el regalo de la elasticidad?

Mostrarlo. Compartirlo. Anticipar futuro.

Rozar con los talones las ramas de los árboles.

Superar la muralla abriendo una parábola.

Nadie se acerca a Dios con los pasos del cuerpo.

Se lanzan como dardos desde las azoteas.

Desconocen el vértigo. Tal vez ya son ingrávidos.

Quedan cuando amanece. Silenciosos practican

equilibrio de gato sobre la balaustrada.

El verdadero don no es la musculatura

sino la voluntad.








Profecía de tu piel maravillosa.

Aunque nada sostiene la esperanza que canto
yo sumo aquí las sílabas del amor que te tengo
casi a tientas y pido que su fuego y su música
prendan el ruiseñor prisionero en tu torso.

Creo en un día soleado, mi esperanza lo siente
o lo quiere o lo teme o muere porque sea
cercano al fin sencillo como el puño de un niño.
Creo en el día luminoso en el que tú te rindas.

Podré atenerme entonces a tu piel verdadera.

Serás tú convertido en materia dulcísima.
Serás tú bajo forma de la forma preciosa
de tu cuerpo, en especie de sol y de hermosura.
Serás los treinta y siete grados maravillosos
que tu temperatura imprimirá en mis labios
y tu cuerpo será la mejor certidumbre.

Tú lo curarás todo, todo lo harás volverse
ceguera y luz de amor en la memoria nueva.
Las tardes solitarias, la verdad de las lágrimas
serán tan sólo suma de amor deslumbradora.

Fulgurará tu peso sobre mí repartido
miembro a miembro sellándome con tu forma adorada,
y el esplendor que irradian todas tus proporciones
traspasará los límites de mi piel hasta hacerme
hermano para siempre de la hermosura tuya.

En tu gemir rendido y en tu animal furioso
me será revelada la luz de tu persona.
Tu forma de abrazarme y el modo de tus besos
darán sentido al nombre que te dieron tus padres.
Y yo que no soy nada probaré la ternura
que tienes cuando entregas tu ejército vencido.

Pero antes, antes, antes, abriendo, inaugurando
más bello y silencioso que los amaneceres
de la historia del mundo, no sé de qué manera
tú me dirás que sí y me darán tus ojos
la entrada, y lo que era a fuerza de soñarte
pelo tuyo, ojos tuyos, ojalá que no haya
nada tras el instante en el que tú te entregues.
No prosiga la vida su tejido confuso.

Entonces será dulce temblar ante tu piel
y morir, y acercarme, y sentir solamente
esa extensión suave de Dios entre mis manos.

De "La hermosura del héroe"







You light up my life.

Aristóteles dice: un cuerpo bello
debe ser percibido en su totalidad.
Así te vi llegar esta mañana.
Venías de correr una hora en bici
por la orilla del río. Te duchaste.
Estuvimos nadando juntos. Varios
largos en la piscina transparente.
Nos amamos después, enamorados
de ser distintos y de ser iguales.
Por la tarde estudiabas o leías.
Te vi algunos instantes. Pero ahora
que duermes a mi lado respirando
desnudo en el calor de junio, a oscuras,
creo que el filósofo no se refiere
sólo a la epifanía en el espacio,
al golpe único de la materia,
sino también al cuerpo hecho de tiempo,
a la suma sencilla de momentos
que queda para siempre en el registro
general de los días de este mundo.
Aristóteles dice: un cuerpo bello
debe ser percibido en su totalidad.