sábado, 3 de agosto de 2019

Poemas III. Eduardo Milán.

Decir ahí es una flor difícil...

decir ahí es una flor difícil
decir ahí es pintar todo de pájaro
decir ahí es estar atraído
por la palabra áspera
cardo
y por el cardenal cardenal
decir ahí es decir todo de nuevo
y empezar por el caballo:
el caballo está solo
ahora está solo
no hay ahora oscuro
no hay ahora de silencio
no hay ahora de palabra
no hay ahora de silencio contra la pared:
el caballo está solo es decir está negro
saltó por encima de la blanca
purísima realidad

el caballo está ahí
fuga
por las hendiduras del día
florescencia
como la luna fluye

el caballo salta por encima de su sombra
salta por encima de su silencio
salta por encima de la realidad
salta por encima
de un universo todavía negro
antes de la suma
antes de la cima
de los colores:
montaña verde sobre cielo azul

la silueta del caballo es colorada
colorada de sol cuando se oculta
ahora se oculta
ahora se hunde en el caballo
moneda de sol
no hay ahora de silencio
no hay ahora de palabra
no hay ahora de caballo




El compromiso del poeta es escribir un vaso...

El compromiso del poeta es escribir un vaso
real, algo sublime que sirva para más
que vivir. Vivir no alcanzó nunca.
Pedir esencia, pedir médula, pedir hueso:
pedir endurecimiento de la arena, si la arena
ya es frágil, leve de pie, velo de pie,
es pedir roca caliza, sedimento. Para la sed
de ti desnuda como bajar al Precámbrico.
Algo terrible nos pasó y nos dimos cuenta:
el hueso que pedimos al poema era el mismo
hueso que el hueso de África
aunque quisiéramos roca.
Las arenas de África están llenas de poemas.




Il punto a cui tutti li tempi son presenti...

Il punto a cui tutti li tempi son presenti,
¿vienes? Ahora que está el gato sin ovillo, ¿viajas?
Vine a Comala porque me dijeron que, ¿quiénes? Tengo
tres o cuatro cosas que enseñarte, Andrés. Ése
que ahí va es un arquitecto, ¿pinta? Nunca
entendimos lo que nos pasó en Somalia, ¿negros?
¿Realmente cree que el desierto crece, Celan?
Cayeron unas lluvias en el Niágara, ¿aguas?
Cuando las palabras se separan de las cosas, ¿lloran?
Cuando los amantes no se aman, ¿bailan? Cuando los
hablantes no se hablan, ¿gimen?
Y tú qué crees, ¿se hundirá la India?
Un día. Y cuando los cantantes ya no cantan, ¿balan?
¿Sigue siendo Dios el mejor de los poetas? ¿Cuál?
Para terminar el cuestionario, ¿es usted judío
o ario?

Poemas II. Eduardo Milán.

Cuando ya no hay qué...

Cuando ya no hay qué
decir, decirlo. Dar
una carencia, un hueco en la conversación,
un vacío de verdad: la flor,
no la idea, es la diosa de ahí.




El círculo está trazado...

El círculo está trazado,
adentro giran los espartacos de hoy.
Ayer pasaban silenciosamente las fronteras,
de noche, con antorchas azules, de día
bajo lluvia o sol. Hablaban en voz baja
alrededor de la hoguera con palabras brasa,
de noche. El canto del pájaro era un estremecimiento.
Adelanto del día, cuando se partían el alma.
El círculo está trazado, cubierto por una malla
no precisamente cielo, menos precisas estrellas.
Giran los espartacos intentando fisurarla.




Excelente lenguaje, excelente...

Excelente lenguaje, excelente,
puro, blanquísimo, una flor: azucena.
Los pájaros cantan en pájaro. Los
castores comen en castor. Los humanos
hablan en humano, mano a mano, tocan
sus voces en la conversación. ¿Brillante?
Se dice brillante. New York se dice New York.
Lenguaje de plata se dice lenguaje de plata. Para
un siglo de oro se dice para un siglo de oro. Góngora,
Góngora. Ya era hora, cordobés, ya era hora, cordobés.
Llaga se dice fácilmente.




No fallen los caballos del encabalgamiento...

No fallen los caballos del encabalgamiento
que abren los sentidos, los sentidos
que se abrieron en cuatro como a Túpac
Amaru. No digan los sentidos encabalgados
en su locura lo contrarío a lo que quiero:
la precisión del sentido, no el desbocamiento
de esta falsa totalidad que presentimos, atentos
a ese amargo amago de completud. Serán como una red
si fallan, serán como otra red.
Lo que no supe decir que no lo digan los caballos.

Poemas I. Eduardo Milán.

Ahí va por el camino como un ciego...

Ahí va por el camino como un ciego
caracol sin cara la escritura, otrora una
diáfana mirada al día, otrora un aura que
el caminante amara. Amara, ¿qué es amara? La
sostenida en la sutil brisa marina, la colgada
por los cabellos a la realidad, reata, rea
más buscada. Y la más mirada: en 1750
la miraron a los ojos, una claridad felina
la sostuvo en pie sobre la piedra lisa: estaba
feliz. La levedad en los ojos del levante y la
caída en los ojos del poniente, luz que baja
a hundirse, ¿a hundirse dónde? en la página. Rosa
de todos los vientos, soplo arrogante que te empuja
más allá y más allá, animal arrogante: después
de la aurora no da un paso.




El arte nunca es la verdad...

El arte nunca es la verdad
pero hay momentos, hay momentos tan ausentes
como éste, en que la verdad es una forma de arte,
una mina, un trobar, El Dorado. Uno encuentra,
dos reconocen, tres cantan en trío -el trinar-,
cuatro cantan en coro. Y así, un sí de vez en cuando,
se descubre el momento. Cuando el momento se descubre
es casi un hecho. En este momento un hecho es un milagro
porque la verdad es una forma de arte, es el misterio
presente al que nadie se atreve. Por la melodía
parece que canta pero es un concepto,
el ruiseñor-concepto.




No digan sus patas lo que no canté...

No digan sus patas lo que no canté.
Que las patas de los caballos no hablen por mí.
No soy el amante de la velocidad rizomada,
no es mía esa pelambre. No soy el fascinado por los haces
de luz que se refracta y se refracta,
haceres de cuenta de una deuda infinita,
ése son los demás, hacedores de nocturnos.
No hablen las patas por las palabras que no pude,
calle la caballería del insomnio.




Todo está ligado...

A Eduardo Vázquez
A José Álvarez



Todo está ligado
como para separar el pájaro
del aire y condenar al aire
como irrespirable. Todo está
ligado: toda la ciudad es un templo
-se refiere José a Sarajevo-, no sólo
las iglesias. Rosas llaman a los cráteres
donde estallaron granadas.
¿La llamada frivolidad, los tacones altos
de la adolescente, tan criticados por mí
como vanos en la adolescente que no veía
la bomba, el hambre, Sarajevo? Son los distintos
tiempos, lo que aquí se hace pero no resuelve
otro tiempo, lo que en otro tiempo se hace
pero no resuelve aquí. De oeste a este,
de norte a sur: el que decide no está
en el perfume que quieres, el que decide
el bombazo quiere estar en Dios.
Y la bomba es demasiado física, demasiada materia
condensada, tanto
como para estallar: el bombazo como nostalgia
de la explosión original, un deseo
de retroceder a un pequeño dios autorizado o de que,
más adelante en el tiempo,
llueva llanto.