domingo, 20 de mayo de 2018

Poemas II. Raúl Gomez Jattin (1945-1997)

En las lágrimas tuyas está todo el terror

Como en un cuadro de De Chirico    El Tiempo
se queda detenido entre los objetos y
los hombres sueñan la eternidad
Las chimeneas son falos humeantes
que penetran el cielo de Lo Absoluto

Como en un color de Borges    El Tiempo se
queda entre las palabras del Ciego
Los hombres han conocido a través de
lo insólito la eternidad    El sexo
de Borges es infinito y estoico

En las lágrimas tuyas está todo
el terror a la noche de la soledad
y la muerte    En tus palabras está
contenido el Más Allá del Amor y su sueño




 





Equilibrio.

A vuestras espaldas    Vino fuerte
Amores desdichados de mi vida    Los más
Me construí poderoso y soñador
y ustedes se quedaron
con las hilachas inasibles de mi poesía
Seres queridos
De cuerpos intocados
De pieles adoradas
Seres que me preservaron del destierro de la carne
al ejercitar en mí la sexualidad enamorada
Seres inhospitalarios    Así me gustaban
Ellos me enseñaron que cuando se aman así
se pierde
y que cuanto se pierde en el amar
se gana en alma









Erótico imaginario.

Está quieto el jardín soportando la tarde
de un marzo que se anunciara ventoso

Tan fugaz que parece un enero

Penetrado de noche en limoneros y acacias
Opalino a lo lejos en la frente del cielo
El jardín se estremece por dentro

Entre ramas secas y hojas podridas
dormitan escarabajos    Libélulas    Lagartos
Un gato de ocio y maldad acecha una mariposa

De repente una casi invisible neblina desciende
y posa su penumbra en la fronda
acariciando el nudo de nuestros cuerpos
con la misma dulzura lentísima
con que yo mitad fuerza mitad miedo
beso tu cuello y tu barba de negro cristal
Está el jardín oloroso a sudor masculino
a saliva de besos profundos que anhelan
desatar el torrente del deseo en su cima
y que fluyan las savias y descansen los cuerpos









Ese que no ama.

La nieve de los años
bajó de tu cabello a tus pupilas
y te quedaste ciego
y luego te quedaste casi mudo

Castigo de la vida
a quien creyó engañarla
con la buena suerte

Castigo del amor
a quien usó la mentira
y la calumnia
como arma

Castigo de la muerte
quien se sentará en tu cama
y tú no la verás









Ni siquiera una dulce noche.

Aquel amor de fiebre y de tormento    Aquel estar
pendiente de la luna entre los cocoteros    Por si ella
me traía presagios de tu cuerpo    Pero en vano
Pero estaba demasiado enfermo para soportar
la intimidad de tus caricias    No hubieras conocido
en mí sino el temblor de un poeta y de su muerte

Aquel temor de miramos a los ojos no era vano
Estabas revestido de otro mundo    Estabas lejos
Sobre todo cuando yo te amaba    Cuando era
de ti como la nube en el reflejo del agua
Dentro pero lejos    Dentro en el vientre
de una realidad inventada y fugaz

Eras íntegramente bello porque no toqué
tu cuerpo aunque tú lo querías y yo también
Pero antes de mi deseo estaba mi futuro
Estabas tú antes que mi deseo de ti
antes que el deseo estaba el amor
Antes que el amor estaba la vida y su maldad

Aquel amor que no tuvo una noche
Ni siquiera una dulce noche amor mío










Ombligo de luna.

Dibujo tu perfil del faro a las murallas
Luz de alucinación son tus ojos de hierro
El mar salta en las piedras y mi alma se equivoca
El sol se hunde en el agua y el agua es puro fuego
Eres casi de sueño Eres casi de piedra en el vaivén del tiempo

Arquetipo amoroso firme en la turbia edad
esa manera tuya de calmarme las lágrimas
De desbocar tu cuerpo contra el mío    Enloquecido
como un potro en una llanura incendiada
De verter tus palabras en mi entendimiento
cual veneno que cura la ausencia
De recordar cosas usadas y olvidadas
con un vuelo que ilumina y asombra

Es tarde amor El mar trae tormenta
Hay una luna pálida que recuerda tu ombligo
Y unas nubes livianas y pesadas como tus manos
beben sedientas    Así cuando yo sobre tu boca muero









Pequeña elegía.

Ya para qué seguir siendo árbol
si el verano de dos años
me arrancó las hojas y las flores
Ya para qué seguir siendo árbol
si el viento no canta en mi follaje
si mis pájaros migraron a otros lugares
Ya para qué seguir siendo árbol
sin habitantes
a no ser esos ahorcados que penden
de mis ramas
como frutas podridas en otoño

Poemas I. Raúl Gomez Jattin (1945-1997)

Anuncios.

Caigo de mí
hacia mí
¿Dolor? no
¿Angustia? no
¿Qué pues?
Vacío que me espera
Anuncios de la muerte



 





Cambio de identidad.

Dama del alba
Con tu niñez de golondrina haciendo el verano
inauguraste en mí el sendero del corazón
Espeso amor

Como la embriaguez del Stropharia
Reminiscente    Moral    Con ventana al futuro
Como la lenta tarde de sequía
que es para mí la tarde de la vida
Como el río de barro de mi valle
que en invierno arrastraba animales muertos
Como la dicha pérfida de mi abuela
que se regocijaba en ser un monstruo
Furor de los años en tropel    Pasos de la muerte
Ella camina indemne    Solitaria en mi camino
Carne que te reemplazas









 Casi obsceno.

Si quisieras oír lo que me digo en la almohada
el rubor de tu rostro sería la recompensa
Son palabras tan íntimas como mi propia carne
que padece el dolor de tu implacable recuerdo

Te cuento    ¿Sí?    ¿No te vengarás un día?    Me digo:
Besaría esa boca lentamente hasta volverla roja
Y en tu sexo el milagro de una mano que baja
en el momento más inesperado y como por azar
lo toca con ese fervor que inspira lo sagrado

No soy malvado Trato de enamorarte
Intento ser sincero con lo enfermo que estoy
y entrar en el maleficio de tu cuerpo
como un río que teme al mar pero siempre muere en él









Deslumbramiento por el deseo.

Instantáneo relámpago
tu aparición
Te asomas súbitamente
en un vértigo de fuego y música
por donde desapareces

Deslumbras mis ojos
y quedas en el aire










El agresor oculto.

Me envenenó la vida
Me sustrajo de mi movimiento natural
y me entregó a las sombras
de los amores no correspondidos
Me trastocó los sueños
metiéndose como un conspirador entre sus grietas
Desempolvó recuerdos
que hablaban de partidas y de adioses
Mientras tanto mi alma
acostumbrada a la desgracia
lo veía hacer
como un condenado que presencia
el levantamiento del patíbulo










"El amor brujo".

He robado parte de tu cuerpo y de tu alma
Le he tendido una celada a los recuerdos
que aquí te recuerdo    ¿Recuerdas amor?

El cielo de la noche casi azul se asoma
entre tus pestañas Noche vibrátil

Una vez me fui hasta tu región de monte
enfermo de hongos y tristezas muy tristes
Y aluciné con tu imagen alta y flexible
galopando un caballo de nube    Luego
venías por la tarde desde el Retiro de los Indios
en tu carruaje blanco y yo iba a pie
por la carretera    Como un sonámbulo

Sonríes desde lejos como si masticaras
mi corazón entre tus colmillos

Mis palabras le quitan a tu vida muerte
Vives en este libro aunque te tengo miedo
Aunque apenas si hemos hablado   Pero te amo
tanto como siempre    Tanto como puedas imaginar

Y estamos lejos    Como el sol del mar.









El mes adolescente.

Llegó Abril
con sus aguas escasas
colocando diamantes en cada hoja
El mes de los árboles aún sedientos
El mes de la enredadera que trepa el muro

Joven Abril como una adolescente casi virgen
te deseé en las tardes de verano
y ahora llegas primoroso
a encantarme con el batir de tu llovizna

Amado Abril beso tu piel de esmeralda
me entristezco bajo tus cielos grisáceos
Con las voces de tus pájaros
me hago un nido del tamaño de mi deseo

En ti estremecido de ternura
derramo la leche agria del amor que ha esperado